<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Carlos Melián Moreno &#8211; Periodismo de Barrio</title>
	<atom:link href="https://periodismodebarrio.org/author/carlosmelian/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://periodismodebarrio.org</link>
	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
	<lastBuildDate>Thu, 28 Aug 2025 14:43:43 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.6.7</generator>

<image>
	<url>https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2019/02/cropped-9.-Fabicon-Alta-para-la-Web-Móvil-32x32.png</url>
	<title>Carlos Melián Moreno &#8211; Periodismo de Barrio</title>
	<link>https://periodismodebarrio.org</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Ana Lilian y el Servicio Militar Obligatorio en Cuba</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/08/ana-lilian-y-el-servicio-militar-obligatorio-en-cuba/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2025/08/ana-lilian-y-el-servicio-militar-obligatorio-en-cuba/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Aug 2025 17:02:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
		<category><![CDATA[ejército cubano]]></category>
		<category><![CDATA[fuerzas armadas]]></category>
		<category><![CDATA[servicio militar obligatorio]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=15371</guid>

					<description><![CDATA[<p>En este texto se trata de analizar la forma en que las Fuerzas Armadas Revolucionarias contribuyen a la pacificación y adoctrinamiento de la población cubana. </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/08/ana-lilian-y-el-servicio-militar-obligatorio-en-cuba/">Ana Lilian y el Servicio Militar Obligatorio en Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Leí <em>Las aventuras de Huckleberry Finn</em>, de Mark Twain, en el Instituto Técnico Militar José Martí de Marianao, en un escondite que me duró lo suficiente como para devorar la novela. Las aventuras de aquel héroe y su amigo, escenas suyas flotando de noche sobre el río Misisipi son más nítidas que mi vida de fantasma en aquellos años militares.</p>
<p>Descansar, dormir, vagar como Huck Finn por trillos, ríos y herbazales, para mí no tenía precio. No era esnobismo; crecí en lugares similares a los que aparecen en la novela, lejos de la ciudad, escuchando el repentino estallar de las cigarras en pleno campo.</p>
<p>Aquella vida militar a la que había ido a parar era lo contrario. En vez de ceibas, anacahuitas o tamarindos, había muros de hormigón armado; en vez de silencio de bosque, las faldas eróticas de una loma y bostas de caballo, había polígonos de infantería, con su silencio y vapor de alquitrán, y esa sensación de fantasmas de gente fusilada que tienen todos esos lugares.</p>
<p>Nos levantaban de lunes a viernes a las seis de la mañana, nos ponían a marchar, nos hacían pases de lista, gritaban órdenes ridículas, nos decían que el caballo blanco de Maceo era violeta, nos colocaban un uniforme, nos metían en aulas y nos mandaban a dormir dentro de literas a las diez de la noche. Era una industria de enlatado en serie.</p>
<p>Pasábamos el día completo forzando al cuerpo a luchar contra la holgazanería que iba en dirección contraria a las intenciones de los oficiales: prepararnos para una guerra en abstracto.</p>
<p>Mientras escribo, borro y rehago. A veces justifico mi comportamiento en el pasado con razones actuales. Así que desentierro, hago un trabajo de arqueología. Recuerdo que durante años me hice la misma pregunta: ¿por qué duré tanto allí?</p>
<p>Pero es una pregunta incorrecta.</p>
<p>Ingresé a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) por la Escuela Militar Camilo Cienfuegos (EMCC, más conocida como Camilitos) de Santiago de Cuba. Corría el año 1994, y aquella fue la única vía que encontré para hacer el bachillerato con mis notas mediocres. Mis otras opciones eran carreras técnicas como operador de bueyes, o <em>cerquero</em> (obreros que hacen cercas para delimitar terrenos, huertas, vaquerías, supongo). La situación económica de Cuba era muy frágil, no se creía mucho en los estudios superiores, que eran para gente con porvenir. En mi mundo soñábamos con ser “macetas”, el neologismo con el que nombrábamos a los nuevos ricos surgidos durante la crisis. Queríamos criar cerdos, levantar un restaurante, hacer dinero vendiendo bocaditos con mermelada de guayaba.</p>
<p>Carreras prácticas como técnico veterinario, técnico electrónico (para reparar hornillas, televisores, ventiladores, planchas) eran oficios muy disputados. Se vivía al día. En mi casa sembrábamos la tierra del patio para alimentarnos. Y mi papá había decidido dejar la construcción de hoteles en Cayo Coco para apoyar a mi mamá en casa, porque estaba perdiendo mucho peso.</p>
<p>Mi hermano iba cuando quería a la escuela y yo me la pasaba robando piezas de carros con un vecino que era cuatro o cinco años mayor que yo. No gané un centavo con eso, solo lo seguía a él porque era mecánico, siempre iba trepado en un carro diferente, y porque cuando se es adolescente uno sigue siempre a los que tienen unos años de más y no te aconsejan.</p>
<p>Había largos apagones, sobre todo cuando comenzaba la zafra azucarera. La gente estaba flaca, desnutrida. Se sobrevivía volviendo al pasado, saboreando allí lo comido cuando los soviéticos subvencionaban todo. Y se recordaba lo vestido, lo paseado y disfrutado; pero afuera, en la realidad, había un páramo al que había que darle sentido.</p>
<p>Mientras que ni yo ni nadie de mi entorno sabía cómo usar aquel país, Fidel Castro y sus colaboradores confiaban en que la población resistiría si ellos no perdían la fe en que las cosas mejorarían. Y eso los ayudaba a someternos.</p>
<p>El día en que mi madre me llevó a aquella escuela en la parrilla de su bicicleta, me dividí en dos y dialogué conmigo mismo:</p>
<p>—¿Qué estás haciendo? ¿Esto es lo que te gustaría hacer?</p>
<p>—Creo que no. No me van este uniforme, estas botas, este sambrán. Me siento ridículo.</p>
<p>—Mira las cercas de esa escuela, ¿qué significan?</p>
<p>—Parece una cárcel, ¿no? Será una cárcel.</p>
<p>—Está bien. Pero si no es esto lo que te gusta, ¿qué harías para sustituirlo y darle un camino a tu vida?</p>
<p>—No sé.</p>
<p>—Bueno, entonces entra hasta que vayas encontrando tu ruta. Recuerda también que nunca has estado en un albergue, y que eso te va a hacer sentir mal. Si tienes que llorar, llora, todo el mundo va a llorar; pero luego aguanta.</p>
<p>Aquella noche, en un albergue por primera vez, sin conocer a nadie, comencé a llorar. Tuve un dolor parecido al de un niño que se ha quedado huérfano de forma repentina.</p>
<p>Pensaba y no pensaba en llegar alto, tenía la corazonada de que me podría gustar y al mismo tiempo tenía la corazonada de que aquello no servía para mí. Desde el primer día el cuerpo me dijo: vete, mándate a correr, pero ¿hacia dónde?</p>
<p>Me entregué a las FAR como mucha gente se entrega a una iglesia, al pastor de un templo que habla alto y firme en nombre de Jehová, para ver si por ahí encuentra un formato, un sendero por el cual caminar.</p>
<p>A esta esperanza de encontrar un sendero, súmense pequeñas victorias cotidianas que encontraba en aquel universo donde me garantizaban las tres comidas diarias, ropa y calzado, fumar a escondidas, salir de pase, comer doble, hacer ejercicios, llegar a casa y ser recibido como un héroe de guerra.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Un día creo que me harté de la disciplina de los Camilitos y para no abandonar la escuela me inventé un traslado a La Habana con el pretexto de conseguir una mejor carrera. Una prima mía estaba en la EMCC de Arroyo Arenas, me dio algunos tips y logré inscribirme allí para el último grado del bachillerato.</p>
<p>Aquella escuela me sorprendió. La de Santiago de Cuba era, en comparación con la de Arroyo Arenas, lo que es Corea del Norte frente a Corea del Sur.</p>
<p>En la escuela de Santiago vivíamos agotadoras jornadas de marchar, agotadores días en la agricultura. Teníamos un claustro de profesores mediocres y sin encanto, en una época en que todavía quedaban en Cuba educadores de la vieja escuela. El cuerpo de oficiales nos exigía como a reclutas, como si se nos preparara intensivamente para luchar contra el apartheid en África, y como si desde ese momento hubiéramos comenzado el servicio militar obligatorio.</p>
<p>Cualquier persona tenía atribuciones para mandarnos a hacer lo que se le antojara: cuidar cabras, cargar cajas, limpiar baños desbordados de heces fecales, y no permitirnos dormir hasta que no estuviera terminado el trabajo.</p>
<p>Toda la escuela parecía funcionar en pos de crearnos la idea de que éramos sirvientes, o sea, soldados de la patria, aunque podría asumirse que éramos sirvientes a secas, sombras uniformadas. Anulaban la diferencia entre un soldado y un sirviente.</p>
<p>En comparación con la escuela de Santiago de Cuba, la filosofía pedagógica de Arroyo Arenas era inexplicable. Parecían dos sistemas de enseñanza distintos. La brecha entre una y otra es la misma que hay entre el Oriente negro, pobre y servil, y el Occidente instruido, combustible y cosmopolita. La misma diferencia que hay entre La Habana y el resto de las provincias del “interior”.</p>
<p>En Santiago querían ser muy militares de ese modo en que un transformista quiere verse como una mujer. Nos exigían, por ejemplo, que el sambrán estuviese apretado y no solo que lo pareciera. El dedo índice del oficial que te hacía una requisa no podía entrar entre el cuero del cinturón y la barriga. Querían ir más profundo que un simple porte y aspecto marcial. El sambrán apretado era como un acto de penitencia, de expiación.</p>
<p>En Arroyo Arenas el uso del sambrán apretado parecía haberse abolido hacía tiempo, la disciplina era tan laxa que al principio me desubicó. No estuve de acuerdo con ella. Todo me parecía absurdo, algunas decisiones, por ejemplo, se tomaban en colectivo, como si, por encima del imperativo militar, hubiera alguna noción de democracia y respeto al otro. “Qué loco es este lugar”, me decía yo, “en un ejército no se pueden tomar decisiones democráticas”.</p>
<p>La exigencia académica, la calidad de las clases, la cultura de los profesores e incluso la honestidad del alumnado eran cualitativamente superiores en Arroyo Arenas. Llegué con notas más altas que las de mis nuevos compañeros y luego, al enfrentarme a los exámenes, me di cuenta de que mi rendimiento estaba muy por debajo. Mis notas estaban infladas a fuerza de fraude, exámenes flojos, tiempo de estudio trocado en largas jornadas de guardias y tareas agrícolas.</p>
<p>En Arroyo Arenas el fraude había sido reducido a cero. Los profesores solían irse del aula durante las pruebas, seguros de que para sus alumnos cometer fraude —al menos en la generación de 1997— era angustioso, humillante.</p>
<p>El más pillo del aula o el de más bajo rendimiento académico se cocía, se ponía rojo, se retorcía de impotencia ante un ejercicio que no podía resolver, pero nunca le pedía ayuda a un compañero. Para mí, en cambio, era tan fácil como volverme, sonreír, y pedir una pista. Contaba con el fraude para salir adelante.</p>
<p>En los primeros meses del curso los únicos que hacíamos el intento de fijarnos del trabajo de los otros éramos los pinareños y los orientales. Al cabo de muy poco la tentativa desapareció de nosotros y nos volvimos tan “honrados” como el resto de nuestros compañeros. Recuerdo que lo respeté, aunque nunca lo asumí como honradez total. No sabía de qué fuente venía aquello, y todavía me lo pregunto. Si brotaba de la competitividad o del respeto al esfuerzo del que estudiaba hasta tarde.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>La primera vez que escuché a alguien rebelarse contra el sistema en Cuba fue precisamente en 1997, y también en Arroyo Arenas.</p>
<p>Era una reunión sobre cómo se iban a distribuir las carreras universitarias, el momento de tomar decisiones importantes.</p>
<p>Ana Lilian levantó la mano y salió con estas preguntas: No quiero ser militar, no quiero seguir en las Fuerzas Armadas, quiero irme a casa. ¿Por qué entonces me obligan a optar por una plaza militar? ¿Me están castigando por no querer una? ¿Por qué tengo que dejar de graduarme aquí, y cambiar de escuela si lo que quiero es ser fiel a mis deseos?</p>
<p>Esas preguntas eran imposible en Santiago de Cuba. Ni siquiera estaba pidiendo el permiso marcial, levantó la mano y exigió, plantando cara. ¿A qué, a quién? Al sistema, al Comandante en Jefe, al General de Ejército, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Ellos firmaban aquellas normas.</p>
<p>No era una disidencia en contra del comunismo ni del sistema político, pero sí estaba haciendo preguntas que para mí, en aquel momento, rompían el orden infalible y la justicia infinita de las instituciones cubanas. Sus reclamos resonaban en mí como preguntas copernicanas. ¿Qué hay detrás de todo esto?, me dije. ¿Si existe una Ana Lilian, si existe alguien que se opone a la leyes y las llama injustas, es porque entonces el sistema es falible?</p>
<p>Las preguntas de Ana Lilian eran de lujo: ¿Quiero estudiar lo que ustedes me ofrecen? ¿Mi futuro es por aquí? ¿Tengo yo algún poder sobre mi futuro? ¿Yo soy mía?</p>
<p>Estaba molesta porque iba a tener que irse de aquella escuela. ¿Pero por qué no se alegraba, si iba a dejar aquel mundo miserable? Pues porque sentía que la estaban castigando. El sistema suponía que un chico o chica de 14 años tenía que saber ya cuál sería su destino, y consagrarse a él.</p>
<p>Se sentía defraudada, su confianza en la profunda e infinita justicia del régimen se estaba quebrando. Su mente cuestionaba a las leyes del Dios-FAR, y exigía modificarlas. Eso me parecía maravilloso.</p>
<p>Ana dejó la EMCC antes de graduarse, salió a gestionarse una carrera de forma independiente, en las pruebas de ingreso. Estudió algo así como Bioquímica, me dijo cuando me la encontré un par de años después, siendo yo cadete del Instituto Técnico Militar (ITM).</p>
<p>Verla fuera de las Fuerzas Armadas, sin uniforme, me causó envidia. Yo todavía estaba convencido de que no me tocaba elegir. Debía tomar el primer camino que se me presentara. Ella, no obstante, gozaba de algún tipo de privilegio innato o familiar, que le permitía tener movilidad, o que le permitía decir: “de todos los caminos que existen, yo tomaré el que quiera, construyendo mi propio futuro”.</p>
<p>Creo fue un primero de mayo. Me saludó, hablamos un par de cosas, y la vi perderse en el ambiente de fiesta que venía después del desfile, cuando colocaban ómnibus para todas partes, y era muy divertido encontrar el que te llevaría a casa.</p>
<p>Mientras la miraba alejarse suspiré, ella me gustaba; me dije que de ahí seguramente se iría a casa, a una fiesta, a hacer el amor con su novio, y yo iría de regreso al orden interior, al rebaño, a los muros carcelarios del ITM, al pase de lista, a marchar levantando y tirando el pie con fuerza, a aquel sacrificio sin sentido alguno para mí.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>En el ITM me consagré a evadir todas las formaciones que pude. Los oficiales iban en una dirección y yo remaba en otra. No era el único. Un día me mandaron a trabajar en la panadería. Fue una gran semana, rodeado de panes. Allí se trabajaba intensamente desde la madrugada hasta poco después de las tres de la tarde. A esa hora los panaderos, todos civiles, debían irse a casa, pero lo que hacían era cerrar las puertas y ventanas y comenzar a producir con el doble de intensidad y rapidez.</p>
<p>Todos los días les asignaban, por ejemplo, una cubeta de mantequilla, de unas 20 o 30 libras, para la producción. De esa cantidad, usaban solo un 5%. El resto era empleado en hacer panecillos, pasteles, palitroques, que sacaban sobornando con panes a los cadetes de guardia en la puerta, y lo vendían fuera.</p>
<p>Lo que más me llamaba la atención era el entusiasmo y alegría con que lo hacían, entre bromas escatológicas, dándose tragos de ron, tomando todos los riesgos, apretando el acelerador como si se fueran a morir mañana, de ese modo alegre con que se le roba al Estado en Cuba.</p>
<p>Así también le robaba yo a las Fuerzas Armadas, sobre todo cuando se trataba del tiempo. Era un ladrón del tiempo que de alguna manera las Fuerzas Armadas me habían sustraído.</p>
<p>Un día me llamó mi jefe de compañía, un capitán.</p>
<p>Me cuadré ante él en su oficina. Yo tenía 18 años. Esos tipos eran implacables, te olfateaban; no esperaban dar con la verdad sino dar escarmientos, infundir respeto, y uno no sabía con qué iban a salir.</p>
<p>Yo era enclenque, si hacía un gesto militar demasiado acentuado podía perder el equilibrio. El jefe de compañía tenía mi tarjeta de reportes en la mano, la leyó, me miró a los ojos y me dijo: “¿Quién es usted, cadete? ¿Por qué no lo conozco?”.</p>
<p>No entendí, balbucí algo así como: “no lo sé, compañero capitán” mirando al frente, a la pared.</p>
<p>—Aquí dice que usted tiene más de 900 puntos en reportes, es una cifra demasiado alta, yo nunca había visto algo así. Usted es el peor cadete de la compañía y del ITM, pero ¿por qué no lo conozco? Esa es la pregunta que me hago.</p>
<p>“Vaya, es una buena pregunta”, me dije. Parecía ontológica. La premisa de una novela existencialista.</p>
<p>—¿Por qué tantos reportes? —me preguntó el capitán.</p>
<p>Tenía una idea remota. Nunca iba a formación. Le dije que era cuartelero permanente del aula y del cuarto de los oficiales, y que a veces me agarraban fuera de formación.</p>
<p>No estaba mintiendo. Yo no asistía a la inspección matutina, tampoco al traslado del dormitorio al comedor para desayunar, ni del comedor al aula, ni del aula al comedor para el almuerzo. Por asistir, solo iba en formación a la cena porque no había manera de escapar de ello.</p>
<p>Un amigo mío, Sandor, había logrado, por su gracia natural, que lo colocaran de cuartelero de limpieza del cuarto de los oficiales. Los oficiales se divertían con su ingenio. Cuando Sandor pidió la baja —todos lo hacían—, tuvo la gentileza de pasarme la tarea.</p>
<p>Luego de la gimnasia matutina yo iba a ese cuarto, que estaba en el último piso de nuestro dormitorio, y limpiaba el lugar. Tenía un par de camas pequeñas, siempre arrugadas, que yo arreglaba como un mucamo. El suelo siempre estaba lleno de semen; todas las noches alguno de los oficiales dormía allí con una cadete. Aquello era una violación seria del orden interior: los oficiales no podían tener relaciones afectivas con las cadetes.</p>
<p>Conseguí, en primer lugar, no asistir a la inspección matutina, que consistía en estar parado en firme, sin moverse, junto a la litera, y tener que aguantar el paso de un par de oficiales mirándonos como si fuéramos criminales. Revisaban el afeitado, el corte de cabello, el porte y aspecto, el orden interior (colocación de jabones, uniformes, cepillos de dientes, todo debía estar alineado). Si tenías alguna falta, el oficial podía gritarte, ponerte a hacer planchas, acribillarte a reportes que se inventaba en el aire y, si reclamabas, había un reporte fuerte para eso, “réplica” creo que se llamaba. En resumen, podían jugar psicológicamente contigo, porque se supone que así sucede en un combate, y tenías que estar listo para recibir mucha presión. Odiaba asistir a estas inspecciones, y hacía todo lo que estaba a mi alcance para evitarlas.</p>
<p>En segundo lugar, aquel trabajo de mucamo me permitía desayunar doble. Primero con la escuadra de cuarteleros que habían estado de guardia toda la noche. Y luego en el turno de mi compañía. Ahí casi siempre pillaba un reporte, pero ante la posibilidad de desayunar doble, la afrenta, el rayón sobre mi espíritu, desaparecía.</p>
<p>A la hora del almuerzo hacía lo mismo, me quedaba a barrer el aula. El problema casi siempre era que a la hora del almuerzo había muchos oficiales grises que se quitaban el aburrimiento pillando cadetes fuera de formación. Me imagino que para ellos poner reportes era como rezar 10 padrenuestros, o un sacrificio al Dios de la guerra. Siempre me pillaban, pero aquel era “el precio de la libertad”, y yo trataba de pillarles a ellos con tarjetas de reportes falsas.</p>
<p>Todos los fines de semana me quitaban el pase. Sucedía durante el infierno que eran “las cortes” de los viernes. Si sumabas una equis cantidad de puntos, por ejemplo, 11, no salías de pase. Las cortes se hacían en las aulas, sentados, inmóviles como estatuas. Para rascarse había que pedir permiso de forma viril. Y duraran lo que duraran parecían infinitas. Para ellos las cortes nos endurecían, para mí, eran una humillación.</p>
<p>Cuando nos quitaban el pase nos ponían a realizar alguna tarea física como limpiar áreas, pintar paredes. Creo que mi cara insulsa, mi mirada limpia, no dejaba rastros y aquella era mi ventaja. El capitán, por ejemplo, no me conocía aun cuando yo limpiaba el piso donde él y sus colegas tenían su madriguera.</p>
<p>En resumen, con aquel <em>record</em> de 900 reportes podrían haberme hecho el favor de expulsarme, pero algo sucedió. Y lo que sucedió fue lo que pasaba siempre: se olvidó de mí.</p>
<div id="attachment_15376" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15376" class="size-large wp-image-15376" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/08/4e1ffd47-f0c0-40f8-a032-4402483de9b1-854x600.jpg" alt="estudiantes de los Camilitos en Cuba, en los años noventa." width="810" height="569" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/08/4e1ffd47-f0c0-40f8-a032-4402483de9b1-854x600.jpg 854w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/08/4e1ffd47-f0c0-40f8-a032-4402483de9b1-300x211.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/08/4e1ffd47-f0c0-40f8-a032-4402483de9b1-768x540.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/08/4e1ffd47-f0c0-40f8-a032-4402483de9b1-810x569.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/08/4e1ffd47-f0c0-40f8-a032-4402483de9b1-1140x801.jpg 1140w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/08/4e1ffd47-f0c0-40f8-a032-4402483de9b1.jpg 1520w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-15376" class="wp-caption-text">Una vieja foto que conservo de mis días en los Camilitos. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>En Santiago de Cuba, nuestra escuela de Camilitos fue invitada a una ceremonia militar donde se nos ordenó que gritáramos “¡¡¡HURRAAAAAA!!!”. No sabíamos qué significaba ese “hurra”. Tradicionalmente creo que decíamos siempre “¡VIVAAAA!” unas 10 veces hasta que la sincronía se descarrilaba y se volvía un sonido homogéneo. Lo uno y lo otro era fastidioso y nos agotaba. Debíamos hacerlo después del saludo del general que presidía la ceremonia, y los Camilitos vivíamos desmayándonos. Luego nos enteramos de que era el grito de guerra del Ejército Rojo.</p>
<p>Los traslados se hacían marchando y se nos exigía como a expertos, como se le exigiría precisión a un pelotón de zapadores. Todo el tiempo marchando de aquí para allá, bajo el sol, y nos cocinaban en ello.</p>
<p>En Santiago estaban obsesionados con ese método de lucha contra la blandenguería. En un año agarrabas un modo muy eficiente de administrar las fuerzas, las piernas, la oscilación de brazos. Hacíamos más con menos, la oscilación del puño por ejemplo, cuando llegaba a la altura del pecho nosotros la hacíamos temblar de forma sutil, similar a un tranque de <em>break dance</em>. Con eso enviábamos una señal de virilidad usando un esfuerzo mínimo. Marchábamos con la cabeza flotando, como si fuéramos una aparición, un pelotón de espectros.</p>
<p>Cuando el jefe de pelotón decía: “Paso de Revista”, dejaba medio minuto de silencio para que nos inclináramos hacia el lado izquierdo. En ese instante dejábamos libre el pie derecho esperando el comando final. En ese medio minuto el pelotón se inclinaba como un banco de algas en el fondo del mar. A veces el jefe de pelotón se demoraba esperando algún error y así ponerle un reporte a sus propios compañeros.</p>
<p>Luego elevábamos la pierna hasta formar un ángulo recto (Paso de Revista) o de o 45 grados (Paso Ordinario) y reventábamos la bota contra el pavimento. Hay algo curioso aquí, y es que no había manera de que reventaras el pie contra el pavimento sin emocionarte. ¿Lo sabían los oficiales? Quizá fueron los soviéticos los que le pasaron a Raúl Castro esa baza con un guiño de ojo.</p>
<p>Mientras más fuerte tirabas el pie, más sentías aquella rara sensación de salvar a la patria e incluso a la humanidad toda. No dudo que esa mini-dosis de patriotismo a cada segundo fuera una de las cosas que nos ayudaban a soportar el régimen.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Hacer estos ejercicios a diario, en el verano permanente cubano, era agotador y poco saludable. Un compañero descubrió que era posible obtener la baja alegando que teníamos la rodilla destrozada.</p>
<p>Si ibas al hospital diciendo que caminabas con dificultad, era casi seguro que encontraran una anomalía por rayos X.</p>
<p>La ventaja de obtener la baja militar por la vía médica era que te transferían a una universidad civil sin tener que pasar dos años en el Servicio Militar Obligatorio. La desventaja era que tenían que operarte la rodilla.</p>
<p>Irse del ITM era similar a irse de Cuba; quiero decir que aquel era un ecosistema muy ideológico, quienes se iban como que morían, porque te convertías en algo parecido a un desertor, un rajado, un flojo. Desde la perspectiva de los que seguíamos dentro, ellos salían al mundo de los muertos, desaparecían, eran vidas imaginarias. Pero ese mundo de los muertos era sumamente atractivo, lleno de colores, tiempo y amplitud. Nos lo negábamos a nosotros mismos, pero en nuestro fuero interno también queríamos irnos allí.</p>
<p>Al cabo de unas semanas mis compañeros aparecían en muletas, con una pierna enyesada. Y me saludaban desde la distancia, porque tener esos papeles era una distancia. Ya eran hombres libres, traspasarían sin más el Punto de Control de Pase, y al hacerlo se volverían y echarían una mirada última a aquel lugar, a aquellos dormitorios carcelarios, a esos polígonos, y no marcharían más nunca, no más pases de lista tres o cuatro veces al día, y vivirían.</p>
<p>Yo no quería hacer algo que repercutiera en mi salud a largo plazo y pedí la baja a secas. Por otro lado, estaba en vía de convencerme de que no deseaba continuar estudiando una ingeniería que me aburría mucho.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Una compañía, que en primer año comenzaba con 150 cadetes, se iba encogiendo hasta que al cabo de cinco años los que llegaban a graduarse eran seis o siete, como mucho. En quinto año era apenas un pelotoncito de tipos legendarios de cuyos cuerpos, de cuyas presencias, emanaba más la idea de ancianos retirados que de un cuerpo de acero radioactivo o cortante.</p>
<p>Luego de cinco años de sacrificio, guardias, marchas, cortes disciplinarias todos los viernes, les esperaba la vida en unidades regulares, una vida tan fuerte o más que la de cadete. A veces las responsabilidades eran tan grandes que si algo salía mal los oficiales al frente podían terminar en un calabozo.</p>
<p>Recuerdo que estando en un campamento agrícola en Candelaria, entonces provincia de Pinar del Río, un teniente fue sorprendido teniendo relaciones sexuales con un compañero nuestro. Los que los delataron fueron los reclutas de la unidad. Aquel día varios de ellos los estaban vigilando por un agujero en la pared de la oficina del teniente. Avisaron a un oficial, patearon la puerta. Dentro estaba el cadete en calzoncillos y el oficial desnudo. Esto no les pareció suficiente y se abalanzaron sobre ellos buscando pruebas de que había sucedido entre ambos un coito, o cualquier trato homosexual.</p>
<p>El teniente era el político de la unidad, justo el que debe hacer de bisagra entre la jefatura y los subordinados. No parecía mala persona, pero supongo que los reclutas se sacaban un ojo por ver caer a cualquiera de los oficiales que los dirigían.</p>
<p>Al enterarse de aquella falta la jefatura del ITM mandó a apresar a los amantes. Al cadete lo expulsaron de inmediato, y al oficial lo encerraron sin cordones ni cinturón en un calabozo que tenían en Marianao, en los pisos bajos del antiguo Colegio de Jesuitas.</p>
<p>No eran de fiar los reclutas, se pasaban horas mirándonos, tratando de encontrar cómplices. Querían ficharnos para robar combustible, piezas de tractores, arados y casi todos arrastraban años de castigo por indisciplinas, robos, fugas. Era una unidad del Ejército Juvenil del Trabajo, pero parecía una especie de campamento para sancionados. Cuando conversaba con ellos trataba de comprender por qué reincidían en delitos, pero mi verdadero objetivo era imaginar cómo sería mi vida entre sus filas. Me preguntaba si sería capaz de lograr no acumular años sancionado como ellos, para quienes fugarse, hacer fechorías, era algo tan natural como ir a orinar o a comer.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Dentro del ITM había una plantilla de soldados que hacía campamento en una unidad de apoyo contigua. Luego de que mis amigos se fueron comencé a mirar a esos reclutas de otro modo. Ya no me parecían fantasmas. Más bien les tenía envidia. Pronto, en dos años como máximo, terminarían su servicio militar y continuarían con sus vidas puestas en pausa. Yo sentía que mi vida había sido puesta en pausa a los 14 años, cuando ingresé a la EMCC de Santiago de Cuba.</p>
<p>Luego supe que ellos no nos miraban como a fantasmas sino como a pobres abducidos, no comprendían que quisiéramos seguir en esa carrera. Más pronto que tarde pedí la baja y me incorporé a sus filas. El primer teniente que fue designado como nuevo jefe de mi compañía en el segundo año de la carrera me dijo: “Tranquilo, Melián, yo sé que a veces hace falta mucha valentía para irse de aquí”.</p>
<p>A partir de ese momento comencé a sentir un respeto de su parte que no sabía que existía. Yo no tenía por qué saludarlo más, pero lo hice por respeto. Eso sí, no marchaba, no formaba. Me perdía en escondites hasta que llegaran unos papeles que necesitaba para trasladarme a Santiago De Cuba a una unidad que me había gestionado mi madre.</p>
<p>Me mandaban a cumplir dos años de Servicio Militar Obligatorio. Luego de más de cinco conociendo qué eran las Fuerzas Armadas, aquella era una ley absurda, un castigo por desertar. Ana Lilian tenía razón cuando los emplazó. Pero no importaba, el mundo se abría demasiado ante mí. Sentí vértigo. Y ese vértigo era la libertad. El camino a casa fue más fácil de lo que nos pintaron.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Los viejos amigos que veníamos de la EMCC de Santiago de Cuba nos solíamos reunir en el ITM en el horario de las comidas bajo unos ficus que crecían cerca del comedor. Ahí las compañías rompían filas y los cadetes nos desperdigábamos buscando la sombra.</p>
<p>El tema de conversación en las últimas semanas era irnos del ITM. Ya ellos habían decidido la variante de la rodilla. A mí me aterraba toda la situación. No sabía cómo podría ser mi vida al salir de allí. Tendría que comenzar de cero, y parece que todo mi cuerpo emitía esa señal.</p>
<p>Erick, que estaba decidido a operarse, me comentó que mi caso no era como el suyo. A diferencia de ellos, yo era muy pobre; si me iba a Santiago ¿cómo iba a vestir, cómo iba a calzar, cómo iba a comer? Desde el ITM yo mantenía calzada a toda mi familia: a mi madre, a mi padre y a mi hermano. Cuando iba de pase, les llevaba mis zapatos, y luego regresaba en chancletas, alegando que me lo habían robado todo.</p>
<p>Si mis padres iban a una fiesta y les mirabas bien los pies, podrías identificar que traían zapatos de las Fuerzas Armadas. En aquella época distribuían unas botas de punta fina para los hombres y unas cuñas para mujeres que yo había logrado canjearle a una compañera.</p>
<p>Lo que Erick me dijo me causó ese tipo de tristeza que abona positivamente tu idea de darle un vuelco a la vida. Hice lo contrario de lo que me sugirió, porque la idea que yo tenía de mí era diferente a la suya. Pero me llamó la atención la forma en que me veía. Estaba describiendo algo real, un país con clases sociales. Y yo no lo veía así quizá porque pertenecía al fondo, a la parte más ancha de la pirámide. La de gente sometida a la amplitud de las oportunidades, y otra a las estrecheces de la pobreza. Él era de los primeros, como Ana Lilian, y yo de los segundos. A mí me tocaban las Fuerzas Armadas.</p>
<p>A veces pienso que las Fuerzas Armadas son el laboratorio del totalitarismo cubano. El motor pequeño que mueve al motor grande. Pero hay otra manera de verlo. Las FAR, en última instancia, son torres de vigilancia sobre la población. No se preparan contra el pueblo sino que ya están dentro, combatiéndolo. Maniobrando, haciendo paseos de advertencia. El Servicio Militar Obligatorio, reclutador de miles de jóvenes que son mano de obra esclava para mantener sus unidades en “óptima o completa preparación combativa”, es una de las formas en que mejor se manifiesta su incidencia.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Mi vida como soldado del Servicio Militar Obligatorio mejoró mucho en comparación con el trato que había recibido en la EMCC de Santiago de Cuba y en el ITM. Tenía una perspectiva de futuro en la cual me veía libre de tantos reglamentos, horarios, radares, vida en unidades militares, códigos arbitrarios, oficiales empoderados sobre nosotros.</p>
<p>Ya no nos ponían a marchar como soldados de plomo. Los oficiales nos trataban con un respeto que yo no conocía. Creo que nos temían. No es que tuviéramos muchos derechos, porque el hecho de estar allí, de forma obligatoria, como esclavos, nos despojaba de cualquier dignidad.</p>
<p>Lo que sentía era que en su fuero interior ellos, los más razonables, nos trataban a sabiendas de que aquella vida era indeseable y que un recluta era una contradicción en sí mismo. Era un reo armado, armado por ellos. Era peligroso en potencia, y estaba siempre a un paso de perder la cordura.</p>
<p>Comparé al Carlos cadete y al Carlos soldado: el segundo podía odiar al Estado que lo había colocado allí de forma obligatoria, pero el primero, además de despreciar aquel régimen, tenía que buscar el modo de amarlo, y también se tenía que odiar a sí mismo por seguir tolerándolo. Había una intensa presión moral que lo hacía dar vueltas en bucle.</p>
<p>Conseguí un traslado hacia una unidad desactivada de telecomunicaciones en Santiago de Cuba, muy cerca de mi casa. Viví el resto del servicio militar como un paseo. Dormía todo el día con el AKM debajo del colchón. Por las noches mi jefe inmediato, un sargento de tercera, traía a una amante y se acostaba con ella en la litera en que debíamos dormir los soldados. Para tener toda la unidad para él me pedía que me fuera a casa a dormir y que llegara a primera hora.</p>
<p>Y así fue durante un año y medio. A veces me daba mala conciencia, recordaba que había muchachos suicidándose en unidades de tanques, que eran las peores, pero recordaba que yo había estado cinco años y medio marchando, haciendo 24 horas de guardias, a veces dos veces por semana, había limpiado kilómetros de pasillos y baños llenos de heces fecales hasta la altura de los talones.</p>
<p>Sentía que en ese quinquenio las Fuerzas Armadas habían saciado conmigo algo esencial para ellas: su vanidad. Su sentido del ser, su demostrarse a sí mismas que les quedaba garra para amaestrar y destruir hombres de dentro y de fuera. En la EMCC de Santiago de Cuba trabajé en la agricultura, chapeé un campo con un pico en ausencia de machetes, comí potajes agrios, perseguí un buey durante toda una noche lluviosa, soporté a Zapata Dager, un hombre consagrado a la perfección, un primer teniente despiadado y honesto, al que le temíamos como se le teme al Inspector Javert, el carcelero que le hace la vida imposible a Jean Valjean en <em>Los Miserables</em>.</p>
<p>Me licenciaron cinco meses antes de lo previsto, pero no les avisé del error. Opté por la Orden 18, una oportunidad de acceder a carreras universitarias para quienes pasaban los dos años de Servicio Militar Obligatorio con una buena conducta. Saqué muy buenas notas y logré una buena posición en el escalafón. Obtuve una plaza en la carrera de Periodismo.</p>
<p>Un día en el que regresaba a mi casa desde la unidad, vi a un par de mujeres llorando, luego a dos reclutas corriendo, escapando de algo. Seguí caminando. Dos muchachas que estaban pasando el servicio militar voluntario —pues era una manera de optar también por la Orden 18— y que iban a menudo a mi casa a pedir agua, llegaron hasta mí corriendo y llorando. No entendí lo que decían; se refugiaron en una nave porcina que estaba cerca.</p>
<p>Me comencé a preocupar pero seguí caminando hasta ganar la carretera. Desde ella podía mirar lo que sucedía dentro de la unidad casi desmantelada de cohetes antiaéreos porque estaba en un nivel superior, sobre una elevación.</p>
<p>Oí una ráfaga corta y me agaché. Pero seguí avanzando. No sé por qué no sentía peligro. Frente a una de las naves había un soldado con una AKM en la mano. Conocía al chico, iba mucho al bulevar cerca de la calle Enramadas de Santiago de Cuba; no sabía que lo había pillado el SMO. Era fanático al <em>rock and roll</em>. Gritaba algo así: “Sal, ven, so puta, sal si eres hombre”.</p>
<p>Estaba llamando a un oficial para matarlo. Las ráfagas eran para él. El segundo jefe de la unidad le había hecho perder los estribos. Todos los vecinos de la localidad conocíamos a ese segundo jefe de unidad, un teniente coronel, porque nunca le daba un aventón a nadie. Ni a mujeres con niños pequeños ni a embarazadas ni a ancianas. A nadie. Luego se rumoreó que había sido amonestado, o licenciado, porque no era la primera vez que recibía un rafagazo. El anterior a este había sido de una mujer, una mujer como Ana Lilian.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/08/ana-lilian-y-el-servicio-militar-obligatorio-en-cuba/">Ana Lilian y el Servicio Militar Obligatorio en Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2025/08/ana-lilian-y-el-servicio-militar-obligatorio-en-cuba/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Escapar de Cuba: la ilusión capitalista</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/08/emigracion-escapar-de-cuba-la-ilusion-capitalista/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2025/08/emigracion-escapar-de-cuba-la-ilusion-capitalista/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Aug 2025 15:19:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[emigración cubana]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=15364</guid>

					<description><![CDATA[<p>En esta nueva entrega de crónicas sobre su llegada al exilio en España, su autor refle-xiona sobre algunos puntos en común entre totalitarismo y capitalismo, sobre todo si se trata de levantar la mano para decir lo que se piensa.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/08/emigracion-escapar-de-cuba-la-ilusion-capitalista/">Escapar de Cuba: la ilusión capitalista</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La residencia con la que ingresé a España me permitía estar en el país con plenos derechos, menos con el de trabajar. No obstante, había logrado poner en marcha una solicitud de residencia temporal como familiar de una ciudadana de la Unión Europea. Me había juntado formalmente como pareja de hecho con la chica que estaba saliendo. En la práctica vivíamos juntos y comenzaban a surgir planes para el futuro.</p>
<p>Tenía un certificado donde constaba que el proceso de una nueva residencia con derechos laborales estaba en marcha y con eso, en teoría, podía ser contratado. Iba con la idea de explicarlo así si conseguía algún curro.</p>
<p>Me inscribí a todo lo que encontraba afín a lo que yo sabía hacer: redacción, edición, incluso trabajos manuales como limpieza de áreas, etc. Pasaron un par de meses sin respuestas.</p>
<p>Las opciones de trabajo, además, nunca eran las de un “redactor”, a secas. Todas exigían conocimientos de posicionamiento en Google, de búsquedas de palabras clave, un mundo  raro para mí. El periodismo que hice en Cuba se basaba en primera instancia en la búsqueda de la verdad. Nunca manejé criterios de posicionamiento ante los robots de Google.</p>
<p>Un día mi suerte pareció cambiar. Me escribió alguien por WhatsApp; se ponía en contacto luego de haberme inscrito en una solicitud para redactor <em>online</em>. Apliqué a tantas que ni siquiera le podía preguntar cuál era. La comunicación con esta persona era particular: no demoraba en tener la próxima frase escrita, parecía que sabía lo que yo le iba a responder y ya tenía lista la pregunta siguiente.</p>
<p>Miré su foto de perfil de WhatsApp y no supe definir si era asiática o latina. Por ejemplo, me preguntaba: “¿Seguro que estás interesado en trabajar con nosotros desde tu casa y así ganarte un dinero extra, o a tiempo completo?”. Yo respondía: “Sí”. Fui cayendo de un sí a otro hasta que me dio la dirección del sitio donde tendrían una reunión conmigo. Era cerca de mi casa, en un número de Riera de Cassoles.</p>
<p>Me habían contactado con un par de semanas de antelación, así que tuve unos 15 días para ilusionarme, para pensar que al final no estaba siendo tan difícil encontrar trabajo si ya tan pronto iba a tener una primera entrevista.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>He de agregar que en estos días <a href="https://periodismodebarrio.org/2025/05/escapar-de-cuba-la-ilusion-de-correr/">correr fue, de alguna manera, perdiendo el sentido que tenía antes de la cita</a>. Si al inicio era muy atractivo empujar y conquistar una ciudad pesada, cuando conseguí la entrevista ya esa ciudad parecía ceder, como si de pronto le hubieran colocado ruedas en la base y empujarla fuera igual de fácil para niños y adultos, para tontos e inteligentes, para feos y guapos, para mediocres y brillantes.</p>
<p>Llegando el día me costaba dormir, tomaba pastillas para el sueño, dejaba de correr. Como en esas fechas intentaba hacer 10 kilómetros diarios, me daba miedo sufrir un shock y pescar una fatiga general por no haber dormido nada.</p>
<p>Intenté prepararme, pero no sabía de qué se trataba el puesto. No recuerdo si llamé al mismo número que me contactó para informarme más sobre cuál podrían ser las tareas que debía cumplir. Busqué un par de veces entre las tantas aplicaciones en las que me inscribí: LinkedIn, Infojobs, Indeed, y no encontré cual podría ser la plaza.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>El día de la entrevista me puse mi mejor abrigo —lo recuerdo porque estaba prácticamente nuevo, y pensé que con él iba a hacer la diferencia—. Limpié mis zapatos negros. Mi pareja me echó perfume. Salí con tiempo de casa para ir caminando y juntando aplomo.</p>
<p>El edificio estaba incrustado en otros edificios, su fachada era fea, sin otra pretensión que cierta elegancia moderna, <em>high tech</em>, recargada de aluminio y gruesos cristales. La cita era en un segundo o tercer piso.</p>
<p>Ahora, mientras lo pienso y trato de recordar lo que iba viviendo en aquel momento, me doy cuenta de que quiero respetar el no querer recordarlo del todo.</p>
<p>La chica que me contactó me escribió un día antes para advertirme que debía ser puntual. Una hora antes de la cita me volvió a escribir. Debía ser puntual. Este llamado a la puntualidad me pareció terrible, pero a la vez corporativo, confiable.</p>
<p>En la puerta del edificio aguardaba una chica latina con tacones y maquillaje apresurado. No recuerdo si usaba un <em>walkie</em> o el teléfono, pero debíamos esperar allí hasta que le dieran un aviso. Creo que esperaba a que fuéramos suficientes candidatos para subir a la oficina donde supuestamente nos entrevistarían.</p>
<p>Al menos esa era la idea que yo tenía: asistir a una entrevista.</p>
<p>Cuando fuimos suficientes, acaso unos 10 o 15, nos dijeron que subiéramos. En las escaleras algo comenzó a darme una señal poco grata que dejé pasar porque hablaba más de mí que del lugar al que me dirigía. En el primer o segundo piso pasamos junto al consulado de Bulgaria, un país que había sido comunista. Los consulados, la embajadas, los aeropuertos, los pasos fronterizos, suelen darme aprensión.</p>
