Desde 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó al Mycoplasma genitalium como un patógeno de trasmisión sexual emergente, con un cuadro clínico similar al de la clamidia. La emergencia de cepas resistentes a los antibióticos en las infecciones por M. genitalium ha creado preocupación pues, según estimados, una de cada 100 personas puede padecerlo.

Los primeros estudios en Cuba sobre esta bacteria que vive en las células del tracto genital y respiratorio datan de hace menos de una década, y en ese período ha podido constatarse un incremento en el país de casi el 100% de la presencia de cepas resistentes a los antibióticos.

Aunque muchas personas portan la bacteria sin experimentar síntomas, en las mujeres puede provocar uretritis, cervicitis, endometritis, enfermedad inflamatoria pélvica, corioamnionitis (infección de la placenta y del líquido amniótico), infertilidad y aborto espontáneo. En los hombres es causante de síndrome uretral. Cerca del 50% de las mujeres que sufren infección por M. genitalium presentan coinfección por N. gonorrhoeae, C. trachomatis o T. vaginalis. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE.UU. (CDC, según sus siglas en inglés), en ese país el M. genitalium es responsable de aproximadamente el 15-30% de los casos de uretritis persistente o recurrente en los hombres y del 10-30 % de los casos de cervicitis en las mujeres.

Por la importancia de este tema para la salud, Periodismo de Barrio les comparte un resumen de los resultados arrojados por las principales investigaciones científicas en Cuba, dadas a conocer por el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK).

Prevalencia y tratamiento del Mycoplasma genitalium en Cuba

Cuba cuenta con un Plan Estratégico Nacional para la Prevención y el Control de las ITS y el VIH/SIDA desde 2001. Como parte de este, desde 2007 la detección del M. genitalium se realiza en el Laboratorio de Referencia de Micoplasma del IPK.

El primer estudio desarrollado en el país sobre esta afección tuvo lugar entre 2014 y 2015, dentro de la vigilancia etiológica del Programa Nacional de Control de Enfermedades de Transmisión Sexual de Cuba. Este analizó la prevalencia de la infección por M. genitalium en hombres y mujeres cubanos sexualmente activos con síndromes urogenitales. Se procesaron 971 muestras (147 hisopos uretrales en pacientes masculinos y 824 hisopos endocervicales en pacientes femeninas), recogidas en hospitales de La Habana y en los Centros Médicos Provinciales de la Red Microbiológica Nacional de Cuba de las provincias Camagüey y Artemisa.

El resultado de la investigación determinó que se sugiriera incluir al M. genitalium como un patógeno importante entre las infecciones de transmisión sexual en Cuba, dado que el 5,7% (47/824) de las mujeres y el 27,9% (41/147) de los hombres fueron positivos a este. Un estudio posterior publicado en 2017, que al parecer es una ampliación del ya citado, confirmó los resultados: entre 2009 y 2015 se analizaron 3 829 muestras de mujeres con síndromes urogenitales y 390 muestras de hombres con síndrome uretral. La positividad en mujeres fue de un 2,1%, mientras que en los hombres fue de un 16,2%.

Una de las deudas pendientes de ambas investigaciones fue el desbalance entre sexos, ya que la mayor parte de sus muestras fueron mujeres. Mientras que ellas acudieron a consulta médica por una variedad de síntomas o causas ―síndrome de descarga vaginal, abortos espontáneos o tratamientos de fertilidad―, todas las muestras masculinas fueron tomadas a pacientes sintomáticos con síndrome uretral. Asimismo, los autores del primer estudio reconocen que la baja prevalencia del patógeno en las mujeres pudo deberse a que ellas ya hubieran recibido varias rondas de terapia antimicrobiana con actividad contra M. genitalium.

Aunque la sintomatología es similar a la de la clamidia, ambas infecciones requieren diferentes tratamientos, pues depende del estado de susceptibilidad de la cepa a los macrólidos. Los macrólidos son un grupo de antibióticos llamados así por su estructura molecular en forma de anillo macrocíclico de lactona con 14-16 miembros.

El macrólido más empleado para el tratamiento del M. genitalium es la azitromicina. Sin embargo, un estudio de patrones de susceptibilidad a los antimicrobianos contra el M. genitalium en Cuba, realizado en 2016, determinó que en el país circulan cepas resistentes a los macrólidos y tetraciclinas. De hecho, se ha logrado aislar hasta siete cepas autóctonas y, de manera general, las cepas cubanas han mostrado similitud genética con las circulantes en el sur de los Estados Unidos.

