La realidad cubana se ha vuelto negra. La pandemia ha venido a golpearnos a todos sin distinciones y ha despedazado una economía que ya venía famélica. No quiero resultar pesimista, pero hacia cualquier dirección que miro veo puro caos.

Comer en Cuba se ha convertido en un lujo para la gran mayoría de la población y ha dejado de ser una necesidad básica. No hay bolsillo que aguante los precios de los alimentos, del aseo, las medicina, etc. El valor de cualquier producto alcanza cifras escandalosas; hasta cepillarse los dientes o comprar un par de chancletas es un problema en este país. Ya ni siquiera hay medicamentos; enfermarse se convierte en una película trágica para el enfermo y sus familiares. Además, para todos es bien sabido que los productos de la bodega no alcanzan. Sin embargo, muchos adultos mayores malviven de esa canasta básica, porque no tienen dinero para más. Hay tantos en las calles, tratando de vender cualquier cosa para sobrevivir… Los ves también en las colas de las bodegas y panaderías en plena pandemia, bajo riesgo de contagio. Otros rebuscan en la basura o mendigan, sin ilusiones, sin familia o sin casa.

Este no es un país para adultos mayores. Me da horror envejecer en un país donde no tenga un retiro digno, o donde no se pueda vivir decorosamente la vejez si no tienes hijos o familiares que te ayuden desde el extranjero.

Esos longevos alguna vez fueron jóvenes con ilusiones, planes de futuro, ideas de progreso… Este pensamiento me aterra, pues hoy la idea de futuro se desvanece en una lucha diaria, en tratar de resistir diariamente.

Señoras vendiendo (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Manuel, jubilado de 71 años. Ha estado enfermo y se queja de la falta de medicamentos y de los altos precios de estos cuando los puedes encontrar (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Señora de 82 años. Trabajó para el Estado más de 30 años, fue profesora de gimnasia y masajista. Come gratis de lunes a viernes en una organización religiosa que asiste a personas con pocos recursos. Su casa tiene problemas de derrumbe (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Pareja que sobrevive vendiendo objetos encontrados en la basura (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Patricio, 68 años, impedido físico, vende lo que puede para sobrevivir (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Señora de 73 años, tiene un retiro de 2300 pesos cubanos. Vende en las calles lo que puede (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Lázaro, 75 años, no tiene retiro, vive en la casa de su hermano. Está pidiendo a los trabajadores sociales que lo internen en un asilo por falta de recursos y no le dan respuesta (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Norberto, 72 años, vive solo y no tiene retiro. Trabajó para el Estado durante 33 años. Sobrevive vendiendo lo que puede (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Raúl, 84 años. Trabajó más de 35 años para el Estado. No tiene casa, vive en un asilo. Vende mecheros hechos con latas de cerveza y refresco (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Nancy, de 81 años. Más de 40 años trabajando para el Estado. Vende lo que puede (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Daisy, 80 años. No tiene retiro, vive sola. Sobrevive lavando y planchando para la calle; también gracias a la ayuda de su hermana (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Señora que no quiso mostrar su rostro ni dar datos sobre su persona por miedo. Vende lo que puede para sobrevivir (Foto: Yanahara Mauri Villarreal).

Sobre el autor

Yanahara Mauri Villarreal

Mayabeque (1984). Artista visual. Licenciada en Historia del Arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (2008). Graduada del curso de postgrado Arte de Conducta de la artista Tania Bruguera (2009). Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ganadora de la beca de creación Raúl Corrales de la Fototeca de Cuba (2018). Ha participado en exposiciones nacionales e internacionales y sus imágenes han sido publicadas en diversos medios nacionales y extranjeros.

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