<p>Walter Benjamin, un filósofo alemán al que leí con cariño y mucha atención antes de salir de Cuba, se suicidó por el influjo terrible de estas oficinas. Son lugares donde, entre otras cosas, deniegan el paso libre a gente que huye para conservarse vivo o cuerdo. Y ese poder es en sí mismo una cámara de tortura. Benjamin, sumido por la desesperación, seguro de no poder obtener la autorización para cruzar, decidió acabar con su vida; al otro día abrieron el paso fronterizo.</p>
<p>Miré hacia el vestíbulo de aquel consulado y a la noción fronteriza sumé el tufo del comunismo, su aislacionismo, su atrincheramiento contra el mundo y todo el que pensase diferente. Mis gritos y angustias en Cuba emanaban de su mobiliario, de aquel salón vacío con dos tristes butacas y una bandera marchita, ensimismada y avergonzada de todos los errores cometidos en su nombre en el pasado.</p>
<p>Seguí subiendo las escaleras tratando de deshacerme de aquella visión, pero no desapareció cuando llegué a la puerta de la compañía, más bien se incorporó, como acentuando mi creciente incomodidad.</p>
<p>Lo primero que vi fue un pequeño vestíbulo, creo que de color azul, en el cual había una hilera de mesas con ordenadores llevados por muchachas de edades entre 25 y 40 años. Todas lucían nerviosas como aprendices.</p>
<p>Me pidieron el nombre, no aparecía en su base de datos. Luego me preguntaron quién me había contactado, dije el nombre de la chica del WhatsApp y se miraron entre ellas. Una pareció encontrarme en una lista, o se lo inventó. Anotó mi nombre y apellidos. El nombre lo rotularon en una tira de papel con goma que me pegaron en el pecho. Un hombre, en cuyo pecho se leía “Dimitri” o “Valentín” me hizo señas con la mano.</p>
<p>El rostro de Dimitri, llamémosle así, era inquietante. Parecía de un país del Este de Europa. Era rubio y de pelo corto, tenía los ojos alineados, verdes y juntos de una lechuza, pero el mentón largo de un caballo. Parecía, por sus rasgos, por la poca curiosidad que emanaba de sus ojillos pequeños, una especie de ave cazadora. Era bajo de estatura, fornido, ágil, y a pesar de tener unos 50 años podías imaginártelo perfectamente dando paseítos, carreras, y bailes de boxeador.</p>
<p>“¿De dónde te han sacado, Dimitri?”, me dije. Pero el elemento que más me llamó la atención y que cambió toda mi percepción del conjunto, o sea, de aquellas chicas nerviosas, del local, del evento en general, fueron los zapatos de Dimitri.</p>
<p>En <em>Cosecha roja</em>, la novela de Dashiell Hammett, unos pequeños detalles le sirven al autor para describir el estado de degeneración moral de Poisonville, la ciudad a la que llega el protagonista: la barba de varios días de un guardia, dos botones arrancados de la camisa de otro, un policía dirigiendo el tráfico con un cigarrillo encendido en la boca.</p>
<p>Los zapatos de Dimitri eran ese cigarrillo, esos botones ausentes, esa barba de semanas en el poli de tráfico. Eran de color blanco, deportivos, pero estaban cuarteados y algo húmedos. Transparentaba en ellos el color pardo de los zapatos que llevan los <em>homeless. </em></p>
<p>A partir de ahí mis sentidos se afinaron, comencé a sentir olor a pies sucios en todo el local.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Me dio la impresión de que Dimitri estaba allí por voluntarismo. Algo en aquel espacio parecía una puesta en escena.</p>
<p>Aún hoy doy crédito a mis impresiones, porque brotaban del contraste. Había llegado a aquel lugar con ingenuidad, con una predisposición humilde a lo que se me solicitara. Estaba todavía en luna de miel con el capitalismo, y me percibía a mí mismo como alguien inferior, un aprendiz, pero no había nacido ayer, todo lo que acontecía a mi alrededor me parecía desencajado, improvisado, demasiado familiar como para no leerlo como se leía en Cuba una impostura.</p>
<p>La mayoría de los porteros de instituciones en Barcelona van uniformados, Dimitri no. Tal parecía que lo habían colocado de portero por su cara. ¿Quién coloca al peor rostro del equipo en la puerta?</p>
<p>Dimitri leyó mi nombre pegado en mi pecho y me condujo de forma cordial un par de metros hasta hacerme girar en un tabique. Entonces se abrió todo el espacio: vi el lugar en el que me harían la entrevista.</p>
<p>No era una oficina ni nada parecido, sino un gran salón desnudo, similar a un salón de alquiler para fiestas de despedidas de solteros: paredes blancas, de yeso, rodapiés algo sucios, iluminación led blanca. Al fondo, ventanas corredizas que daban a la calle —una calle gris, urbana, triste—, y una pantalla para proyector sobre la cual había un patrón de calibración de imagen.</p>
<p>Los primeros 10, 20, o 30 que llegamos estuvimos un par de minutos de pie mientras dos o tres personas, jóvenes todas, colocaban unas sillas en fila frente a aquella pantalla.</p>
<p>Iban organizando las sillas sobre la marcha. Tanto ellos como el resto del personal no parecía formar parte de una agencia dedicada a organizar eventos. Algo en la forma en que tropezaban entre sí me daba la impresión de que su intervención allí era reciente, como si trabajaran en un convenio <em>pro </em><em>bono</em>, de semi-voluntariedad.</p>
<p>Colocaron la primera fila, se sentó un grupo de candidatos como yo. Colocaron otra fila, se sentó otro grupo; luego colocaron mi fila y me senté. Mis rodillas topaban con la fila de en frente. El abrigo que llevé comenzaba a molestarme, era aparatoso, ocupaba mucho espacio. Intenté sacar una libreta de mi mochila, para tomar apuntes, o demostrar que tomaba apuntes, pero se me hizo trabajoso pues molestaba a la persona que estaba a mi lado. El abrigo me daba calor, comencé a transpirar y me lo quité.</p>
<p>Detrás de mí iban colocando más y más filas y estas se iban llenando de más y más candidatos.</p>
<p>“¿Donde te has metido Carlos?, ¡sácate de aquí!” Me decía una vocecita por dentro.</p>
<p>Me daba vergüenza ponerme de pie e irme. El ego no me dejaba. Una fuerza me sacaba de allí y la otra me devolvía. Por un lado, aquello parecía decirme “eres más que esto, vete de aquí”, y por otra “eres nada, como todo emigrante, y te toca aprender”.</p>
<p>Por un momento me llené de coraje y me volví para examinar al resto de los candidatos. Cuando uno teme mirar al otro lo que evita es mirarse a sí mismo. Había personas de todas las edades, con mejor o peor pinta. Había sudamericanos, africanos, españoles y del resto de Europa. Todos buscaban trabajo. A esta altura calculé que habría cerca de 100 personas allí, 100 personas más tú, Carlos. El más especial del universo.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>De unos altavoces instalados a ambos lados de la pantalla comenzó a salir música disco de principio de los 2000 y al escucharla comprendí que la estaba echando en falta. Luego apareció un chico español de unos 30 años que hizo una intro dinámica, juvenil. Estaba allí para presentarnos, sin más, a una persona muy especial, una persona que le había dado un giro de 180 grados a su vida, una persona que le había enseñado a ganar el dinero que nunca imaginó ganar desde casa, sin la tiranía de Hacienda, sin la tiranía de X y de Y, etc.</p>
<p>La persona especial vino desde el fondo de las butacas, desde el fondo de nuestras nucas. Intuí que había estado observándonos desde el principio porque su figura era insulsa. Por el acento parecía venezolano o colombiano, tendría menos de 33 años. Era mestizo, con la barba bien cortada. Usaba jeans anchos, sucios de horas nalga y poco horario de sueño, y un jersey deportivo ordinario. El tipo de personas que olvidas tres segundos después de cruzártelo en el metro.</p>
<p>El chico agarró el micrófono sin formalidad y fue al grano. El paso de los honores del presentador a su discurso fue tan rápido que hacía pensar, entre líneas, que el primero era más un competidor esperando su momento, que un discípulo. Y que aquello pudo haber sido planeado tal cual. Algo así como que el <em>maestro</em> no quería discípulos sino competidores, pues por un lado necesitaba gente volcada al esquema de obtención de riquezas que nos iba a presentar y, por el otro, porque su nivel era inalcanzable, porque aunque se pretendiera competir con él, nunca se iba a salir de la condición de discípulo.</p>
<p>El <em>joven maestro</em> tenía mucho aplomo, abrió su discurso hablando sobre su fe inútil en los estudios y luego sobre su experiencia como autónomo: las deudas, la presión que recibió de Hacienda y de los clientes. En resumen, se había intentado insertar en el mundo del marketing pero no había encontrado descanso, sino mucho estrés. Aquella mala vida le reveló que se había hecho autónomo para ser más libre, para no tener jefes, pero al final se dio cuenta de que cada cliente era su jefe.</p>
<p>Ahí le dio un timonazo a su vida, comenzó a creer que iba a ser más libre siendo una especie híbrida de empleado e independiente —en ese punto me perdí, mi cabeza estaba tratando de comprender el todo—. Luego pasó a explicarnos un esquema financiero desarrollado por un japonés, que criticaba la forma ordinaria de obtener dinero y daba una solución a ello, una solución que nos permitía ser felices. O sea, el chico nos estaba presentando un camino hacia la felicidad.</p>
<p>Proyectó gráficos en la pantalla que tenía tras de sí. Usó flechas, rectángulos, alzó y bajó la voz para hacer énfasis retóricos. No apunté el nombre del autor japonés en el que se basaba porque me costaba comprender no solo lo que el chico quería enseñarnos, sino el sentido de estar allí sentado, escuchando aquel largo prólogo que no aterrizaba, que no nos decía qué demonios hacía aquella empresa y qué debíamos hacer nosotros para ganar dinero.</p>
<p>De pronto, el chico pareció molestarse, o lo fingió, e interrumpió su discurso. Dijo que haría una pausa porque no le gustaba hablar en vano. El tono en que lo dijo era arrogante, parecía que se había quedado vacío por dentro, y nos los echaba en cara.</p>
<p>Miró atentamente al público como un ministro evangélico, e hizo la siguiente pregunta: “¿Me gustaría saber quiénes son los que comparten mi filosofía de vida? O sea, levanten la mano quienes comparten esta filosofía de vida”.</p>
<p>Yo había comprendido bien poco del esquema económico que proponía, de hecho, no lo había propuesto aun; había propuesto, según su pregunta, “una filosofía de vida”, y yo no me había enterado a pesar de estar 100% presente. No levanté la mano. Miré un instante hacia la gente sentada después de mí para ver si alguien me secundaba y vi que todos los que me rodeaban, hasta el fondo, habían levantado la mano. Comprendían y estaban de acuerdo con aquella “filosofía de vida”.</p>
<p>Al verlos, tuve el impulso de subir mi mano también, pero algo me detuvo, ¿el orgullo, quizá? No lo sé. Era una mezcla de todo. Habíamos ido a buscar trabajo, un salario, y nos estaban vendiendo un evangelio. Creo que la posibilidad de comprender a aquel sujeto y aquel lugar, y no solo su filosofía de vida, fue más poderosa que el interés por lo que vendría después de la votación.</p>
<p>El <em>j</em><em>oven </em><em>gurú</em> clavó su mirada y magnetismo en mí y me preguntó si yo no compartía su “filosofía de vida”. Le dije que no era que no la compartiera, sino que no la había comprendido.</p>
<p>El chico no pareció escucharme, y volvió a hacerme la pregunta con un tono cargado, rabioso: “Te estoy preguntando algo, y quiero que me lo respondas: ¿compartes mi filosofía de vida? ¿Sí&#8230; o&#8230; no?”. La pausa retórica que colocó entre el sí y el no era más arrogante que la de los agentes de la seguridad del estado cubana que me interrogaron en su momento. Se creía con poder sobre mí y sobre el auditorio.</p>
<p>Le volví a responder que como le había dicho hace un segundo, quizá la compartía, pero antes tenía que comprenderla. El chico dijo, “vale, póngase de pie, diríjase al fondo, y vea a Dimitri, él le va a explicar mejor”.</p>
<p>Se hizo un silencio en el salón, recogí mi abrigo, la libreta, los introduje en la mochila; me tomé mi tiempo tratando de comprender lo que estaba sucediendo. Me dirigí hacia el fondo donde me esperaba la jeta de Dimitri, me presenté y le dije: “Dimitri, el chico me dijo que lo viera a usted”.</p>
<p>Dimitri levantó una mano y, con las yema de los dedos índice y pulgar, me quitó el nombre que me identificaba pegado en el pecho y me dijo: “ahora te puedes ir”.</p>
<p>Y me fui.</p>
<p>Bajé la escaleras, volví a ver el consulado de Bulgaria, salí a Riera de Cassoles; el cielo me pesaba. ¿Qué demonios acaba de pasar aquí?, me dije. Me sentía enfermo, un chorro de toxinas me pasaba por el pecho.</p>
<p>Durante meses continué aplicando a ofertas de LinkedIn y otras <em>apps</em> que instalé en el móvil. Apliqué a todo tipo de trabajos sin éxito. Algunos rechazos los comprendí, los de marketing, por ejemplo, pues en Cuba apenas conocía de qué se trataba. En los de periodista creo que valoraban que estuvieras empapado de España para poder escribir de ella. Pero otros rechazos parecían chistes: no clasifiqué ni para conserje de edificios, ni para lavaplatos, ni para ayudante de cocina, ni para mesero, ni para albañil.</p>
<p>Los de Riera de Cassoles me seguían llamando para que asistiera al entrenamiento. Funcionaban como operadoras telefónicas que intentaban venderte el mismo producto una y otra vez. Les respondía que ellos me habían expulsado y les pedí que me quitaran de su base de datos, que para mí Riera de Cassoles era el infierno. A veces pensé en ir para saber qué proponía el <em>joven gurú</em> después de aquel primer “paso fronterizo”, pero no quería verlos ni en pintura.</p>
<p>Evocarlos me hacía el exilio, el capitalismo, la emigración y el comunismo una misma cosa. Aquel espacio representaba a un <em>tiranuelo</em>, a un cúmulo de cobardes o de gente sin curiosidad que por no verse en peligro no levantaba la mano ni hacía preguntas. Barcelona comenzó a ensuciarse en mi cabeza. Era un asunto de salud mental mantenerme lejos.</p>
<p>Y seguían llamando. Alguna vez les dije que los iba a denunciar a la policía. Luego creo que identifiqué en LinkedIn la supuesta empresa que tomaba mis datos cada vez que yo aplicaba, y no le mandé más mi currículum.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/08/emigracion-escapar-de-cuba-la-ilusion-capitalista/">Escapar de Cuba: la ilusión capitalista</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2025/08/emigracion-escapar-de-cuba-la-ilusion-capitalista/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Escapar de Cuba: la ilusión de correr</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/05/escapar-de-cuba-la-ilusion-de-correr/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2025/05/escapar-de-cuba-la-ilusion-de-correr/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 May 2025 15:20:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[emigración]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=15189</guid>

					<description><![CDATA[<p>Este texto inaugura una serie que narra, en primera persona, cómo Carlos salió de la isla hacia un exilio que nunca imaginó, y el costo emocional que ello ha traído. </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/05/escapar-de-cuba-la-ilusion-de-correr/">Escapar de Cuba: la ilusión de correr</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Llevaba casi un mes en Barcelona cuando decidí salir a correr. El plan era prepararme en lo moral y lo físico para lo que significaba recomenzar en un sitio desconocido. Preparar al cuerpo para una nueva casa, una larga marcha.</p>
<p>La ayuda de la organización que me sacó de Cuba junto a mis dos hijos y su madre, terminaría en cinco meses. Quería estar listo para resistir cuando llegara el final de aquel apoyo; por mí y por mis hijos, o por mis hijos y después por mí. Esto es importante si quiero explorar el modo en que sentía en aquel momento, porque creo que ese orden de prioridades (hacia uno mismo o sus hijos) cambia. Uno se vuelve hijo de uno mismo. Y hablo de mis hijos porque en un tiempo relativamente breve se convirtieron en lo que me permitió salir adelante, en la sustancia que le dio sentido a mi vida, y no siempre había sido así.</p>
<p>De correr también me gustaba la idea de diluirme en el entorno. Los bloques de edificios desde el principio hasta el final de la ciudad tenían una solidez que me atraía, una hechura firmemente geométrica, sin esos desniveles que suelen tener las paredes blancas, lisas, aplanadas manualmente por los albañiles de Cuba.</p>
<p>Me vestí con el único short que traje en el equipaje y un pulóver. Me amarré bien mis zapatillas para correr, tomé el móvil, me puse los audífonos y con el dedo dibujé en el mapa de Google un recorrido que sumara tres kilómetros, cuatro kilómetros, o no, mejor cinco. Cinco kilómetros era lo que corría irresponsablemente en las escuelas militares en las que estuve, y me parecía coser y cantar.</p>
<p>Me emocionaba poder ser parte durante un rato de esas cuadras y cuadras de edificios de ladrillos. Un niño entra un pie en el mar, y luego otro, y mientras va avanzando, sintiendo el roce del agua en la barriga, o los puntillazos del relieve irregular, doloroso incluso, de las piedras del lecho marino en la planta de los pies, descubre la sensación de ser parte de eso mayúsculo y perfecto que refulge a lo lejos, esa línea de azul eléctrico.</p>
<p>Era una experiencia desconocida. La condición carcomida de las ciudades cubanas, de La Habana, por ejemplo, de los escombros en las calles, la basura en la acera, la ropa vieja, rota, y los dientes careados de las personas, me parecían naturales y conectados entre sí como si uno fuera la continuidad del otro; un testimonio natural del paso de la vida hacia su fin.</p>
<p>Llegué a la planta baja y cerré con cuidado para no molestar a los vecinos. Nos lo habían dicho apenas entramos en la casa donde habitaríamos: no se podía poner música alta, no se podía usar la lavadora después de las diez de la noche. Los vecinos denunciaban, la clave era no molestarlos.</p>
<p>Aquel era un edificio ordinario, no tenía ascensor aunque sí balcones amplios, pisos luminosos y ventilados, muy importantes para un ambiente de familia. Tenía el puntal alto en el <em>lobby</em>, pero ese era el único elemento interesante en las zonas comunes, lo demás parecía institucional, policlínico. Al subir hasta nuestro piso por las escaleras, el techo se volvía bajo, las formas cuadradas, carcelarias, y carentes de elegancia. Tenía algunas baldosas sueltas, algo hundidas, en los rellanos, y en cada uno había ventanas de carpintería de aluminio blanca. La falta de imaginación de su diseño de zonas comunes me recordaba por momentos a las construcciones de Cuba, pero en aquellos días yo no hacía caso de ninguna información que indicara ruina o amargura. Todavía estaba muy viva en mí la caída económica que se manifestaba por todas partes en la isla, las calles rotas, los escombros, la basura. Barcelona estaba llena de planos generales que argumentaban a favor de una sociedad superior, vigorosa.</p>
<p>No es que siempre fuera optimista, tenía angustia la mayoría del tiempo, miedo al futuro nuestro. Se vencería la ayuda y teníamos un pasaje de vuelta a Cuba. En seis meses haríamos algo por nosotros y en contra de la organización que nos había traído a España: quedarnos, no regresar a la isla, no cumplir con esa promesa que le hice al gestor que me ayudó al comenzar el proceso.</p>
<p>Me decepcionaba no ser transparente con la organización que me apoyó y hacerlos quedar mal ante los registros de extranjería, no solo porque afectaría el prestigio de la organización, sino porque le cerraría las puertas a otros cubanos. Estaba muy agradecido con la política y la intención humanitaria que nos había traído a Europa, pero al mismo tiempo la opción de regresar a Cuba se me oscurecía en el futuro, era la opción de un suicida, no quedaba un solo foco de luz en ese pasillo.</p>
<p>Había retornado en otras cinco ocasiones a Cuba con un pesar que nunca interrogaba a fondo. Entrar al avión de regreso era volver a un sitio no deseado, enlutado, y siempre en algún momento me decía a mí mismo que debía procurar no quedarme, no manchar el programa que me había sacado de Cuba para que otros colegas disfrutaran de él, o para que se repitiera para mí.</p>
<p>Corría ahora para endurecer todo eso, arrinconarlo en la parte oscura de un cuarto. Con el cambio de perspectiva que implica salir de la isla por desesperación, por asfixia, con la idea de salvar algo urgente dentro de uno, la fórmula que me imponía –pensar en “los otros”– desaparecía, era un elemento insignificante en el horizonte. En esta ocasión lo que me repetía como un mantra era: “A Cuba no regresas, no. No regresas”. Y me fundaba una tabla moral que me lo permitiera: lo harás para cuidar a tus hijos y para salvar a tu cuerpo. Tu patria son tus hijos y tu cuerpo. Busca el pasadizo, baja la cabeza para que no te vean, y escapa en silencio.</p>
<p>No quería verme ni ver a mis hijos en la situación de no ser dueño de mi cuerpo. O de ver cómo el trabajo de años en una carrera, la de realizador de filmes, estaba amenazada, o se desvanecía bajo el acoso de la seguridad del estado.</p>
<p>Aunque poseíamos una documentación temporal y un estatus de residentes ya en trámites, este declaraba que no teníamos derecho a trabajar. Nuestros hijos no asistían a la escuela porque no había cupo para ellos hasta septiembre, y habíamos llegado a España en abril.</p>
<p>Cada semana que pasaba nos acercábamos más al momento en que estaríamos por nuestra cuenta, y no sabíamos qué era eso. Yo miraba a la gente, al entorno, y nada me decía cómo hacerlo. Las personas que nos ayudaban a través de una organización llamada Taula Per Mexic tampoco sabían cómo asistirnos para conseguir trabajo, o un permiso de trabajo; tampoco los que trabajaban en instituciones para orientar al emigrante —orientaban, pero en su discurso se posicionaban en un terreno ambiguo, siempre dejaban caer una noción azarosa: “será difícil”, “no dejen de llamar a…”—; había miles de personas en nuestra situación, y todas las vías que intentábamos fracasaban.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Llegamos a España en primavera y yo le temía al invierno, no lo conocía. Corría también porque se me movía el piso pensando en el frío, para sentir que podría enfrentar aquello.</p>
<p>Había visto en internet una entrevista a un mendigo que vivía en una tienda de campaña. Él explicaba que correr todos los días le ayudaba a superar su condición; vivía bajo un puente. Al correr, el cuerpo liberaba unas sustancias que le ocasionaban alegría. Yo solía sentir lo mismo. Tenía bajones y ataques de ansiedad por la demora de los papeles, por las llamadas a la oficina de extranjería para aplicar a un proceso de asilo político que nadie atendía, o cuando mi pequeñez en aquel entorno me susurraba al oído que más nunca podría ejercer mi vocación: vivir de escribir historias y filmarlas. Cuando esto se cerraba sobre mí, cuando me dirigía a la posibilidad final, de acabar con todo –con mi vida–, lo primero que llegaba era el deber hacia mis hijos, y lo segundo esperar un poco, hasta el día siguiente. Espera a correr, me decía. Verás que el cielo se despeja. Y correr al amanecer no arreglaría nada, lo sabía, pero me alargaría el horizonte. Era algo artificial, como tomarse una droga, pero me ayudaría a esperar, fortalecer mi cuerpo y ganar serenidad.</p>
<p>Recuerdo la emoción que me provocaba la música al correr. Lograba que lo olvidara todo. Escuchaba a Los Van Van, temas de latin jazz, un movimiento de la 5ta sinfonía de Gustav Mahler, temas de Roots, de Sepultura, el <em>Walk</em> de Pantera, Freddy Mercury, José Luis Cortés, y números de <em>Un verano sin ti</em>, de Bad Bunny. No escuchaba música cubana porque me interesara lo nacional, o mis raíces, había renegado de eso o intentaba liberarme de ello, la escuchaba por su calidad musical, por su potencia escapista. Dentro de todos, Freddy Mercury era quien me emocionaba más, me daba un subidón. Al escucharlo me entraban ganas de llorar y lo dejaba salir, lloraba como había visto llorar a evangélicos en templos bautistas, y a veces bailaba, o hacía gestos con la cabeza que me hacían perder el equilibrio o el ritmo del trote o una sincronía que lograba establecer entre el movimiento del cuerpo y los latidos del corazón.</p>
<p>A la vez, hacia mí corría la impronta de la ciudad. La impronta de una versión de Europa que me parecía pujante y que me invitaba a unirme a ella, al primer mundo. La sentía venir y le abría las puertas, me salvaba. No importaba que fuera una noción falsa –si es que lo era–, era una puesta en escena favorable, optimista. Y me daba la impresión de que con toda la sociedad sucedía igual. Aquellas fachadas, las avenidas limpias, la música, la literatura, el cine, las largas y grandes hileras de árboles a cada lado de las avenidas, tenían una intención oculta que ha jugado a favor de darnos ánimo, regresarnos a la pista, decirnos: mira, la belleza existe a pesar de que “todos pasamos por eso que pasas ahora”, “no estás solo”, “no eres especial”, “corre y aguanta como todos hemos hecho”.</p>
<p>Tenía que lograr estar preparado para interpretar de la mejor manera posible aquel mensaje, porque no lo estaba. Era algo similar a lo que sentía cuando en Cuba entraba a un salón al que asistía esa gente que en La Habana gravita alrededor de una embajada del norte de Europa, y allí, de pie, mirando a todos, no sabía cómo sostener una copa con vino. Una sensación de bastardía avanzaba en dirección a mí, y era un tren arrojando chorros de humo hacia el cielo, uno de esos trenes regionales que entran en túneles cavados en los pechos de las lomas.</p>
<p style="text-align: center;"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-15193 size-large" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-800x600.jpg" alt="Carlos Melián Moreno preparándose para correr en Barcelona. Foto: Carlos Melián Moreno." width="800" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-800x600.jpg 800w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-80x60.jpg 80w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-1536x1152.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-2048x1536.jpg 2048w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-810x608.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/melian-1140x855.jpg 1140w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></p>
<p>Era de noche aún, el clima era agradable, apenas calenté los músculos. Improvisé. Me estaba ganando una lesión ligera pero no lo sabía, y corrí de un salto guiado por el mapa, impaciente por conquistarlo todo corriendo.</p>
<p>La ciudad a media luz entraba con placer por mis ojos. Me inspiraba figurar en un nuevo juego. Desaparecer en la noche. Y creo que la madrugada, por su vecindad con el día, me ayudaba a creérmelo. Asimilar una educación que comenzaba en el ritual de la madrugada y terminaba en el esplendor y belleza de aquella ciudad que se iba revelando a medida que el sol salía y se deslizaba por los tejados, áticos y fachadas. Corrí por una calle estrecha con la acera señalizada por una hilera de bancos y de arbolitos contiguos de no más de tres metros de altura.</p>
<p>Corrí detrás de unos bancos vacíos en los que por las tardes había visto a unos ancianos, o al mismo anciano solitario, repetirse. Se sentaban y miraban a la pared blanca de enfrente, con un bastón en las manos o un andador de dos ruedas para no caerse. Al pasarles por el lado los veía volverse hacia mí esperándolo todo y esperando poco. Esperaban poco de todo.  Del presente, del futuro, con esa amargura que yo asumía era natural en los ancianos.</p>
<p>Corrí por debajo de arbolitos de hojas oscuras que nunca irían a verde. Tomé una de las calles comerciales loma abajo, pasé frente a supermercados iluminados desde dentro, tiendas de frutas llevadas por chinos con las persianas corridas hasta abajo, franquicias dentales, comercios de comida latina, tiendas de muebles, tiendas de pintura, un Hipercor, un <em>outlet</em> del Corte Inglés, y una gran avenida vacía. Quizá cambié el orden de uno u otro, pero no lo verificaré porque en general es lo que sucede en un sueño: los comercios, los objetos, los lugares cambian incluso en el mismo sueño en el mismo instante en que transcurren, y era así como me sentía yo. En un sueño. Todo se movía, corría para detenerlo.</p>
<p>Las avenidas de la nueva y desconocida ciudad parecían seguras, no percibía amenazas aunque debería haberlas. No me creía del todo nada, y eso seguía motivándome. Las ciudades de España eran bastante seguras, pero maldad había en todas partes. ¿Dónde estaba la maldad? Quería saber para mantenerla lejos.</p>
<p>Seguí la dirección que me iba dando el mapa de Google, agarré hacia la avenida Diagonal, en la que comenzaban a montar separadores para someterla a reparación, (aún cuando me parecía nueva). Corrí hasta que sentí que usaba la mitad de mi reserva física y di la vuelta. A medio camino sentí que no daba más, apenas podía respirar y tuve que parar a recuperar el aliento. Suspiré, “así que esta será mi nueva casa”, y luego acoté: “sí, quiero que esta sea mi nueva casa”. “¿Qué habrá que hacer para que mis hijos crezcan aquí?”. Estaba convencido de que quería eso.</p>
<p>Apoyé las manos en las rodillas y miré hacia el frente, donde una salida de metro vomitaba personas desconocidas rumbo a sus trabajos. A esa altura solo veía vitalidad por todas partes. Allá abajo era hora pico, miles de habitantes de la ciudad se movían de un lado al otro. Sabía que con un par de salidas más a correr superaría este sofoco y el cuerpo pediría más y más tramo.</p>
<p>En la vuelta era donde más alegría acumulaba, lo daba todo, lo sacaba todo. Ahí recibí lesiones en los muslos, en las pantorrillas, en el tobillo, que me mantuvieron sin poder correr de nuevo durante una o dos semanas. Estas lesiones jugaban con mis límites, eran los primeros chutes de realidad que recibía desde el afuera, desde la realidad física, la que hablaba de los límites que impone al cuerpo el paso del tiempo. Límites por fuera de las ideas, de las ansiedades que se acumulaban en mi cabeza, a las cuales podía engañar con tácticas como la de correr. Estos límites que representaba mi cuerpo de 44 años yo los asumía a veces como señales más grandes, advertencias que venían del futuro. Algo así como: “cuántas fuerzas te quedan para enfrentar y construir de cero una nueva vida”?</p>
<p>Un día en el que iba escuchando a Queen mientras corría, una muchacha muy guapa, corredora también, con un cuerpo perfecto, me sostuvo la mirada. Su mirada potente se juntó a la música, <em>Under pressure</em>, en esa parte maravillosa en que Freddy Mercury se desata, se rompe la camiseta y comienza a pedir amor, amor, amor (<em>Love, love, love, looooove!</em>). Unos tres o cuatro metros después, mi pie derecho dio contra un desnivel. Me fui de bruces hacia el suelo. Caí raspándome la palma de las manos y la rodilla. La música desapareció porque los audífonos se separaron de mi cabeza y cayeron unos metros más allá. En su lugar no entró el silencio, sino el ruido sucio del tráfico.</p>
<p>En Cuba, de vez en cuando, alguna lectura, o un filme o guion en el que trabajaba, me <em>llevaban</em> lejos de mi casa, de mi entorno, de mis hijos, de mi vida en pareja, de los problemas de aquel país, y un suceso súbito me traía al presente. Podía ser la detención y el interrogatorio a un colega, que últimamente eran más seguidos, podía ser una moto Suzuki, como las que usaban los represores de la seguridad del estado vestidos de paisano, podía ser un carro de policía cerca de mi casa, o algún nuevo decreto ley para controlar más a la gente.</p>
<p>Miré en rededor, miré mis manos, que me ardían mucho. A mis espaldas, se alzaba uno de los grandes iconos de la Barcelona pujante: la torre AGBAR. Un sombrío edificio de cristales azules de 34 plantas y 145 metros de altura que se disputa con la Sagrada Familia ser el símbolo arquitectónico de la ciudad. Fue el primer momento en que sentí que no estaba viviendo un ascenso, sino una caída. Una caída abrupta y mediocre. Mi estancia en Barcelona era el <em>crack</em> hueco que emiten unos audífonos baratos, rotos por la caída.</p>
<p>Me levanté, me limpié las manos, la rodilla, la ropa, y me fui caminando, presa de una sensación remota de fracaso; como asistiendo a una advertencia. Y la asumí. Me dije que aun así no quería regresar a Cuba; me hacía mucha ilusión correr.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/05/escapar-de-cuba-la-ilusion-de-correr/">Escapar de Cuba: la ilusión de correr</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2025/05/escapar-de-cuba-la-ilusion-de-correr/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Un día de apagón en Barcelona</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/05/apagon-en-barcelona-abril-2025/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2025/05/apagon-en-barcelona-abril-2025/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 May 2025 16:09:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[emigración cubana]]></category>
		<category><![CDATA[energía eléctrica]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=15156</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Como vivió un cubano el apagón que detuvo a una parte de Europa el 28 de abril de 2025?</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/05/apagon-en-barcelona-abril-2025/">Un día de apagón en Barcelona</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Todavía no se sabe bien qué sucedió el 28 de abril a las 12:33 minutos del mediodía. Hubo una interrupción eléctrica de cinco segundos en España que dejó de alimentar todo lo que usara electricidad en una parte de este país, de Portugal y de Francia.</p>
<p>Trenes menores, trenes mayores, metros, aeropuertos, datáfonos, cajeros automáticos, cocinas de inducción, neveras de bares, luces de cine, semáforos, dejaron de funcionar allí donde los pilló el corte. Restablecer esos cinco segundos en los que se perdieron 15 gigavatios, duró unas 12 horas en algunas regiones.</p>
<div id="attachment_15163" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15163" class="size-full wp-image-15163" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1.jpg" alt="Interior oscuro de una panadería atendiendo sin luz." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/1-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15163" class="wp-caption-text">Con los datáfonos fuera de servicio, los comercios solo aceptaban efectivo. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>El lunes 28 de abril, a eso de las 7:00 a.m. se me hacía tarde para entrar al Museo de la Música de Cataluña. Iba a hacerle tomas de video a un guitarrista. En el momento en que pasaba por Plaza Lesseps arrastrando trípodes, maletas con cámara y luces, miré hacia el suelo y vi un billete de cinco euros. Sentí pudor porque quise metérmelo en el bolsillo. Llevo meses sin un centavo, pero agarrar algo ajeno, incluyendo billetes en el piso, me produce una culpa tremenda y la sensación de pisar en falso. Así que busqué al dueño de los cinco euros.</p>
<p>A unos 15 centímetros del billete había un zapato, luego una pierna, luego un cuerpo sentado con negligencia sobre un banco: era un chico peruano, guatemalteco o boliviano de 17 o 18 años.</p>
<p>Le dije, “hey, ¿eso es tuyo, no?”. El chico dijo, “ah, sí, sí ¡gracias!”. Lo tomó, apretó la barriga, y se lo introdujo con dificultad en el bolsillo del <em>jeans,</em> y seguí mi camino. Pensé que el billete quizá no era suyo. Es que no había, o no vi, ningún otro indicio de que el billete fuera suyo, salvo los 15 centímetros entre el billete y la punta de su zapato.</p>
<p>Ahora no puedo dejar de recordarlo. Lo veo como un aviso del Señor Destino. A la altura de las 13:00 horas, nadie en Barcelona podía pagar con tarjeta, no había comunicaciones, ni internet, ni telefonía, el desarrollo retrocedió dos décadas. Se compraba con billetes como aquel que se llevó a casa el chico.</p>
<div id="attachment_15171" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15171" class="size-full wp-image-15171" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19.jpg" alt="Cartel electrónico de tráfico apagado durante el apagón en Barcelona." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/19-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15171" class="wp-caption-text">Cuando todo se apagó, hasta las señales electrónicas dejaron de hablar. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>A las 12:30 la batería de mi cámara comenzó a decir que se acercaba a cero. El guitarrista al que grabé no dominaba todavía la pieza con la que quería filmarse y estudiaba entre toma y toma. No le llegaban a tiempo los dedos. Algunas notas le quedaban flojas, lerdas, imprecisas. Me pedía tiempo para limarse las uñas.</p>
<p>Le di hilo no solo porque no me gusta presionar a los clientes, sino porque mi cámara vieja se estaba calentando demasiado pronto y no sabía por qué.</p>
<p>Mientras el músico entraba en calor fui precavido y usé mi comodín para emergencias como estas: meter mi cabeza por debajo del brazo derecho y pedir. Y lo que pido a veces llega. Esas cosas me funcionan. Un <em>algo</em> me lo otorga.</p>
<p>Cuando la batería murió me levanté para poner otra; necesitaba hacer tiempo, dilatar el proceso. Cambié la batería y puse a cargar la que se había agotado. Eran las 12:33, conecté el cargador y dos o tres segundos después la mitad del museo se apagó. Pensé que había sido yo el causante del corte eléctrico.</p>
<p>El músico me pidió averiguar qué pasaba. Se habían apagado las vitrinas y las luces mías enchufadas a la red eléctrica dejaron de funcionar. Nos rodeaban instrumentos de todas las partes del mundo, parecían viejos fantasmas en penumbra. Fui a averiguar.</p>
<p>Encontré a dos de las empleadas y me dijeron que al parecer era un lío gordo. No había luz ni en España, ni en Italia, ni en Portugal, dijeron. Sonreímos porque a esa hora —es extraño, pero a esa hora— uno siente que ha sido escogido para protagonizar algo interesante. Queríamos que, si aquello era, que fuera en grande, supongo.</p>
<p>El músico se sumó a la conversación y también sonrió: “¿entonces es algo así como en plan catástrofe?”, dijo con una sonrisa y los ojos encendidos.</p>
<div id="attachment_15164" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15164" class="size-full wp-image-15164" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2.jpg" alt="Multitud en una parada de autobús bajo el sol en Barcelona." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/2-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15164" class="wp-caption-text">La ciudad se volcó a las calles ante el colapso del transporte. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>Caminé hasta la entrada del local y miré por las ventanas, que eran unos grandes cuadrados acristalados. El museo está aislado sonoramente del exterior, se sentía como estar dentro de una pecera. Afuera la gente caminaba plácidamente. Parecían turistas, chicos en excursiones de clases.</p>
<p>El Museo de la Música está en la zona híper moderna, tecnológica y fría de Barcelona. Una zona industrial que fue retomada y convertida en barrio para que la gente viviera en él. El conjunto era agradable, aunque filoso. Parecía, cómo decirlo&#8230; un helado de barquillo eléctrico con sabor a metal galvanizado.</p>
<p>Por suerte hacía calor y el día era espléndido; no llegué a recordar que las desgracias ocurren en días espléndidos. Espléndidos y con cierta conexión entre luminosidad, buen clima y locura. Muchos miraban sus teléfonos, pero era imposible desentrañar si lo que chequeaban era la falta de internet. Yo no tenía, el músico tampoco.</p>
<p>Llamé a mi pareja y no recibí respuesta. Llamé a la madre de mis hijos: sin resultado. No debían tener señal de móvil tampoco. Vi, a lo lejos, un tranvía detenido. Estaba vacío y el conductor se abanicaba dentro.</p>
<p>¿Qué tal si es el comienzo de un ataque masivo? En 45 años vi muchas cosas: el fin de una utopía comunista, el fin de un milenio, la muerte del hombre más inteligente del mundo según mis padres y el Partido Comunista de Cuba, una pandemia de dos años, la muerte de mi madre, la muerte de mi padre, mi casa demolida, el fin de mi matrimonio, la lejanía de mis hijos. Toda la devastación era posible. Podía ver un ataque de gran magnitud y sobrevivirlo sin quebrarme.</p>
<div id="attachment_15169" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15169" class="size-full wp-image-15169" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1.jpg" alt="Personas sentadas en un anfiteatro urbano, muchas de ellas descansando bajo el sol." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/6-1-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15169" class="wp-caption-text">En medio del apagón, la ciudad se detuvo. Algunos se entregaron al sol y al pensamiento. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>La arquitectura moderna provocaba en sí misma esta sensación. Al menos en mí. Una vez viajaba en el tren aéreo de la ciudad de Berlín, entre el lado oriental y el occidental, mirando el cambio estético e ideológico de aquellas fachadas, cuando pensé que aquel estado de bienestar peligraba. Me parecía obsceno. La otra mitad del mundo vivía en condiciones paupérrimas, no le iban a permitir estar tan adelante. Esperé que de un momento a otro aparecieran por cada flanco unos tipos fanatizados con Call Of Duty empuñando AKM, disparando.</p>
<p>Detrás de mí sentí la voz del músico. Pero seguí imaginando un plan de acción. La puerta de acceso al museo seguía cerrada. El elevador se podía usar, pero seguramente ametrallarlo estaría en los planes de los terroristas. Habría que buscar otra vía.</p>
<p>El músico me sacó de la planificación, me dijo que lo mejor era irnos; hacía unos 40 minutos esperábamos a que volviera la luz.</p>
<p>Eran muchos los trastos que llevábamos encima, agarré las cámaras, y dejé lo demás para buscarlo otro día. Las trabajadoras nos contaron que no había metro, que miles de personas se habían quedado allá abajo durante el apagón.</p>
<div id="attachment_15162" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15162" class="size-full wp-image-15162" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17.jpg" alt="Una mujer con su perro frente a una estación de metro cerrada." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/17-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15162" class="wp-caption-text">Sin metro, muchas personas quedaron varadas o tuvieron que improvisar rutas a pie. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>Encontrar un taxi no fue fácil pero, vaya decepción: fue más sencillo de lo que esperábamos. Las calles estaban a tope de coches y eso no es común, el coche es una alternativa de transporte marginal en Barcelona. Hay carriles bicis, hay metro, hay trenes con tramos dentro de la ciudad, hay buses de todos los tamaños, tranvías, múltiples formas de trasladarse que, aunque tienen picos, casi nunca se llenan a tope como en Tokio, como en Bogotá, Medellín, o Cuba.</p>
<p>Las calles suelen estar aliviadas de coches y de gente y de bicis, pero aquel lunes, después del apagón, todos estaban en la calle, en coche o a pie. Por alguna razón, acaso la misma que manejé yo, no había casi ciclistas. Quise cuidarme del transito caótico, y la ansiedad desatada de los conductores.</p>
<p>El músico para el que trabajaba vivía como saltando de un tobogán a otro: organizaba aquellas filmaciones llamando a museos y a iglesias, gestionaba un bar para conciertos en el que ayudaba a servir, y una escuela de música. Cuando hacia silencios parecía que seguía hablando consigo mismo. Mientras nos alejábamos del museo le indicaba al taxista por dónde debía coger. El taxista era pakistaní y se dejaba guiar, sin una aplicación de mapas se le veía inseguro.</p>