Una investigación del IPK publicada en 2021 dio a conocer que en el país se ha podido comprobar un incremento sustancial de la resistencia a macrólidos en M. genitalium, desde un 18% en 2014 hasta un 98% en 2019, lo cual evidencia que las cepas resistentes se han difundido con rapidez.

Para ello, el IPK ha realizado múltiples pruebas de susceptibilidad empleando azitromicina (Novatec, Cuba), eritromicina (Sigma, EE.UU.), ciprofloxacina (Sigma, EE.UU.), ofloxacina (Sigma, EE.UU.), levofloxacina (Novatec, Cuba), moxifloxacina (Bayer, Italia), tetraciclina (Sigma, EE.UU.) y doxiciclina (Bayer, Italia). La recomendación resultante fue que como primera opción de tratamiento se administrase azitromicina de forma extendida (1 g como dosis única, seguido de 250 mg durante cuatro días). Como segunda opción de tratamiento para cepas resistentes se sugirió emplear la moxifloxacina y las fluoroquinolonas de última generación. Esto es consistente con lo indicado por la Directriz europea de 2016 sobre las infecciones por M. genitalium.

Actualmente, el protocolo establecido por el Plan estratégico nacional para la prevención y control de las ITS, el VIH y las hepatitis 2019-2023 dicta que, en el caso de las mujeres, el especialista en ginecología y obstetricia es quien ha de indicar un exudado vaginal con cultivo, y si diese positivo para Mycoplasma hominis, se ha de enviar la muestra al IPK para hacerle un PCR específico de M. genitalium. Además, el Plan indica que la búsqueda de M. genitalium y C. trachomatis se incluirá de rutina en el exudado que forma parte del perfil de sepsis que se orienta a pacientes con riesgos de prematuridad ingresadas en los hogares maternos, o que ingresan en las maternidades con diagnóstico de amenaza de parto pretérmino. Finalmente, el protocolo indica que cada provincia ha de tener un área de salud seleccionada por el IPK y un hospital preferiblemente materno para realizar estudios especiales a fin de detectar M. genitalium y C. trachomatis.

El Plan no incluye protocolos específicos para la detección proactiva de esta afección en hombres más allá de la derivación desde los servicios de urología, lo cual es contradictorio con los resultados arrojados en años anteriores, que muestran una prevalencia de la enfermedad en pacientes masculinos.

Prevención y avances sobre el M. genitalium

El incremento de casos de este patógeno de transmisión sexual emergente y su creciente resistencia a los tratamientos habituales ha generado preocupación a nivel internacional y en Cuba.

La patología típicamente se diagnostica por medio de técnicas de biología molecular (PCR) en secreción uretral, vaginal, endocervical, orina (muestra de primer chorro miccional) o frotis rectal, lo que disminuye el tiempo entre el diagnóstico y el tratamiento y erradicación de este microorganismo en los pacientes positivos.

Sin embargo, dada la prevalencia de la enfermedad, algunas farmacéuticas ya han creado productos enfocados en la identificación rápida del patógeno. En 2019 la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA según sus siglas en inglés) aprobó el primer test específico para la detección de M. genitalium. Llamada Aptima Mycoplasma genitalium Assay, es una prueba basada en la amplificación de ácido nucleico. Por su parte, la compañía belga Novosanis se encuentra desarrollando el test Colli-Pee, que a partir de una muestra de orina podría detectar hasta cuatro ITS: clamidia, gonorrea, tricomoniasis y M. genitalium.

En Cuba, por el momento, el método de diagnóstico utilizado es el PCR. Dado que en un exudado común no es posible diagnosticar la patología, aquellas personas con síntomas como los descritos, que no los hayan solucionado tras rondas de los medicamentos habituales, deberían consultar con su médico la posibilidad de una prueba específica para detectar si son portadoras de esta bacteria cada vez más frecuente.

Sobre el autor

Mónica Fernández Salinas

Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana, Cuba (2010). Máster en Comunicación Estratégica por la Universitat Rovira i Virgili, España, (2021). Aborda temas de política, economía, género y salud.

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