Como cada año, cientos de cubanos se reunieron alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora de Regla para acompañar a la Virgen en su procesión por las calles del municipio. Desde horas antes, fieles y devotos —católicos y practicantes de la Regla de Ocha— comenzaron a congregarse cerca del santuario con flores, velas y plegarias. Regla volvió a reunir en un mismo espacio distintas formas de fe y devoción que integran la identidad religiosa y cultural de Cuba.
Este año, sin embargo, la veneración de la Virgen de Regla adquirió una dimensión particular ante la profundización de la crisis económica que atraviesa el país. En medio de la escasez, los apagones, el deterioro de las condiciones de vida y la incertidumbre cotidiana, la procesión se convirtió también en un espacio donde depositar aquello que resulta cada vez más difícil sostener en la vida diaria: la esperanza.
Entre las notas de la Salve dedicada a la Virgen y los cantos a Yemayá —asociada con la Virgen de Regla en la tradición religiosa cubana—, los asistentes elevaron plegarias por sus familiares, por quienes enfrentan la pobreza y la precariedad, y por los enfermos. También se escucharon súplicas por quienes permanecen privados de libertad y por quienes, de una u otra forma, han visto arrebatada su libertad.





