<p>Por Google Maps se suelen guiar todos los conductores de esta parte del mundo en donde la red de redes es aliada del desarrollo y no representa una de las siete cabezas del peligro contra el <em>status quo</em>. La economía se mueve más por los pasillos virtuales de Google Maps que por la calle y su tiempo real.</p>
<p>Tengo la tesis de que los ciclistas de <em>delivery</em>, por ejemplo, con sus bicicletas tuneadas con motores eléctricos, son quienes imponen la velocidad y el tiempo que Google le asigna a los traslados en bicicleta. Lo he comprobado en persona llegando tarde a recoger a mi hijo. Los 18 minutos que prometía la app eran imposibles. El tráfico gestionado por Google Maps ha sido engullido por la industria del <em>delivery</em>. Es como una cárcel en El Salvador financiada por la libre competencia. Legitima el tiempo de traslado que la industria del <em>delivery</em> inventa. Sin internet, la cárcel desaparecía.</p>
<p>El músico agarraba el móvil e intentaba llamar a su escuela para dar órdenes, pero era inútil. Luego volvía a tomar el mando del taxi, e indicaba por dónde debía coger el chofer para evitar los embotellamientos según criterios x, y o z.</p>
<p>Me decía cosas así: “lo mejor es evitar tal calle, porque no hay carril de taxis y ello impediría seguir avanzando”. Se adelantaba a los acontecimientos y al parecer tenía razón porque el taxista, que manejaba con elegancia, sin dar timonazos, se dejaba llevar. Era evidente que muchos esperaban, y nosotros avanzábamos todo el tiempo por calles con o sin semáforos encendidos.</p>
<p>Richard Gere, que estaba de visita en la ciudad para presentar su documental sobre el Dalai Lama, se sorprendió al ver cómo ningún conductor le pisaba los talones a otro, ni se empujaba en los embotellamientos ni en los nudos que se armaban en los sitios con semáforos apagados. Era la misma ciudad que vi yo: predominaba el buen humor y una cierta camaradería, como si a una clase de universitarios le hubieran ordenado hacer un simulacro de tráfico autogestionado.</p>
<div id="attachment_15167" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15167" class="size-full wp-image-15167" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1.jpg" alt=" Policías coordinan el tráfico en una intersección concurrida." width="1920" height="1794" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1-300x280.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1-642x600.jpg 642w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1-768x718.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1-1536x1435.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1-810x757.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/7-1-1140x1065.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15167" class="wp-caption-text">Sin semáforos, la policía y la cortesía ciudadana mantuvieron el orden. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>Al cabo de una o dos horas de apagón, mientras viajábamos en el taxi, comencé a creer que había localizado el núcleo de mi <em>algo</em>. Lo que pretendía encontrar en el apagón. Me volví hacia el músico y le dije: “en Cuba esto sucede a diario. Se logra vivir así, y tiene su lado saludable. O mejor, le encontramos su lado saludable”.</p>
<p>Miré la soleada ciudad que pasaba por la ventanilla, los edificios, las fachadas, el aire transparente. Pensé en millones de cocinas sin gas, todas eléctricas o de vitrocerámica. ¿Cómo iban a cocinar? Eso me gustó. Y me sorprendí diciendo: “si se va la luz durante un mes, será saludable, porque van a conocer lo que es la solidaridad, la gente se va a necesitar, se van a deber favores”.</p>
<div id="attachment_15168" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15168" class="size-full wp-image-15168" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9.jpg" alt="Dos mujeres se abanican sentadas frente a una tienda cerrada." width="1920" height="1794" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9-300x280.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9-642x600.jpg 642w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9-768x718.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9-1536x1435.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9-810x757.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/9-1140x1065.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15168" class="wp-caption-text">La pausa y la conversación reemplazaron al ritmo acelerado habitual. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>Llegué a casa y agarré una cámara. Quizá algún medio de prensa me compraba fotos. Vivo a unos cuatro kilómetros de donde mis hijos. Fui caminando a ver cómo estaban e hice cientos de fotos sin pedirlas.</p>
<p>Las bocas de los metros habían sido cerradas o señalizadas con una cinta plástica. Las calles estaban llenas de personas que caminaban sin prisa, dejándose llevar.</p>
<p>Un amigo me escribió por WhatsApp que al cabo de dos horas, al ver que ni los rusos ni los marroquíes atacaban, lo que había era que esperar a que volvieran a subir el interruptor.</p>
<p>En el autobús que tomó la madre de mis hijos la gente conversaba entre sí sin conocerse, algunas se contaban la vida de esa forma en que se hacía antes, cuando se necesitaba estar menos solo, y uno se viraba hacia el compañero de asiento y le comentaba algo.</p>
<p>Los otros padres de la escuela de mi hijo contaron que los radios se habían agotado en las tiendas de pakistaníes. Y que vieron cómo subían de precio: el penúltimo lo vendieron a 10 euros y el último a 25.</p>
<p>Entre Plaza Lesseps y el hospital de San Pau vi a una chica cuyo perro la jalaba hacia el metro, estaba cansado y levantaba el rostro hacia ella: “qué pasa, no puedo más, bájame al enorme gusano de fierro que nos lleva a casa”. La dueña me dejó hacerle fotos, me preguntó de dónde era yo. Me sonrió.</p>
<p>A unos metros de allí le pedí a un dominicano que me dejara retratarlo mientras tomaba el sol. Había separado su silla de una mesa de la terraza del bar buscando el sol. Me dijo que ya no se iba a preocupar más, que iba a dejar que el tiempo pasara. Levantó la cabeza y dejó que la luz le diera de lleno en la cara.</p>
<p>Es cierto que no pedí fotos, pero a nadie le parecía importar que se las hiciera.</p>
<div id="attachment_15165" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15165" class="size-full wp-image-15165" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18.jpg" alt="Hombre sentado junto a una scooter, tomando el sol en la acera." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/05/18-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-15165" class="wp-caption-text">“Decidí dejar que el tiempo pasara”, dijo este hombre al autor de la crónica. Foto: Carlos Melián Moreno.</p></div>
<p>Al llegar al edificio de mis hijos comencé a pegar gritos para que me abrieran la puerta; el intercomunicador no funcionaba sin electricidad. Uno de los vecinos salió al balcón y se ofreció a abrirme. Era la primera vez en dos años que hablaba conmigo.</p>
<p>Al subir a la casa tuve una especie de epifanía al verla a oscuras. Todo el día había tenido una rara sensación de familiaridad que era fácil de localizar. Venía de Cuba. Allá sabíamos qué hacer cuando había apagones. Dejarnos llevar. Si íbamos a la fabrica no producíamos, si íbamos a la oficina, conversábamos sobre la distribución de huevos y mortadella hasta que llegara la luz, si llegaba.</p>
<p>No era un saber sofisticado aprender a vivir sin luz eléctrica, aquí la gente reaccionaba igual. Aprender a vivir como cubanos no les tomaría 60 años.</p>
<p>Cuando regresé a mi casa mi pareja y yo encendimos unas velas, comimos algo ligero, y nos contamos cosas que con una pantalla delante no haríamos. Le hablé de la sensación que tuve al entrar a la casa de mis hijos. Sentí que los cubanos habíamos inventado el apagón y que allí, sin ser muy consciente, me había sentido orgulloso de ello.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/05/apagon-en-barcelona-abril-2025/">Un día de apagón en Barcelona</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2025/05/apagon-en-barcelona-abril-2025/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Este era nuestro hogar en Santiago de Cuba</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/03/nuestro-hogar-santiago-de-cuba/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2025/03/nuestro-hogar-santiago-de-cuba/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Mar 2025 17:17:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[santiago de cuba]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=14962</guid>

					<description><![CDATA[<p>Nada de lo que sale en estas fotos existe hoy. Solo sus protagonistas, pero ya no viven en Cuba.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/03/nuestro-hogar-santiago-de-cuba/">Este era nuestro hogar en Santiago de Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Son fotos post pandemia; el país ya estaba en la actual crisis económica, y mi madre, que era una mujer alta, hermosa, se había muerto dejando un vacío del tamaño del mundo entero. El platanal que se ve en una de ellas creció hasta el doble de mi tamaño, fue un éxito, pero casi no disfruté de él. Ahora explicaré por qué.</p>
<p>Lo sembré desde cero, cada planta brotó de la tierra y las fui alimentado con agua, dosis diarias de un cubo y medio, o menos, ahora no recuerdo. Cuando ya estaban de mi tamaño dejé de regarlas e iba dos o tres veces a la semana y me quedaba entre la maleza, en silencio, escuchando las ranas, los grillos, los insectos, la sangre que circulaba por mi cerebro. Era una despedida. Sentía que aquello iba a acabarse cuando llegaran los de la vía ferroviaria.</p>
<p>Los amigos con los que chateaba por WhatsApp en esos días deben recordar que al conversar conmigo escuchaban mis manos entrar en el cubo y luego caer en la tierra. Yo sentía, al hacerlo, que alimentaba a mi madre, al cuerpo de mi madre, porque aquella tierra era una extensión de ella, pero no muerta, —no es una alegoría <em>post mortem</em>—, sino viva. Nos pasa a todos los que tenemos roce diario con la tierra y los árboles y sus frutos. Mi mamá era ese patio; cada vez que yo sembraba algo ella se ponía muy contenta.</p>
<div id="attachment_14967" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14967" class="wp-image-14967 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3.jpg" alt="Niña agachada en un huerto de Santiago de Cuba sosteniendo una calabaza entre plantas verdes." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/3-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14967" class="wp-caption-text">Mi hija sostiene una calabaza que quizás nunca comimos. Como tantas otras, probablemente fue robada de noche. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<p>En una foto aparece mi hija, con una calabaza intacta que posiblemente no me comí nunca. También las robaban. De hecho, ahora que recuerdo, fueron las calabazas lo primero que robaron sistemáticamente, luego sin dar cuartel, sin pudor, hasta que me fui distanciado de la siembra. Dejé de limpiarla; la maleza creció. Me dolía mucho que se robaran esta o aquella calabaza que había visto crecer. Y por alguna razón yo procuraba no estar más triste de lo que estaba. También sentía la amenaza de la Seguridad del Estado todo el tiempo. (Cada día me desagrada más mencionar el tema de mi exilio y de la Seguridad del Estado; me parece “baba”, me corta el cuerpo, es como seguir en manos de ese sistema, pero un hombre está cruzado por todos los vectores que lo intersectan. Y ya está).</p>
<p>Ese platanal fue un traslado. El plantón original, una especie de convención o complot de 500 bananos, estaba a un costado de la casa y al pie del camino que bordeaba nuestra propiedad hasta que se entraba al portal. No teníamos noción de confort, ni de estética ni de acabado, todo era utilitario, primitivo, y por eso la entrada era al mismo tiempo el fregadero de la ropa y las paredes exteriores eran de ladrillo desnudo. La casa no comenzaba y terminaba en sí misma sino en el patio, en la superficie rugosa de los árboles, en los bichos, en el olor a hojas podridas, en algún animalejo en descomposición y en la naturaleza que es perfecta, magnífica y nos empujaba sus dedos dentro.</p>
<div id="attachment_14968" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14968" class="wp-image-14968 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2.jpg" alt="Hombre de pie junto a un platanal joven, apoyado en un palo de madera, en un entorno rural en Santiago de Cuba." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/2-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14968" class="wp-caption-text">Yo, vigilando el plantón como si pudiera hacer algo para salvarlo. Pero no pude. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<p>Desde las ventanas de las habitaciones podíamos vigilar y persuadir a quienes iban con intención de saquearnos algo. El plantón iba por su cuenta, tenía más de 10 años, se gestionaba a sí mismo, solo interveníamos para sacarle los chopos de banano ya cortado, que se podrían y enfermaban al resto de sus hermanos. A la hora de hacer la resiembra cerca de la carretera y distante de la casa, tuve en cuenta que sería difícil ejercer control contra el robo. (Uso la palabra “banano” porque en el país donde vivo ahora “plátano” refiere a un árbol enorme y distante de tronco verdoso y gris como un eucalipto, que se encuentra en grandes avenidas). De la colonia original extraje los chopos sanos, pues iba a pasar una vía de tren. Me notificaron que una parte de la casa, o toda, sería expropiada por el estado. Trasladé las plantas porque, aunque sabía de la expropiación, tenía la esperanza de que no se concretara. La ciudad estaba llena de obras millonarias paralizadas; el país es también un museo de obras y proyectos abandonados a mitad de construidos. Me aferraba a esa posibilidad.</p>
<div id="attachment_14969" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14969" class="wp-image-14969 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1.jpg" alt="Niña de pie junto a un platanal joven, con expresión seria, frente a una casa rústica en el campo." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/1-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14969" class="wp-caption-text">Mi hija frente al platanal. La casa no comenzaba ni terminaba en sí misma, sino en el patio. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<p>Después de presenciar la muerte de mi mamá en un hospital sucio, sin medios para salvarle la vida a nadie, creo que temí también quedarme sin comida. Una fuerza mayor colgaba sobre nosotros. Era irresponsable dejar de sembrar. Sentía que el país estaba en aquel salón para moribundos del Hospital Saturnino Lora, donde falleció mi madre, y que como ella, toda la isla se dirigía hacia el fin de su travesía. Debía defender a mi familia del desastre, y aquella tierra, en la que sembrábamos frutas y hortalizas, nos había salvado durante la crisis en 1992.</p>
<p>Creo que lo importante de este platanal fue su potencia visionaria, ahora mientras miro las fotos me doy cuenta. Cooperó, tanto como la Seguridad del Estado, tanto como la separación de la madre de mis hijos, o tanto como la muerte de mi madre, en mi decisión de irme de Cuba con todos los que aparecen en las fotos. Hoy seguimos juntos todos, ayudándonos y queriéndonos aunque de otra manera.</p>
<div id="attachment_14970" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14970" class="wp-image-14970 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13.jpg" alt="Tres personas en la entrada de una casa de ladrillo sin repellar; una niña mira al frente mientras un niño pequeño se sostiene de una baranda y una mujer camina detrás." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/13-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14970" class="wp-caption-text">Mi compañera y mis hijos, habitando un lugar que ya no existe. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<p>La mayoría de los racimos de plátanos me los robaron algunos vecinos o muchachos que pasaban descalzos por la carretera. Siempre iban descalzos, no sé por qué, eran gente descalza para siempre. Y lo sé porque algunas veces los perseguí corriendo. Me robaban también los aguacates, los anones, los mangos, los limones, la naranja agria, las guanábanas. Yo me sentía una mujer manoseada, una chica trans violada. Recuerdo que ser robado de aquella forma me llevaba a una condición femenina, de extrema vulnerabilidad al mismo tiempo que les tomaba un cierto afecto. A veces uno funda sentimientos como la compasión, como si estuvieran dentro de nosotros y fueran esos gusanos que dicen que tenemos incorporados para que nos coman después de fallecer. A veces los vecinos que me robaban iban a mi casa a pedir dinero prestado, sal, azúcar o arroz para llegar a fin de mes. Y siempre se iban con algo.</p>
<p>Mi papá, que aparece en las fotos, al irse a Miami les condonó la deuda a todos. Él fue quien construyó la casa y todo lo que se ve.  Murió recientemente, lejos de sus árboles, cuatro años después que mi mamá. Este terreno, con la casa, los árboles, actualmente no existe, fue barrido por una batería de <em>bulldozers</em> y aplanadoras. Sobre la capa vegetal que teníamos lanzaron una amarilla y estéril que abarca todo el patio que nos daba de comer. Dicen que cuando mi papá regresó hace un par de años y vio aquello, se puso a llorar.</p>
<div id="attachment_14971" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14971" class="wp-image-14971 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10.jpg" alt=" Hombre mayor caminando bajo un techo improvisado junto a un niño pequeño, en un área de lavado exterior con paredes de ladrillo." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/10-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14971" class="wp-caption-text">Área de lavado en la entrada de la casa. No teníamos noción de confort, todo era utilitario. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<p>Volviendo a la siembra nuestra: la mayoría eran bananos de plátano burro —son más resistentes y parxsen más—; me cuidé de sembrar plátano de fruta, y plátano macho. Un día caminaba por allí a ver cuál nuevo racimo se habían robado, y oculto entre las hojas vi un robusto racimo de plátano macho. No me lo podía creer. El corazón me comenzó a latir muy fuerte. Era algo ridículo verme allí, nervioso ante algo que yo mismo había sembrado y que de alguna manera no me pertenecía ya a mí, sino a quienes me robaban a diario. Me parecía que no solo corría peligro él, sino yo mismo. ¿Pensaba que había alguien agazapado entre la maleza? No, era más complicado: un miedo sagrado, una situación naturalizada.  Lo que sembraba no me pertenecía, le pertenecía al estado, a los vecinos, a los chamacos descalzos que merodeaban la zona saqueando patios, a todos ellos menos a mí. Fui corriendo hacia la casa nervioso, agarré un machete, volví corriendo y al llegar: ¡sorpresa!  El racimo seguía allí. Corté el tronco, corté el racimo y nos lo comimos con alegría.</p>
<div id="attachment_14972" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14972" class="wp-image-14972 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4.jpg" alt="Niña con expresión seria sentada en una cocina modesta, con tazas y objetos domésticos sobre la mesa." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/4-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14972" class="wp-caption-text">Mi hija en la cocina. El cansancio y la rutina también forman parte del paisaje de la infancia. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14973" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14973" class="wp-image-14973 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5.jpg" alt="Niño pequeño sonriente asomado a una mesa, en una sala con muebles antiguos y juguetes dispersos." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/5-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14973" class="wp-caption-text">Mi hijo, sonriente en medio del desorden. La felicidad ocurría igual, aunque todo estuviera a punto de derrumbarse. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14974" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14974" class="wp-image-14974 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6.jpg" alt="Mesa de cocina llena de envases y utensilios, con una planta de cebollinos en el centro y una niña al fondo tras una reja." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/6-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14974" class="wp-caption-text">La cocina como centro vital. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14975" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14975" class="wp-image-14975 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7.jpg" alt="Niño pequeño de pie sobre una reja de madera, mirando hacia la cámara, con un jardín verde al fondo." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/7-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14975" class="wp-caption-text">Mi hijo, aferrado a la baranda. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14976" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14976" class="wp-image-14976 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8.jpg" alt="Mujer lavando en una cocina modesta, rodeada de ollas y utensilios, mientras mira hacia la cámara." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/8-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14976" class="wp-caption-text">Mi compañera, lavando en la cocina. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14977" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14977" class="wp-image-14977 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9.jpg" alt="Niño pequeño caminando entre hojas secas en un patio sombreado, con rayos de luz y humo en el fondo." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/9-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14977" class="wp-caption-text">Mi hijo caminando por el patio, mientras el humo se filtraba entre los árboles y las cosas comenzaban a desaparecer. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14978" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14978" class="wp-image-14978 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11.jpg" alt="Niño pequeño sentado en un columpio metálico colgado de un árbol, en medio de un entorno natural." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/11-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14978" class="wp-caption-text">Mi hijo en el columpio, bajo la sombra del árbol. En ese vaivén aprendía lo poco que podía enseñarle antes de irnos. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14979" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14979" class="wp-image-14979 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12.jpg" alt="Niño pequeño y una niña sentados en la cama bajo un mosquitero, iluminados por la luz de un celular." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/12-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14979" class="wp-caption-text">Mis hijos congregados por el celular, bajo el mosquitero. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<div id="attachment_14980" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14980" class="wp-image-14980 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14.jpg" alt="Sala vacía con sillas metálicas alineadas, un televisor apagado y un retrato de Fidel Castro en la pared." width="1920" height="1536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14-300x240.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14-750x600.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14-768x614.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14-1536x1229.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14-810x648.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/03/14-1140x912.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-14980" class="wp-caption-text">La sala, una imagen que guarda las voces y los pasos de quienes la habitamos. Foto: Carlos Melián.</p></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/03/nuestro-hogar-santiago-de-cuba/">Este era nuestro hogar en Santiago de Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2025/03/nuestro-hogar-santiago-de-cuba/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>3</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Escenas de apagones en el oriente de Cuba</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2024/12/escenas-de-apagones-en-el-oriente-de-cuba/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2024/12/escenas-de-apagones-en-el-oriente-de-cuba/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Dec 2024 16:26:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidades vulnerables]]></category>
		<category><![CDATA[apagones]]></category>
		<category><![CDATA[crisis energética]]></category>
		<category><![CDATA[santiago de cuba]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=14793</guid>

					<description><![CDATA[<p>La inestabilidad del Sistema Eléctrico Nacional, el desabastecimiento y el paternalismo que impone el Estado en Cuba, desencadenan sentimientos conformistas en el espíritu de las personas. La inmovilidad del país puede haberse transmitido al cuerpo de los individuos. </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2024/12/escenas-de-apagones-en-el-oriente-de-cuba/">Escenas de apagones en el oriente de Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La madre de Odalis tiene 90 años, y Odalis 70.</p>
<p>Odalis tiene cinco nietos y dos hijas: la mayor, que vive cerca, en el mismo Santiago de Cuba, y la que vive en Miami. Es vecina del barrio Veguita de Galo, y se pasó la noche entera despertándose. Si ponía la alarma, su madre la escucharía y abriría los ojos, así que dejó el asunto en manos de su cerebro; su reloj interior le daría el “de pie” de forma oportuna. A las 4:40 dejó de luchar contra el sueño, porque era como caminar contra la corriente fría de un río, y se levantó de una vez.</p>
<p>Salió de casa a las cinco de la madrugada sin desayunar, haciendo el menor ruido posible; si la despertaba, su madre comenzaría a quejarse en la oscuridad: “Odaliiis, Odaliiis”, y luego lloraría en voz baja y de un modo leve y a Odalis le costaría alejarse de la casa así, sabiendo que su madre lloraba bajito y leve.</p>
<p>Antes se vistió, encendió un mechero alimentado con petróleo y lo tapó para que la luz no entrara a la habitación donde ambas dormían. Ya en la sala de la casa levantó la puerta de bisagras para que no rozara el suelo y, tanto al abrir como al cerrar para irse, evitó el <em>clack</em> del cerrojo conteniendo con la llave el tironear de los resortes internos del llavín.</p>
<p>Estuvo quién sabe si medio minuto en eso, girando y aguantando la llave, y le pareció eterno. Ya fuera de casa alumbró en dirección al suelo, a lo que quedaba de calle, para no tropezar.</p>
<p>La hornilla en la oscuridad de la pequeña cocina por la que apenas podría circular una persona a la vez, era un trasto inservible sin el gas. Las ollas eléctricas también eran inservibles sin electricidad, todo lo que en la casa decía “aquí viven personas” parecía muerto e inútil, y algo de esa sensación de objetos inanimados, detenidos o abandonados en medio de un viaje, contagiaba la noche y la calle y a las pocas personas que circulaban por el barrio a aquella hora.</p>
<p>Apretó el brazo derecho contra el cuerpo y comprobó que llevaba la bolsa de tela con la libreta de racionamiento dentro, no la había olvidado.</p>
<p>En el punto de venta ya había unas 10 personas; dos o tres portaban linternas que encendían de vez en cuando para ahorrar baterías, y otra un mechero. Es probable que estuvieran allí desde que ella se enterara el día anterior. Con los apagones que impedían cocinar con electricidad, los turnos de la cola del gas habían subido a 1000 pesos.</p>
<p>Después de pedir el último de los impedidos físicos, juntó dos piedras sobre la acera al pie de una pared y se sentó encima a esperar que la cola “tomara cuerpo”. Como aquel mechero, propiedad de alguien, seguía prendido, apagó el suyo para ahorrar petróleo.</p>
<p>Algunos de aquellos madrugadores vivían de hacer colas. Eran jubilados, o mensajeros. Dormían sobre cartones la mayor parte de año, al pie de un local o de una oficina de alta demanda como bodegas, notarías, registros civiles, tiendas destartaladas para el escaso comercio estatal minorista.</p>
<p>Odalis no podía pagarles. Con mil pesos, un tercio de su retiro, ¿podría desayunar como antes? ¿durante cuánto tiempo? ¿una semana? Desayunar como antes: tomar un café con leche más caliente que tibio, que hubiera que soplar un poco para que no quemara, y luego mojar en el vaso o la taza unas crujientes tostadas con aceite y ajo, y oír Radio Progreso con la mente en blanco, mirando al vacío.</p>
<p>Era mucho dinero 1000 pesos. También podría adquirir tres libras de frijoles (tres potajes) una libra y media de carne de cerdo (una comida y media), o seis libras de arroz (diez, nueve, siete comidas, por ahí iba la cosa). Le pesaba sacar bien la cuenta, poner a trabajar el cerebro a esa hora, sin desayunar.</p>
<p>Odalis cerró los ojos, parecía dormida. Gozaba de un privilegio, en definitiva, a diferencia del resto de los que hacían la cola: tenía en la libreta un cuño que acreditaba la minusvalidad de su madre, quien había nacido con un brazo más corto que otro. Calculó que podría ser incluso la primera en comprar.</p>
<p>Nunca se sabía cuántos recipientes de gas traerían desde la fábrica. Si llegaban solo 20 unidades, ella podría irse con una. O quién sabe, si se desordenaba la cola, no. Había que vigilarla y alertar en voz alta si aparecía algún provocador, casi siempre jóvenes, entre los 30 y los 40, fuertes, cínicos. Confundían el orden de los turnos para poder meterse delante.</p>
<p>Tenía ventajas, aunque comprar más rápido que la mayoría no era el objetivo. Estaba su madre en casa esperándola, pero en última instancia el asunto era comprar. Ya le había pasado lo de estar horas, o un día entero, bajo el sol, para terminar yéndose con las manos vacías.</p>
<p>Buscó la pared con la espalda, se recostó. Siguió pensando. Si alcanzaba gas, más allá de ser puntual y estar a tiempo, resolvería un problema importante. Irse a casa con el producto le daba alivio; evocó ese alivio como si lo pidiera prestado. Luego, llegaron otros con el cuño de impedidos físicos similar al suyo, eran menos puntuales. Faltaban los “Plan Jaba”, para mujeres trabajadoras, y los “Donantes de Sangre”. Pero uno de aquí y otro de allá, no llegaban a 20.</p>
<p>Lograría comprar entre los cinco primeros.</p>
<div id="attachment_14797" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14797" class="wp-image-14797 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/Odalis-scaled-e1734448222634.jpg" alt="Odalis. Ilustración: Giovana Melián." width="1080" height="1530" /><p id="caption-attachment-14797" class="wp-caption-text">Odalis.</p></div>
<p>Recordó a los “Empleados” de la empresa de gas, que aparecían en cualquier momento. Pero eran tranquilos como norma, no formaban alboroto porque el mismo vendedor los hacía pasar delante sin pedirle opinión a quienes hacían la cola.</p>
<p>A ella le preocupaba el alboroto. Que se desmoronara el orden que estaban construyendo allí con su presencia y vigilancia. Y le preocupaba su tristeza, si el alboroto triunfaba. Faltaba que trajeran el gas, que no lo desviaran, o que fuera verdad que lo traerían hoy. (Los empleados se encogerían de hombros cuando les preguntaran por qué no venía el gas ya, y uno no sabía si era que en verdad no sabían, o si les molestaba que les preguntaran. Podían ser las dos, una no tachaba a otra).</p>
<p>En algún momento se durmió y luego despertó, ¿cuánto tiempo? No lo sabe. Miró en rededor, todo igual que hace un momento cuando la agarró el sueño. No se aclaraba el cielo; la llama del mechero, a unos metros de ella, seguía alumbrando. Seguramente durmió un minuto o dos.</p>
<p>Odalis, que ya era delgada y menuda antes de la actual crisis, perdió más peso. Había sido profesora de inglés durante toda su vida. Hace unos seis o siete años logró visitar Londres por primera vez, invitada a un congreso. Se retiró después del viaje y, cuando miraba de reojo aquel sueño cumplido, tenía una leve sensación de triunfo que la ayudaba a vivir, como de haberse llevado el gato al agua, en comparación con toda aquella gente allí haciendo cola.</p>
<p>Con los ojos cerrados aún oyó algunos gallos cantar. Uno seguía al otro, luego todos al unísono.</p>
<p>A unos metros de ella se hablaba de la distribución de alimentos racionados. Cada alimento era un tema. El arroz: debían libras desde septiembre. El picadillo de soja: perdido. La leche en polvo: estable solo para niños de 0 a 2 años, ¿y los de 2 a 7 años, qué tomarían? El pollo: un muslo para todo el mes. La carne de cerdo, que circulaba fuera del plan subvencionado del gobierno: cara, muy cara, un abuso.</p>
<p>Desde hace casi una década, la comida es el principal tema entre vecinos, en las colas, en las casas, en llamadas telefónicas. Sintió deseos de fumar pero se contuvo, había logrado contenerse de fumar en las colas.</p>
<p>Veguita de Galo es un barrio adyacente al centro de la ciudad de Santiago de Cuba. Sus calles, con excrementos de perros, escombros esquinados, cáscaras de plátanos, están tan deterioradas que parece que nunca estuvieron asfaltadas. Es de casas bajas, feas, cuadradas, descascaradas. No es extraño ver a alguien sentado en una puerta vendiendo cigarros sueltos y café, alguien al cual solo se le ven las manos y los dedos de los pies cuarteados como piedras. Todavía el barrio conserva algunas fachadas carcomidas de los años 40 del siglo pasado, y lucen señoriales sin serlo.</p>
<p>Cuando ya Odalis sabía que había tres o cuatro personas en la cola de impedidos físicos, y cuando se aseguró de haber memorizado el orden de los rostros que tenía delante y detrás, pues los conocía desde hacía años, se puso de pie apoyando las rodillas en el suelo, y las manos en la pared y fue a casa a darle una vuelta a su madre.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Odalis es madre de Niuvis, una mujer de 40 años que ya no vive en Cuba.</p>
<p>El nieto de Odalis, quien la ayuda con aire ausente y bajo protesta con algunas faenas de la casa, se llama Gabrielito, y es un adolescente de 17 que pone reguetón en el televisor el día completo.</p>
<p>Niuvis, que se fue de Cuba, no tiene trabajo: “imagínate cómo estoy. No duermo, no como. Me estoy secando de flaca. Tengo el refrigerador lleno de comida aquí mientras que allá en Cuba mi hijo y mi madre pasan hambre”.</p>
<p>La voz de Niuvis llega en un audio de WhatsApp. Se fue a Estados Unidos cruzando varias fronteras desde Nicaragua con su hija de cuatro años en brazos, quien padece una parálisis cerebral y no puede caminar y hablar como otras niñas. La vida en Cuba con su hija comenzó a cerrarse cuando el padre de la niña la dejó y tomó distancia de la crianza.</p>
<p>Niuvis no podía pagar casi nada de lo que la niña necesitaba: ni un coche, ni terapias, ni medicinas. Las jornadas en las que debía llevar a su hija a un fisioterapeuta designado por la salud pública eran agotadoras e imposibles de sostener en el tiempo. Los técnicos no eran estables, no iban a trabajar, los cambiaban, y no podía estimularlos con regalos para que dieran lo mejor de sí. Con su nueva pareja concibió el proyecto de irse.</p>
<p>En Estados Unidos, Niuvis depende de su pareja, que no es el padre de la niña, y de una subvención del gobierno estadounidense por la condición física de su hija. No tiene una relación feliz con su pareja, siente ella. Cuando están juntos casi no hablan, ella está en su móvil, y él en el suyo. Y esa es su vida. Mirar el móvil, reírse con <em>reels</em>, llorar, dar <em>likes</em>, dar corazones, esperar noticias, esperar la residencia.</p>
<p>Por ahora, Niuvis no puede generar remesas ni mandar leche en polvo, ni vitaminas o medicinas, por ejemplo, para los nervios de su madre y abuela, ni comprar un panel solar que es carísimo, ni regresar a buscar al muchacho, pero sigue las noticias. De alguna manera quiere estar allí acompañando a su hijo que crece solo por las calles, y a su madre.</p>
<div id="attachment_14795" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14795" class="wp-image-14795" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/Alberto-scaled-e1734447918290.jpg" alt="Alberto. Ilustración: Giovana Melián." width="1080" height="1530" /><p id="caption-attachment-14795" class="wp-caption-text">Alberto.</p></div>
<p>Desde su habitación en un segundo piso, Alberto ve gente que corre y se empuja. Son mujeres y hombres de diversas edades, en chancletas, camisetas, ropa descolorida. Solo los más fuertes llegan a un camión volqueta cargado de sacos de carbón que aminora la marcha con intención de aparcarse a unos 100 metros de donde él mira.</p>
<p>Dos jóvenes logran trepar a la volqueta antes de que el vehículo se detenga. Los sacos de carbón son blancos, sucios, reutilizados, pero están bien asegurados. Casi inmediatamente se abre la puerta de la cabina, sale uno de los copilotos, que se agarra de una manilla atornillada, hace una tracción y gana con agilidad la parte superior de la volqueta donde están amarrados los sacos de carbón vegetal. Su misión es detener a los dos audaces y la subida de más personas e imponer orden. Sin gritar, mirando a los ojos y avanzando hacia los dos adelantados, logra persuadir a uno de que baje, y al otro le dice que le pague con billetes de más de 50 pesos antes de tomar los sacos que quiera. El chico le extiende un fajo de billetes, el copiloto lo cuenta rápidamente, saca un grupo de billetes de 20 pesos y los devuelve, diciendo que no los quiere, el chico se rebaja, pidiéndole de favor que los acepte, y el copiloto le concede la gracia. Luego le da los sacos él mismo. Ha controlado la escena. Su compañero, el segundo copiloto, ha subido también para conservar el orden.</p>
<p>Alberto, con 43 años, sin hijos y viviendo con su madre, no ha tenido que luchar por un saco de esos. Describe lo que ve a diario con locuacidad, escuchando sus ideas. Necesita varias capas, atmósferas, bandas sonoras y referentes para ser fiel a lo que percibe en la calle: “aquí nadie se salva del problema, todo el mundo está en la jaula, unos con ciertos privilegios y ciertas condiciones, pero todo el mundo está en la jaula. Todo el mundo está en el Coliseo. Hay personas que están en la arena y hay personas que están en las gradas. Nosotros quisiéramos&#8230; fíjate, lanzar a esas personas de las gradas al Coliseo para que vean. Yo quisiera que eso pasara para que vean cómo es luchar por sus vidas”.</p>
<p>Alberto trafica cosas. Trabaja por dentro, entre las cloacas, donde nadie lo ve ni lo nota. “Yo soy pobre, porque rico no soy, ni me he aliado al sistema; soy de los que compra frijoles y carne porque la lechuga y el tomate no pesan, no llenan”, explica. “Soy una rata, eso, una rata, y una cucaracha también”.</p>
<p>Desde el desastre del huracán Sandy, hace 12 años, Alberto había trabajado para tener reservas permanentes. Escenarios como el de ahora, que parecen el final del país y la gota que desbordará la copa, no han dejado de sucederse.</p>
<p>Es bajo de estatura, no lleva tatuajes y se rasura la barba todos los días. Usa un reloj plateado que resplandece al sol. Sus brazos están surcados de venas, emiten salud y fuerza como ramas de un fibroso árbol de tamarindo.</p>
<p>Alberto adelanta la mano derecha abierta en forma de lámina afilada, como para hacerle un corte didáctico a una idea y exponerla mejor: “He logrado prever, vaticinar cuándo las cosas van a suceder y el momento ideal para bajar discretamente una balsa del barco sin que nadie se entere. Así he logrado hacer varias cosas que me han mantenido a flote en momentos de crisis en que las personas están desesperadas, y salir antes de que el barco zozobre”. Alberto vive en un segundo piso, al oírlo hablar es inevitable imaginarse su casa en una ciudad inundada, y a él bajando un bote por la parte trasera sin que nadie lo vea.</p>
<p>Alberto asegura que “ahora en Cuba no existe la luz brillante (queroseno) ni existe el alcohol”, pero como veía venir lo peor, recuperó su viejo fogón <em>pique</em> a tiempo. “Hace dos o tres años le mandé a hacer una reparación capital”, dice, y con ello resuelve la carencia energética más básica, ligada a la cocción de los alimentos.</p>
<div id="attachment_14801" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14801" class="wp-image-14801" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-5-e1734449233498.jpg" alt="Primer plano de una llama azul encendida en una estufa de gas" width="1080" height="720" /><p id="caption-attachment-14801" class="wp-caption-text">Una estufa de gas encendida en Cuba, donde el acceso al gas licuado es limitado y se agrava con la crisis energética (Foto: Archivo Periodismo de Barrio).</p></div>
<p>La dieta en Cuba, y sobre todo en el oriente de Cuba, más endogámico, empobrecido y menguado por décadas de crisis, suele estar sujeta a una intensa cocción, ya sea porque se basa en granos: arroz, legumbre o frijol (la mayor parte importada), que no se puede comer cruda como si los comensales fueran aves. Por otro lado, la carne que se produce no tiene controles sanitarios, ni cultura de ello, y como resultado se cuece bien, por precaución, por miedo a pescar enfermedades transmitidas por bacterias o gérmenes salvajes.</p>
<p>La consumisión de carne semicruda es vista como una rareza bárbara, sangrienta, no es nada usual el concepto de carne jugosa. Productos como la lechuga, la col, el tomate, o el aguacate suelen aparecer en una o dos formas. No hay, por ejemplo, seis tipos de lechuga, ni tres tipos de col, ni brócoli ni espárragos ni alcachofas, no existe ni una sexta parte de los productos que se pueden comprar en el resto del mundo latino. Un cubano fuera de Cuba, a pesar de venir de un país agrícola, puede sentirse sobrecogido, analfabeto, ante el espectáculo de ver tantas formas ingeniosas de vegetales. Por lo que la variente de dieta cruda, que podría salvar la situación en una contingencia energética como la actual, es escasa y etiquetada como un lujo.</p>
<p>Por esta razón, Alberto sentía que había anotado un pequeño y mudo gol al tener su <em>pique</em> lista. “Es mucho mejor que cocinar con carbón, porque nosotros no cocinamos con carbón ni con leña dentro de la casa, lo hacemos en la parte de afuera, en la placa (azotea). Y cuando está lloviendo, como pasó ayer, usamos la <em>pique</em>”.</p>
<p>Los hornos de leña, aserrín y carbón se usaron mucho durante la intensa crisis de los años 90. Quienes vivían en edificios de apartamentos recuerdan las amargas nubes de humo azul que irritaban los ojos, penetraban las telas y tiznaban de inmediato los interiores de sus casas. Los fogones <em>pique</em> [los que emplean queroseno, pues hay otros más rudos que cocinan con combustible de automovilística] se dejaron de usar de forma habitual en la ciudad desde hace unas dos décadas. Su humo es similar al que genera un motor de diésel, que también mancha de hollín las paredes, pero pueden pasar meses antes de que comience a notarse.</p>
<p>La <em>pique</em> de Alberto parece una vieja locomotora en miniatura y sin ruedas. La chimenea estaría por donde sale la llama. Su puesta en marcha necesita una operación previa en “el piloto”: un espacio marginal en el que se hace evaporar el queroseno calentándolo. Ahí se provoca una llama pequeña, transparente y breve a base de alcohol que equivale al fulminante que de forma previa enciende la pólvora de una bala. Luego este queroseno gaseoso, una especie de tierno vapor blanco color merengue, se convierte en llama con otra cerilla y hace combustión. El queroseno, además, lucha por salir, pues baja por gravedad y genera una candela azul o amarilla en dependencia de cuán eficiente marche la hornilla.</p>
