En 2023, lo que comenzó siendo un sueño de amigas se hizo realidad con el lanzamiento de la primera temporada de El Descanso. Durante doce episodios logramos detenernos —aunque fuera un rato— para escuchar cómo sobrevivían en Cuba quienes casi nunca descansaban. Hoy estamos seguras de haber logrado lo que desde el principio anhelamos: que el proyecto fuera un ejercicio de justicia y reconocimiento para las personas cuidadoras.
Creamos una comunidad maravillosa de personas interesadas en escuchar otras voces cansadas y en compartir la propia. Un espacio seguro que sirvió para nombrar el agotamiento y, por tanto, cuestionarlo. Conseguimos que, más allá de un podcast, El Descanso fuera un diálogo colectivo donde quejarse dejó de ser vergonzoso para convertirse en una forma de resistencia. Hoy tenemos la certeza de que, al menos por unos meses, hicimos algo valioso entre todas.
Una vez finalizada la primera temporada, anunciamos una segunda y nos pusimos a trabajar. La idea inicial era grabar, al menos, ocho episodios que recogieran —otra vez— historias atravesadas por la misma pregunta: ¿quiénes cuidan en Cuba cuando las instituciones fallan, cuando las familias se fracturan y cuando el agotamiento se convierte en una condición permanente?
Pero entre aquella primera temporada y hoy pasaron demasiadas cosas.
La Seguridad del Estado intensificó el acoso contra periodistas y colaboradores, y parte del equipo de Periodismo de Barrio tuvo que salir del país. Al cansancio y la precariedad se le sumaron la inseguridad y la necesidad urgente de proteger nuestras propias vidas.
Entonces, irónicamente, decidimos poner El Descanso en una pausa que sentimos, en aquel momento, como un cierre definitivo. No porque hubiera dejado de importarnos, al contrario. El podcast y su comunidad siguieron siendo un espacio de orgullo y acompañamiento para muchas de nosotras. Pero pausarlo significó también reconocer algo que el propio proyecto nos había enseñado: quienes cuidan también se cansan. Y quienes sostienen comunidades, proyectos y medios independientes también merecen ser cuidados.
Antes de detenernos, logramos terminar tres episodios que quedaron guardados en alguna carpeta segura. Quizás porque manteníamos la esperanza de volver para completar la temporada en una Cuba más amable. Pero eso no sucedió.
Y, en medio de todo eso, Yadira Álvarez, creadora y conductora del podcast, enfermó.
Yadi estuvo detrás de El Descanso desde el inicio. Fue ella quien nos dio el sí para llevar a cabo el proyecto. Sin ella no habría sido posible sostenerlo. Necesitábamos las preguntas que pensaba, su manera inigualable de acompañar procesos y, sobre todo, su forma de hablar de cuidados sin romantizarlos.
En enero de 2026, Yadi murió.
Y ahora, cinco meses después, hemos decidido volver a estos episodios.
Quizás porque los cuidados también sean eso: insistir y negarnos a perder aquello que alguna vez nos ayudó a sentirnos acompañados. Porque estas historias siguen hablando del país que somos hoy. Porque las familias separadas por la migración continúan intentando cuidarse a distancia. Porque el acoso escolar sigue marcando vidas. Porque los proyectos comunitarios continúan llenando vacíos que deberían estar cubiertos o protegidos por las instituciones. Porque el cansancio no desapareció. Porque seguimos necesitando hablar de cuidados.
Volver a El Descanso es, entonces, una manera de acompañar la memoria de Yadi y de negarnos a que su trabajo —y su forma de mirar a los otros— quede suspendido en una carpeta olvidada. Es reconocer que, entre que fueron grabados y hoy, Cuba cambió mucho. Y, al mismo tiempo, muy poco.
