Derick se afanó en explicarnos tantos nombres de plantas y animales como sabía. Yo repetía bajito las palabras que escuchaba para no olvidarlas, nombres vernáculos y científicos. Pero es imposible que, en dos salidas al monte, podamos aprendernos la denominación de todo lo que nos señalan. Ni siquiera en toda una vida de montería. Sin embargo, quedan trazas de recuerdos que se entretejen de manera singular: no se recuerdan en detalle los nombres y las formas de las cosas, pero se tiene una idea vaga de ellas, la memoria permanece como vivencia.

Estas imágenes son el recuerdo de las cosas que vi durante un viaje medio mágico por las cercanías de la Sierra la Güira, en la provincia Pinar del Río.

En el tronco seco de una Guásima, el panal de Meliponas beecheii, conocidas en Cuba como las abejas de la tierra, tiene apariencia de termitero (Foto: Lázaro Lemus).

Roberto y Derick (a la derecha) trasladaron el nido hacia una caja especialmente construida para las Meliponas beecheii. Derick, que proviene de una familia de apicultores, se quiere iniciar en la melipolicultura (Foto: Lázaro Lemus).

Aunque no poseen aguijón, si se les molesta, las abejas de la tierra atacan masivamente; muerden con sus fuertes mandíbulas las zonas de la cabeza, prefiriendo el pelo, las orejas y los ojos (Foto: Lázaro Lemus).

En Cuba es común la crianza de la abeja de la tierra en cajas rústicas o troncos para consumo particular de los campesinos. Pero no todos los que castran los nidos saben hacerlo, algunos solo quieren su miel o el polen, dejando los nidos destruidos (Foto: Lázaro Lemus).

Con una pajilla hueca se prueba la miel. Tiene una consistencia más fluida que la miel de la abeja europea (Apis mellifera) y su sabor es sobre lo ácido. En el campo cubano, la miel de la melipona se restringe más a lo medicinal. Solía usarse para la catarata incipiente y el glaucoma (Foto: Lázaro Lemus).

Según investigaciones científicas, el polen de la abeja de la tierra mejora la reacción inmunológica del organismo, estimula la producción de glóbulos rojos, y posee un efecto cicatrizante si se aplica sobre úlceras o llagas de la piel (Foto: Lázaro Lemus).

Es muy común la crianza de cerdos en estado semisalvaje en las montañas y bosques cercanos a la Cordillera de Guaniguanico, en el occidente de Cuba. Aunque este tipo de práctica le ahorra al campesino gran parte de la alimentación del cerdo, es sumamente invasiva. Los cerdos se comen todo lo que encuentran a su paso, desde frutos y raíces, hasta invertebrados, reptiles, larvas de insectos y anfibios (Foto: Lázaro Lemus).

Una especie rara de orquídea (Campylocentrum poeppigii) llamó la atención de Derick (Foto: Lázaro Lemus).

Derick marca el lugar conocido como El Empate, donde se unen las aguas del río La Catalina y el río San Diego. El primero es de aguas cristalinas, frías, de montaña; el segundo tiene aguas turbias y profundas, en cuyo cauce vierten manantiales de agua sulfurosa (Foto: Lázaro Lemus).

A pocos metros de El Empate, el río La Catalina presenta un accidente natural en la roca caliza: estanques de agua cristalina llamados “cangilones”, formados durante un proceso de erosión fluvial que pudo haber tardado millones de años (Foto: Lázaro Lemus).

En los valles rodeados de mogotes los sonidos reverberaban y se transformaban en algo irreconocible (Foto: Lázaro Lemus).

Julio corta leña en la Estación Hidrológica de Los Bermejales, a la entrada del valle. Los golpes de hacha, en la distancia, parecen disparos de escopeta (Foto: Lázaro Lemus).

Sobre el autor

Lázaro Lemus

Pinar del Río (1987). Artista visual y cineasta independiente. Sus documentales han participado en festivales de Cuba, Estados Unidos, Bolivia y España. Ha cursado talleres de realización documental de la Muestra Joven ICAIC y en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños.

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