<p>Como las cerillas son malas y escasas, casi siempre se utilizaba para estas cocinas un alambre enrollado en espiral con un algodón untado de alcohol o gasolina que se encendía al ponerse en contacto con dos bovinas electrificadas. Era un equipo ingenioso que estaba en todos los hogares, pero aún así, como es eléctrico, no es operativo durante un apagón. En su lugar se conservaban las cerillas usadas en una caja alternativa, y cuando ya estaba vaporizado el queroseno se rescataba la llama del piloto con una cerilla usada. En muchos hogares actualmente existe esa pequeña, tierna y patética caja llena de cerillas cadáveres –que enternecen a no pocos como testimonio de años pobres pero felices–, para reutilizarlas en caso de que ya exista al menos en un radio de dos o tres metros a la redonda una primera llama.</p>
<p>Así se calentaban las ollas y sartenes en la mayoría de los hogares de la ciudad donde no había gasificación entre los años 80 y 90 del siglo pasado. Y es posible que a esta cultura de la precariedad se refiriese el presidente del país cuando llamaba a la población a resistir de forma creativa. La <em>pique</em> se dejó a un lado por aparatos más creativos, como la flamante cocina de gas licuado. La cantidad de materia prima que necesitaban encontrar los vecinos para cocinar contradecía además la tendencia a la escasez de suministros que padece el país: cerillas, alcohol, queroseno. Un tercio de gota de queroseno, por ser más precisos, es capaz de contaminar con su potente sabor a petróleo una olla con un cocido de frijoles negros del tamaño de una vieja cápsula de aterrizaje espacial.</p>
<p>En millones de cocinas de ciudadanos corrientes, con títulos universitarios y vidas encaminadas, colgaban envases de combustible (como si fuesen sueros para enfermos) en un sitio alto de la pared de la cocina para que el queroseno bajara por gravedad a través de una manguera hasta la hornilla. Era un método primitivo, al que se necesitaba volver ahora.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Algunos de los que pujaban por comprar carbón y subir ante la mirada de Alberto podrían ser ladrones que sembraban confusión para robar. Alberto no necesitaba, por ahora, ser una de esas personas que se apelotonaban debajo del transporte de carbón.</p>
<p>“Yo no puedo quitarle la miseria a la gente, –reflexiona– pero ¿cómo podríamos redirigir esa bestialidad de la gente desesperada, su violencia, hacia las personas que realmente son merecedoras de esa violencia?”.</p>
<p>Alberto nunca ha sido comunista, pero tampoco ha sido parte de ningún complot o acto organizado de rebelión contra el sistema político. En lugar de esta o aquella militancia posee tanques de queroseno, sacos de carbón, leña, aserrín, que bien administrados pueden durarle unos seis meses. Hace ocho años se hizo de un Chevrolet de 1951 que reparó y ahora explota cuando aparece el combustible. Cría cerdos cuando hay comida estable circulando en el mercado negro, cuya ceba y crecimiento en tiempos cortos conoce y domina con eficacia; tiene una casa cuyas habitaciones renta por hora para citas amorosas; presta dinero al garrote; no cree en las mipymes porque desconfía del control que ejerce el gobierno sobre ellas para mantenerlas subyugadas, dependientes, humildes; y ha fungido como financista en varios negocios más.</p>
<p>Su fondo proviene de una primera inversión que hizo siendo un adolescente cuando crió peces peleadores en la cisterna de su casa y luego vendió entre los muchachos del barrio. “A veces aparecían peleadores congelados en el agua de beber”.</p>
<p>A partir de entonces nunca más pidió dinero a sus padres. En la inversión que más perdió fue en un intento de emigrar hacia Estados Unidos, algo que hicieron muchos de sus amigos. Abandonó el plan en plena selva guyanesa cuando decidió retornar a su casa, convencido de que no llegaría nunca a su destino.</p>
<p>Su casa es amplia y tiene habitaciones de sobra. No hay nada dentro que dé pistas de poder o confort. Algunos asientos de la sala son de varillas de hierro. Sobre el televisor cae un forro de encaje. El aparador y solo algunos muebles son antiguos, como heredados, podrían incluso tener más de 100 años. Todo en su casa parece una continuidad de esos autos antiguos reparados y remendados que circulan por la calle desde hace más de seis décadas. También tiene equipos de refrigeración en los que conserva carnes, frutas, panes. Compra y consume en ciclos.</p>
<p>Tanto él –graduado como filólogo en la Universidad de Oriente– como Odalis son egresados de nivel superior, pero a Alberto el título no le impuso pudores ni vocación ni culpa, y ni siquiera lo colgó en una pared.</p>
<p>Hace unos meses rechazó de forma sistemática a una mujer extranjera que comenzó a interesarse por él por no llamar la atención de la policía.</p>
<p>“La situación no es buena para nadie, explica Alberto. La gente está friendo con aceite que tenía almacenado. Las mipymes han tenido que vender carne a bajo precio, porque se les iban a podrir, pero esto no le conviene a nadie, porque implica pérdidas. Si por esta situación se arruinan, la precariedad alcanzará a más personas”.</p>
<div id="attachment_14796" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14796" class="size-full wp-image-14796" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/Bernardo-scaled-e1734448105103.jpg" alt="Bernardo. Ilustración: Giovana Melián." width="1080" height="1566" /><p id="caption-attachment-14796" class="wp-caption-text">Bernardo.</p></div>
<p>A Bernardo le entusiasmó la idea de buscar él los palos de soplillo. Bernardo se ve joven para tener 50 años, tres hijos, y haber salido de tres divorcios con sus respectivas hipotecas. Estaba recién llegado de Róterdam cuando le alcanzó la nueva contingencia energética.</p>
<p>Tenía varias motivaciones: no era solo la necesidad de encontrar leña para que su madre y sus sobrinos pudieran comer, sino para dar una lección de laboriosidad; y también porque al caminar la zona se internaría por esos paisajes que desde hacía décadas aparecían en su cabeza una y otra vez, sobre todo cuando el deseo de regresar a Cuba ganaba espacio dentro de sí.</p>
<p>La leña que más se usa es la del soplillo. La ruta hacia los soplillos tumbados tiene varias vías de acceso. Una es la carretera, demasiado frecuentada y saqueada; otra, un camino en mal estado por el que circulan bueyes lentos y resignados; y, por último, un trillo secreto y bastante nuevo, que solo conocen algunos campesinos y muchachos que frecuentan la zona para cortar yerba a sus caballos, pastorear ovejas y chivos o simplemente merodear descalzos con una bolsa enredada en la mano a ver qué se les pega.</p>
<p>Entre los antiguos arrozales abandonados hay parcelas ilegales que los vecinos de la zona han hecho para solucionar la desnutrición, el desabastecimiento, la falta de alimentos que los acosa.</p>
<p>El acceso por cada ruta se ve entorpecido por el fango, el río y los mosquitos. Pero el río es el principal obstáculo. La elevación del puente es decisiva pues las zonas bajas suelen anegarse en agua cuando llueve, y la ruta se vuelve intransitable.</p>
<p>La carretera tiene un puente de hormigón armado que se eleva casi 10 metros sobre el agua; el camino es una ruinosa estructura de fierro enterrada en el lodo con unas planchas de aluminio amarradas encima y que a menudo se inundan; y el trillo posee apenas un enorme árbol de anacahuita tumbado que ayuda a cruzar hasta la otra orilla.</p>
<p>Con eso último resolvía Bernardo.</p>
<p>Bernardo supo que al hombre que solía buscar leña para la comunidad le habían robado un buey. Encontrarlo fue un problema y se dilató una semana. La gestión de hallar al leñero la llevaba un borracho del barrio que había prometido localizarlo y darle el recado: necesitaban unos sacos de leña y le pagarían bien. Un día el propio Bernardo, impaciente, ansioso, fue a buscar al leñero por sí mismo.</p>
<p>Lo encontró agachado, flaco, sin camisa, alumbrándose con un mechero de petróleo y fumando un cigarro en la puerta de su casa. Era de noche sin luna, y a pesar de eso, le tomó menos de una hora hallarlo después de tomar la resolución de hacer las cosas sin mediaciones. Un día escuchó a un vecino militar decir: “ordeno y ejemplifico” y tomó para sí la frase. Ordeno y ejemplifico. Veía dilaciones por todas partes y situaciones como estas no hacían más que confirmarle que debía ejemplificar para luego poder ordenar a su regreso desde Róterdam.</p>
<p>El leñero le dijo que no se había movido de casa en toda la semana y que ya tenía buey, pero no podía cruzar hacia donde estaba la leña porque el río estaba crecido.</p>
<p>“Ok, entonces iré yo”, dijo Bernardo, y le encargó, a un precio elevado que el leñero no quiso cobrar, una carga de leña de marabú, que era leña de más calidad, que prendía bien y duraba más en el horno mientras se quemaba. Para resolver en aquellos días él iría personalmente a buscar el soplillo.</p>
<p>Al otro día la lluvia se sumó al plan de dilatar la gestión y no lo dejó salir. A la mañana siguiente el cielo estaba despejado y se internó temprano en el páramo por el que veía salir el sol a diario. Lo acompañó un sobrino adolescente que no estaba yendo a la escuela luego de la suspensión de clases por la decretada emergencia energética.</p>
<p>“Después de tantos años fuera de Cuba llevas la lógica holandesa donde quiera que vayas: te surge un problema y lo resuelves. Estás acostumbrado. Cuando empecé a usar esa lógica, [al] tercer o cuarto día me di cuenta [de] que lo que estaba haciendo era analizando una ‘verdad’, la verdad cubana, desde un punto de vista holandés. Entonces era:</p>
<p>—No hay leña.</p>
<p>—¿Cómo que no hay lena? Si no hay leña tiene que haber corriente.</p>
<p>—No, no hay corriente.</p>
<p>—Bueno entonces tiene que haber gas.</p>
<p>—No, no hay gas”.</p>
<p>Al tercer o cuarto día de estar en la casa de su madre, Bernardo salió por la puerta trasera, sin desayunar, y caminó cerca de 30 metros hasta un árbol, se sentó sobre las gruesas raíces que sobresalían lo suficiente como para servir de banco, y miró al horizonte. Las nubes de siempre comenzaban a encenderse con un resplandor naranja. Pero esta vez aquel naranja vigoroso, similar a un espectáculo cinematográfico, le produjo desamparo, le pareció más una agonía que una muestra de vigor. Estaba harto de no poder hacer nada por su madre, sus sobrinos o sus hermanos a quienes veía sucumbir con una pasividad que no comprendía.</p>
<p>“El día anterior se había echado a perder la leche de los niños, llevábamos horas sin luz. Íbamos a cortar madera mi sobrino y yo y no pudimos porque cayó un palo de agua de cuatro cojones y el río estaba crecido. No había madera. Y la única obsesión que tiene el cubano ahora y siempre es decir: ‘¿qué pinga vamos a comer hoy?’. No es más que esa: ‘¿qué pinga vamos a comer hoy?’. Me levanté enfadado, triste, molesto con todo, y me fui allí a hacer una foto. Y ya, colapsé, compay. Y lloré”.</p>
<p>Mientras caminaban hacia los soplillos, Bernardo le hablaba al sobrino sobre la actitud que había que tener para superar las actuales dificultades. Él percibía a ratos que el sobrino no lo escuchaba, que sus palabras resbalaban sin ser absorbidas. Ningún adolescente escucha, se decía recordando que él tampoco absorbía lo que le decían a esa edad, pero al cabo se le olvidaba, y le reclamaba al sobrino que debía escuchar a uno con más experiencia y canas en los cojones, hasta que luego volvía a recordarlo: él tampoco escuchaba de adolescente.</p>
<p>A veces se detenía y reflexionaba sobre la belleza del paisaje, la forma en que la luz caía por las faldas verdes de la Sierra Maestra, pero para el sobrino todo aquello eran habladurías, poses turísticas. Las lomas le parecían ordinarias, mediocres. “¿Esa loma de allí? Esa loma es una pinga”, le decía riendo al tío.</p>
<p>Pero Bernardo, que a veces reía también, se preguntaba si acaso aquella atmósfera de inmovilidad general no lo arrastraría a él también. ¿Siendo un adolescente aquello se le integraría a su ADN? Proyectaba el futuro del chico y temía que fuera a parar como algunos de los borrachos del barrio, o como aquellas adolescentes que veía pasear por las calles de tierra embarazadas ya y que “al parecer nadie llamaba y les cantaba de qué se trataba la vida”.</p>
<p>No obstante seguía hablándole al chico, algo se le pegaría. A veces los consejos despiertan en uno al tiempo.</p>
<p>Bernardo fotografiaba con su móvil aquel horizonte cada mañana. Las manos, el rostro y los brazos se le teñían de naranja.</p>
<p>—Mi sobrino no valoraba lo que tenía, uno no valora lo que tiene. Si ponías una jirafa allí, aquello parecía África.</p>
<p>Eran amaneceres a lo <em>El Rey Leónı:</em> un cielo recién hecho y antiguo a la vez, cuya mitad azul comenzaba a imponerse a la mitad gris de la noche. Siempre flotaban cuatro o cinco nubes de un gris húmedo y severo que anunciaba lluvias para después de las tres de la tarde.</p>
<p>Subieron por la espalda del árbol de anacahuita caído, caminaron unos ocho metros y saltaron sobre la orilla. Según el sobrino, el soplillo tumbado estaba a dos kilómetros de allí, pero para Bernardo resultó ser menos. El sobrino era más bajo de estatura que él; asumió que cada quien ve el mundo desde la altura que tiene.</p>
<p>Sin esa leña no habría forma de cocer los alimentos. Se habían declarado oficialmente 72 horas de apagón, sin embargo todos sabían que se podría extender más tiempo.</p>
<p>Después de dejar el río atrás encontraron tramos de 20 o 15 metros en los que se demoraban un cuarto de hora mientras miraban dónde poner los pies. Caminaban sobre lodazales con espinas de marabú enterradas en el fondo. Bernardo era el más lento, había decidido ir en chancletas. El sobrino protestaba porque las botas se le estropearían, las usaba para aquellas faenas, pero nunca las llevaba al límite, y conseguir otras sería difícil. “Vas a tener que mandarme unas”, le decía a Bernardo.</p>
<div id="attachment_14802" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14802" class="size-full wp-image-14802" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/8.jpg" alt="" width="1080" height="720" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/8.jpg 1080w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/8-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/8-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/8-768x512.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/8-810x540.jpg 810w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14802" class="wp-caption-text">Familia intentando encender la planta eléctrica en El Naranjal, Matanzas (Foto: Lien Villavicencio Cabrera / Archivo Periodismo de Barrio.)</p></div>
<p>Bernardo recrea estos diálogos cuando cuenta la aventura que precedía a hacer un café en Cuba:</p>
<p>—Oye, mami, vamos a hacer café.</p>
<p>—No, no hay café.</p>
<p>—Bueno, vale, no pasa nada.</p>
<p>(Compramos café a precio de oro al otro día).</p>
<p>—Mami, ya tenemos el café, vamos a hacer café.</p>
<p>—No, no hay luz. Hay que hacerlo con leña.</p>
<p>—Bueno, pues vamos a hacerlo con leña.</p>
<p>—No, no, queda muy poca. La que queda es para hacerle la comida a los niños.</p>
<p>—Bueno, no sé, vamos a buscar la de mi hermana, que tiene ahí en el patio.</p>
<p>—No, la de tu hermana está mojada.</p>
<p>Es imposible hacer fuego con leña mojada porque “allí hay que encender el fuego con bolsas de plástico de supermercados. No hay combustible, o sea, no es como antes que tenías una botella de gasolina o petróleo, y le echabas al fuego y lo encendías. No, no, ni eso”.</p>
<p>“Luego tú te decías: ‘me estoy tomando este café con un amor… o sea, el café que con más amor he tomado. Porque era el resultado de tanto esfuerzo y tanta dificultad”.</p>
<p>“Después que tenías el café hecho, en la mano, decías: vamos a echarle azúcar, y me decían: ‘no, no hay azúcar’”.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>En otros tiempos ese páramo llano y fértil que Bernardo fotografiaba cada mañana estaba sembrado de arrozales enmarcados por diques de lodo anegados en agua; ahora el verde intenso da cuenta de que fue ganado por la hierba alta y por el soplillo, un árbol que según él introdujo el Estado durante la crisis económica de los años noventa como madera de combustión, y que luego proliferó hasta convertirse en plaga. Se quema de un soplo, de ahí el nombre.</p>
<p>Cuando informó a su madre y hermano que quería ir a buscar leña él mismo, le pusieron tantos peros, le alertaron de tantas dificultades, mosquitos, fango, lejanía, que decidió ir con lo mínimo posible: chancletas en vez de botas, short y pulóver en vez de pantalón y camisa de mangas largas, y desechó el sombrero. Quería demostrar que se podían resolver problemas con lo mínimo, y que solo era asunto de ocuparse.</p>
<p>Cadenas de hechos similares ocurrían todo el tiempo: con una gotera en la casa del perro, con un gajo de mangos que en época de cosecha no dejaba dormir a nadie porque los frutos caían sobre el techo de zinc de la casa, o con una bicicleta con el neumático pinchado que su hermano no se decidía a llevar al taller porque creía que no habría nadie para atenderlo o no tendrían pegamento.</p>
<p>Para resolver cada uno de aquellos problemas hacía falta un trozo de alambre que no había, o una pinza, clavos, martillo, o una materia prima que no tenían. Si sabían de un vecino que podía prestarle herramientas no iban a pedírselas porque quizá esto, o quizá lo otro. El comenzó a decirle “la república del no”.</p>
<p>Según la lógica holandesa, algo en el espíritu de su país natal se había apagado. El colapso del sistema energético nacional del 18 de octubre era un mal superficial; el apagón más severo se había producido en el espíritu de las personas.</p>
<p>A eso de las 12 del mediodía llegaron a donde estaban los palos de soplillo, Bernardo cojeaba y no sabía bien por qué, si se había pinchado, o si creía que se había pinchado. Lo pensó mejor y temió que fuera sicológico. Una espina se había enterrado en la chancleta y si apoyaba el pie se la acabaría de enterrar. Pero tampoco estaba seguro de que hubiera tal espina y le pesaba o no tenía tiempo decomprobarlo: el cielo estaba tapado, el viento soplaba eléctrico y olía a lluvia.</p>
<p>Finalmente el machete también fue innecesario: los palos estaban cortados, tirados allí, a la mano, entre la yerba crecida sobre los arrozales que el Estado había intentado rescatar. El proyecto parecía que iba en serio, pero se detuvo, le contó el sobrino.</p>
<p>Como otras cosas. Como aquellos trozos de puentes a medio hacer, abandonados en la autopista, o las antiguas escuelas que vieron a lo lejos mientas caminaban. Las que no estaban humilladas por la maleza y tenían las paredes explotadas por raíces que parecían que habían estado allí toda la vida, eran ahora centros penitenciarios.</p>
<p>Tanto él como el sobrino se llevaron los palos al hombro, cada uno tenía dos metros y medio de longitud. Y emprendieron la vuelta. El aguacero fue puntual. A eso de las tres de la tarde comenzaron a caer truenos y una gotas gruesas y rabiosas. Cuando arreciaron las descargas ambos se agacharon para no ser el punto más alto en el valle. Y allí reían. ¿Desde cuándo no se mojaba en un aguacero? ¿Desde la visita anterior, hace ya seis años? No, nada de eso. Hacía seis años no estarían allí, sino en un hotel, despejando. Ahora se mojaba y entre risa y risa Bernardo le hacía entender a su sobrino que reírse no era la mejor manera de afrontar los problemas. Que cómo se iban a reír de algo como eso, de no tener un puto alambre o un puto alicate. Su sobrino reía y le replicaba: “mira que hablas pinga, tío”.</p>
<p>Bernardo bajó casi seis kilos durante su visita a Cuba. A su regreso a Róterdam, algunas partes del rostro le caían como cera derretida, acaso las cejas, o la piel sobre los pómulos. En la isla hay una frase ingeniosa para describir la apariencia de alguien que ha envejecido a golpe de dificultades: “lo caminaron con la rueda ponchada”.</p>
<p>Bernardo temía volver a la isla porque durante los días que siguieron al 11 de julio de 2021, se manifestó ante un consulado cubano. Presentía que lo habían identificado. Luego los hechos se lo confirmaron. En los días en que estuvo de regreso en su casa natal recibió varias visitas de la policía y del servicio de inmigración y extranjería para advertirle que estaban pendiente de él, y de las cosas que decía. También le advirtieron que lo estaban siguiendo por las calles, ya que en su pueblo todos se conocían.</p>
<p>“Llegué destrozado pero con los putos soplillos, me dolía el hombro, lo tenía rojo, con arañazos. Y estuve así casi hasta que me fui de Cuba. Había resuelto aplicar el principio de ‘ordeno y ejemplifico’. No hizo falta ni el machete. Y ahora nadie de mi familia me puede decir que allá no se puede hacer esto o lo otro”.</p>
<div id="attachment_14800" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14800" class="wp-image-14800" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/20-03-21-Mederos-CORONAVIRUS-HABANA-O-20.jpg" alt="Personas aglomeradas en una cola en La Habana, reflejo de la persistente escasez de productos básicos en Cuba." width="1080" height="633" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/20-03-21-Mederos-CORONAVIRUS-HABANA-O-20.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/20-03-21-Mederos-CORONAVIRUS-HABANA-O-20-300x176.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/20-03-21-Mederos-CORONAVIRUS-HABANA-O-20-1000x586.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/20-03-21-Mederos-CORONAVIRUS-HABANA-O-20-768x450.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/20-03-21-Mederos-CORONAVIRUS-HABANA-O-20-810x475.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/20-03-21-Mederos-CORONAVIRUS-HABANA-O-20-1140x668.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14800" class="wp-caption-text">Residentes de La Habana hacen fila para adquirir suministros básicos, una realidad cotidiana marcada por la escasez prolongada (Foto: Archivo Periodismo de Barrio).</p></div>
<p>Cuando Odalis respondía a los mensajes de cómo se encontraba durante los apagones del 12, 13, y 14 de octubre, lo primero que decía era: “seguimos sin corriente”, y luego: “se me echó a perder el pollo y el pescado”.</p>
<p>Al regresar de la cola del gas, su madre protestó por haberse quedado sola, pero Odalis apenas tenía tiempo para tomarla en serio; prendió un cigarro de tabaco negro y fuerte, y salió con el mismo impulso a la casa de la vecina. Le comentó que estaba de primera en la cola y que tenía miedo de que llegara el gas y se le pasara el turno. Que debía comprar entre las cinco primeras.</p>
<p>Le pidió a la vecina que le mirara a la madre. La gestión era una formalidad, la vecina de toda la vida la ayudaba siempre. Regresó, le puso a la madre un pañal para adultos usado, vacío de la tripa anterior y relleno con gasa, por si se orinaba encima y, dando pasitos, sin alterarla para que no llorase, la sacó a la calle, la caminó unos treinta metros, abrió la portería de la casa de la vecina, la entró, la ayudó a subrir tres escalones y la sentó en la sala de la casa, mirando hacia la calle, para que le diera la luz del día en la cara. Despertó al nieto que dormía hasta las 11 si lo dejaban, y le dijo que estuviera atento por si la vecina lo requería para algo. El nieto se sentó, musitó algo con la cara hinchada de dormir, y luego se puso de pie como para salir de los brazos del sueño. No había pan, declaró Odalis, “solo agua de azúcar”. El nieto la escuchó con los ojos cerrados.</p>
<p>Odalis volvió a la cola del gas luego de unos 40 minutos. Esperaba que no hubiera llegado el camión con el gas. Seguro que no, antes de la siete de la mañana no comenzaba a funcionar la fábrica, pero quién sabe. A lo mejor estaban movilizados dada la emergencia energética.</p>
<p>Allí esperó hasta el mediodía. Llamó a su otra hija, la mayor, para comentarle que era la primera casi en la cola y que no quería irse de allí porque si llegaba el camión de bombonas y comenzaban a vender se le iba a pasar el turno. Su hija mayor le preguntó que por qué no le pedía a alguien que la llamara en cuanto viniese el camión para que pudiera almorzar en casa. Odalis respondió molesta que si llegaba el camión no le daría tiempo estar antes de que vendieran las cinco primeras bombonas de gas, y se le pasaría el turno. Debía comprar entre las primeras. La hija mayor le dijo que estaba bien, que le iba a llevar sopa, y así fue.</p>
<p>Su vecina la llamó y le dijo que no se preocupara por la madre, que estaba tranquila; ella le daría algo de comer. El nieto llevó en el hombro la bombona vacía y de paso comió de la sopa que llevó su tía. Cayó la tarde y no llegó el camión.</p>
<p>Compró el gas a las ocho de la noche. A las nueve cocinó con la llama azul e indiscutible del gas licuado y, mirándola, fue feliz, incluso muy feliz, unos minutos.</p>
<div id="attachment_14804" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14804" class="wp-image-14804" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91.jpg" alt="Primer plano de una estufa de gas vieja y desgastada con una manguera naranja, en un entorno precario." width="1080" height="720" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91.jpg 2048w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91-768x512.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91-1536x1025.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91-810x540.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/12/gas-91-1140x760.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14804" class="wp-caption-text">Una cocina de gas con evidentes signos de uso y desgaste, en un contexto de escasez de recursos energéticos en Cuba (Foto: Archivo Periodismo de Barrio).</p></div>
<p>Ante la pregunta de si hay momentos felices dentro de la actual crisis, (por ejemplo, la solidaridad entre vecinos, que desaparece cuando hay abundancia e individualismo), Alberto escucha y reflexiona unos segundos antes de hablar. Estos son fragmentos de su respuesta:</p>
<p>“Es cierto que durante la tormenta la gente se une, cuenta historias de mejores tiempos; es la única forma de sobrevivir, necesitas reunirte con gente que también está recibiendo ese golpe y compartirlo. También se comparten recursos: unos plátanos, arroz, y eso te alivia la tensión, pero todo es falso”.</p>
<p>“Filósofos actuales dicen que la verdad nunca es una sola. Sin embargo, hay otros, los antiguos, que decían que la verdad era una sola, pero vista desde muchos ángulos. Desde los que estamos adentro, hay muchas cosas malas y otras buenas. Cuando la cosa aprieta y luego llega la luz, se calma todo, se olvida todo. Recesa la angustia. Pero el que está fuera de Cuba y mira esta situación dice: ‘pinga, ¿cómo vive esa gente?, le quitan la corriente, no le dan comida suficiente, se pasan el día pensando en comida, como roedores’. El Síndrome de Estocolmo trae esas cosas. Comienzas a ver beneficios en la penuria. Ya hoy no me darán latigazos, no me van a escupir la cara, no me van a golpear ni torturar. Policía bueno, policía malo; un día te doy una bofetada y al otro te acaricio la cara. Cuando uno está en la oscuridad, un rayito de sol es una maravilla, un momento de alegría es alegría en sí misma, alegría eterna”.</p>
<p>“Todos esos sentimientos de alegría y regocijo son reales y falsos. Siempre recuerdo aquella historia del cubano preso en Somalia, el ahora coronel [Orlando Cardoso] Villavicencio. Él decía que nunca le daban jabón, y el día que le dieron uno se le resbaló de las manos y se le fue por el caño y lloró. Esa pequeña pérdida para él fue tan profunda que le caló; le habían quitado un hijo. En la carencia uno solo puede aspirar a tener un pequeño rayo de luz”.</p>
<hr />
<p>*<em>Mi hija Giovana, quien desde pequeña me lee, revisó el texto, rectificó mi ortografía y me escribió un mensaje: “y pensar que pudimos habernos quedado allí, yo flipo”. Más adelante hizo estos dibujos en cartulina negra; cada uno representa a los protagonistas del texto durante un apagón, en una angustia. Quise compartirlos aquí acompañando sus historias. </em></p>
<p>**<em>Los nombres de las personas, las señas geográficas y locales de este texto fueron modificadas para proteger la identidad de los entrevistados. </em></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2024/12/escenas-de-apagones-en-el-oriente-de-cuba/">Escenas de apagones en el oriente de Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2024/12/escenas-de-apagones-en-el-oriente-de-cuba/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Armando Franco y Hu Shuli, dos posibilidades</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2023/11/armando-franco-y-hu-shuli-dos-posibilidades/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2023/11/armando-franco-y-hu-shuli-dos-posibilidades/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Nov 2023 16:13:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo independiente]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=13569</guid>

					<description><![CDATA[<p>En su trabajo anterior, el autor exploró el ejercicio del periodismo bajo el control del Partido Comunista en Cuba y en China. La tercera y última entrega de esta serie nos acerca al momento en que sus protagonistas, Hu Shuli y Armando Franco, sobreviven al “diálogo” con la anaconda que vigila desde el techo de sus respectivas redacciones de prensa. ¿En qué condiciones quedaron tras la contienda? </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2023/11/armando-franco-y-hu-shuli-dos-posibilidades/">Armando Franco y Hu Shuli, dos posibilidades</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Armando Franco es descrito por quienes lo conocen como un imán de hombres, astuto e ingenioso. Uno de los entrevistados por el Periodista cuenta que en cierta ocasión viajó con él y un grupo de amigos a un sitio de recreo. En lo que duró el viaje, apenas un par de horas, Armando se hizo amigo de todos. Fue el centro afectivo de la expedición. Anécdotas similares se repiten. También despierta antipatía entre quienes no son sus amigos pero lo conocen del preuniversitario por los cargos que ejerció: presidente de federaciones estudiantiles tanto en la enseñanza media como en la universidad. Le gustaba el poder y al poder le gustaba él. Esos matrimonios son a menudo mal vistos en Cuba, se asume que quienes los mantienen son oportunistas, arribistas, delatores.</p>
<p>Lo nombraron director de <em>Alma Mater</em> (<em>A. M.</em>) con 27 años, en un momento de crisis general de cuadros. Aunque <em>A. M.</em> fuera una revista marginal, poco leída y con problemas agudos de circulación en su versión impresa, no era como esos puestos fronterizos donde los soldados hacen guardia barbudos y semidesnudos al no tener los ojos de un superior encima. Era una de las pocas revistas que existían por decreto, y de activarse cobraría cierto capital simbólico. Si por <em>A. M.</em>, miembro vitalicio del cuerpo de publicaciones estatales, se escuchaba un estornudo, era porque todo el sistema tenía catarro.</p>
<p>Armando tuvo que afrontar un dilema, o como mínimo sopesar la noción de autonomía contra sujeción absoluta: ¿hasta qué punto podría cubrir con agencia propia dentro de un medio ajeno, estatal? Es posible que Armando se haya hecho preguntas más profundas aún, del tipo: ¿para dirigir qué estoy yo aquí, la contención o la acción?, ¿es la contención, la indiferencia, el no hacer nada, una acción?</p>
<p>“Tendríamos que informar sobre esto”, se dijo Armando Franco probablemente aquel 11 de julio de 2021, tal como la periodista Hu Shuli ante los hechos de Tiananmen cuando miles de compatriotas salieron a las calles a combatir la rigidez del poder comunista chino. Este escenario para Armando como individuo, como “jardinero”, como agente de cambio, podría ser una suerte de laboratorio donde jugar con elementos de crisis. ¿Por qué no probarse según lo aprendido en la universidad, en lecturas, en viejos problemas que arrastra la prensa oficial y toda la sociedad cubana?</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Wang Boming, socio fundador de <em>Caijin</em>, la revista que dirigía Hu Shuli, era uno de aquellos hijos de altos funcionarios comunistas que habían estudiado en Estados Unidos y luego renunciaron a un puesto laboral jugoso por regresar al país natal. Su oficina en la capital china estaba en el piso que antecedía al de <em>Caijin</em>; apenas tenía que tomar un ascensor o subir las escaleras si algún lío estallaba. Él y sus socios destinaron un cuarto de millón de dólares para que Hu Shuli, que llegaría a ser la periodista independiente más internacional de China, coordinara un medio apegado a la realidad. Su punto de vista era que el país necesitaba medios que cumplieran “su función de revelar los hechos a la opinión pública y ayudar al gobierno, de alguna manera, a detectar males”.</p>
<p>¿Por qué habría de echarse encima el problema de “revelar los hechos”? Probablemente por la misma razón que lo había motivado a regresar a su país: el ser pionero, cierta esperanza de reconstruirlo, el orgullo de hacer algo histórico y darle un sentido sano a su devenir.</p>
<p>Evan Osnos describe a Boming como un hombre ansioso que fumaba un cigarrillo tras otro. En sus años de universitario en Estados Unidos necesitó gestionarse un salario para cubrir sus gastos, así que trabajó en un periódico del Chinatown neoyorquino como reportero. Ahí se le desarrolló el gusto por la primicia, la búsqueda de datos y el estrés tras cualquier destape o pista. El periodismo lo había hecho sentir un “rey sin corona”, le comentó al escritor norteamericano.</p>
<p><em>Caijin</em> significa “economía y finanzas”. El Partido Comunista Chino (PCCh) y su oficina de propaganda permitían publicaciones privadas adscritas a alguna organización legal que no ahondaran de forma crítica en asuntos de interés político. Después de Tiananmen, una prioridad fue relanzar la reforma económica, procurando que esta no debilitara el poder del Partido. El cauce económico fue visto como una fuente de prosperidad material que se acomodaba a la administración y al ejercicio del poder a base de omisiones y tanteos cautelosos.</p>
<p>Hu Shuli vio la oportunidad de hacer un periodismo cercano al ideal que había construido en su espíritu desde que fuera estudiante de postgrado en una universidad americana y después de Tiananmen. Había vivido en carne propia episodios de censura y de soborno a colegas. Ahora podía trabajar a su manera contando con cierto respaldo de personas bien conectadas.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Más que en el largo debate sobre si es posible o no ser imparcial, nos interesaría concentrarnos en la recreación de la imparcialidad. Los gestos que se ensayan para ser o, en última instancia, parecer imparcial.</p>
<p>El Periodista cree que un lector bien dispuesto podría encontrar señales voluntarias o involuntarias de simpatía hacia los manifestantes del 11J en ciertos elementos del editorial que <em>A. M. </em>publicó el 13 de julio de 2021 en su edición digital, con el título <em>“</em>Cinco claves para entender la situación de Cuba hoy<em>”</em>. En estas claves podría haber trazas, rastros, pliegues esotéricos que las vinculen con el contenido que, semanas después, expusieron con más libertad unos sociólogos, filósofos, educadores y economistas convocados para ello.</p>
<p>Las omisiones en el editorial son frecuentes. Aunque parezca obvio, el redactor evita mencionar la brutalidad policial que se desencadenó en algunos lugares y fue registrada por las cámaras de miles de teléfonos móviles. Por otro lado, tampoco criminaliza la protesta, aun cuando este es un recurso fácil, común en los medios oficiales cubanos. Pero mostrar alguna simpatía hacia los indignados tendría consecuencias negativas para el medio, para una futura cobertura equilibrada de los hechos y para el proyecto de ser pionero. Así que estaba en peligro el privilegio resplandeciente de “contar la verdad”.</p>
<p>El redactor no puede declarar que él también está harto de ese estado de cosas, ni insinuarlo siquiera. Debe andar con sigilo, atento a sus pasos y al eco que producen. Podrá utilizar el sedimento semiótico del destinatario al estilo del “buen entendedor”, y que el lector añada lo que falta, mas en ese punto deberá hilar una filigrana que permita ser leída tanto a favor del poder como en su contra. Para lograr esto empleará un recurso: lo que dice el “propio presidente”: “Con insatisfacciones legítimas por parte del pueblo, como reconociera el propio presidente del país, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, la génesis de las protestas radica en algo más que la acumulación de frustraciones”.</p>
<p>En el mismo orden retórico, resulta una pincelada sutil separarse de este corpus afectivo: decir “el presidente del país” en vez de “nuestro presidente”. Entre una variante y otra hay un salto. El uso del sintagma “nuestro presidente” es moneda corriente en la educación sentimental nacional. Millones de cubanos llegan a adultos sintiendo que quienes dirigen el país desde 1959 son una forma especial de familia. Ese vínculo casi filial se blande como autoafirmación, como búsqueda de identidad ante las molestias que causa el régimen de carencias con que se vive en la Isla.</p>
<p>Posicionarse tras la voz del presidente —que era contra quien iban dirigidas varias de las consignas más usadas en las protestas— no significa que se esté de su parte. El redactor tenía que echar mano de un recurso que lo salvara de la parcialidad sin parecerlo. Optó por la desaparición.</p>
<p>Intentemos colocar esto en un marco más abstracto y volvamos a Leo Strauss. En su ensayo <em>La persecución y el arte de escribir</em>, Strauss imagina a un historiador que desconfía del punto de vista oficial sobre algunos pasajes históricos. Querrá dejar expreso su malestar, se atreverá a hacer pública su visión, ya que ha descubierto que esta vale tanto o más que la oficial, y se lanzará a la empresa secreta de escribirla: “tendría que exponer el punto de vista liberal antes de atacarlo; lo expondría de esa manera tranquila, carente de espectacularidad y, hasta cierto punto, aburrida que no podría sino parecer natural; usaría muchos términos técnicos, aduciría muchas citas y daría una importancia indebida a detalles insignificantes; parecería olvidar la guerra santa de la humanidad en triviales disputas de pedantes. Solo cuando alcanzara el corazón del argumento escribiría tres o cuatro frases en ese estilo terso y vívido capaz de llamar la atención de jóvenes que aman pensar”. En esta emboscada de mensajes, la línea “Con insatisfacciones legítimas por parte del pueblo, como reconociera el propio presidente del país” sería la antesala “correcta”, el tributo que debería pagar <em>Alma Mater </em>antes de pasar al núcleo crítico, el próximo nivel. Pero este núcleo crítico no estará en el texto sino, más adelante, en las entrevistas a sociólogos, filósofos y sicólogos amparados por investigaciones científicas.</p>
<p>“La persecución —dice Strauss— suscita así una peculiar técnica de escritura y, con ella, un peculiar tipo de literatura en el que la verdad sobre las cosas cruciales se presenta exclusivamente entre líneas. Esa literatura no se dirige a todos los lectores, sino solo a lectores inteligentes y dignos de confianza. […] Tiene todas las ventajas de la comunicación pública sin tener su mayor inconveniente: la pena capital para el autor”.</p>
<p>En el adjetivo “propio” se le revela un énfasis al Periodista, se dispara un aviso, ya sea como guiño consciente o como muestra de miedo. El redactor de <em>Alma Mater</em> hizo algo habitual en la prensa cubana: instrumentalizó frases del presidente para desaparecer, no porque le faltara valor o capacidad intelectual para comprender la complejidad del 11 de julio, sino porque como decisor no tiene presencia. Es como un vampiro: no se refleja en el espejo.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p><em>Caijin</em> salió a la calle en abril de 1998. Su primer número publicó en portada un reportaje que describía las pérdidas millonarias de un racimo de pequeños inversores. No fueron advertidos de que Qiong Min Yuan, la empresa inmobiliaria por la que apostaban, había exagerado su informe de ingresos. El conflicto se acentuó al conocerse que existía otro grupo de financistas que sí estaban sobre aviso y retiraron a tiempo sus acciones. La inmobiliaria fue a la quiebra y sepultó con ella a los inversores sin pedigrí.</p>
<p>El reportaje desagradó a los censores del Departamento Central de Propaganda (DCP) chino, quienes acusaron a <em>Caijin</em> de saltarse las regulaciones que prohibían a la prensa revelar información sensible. Evan Osnos no describe en qué consistió la afrenta o la hipersensibilidad que el caso despertaba en los censores. Acaso se trataba de funcionarios públicos de cierto rango implicados en ocultar información por negligencia o a cambio de coimas, o simplemente el reportaje violó el código que dictaba no manchar la imagen de un país transparente y confiable para las inversiones. Algunos ejecutivos del medio tuvieron que presentar una autocrítica ante los censores. La escasa circulación de <em>Caijin</em>, por demás, hacía que se volviera en la práctica una publicación de nicho, para consumo interno.</p>
<p>En 2001 <em>Caijin</em> lo volvió a hacer, no sin antes preparar una salida exitosa. Un reportero de 25 años descubrió que una empresa de prestigio llamada Yinguangxia Holdings, que cotizaba en la bolsa, había duplicado sus números y reclamaba beneficios falsos que ascendían a 87 millones de dólares. La empresa era un referente nacional, había recibido el visto bueno de varios altos dirigentes que la habían visitado, así que el escándalo iba a salpicar a la esfera política.</p>
<p>A Wang Boming le preocupó que <em>Caijin</em> fuera clausurada, así que antes de publicar el trabajo se lo presentó a un alto funcionario del PCCh. Este revisó el texto. Si podían asegurar que los hechos enumerados eran totalmente ciertos tendrían luz verde, dictaminó. El trabajo se publicó, se suspendieron las acciones de la empresa en la bolsa y los directivos implicados en la estafa fueron a la cárcel. El método de Hu Shuli se basó en el cálculo de consecuencias, en saber hasta dónde podrían ser tolerados.</p>
<p>En la primavera de 2003, una reportera de <em>Caijin</em> viajó a Hong Kong y notó que en el andén del tren a Guandong (Cantón) casi todos los pasajeros llevaban mascarillas quirúrgicas. La prensa había estado informando de una epidemia en esa ciudad, pero las autoridades declaraban que todo estaba bajo control. La reportera avisó a Hu Shuli y esta puso manos a la obra. Los medios de prensa de la provincia fueron orientados por el DCP para que dieran noticias tranquilizadoras; este incluso fijó el tipo de letra que debían usar para las publicaciones. Hu Shuli no conocía orden alguna sobre qué hablar, qué no y cómo, la restricción era solo para Guandong, así que <em>Caijin</em>, sin dique de contención, podría informar.</p>
<p>El equipo de la revista consultó varios libros sobre enfermedades respiratorias, infecciones y virus. Hallaron incoherencias en las declaraciones de funcionarios del Gobierno, a los que seguramente les tocaba hacer malabares para ocultar que el brote de SARS se iba de control e impedir un alud de prensa. Guandong no era una provincia menor, sino la más poblada y económicamente pujante de China. Su acceso al mar y la vecindad con Hong Kong la hacían un centro de negocios importante y uno de los puntos más transitados del país.</p>
<p>Durante un mes <em>Caijin</em> publicó semanalmente suplementos especiales sobre la situación, además del seguimiento que ofrecía en sus números regulares. Sus informes sobre la epidemia no coincidían con los que emitía el gobierno de la provincia. Los datos que publicaba la página web de la Organización Mundial de la Salud contradecían los mensajes de “no pasa nada” que difundían los funcionarios, hasta que un día el DCP mandó a parar a <em>Caijin</em>.</p>
