Las fotos no son suficientes. Hay que estar en el lugar y oler. Cerrar los ojos y aspirar profundo. Dulce, húmedo, acuoso. Huele a beso. Huele a tierra, a fruta madura, a corteza de árbol, a bosta seca, a madera vieja y descompuesta, a los hongos semicirculares, aplanados y duros que nacen en ella. Al abrir los ojos, sobre la bruma que lo envuelve, el valle se sublimará ante nosotros.
Tiene nombre de aborigen taíno, nombre de río.

























Magnífico reportage!! Al ver las imágenes me parecía estar ahí y hasta podía sentir cada uno de los olores descritos!! Excelente trabajo. Felicitaciones al autor y a PB!!