<p>Las orientaciones del DCP solían ser secretas y sistemáticas, incluso en algún momento dejaron de circularse por escrito y se hicieron orales para evitar que llegaran a la opinión pública —en 2005 el periodista Shi Tao fue condenado a 10 años de cárcel por filtrar uno de estos documentos—. Las directrices se orientaban tanto por teléfono como en reuniones presenciales, a las que los periodistas se referían como “ir a clases”. El DCP no leía los trabajos antes de salir, se conformaba con que los jefes de medios percibieran su presencia, su vigilancia.</p>
<p>Según Evan Osnos, Hu Shuli tenía un espectro de error de tres tarjetas amarillas al año. Al tercer error le sacaban una tarjeta roja y le cerraban el medio. En su libro Osnos describe la influencia del DCP como una anaconda que cuelga enroscada de una lámpara fijada al techo. Los directores de medios conviven con esta bestia, que puede volverse letal al menor movimiento ininteligible. Hu Shuli aprendió a convivir con este elemento usando su capacidad de adivinar los estados de ánimo de la serpiente.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Armando Franco fue liberado de su cargo el 26 de abril de 2022, diez meses después de las manifestaciones del 11 de julio. La orden del Comité Nacional de la UJC, rama juvenil del Partido Comunista, parecía más cerca del castigo que del ascenso. Así lo estimaban sus colegas y él mismo, a saber por algunas declaraciones que hizo semanas después en su muro de Facebook.</p>
<p>La noticia corrió como pólvora, no porque interese mucho lo que suceda con el director de un medio de prensa oficial como <em>Alma Mater </em>—ausente o irregular en los estanquillos—, sino porque la revista llamó la atención a partir de los sucesos del 11J y las declaraciones del estudiante Leonardo Romero Negrín.</p>
<p>Ahora bien, cuando se dice que la noticia se diseminó no debe pensarse que se habló del hecho en las barberías, las mesas de dominó o las largas colas para adquirir productos de primera necesidad. La noticia se ventiló en el gremio periodístico y entre los seguidores de Armando en redes sociales. Fue comentada por los opositores más concienzudos y los que andan a la caza de cualquier movimiento. Hubo opiniones irónicas y vehementes, la mayoría opuestas a la decisión tomada. El apoyo resuelto al exdirector, por demás, vino de simpatizantes del oficialismo, únicos que se habían tomado la molestia de creer en el trabajo de la revista como pieza de una probable vindicación del periodismo (imparcial, autónomo, crítico) en los medios oficiales.</p>
<p>En general, prevaleció en las críticas el sentimiento de hartazgo hacia el estilo de dirección vertical de funcionarios e instituciones. Enrique Villuendas, funcionario que atiende la prensa en el Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba, publicó en su cuenta de Twitter que se había reunido con Armando, lo había escuchado y le había prometido revisar el asunto.</p>
<p>Lo mismo dijo la primera secretaria de la UJC, quien intervino dos veces en el mismo día en su muro de Facebook. <a href="https://www.facebook.com/aylin.alvarez.7982/posts/1196171597817755" target="_blank" rel="noopener">En la mañana declaró que abriría un canal de diálogo con Armando y prometió atender el caso</a>; en la noche, tras reunirse con él, calificó <a href="https://www.facebook.com/aylin.alvarez.7982/posts/1195904447844470" target="_blank" rel="noopener">“la percepción de que había sido sancionado o expulsado de la revista” como un “error de procedimiento a analizar”. </a></p>
<p>En ambas publicaciones la funcionaria afirmó que no se trataba de una expulsión, pues el trabajo de Armando en <em>Alma Mater </em>había dejado una “impronta”. Habló en términos de “resultados evidentes”, pero no los enumeró. Su comunicado fue formal, parecía un modelo o carta tipo que podrían aplicar al resto de los cuadros por liberar en los próximos meses.</p>
<p>La Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), cuyos dirigentes se enorgullecen de ser un solo elemento con el Partido Comunista, también dejó claro que respaldaba al joven director. Parecían actuar bajo la sombra de la opinión de Villuendas. Insinuaban que se había cometido un error. Un error menor.</p>
<p>El primero de mayo de 2022, Lis Cuesta, esposa del presidente de Cuba, compartió en su cuenta de Twitter una foto amistosa de Armando posando junto a un emprendedor de la rama botánica. Pero Armando no parecía satisfecho con estas señales de “te acompañamos, muchacho”. Su malestar afloraba a través de personas cercanas. Su esposa, su padre y su suegro —periodista especializado en economía— salieron en defensa suya. El equipo de <em>Alma Mater </em>renunció casi en pleno en solidaridad con él. El espectáculo de “no pasa nada” que se ofrecía al mundo era un barco cuya tripulación se arrojaba al mar en masa.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>El 5 de julio de 2009 hubo un enfrentamiento entre etnias en la provincia de Xinjiang. Los uigures son una comunidad turca musulmana que en el pasado fue mayoría en la región, hasta que emigraron hacia allí millones de chinos. El dato de interés es que más del 92% de los ciudadanos de Xinjiang se consideran <em>han, </em>la etnia rival de los uigures. Cuando se habla de choque étnico quizá se reste valor a que los uigures son una minoría con identidad ante una mayoría abrumadora, de manera que podrían sentirse acorralados, ninguneados si los gana algún sentimiento de afrenta y vindicación.</p>
<p>El conflicto de Xinjiang comenzó luego de una protesta relacionada con la actuación de la policía ante un altercado entre <em>han</em> y uigures, que estos interpretaron como un ensañamiento contra su gente, así que organizaron protestas que degeneraron en violencia. Se contabilizaron unas 200 muertes, en su mayoría de la etnia <em>han</em>. Para evitar que los grupos enfrentados se organizaran, el Gobierno cortó de forma repentina las comunicaciones del lugar: cero mensajes de texto, cero llamadas. El apagón casi total de Internet duró diez meses e hizo estragos en la economía del territorio, que perdió un 44% de sus exportaciones.</p>
<p>Asimismo fue controlada la cobertura de prensa. Solo medios de confianza consiguieron permiso. <em>Caijin </em>tuvo luz verde, pero apenas dos periodistas obtuvieron licencia, muy pocos para la capacidad de generación de contenido que había alcanzado el conflicto. La revista envió a un tercer hombre que reportó sin autorización hasta que un policía lo descubrió en una sala de internet. Quisieron revisar su <em>laptop</em>, pero el reportero no solo no lo permitió, sino que se enfrentó a uno de los guardias. Lo mandaron de vuelta a Beijing y el altercado fue notificado, como era de esperar, a altos círculos del Gobierno que estaban al tanto de todo lo que ocurría en Xinjiang.</p>
<p>Las autoridades del Departamento Central de Propaganda advirtieron a <em>Caijin</em>. Era una “tarjeta amarilla” antecedida por otra el mes anterior. Debían bajarle los humos a Hu. Los patrocinadores le exigieron presentar con antelación el reportaje de portada y hacer modificaciones. Otra exigencia fue cesar de escribir sobre política. Ordenaron volver al diseño original: informes proactivos y optimistas sobre economía y finanzas. Hu se puso furiosa: ¿qué hecho no era político en China?</p>
<p>Desde 2008 el periodismo de investigación había aumentado la popularidad y el alcance de la revista. Los reporteros estaban tan bien informados que en ocasiones se volvían gurúes para quienes debían ser sus fuentes. Si se trataba de un hecho de corrupción política, ellos recopilaban datos e indicios durante semanas o meses. Cuando la agencia oficial Xinhua anunciaba el arresto de algún alto funcionario, media hora después <em>Caijin</em> tenía un informe prolijo sobre el tema. La audacia de la revista y la pregunta obligada de por qué no rodaban las cabezas de sus directivos había inoculado en el gremio el sentimiento de que <em>Caijin</em> contaba con influencias poderosas dentro del PCCh.</p>
<p>El medio de prensa triplicó su plantilla, llegó a tener más de 200 empleados entre redactores y corresponsales. Había demanda de temas críticos. Los lectores eran sacudidos con revelaciones, pero querían más. No solo intuían que había basura bajo la alfombra de noticias optimistas que supervisaba el DCP, querían que el periodismo se pareciera a ellos, a sus vidas aguijoneadas por alcanzar ese bienestar material del que se hacía eco la propaganda política. El Partido había renunciado a modificar la sociedad y construir al hombre nuevo a cambio de mantenerse en el poder. Existía un conflicto latente entre lo económico y lo afectivo que necesitaba un espejo, una confrontación, una respuesta periodística.</p>
<p>Al tiempo que las ambiciones de Hu Shuli crecían, entró a la empresa una directora comercial, Daphne Wu, que como veterana experta en banca de inversión logró triplicar la venta de publicidad. En <em>La Edad de la Ambición</em>, Evan Osnos, testigo de la fiebre china por extender aún más la reforma económica, presenta así las aspiraciones de Hu y Daphne: “tenían planes más ambiciosos que una simple revista: se imaginaban «toda una plataforma mediática de información y opinión», me dijo Wu en su despacho desde el que se dominaba Beijing. Su comentario habría podido pronunciarlo un ejecutivo de Silicon Valley. «Queremos dar un producto de calidad, al margen del formato o del dispositivo»”.</p>
<p>Mientras más visitas hacía la directora al exterior, con más ambiciones retornaba. En algún momento un académico americano le dijo que si se quedaba en China como periodista nunca entraría en el circuito internacional. Hu Shuli se propuso hacerle ver que estaba equivocado. Según Osnos, <em>Caijin</em> se convirtió en uno de los referentes más leídos por occidentales que querían saber sobre la economía más pujante del mundo.</p>
<p>Tras las correcciones, Hu intentó adaptarse, pero sus jefes cancelaban una portada tras otra. Hu Shuli hablaba alto y su taconeo era fuerte, era imposible no oírla llegar cuando entraba al piso donde <em>Caijin</em> tenía sus oficinas. Del mismo modo, le precedía el historial que había acumulado. Wang Boming le dijo a Osnos que en el fondo le temía, y a pesar del tono chistoso no era menos cierto: el método, el taconeo, la voz de Hu lo tenían harto. El magnate miraba la revista como un negocio, estaba cansado de enfrentarse a reproches, reparos, críticas tanto de empresarios como de funcionarios del Partido y el DCP. Se quejó ante Osnos de la mala costumbre de promocionar una marca usando toda una página y en la siguiente publicar un reportaje hablando mal de esta.</p>
<p>Al tercer artículo denegado Hu comenzó a preocuparse. Ya sus reporteros no contaban con salarios tan altos. Desde la fundación del medio el país había evolucionado, el costo de la vida ascendió. La pasión los movía y los mantenía en el oficio, pero como para eso hay que movilizar un alto volumen de capital ético y moral a fin de seguir en la carrera, tal inversión, tal vigilancia sobre sí mismo y sobre los otros puede resultar agotadora, puede crear autocompasión y fragilidad. Si los rechazos seguían, ¿para qué invertir tanto esfuerzo que, además, era mal pagado? Ganaría el conformismo, la apatía o la corrupción entre los periodistas. A la cuarta negativa Hu decidió saltarse las prohibiciones y publicar el texto.</p>
<p>La relación entre Wang Boming y Hu se había deteriorado. Tras las últimas tensiones, esta consideró buscar a otros patrocinadores y concentrar más poder editorial. Le propuso a Wang hacer una nueva distribución de la empresa, comprar ella y su equipo el 30% del negocio y tener la última palabra sobre lo que se publicaba o no, incluyendo ser la que se enfrentaría a los funcionarios del DCP cuando se dieran crisis de censura. Opinaba que era ella como directora la que debía tomar la última decisión. Wang Boming no aceptó. Creía que tras la pantalla de la libertad de expresión se ocultaban ansias de poder, y <em>Caijin</em> era la revista más rentable de todas las que le pertenecían. Asumió la petición como un acto de ingratitud.</p>
<p>Meses después Daphne Wu dimitió, y con ella unos sesenta empleados. Los jefes que se iban dieron a sus subordinados 72 horas para pensar qué iban a hacer. Tenían que sopesar que ya Hu Shuli no tendría la protección política de antes y que probablemente se lanzaban a un territorio inestable. Como es de imaginar, Hu era una mujer tiránica con su tropa y demasiado blanda a veces con personajes de influencia. Aun así, su impronta generaba seguidores. Uno de los reporteros que la habían acompañado en esos años le explicó a Osnos algo parecido al excepcionalismo que se oía en Cuba sobre la figura de Fidel Castro: no había nacido una persona como ella en cien años. En Estados Unidos —explicaron a Osnos— podrían encontrarse millones de personas como Hu; en China era un caso demasiado raro.</p>
<p>En noviembre de 2009 Hu dejó la revista llevándose con ella a 140 miembros de la redacción.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>En la mañana del 10 de mayo de 2022, unos 15 días después de su liberación como director de <em>Alma Mater</em>, Armando Franco dio una explicación pública en su muro de Facebook. Cuestionaba la medida que había tomado la UJC, no estaba conforme ni contento, ni creía que era un ascenso. Buscaba aclarar la naturaleza del proceso. Interpretó que el silencio lo hacía cómplice de lo sucedido y sus posibles interpretaciones.</p>
<p>“Para algunos, mi mutismo ha sido una confirmación de que fue una decisión justa, de que algo hice o andaba mal, de que las organizaciones políticas no se equivocan y que, si así fueron las cosas, es porque así tenían que ser. […] Ante mi petición de explicaciones, ambos [funcionarios que lo separaron del cargo: Nislay Molina, ideológica del Comité Nacional de la UJC, y Asael Alonso Tirado , director de la Editora Abril] expusieron que «la decisión, aprobada el 20 de abril, era producto de <strong>continuos errores</strong> en el trabajo editorial de la revista». Sobre la mesa estuvo todo el tiempo un documento que ambos consultaron indistintamente para listar esos «errores». […] En aquel encuentro intenté explicarles el <strong>sinsentido</strong> de lo que exponían. La funcionaria de la UJC me interrumpió y entre otros criterios más bien <strong>groseros</strong>, que omito ahora por educación, dijo: «A ti <strong>debimos botarte</strong> hace mucho tiempo, no hay nada más que hablar, <strong>te estamos haciendo el favor de liberarte</strong>. Puedes hacer lo que quieras, es una decisión nuestra»”.</p>
<p>Salvando el hecho de que estamos frente al testimonio de Armando y no de los funcionarios que se reunieron con él —y no hicieron público lo que sucedió—, se ha de observar que hay una verosimilitud prosaica y una equivalencia en la franqueza de ambas partes: se califican, valoran la actuación del otro sin reservarse nada, no se temen, no se camuflan ni se esconden en las frases del “propio-presidente”. A diferencia de las declaraciones de altos funcionarios y figuras públicas, los implicados se molestan. Nislay trata a Armando en términos groseros, que él no revela por pudor, por educación y no tanto por guardar la confidencialidad. Ambos sufren, se desgastan, son falibles.</p>
<p>Pero la vivencia de Armando contrasta con lo que expresa la primera secretaria de la UJC, Aylin Álvarez, el 28 de abril de 2022 en su perfil de Facebook. Ella narra una reunión a la que asiste Armando Franco y un tercero, Rogelio Polanco, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central:</p>
<p>“Su liberación, valorada en la Comisión de cuadros de nuestra organización, no tenía más propósitos que el de <strong>aprovechar su experiencia y conocimientos</strong> en otros proyectos de comunicación, que ya se le habían anunciado, <strong>avalado por sus resultados evidentes</strong> en <em>AM</em>.</p>
<p>“Se trata de un proceso natural, por el que transitamos los jóvenes en la <a href="https://www.facebook.com/hashtag/ujc?__eep__=6&amp;__cft__%5B0%5D=AZV_-fKBCiYY_vTS85E8FuEWOnyOUHl0jcf4mshm6rAqE9tgjDpI6GPEpxthLzgh8gKKeJg3s8HS7BmTVYk9rOHMuXG0z7vJeCDGHhzyKmvatQ3FLbWR_CuO23kVUr0NLag&amp;__tn__=*NK-R" target="_blank" rel="noopener">#UJC</a>, organización en la que aprendemos, aportamos y nos consolidamos como revolucionarios, para luego cumplir otras actividades en la sociedad. Bajo esta concepción, durante los últimos días hemos realizado movimientos similares.</p>
<p>“Aproveché el momento también para <strong>reiterar </strong><strong>de frente y mirando sus ojos</strong> el <strong>reconocimiento al trabajo y resultados alcanzados</strong> por el colectivo de <em>Alma Mater</em>, y su impronta durante estos años, así como el deseo de que no se pierdan los <strong>logros</strong> y se perfeccione el trabajo”.</p>
<p>Lo destacado en negrita por el Periodista enfatiza el supuesto criterio que tiene el funcionariado sobre la gestión de Armando. De este se desprende que es un profesional calificado, eficiente y estimado por la alta dirección. Pero como Armando ha sido liberado contra su voluntad, de tales elogios  emanan dudas: pudieran ser una simulación frente a los interesados en el caso.</p>
<p>Aylin Álvarez utiliza tópicos, frases hechas, dispositivos vaciados por el uso. Habla desde su perfil personal pero usa un lenguaje impersonal, corporativo, que se traiciona cuando declara que mira a los ojos a Armando.</p>
<p>En la reunión descrita por Aylin los observa el máximo ideológico del PCC. Imaginemos la escena: sendos retratos amenazadores de Fidel y Raúl Castro colgados en la pared, y al frente Rogelio Polanco, en cuya pulcra solidez parece concentrarse la autoridad que mantiene la preciada unidad de la nación.</p>
<p>Polanco la tiene fácil para argumentar con gestos y tonos amables. Quizá alude a la información confidencial que se maneja sobre amenazas exteriores, de la cual solo se podría decir allí una mínima parte. Quizá alude a la complejidad de los sucesos del 11J como prenda para que Armando comprenda que no era un ensañamiento contra él, ni el momento de mostrar escisiones críticas en público.</p>
<p>¿Cuál habrá sido la actitud del joven periodista? ¿Dura, diplomática, aduladora, diáfana, apasionada? Polanco lo observa a él y a Aylin Álvarez. La primera secretaria mira a los ojos a Armando y le reitera los positivos aportes de su gestión. En el relato a sus seguidores en redes sociales Aylin usa “reiterar” en vez de “le reiteré a Armando”. El infinitivo construye una reverberación marmórea, institucional. Aunque le mira a los ojos no parece que le habla a Armando, sino a una multitud.</p>
<p>Es cierto que nunca sabremos si el mirar a los ojos fue real, pero sí podríamos confiar en la escena como una recreación del deseo de la primera secretaria. ¿Así ella quería que sucedieran las cosas? Ante la imposibilidad de frontalidad o franqueza, teniendo a Polanco presente y obligada a ejercer su rol ante los seguidores de las redes sociales que esperaban se comportara como la alta funcionaria que es, usa el infinitivo. Con los ojos, sin embargo, quiso decir algo que el oblicuo “reiterar” ocultó. Los ojos portan una transparencia que no alcanzan las palabras. Quien miente no podría mirar así. Al discurso impersonal, sin rostro, de repente le brota un par de ojos que envían mensajes personalizados y secretos.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>En 2007, estando todavía en <em>Caijin</em>, Hu Shuli fue más allá del nivel permitido. El medio de prensa encontró que un grupo de inversores llamado Luneng había comprado por una miseria el 92% de un conglomerado de 10 mil millones de dólares, lo que incluía centrales eléctricas y un club deportivo. Detrás de la compra había una maraña de inversionistas y juntas directivas, casi la mitad de las cuales provenía de una fuente imposible de localizar. El texto se titulaba “¿De quién es Luneng?”.</p>
<p><em>Caijin</em> quiso darle seguimiento, pero el DCP los llamó, canceló el tema, prohibió la venta del número en los estanquillos y los empleados de la revista tuvieron que rebajarse a romper con sus propias manos la publicación ya impresa. Como era habitual en China, y como se ve a simple vista en Cuba usando las redes sociales, los hijos de altos dirigentes del Partido Comunista se habían convertido en empresarios exitosos. Al parecer jugaban con ventajas, adulaciones, atajos con los que otros sin su pedigrí no contaban. El artículo sobre Luneng había insinuado que detrás de la compra estaban estos hijos. Buscaban el anonimato para evitar el escrutinio y las tóxicas contabilizaciones de la revista Forbes sobre acumulación de riquezas.</p>
<p>Como subraya Anne-Marie Brady, si bien después de Tiananmen el Gobierno enfatizó que China se regiría por leyes y “no por decreto (o por editorial de periódico) como en los años de Mao”, el desfase entre reforma política y economía seguiría causando malestares e incoherencias que cualquier ciudadano podría señalar. Del mismo modo lo haría un medio independiente como <em>Caijin</em> en cuanto se lo permitiesen.</p>
<p>La República Popular China estaba tratando de ajustar su sistema jurídico a las nuevas formas de propiedad y de gestión económica para lograr, hasta donde se pudiera, un ecosistema de Estado de derecho. El PCCh necesitaba que fuera un país confiable para la inversión extranjera y nacional, y no uno que mutara de un lado al otro según lo decidieran, por idealismo o pactos radicales, sus dirigentes. Este cambio de paradigma se hacía más visible en el caso de la prensa, atada de pies y manos para denunciar a empresas extranjeras que explotaban al máximo la mano de obra que China ofrece a precio de remate, y que en parte eran responsables de que miles de productos electrodomésticos tuvieran precios accesibles.</p>
<p>La académica Anne-Marie Brady observa en <em>Marketing Dictatorship </em>que los asuntos que no podían “resolverse fácilmente sin una reforma del sistema político (es decir, los trabajadores desempleados, la estabilidad social y la lucha política) se convirtieron en temas tabú. [&#8230;] Como el PCCh ha dejado de definir su legitimidad para gobernar China en términos revolucionarios, pero no ha descartado el nombre y el simbolismo vinculado a su pasado revolucionario, «socialismo» y «mercado» se han convertido en las palabras clave de la era actual. El Partido utiliza eufemismos como «socialismo con características chinas» y «economía de mercado socialista» para describir (en términos marxistas) la naturaleza poco ortodoxa de la transformación económica del país en los últimos veinte años. Por el contrario, el uso de la palabra clave de la era Mao, «revolución», ha disminuido considerablemente desde 1989. El término «revolución» se ha convertido casi en peyorativo en este sistema político reacio al cambio”.</p>
<p>Como ya vimos, estos temas tabú eran actualizados semanalmente según le conviniera al Departamento Central de Propaganda. Vale indicar que, en comparación con el régimen de control absoluto que impone su homólogo en Cuba —el Departamento Ideológico del Comité Central—, el ecosistema comunicacional en China es más flexible, se cierra y abre a discreción desde un puesto de mando que integran unos ajetreados y hacendosos funcionarios. El punto de vista chino asume riesgos. El desarrollo es allá un río revuelto en el que pueden surgir pejes realmente grandes como Tiananmen, Falun Gong (el multitudinario movimiento de meditación que pidió independencia jurídica), rebrotes de minorías exacerbadas, etc.</p>
<p>El PCCh había descubierto que eran importantes las válvulas de escape. El periodismo de investigación podría sacar reportajes que denunciaran la corrupción dentro de la reforma siempre y cuando no faltaran al respeto de la frágil estructura central. Sentir que estos brotes de denuncia eran vigilados por la “anaconda de la lámpara” era amenazante, pero no lo suficiente para espantar. Ello creaba la sensación de participación, con mecanismos de autorregulación que funcionaban de forma autónoma, tal como se espera de un sistema plural y con contrapesos.</p>
<p>Este es el marco en donde Hu Shuli había aprendido a jugar. Probablemente no se sentía angustiada, sino realizada por saber relacionarse con los límites. Si recordamos, yendo a la primera parte de esta serie, que Hu había sido hija, nieta y sobrina de prominentes comunistas, se entenderá por qué ella podía convivir con un punto de vista que para otros implicaba algún grado de complicidad o servilismo ante el poder.</p>
<p>Cheng Yizhong, periodista encarcelado durante cinco meses por publicar un texto que destapó manejos policiales corruptos, le comentó con amargura a Evan Osnos: “Los temas que aborda <em>Caijin</em> no han afectado los pilares del régimen; se puede decir que en cierto modo ella [Hu Shuli] va sobre seguro. […] Conste que no estoy criticando a Hu Shuli, pero hasta cierto punto <em>Caijin </em>solo está al servicio de un grupo de presión más poderoso, o digamos relativamente mejor”.</p>
<p>Cheng había denunciado y seguido la muerte de un joven diseñador tras una paliza ejecutada por policías. Habían arrestado al chico en la calle siguiendo una política de detención rápida que habilitaba a las fuerzas del orden a pedir documentos y conducir a supuestos vagabundos o prófugos de la justicia a un <em>shourong</em> o estación de “custodia y repatriación”. Quienes podían pagar una cuota libraban; los que no, eran trasladados a fábricas o granjas gestionadas por el <em>shourong</em>, donde debían trabajar.</p>
<p>El caso se agravó al demostrase que el joven tenía sus papeles en regla al momento del arresto. El reportaje provocó indignación pública. La política de los <em>shourong </em>era rentable para la policía local y proliferaron unos 700 en todo el país. Cheng demostró que “algunas comisarías compraban reclusos para incrementar ingresos”. Esta serie de trabajos logró que los <em>shourong</em> fueran eliminados y constituyó un raro caso en el que la prensa actuaba como palanca transformadora de la sociedad. Pero Cheng se había lucido también en su cobertura del SARS: necesitaba un escarmiento. Al año fue juzgado en una corte junto a dos colegas por “repartir ilegalmente las primas concedidas por su consejo de redacción”.</p>
<p>Cheng comparó ante Evan Osnos la naturaleza de su lucha por reducir el poder de la policía con los temas que publicaba Hu Shuli. Concluyó que ella trabajaba en función de mejorar el rendimiento del Gobierno, asegurar sus pilares, y él para modificarlos. También subrayó que Hu se desempeñaba en una esfera social que la mantenía a salvo de los burócratas menores. Estaba al servicio de una cúpula, reflejaba los deseos de esa gente que mamaba de un <em>statu quo</em> sin interés en destruirlo, porque sería como serrucharse el piso. Después de salir de la cárcel, Cheng dejó el periodismo de investigación y pasó a trabajar en un medio de prensa de bajo perfil.</p>
<p>Hu y una tropa de 140 desertores de <em>Caijin</em> fundaron <em>Caixin</em>, nombre equivalente a <em>Nueva</em> <em>Caijin</em>. Allí la periodista implementó el mismo dispositivo intuitivo que la había mantenido a flote durante años: “jugar con la cadena y no con el mono”. Lejos de sus viejos padrinos, tendría que poner en marcha la misma actitud gracias a la cual ellos la eligieron como directora de un medio de prensa que les rendiría beneficios económicos: ser proactiva y no destructiva, ayudar a que el poder se perfeccionara.</p>
<p>Evan Osnos quiso saber qué creía Hu de la suerte con que había rodado durante años, pues ni cerraron la revista ni la metieron presa. Ella respondió: “Nosotros nunca decimos nada de manera visceral o despreocupada, tipo «Usted miente». Intentamos analizar al régimen y luego decir por qué una buena idea o un buen deseo no pueden convertirse en realidad”. Tal y como sucede en Cuba, la culpa de que las buenas, justas y humanistas ideas no se concreten se le achaca, cuando no a los enemigos del país, a malas prácticas o manejos de la burocracia en abstracto; nunca de forma frontal al sistema socialista radical y antidemocrático o a un dirigente en específico.</p>
<p>Pese a que Hu trabajaba en un medio privado, su proceder encajaba con una política gubernamental que ella no intentó modificar. Aun funcionando como una empresaria privada, seguía siendo una proyección de lo que deseaba el Partido Comunista. Anne-Marie Brady comenta que “desde principios de la década de 1990 el Partido ha fomentado el desarrollo de un papel limitado de vigilancia para los medios de comunicación. En lugar de un cuarto poder (en chino <em>di sige quanli</em>, o a veces <em>disi dengji</em>), que implica que los medios de comunicación tienen poderes independientes del gobierno para criticar la política y los asuntos gubernamentales, los teóricos de la propaganda prefieren el término cuarto poder gubernamental (<em>di sige bumen</em>). Esto significa que los medios de comunicación están conectados con el sistema de vigilancia y control de la sociedad por parte del Partido-Estado, y no separados de él”. El PCCh pudo reformar su prensa, permitiendo no solo un “cuarto poder gubernamental”, sino emprendimientos privados a los cuales mantenía a raya.</p>
<p>¿Qué ocurría en la oquedad de Hu Shuli? ¿Qué se decía a sí misma en la cocina, allí donde podía ser franca consigo y con todos aun cuando no la escucharan? ¿Hacia dónde tendía en definitiva la polis suya? De ser comunista y guardia roja, Hu había mutado durante Tiananmen a hacerle alguna oposición al régimen que legó Mao Zedong. No sería de extrañar otra mutación, un acomodo de prioridades. Su aspiración a simplemente vivir y hacerlo en su país y cultura de origen era poderosa. Quería sentirse útil allí donde había instituciones e imaginarios por construir para que el entorno se pareciera mucho más al espíritu de su generación.</p>
<p>Hu se sentía participante, un actor con el poder de modificar el estado de cosas. Ambas capas superpuestas fundaron una personalidad intermedia, pragmática, capaz de negociar, de construir un consenso que generase una convivencia entre dos paradigmas reconciliables. En 1989 el Partido Comunista estaba por demostrar si podría empujar una reforma que sacara al país de la miseria. En 2010 ese deseo era un hecho.</p>
<p>En <em>Marketing Dictatorship</em>, Anne-Marie Brady concentra su análisis en el poder de la propaganda política, pero esta no sería nada sin un complemento económico. El Gobierno chino había logrado una remontada. El país crecía, la propaganda apoyaba. La intención del Partido Comunista Chino de sacar a su población de la espiral de pobreza fue consistente. Brady plantea que a mediados de los años noventa “los funcionarios de propaganda de las empresas recibieron instrucciones de asumir el papel de animadores de la reforma económica, poniendo el énfasis de su trabajo de pensamiento en los objetivos económicos. Se les dijo que «fomentaran la eficiencia en el lugar de trabajo», que «entrenaran a los trabajadores en la mentalidad de la competitividad» y que recordaran a los trabajadores de las fábricas de propiedad extranjera que con su duro trabajo «ayudaban a ganar divisas para China»”.</p>
<p>La profesora explica que los propagandistas chinos del DCP hicieron suyos pensamientos de algunos gurúes de las relaciones públicas occidentales. Walter Lippmann, autor de <em>Public Opinion</em>, fue uno de los principales referentes. Los académicos de las universidades chinas, supervisados también por el DCP, comenzaron a llamar “comunicación política” a la propaganda para eliminar la mala reputación de esta palabra. En 1998 el nombre del Departamento Central de Propaganda cambió a Departamento Central de Publicidad.</p>
<p>Anne-Marie Brady comenta: “En palabras de Walter Lippmann, el trabajo de relaciones públicas podría gestionar las actitudes del público sobre diversos temas con el fin de «fabricar el consentimiento» para la continuidad del gobierno de la élite. Lippmann llamó a la cristalización de la opinión pública «mente de grupo» y a la creación de la opinión pública «fabricación del consentimiento». Según Lippmann, «el ideal de la opinión pública es alinear a los hombres durante una crisis de tal manera que se favorezca la acción de aquellos individuos que puedan resolver el problema»”.</p>
<p>Y de alguna forma Hu contribuía con esto último. Evan Osnos la describe como “oposición leal”. En una columna de 2007 Hu dijo: “Hay quien afirma que llevar adelante las reformas políticas será desestabilizador. Sin embargo, mantener el <em>statu quo</em> sin hacer ninguna reforma crea, de hecho, un caldo de cultivo para la agitación”. La frase de Hu contiene un aprendizaje, el esfuerzo por hallar un hogar estable en su fuero interno.</p>
<p>Quizá valga observar que la propaganda funciona como un juego de lego donde el poder ofrece fichas de diseño al individuo y este asume cómo debe usarlas para conservar su estabilidad emocional y política. Las personas como Hu Shuli, los funcionarios del DCP que el 4 de junio de 1989 salieron a las calles a pedir reformas y el fin del Partido Comunista encontraron en ese lego un sitio donde aliviar su angustia.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>El 31 de julio de 2022, la empresa Palco, vinculada con la gestión de eventos internacionales y paquetería desde el exterior, anunció en su perfil de Facebook que Armando Franco pasaría a ser su nuevo responsable de comunicación. Para una parte de los que siguieron el episodio de su destitución, saber que ocuparía este cargo fue verlo entrar en el juego de puertas giratorias.</p>
<p>Palco es una puerta al mundo en un país rodeado de mar y con un sistema político cerrado. Funciona a menudo como intermediaria para importaciones. En general, como puesto de trabajo, se la asocia con el trato con extranjeros, el comercio y facturación de servicios en moneda dura. Laborar en Palco es un privilegio. Significa libertad de movimiento, dietas en divisas, acceso a artículos, medicinas y productos alimenticios difíciles o imposibles de conseguir en el territorio nacional, donde solo hay tiendas desabastecidas. Armando disfrutará de una vida “acomodada” ajena al igualitarismo, fuente de escasez y precariedad que por defecto genera el sistema político y económico cubano.</p>
<p>El economista Mauricio de Miranda, en <a href="https://jovencuba.com/tipos-cambio-precios/" target="_blank" rel="noopener">un artículo para <em>La Joven Cuba</em></a>, plantea que el Gobierno “no parece dispuesto a adoptar las transformaciones radicales que requiere la economía, ni los cambios institucionales para asegurar la sostenibilidad de dichas transformaciones, y da la sensación de no saber qué más puede hacer, además de lanzar consignas y hacer llamados a la «resistencia creativa». Esto ha conducido a reforzar —en una parte considerable de la población— la sensación de desesperanza respecto al futuro del país, mientras aumentan la pobreza y la desigualdad social”.</p>
<p>Visto desde fuera, este final parece el cierre de un ciclo. El Armando que ingresa a Palco es un producto envuelto en plástico que sale por la estera de una fábrica de cuadros políticos. Mientras más se pregunta el Periodista por qué el exdirector de <em>Alma Mater</em> no fue destinado a dirigir una célula destartalada de la UJC en un municipio agrario del oriente de Cuba —como pasaba en la era de Mao con los dirigentes sancionados por disentir, cantera de la que salieron los reformistas que empujaron el repunte del gigante chino—, menos confía en la versión que aquel dio de su proceso de destitución. El Armando de Palco parece confirmar que la política de cuadros del PCC, su poder de generar cohesión, sigue teniendo esa rara vitalidad de algunas instituciones en la Isla: funcionan como nuevas mientras la economía se desmorona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La primera parte de este ensayo se titula “Para la prensa cubana, Hu Shuli es una pregunta y una respuesta” y puede leerse <a href="https://periodismodebarrio.org/2022/05/para-la-prensa-cubana-hu-shuli-es-una-pregunta-y-una-respuesta/">aquí</a>.</em></p>
<p><em>La segunda parte de este ensayo se titula “Hu Shuli en China: ¿Alma Mater en Cuba?” y puede leerse <a href="https://periodismodebarrio.org/2023/08/hu-shuli-en-china-alma-mater-en-cuba/">aquí</a>.</em></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2023/11/armando-franco-y-hu-shuli-dos-posibilidades/">Armando Franco y Hu Shuli, dos posibilidades</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2023/11/armando-franco-y-hu-shuli-dos-posibilidades/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Hu Shuli en China: ¿Alma Mater en Cuba?</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2023/08/hu-shuli-en-china-alma-mater-en-cuba/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2023/08/hu-shuli-en-china-alma-mater-en-cuba/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Aug 2023 10:00:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo independiente]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=13136</guid>

					<description><![CDATA[<p>Con la resaca política que dejaron los sucesos de Tiananmen (1989), la periodista china Hu Shuli reorganiza su carrera y funda una revista independiente dentro del autoritarismo de su país. Las protestas del 11 de julio en Cuba (2021) abren la posibilidad de remover las bases del periodismo oficial, pero el Partido Comunista vigila cada movimiento.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2023/08/hu-shuli-en-china-alma-mater-en-cuba/">Hu Shuli en China: ¿Alma Mater en Cuba?</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Juan Carlos Calahorra, realizador de cine, ambientalista y editor, contó que en las protestas del 11 de julio de 2021 en La Habana vio a un señor de gorra de béisbol de unos 50 años gritar “¡¿dónde está el pueblo, dónde está el pueblo?!”, pero nadie le dijo “aquí estamos”, o “aquí estoy”. El “nadie” se refiere a las decenas de personas que presenciaban a los inconformes.</p>
<p>Su llamado desentonaba con el entorno. En la gestualidad del señor, Juan Carlos notó un ánimo incendiario. Parecía el portador de un elemento químico capaz de generar reacción dentro de una mezcla que no encontraría el “cambio de estado” por sí sola. Juan Carlos lo identificó como un agente de la Seguridad del Estado o miembro de las brigadas de choque que el Gobierno hace vestir de paisano y provee de palos, alambres y herramientas caseras, para asociarlos a personas-de-pueblo-que-defienden-el-socialismo y no a autoridades policiales o militares armadas hasta los dientes.</p>
<p>El llamado del señor de la gorra significaba “¿dónde está el pueblo que nos ayude a reprimir al no-pueblo?”, acotaba Calahorra en la entrevista que concedió a <em>Periodismo de Barrio</em> luego de ser liberado. Esas protestas populares sacudieron a la capital y a toda Cuba por primera vez de forma masiva en más de sesenta años.</p>
<p>Sería difícil creer un testimonio que pinte a Juan Carlos como peligroso. Viste con colores apagados o mate. Su rostro es simétrico, como si un hemisferio se reflejara en el otro. Usa unas discretas gafas de miope leve que hacen recordar al seminarista más aplicado de la clase. Es de baja estatura y brazos tan cortos que le cuelgan de los hombros como vainas. Lo único robusto en él son unas pantorrillas que servirían, en cualquier caso, para poner pies en polvorosa.</p>
<p>Aquel día le acompañaban varios cineastas más. No llevaban un neón en la frente que dijera “cineastas”, pero sí eran, como Juan Carlos, personas pacíficas y de perfil intelectual. Caminaron hacia el edificio del Instituto Cubano de Radio y Televisión para pedir transparencia e imparcialidad informativa y hacer un llamado a la no violencia. Desde el 27 de noviembre del año anterior se habían emitido campañas de desprestigio contra jóvenes que reclamaban un espacio de libre expresión. Por eso, luchar por ganar horizontalidad en los medios de difusión masiva había sido un tema de escarnio, un punto en el intercambio en redes sociales.</p>
<p>Es posible que pidieran estas reformas a sabiendas de que era un imposible. El Partido Comunista nunca ha permitido horizontalidad alguna. Las consignas que gritaron los allí reunidos parecían solo destinadas a provocar, a romper con una razón monolítica.</p>
<p>Juan Carlos y el resto ya conocían que la policía había comenzado a reprimir, que el presidente del país había hecho un llamado a tomar las calles y que la compañía de telefonía estatal que gestiona la Internet había cortado el servicio para los móviles cuando las fuerzas represivas llegaron al lugar. Él y tres de sus amigos se tomaron de las manos como niños y subieron por la calle 23. Un rato después a Juan Carlos no le sirvieron de nada las pantorrillas. Un agente vestido de civil se le abalanzó y él mismo, para evitar la violencia, entró en la patrulla que lo condujo como un no-pueblo hacia una cárcel junto con otros manifestantes.</p>
<p>En febrero de ese año había ocurrido otra manifestación que no fue despejada a golpes y calabozo, pero casi. Unos veinte protectores de animales (la mayoría mujeres) vestidos de negro imprimieron en tinta negra varios carteles con la consigna “¿Dónde está la Ley de Bienestar Animal?”. Luego se pararon mudos frente al Ministerio de la Agricultura (Minag) en La Habana. No hacía falta gritar para que su presencia allí fuera escandalosa. No demoró en aparecer un agente de la policía política cubana. Empujó a uno de los participantes y detuvo de forma violenta a un periodista independiente que cubría el evento.</p>
<p>Los activistas pedían la aprobación de una ley de protección animal que había sido postergada, pero los trabajadores del Minag les respondieron gritando consignas patrióticas. Los animalistas eran vistos como “violadores de la patria”. Un nervioso funcionario salió del edificio y los invitó a pasar a un salón de reuniones.</p>
<p>A propósito de esta protesta, el periodista, profesor universitario y activista político José Raúl Gallego observó desde su muro de Facebook que entre lo más significativo del hecho estaba el haber ejecutado “el derecho ciudadano a manifestarse públicamente para exigir la atención de las instituciones que deben servirles”. Para Gallego, “si los animalistas no se hubieran plantado con sus carteles frente al MINAGRI (sic), esta reunión no hubiese ocurrido”.</p>
<p>El 27 de noviembre de 2020 unas 300 personas, artistas en su mayoría, se concentraron frente a la sede del Ministerio de Cultura para reclamar el trato justo y la libertad de unos activistas, escritores y artistas del Movimiento San Isidro (MSI) que habían sido apresados durante una huelga de hambre. La policía cerró el perímetro, limitó la afluencia de participantes rociando gas pimienta, cortó la corriente eléctrica del circuito y dispersó agentes entre los que se manifestaban, algunos de los cuales promovieron sin éxito la violencia. Los reclamantes recibieron acusaciones y amenazas tal como los acuartelados del MSI: fueron presentados como mercenarios, agentes de potencias extranjeras, anticubanos. La prensa oficial reportó que esa noche alguien había apedreado un comercio cercano y asoció la protesta pacífica con la amenaza de caos y vandalismo que atentaba contra la seguridad del pueblo.</p>
<p>En agosto de 2019 se daría otro episodio de descontento. Un grupo de usuarios de Snet, comunidad privada para el intercambio de datos y juegos virtuales en línea, salió a hacer público su desacuerdo con una regulación del Ministerio de las Comunicaciones. Esta significaba el desmantelamiento de un sistema de transmisores y receptores que ellos habían creado de forma casera. La red había crecido tanto que se expandía por casi toda la ciudad.</p>
<p>El 11 de mayo del mismo año una manifestación independiente contra la homofobia y la transfobia ocupó titulares en importantes diarios del mundo. Luego que el Cenesex, institución del Ministerio de Salud Pública que organiza cada año la “conga por la diversidad”, decidiera suspenderla alegando un marco internacional complejo para Cuba, muchos activistas dijeron que no necesitaban de la institución y salieron a marchar en ejercicio de su agencia. La policía disolvió el evento maniatando y deteniendo a jóvenes, pegando bastonazos. En los días posteriores, persiguió y acosó a varios de los que habían participado en la marcha.</p>
<p>Juan Carlos y sus amigos, los activistas pro animales, los <em>gamers</em> y las personas de la comunidad LGBTIQ+ encajaban como no-pueblo no solo porque estaban en desacuerdo con políticas de censura, prohibiciones y falta de transparencia del Gobierno, sino porque protestaban, fiscalizaban, se desprendían, dejaban de ser parte del cuerpo estatal y se volvían un otro autónomo, iniciativa inadmisible en el territorio cubano.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>El 3 de junio de 1989, desde que aclaró el día hasta la noche, en las calles de Beijing se escucharon disparos. Hu Shuli, periodista del <em>Diario de los Trabajadores</em>, vio la represión perpetrada por soldados contra los manifestantes que habían tomado la plaza Tiananmen.</p>
<p>Las imágenes nocturnas del suceso son confusas. Hay una mezcla de participantes y soldados. Los manifestantes parecen curiosos, y viceversa. No se sabe de inmediato quiénes conforman los bandos. Un cubano que presenciara la escena habiendo vivido el 11 de julio podría asumir que hay agentes vestidos de civil, y que entre los estudiantes hay infiltrados dispuestos a provocar más represión o que las protestas suban el tono.</p>
<p>Aunque Hu Shuli pensó “tendríamos que informar sobre esto”, el periódico donde trabajaba no publicó una sola palabra. No obstante, ella también fue parte de las protestas como varios de su gremio. Los periodistas en los medios de prensa de Beijing no disimularon que estaban a favor de los manifestantes, no tenían que guardar las apariencias. Se estaba “cayendo el sistema”, el sentido común parecía ir en una sola dirección: contra el Partido Comunista.</p>
<p>Después del 4 de junio, y sofocadas las protestas, Mao Di, esposo de Hu Shuli, creía que se la llevarían presa. Era evidente que algo le tocaría en el ajuste de cuentas si se iniciaba una contraofensiva. ¿Una condena de cárcel, a trabajos forzados; una grave acusación de espionaje? Habían vivido la Revolución Cultural y sus purgas, ¿por qué esperar algo menor? A los reporteros que publicaron noticias sobre la represión los expulsaron de sus medios de prensa o los desterraron a provincias del interior. A Hu Shuli, en cambio, la sancionaron a un año y medio fuera del periodismo.</p>
<p>Cumplido este plazo, Hu fue nombrada jefa de temas internacionales del <em>China Business Times</em>, revista pionera en temas económicos, un campo que el Partido Comunista Chino (PCCh) se enfrascaría en separar de lo político, sobre todo a propósito de Tiananmen. A la altura de 1992, Deng Xiaoping, con más de 80 años, relanzó su política de desarrollo económico. Su proyecto había quedado en pausa a consecuencia de las protestas, pero él tenía fuerzas y convicciones todavía para guiar y enfrentar a los radicales de derecha e izquierda dentro del Partido.</p>
<p>En este periodo, y como parte del fogueo reporteril, Hu Shuli dio con un grupo de hijos de altos funcionarios que habían estudiado en universidades estadounidenses y regresaban para organizar el mercado bursátil chino. Instalaron sus oficinas en un hotel de Beijing. Hu los visitaba a menudo para conseguir primicias. Entre ellos conoció a un futuro miembro del Politburó, uno que sería director del fondo soberano China Investment Corporation y otro que llegaría a dirigir el Banco Central de China.</p>
<p>En 1998 Wang Boming, del grupo del hotel, quiso fundar una revista. Era hijo de un exembajador y viceministro de Asuntos Exteriores. Había estudiado una maestría en administración pública en Columbia University y trabajado como economista en el departamento de investigación de la Bolsa de Nueva York. Cuando le propuso a Hu Shuli ser directora de la nueva publicación, ella le devolvió dos condiciones: no haría promoción de sus negocios y el proyecto debía arrancar con un presupuesto alto. Pensaba en salarios que cubrieran las necesidades de sus reporteros y no los obligaran a envilecerse aceptando sobornos. Quería que su equipo de periodistas fuera fiel a la profesión.</p>
<p>Esto, que parece una verdad de Perogrullo, no iba con el espíritu de los tiempos. La corrupción era un mal que había prosperado a la par que la economía. Con las reformas, el concepto de virilidad ligado al sacrificio comunista se había transformado y asociado a encontrar el máximo beneficio económico, el consumo y la acumulación de riquezas. En el periodismo se verificaba el mismo cinismo que podía hallarse en la economía.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Tres días después del arresto de Juan Carlos y de miles de manifestantes en toda Cuba, la revista oficial <em>Alma Mater</em> (<em>A. M.</em>) publicó en su página web el texto “Cinco claves para entender la situación de Cuba hoy”. El artículo proponía responder las siguientes preguntas: “¿Cómo derivaron los acontecimientos de los últimos días en estos sucesos?”, “¿cuándo y dónde se originaron?” y “¿por qué exactamente?”. Cada clave se enuncia en números romanos y en párrafos cortos sin ingenio ni ironías ni énfasis.</p>
<p>&#8211; La clave número uno expone la compleja situación en la provincia de Matanzas, donde los centros hospitalarios colapsaron y los casos de COVID-19 superaron el nivel de respuesta de las instituciones médicas. Hubo saturación de los servicios, asfixias por falta de oxígeno, falta de camas y medicinas, muchos fallecidos y, por consiguiente, un estado de opinión exaltado contra la gestión del Gobierno.</p>
<p>&#8211; La segunda declara la existencia de una matriz de opinión, armada en redes sociales, solidaria con los pacientes de Matanzas pero contraria al Gobierno cubano, la cual insiste en promover una intervención humanitaria en Cuba.</p>
<p>&#8211; La número tres cita declaraciones de Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores, quien acusa a enemigos de la Revolución de organizar y financiar la campaña #SOSCUBA desde una empresa radicada en Miami, donde reside la oposición histórica al Gobierno cubano. Se apoya en un informe elaborado por un observatorio contra la creación de noticias falsas en Internet, que había denunciado semanas antes movimientos anormales y manipulaciones de opinión en las redes sociales. Entre ellos, la creación en 24 horas de 1500 perfiles de Twitter que usaban la etiqueta #SOSCUBA.</p>
<p>&#8211; La cuarta clave refiere que San Antonio de los Baños “fue el primer sitio desde el que se informaron protestas, el domingo 11 de julio”, por cortes de energía eléctrica, falta de medicamentos y otras formas de escasez. Enumera una serie de asentamientos donde estas se replicaron. Menciona saqueos de tiendas, detenciones, destrucción de autos de instituciones gubernamentales, enfrentamientos entre autoridades y población. En este punto se podría leer un esfuerzo por no juzgar a ninguna de las partes. No hace mención de la brutalidad policial. Se hace énfasis, no obstante, en la existencia en redes sociales de incitadores de disturbios e incluso de un magnicidio, así como de un ambiente de in-gobernabilidad que procuraba una intervención extranjera.</p>
<p>&#8211; La quinta aborda la respuesta política del Gobierno. El presidente Miguel Díaz-Canel se personó en San Antonio de los Baños y en horas de la tarde hizo una comparecencia televisiva ante el país donde acusó a los Estados Unidos de estar detrás de las protestas. El redactor cita a Díaz-Canel cuando caracteriza a los manifestantes. Para el presidente, eran “personas de pueblo que están viviendo parte de las carencias y dificultades, lo hicieron personas revolucionarias que pueden estar confundidas y que puede que no tengan todos los argumentos o que estaban expresando sus insatisfacciones”.</p>
<p>No hay aquí tesis nueva ni riesgo. La clave número cuatro deja leer una tensión: no llama vándalos a los manifestantes, pero ello no constituye un indicio inequívoco de autonomía periodística. Si el presidente fue cuidadoso al no caracterizarlos para no indignarlos más, su punto de vista se tomó, según lo acostumbrado, como pauta oficial.</p>
<p>Cuando el editorial habla de las causas del 11 de julio reproduce el arquetipo tradicional de los medios oficiales: culpar a los Estados Unidos y adelantarse a revelar una posible intervención extranjera. Si observamos la red social Facebook, en específico la página de <em>Alma Mater</em>, encontraremos a varios usuarios, sobre todo oficialistas, celebrando que hubiera audacia en la cobertura.</p>
<p>¿En qué consistía esta audacia? ¿En reportar lo que estaba sucediendo en las calles sin esperar la voz de mando, aun cuando el punto de vista no se alejara de aquel que promovía la versión oficial? Digamos que eran “movimientos” en un tapiz congelado, que podían captar solo expertos. Una experticia basada en la buena fe.</p>
<p>Ante tal celebración, la oposición sonreía con sorna. Desde el punto de vista más crítico se dijo que eran movimientos en falso, que resultaba ingenuo e incluso servil a la tiranía pensar que algo estaba cambiando. El poder quería dar la sensación de transparencia, un amago democrático, indicios de que eran capaces de escuchar a las masas. Por tanto, el comportamiento de <em>A. M. </em>revelaba un frío cálculo.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Zhang Yimou, director de cine con una obra sólida, premiada y aplaudida en varios festivales del mundo, filmó <em>¡Vivir!</em> tres o cuatro años después de las protestas de Tiananmen. Extrajo su argumento de una novela y estrenó la película en Cannes en 1994. Recrea las dificultades que enfrenta una familia en grado cero: sin ideología, sin fueros revolucionarios ni reaccionarios, durante las duras campañas de Mao Zedong. Esto es, gente que nació en China como mismo pudo haber nacido en Australia o Perú, que aspiraba a encontrar la felicidad y a cuidarse unos a otros como única meta o vocación.</p>
<p>El protagonista de la narración se llama Xu Fugu. Es el vago, irresponsable y mimado producto de una familia de terratenientes venidos a menos. Empeña las propiedades de su estirpe apostando en mesas de juego y lo pierde todo, desde la casa hasta el mobiliario. Son desalojados y se van a vivir a una pocilga. Su esposa, harta de él, lo da por incorregible y lo abandona, pero es una buena mujer y con sus hijos se lleva a la suegra.</p>
<p>Esta cadena de fracasos hace a Xu Fugu más consciente del valor de su familia y se vuelve titiritero para ganarse la vida. La tragedia de haber perdido las propiedades en el juego, vaya pobre paradoja, resulta un golpe de suerte a su favor. Triunfan las tropas de Mao Zedong y este lanza una cruzada contra los propietarios de inmuebles que se niegan a cooperar con la revolución comunista. El sujeto que había embargado las propiedades de la familia de Xu paga las consecuencias de haberse hecho terrateniente de la noche a la mañana: los revolucionarios lo apresan y condenan a un fusilamiento público. Xu ve cómo conducen al sujeto que había ocupado su lugar. Al sentir las cinco detonaciones se orina de terror.</p>
<p>En 1958 Mao Zedong lanza su campaña conocida como Gran Salto Adelante. Pretendía producir suficiente acero para colocar a China a la par de Inglaterra en un plazo acelerado. Nadie ni nada se salva de participar. Deben donar sus cazuelas para ser fundidas, pues se trata del comunismo. Se ha superado la cocción doméstica y se comerá de forma gratuita y abundante en comedores públicos. Todo se colectiviza y ello se asume como un logro, pero quien se niegue puede ser juzgado y ejecutado, como aquel pobre nuevo terrateniente, por “capitalista”.</p>
<p>Un día la familia debe llevar a trabajar a sus niños a la fundición. El hijo de Xu Fugu, al sentirse agotado, se queda dormido, le cae encima una pared y muere. Xu Fugu y su esposa la toman contra el que provocó el accidente, un viejo amigo de ellos. El espectador, que no está bajo la influencia de aquellas doctrinas, de la presión política entre alegre y terrorífica de la época, a quien culpa es al Gran Salto Adelante y a Mao.</p>
<p>Años más tarde la hija de Xu Fugu queda embarazada. Son los días de la Revolución Cultural, otra idea de Mao. Los jóvenes acusan a los viejos de ser portadores de ideas reaccionarias y burguesas. Llevan a la joven al hospital, el niño nace sin problemas, pero de repente las estudiantes de medicina y enfermería que asisten a la madre primeriza no saben cómo tratar una hemorragia y terminan matándola. Aunque Xu Fugu se culpa de haber sido torpe en la gestión de buscar a un viejo doctor expulsado del hospital por reaccionario, el verdadero culpable para el espectador es Mao y su Revolución Cultural.</p>
<p>¿Por qué Zhang Yimou hace una película así? Habla de un sujeto que se siente fuera de la narración histórica de aquel momento. Este sentimiento no lo convierte en un disidente, ni en miembro de una clase social. Xu pertenece más bien al género de personas que abrazan la causa “revolucionaria” no porque quieran cambiar el mundo sino porque buscan su felicidad, y esta búsqueda trasciende cualquier sistema político. El principal objetivo de Xu Fugu será vivir en paz con su familia, a la que se ve impulsado a proteger durante décadas. Solo cuenta con sus títeres, su voz y una alegría vital que le permite ser resiliente.</p>
<p>Zhang Yimou parece señalar en la familia de Xu Fugu, expropiada pero lista para hacer borrón y cuenta nueva, el motor de la China que desea, una clase media volcada hacia sí misma, hacia el confort. Personas que viven su vida y no la vida ajena del caudillo, el proyecto del genio en el poder. El director reivindica el vivir a secas, la gloria de la felicidad en familia, y es duro en su ataque al colectivismo como despojo.</p>
<p>La película fue prohibida en las salas de cine de la China continental por las críticas que hacía a la gestión de Mao. Su título esconde una tragedia, sugiere cuán difícil resultaba estar vivo en aquellos días, cuán poco dueños de sí eran los ciudadanos chinos y cuán pesadas y hasta mortales resultaban las ideas que prometían traer el paraíso a la tierra. Todo el filme es un reflejo de la Revolución cubana. Incluso la presencia de un enemigo externo, en este caso Taiwán, a donde se había mudado la oposición anticomunista. Los obreros de la fundición sueñan con bombardear aquella isla usando balas que fabricarían con el hierro que obtienen de fundir sus cazuelas.</p>
<p>En la escena final, Xu Fugu le dice a su nieto, luego de pensarlo, que el futuro está en la felicidad y prosperidad del hombre. Lo último que había hablado con su pequeño hijo antes de morir durante el Gran Salto Adelante fue lo contrario: que el futuro de todos estaba en el comunismo. Su nueva visión de futuro alude a la gestión de Deng Xiaoping, que había incorporado a la fórmula comunista el sentido de desarrollo y prosperidad material. Aunque por las canas de Xu Fugu y su esposa se insinúa que ya ha muerto Mao, esta frase no recrea la ideología de aquella época, sino la que rodea a Zhang Yimou en 1994. El imaginario que impulsó las protestas de Tiananmen se autorretrata en <em>¡Vivir!</em>: sus simpatías y antipatías, sus heridas y fantasmas. En general, el filme contiene situaciones y personajes muy cercanos a los que vive un cubano. Es la historia del fracaso y escarmiento masivo de una sociedad que se había negado a sí misma.</p>
<p>Aquel año de 1994 se estrenaron en el mundo otras dos exitosas películas que reflejan idéntico agotamiento: <em>Fresa y Chocolate </em>(Cuba) y <em>Quemado por el sol</em> (Rusia).</p>
<p><em>Fresa y Chocolate</em>, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, aborda de forma constructiva y conciliadora la represión contra homosexuales durante la Revolución. La película está cruzada por el espíritu de intolerancia y pobreza de una Habana gris, llena de derrumbes y delatores. El Gobierno cubano maniobró de modo similar a su par chino: prohibió el filme en televisión durante décadas y restringió al mínimo su proyección en cines. Las salas cinematográficas se repletaron de militantes del Partido Comunista, que asistían más como fuerza de choque que como espectadores.</p>
<p><em>Quemado por el sol</em>, de Nikita Mikhalkov, narra una historia de delaciones y revanchas personales bajo la sombra del terror que instaló Iósif Stalin en Rusia. Un veterano de guerra es arrestado bajo una extraña acusación. Quien va a cumplir la orden es un viejo “amigo” suyo. Durante el arresto, ambos se acusan de haber usado el poder para llevarse a la mujer amada, la bella esposa del veterano. Más adelante este será ejecutado en una de las purgas que ordena Stalin. El “amigo”, que funge como agente de la policía política, siente asco al descubrir que es parte de aquel mecanismo monstruoso y se suicida. El estalinismo, el comunismo real, es presentado como un dispositivo en degradación terminal.</p>
<p>Si tres ciudadanos descontentos de los países respectivos vieran los tres filmes sentirían cercanía entre ellos. Son mensajeros de la misma experiencia relativa a los efectos: el estar expuesto al sol de la burocracia, el colectivismo, la delación, la angustia de un individualismo que no prospera, que se juzga y se culpa una y otra vez para expulsar el mal de sí.</p>
<p>Tal parece que el hombre nuevo en el comunismo es derrotado por fuerzas externas, por los altibajos del Estado ante los ataques de sus enemigos. Pero podría ser lo contrario, un asunto más doméstico. El hombre nuevo es un ideal empobrecido por ese Estado que en la práctica es apenas una recreación del idealismo de un puñado de hombres cada día más ancianos y aferrados al poder. Convierten su modelo de individuo en un sujeto ideal estrecho vencido por sí mismo, por la falacia que lo constituyó, por una debilidad o fortaleza que no es más que su espíritu en evolución y expansión.</p>
<p>Como narraciones, estas películas no presentan cuerpos viriles tonificados por el proyecto y dogma científico del comunismo, sino su opuesto. El individuo derrota a las fuerzas que le son externas y eso le impide ser el hombre nuevo. Parece una figura de cera expuesta al calor, como un retrato de Antonia Eiriz: rostros y cuerpos que se derriten por la energía destructora de una contienda cuyo sentido real será agotarse sin llegar a nada.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>La primera pregunta de las “Cinco claves para entender la situación de Cuba hoy”: “¿Cómo derivaron los acontecimientos de los últimos días en estos sucesos?”, conectaba las protestas del 11 de julio (“estos sucesos”) con los “acontecimientos de los últimos días”. A saber por el texto, los acontecimientos eran dos a la vez: los causados por la crisis asistencial que generó la pandemia en la provincia de Matanzas y las protestas de San Antonio de los Baños.</p>
<p>En la pregunta quedaba dicha ya una parte importante de la respuesta. Sin embargo, el medio de prensa habla en estos términos: “Con insatisfacciones legítimas por parte del pueblo, como reconociera el propio presidente del país, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, la génesis de las protestas radica en algo más que la acumulación de frustraciones”. La expresión “algo más” aludía a la campaña mediática contra el Gobierno articulada en redes sociales. Y el alcance de la “acumulación de frustraciones” se constriñe a Matanzas (clave número 1: emergencia sanitaria) y San Antonio de los Baños (clave número 4: malestar por cortes de energía, falta de medicamentos, “así como otros factores asociados a la escasez”).</p>
<p>Podría esperarse que, de resolverse estas frustraciones, se extinguiría el malestar popular generalizado. Una operación retórica como esta equivale a que un historiador afirme que las causas de la Primera Guerra Mundial fueron el atentando al archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo y no las tensiones imperialistas que venían creciendo en Europa. El redactor buscaba restringir y despolitizar el alcance de las protestas.</p>
<p>El pistoletazo inicial, las protestas de San Antonio de los Baños, fue relegado a un cuarto puesto entre las claves. Comenzar con él generaría una sensación de acumulación abstracta de irrespeto a la autoridad, abstracción solo comprensible si el mal es de larga data. Las consignas en la calle (insultos al presidente, gritos de “libertad” y “abajo el comunismo”, apropiación de lemas de la izquierda continental —de la cual Cuba es abanderada— como “el pueblo unido jamás será vencido”) eran síntomas de una polarización política más profunda.</p>
<p>Es probable que sin las condiciones generadas por la pandemia no hubiera ocurrido un 11 de julio; sin embargo, hay en el imaginario nacional un desgaste acumulado, asociado al deseo de mejorar según el esfuerzo propio. Cada generación nacida dentro de la Revolución ha visto el modo en que la calidad de vida se va depauperando. Hay una separación entre la capacidad que el individuo cree tener para agenciárselas con éxito y la fallida gestión de un Estado que ni hace por la sociedad (porque es incapaz con su base económica y sus dogmas) ni deja hacer.</p>
<p>Sean o no culpa directa del embargo estadounidense las dificultades que han pesado por décadas, son un hecho tanto como las férreas restricciones económicas que el Estado cubano ha impuesto a su población. Estas causan, precisamente, la impotencia, frustración y desesperanza que el Gobierno del norte planificó desde el principio. Así que el Gobierno cubano se ha ajustado como la “fruta madura” a la hoja de ruta de su enemigo. Lo que la propaganda del Partido Comunista ha logrado exportar: que el “bloqueo norteamericano” nos impide desarrollarnos, tiene una reapropiación o equivalencia en el imaginario popular. Las personas le llaman “bloqueo interno”. El editorial no habla de ellas. Este pasar por alto pudo ser fruto tanto de estrechez de miras luego de una educación deficiente o adoctrinada, como de autocensura.</p>
<p>Podríamos establecer que el redactor de <em>Alma Mater</em> trabajó sobre la distinción que hace Leo Strauss entre enseñanza exotérica (pública) y esotérica (secreta). Strauss considera que es importante detenerse en ello para comprender el pensamiento de una época. La práctica de decir solo lo que conviene, según las circunstancias imperantes en el momento de decirlas, hace que el pensamiento de un periodo histórico no se revele tal cual es. El autor judío-alemán sugiere en <em>Enseñanza exotérica</em> que la distinción exotérica/esotérica florece donde hay un dispositivo de poder acechando y ordenando. Allí donde la persecución es más acentuada será más amplia la distancia entre ambas educaciones.</p>
<p>Si Platón dice que el hombre vive como en el fondo de una caverna, y que las cosas que percibe son meras sombras y no las cosas reales, Strauss agrega: “el principiante es un hombre que no ha salido aún, ni por un instante, de la caverna, y que no ha apartado los ojos de las sombras proyectadas por cosas fabricadas por el hombre hacia la salida de la caverna, mientras que el filósofo es el hombre que ya ha salido de la caverna y que (si no se le obliga a hacer lo contrario) vive fuera de ella, en «las islas de los bienaventurados»”.</p>
<p>El redactor de <em>Alma Mater</em> calculó el impacto que podría tener su editorial en los lectores y en las autoridades, así que la finalidad de sus “claves” no fue salir de la caverna ni crear filósofos, sino alimentar a los principiantes y a las autoridades políticas censoras. El censor es una especie de guardián, sabe lo que es necesario callar, promueve la omisión, ya sea porque el contenido omitido le parece extraño, o porque conoce el problema y la conveniencia de no divulgarlo. El censor erige la realidad necesaria aun cuando sea una verdad a medias o una falsedad.</p>
<p>Días después del artículo, <em>Alma Mater</em> publicó una serie de entrevistas a intelectuales de diferentes campos de las ciencias sociales y la economía, quienes afirmaron que las causas de las protestas se remontaban a tensiones incubadas desde antes. A partir de las reflexiones de Strauss se podría afirmar que estas entrevistas estaban destinadas a “filósofos” y no a “principiantes”, a diferencia de las “Cinco claves…”, escritas para un público cuya inteligencia “no se basa en la intuición sino en las costumbres o las leyes”, más susceptible de creer en “sombras proyectadas”.</p>
<p>Esas entrevistas fueron los trabajos más arriesgados que hizo la publicación acerca del 11 de julio. Sus análisis no obviaban las sanciones estadounidenses contra el Gobierno cubano, pero las tomaban como escenario por defecto, condiciones que siempre van a estar ahí, como el agricultor que debe concebir su cultivo en la falda inclinada de una montaña o en un campo repleto de piedras (idea no muy lejana a lo que piensa el ciudadano común en Cuba). Para estos especialistas, las protestas tuvieron relación con un desgaste en el cuerpo social. El alto nivel de prohibiciones que sostiene el Gobierno comunista sobre su sociedad y la desconexión de los dirigentes con la base popular estaban pasando factura.</p>
<p>Las consignas con palabras obscenas, los mueras al comunismo y los gritos de libertad surgían de un hartazgo. No eran académicos los que recorrían las calles durante esa jornada, pero la indignación estaba más relacionada con las explicaciones que ofrecían aquellos señores dedicados al pensamiento y la investigación a través de datos empíricos que con el editorial de <em>Alma Mater</em>. Era muy posible que los manifestantes asintieran al leerlos.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>¿Qué sucedió en el imaginario chino después de Tiananmen? A seis años de aquel suceso se hace una película como <em>Vivir</em> y esta es censurada. En 1998 Hu Shuli inaugura su revista independiente <em>Caijin. </em>El nombre significa “economía y finanzas”, lo cual quiere decir “no nos meteremos en política”. Esta promesa implícita parece una tapadera políticamente aséptica para poder penetrar en la realidad del país y hacer periodismo. La sociedad se va incorporando más y más al proyecto de Deng, la economía va delante y la política al lado del Partido Comunista.</p>
<p>El 15 de enero de 2005 murió sin repercusión alguna Zhao Ziyang, quien fuera primer secretario del PCCh durante las revueltas estudiantiles de 1989. Zhao fue destituido por su conducta comprensiva hacia los estudiantes, se le acusó de blando y permisivo. Con su remoción concluyó una época de duda sobre cómo conducir en pareja a esos bueyes que son la economía y la política. La ola represiva que siguió a su separación del cargo y fue orquestada por los vectores más conservadores de la dirigencia comunista.</p>
<p>El silencio que veló la muerte de Zhao no debería pasarse por alto, porque las protestas de Tiananmen fueron provocadas por la muerte de Hu Yaobang, dirigente que ocupó el mismo puesto y fue tan liberal como Zhao Ziyang. ¿Por qué el deceso de dos hombres removidos del mismo puesto en el lapso de dos años, por la misma conducta liberal, no tuvo igual repercusión? Creemos que el entender esta diferencia podría acercarnos al espíritu de la época anterior y posterior a los sucesos de Tiananmen.</p>
<p>Zhao había ingresado en la Liga Comunista Juvenil en 1932 y en 1938 obtuvo su militancia en el PCCh. Siguió en activo durante la guerra civil que ganó Mao en 1949. Dos años después estuvo a cargo de la reforma agraria en la provincia de Guangdong y sus resultados le valieron ser promovido como cuadro. En 1967, durante la Revolución Cultural, fue detenido en plena calle y acusado de revisionista. La Guardia Roja lo obligó a renunciar a todos sus cargos y su imagen no fue rehabilitada hasta 1971.</p>
<p>En 1975, a petición de Deng Xiaoping, Zhao Ziyang es designado como primer secretario del Partido Comunista en Sichuan, una de las provincias con más habitantes de China. Allí supervisó reformas económicas exitosas. Tiempo después, Deng lo colocó al frente del PCCh como un agente necesario contra el conservadurismo, pero, tal como su antecesor Hu Yaobang, no hizo una interpretación tranquilizadora de la doctrina de los cuatro principios que debía regentar la nueva era de remonte.</p>
<p>En los años de reclusión domiciliaria bajo vigilancia a las afueras de Beijing, jugó al golf, recapituló y grabó de forma secreta unas cintas de audio que salieron de imprenta cuatro años después con el título <em>Prisionero del Estado. Diario secreto del presidente Zhao Ziyang</em>. No sabremos nunca si Zhao aceptó ese título, pues el texto no es beligerante, no lleva el tono de un disidente sino el de un militante al que le gustaría hacer algo por arreglar las cosas. Su necesidad de hacer públicas estas memorias fue inferida por quienes llevaron a término el proyecto. Se publicó en Hong Kong, no en China.</p>
<p>Por decisión del editor, el libro comienza con las notas sobre Tiananmen, pero desconocemos el orden que Zhao dispuso. La cautela que tuvo por salvar las grabaciones creando un puzle de amigos que las sacaban de su residencia vigilada, más su silencio sobre cuándo o cómo publicar un texto con estas memorias, son indicios de ansiedad y tensión. Por momentos pareciera que concibió las memorias con culpa, cual mensajes en botellas que fue liberando solo por si llegara a haber necesidad de unirlos como piezas en la posteridad. Este cuidado por no importunar o no sobresalir nos hace pensar en una duda de Zhao sobre su lugar en la historia. ¿La poca repercusión de su muerte tuvo relación con su personalidad, o con un cambio en el norte político de la sociedad china?</p>
<p>Analicemos qué diferencias existían entre Zhao Ziyang y Hu Yaobang. Hu Yaobang, exprimer secretario del PCCh que falleció por un ataque al corazón (hecho que movilizó a los estudiantes hacia Tiananmen), había logrado revertir numerosos casos de persecución injustificada después de los años de Mao. También defendía el plan de reformas y era incorruptible. El tema corrupción vs. moral comunista era álgido por aquellos días, y a Hu Yaobang se le veía como un faro, un arquetipo de honradez. Zhao no tuvo la misma suerte. Confiesa en su diario que sobre él pesaban incluso acusaciones de corrupto, referidas al rápido ascenso de un hijo suyo como empresario y a la desviación de un tren de fertilizantes hacia su provincia natal. Zhao era un hombre atormentado por las dudas, acaso por la culpa.</p>
<p>Dentro de la población había descontento por la degradación que sufrió Hu Yaobang en 1987. Asimismo, por la campaña contra la liberalización burguesa que se inició aquel año y cuya conclusión era una de las principales demandas de los estudiantes, pues recordaba la Revolución Cultural y los tiempos represivos de Mao. La campaña fue leída por los intelectuales como una nueva operación contra el ya impostergable progreso. El progreso (salir del hambre, la pobreza, incorporarse al mundo moderno) fue nuevamente frenado, anatemizado.</p>
<p>Se habían ralentizado o paralizado las reformas económicas y políticas prometidas. La expectativa popular hacia el cambio se sentía traicionada al menos en una parte importante de la población urbana que sufría inflación y pobreza (mientras que el sector campesino gozaba de cierto auge económico).</p>
<p>En el libro hay pasajes donde Zhao se detiene a liberar de responsabilidad a Deng Xiaoping por el uso de la fuerza en Tiananmen. Sea cual fuere el móvil de esta conducta (miedo a que las grabaciones fueran destruidas, respeto ante la causa anticapitalista), se advierte que en Zhao habla un hombre fiel, que sacrifica mucho de sí por evitar que el caos se cierna sobre China. Si se acopiara su sentido de pertenencia y su fidelidad a Mao durante años y, por tanto, la ansiedad, la tensión y la culpa que esta educación sentimental le generaba; si todo ello se trasladase a una parte importante de la población, también se podría intuir por qué la muerte de Zhao en 2005 no tuvo más repercusión, transcurrió sin pasión y sin reproches.</p>
<p>El silencio que rodeó su muerte es relevante, además, porque en él colaboró el control que ejerce el Estado chino sobre la propaganda y el imaginario colectivo. El Gobierno apagó el hecho, y al hacerlo dejó su recordación en manos de quienes pudieran revivirlo. Quienes lo recordaron, ¿lo juzgaron y perdió interés para ellos? Quienes lo evocaron como un justo, ¿se sintieron solos o con miedo a las consecuencias represivas que les traería manifestar su adhesión públicamente? Tal silencio no deja de ser un acontecimiento. ¿Había ya lo necesario en China: cierto estado de bienestar, cierta prosperidad basada en el trabajo y el esfuerzo individual, aunque no fuese democrática, para que en las multitudes aquellas brazas de rebeldía se apagaran?</p>
<p>La mudez colectiva ante la muerte de Zhao hace pensar también que los chinos habían menospreciado al Partido Comunista tanto en lo político como en lo económico.</p>
<p>Volvamos al 19 de mayo de 1989. Zhao Ziyang, primer secretario del PCCh y una de las principales cabezas reformistas de esos años de euforia política y aceleración, se baja del auto y llega a donde acampan los estudiantes. Allí les ruega que se retiren a sus casas. Los estudiantes no obedecen, lo ignoran. Zhao está jugando su última carta, tratando de hacerle ver al PCCh que él tiene razón y que los jóvenes son manejables, pero termina llorando ante las cámaras de televisión que reportan para el mundo entero.</p>
<p>Por esos días unos embajadores de la Comunidad Económica Europea asistieron a una recepción oficial. La presidió un alto funcionario chino que había estado cerca de la toma de decisiones durante las protestas. Los extranjeros se mostraron curiosos por saber el motivo de la reticencia a reprimir las manifestaciones. Eugenio Bregolat, diplomático español allí presente, narra que el alto funcionario se mostró esquivo. En vez de responder, devolvía preguntas sobre cuál era la visión de sus colegas sobre el mismo asunto. ¿Evitaba dar información o buscaba acopiar información? Ya más en confianza, el funcionario contó que Zhao no había asistido a la reunión donde se decidió imponer la ley marcial sobre los estudiantes de Tiananmen porque “estaba enfermo”. Bregolat infirió que a Zhao lo habían despedido del cargo y sustituido por una coalición de facto donde Deng Xiaoping era la máxima autoridad. El viaje que Zhao hizo a Corea del Norte luego la reunión con los estudiantes, su llanto ante las cámaras, su presunta falta de potencia habían engendrado su caída en desgracia.</p>
<p>La actitud de Zhao Ziyang, mirada desde ambos bandos, exhibe la falta de resolución propia de un político de oficio, fiel a un aparato, a un ministerio. Revela a alguien que conoce el límite al que puede llegar sin que se tensen hasta reventar los hilos que le confieren poder. Límite tras el cual se es apenas un muñeco de trapo. No estuvo en sus manos desenredar la madeja, pues debía enfrentar fuerzas superiores a las suyas. A saber por su historial, había en él la convicción de que el país necesitaba una ruta nueva, liberal, pero no estaba bien dispuesto, o preparado, o interesado en ir por más.</p>
<p>En <em>Prisionero del Estado…</em>, Zhao insiste en que debe cesar el gobierno de los hombres para dar paso al gobierno de las leyes; en la necesidad de un Estado de derecho. Pero el modo en que regresa a él una y otra vez parece más un eslogan voluntarista, un mantra que era necesario repetir pacientemente para que, años después, retumbara de forma subliminal en el instinto de sus contemporáneos, a fin de que se abrieran a una economía no lastrada por lo político.</p>
<p>El fracaso de Zhao y Tiananmen 1989 hacen pensar que tanto esta figura como las protestas fueron el residuo de entropía necesario en todo proceso que implique revolucionar una estructura, un <em>statu quo</em>; el desprendimiento de calor generado luego que dos capas tectónicas con agendas y personalidad propias (la capitalista/liberal y la socialista/centralizada) se vieran las narices, dialogaran e intercambiaran energía.</p>
<p>Al leer a Zhao Ziyang también se tiene la impresión de que él, sobre todo, fue una invención de Deng, una pieza que el jefe supremo desplegaba en un juego de estrategia. Deng escuchaba, asentía, pero la función de Zhao en el tablero era jugar contra piezas de polaridad opuesta. Era fácil exponer el plan de Zhao entre copas un domingo; muy difícil, sin embargo, llevarlo a la práctica. En varios pasajes de su libro Zhao explica cómo Deng le desaprobaba medidas que habían acordado días antes con un apretón de manos. Deng, la cabeza del país, necesitaba apreciar vectores, tendencias enfrentadas que su imaginación no podía recrear, para tomar la mejor decisión.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>En la jornada del 11 de julio de 2021 un hecho emplazó a la revista <em>Alma Mater</em>. A pocos metros de su sede, en la esquina del hotel Saratoga, fue detenido Leonardo Romero Negrín, estudiante de Física en la Universidad de La Habana. Leonardo había sido notorio meses antes cuando en una inusual manifestación callejera sacó un cartel que decía “Socialismo Sí, Represión No” y terminó con una medida cautelar en su contra. La manifestación fue en la transitada calle Obispo y en solidaridad con el artista Luis Manuel Otero Alcántara, que se encontraba en huelga de hambre luego de que unos funcionarios orientados por la Seguridad del Estado entraran en su casa, robaran y destruyeran obras de su autoría. Protagonizada por unos pocos activistas, fue sofocada rápidamente por la policía. En el video que circula por las redes sociales no se distingue cuántas personas participaban; sí se notan varios agentes de las fuerzas de choque de la Seguridad del Estado.</p>
<p>Según contó Leonardo, el 11 de julio había salido a ver qué pasaba en las calles. Arrastraba un posible juicio por razones políticas, así que quería evitar más problemas. Su plan era mantenerse distante, no participar en las protestas, pero fue apresado al defender a un antiguo alumno suyo al que unos policías estaban pateando. Trató de cubrir al chico con su cuerpo y dos agentes de civil lo cargaron y condujeron a una estación. El momento en que suspenden a Leonardo en el aire y lo trasladan hacia alguna parte se perpetuó en una foto-símbolo que circuló en medios independientes. Su rostro, resumen del día, hace una mueca que describe su dolor físico tanto como la magnitud de su indignación.</p>
<p><em>Rara avis</em>, Leonardo salió libre una semana después y lo contó todo. La mayoría de los detenidos que fueron liberados prefirieron hacer silencio, sintieron la amenaza que por defecto ejerce un sistema sumamente articulado y centralizado como el cubano. Leonardo no calló, y el porqué acaso tenga relación con el cartel que había provocado la anterior detención policial.</p>
<p>Para él en particular, TENÍA SENTIDO HABLAR. <em>La Joven Cuba</em>, medio independiente de centro-izquierda que publica textos de opinión, transcribió y publicó un audio con su testimonio. Lo habían trasladado a varios lugares donde sufrió y presenció maltratos, palizas y vejaciones a los detenidos en las protestas. Fue lo primero en aparecer sobre lo sucedido puertas adentro en las instituciones represivas.</p>
<p>La denuncia hecha por Leonardo sobre su detención el 11 de julio no fue probablemente lo que comprometió a <em>Alma Mater </em>a dar una respuesta. Hubo un elemento de peso que colocó el deber de informar fuera de la propia revista. Ese elemento debía tener suficiente potencia para emplazar a todo el sistema de la prensa cubana, del cual <em>A. M.</em> era apenas un terminal.</p>
<p>En una de las estaciones por donde pasó, Leonardo vio a un fotógrafo de <em>Alma Mater </em>presenciar los atropellos que sufrían los detenidos. La conducta de las autoridades que describió Leonardo coincide con recreaciones de abusos policiales divulgadas en películas de ficción. Un oficial le dio un cabezazo en el tabique al estilo “policía duro” y lo dejó inconsciente. El estudiante reclamó en la entrevista que revisaran las cámaras de seguridad del Hotel Saratoga y sugirió que buscaran el testimonio de aquel fotógrafo. Quería que dieran fe de la franqueza de su testimonio, de que su arresto y los golpes que recibió fueron arbitrarios.</p>
<p><em>Alma Mater </em>existía más como medio estatal que como ente con identidad propia. Tenía, como el resto de la prensa oficial, suficientes credenciales de secretismo y sometimiento corporativo. Podían ignorar tranquilamente el emplazamiento de Leonardo. Los medios oficiales en Cuba resuelven cualquier conflicto ético con una suprameta: su fidelidad a la Revolución. En ese ámbito son “inmortales” y amorales. No corren el peligro de desaparecer por bancarrota financiera o de perder anunciantes por un escándalo. Ellos son el Estado, y el Estado los defiende como se defiende a sí mismo. Son coches de un tren de acero, madera prensada y aluminio que cambia su tripulación sin que ello implique una alteración del servicio. Cuando se presenta un escándalo la responsabilidad se pasa al colectivo, que es anónimo hasta convertirse en chivo expiatorio. Llegado ese momento, sale de las sombras gloriosas del colectivo el individuo falible, corrupto, y se le penaliza.</p>
<p>La denuncia de Leonardo le permitió una circunstancia periodística moralmente incontestable al equipo de <em>Alma Mater</em>: “ser”<em>. </em>Pero, como es propio de países totalitarios, <em>A. M.</em> era percibida como instancia vacía, deshabitada, despersonalizada. Esto es, que lo que esperaba la audiencia enterada de este reto no era una respuesta de <em>A. M.</em>, sino de todo el sistema de medios oficiales y al mismo tiempo del Estado, del Partido Comunista.</p>
<p>Como las expectativas son muy diversas, del mismo modo en que se presumía que el sistema respondería a través de su terminal <em>Alma Mater </em>(y la respuesta podría ser no responder, dar la espalda), también se esperaba que <em>A. M. </em>luchara por aprovechar el momentum que este cruce de hechos, desencadenado por el testimonio de Leonardo, propiciaba. Se esperaba de la revista que consiguiera una anomalía, un salto genético; que expandiera el alcance del periodismo oficial cubano. Una expectativa no infundada, porque el colectivo de jóvenes en plantilla había dado señales de no ser demasiado pasivo. ¿De qué manera usarían toda su artillería? Era un duelo interesante: la plantilla contra el censor, <em>Alma Mater </em>vs. <em>Alma Mater</em>.</p>
<p>Como era un medio altamente controlado y burocratizado, estuvo días, semanas preparando una respuesta. La demora comenzó a tomar sentido entre los que aguardaban el desenlace. Se sabía que la novia era díscola, y que si demoraba tanto en salir del cuarto de maquillaje era porque la sospecha del arrepentimiento, de que terminaría huyendo por la ventana, era cada vez más probable.</p>
<p>En su novela corta <em>El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde</em>, Robert Louis Stevenson describe cómo dos personalidades, la de un doctor respetable y amante de buenas costumbres y un misántropo lujurioso, luchan entre sí dentro de un mismo cuerpo. Henry Jekyll se toma una pócima que hace aflorar a la bestia que habita dentro de él: el señor Hyde. Finalmente muere el señor Hyde, pero ello significa que muere también el noble doctor Jekyll.</p>
<p>Esta historia recuerda al Periodista el texto que finalmente produjo <em>Alma Mater</em>. Su título, “Deudas”, apela al compromiso que hiciera la revista en redes sociales días después de publicado el testimonio de Leonardo: aclarar los hechos. Como promesa es ambigua: parece una mina moral colocada al  Departamento Ideológico del Partido para convencer al Ministerio del Interior de rendir cuentas a la sociedad. Desde el título mismo, el informe expresa un enfrentamiento interior, un pulso entre la personalidad censora, defensora de las buenas costumbres, y la rebelde y díscola juventud que quiso que el poder respondiera a través de uno de sus terminales: <em>Alma Mater</em>. Es como un trofeo de caza, cuyo peso solo puede valorar el equipo que lo consiguió, dadas las presiones que tuvo que soportar.</p>
<p>“Deudas” está firmado por tres autores. Si algo caracteriza a este texto es la cautela cuando da cuenta del proceder de los funcionarios del Ministerio del Interior implicados en las escenas de maltrato. En el siguiente fragmento se percibe que los redactores se permiten ser periodistas:</p>
<p>Leonardo llega a la estación. Entra caminando, al tiempo que lo sujetan del brazo: “Cuando atravieso el umbral de la puerta me trasladan a un patiecito, allí estaba un muchacho —que luego supe era periodista de <em>Alma Mater</em>— y ve cómo me lanzan al piso de un estrellón y entre cuatro me empiezan a caer a patadas. Me cubro la cara y me golpean en las costillas y en el antebrazo, diciéndome mercenario y otras cosas”.</p>
<p>Interrumpimos su narración para preguntarle si tiene marcas de los golpes que refiere, para fotografiarlos. Explica que no, que no las tiene, pues ya ha pasado una semana. Nos muestra el antebrazo izquierdo que exhibe una leve hinchazón.</p>
<p>Los redactores intentan encontrar algún elemento que confirme el testimonio. Es natural que en casos como este el buen periodista trate de saber si el entrevistado está exagerando. Leonardo solo muestra una “leve hinchazón”, pero en el texto no aparece la fotografía que pudieran haber hecho.</p>
<p>Otra parte del texto narra en boca de Leonardo cómo los detenidos de aquel día observaron que a los que presentaban heridas visibles o muestras de violencia no los liberaban hasta que no lucieran sanos. Si esta entrevista se realiza en la casa de Leonardo es porque fue liberado, y ello implica que ya no tiene marcas de violencia. Si el mismo texto explica por qué Leonardo no las tiene, ¿por qué dejan este fragmento de la entrevista? Una respuesta sería que los redactores quieren lucir periodistas inquisitorios, críticos, para de ese modo imprimir una apariencia de imparcialidad en el texto. Otra, que quieren poner en duda el testimonio del estudiante.</p>
<p>Leonardo alega haber recibido un cabezazo en la nariz. La Fiscalía, en su investigación, le mostró fotos de los policías de servicio aquel día y Leonardo identificó a uno como autor. El agente negó la agresión y expuso que solo requirió a Leonardo verbalmente cuando se cruzaron en la puerta. “Los demás testigos manifestantes entrevistados declararon no haber presenciado el hecho. Por lo tanto, aun y cuando el examen médico reconoció la existencia de la lesión, la investigación no comprobó el hecho. Las pruebas no arrojaron que fuera ese oficial”, concluyen los redactores.</p>
<p>Cuando el texto menciona la “investigación” no se refiere a las indagaciones de los tres periodistas, sino al informe que emitió la Fiscalía. Para un lector crítico, el valor periodístico de este párrafo es dudoso pues quien lo emite es el Estado.</p>
<p>Los periodistas de <em>Alma Mater </em>no cuestionan ni comprueban la investigación de la Fiscalía. Ante Leonardo pueden ser o parecer periodistas con vocación, pero ante la Fiscalía son voceros. El ejercicio crítico de su oficio estaría cuestionando algo más general: la justeza de la Revolución. La Fiscalía General de la República de Cuba es en última instancia un doctor Jekyll consciente de que si acusa, encarcela o mata al señor Hyde, estaría extinguiéndose a sí mismo: Pero <em>A. M.</em> es también esa Fiscalía, está cosida a ella.</p>
<p>El trabajo no plantea dudas, pero tampoco fidelidad. Para ello habría que estar expuesto. Ser fiel implica luchar contra zonas críticas de uno mismo y a veces se consigue la victoria con trucos banales. Ulises se amarra al mástil del barco para cuando escuche el canto de las sirenas no nadar hasta ellas; su misión es regresar a Ítaca, y es fiel a eso. Pero no estamos ante un texto que muestre la superación de dudas hacia el testimonio del Estado/Fiscalía, o la duda como figura intelectual. Al leerlo vemos cierto principio o vocación de anulación crítica.</p>
<p>Para un individuo que acata el discurso del poder sin cuestionarlo un ápice, es “natural” que los redactores no interroguen en absoluto las conclusiones de la Fiscalía. Para el nicho de lectores a los que convencen, las conclusiones que emita cualquier terminal del Estado, incluyendo <em>Alma Mater</em>, son infalibles. Tal eficacia se basa, sobre todo, en una educación que se hace verosímil en la costumbre. Pero esto acontece justo en un momento del devenir del país con mucha actividad crítica (lo que se percibe en la serie de entrevistas que publicó <em>A. M.</em>), así que más parece un celofán para ocultar lo que en realidad sucede. Ese ocultamiento es eficiente solo en cuanto que la convivencia voluntaria con una mentira despeja el sentimiento de ser ingenuo o de haber sido engañado.</p>
<p>“Deudas” está escrito en el tono que impone la Fiscalía. Los fragmentos que corresponden al informe de la institución irradian a todo el texto. Poseen el estilo entre cordial y afable de una autoridad, en este caso, con hábito de no rendir cuentas por sus decisiones e infidelidades. Tanto aquí como en las “Cinco claves…” se podría recrear, entre líneas, una contienda sentimental similar a la que debieron atravesar, en China, no solo Hu Shuli como periodista, sino Hu Yaobang y Zhao Ziyang como políticos.</p>
<p>Si bien en las sociedades capitalistas occidentales se estimula el apetito y el consumo a través de la seducción y la diversidad de productos cada vez más específicos, la carencia de seducción en el comunismo no implica que el apetito desaparezca. En sociedades altamente reguladas como Cuba en 2021 o la China de fines de los ochenta, los periodistas estaban seducidos por las ansias de crear y ser pioneros. Eran mujeres y hombres inclinados a desanudar las contradicciones que generaba un cambio de mentalidad. Reclamaban libertad política, económica y el tránsito estructural hacia un bienestar sostenible. A estas pulsiones creativas se les oponían el talento y la imaginación conservadora promovidos por el Partido Comunista, el cual esperaba una anulación del instinto autónomo que retoñaba en una época que esperaba superar los errores y humillantes fracasos del pasado.</p>
<p>¿Quién estaba al frente de la revista <em>Alma Mater </em>durante aquellas semanas? Armando Franco Senén, de 28 años. El chico llevaba unos dieciocho meses en el cargo. Según la norma, era demasiado joven para asumir un puesto como ese. Sus amigos cercanos lo caracterizan como un gato que cae siempre de pie, un sujeto al que el poder atrae. Durante todo el preuniversitario y la universidad ocupó altos cargos como dirigente de la juventud comunista en sus centros docentes. Lo evocan como lleno de ambiciones, como líder nato. ¿Cuánto habría de Hu Shuli en él?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La primera parte de este ensayo se titula “Para la prensa cubana, Hu Shuli es una pregunta y una respuesta” y puede leerse <a href="https://periodismodebarrio.org/2022/05/para-la-prensa-cubana-hu-shuli-es-una-pregunta-y-una-respuesta/">aquí</a>.</em></p>
<p><em>La tercera parte de este ensayo se titula «Armando Franco y Hu Shuli, dos posibilidades» y puede leerse <a href="https://periodismodebarrio.org/2023/11/armando-franco-y-hu-shuli-dos-posibilidades/">aquí</a>.</em></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2023/08/hu-shuli-en-china-alma-mater-en-cuba/">Hu Shuli en China: ¿Alma Mater en Cuba?</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2023/08/hu-shuli-en-china-alma-mater-en-cuba/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Una isla inhóspita para la niñez</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2022/08/una-isla-inhospita-para-la-ninez/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2022/08/una-isla-inhospita-para-la-ninez/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Aug 2022 11:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidades vulnerables]]></category>
		<category><![CDATA[comunidades vulnerables]]></category>
		<category><![CDATA[cuidados]]></category>
		<category><![CDATA[infancia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=11892</guid>

					<description><![CDATA[<p>Retos y desesperanzas de madres, padres y cuidadores de niños y niñas en Cuba. Historias sobre un presente árido y un futuro que muchas familias no logran divisar. </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2022/08/una-isla-inhospita-para-la-ninez/">Una isla inhóspita para la niñez</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Las intervenciones por Facebook Live de Amelia Calzadilla, una mujer de 30 años, traductora, guía turística, graduada de la Universidad de La Habana y con tres hijos, han colocado en primera fila las dificultades que enfrenta la mayoría de las personas que en Cuba tienen niños a su cargo. En la primera directa, Amelia luce desesperada porque le llegó una cuenta de electricidad muy alta, su salario íntegro. Según declara, no tiene acceso al gas manufacturado para la cocción de sus alimentos, y eso hace que la crianza de sus tres hijos se vuelva un problema matemático insoluble. No puede gastar dinero en comida, ni en zapatos, ni en ropa para ellos; sobrevive gracia a la ayuda de familiares en el extranjero, una circunstancia que percibe como indigna.</p>
<p>El video se hizo viral, otras madres y padres se identificaron, la llamaron valiente; un meme la homologó con Mariana Grajales, quien es, según la historia cubana, símbolo de todas las madres, ayudó en la lucha contra el colonialismo español y estuvo dispuesta a enviar a sus hijos a morir a la guerra. El vínculo con una heroína no es gratuito, está a tono con el miedo popular y la naturaleza represiva del Estado cubano. La llaman valiente porque debido a una directa como la suya pudo haber afrontado cargos por desacato, incitación a la violencia, etc. El Partido Comunista no tolera cuestionamientos ni críticas que emplacen su imagen, cree que incitan a una rebelión social; pero quedarse callados, tener que travestir o reprimir la opinión propia es otra dificultad que genera la necesidad de estallar en redes sociales.</p>
<p>Esta realidad no solo condiciona la vida de madres, padres y abuelos, también se expresa en los niños, aunque probablemente estos crezcan creyendo que es normal e indispensable como el aire que respiran. Los adultos no son niños, saben que existen soluciones y un sinnúmero de obstrucciones a sus necesidades y potencialidades creativas, creen que esta crisis se debe a una mala gestión del gobernante, y su impotencia crece al ver cómo el fracaso se oculta tras un velo de triunfalismo, propaganda nacionalista, argumentos que señalan el embargo económico de Estados Unidos contra Cuba como principal responsable de las carencias.</p>
<p>Muchas personas que ejercen hoy la función de cuidadores de niños se enfrentan diariamente a  duras interrogantes: ¿Cómo alimentar, educar, curar, salvar a sus hijos o nietos? ¿Qué futuro les espera en su país? Madres y padres de cuatro provincias del país respondieron a las preguntas de <em>Periodismo de Barrio</em>. Lo que sigue son sus historias.</p>
<h4>Yaíma*: El Estado, ese salario que no alcanza</h4>
<p>(Sancti Spíritus)</p>
<p>Vamos a partir de que para criar a dos niños aquí en Cuba, el primer problema es el salario. Yo soy licenciada en Educación y máster en Desarrollo Cultural Comunitario y gano 5 875 pesos porque tengo un cargo, y eso no me es suficiente para comprar la comida, las meriendas, la ropa, los zapatos y todas las cosas que los niños necesitan.</p>
<p>El salario no alcanza por lo siguiente: el Estado no vende, ni a sus precios ni a ningún otro precio, las cosas que hacen falta. El Estado les da a los niños una bola de pan diaria. Si los niños se la comen en el desayuno, no tengo pan para la merienda de la escuela. Suponiendo que todos los adultos de la casa se queden sin comer pan —somos cuatro en mi casa— tampoco alcanza, porque si los niños desayunan dos y les mando para la merienda de la escuela (mañana y tarde), cuando vengan tampoco tienen para merendar. Entonces, todas las demás personas de la casa no comieron pan.</p>
<p>En las panaderías especializadas de Sancti Spíritus no hay quien compre pan ya, porque es muy poquito y las colas son interminables, y yo no tengo tiempo por el trabajo y lo demás. Lo otro es comprárselo a los particulares a unos precios exorbitantes, unas jabitas con diez bolitas de pan chiquiticas a 60 pesos. Si tienes dos niños y lo tienes que hacer diario, por supuesto que el salario no te alcanza, todo se va nada más en merienda.</p>
<p>El desayuno: el Estado te vende para los niños de hasta siete años un litro de leche un día sí y uno no, y entre siete y 14 años, un litro de yogur. Si le das leche por la mañana —el vasito de “agua de leche” esa, que viene aguada porque es a granel—, por la noche no puedes darle para que te alcance para el otro día. Entonces ese niño puede tomar leche, pero el otro no; si al otro lo que le dan es yogur, y no le gusta ese yogur, no tiene con qué desayunar. Tienes que comprar el litro de leche en la calle. El litro de leche está a lo que te lo quieran vender: 20, 30, 40, 50 pesos. Por supuesto que con mi salario no puedo comprar un galón de leche a la semana para ellos, ni para hacerles un batido, ni un dulce, ni para darles un chocolate caliente cuando tengan frío, ni cuando tengan un problema del estómago, ni nada.</p>
<p>¿Plato fuerte? El MLC está a 118 o 119 pesos en la calle, por supuesto que no te alcanza para comprar un paquete de pollo, de pechuga, o un pedazo de jamón, o lo que sea de plato fuerte en las tiendas MLC. Entonces, ¿qué tienes para darles? Los frijoles están a 60 pesos, el arroz está a 30 pesos, las viandas están carísimas, la ensalada… Todo tienes que comprarlo por fuera: un picadillo por aquí, una masa de una hamburguesa que te encontraste por allá, pa’ ir tirando.</p>
<p>Ahora vamos a hablar de los medicamentos. No se te puede enfermar un niño, ¿oíste?, no le puede dar amigdalitis ni nada que lleve un antibiótico, porque a la farmacia no están entrando los medicamentos. A mí se me enfermó un niño hace poco y tuve que dar 700 pesos por dos tratamientos de Azitromicina. ¿Y si se me enferman los dos? ¿Y si tengo que comprar dos tratamientos de Azitromicina, o dos de Amoxicilina, y así sucesivamente? Eso suponiendo que sean niños sanos como los míos, que les da una amigdalitis o un catarro una vez cada seis meses. Los niños enfermizos, que llevan constantemente antihistamínicos, esteroides, no sé qué estarán haciendo los padres.</p>
<p>Ahora los gustos. Los niños no pueden tener gustos, no se pueden comer unas galleticas, un peter de chocolate, un chupa chupa, ninguna de esas cosas, porque el Estado no las vende. Únicamente en MLC. Pero en MLC tampoco hay, es cuando sacan, la matazón, la cola… ¿Dónde tienes que comprarlas? En los particulares, donde un chupa chupa te cuesta 60 pesos, un paquete de galleticas 60, 70, 80, 100 pesos, en dependencia del tipo.</p>
<p>Eso es sin contar actividades o cosas en la escuela, como el Día del Pionero, la fiesta de fin de curso, que siempre tienes que llevar algo para hacer un brindis, o dar dinero. Y tienes que resolver ese problema porque el hijo tuyo no puede ser el único que se va a aparecer ahí sin llevar una cosita. Entonces son dos, en dos aulas, volviéndote loca, a ver de dónde sacas algo porque tú en la casa no tienes nada.</p>
<h4>Alexis Molina: “Mi hijo seguirá con los juguetes plásticos que yo le invento”</h4>
<p>(Santa Cruz del Norte, Mayabeque)</p>
<p>Uno pasa mil trabajos para criar a un niño en este país, en especial porque mi hijo es complejo para comer, tiene el estómago muy sensible. Mi suegra hace las colas porque donde yo vivo no me entero de nada. La comida es un lío para encontrarla, se inventa en la casa con lo que hay, priorizándolo a él, como es lógico, aunque no tengamos para comer nosotros. Frutas no hay. Si acaso aparece una guayaba.</p>
<p>La ropa es otro problema. Hace meses que no le compro ropa a mi hijo. Él se viste ahora mismo con unos jueguitos que le compraron mis padres y unos regalos que le trajo mi padre biológico cuando vino de Estados Unidos. Lo demás es ropa vieja que todavía le sirve. Zapatos no tiene. Le regalaron algunos que están viejos, usados, pero tengo que lavárselos a ver si le sirven. Mientras tanto, para ir al “cuido” o a la casa de su abuela seguirá descalzo, porque cuestan una millonada.</p>
<p>Juguetes no le compro hace rato. Normalmente se los invento con potes y objetos de plástico. Ojalá pudiera comprarle juguetes didácticos, pero están muy caros. Por lo demás, acá no hay a dónde llevarlo para que juegue. En el pueblo hay un parque, y tal vez cuando esté más grande pueda ir a montar al menos el columpio. Mientras no camine, mi hijo seguirá con los juguetes plásticos que yo le invento.</p>
<div id="attachment_11898" style="width: 1930px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11898" class="size-full wp-image-11898" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3.jpg" alt="" width="1920" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3-1000x563.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3-768x432.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3-1536x864.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3-810x456.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-3-1140x641.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-11898" class="wp-caption-text">«Uno pasa mil trabajos para criar a un niño en este país» (Ilustración: EMII).</p></div>
<h4>Alberto*: Sin un futuro que legar</h4>
<p>(Santiago de Cuba)</p>
<p>—Al chiquitico mío le encanta la leche. No se le puede comprar 1 kg porque cuesta mil pesos. Hay que estar comprando frutas porque todo está caro. ¡¿Te imaginas un muchacho que toma un jarro de leche diario?! Se me va la vida. No alcanza.</p>
<p>—¿Cuánto ganas al mes?</p>
<p>—Tres mil pesos. Hasta cuatro mil. Pero eso se me va en tres días. Y sin comprar carne. En cualquier bobería. Una libra de mortadella a 180 o 200 pesos, como les dé la gana. El país no les importa para nada. Ellos son los que tienen los recursos. Nada más hay que verle la cara a la [Beatriz] Johnson [gobernadora de Santiago de Cuba]. Ella no habla, ella manda a la gente a hablar, “a ver, dime tú”; no es como Fidel, que Fidel tenía conocimiento de todo.</p>
<p>—¿Cuántas veces a la semana ustedes comen carne?</p>
<p>—Una vez a la semana. Y tienes que hacer como los chinos, ligarlo con cualquier cosa que aparezca y picarlo en pedacitos chiquitos. Y lo mejor para los niños, que son tres. Los grandes deben conformarse con arroz y frijoles, papas fritas; hay que inventar. No se puede comer tres veces a la semana, que debía ser lo correcto, pero imagínate que la carne está a 220 la libra. Una carne al corte y con hueso. Cuando tú la cocinas se reduce, que si los precios se hubiesen mantenido como estaban antes…</p>
<p>—¿Has tenido problemas para conseguir medicinas para los niños?</p>
<p>—Claro. Los antibióticos están perdidos, sin embargo los merolicos los tienen, carísimos. Aquí han traído los blísteres de Amoxicilina a 250 pesos. ¿Cuánto vale una Dipirona en la calle?, 20 pesos. ¿Quién tiene la culpa de eso? El Estado, pues es quien la fabrica. No buscan el mecanismo para aliviarnos. Los dirigentes están haciendo dinero. Esta situación les sirve a quienes tienen dinero y a los que manejan recursos. Y le sirve también a la gente que tiene familia en el extranjero. Ellos son los que van a las tiendas en MLC, compran las cosas y luego van a revendértelas al precio que les dé la gana. Díaz-Canel dijo que en las [antiguas] tiendas en CUC no iba a faltar nada. Ni el aceite ni nada iba a faltar. Entonces estamos echando mentira, mi hermano.</p>
<p>—También han tenido problemas con el aseo…</p>
<p>—No sé qué es lo que ha pasado, a mí no me faltaba el jabón. En vez de darte, te quitan. Ahora están dando un jabón por persona. Yo quisiera saber si a ellos les alcanza el jabón ese para el mes entero, si un tubo de pasta de dientes les alcanza para tres meses. Si un paquete de sal les alcanza para tres meses. No hay sal, y estamos rodeados de mar. Yo le pongo un pescado a mi hijo chiquito en la mesa y no se lo come porque no sabe lo que es.</p>
<p>—¿Eso ha pasado?</p>
<p>—Claro que ha pasado. No comen cosas porque no tienen la posibilidad de conocerlas. En el tiempo de la URSS había de todo: calamar, pescados. ¿Dónde está todo eso? ¿Qué pasó con eso? Si te pones a analizar son cosas pequeñas en un país. La alimentación es una cosa básica en un país. Viven de la teta de todo el mundo: de Venezuela, del otro y del otro, y del bloqueo. Hace falta que les quiten el bloqueo. Ya la gente sabe la mentira de este país. Nunca se han dedicado a hacer prosperar al país, sino a robar con palabras lindas, “viva la revolución”, “hasta la victoria siempre”, y ¿entonces? El pueblo cubano lo único que ha hecho es resistir. Porque hablando no se gana, no se produce, hay que trabajar. Esto tiene que cambiar porque la situación está muy difícil. Y los niños la están sufriendo.</p>
<p>—¿Consideras que esta crisis donde más impacta es en tus hijos?</p>
<p>—Por supuesto, yo no sé desde cuándo no le compro un juguete a mi hijo. No vamos a hablar de una cosita plástica que sacaron de un molde feo. Te hablo de un juguete. El que tuve cuando estaban los soviéticos apoyando a Cuba y había juguetes de todo tipo. Cuando mi hijo estaba en el círculo infantil, pasábamos por la tienda, había allí una pizarra plástica y él quería que yo se la comprara. En aquel tiempo el CUC costaba 25 pesos. Yo le decía, “mijo, no te puedo comprar eso, vale 163 CUC. Te mando a hacer una de madera, más duradera, es mejor, y barata”. Pero él quería esa, y eso da dolor, ¿oíste? En mi tiempo yo tuve corre-calles, pistolitas…</p>
<p>—¿Cómo estás vistiendo a los niños?</p>
<p>—Con sacrificio. Hace poco les compré unos pantalones que me costaron cinco mil pesos. Y eso porque fueron amistades.</p>
<p>—Y si tú ganas tres mil pesos al mes, ¿cómo pudiste comprar esos pantalones?</p>
<p>—Inventando, como todos los cubanos. Compras una cosita aquí y la vendes por allá. Haciendo negocitos, “resistiendo con creatividad”, como dice Díaz-Canel. Esas son las ideas que maneja Canel: que el pueblo se vuelva ladrón, que se vuelva merolico. Hasta los médicos aquí son merolicos. Este país ha caído en la vergüenza. ¿Qué futuro tú tienes como padre para dejar en herencia a tus hijos? Aquí nada es tuyo. En esos países desde los 17 años ya los hijos están viviendo solos, alquilados. Aquí no. Es todo el tiempo machacando al pueblo. Si la gente hiciera lo que decía Fidel ya hubieran acabado con esta gente en el poder. Él decía que cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla. Pero esta gente en el poder no tiembla, el pueblo tiene que tirarse a la calle.</p>
<p>—¿Y por qué tú crees que la gente no se tira a la calle?</p>
<p>—Porque tienen miedo por sus hijos. Miedo no sé a qué. Porque ellos no pueden contra un país completo.</p>
<h4>Marta María Ramírez: “Las garantías de vida que tengo son precarias”</h4>
<p>(La Habana)</p>
<p>Mi pregunta como comunicadora feminista es: ¿Qué es lo que hace que esta <a href="https://fb.watch/dFxiFwN4KK" target="_blank" rel="noopener">protesta de Amelia Calzadilla</a> sea viral y no otras que han hecho otras mujeres anteriormente? Pienso que el que Amelia haya hecho la directa al límite cuenta mucho. La sociedad necesita ver que ya no podemos más, que estamos al borde, profiriendo insultos, diciendo que nos lleven presas. Necesita vernos perder la cabeza.</p>
<p>Otra cosa que noto muy presente, a raíz del juicio de Johnny Depp contra Amber Heard y después del show mediático del divorcio de Shakira y Piqué, es esa idea de la “mala víctima”. En este sentido, la <a href="https://www.cubadebate.cu/opinion/2022/06/11/nuestra-determinacion-tiene-que-ser-ahora-y-siempre-que-saldremos-adelante-nunca-nos-rendiremos/" target="_blank" rel="noopener">nota de Cubadebate</a> es de las cosas más oprobiosas que he leído en medios oficiales. Me llama la atención cómo hay que ser un tipo de víctima para que seamos creíbles, o sea, las mujeres tenemos que lucir destruidas, desarregladas. Según esta lógica, solo las personas con una pobreza estructural tienen derecho legítimo a protestar.</p>
<p>Para mí ha sido muy difícil maternar en Cuba. Conseguir comida saludable para una criatura es casi imposible. Yo llevo una vida bastante frugal, por tanto, Nina aprende de mí este estilo de vida austero. No puedo proveerla de mucho más de todos modos, aunque me considero una persona privilegiada por tener amistades que me ayudan mucho. Yo invierto hasta 48 horas a la semana solamente en buscar comida. Todo lo demás me lleva prácticamente el resto del tiempo. Es una situación bastante precaria, sobre todo porque el periodismo independiente, labor que realizo, se encuentra absolutamente criminalizado, y más aún lo estará cuando entre en vigor el nuevo Código Penal. Por lo tanto, las garantías de vida que tengo son precarias.</p>
<p>Los medicamentos, inexistentes en la farmacia y solo adquiribles en el mercado negro a muy altos precios, se suman a esta imposibilidad de llevar una vida más o menos digna, como bien dijo Amelia en su directa. Según los estándares actuales, una vida digna implica tener cubiertas necesidades básicas de alimentación, educación, vivienda, salud, pero también cuentan las vacaciones u otro tipo de prestaciones que deben estar garantizadas por el Estado, incluso para las personas que trabajan en el universo privado. Yo no me puedo permitir salir de vacaciones, a pesar de mis privilegios.</p>
<p>Por otro lado, siguiendo la ruta trazada por Amelia en su directa, la situación no parece tener una solución inmediata, ni siquiera a largo plazo, porque no hay políticas públicas que sustenten ese cambio. Ahora mismo estamos viendo cómo a ella le han cortado la Internet, la han ido a visitar militantes del Partido Comunista para cuestionarla, quienes funcionan, obviamente, como agentes del Estado, y es una respuesta clásica ante el disenso en Cuba. Al final, el Gobierno cubano es una fábrica de disidentes, porque lo que logran es radicalizar a la gente.</p>
<p>Pero Amelia no está sola. Hay miles de madres que se encuentran en su misma situación y he podido participar en grupos digitales y otros espacios donde se debaten las mismas cuestiones que ella visibilizó en su directa. Esto tiene un costo altísimo a nivel social para el país, algo que el Gobierno no está evaluando porque en estos momentos solo están gobernando para mantener el control. Hay mujeres que se están quedando sin comer para poder alimentar a sus hijos y ancianos. Incluso a los hombres, porque son “los que trabajan duro”, según he podido leer en estos grupos. Ese mismo saldo sociológico ocurrió en los noventa, por eso hoy vemos una generación con altas cuotas de egoísmo, precisamente porque sus padres se quitaban la comida para dársela a sus hijos. También estamos observando la proliferación de enfermedades provocadas por la mala alimentación de aquellos años. Pero no existe una proyección por parte de la dirección del país hacia estas realidades.</p>
<p>Lo que opera en Cuba es un patriarcado acrítico. Luego de 63 años creo que su gestión no ha sido buena. Han tenido seis décadas para hacer algo. Y no me funciona, aun dentro de mis privilegios, aun siendo una “mala víctima”, que el bloqueo sea el único responsable de la pésima gestión de vida que está llevando el pueblo. Yo, como Amelia, también quiero que se acabe. Yo también quiero que se vayan ellos.</p>
<h4>Neyis*: “Regresar con las manos vacías”</h4>
<p>(Baire, Santiago de Cuba)</p>
<p>Yo tengo dos niñas, de siete y cinco años. La alimentación que les puedo dar es bastante básica teniendo en cuenta las pocas cosas que el cubano de a pie puede conseguir: unas libras de arroz, azúcar, frijoles negros o chícharos que vende el Gobierno mediante la libreta de abastecimiento. Ya a mediados de mes todos esos productos se terminaron. La compota, que no siempre tiene buena calidad, a los niños se la quitan a los tres años, cuando más falta les hace. La leche a los siete años, que tampoco es suficiente. Para la merienda de la escuela, que es dos veces al día, hay que hacer malabares. Muchas veces camino todo el pueblo buscándola, para regresar con las manos vacías. Es muy duro también cuando mis hijas se acuestan a dormir con hambre porque la leche o el yogur que quedan son para que desayunen.</p>
<p>Alrededor de los días 15 de cada mes hay que salir a conseguir, a sobreprecio en el mercado negro, los alimentos necesarios para mis hijas, a riesgo de que la policía nos atrape y nos sancione. Por supuesto, mi salario de abogada, 4 610 pesos, no me alcanza ni para empezar. Mi pareja de hecho y padre de mis hijas es vendedor en ese mercado negro. Al menos sabe dónde buscar los productos que necesitamos. Él no está de acuerdo con el Gobierno, dice que no le va a trabajar, por tanto, no tiene salario fijo, depende de lo que pueda conseguir.</p>
<p>Vestir y calzar a dos niñas hoy es una odisea, porque las tiendas estatales no venden nada o, por el contrario, la ropa que ofertan no tiene calidad. Todo hay que comprarlo a los particulares que viajan y traen para revender a precios exorbitantes. Las monedas extranjeras sobrepasan por mucho nuestra moneda, por tanto, en este momento mis hijas están usando unas chancletas, por ejemplo, que costaron 1 100 pesos cada par. Gracias a un tío mío que cumple misión internacionalista, mis hijas tienen algo de ropa interior, zapatos y mochila para la escuela.</p>
<p>En el círculo infantil nunca me han pedido dinero como tal, aunque sí piden materiales reciclables para confeccionar juguetes, por ejemplo. En la escuela tampoco me lo piden, pero el gasto que hay que hacer en materiales escolares debido al déficit que tiene el sistema educativo es tan grande que ya se le equipara. Incluso los libros hay que imprimirlos por cuenta propia, porque los que les dan vienen con errores o les faltan páginas. Intento fomentarles el hábito de la lectura cada día. Les leo muchas historias de fantasía para que ellas mantengan viva la imaginación. Normalmente descargo los libros de Internet, porque en las librerías la sección infantil es escasa, al menos en el pueblo donde vivimos. Juguetes hace mucho no les compro. Cualquier bobería cuesta más de 1000 pesos. Es una realidad muy triste.</p>
<div id="attachment_11896" style="width: 1930px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11896" class="size-full wp-image-11896" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2.jpg" alt="" width="1920" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2-1000x563.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2-768x432.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2-1536x864.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2-810x456.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/08/Web-2-1140x641.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-11896" class="wp-caption-text">«Vestir y calzar a dos niñas hoy es una odisea» (Ilustración: EMII).</p></div>
<h4>Carlos Melián: Ningún niño que llora por hambre, enfermedad o hastío es consumista</h4>
<p>(Santiago de Cuba)</p>
<p>A cada rato recuerdo el dibujo animado de Juan Padrón que hablaba mal del tirano Fulgencio Batista y cómo los funcionarios corruptos metían mano a las finanzas de la merienda o el desayuno escolar. Yo me preguntaba: ¿cómo algo tan pequeño, la merienda escolar, podría volverse un tema de alta corrupción? Pues siendo padre descubrí de qué se habla cuando decimos merienda. Para un niño una merienda es recreación. Para un padre es nutrición, sanidad. ¿Qué significa para un padre que su hijo se vaya todos los días a la escuela con un “jugo” de agua de azúcar?</p>
<p>Veamos el océano a través del pez. Para mí el tema de garantizarles la merienda a mis dos hijos (mi hija de 12 años y mi hijo de dos) fue un problema mayúsculo hasta hace unas semanas. El más pequeño ya no necesita merienda porque le tocó un círculo infantil al parecer abastecido. Mi hija está en la secundaria y come en la casa. El problema desapareció de momento, pero que se haya solucionado para mí no significa que esté solucionado para una cantidad importante de madres y padres trabajadores, madres solteras, personas de bajísimos ingresos. O sea, que uno esté sano, sin sufrir enfermedades, no significa que no haya personas en hospitales y sin medicinas curándose solas.</p>
<p>Lo que más me atormentaba de la merienda de mis hijos era el jugo. Me angustiaba todo el día, no había de dónde sacarlo. Pero era un problema tan pequeño que su pequeñez me hacía lucir ante mí mismo como un inútil, como un fracaso de padre. Alguna decisión se tomó mal para que un gran conflicto sea no poder garantizar el jugo a mis hijos para su merienda. No era falta de dinero, sino falta de productos en los comercios. Santiago de Cuba no es como La Habana, aquí las frutas se pierden. Cuando viajo a La Habana veo un paraíso, tanto de frutas como de productos de minindustrias, que me hace suspirar. Mermeladas de mango, de guayaba. Carísimas, pero las hay. En Santiago eso no existe. Durante el verano aparecen en abundancia, pero luego se esfuman. Buena parte del año no había mermeladas ni siquiera en las tiendas MLC. Y cuando las había eran carísimas. En algún momento llegué a comprar cinco paquetes de jugo de tamarindo solo para sentir alivio mental y ser útil como padre. Si uno trata de explicar por qué estalla y se pone en situación de riesgo político por una directa en Facebook, es porque estas situaciones de carencia extrema crean cierto malestar, cierta situación de impotencia y vida indigna.</p>
<p>Años antes había comprado un <em>f</em><em>reezer</em> solo para garantizar la merienda de mis pequeños. Como en mi casa hay árboles frutales, lo que necesitaba era un equipo para congelarlas durante todo el año. Llené el <em>freezer</em> de mangos, en compota y cortados en lascas; también puse zapote [mamey] y tamarindo. No dio abasto. Se trata de jugos para todo el año. Así que estaba atento siempre a si en algún mostrador de tienda colocaban alguna mermelada. En los últimos tiempos descubrí las guayabas y me ponía feliz si encontraba a alguien en la calle vendiéndolas. En mi patio había guayabas, pero las matas se secaron. Parece que una plaga no me las deja crecer. Entonces, veía guayabas y compraba 20 libras, las congelaba y las iba batiendo para los muchachos.</p>
<p>Pronto no tendremos ya ese beneficio, pues el Gobierno expropiará el lugar donde vivimos para construir la línea de un tren, y nos lanzará al sitio que determine, seguramente sin derecho a reclamación. Sin árboles frutales, que tardan años en afincarse. En algunos meses la opción de almacenar las frutas de mi patio será cero y nuestras vidas cambiarán, tanto en lo afectivo, por el amor a esos árboles, como en lo alimenticio. Habrá menos vitaminas para nosotros, tendremos que olvidarnos de algunas de las frutas que hemos comido durante años. El gasto económico será grande. Y ya no solo para nosotros, sino para toda la comunidad que comía de nuestros árboles. No hay ninguna señal que me diga que seremos expropiados de una forma justa.</p>
<p>Otro de los factores que nos angustian como padres es la carencia de transporte público. Las horas pico se traducen en horas de espera en algún punto de transportación. Los ómnibus no llegan, son informales. Los ves subir y nunca bajar, hasta que un vecino de la localidad pasa y trae una información rara: “oigan, el chofer se fue a la base de ómnibus porque se le rompió tal cosa”, o “se quedó sin combustible”. Los niños de uno sufren eso, tienen que plegarse a estos hechos que pudieras evitar si vivieras en un lugar con dirigentes empáticos, que resuelvan el modelo económico causante de este estado de precariedad constante. Mi hijo llora mucho en las paradas, quiere escapar de ahí, se desespera. Mi hijo es un ser humano aún sin ideología, no es un consumista sino un niño que encuentra absurdo estar en una parada durante horas. ¿Cómo le explico que no es culpa mía, o que es culpa del bloqueo yanqui? Y si le explico esto último y se lo cree, ¿qué clase de ser humano servil será a partir de ese momento? ¿Todo su fracaso estará amarrado a una fuerza mayor llamada bloqueo? Es absurdo. Su desarrollo como ser humano estaría a expensas de la buena voluntad del próximo presidente de los Estados Unidos. Esto es obsceno, un nuevo tipo de vasallaje. Mi hijo no tendrá esa educación, me niego a eso. Algo en mí siente que su llanto en la parada es el más justo de los llantos. Mi hijo es el único que tiene razón, es el más opositor de los opositores.</p>
<p>¿Cómo no he podido ser, como padre, capaz de sacar a mi familia de un entorno así, que reincide en sus políticas, persigue a quienes tratan de advertirle al poder que van por mal camino y que están lanzando a la sociedad a un futuro cada vez más adverso? ¿Cómo sacarlos de aquí? Ya no deseo vivir en este país. Creo que debe haber una solución para personas que no desean ya vivir bajo un proyecto social que no solo no-los-representa, sino que los aplasta, los condena económica y políticamente a desaparecer como seres sensibles, o seres con libre capacidad de pensar y desear. No quiero eso para mi hija, que tiene un potencial impresionante, ni para mi hijo, que llora con razón cuando tiene hambre o hastío.</p>
<h4>Nelly Díaz: “Mi situación es real”</h4>
<p>(Santiago de Cuba)</p>
<p>—Yo tengo un acortamiento congénito de cuatro centímetros en una pierna con respecto a la otra. Es la pierna derecha, e incluye fémur, tibia y peroné, y también el pie. Eso me ha producido una escoliosis. Estoy operada de una luxación bilateral de cadera. Esa operación fue a los ocho meses. Me pusieron alargadores con fijadores externos. En estos momentos tengo una lámina de metal en la rodilla con seis tornillos; me los colocaron a los 18 años y no me los he quitado. Todo eso me impide desplazarme caminando un buen tramo.</p>
<p>—¿Qué dificultades enfrentas como madre?</p>
<p>—Imagínate que a mi beba le dio una parálisis cerebral al nacer y nadie me lo dijo. Nadie se dio cuenta. Al cabo de los nueve meses me di cuenta yo de que no era normal que a mi hija no le diera por pararse ni sentarse ni nada. Presionando a los médicos la mandan con la neuróloga y al año le dictaminan la parálisis cerebral. Ahora, a un año y cinco meses de eso, yo no he podido aún comenzar a trabajar. Seguridad Social me tiene que dar una ayuda para poder cuidar a mi bebé aquí en casa, porque no puedo trabajar, y porque a mi hija le están dando fisioterapia. Todavía no he tenido respuesta sobre cuánto me van a pagar o cómo. Estoy con 1 900 pesos que me están pagando por el certificado médico de la niña. ¿Cómo puedo vivir yo con mis tres hijos?</p>
<p>Mis hijos comen lo que yo les pueda comprar. No comen galleticas, ni helados. No saben ya qué es eso. Y la chiquita ni hablar, a la hora de comprarle los <em>pampers </em>para que no se haga pipí encima me tengo que volver loca. Además, estoy dándole su fisioterapia. Eso es superincómodo [para la fisioterapeuta]; con una meadera o cagadera, imagínate tú. Ella tiene que tener su pañal desechable. Todavía no habla, no dice nada a estas alturas, está retrasada en todo.</p>
<p>—¿Desde cuándo hiciste el trámite para que te dieran la ayuda social?</p>
<p>—Comenzamos el trámite cuando tenía un año. Han pasado cinco meses y nada.</p>
<p>—¿La fisioterapia es en la casa?</p>
<p>—La fisioterapia es en el policlínico por cuatro días, y vienen dos veces a la casa a dársela. En estos momentos yo solo le estoy dando la de la casa. De mi casa al policlínico es loma contra loma. Cojeo, no puedo cargar a mi hija el tramo hasta la sala de rehabilitación. Para salir de mi casa era un motor diario: 50 pesos la ida y 50 la vuelta. Me dije, “espérate un momento, no puedo con esto”. Me estaba gastando una plata. Entonces ahora solo le estoy dando la fisioterapia en la casa. También he pensado una pila de veces hacer un video y publicarlo para ver si así acaban de agilizar el trámite. Porque, ¿qué hago yo con 1 900 pesos, una madre con tres muchachos? Nada.</p>
<p>Me dijeron que les estaban dando casa a madres con tres hijos. Se llama “madre numerosa”, y tú sabes que yo vivo aquí en hacinamiento, pero bueno, mi objetivo nunca fue la casa, y se lo dije a la muchacha de Seguridad Social. Tengo mi casa, es pequeña, y si me pueden ayudar con algunos materiales para hacer el cuarto que necesito, yo lo pago, pero no es lo que me interesa. Me interesa mi trabajo, no perder mi vínculo laboral.</p>
<p>—¿Has ido allí a insistir para que te den respuesta?</p>
<p>—No he ido. Salgo poco a hacer gestiones rápidas y hablo con la trabajadora social a cada rato. Me dijo que ellos tienen hasta seis meses para darme respuesta. Estoy esperando, vamos a ver qué pasa.</p>
<p>—¿Esa ayuda en cuántos pesos se traduciría?</p>
<p>—Tres mil más o menos. Mi salario es de 3 200. Dicen que es como el salario.</p>
<p>—¿En qué cosas gastas el dinero que te llega de una forma u otra?</p>
<p>—En comida y pañales desechables. Ahí se va todo.</p>
<p>—Claro. Y la comida que compras, ¿cómo la buscas? ¿Haces colas?</p>
<p>—La comida la compro por aquí. La pasan vendiendo. A veces puedo comprar algunos MLC y voy a la tienda y compro un picadillo, alguito. Pero la mayor parte de la comida la compro a gente que vende por la calle: salchichas, malanga. Imagínate que la niña necesita una sobrealimentación. Trato de llegar a lo mejor que puedo, pero no siempre lo puedo tener.</p>
<p>En algunos lugares no hago colas, pero en otros sí. En la cola del gas, por ejemplo, ahora pusieron prioridades única y exclusivamente para las personas que pagan por Transfermóvil. Eso quiere decir que ya los impedidos físicos tienen que hacer la misma cola del plan jaba [permiso que otorga el Estado y que prioriza a núcleos familiares donde todos trabajan]. Hay establecimientos que te dejan pasar con el carné de impedido físico, pero hay otros que no te lo permiten.</p>
<p>—En cuanto a los padres, ¿te sientes sola?</p>
<p>—El papá de los varones está viviendo en el monte. Viene de vez en cuando y me trae unas viandas, me deja un dinerito, pero está en el monte. El papá de la niña es un “niño” también, se aísla. Desde que nos dejamos hace dos meses, ha venido dos veces nada más. La abuela de la niña de vez en cuando viene y me trae una pieza de pollo, una toallita húmeda, un cereal. Pero no es la gran ayuda.</p>
<p>—Nelly, ¿quieres que diga tu nombre?</p>
<p>—Quizás, ¿qué tú crees?</p>
<p>—Creo que necesitas ayuda, y si dices tu nombre puede que despierte alguna sensibilidad en algún funcionario y te ayude.</p>
<p>—Ay, no sé. Lo que tú determines.</p>
<p>—Pero no quiero que este trabajo te haga la vida más difícil.</p>
<p>—No sé qué puede haber de malo. Pienso que no me pasa nada por poner mi nombre. Mi situación es real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>*A petición de algunos entrevistados, estos nombres han sido cambiados.</em></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2022/08/una-isla-inhospita-para-la-ninez/">Una isla inhóspita para la niñez</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2022/08/una-isla-inhospita-para-la-ninez/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Para la prensa cubana, Hu Shuli es una pregunta y una respuesta</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2022/05/para-la-prensa-cubana-hu-shuli-es-una-pregunta-y-una-respuesta/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2022/05/para-la-prensa-cubana-hu-shuli-es-una-pregunta-y-una-respuesta/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Melián Moreno]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 May 2022 16:13:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo independiente]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://periodismodebarrio.org/?p=11406</guid>

					<description><![CDATA[<p>La historia de Hu Shuli, una famosa periodista independiente china nacida en 1953, y los sucesos del 3 de junio de 1989 en la plaza Tiananmen, de Beijing, pueden ayudarnos a comprender cuál podría ser el futuro de la prensa en Cuba, sobre todo después de los sucesos del 11 de julio de 2021.  </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2022/05/para-la-prensa-cubana-hu-shuli-es-una-pregunta-y-una-respuesta/">Para la prensa cubana, Hu Shuli es una pregunta y una respuesta</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hu Shuli es una emprendedora dentro de la industria de los medios de comunicación chinos que ha sido reconocida internacionalmente por coberturas arriesgadas dentro del controlado ecosistema de prensa de su país.</p>
<p>Ewan Osnos, escritor de no ficción en <em>The New Yo</em><em>rker</em>, habla de ella en su libro <em>China, la edad de la ambición </em>como mujer astuta y con recursos para mantenerse en la carrera. Actualmente Hu Shuli es directora de <em>Caixin Media</em>, que se presenta en su página web como un grupo de medios de comunicación dedicado a ofrecer noticias financieras y empresariales a través de publicaciones periódicas, contenidos en línea, aplicaciones móviles, conferencias, libros y programas de televisión y video.</p>
<p>Colegas suyos están en las cárceles por informar de manera independiente, pero Hu Shuli no. <em>Caixin Media</em> crece y sigue dando primicias, no hay suceso importante que sus periodistas no cubran sin que falte la sensación de un destape. La idea del Periodista es seguir la trayectoria de esta colega y tratar de responder, sin caer en teorías conspiratorias, esta pregunta: ¿A qué se debe la permanencia en activo de Hu Shuli?</p>
<p>En 1978, finalizando la Revolución Cultural de Mao Zedong, Hu Shuli consiguió una plaza de periodismo en la Universidad Popular de Beijing. Al graduarse en 1982 fue destacada a Xiamen como corresponsal de la publicación <em>Diario de los Trabajadores</em>. Xiamen era un laboratorio administrativo donde el Partido Comunista Chino (PCCh) observaba las potencialidades de una alternativa de desarrollo económico que incluyese el libre mercado.</p>
<p>Hu Shuli se sentía en su elemento entre los funcionarios que constituían el poder de aquella provincia. Describe Osnos que llegó a conocer a muchas personas del ayuntamiento y que cada cierto tiempo jugaba <em>bridge </em>con el alcalde de la ciudad, un cuadro asignado por el PCCh.</p>
<p>Ella misma era hija de una familia de destacados comunistas. Su madre había sido editora principal del <em>Diario de los Trabajadores</em> en Beijing; su padre fue un traductor que vivió clandestino en China hasta el triunfo de Mao.</p>
<p>En 1978, en medio de las reformas de mercado que impulsaba Deng Xiaoping, Hu Shuli consigue una beca de cinco meses en los Estados Unidos. Allí se topa con un panorama de prensa radicalmente diferente: un periódico era diez o veinte veces más grueso que en China. En Minnesota dedicó toda una noche a leer uno de los diarios locales.</p>
<p>Al regresar a su país en 1989, la revuelta estudiantil de Tiananmen la agarra del lado de las demandas contra las reformas de mercado de Deng Xiaoping y el curso liberal que había tomado el país.</p>
<p>La noche del 3 de junio el ejército recibe órdenes de enfrentar y controlar a los indignados usando la fuerza. El Estado chino reconoció, según <em>The Tiananmen Papers</em>, unos 200 muertos entre manifestantes y curiosos, más de 23 bajas entre efectivos de la policía y el ejército, unos 5 000 heridos en las tropas represoras y 2 000 heridos entre los locales (contando estudiantes, gente de la ciudad y alborotadores).</p>
<p>Hu Shuli, con sentimientos encontrados por ver a compatriotas luchando unos contra otros, sale a la calle a tomar nota de lo que sucede. De regreso a su oficina tiene un dilema, un imperativo moral. Osnos cuenta que se dice a sí misma: “Tendríamos que informar sobre esto”.</p>
<p>Tanto en <em>La edad de la ambición</em> como en su texto <em>The Forbbiden Zone</em>, para <em>The New Yorker</em>, Ewan Osnos conjuga “tener” en condicional; “tendría” enuncia un terreno de duda y soledad ante un dilema. Aunque en ese tiempo verbal Osnos podría estar aportando su visión occidental sobre China, la conducta de Hu Shuli en lo adelante respaldará la actitud que este le atribuye.</p>
<p>En 1989 la orden del PCCh fue sepultar activamente el tema de las protestas de Tiananmen. Aún hoy, según los analistas de Occidente, es un tema silenciado. Se conoce más afuera de China que dentro.</p>
<p>En Cuba pasa algo similar con los sucesos del 11 de julio de 2021, cuando miles de personas se lanzaron a las calles de todo el país pidiendo libertad, dando mueras al Partido Comunista (PCC) e insultando al presidente de la República. De forma oficial se reportó un muerto a manos de un policía sin informarse que recibió un disparo por la espalda, lo que contrasta con <a href="https://proyectoinventario.org/videos-muestran-momentos-finales-vida-diubis-laurencio-tejeda-protestas-11j/" target="_blank" rel="noopener">testimonios recopilados por el medio independiente <em>Inventario.org</em></a>. Por declaraciones a medios independientes, se estima que durante las protestas cientos de jóvenes detenidos en estaciones de policía y cárceles fueron sometidos a tratos violentos, palizas ejemplarizantes y sesiones de gritar consignas políticas contra su voluntad. Tales métodos no fueron reconocidos ni condenados ejemplarmente por las autoridades, quienes actuaron de forma discreta, como si el argumento estatal fuera: “estos tratos hubo que asumirlos como profilaxis, hubo que mostrar firmeza, fue doloroso pero necesario”.</p>
<p>Algunos reporteros que contaron lo que vieron en Tiananmen en 1989 fueron despedidos o desterrados a las provincias. Hu Shuli fue detenida y luego liberada (a otros participantes les fue peor); la suspendieron de servicio, pero solo por año y medio.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>En las imágenes que nos llegan de Tiananmen, en plena protesta prodemocracia, hay jóvenes con cintas en la frente y pancartas de tela escritas tanto en chino como en francés e inglés. Los mensajes en idiomas occidentales provienen de una circunstancia específica: las fotos fueron tomadas durante la visita de Mijaíl Gorbachov a China el 15 de mayo de 1989. Los estudiantes mostraban sus demandas ante un millar de periodistas extranjeros. Aprovechaban la cobertura internacional para crear presión sobre el Gobierno, que intentaba desde hacía una década integrarse a la economía global para resolver el desabastecimiento interno y lograr la sostenibilidad de la solución socialista.</p>
<p>El programa del mandatario soviético en Beijing tuvo que modificarse. Buena parte de las actividades se vieron afectadas con cambios de locaciones y retrasos en reuniones de alto nivel. Gorbachov no pudo ingresar a la plaza Tiananmen a entregar una ofrenda floral en el Monumento a los Héroes del Pueblo, ni entrar en la Ciudad Prohibida, ni hacer la conferencia de prensa en el Gran Salón del Pueblo, como estaba previsto. Los estudiantes, fuerza organizada que había promovido las manifestaciones, tenían las calles cerradas y la plaza ocupada desde hacía un mes.</p>
<p>Gorbachov era vitoreado por los manifestantes como el visionario que estaba salvando al sistema. Sus medidas en la URSS parecían audaces y “completas”, pues su propuesta de reforma económica del socialismo (Perestroika) iba a la par de la reforma política (Glásnost). Justo eso era lo que demandaban los estudiantes.</p>
<p>La visita en sí representaba un renacer. Constituía un hito en las relaciones chino-soviéticas luego del distanciamiento entre el fallecido Mao Zedong, líder histórico de la Revolución china, y la URSS, pero estaba siendo eclipsada por las manifestaciones, que pronto comenzaron a ser incluso más interesantes que Gorbachov. Era una nueva era, vibraba una juventud esperanzada y con ánimos de generar espacios de participación.</p>
<p>Las protestas, por su contenido, coincidían con la inmanencia del líder soviético, pero no estaban directamente relacionadas con él. El 15 de abril de ese año había muerto Hu Yaobang, un ex primer secretario general del PCCh. Al saberse la noticia, cientos de estudiantes se reunieron de forma espontánea en la plaza Tiananmen a depositar flores en su honor.</p>
<p>¿Pero quién era Hu Yaobang? En Cuba es difícil imaginar a miles de jóvenes alborotando las calles por rendirle homenaje a un dirigente comunista. Hu Yaobang había capitalizado algo de empatía al respaldar a jóvenes y trabajadores que pedían reformas políticas como plena libertad de expresión y democracia. Parecía vivir en el sentido común que practicaban los jóvenes ilustrados en las universidades. Hacía legítimas unas angustias que miraban de forma muy crítica las soluciones de Mao y su manera de adaptar al país la doctrina comunista.</p>
<p>Hu Yaobang venía del grupo de reformadores acusados de revisionismo que combatió Mao durante el periodo de nivelación ideológica conocido como Revolución Cultural. En él se emprendió una contraofensiva dirigida a refutar los cuestionamientos que había dejado el ambicioso Gran Salto Adelante, plan para convertir a China en una potencia productora de acero, que fracasó y dejó al país paralizado y sumido en la hambruna. Pero el viejo dirigente también intentaba adelantarse a una posible destitución. Los aires de revisión que llegaban de la URSS eran alarmantes. El secretario general del Partido Comunista Soviético, Nikita Kruschev, había criticado de forma directa las purgas de Stalin, y luego él mismo fue destituido por su comportamiento impulsivo, improvisador y poco sistemático.</p>
<p>El aura renovadora y crítica de estas noticias soviéticas era contagiosa en el mundo socialista, del mismo modo en que ciertos virus atacan solo a una especie animal. Mao le hacía culto al legado de Stalin y Lenin, pero consideraba que el socialismo soviético estaba condenado al fracaso. Su plan intentaba blindarse contra estos gérmenes autodestructivos: cerró universidades y movilizó un ejército de Guardias Rojos para localizar y condenar a quienes portaran signos de democracia occidental.</p>
<p>Con la muerte de Mao en 1978 y el encarcelamiento posterior de algunos de sus colaboradores más cercanos (la llamada “Banda de los Cuatro”, entre los que estaba su esposa), resurgieron de las sombras los cuadros que habían sido separados de la vida política.</p>
<p>Hu Yaobang, restablecido, apoyó el plan de reformas económicas de Deng Xiaoping, que liberalizó la economía china hasta llevarla a la potencia que es hoy. Pero fue obligado a renunciar en 1987 luego de una protesta prodemocracia ocurrida un año antes, criticado por laxitud a la hora de controlar las necesidades de cambio inmediato en los jóvenes. Los estudiantes concentrados en Tiananmen gritaban que esa destitución había sido la causa del ataque al corazón que lo había matado.</p>
<p>El 18 de abril de 1989, los estudiantes se sentaron frente al Gran Salón del Pueblo y entregaron siete demandas confeccionadas sobre la marcha, las cuales contenían el espíritu que los había llevado a identificar a Hu Yaobang como vehículo de sus insatisfacciones:</p>
<ol>
<li>Reevaluar a Hu Yaobang, especialmente en relación con su visión prodemocrática.</li>
<li>Renunciar a la Campaña de Liberalización Antiburguesa (1987) y a la Campaña Anticontaminación Espiritual (1983) ―ambas impulsadas por Deng, que se cuidaba tanto de las ideas de derecha como de los “nostálgicos” de extrema izquierda― y rehabilitar a todas las personas procesadas en ambas.</li>
<li>Revelar los salarios y otras riquezas de los líderes gubernamentales y sus familias.</li>
<li>Permitir la publicación de periódicos no oficiales y detener la censura de prensa.</li>
<li>Aumentar los salarios de los intelectuales y los gastos educativos del Gobierno.</li>
<li>Rechazar los “Diez artículos provisionales que regulan las marchas y manifestaciones públicas”, promulgados por el gobierno municipal de Beijing.</li>
<li>Proporcionar cobertura noticiosa objetiva de la manifestación estudiantil en los periódicos oficiales.</li>
</ol>
<p>Para el 22 de abril fue organizado el funeral oficial de Hu Yaobang en el Gran Salón del Pueblo, al oeste de la plaza Tiananmen, pero dejaron a los estudiantes fuera. Desde el día anterior se estima que 50 000 alumnos de veinte universidades marcharon hacia la plaza para el homenaje. Reclamaban protección policial, garantías contra ajustes de cuentas y su derecho a asistir a la ceremonia enviando representantes. En la madrugada del 22 unos policías se desplegaron para evitarles el paso al Gran Salón del Pueblo, frente a cuya entrada se habían reunido en la mañana unos 100 000 jóvenes.</p>
<p>El corolario de esta secuencia fue una dramática súplica de tres estudiantes que pidieron en vano dialogar con el primer ministro Li Peng, partidario del vector conservador dentro del PCCh. La escena que describe el profesor Dingxin Zhao en <em>The Power of Tiananmen. State-Society Relations and the 1989 Beijing Student </em><em>Movement </em>da cuenta del modo en que los estudiantes ―y acaso nuestra Hu Shuli― sentían el proceso de cambios:</p>
<p>Sosteniendo la petición sobre sus cabezas, los tres estudiantes lloraban y suplicaban ver a Li Peng. Varios funcionarios del Gobierno intentaron recibir la petición, pero los tres estudiantes se negaron. Insistieron en que Li Peng debía salir él mismo a buscar la petición.</p>
<p>Después de un rato, Wuer Kaixi [otro manifestante que se había abierto paso hasta allí] se puso de pie con un gran amplificador electrónico en la mano y dijo: “Soy Wuer Kaixi. Soy Wuer Kaixi”; repitió la misma oración hasta que gradualmente los estudiantes se calmaron. Luego prosiguió: “Hoy, nuestros alumnos han permanecido en la plaza más de diez horas sin tomar alimentos. ¿Qué queremos? Hemos pensado en muchas cosas, pero ahora tenemos un solo pensamiento y demanda: que le supliquemos a nuestro Primer Ministro que salga y hable con nosotros aunque sea con una sola frase”.</p>
<p>Wuer dijo entonces, como si suplicara: “Primer Ministro nuestro, ¿por qué todavía no sales?”. Las emociones de los estudiantes estaban hirviendo. Toda la plaza resonó con: “¡Sal, Li Peng! ¡Sal, Li Peng!” “¡Diálogo! ¡Diálogo!” Los estudiantes corrieron hacia la policía. La policía y los estudiantes se empujaban unos a otros. Toda la situación se volvió casi incontrolable. Entonces Wuer Kaixi se destacó nuevamente. Pidió a los estudiantes que se calmaran y anunció que Li Peng los vería en quince minutos. Los tres representantes todavía estaban arrodillados allí y los estudiantes estaban esperando, pero Li no salió como Wuer había dicho que haría. Todos los estudiantes se sintieron muy insultados. Los estudiantes gritaron: “¡Regresen, representantes! ¡Regresen, representantes!”</p>
<p>Algunos incluso gritaron “¡Abajo Li Peng!” Muchos lloraron como bebés. Los estudiantes se fueron muy decepcionados, muchos prometieron boicotear la clase cuando regresaran a sus universidades.</p>
<p>Aunque casi un mes después lograron una audiencia con Li Peng, este concluyó en la misma reunión que el país estaba sumido en la anarquía y que había que defender los logros del socialismo.</p>
<p>Deng había prometido cambios políticos que demoraban, pero cambios al fin y al cabo, que concebía no a la manera de una democracia occidental. Los cuatro pilares que enunciaba en su discurso no incluían la palabra democracia. Se referían a sostener la vía socialista, la dictadura del proletariado, la dirección del PCCh y una especie de trinidad ideológica que formulaba como: marxismo-leninismo-pensamiento de Mao Zedong.</p>
<p>Sus reformas intentaban dar un paso atrás, crear espacio para fundir las bases del socialismo, del mismo modo en que el socialismo constituía un paso atrás para fundir las bases del comunismo.</p>
<p>Las reformas de Deng en la agricultura crearon un excedente de mano de obra que emigró en masa hacia las ciudades, donde se incrementó el cinismo, la ley del más fuerte, la delincuencia y el crimen organizado. La fiebre de la riqueza se percibió también entre funcionarios y cuadros del Gobierno y el PCCh. Era una China que se iba acomodando a los nuevos paradigmas del desarrollo y la productividad.</p>
<p>El 26 de abril de 1989, Deng Xiaoping instruyó un editorial al <em>Diario del Pueblo</em>, órgano oficial del PCCh, donde acusó a algunos manifestantes de instrumentalizar la memoria de Hu Yaobang para fines contrarrevolucionarios. Deng, de 85 años en aquella fecha, estaba retirado formalmente del poder político, pero aún dirigía la Comisión Central Militar, a la que se subordinaban directamente las Fuerzas Armadas.</p>
<p>Zhao Ziyang, primer secretario del PCCh, jalaba en dirección contraria. Estaba a favor de los estudiantes, a los que elogió y llamó “patriotas” en sus intervenciones. También se declaró a favor de una cobertura periodística de los acontecimientos tal cual sucedían. En una de sus comparecencias reveló que Deng aún dirigía el país, algo que se interpretó como una indiscreción importante, como un modo de quitarse responsabilidad de encima y apoyar el curso de los hechos.</p>
<p>Zhao, que había sufrido en carne propia el retroceso y las consecuencias de la era Mao, dijo el 10 de mayo que “el único remedio para los problemas económicos de China [era] la reforma política. Esta [debía] basarse en la creación de un sistema legal y el desarrollo de la democracia”.</p>
<p>La prensa oficial también pedía transparencia dentro de su propio sector. En <em>The Second Chinese Revolution</em>, Eugenio Bregolat, diplomático español destacado en Beijing durante los sucesos, describió como “efecto bola de nieve” la manera en que se incorporaban a las manifestaciones trabajadores, funcionarios, estudiantes incluso de la Escuela Central del Partido y masas urbanas. “Se sumaron delegaciones de la CCTV (Televisión Central China) y varios periódicos ―entre ellos el <em>Diario del Pueblo</em> (órgano del PCCh y principal medio impreso del país)― con pancartas que proclamaban ‘No creas lo que escribimos. Publicamos mentiras’ y ‘No escribimos el editorial del 26 de abril’”.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_11410" style="width: 1930px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11410" class="size-full wp-image-11410" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2.jpg" alt="" width="1920" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2-1000x563.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2-768x432.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2-1536x864.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2-810x456.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-2-1140x641.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-11410" class="wp-caption-text">Algunos reporteros que contaron lo que vieron en Tiananmen en 1989 fueron despedidos o desterrados a las provincias (Ilustración: Emilio Cruañas [Emii]).</p></div>Varios autores creen que las manifestaciones se extendieron más de la cuenta, sobre todo tratándose de un país autoritario. Duraron semanas porque hubo confusión y divisiones entre altos dirigentes chinos, plantean.</p>
<p>No sabían si establecer un diálogo o usar mano dura. Según el editorial del <em>Diario del Pueblo</em> encargado por Deng Xiaoping, no se pretendía dialogar con ninguna fuerza que no reconociera al PCCh como este se concebía a sí mismo. Esto es: como una fuerza superior, eterna, suficiente y sin contrapesos. Se trata del principio de que en el partido comunista culmina la lucha de clases porque el proletariado triunfa como clase social, decretando la igualdad y disolviendo el antagonismo abierto entre clases. El partido comunista, el proletariado y el pueblo son una misma cosa, y todo lo que se les oponga es <em>ipso facto</em> una fuerza enemiga, una clase extraña y contraria a la vieja clase de oligarcas que regresa transfigurada a reconquistar sus antiguas propiedades y su sistema de dominación.</p>
<p>Luego de la partida de Gorbachov, el Gobierno se enfocó más en el tratamiento de la crisis. Mientras miles de estudiantes arribaban a Beijing desde varias provincias lejanas para acompañar las protestas, el primer ministro Li Peng declaró una ley marcial.</p>
<p>En los informes de <em>The Tiananmen Papers</em> se percibe que el sentir general entre los altos dirigentes fue la contención en cuanto al uso de la fuerza. Los hechos de sangre que se dieron fueron en gran medida fruto de provocaciones de los manifestantes cuando arrojaron piedras contra el Ejército.</p>
<p>Recordemos que entre esos estudiantes, intelectuales, perturbadores, olores a gas y a pólvora, estaba Hu Shuli, quien sufrió detención, fue liberada y luego cumplió una medida de separación del periodismo durante un año. Si fuéramos a explicarnos por qué duró tanto la decisión de emplear la violencia contra los manifestantes, podríamos arriesgar la hipótesis de que el dilema de Hu Shuli, expresado en una oración condicional, podría haber asaltado también a los dirigentes chinos: “Tendríamos que hacer algo para controlar la crisis”, o “Tendríamos en lo político que hacer algo que no se parezca a la liberalización de la economía”.</p>
<p>Li Peng fue el cuadro comunista de más alto rango que defendió la mano dura. Se le conoce como el promotor de la masacre; sin embargo, los informes indican que él ordenó marchar contra los manifestantes sin derramamiento de sangre. Se usó la estrategia del Ejército de insertar una gran cantidad de soldados vestidos de civil en Tiananmen para cargar y amordazar a cada manifestante si fuera necesario.</p>
<p>Pero esta táctica anti derramamiento de sangre o humanitaria no promovería un entendimiento entre los bandos enfrentados, sino que restablecería la autoridad de un poder negado a reconocer elecciones libres, a perder su total y perpetuo control del país. Cargar con cada manifestante sin exterminarlo equivale a embutirle una bola de trapo en la boca. No sería, por ejemplo, negociable la opción de desmantelar el PCCh, recurso normal y típico de una democracia occidental.</p>
<p>Este problema que enfrentó el PCCh pudiera explicarse según la dialéctica con que el historiador  Tocqueville analiza la Revolución francesa. Observa François Furet que para Tocqueville “la sociedad francesa del siglo XVIII había llegado a ser demasiado democrática para lo que conservaba de nobiliaria, y demasiado nobiliaria para lo que tenía de democrática”.</p>
<p>Parafraseándolo, diríamos que la sociedad china de los sucesos de Tiananmen había llegado a ser demasiado democrática para lo que conservaba de comunista, y demasiado comunista para lo que tenía de democrática.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_11412" style="width: 1930px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11412" class="size-full wp-image-11412" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3.jpg" alt="" width="1920" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3.jpg 1920w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3-1000x563.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3-768x432.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3-1536x864.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3-810x456.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/05/Web-3-1140x641.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-11412" class="wp-caption-text">Mientras miles de estudiantes arribaban a Beijing para acompañar las protestas, el primer ministro Li Peng declaró una ley marcial (Ilustración: Emilio Cruañas [Emii]).</p></div>El Periodista cree que el dilema de Hu Shuli durante las protestas de Tiananmen —qué hacer, cómo divulgar la brutalidad percibida en la calle— encaja en el ecosistema político cubano y en el imaginario sentimental tanto de colegas de los medios oficiales como de los reporteros independientes.</p>
<p>El 11 de julio del 2021 se disparó una manifestación local en San Antonio de los Baños, pueblo de tierra roja y fértil del occidente de Cuba a 35 kilómetros de La Habana. La motivación inmediata fue protestar contra cortes de electricidad, falta de alimentos, inflación y deficiencias del sistema sanitario en general, duramente golpeado por la pandemia de COVID-19.</p>
<p>En tiempo real se fueron divulgando, a través de las redes sociales, noticias consecutivas de nuevos focos de protestas por todo el país. Ninguna consigna mencionaba al bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, como espera siempre el poder político cubano, sino que lo inculpaba a él, el Partido Comunista, por ser responsable de todos los males.</p>
<p>Muchas personas fijan el antecedente de este hecho en varias protestas que tuvieron su epicentro en un grupo de artistas del Movimiento San Isidro (MSI) y las performances contestatarias del artista Luis Manuel Otero Alcántara. Luego de una huelga de hambre allanada por la policía política en la sede del MSI en noviembre de 2020, un grupo de más de 300 personas se plantó ante la sede del Ministerio de Cultura reclamando mediar por los artistas encarcelados y pidiendo un diálogo, que fue rechazado poco después bajo el mismo criterio que Deng Xiaoping había expuesto en el editorial del 26 de abril de 1989: no se dialoga con enemigos de la revolución.</p>
<p>El 11 de julio el Periodista estuvo en los lugares de las manifestaciones de Santiago de Cuba, al otro extremo del país. Su actitud ante los hechos no fue diferente a la de Hu Shuli. También se dijo: “Tendría que informar sobre lo que está sucediendo”. Su uso del condicional abarcaba varios vectores que tiraban entre sí: (a) la obligación de llevar un informe objetivo del acontecimiento, que intuía histórico, (b) el peligro de ser enviado a la cárcel por informar, aunque (c) también tiraba de él un compromiso con el proyecto de justicia social que parecía desmoronarse en las calles por un sostenido abuso de poder que duraba ya décadas.</p>
<p>Su forma de pensar estaba condicionada para llegar a un momento dilemático. Aun así, prevaleció el imperativo de informar y una alegría que el Periodista apenas pudo contener al ver a tantas personas gritar lo que muchos callaban. Si bien en Santiago de Cuba fueron manifestaciones pequeñas y sofocadas con facilidad durante toda la tarde, lo más importante, el gran movimiento, ocurrió en el plano simbólico.</p>
<p>De un respeto absoluto y unánime a las autoridades, de un silencio frágil de mausoleo, se pasó a gritar expresiones como “Libertad”, “Patria y Vida” ―en sustitución de la principal consigna del fallecido líder Fidel Castro: “Patria o Muerte”―, e insultos directos al presidente Miguel Díaz-Canel.</p>
<p>La novedad fundamental radicaba en la expresión abierta de los sentimientos. En palabras y frases que ya vivían entre la gente, las que desde hacía como mínimo dos décadas se escuchaban en conversaciones cotidianas, aunque no se supiera hasta qué punto podrían liberarse en grandes espacios públicos.</p>
<p>Mientras el Periodista escuchaba a los manifestantes corear consignas, sentía con asombro que enunciados como “abajo el comunismo” arruinaban el barniz que el poder había untado sobre las cosas. Parecían blasfemias que arrebataban la santidad de cada objeto colocado allí para la liturgia.</p>
<p>No escatimaba en imágenes y por eso, por ser él mismo un testigo, el Periodista no cree gratuito enumerarlas: las pancartas con retratos de dirigentes, el parque, los árboles, las fachadas, la calle eran objetos sumidos en inmanencias, en una forma de concebir la política que rozaba lo sagrado, y derivaban en objetos de fe, equivalentes de los íconos, el presbiterio, los reclinatorios, el atril, las estaciones del viacrucis.</p>
<p>Al Periodista la consigna principal de los partidarios del poder le parecía honesta y con base. Gritar “las calles son de los revolucionarios” brotaba de un dolor auténtico que implicaba orfandad. Era como si aleccionaran a los manifestantes: “¡¿No se dan cuenta de que las iglesias son casas de Dios, casas para fieles? ¿Cómo osan blasfemar aquí?!” A lo cual estos respondían, reconociendo el sentido de su estar-allí, que, evidentemente, las calles eran de todos, tanto de esos “revolucionarios” como de ellos; que en definitiva celebraban la libertad de blasfemar. Los primeros parecían vivir en un sueño; los segundos, que ya habían despertado de ese sueño.</p>
<p>Entre los manifestantes se hablaba en términos de “el pueblo despertó”. Estaba llevándose a las calles un ensayo de lo que ya ocurría en las redes sociales. Se perdió momentáneamente el miedo a decir, aunque no se conquistó el derecho a decir, porque los obstáculos, las barricadas del poder no estaban presentes, pero se estaban organizando.</p>
<p>Para el Periodista, el 11 de julio de 2021 hubo un movimiento, una transgresión inscrita en una dimensión verbal. Un movimiento que no se puede menospreciar, porque para el poder autoritario decir implica hacer. Decir implica movilizar, envalentonar a más personas a decir y a pasar a dimensiones superiores de la acción, como destruir tiendas, estatuas y edificios sagrados.</p>
<p>Para el mando de la revolución, el decir en su contra implica una peligrosa desacralización, como cuando en la Revolución francesa los pobres “liberados” cargaron contra los nobles porque no entendían que concentrasen tantas propiedades luego de haber perdido el halo sagrado que los amparaba.</p>
<p>No fue toda la sociedad, sino una parte, mayormente los jóvenes, quienes estuvieron ese día en las calles de Santiago de Cuba. El sentimiento que prevaleció fue la alegría, la euforia.</p>
<p>Al ver que se trataba de un hecho contagioso que se extendía mediante las redes sociales, y que las imágenes en movimiento encendían en individuos de otras provincias la necesidad de manifestarse, el mando superior del Gobierno articuló una respuesta compacta: ordenó un apagón masivo de internet en el país. Era una opción a la mano, pues la única empresa de comunicaciones que opera en la Isla le pertenece.</p>
<p>El Presidente llamó a los “revolucionarios” (partidarios del Gobierno) a enfrentar a los manifestantes, pero al menos en Santiago de Cuba el Periodista solo vio a policías uniformados o de civil, constructores de la fábrica de cemento Moncada, mujeres de la Federación de Mujeres Cubanas (de 50 años como promedio). Las fuerzas de choque no eran precisamente el pueblo acudiendo de forma espontánea, sino fuerzas convocadas mediante estructuras burocratizadas.</p>
<p>En La Habana se reportaron saqueos de tiendas, intercambios a pedradas entre autoridades y  manifestantes, palizas en la calle, en estaciones de policía y en cárceles a donde fueron llegando en masa los detenidos.</p>
<p>Todo parece indicar que, tal como sucedió en Tiananmen, las fuerzas del orden tenían indicaciones de combatir a los manifestantes y dar un escarmiento, pero sin usar armas de fuego (aunque se reconoció un fallecido en La Habana, Diubis Laurencio).</p>
<p>En los medios de comunicación oficiales se generó un discurso ambiguo que absolvía y condenaba a los manifestantes. Al tiempo que acusaba a los Estados Unidos de estimular la protesta, tenía momentos autocríticos; señalaba a los que salieron a reclamar lo mismo como mercenarios que como revolucionarios “confundidos”.</p>
<p>En los días posteriores al 11 aconteció una serie de detenciones en todo el país a presuntos cabecillas y saqueadores en cada sitio donde hubo manifestaciones. En unidad operativa de todos los centros de trabajo, se orientaron guardias obreras previendo ataques de manifestantes.</p>
<p>La respuesta del Gobierno no se dilató como en Tiananmen. Nuestros líderes no parecían confundidos, y si hubo algún tipo de reconocimiento autocrítico desde el poder, fue tan corto que se interpretó como una maniobra retórica para aplacar los ánimos antigubernamentales. Es cierto que quizá la represión inmediata, en pleno apagón digital, evitó un posterior derramamiento de sangre, pero como señalamos antes, esta táctica no hizo más que afianzar la naturaleza autoritaria y paternalista que se le achaca al Estado cubano, al PCC, sea cual sea el lugar donde se tomen las decisiones.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>El grupo en el poder usó sobre el 11 de julio no solo las fuerzas represivas, sino todas las instituciones sin excepción, dígase empresas, centros docentes, organizaciones de masas oficiales, ninguna de las cuales goza de autonomía económica ni política y son supervisadas tanto en tiempos ordinarios como de excepción.</p>
<p>La disposición combativa, la unidad de acción que mostró el Gobierno ese día y los siguientes responden a un principio genético del Estado cubano. Sus dirigentes se ufanan de la unidad lograda, pero la naturaleza de esta, el método con el que se la alcanza, el precio que se paga por ella, acaso tienen relación con las consignas de libertad que se gritaban en las calles. Se trata de un tipo de unidad apuntalada, de represa, que es moneda corriente en Cuba tanto como lo fue en la antigua URSS. Véase <em>La Revolución Rusa</em>, un panfleto escrito en 1918 por la célebre comunista Rosa Luxemburgo luego de una visita a la Rusia de Lenin:</p>
<p>“Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que solo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energía inagotable y experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad dirigen solo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una elite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas ―en el fondo, entonces, una camarilla, una dictadura, por cierto, no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos […]”.</p>
<p>Rosa Luxemburgo no hizo una profecía, sino un ejercicio de sentido común. Para el Periodista parece una breve radiografía del proceso digestivo por el cual se realiza la unidad socialista cubana. En el mismo texto describe, <em>grosso modo</em>, el método por el cual se supera o extirpa la necesidad de elecciones generales, libertad de prensa, lucha de opiniones, y las consecuencias de tal método. No se extingue sola esta necesidad, como el volátil alcohol sobre las superficies, sino mediante métodos blandos como la persuasión propagandística o la educación escolar, y otros duros como el miedo y la vigilancia permanente: “Los decretos, la fuerza dictatorial del supervisor de fábrica, los castigos draconianos, el dominio por el terror, todas estas cosas son solo paliativos. El único camino al renacimiento pasa por la escuela de la misma vida pública, por la democracia y opinión pública más ilimitadas y amplias. Es el terror lo que desmoraliza”.</p>
<p>Al Periodista le parece interesante que el método comunista de conseguir la unidad no haya innovado mucho desde inicios del siglo XX. No le parece muy sofisticado alcanzarla por el ejercicio de la fuerza. Quizá sea un método que no permite innovación alguna, que porta el germen de su destrucción. La Rosa Luxemburgo de ese análisis concluiría que una buena parte del 11 de julio cubano fue directamente provocada por la entropía que genera tal régimen de unidad y no por fuerzas exteriores.</p>
<p>Lo importante en estas citas para el Periodista es confirmar que en el terror, en la persuasión, en la evitación del debate, en la censura y la autocensura (como confinamiento último) triunfa un menoscabo de la opinión y la energía individuales, que no desaparecen o, mejor dicho, que están presentes pero en ausencia.</p>
<p>Donde hubo “vida pública”, donde hubo lucha y bullicio, ahora hay paz y silencio. Pero este silencio no es un fin, no es borrón y cuenta nueva. Es más bien un encogimiento, un repliegue hacia un refugio, hacia una oquedad donde apenas hay interlocutores, hacia un espacio donde el único interlocutor es el individuo consigo mismo.</p>
<p>El trabajador en la fábrica soviética, el ingeniero de la fábrica cubana, el custodio, el mecánico, la secretaria de la destartalada sede de los Comités de Defensa de la Revolución ―organización de masas más numerosa de Cuba― tienen algo que decir sobre la carestía de la vida y el vacío de las consignas, sobre los éxitos productivos que anuncian en los noticieros y que no mejoran sus vidas. Quieren hablar, saber el porqué de las cosas, pero se lo callan. No solo quieren decir, también desean construir algo por sí mismos y ser dueños de su existencia, pero lo subliman. Este vaciamiento, esta re-concentración lejos de lo público, esta culpa que provoca maldecir por dentro remite a un tenso vacío en la polis (espacio político, comunidad). La necesidad de hablar y construir en la polis no desaparece: se encoge dentro del individuo.</p>
<p>El resultado de este repliegue no es un vacío hueco, sino una “plantilla inflada”: recursos humanos abundantes al tiempo que improductivos. Los pasillos de la polis no están inflados de aire, sino de personas que aportan fidelidad política y lastre económico a la par de una corrupción generalizada, enfocada en nivelar las carencias que provoca la precaria planificación a base de prohibiciones y uso de la fuerza. Como la plantilla inflada apenas produce, se asemeja a un cuerpo que se devora a sí mismo e innova una nueva ética, donde el trabajador “inflado” genera una moral en la que puede hurtar recursos del Estado sin dejar de sentirse “revolucionario” o “comunista”.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>El 11 de julio el Estado cubano dispuso de sus recursos humanos (Fuerzas Armadas, Policía, organizaciones de masas, centros laborales) y los movilizó para apagar la proliferación de focos de rebeldía. Aunque esta convocatoria no salió con la misma espontaneidad que demostraron los que se manifestaban libremente en las calles, la unidad burocrática inmediata fue más poderosa y resistente, como lo es una red de araña, cuyos hilos desplegados en trama son en definitiva más fuertes que las poderosas alas del escarabajo atrapado.</p>
<p>Este cierre de filas institucional, con años de práctica burocrática sistemática y sin fisuras en la escalera de mando ni divisiones ni insubordinaciones, fue tan rápido que llegó antes al proceso de liberación de la polis en el fuero interno de los individuos. El contagioso afán de participación apenas se extendió en las plantillas infladas.</p>
<p>En contraste, el despliegue de la polis fue más extensivo durante los sucesos de Tiananmen, pues el desarrollo de una conciencia política crítica con el legado de Mao y el comunismo llevaba años desplegándose en China, sobre todo entre los estudiantes. El propio proceso en la plaza Tiananmen se extendió durante casi tres meses, porque incluso entre los dirigentes del PCCh estaba extendido dicho malestar.</p>
<p>La tesis de la lucha de facciones en la cúpula del poder chino en 1989 suele ser una conclusión frecuente entre analistas norteamericanos que vienen de una tradición liberal muy fuerte. Tal parece que les cuesta comprender el mundo de otra manera. Pero este argumento es desmentido por analistas de origen chino más a tono, por un lado, con una cultura milenaria ―con el precedente del culto a la obediencia propio del pensamiento de Confucio―, y por el otro, con el culto comunista a la unidad.</p>
<p>Quizá no fue una pugna por el poder entre facciones bien configuradas lo que demoró el uso de la mano dura en Tiananmen, sino un despliegue de la polis en los propios dirigentes, que en ese momento ―muerto Mao― se esforzaban por resolver el <em>tour de force</em> de una economía de mercado dentro de una ideología comunista que tiende por sí misma a reprimir y contener el desarrollo. Estos dirigentes no buscaban destruir el socialismo, sino mejorar las condiciones de vida de las masas, superar la mácula de la hambruna provocada por el método científico de Mao, etc.</p>
<p>Que en Cuba el despliegue de la polis apenas haya durado dos días ofrece un diagnóstico que debe tenerse en cuenta para profetizar algún futuro cambio político en la Isla. Esto es, que no hay cambio posible si la polis no se despliega por igual ―subrepticiamente, sin dolor, con optimismo y aires honestos de renovación― entre los ciudadanos que componen el poder político y la sociedad civil. Cuando alguien en Cuba dice la popular frase “esto no lo tumba nadie” es probable que tenga razón. Ese “nadie” remite a un Otro que nunca podrá tener más potencia de razonamiento que uno mismo. La necesidad de cambio, que implica mejorar las condiciones de vida de todos, debe ser general, o mayoritaria, para que algo pase no en favor de un sistema o una tesis filosófica o una causa abstracta, sino en favor de las condiciones de vida de los cubanos.</p>
<p>Durante los sucesos de Tiananmen sucedió algo que condicionó el enfriamiento del movimiento prodemocracia: 800 millones de campesinos chinos no movieron un dedo ―como observa Eugenio Bregolat―. Las reformas de Deng, según declaró en un discurso en 1985, no eran principalmente en Beijing ni en las ciudades, donde ya había una proliferación de grandes edificios, sino en el campo. Allí habían logrado mejorar las condiciones de vida de un 90% de la población.</p>
<p>En esos años se habían eliminado los topes de precios en los productos agrícolas. Los campesinos se enriquecían, los productos concurrían cada vez más al mercado del mismo modo que subían de precio, y esto angustiaba la vida de los habitantes de las ciudades, donde las empresas estatales ineficientes provocaban el deterioro de los servicios públicos y, en general, de las condiciones de vida. Estos fueron los obreros que se sumaron a las protestas de Tiananmen.</p>
<p>Con el despunte definitivo de la economía china, el beneficio llegó a las ciudades y a los obreros. La propaganda del PCCh y el control sobre los medios de comunicación aprovecharon cada avance para incentivar el nacionalismo y debilitar el efecto de las críticas. Las brazas de libertad de Tiananmen se enfriaron. La fórmula económica impulsada por Deng Xiaoping y el PCCh les dio algo a cambio a los chinos: desarrollo económico, mejores condiciones de vida, capacidad de consumo, que volvió menos urgente la repoblación de la polis.</p>
<p>La fórmula del Partido Comunista de Cuba no ofrece nada parecido hoy que sea comparable a lo que ya ofrecía a cambio el PCCh en el momento en que Hu Shuli miraba la represión de Tiananmen y se decía a sí misma: “Tendríamos que informar sobre esto”. La frase en condicional de Hu Shuli ―hija, nieta y sobrina de comunistas― podría sopesar también los progresos económicos que ya eran palpables, netos, en las audaces reformas de Deng.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>A partir del 11 de julio el Estado cubano optó por extender las amenazas que ya ejercía contra críticos y opositores, y las mostró abiertamente en las calles. Se hicieron visibles los métodos que entrevió Rosa Luxemburgo en las fábricas soviéticas con el fin de vaciar y encoger la polis en los individuos.</p>
<p>En general, el sistema político cubano volvía a desplegar la misma estructura de cohesión y de unidad forzada que provocó el desorden del 11 de julio. Se restableció la estructura burocrática cuyo ahuecamiento llama a ser repoblado incluso por los mismos que la habitan.</p>
<p>La trayectoria posterior de Hu Shuli, que el Periodista abordará en un segundo texto, puede ayudarnos a comprender cómo gestionó ella y el PCCh una forma de repoblar ese espacio vaciado luego de los sucesos de Tiananmen. Este sería uno de los tantos caminos posibles que podría tomar el panorama de medios en Cuba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La segunda parte de este ensayo se titula “Hu Shuli en China: ¿Alma Mater en Cuba?” y puede leerse <a href="https://periodismodebarrio.org/2023/08/hu-shuli-en-china-alma-mater-en-cuba/">aquí</a>.</em></p>
<p><em>La tercera parte de este ensayo se titula «Armando Franco y Hu Shuli, dos posibilidades» y puede leerse <a href="https://periodismodebarrio.org/2023/11/armando-franco-y-hu-shuli-dos-posibilidades/">aquí</a>.</em></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2022/05/para-la-prensa-cubana-hu-shuli-es-una-pregunta-y-una-respuesta/">Para la prensa cubana, Hu Shuli es una pregunta y una respuesta</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2022/05/para-la-prensa-cubana-hu-shuli-es-una-pregunta-y-una-respuesta/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
