Icono del sitio Periodismo de Barrio

Cierra el Observatorio de Feminicidios de Yo Sí Te Creo en Cuba: el costo del desgaste y la censura

El Observatorio de Feminicidios de la plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTCC) ha cerrado su ciclo de registro y verificación de casos de violencia feminicida en Cuba, una decisión que sus integrantes describen como planificada y vinculada tanto al desgaste acumulado como a la necesidad de concluir una etapa tras la publicación del último informe anual en colaboración con el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT).

El cierre, sin embargo, no implica la desaparición del trabajo de acompañamiento ni de la Línea de Apoyo que mantiene la organización, sino la detención de la labor sistemática de observación y registro, una de las piezas más complejas y exigentes de su actividad.

Periodismo de Barrio conversó con integrantes de la plataforma sobre la noticia, que circuló a través de sus canales habituales y que no solo representa la pérdida de una fuente de datos confiables, sino el silenciamiento de una voz convertida en referente de credibilidad para la sociedad civil dentro y fuera de la isla. Las activistas, que accedieron a responder en detalle sobre las causas y consecuencias de esta decisión, describieron el contexto actual como uno de “represión, censura y crisis humanitaria” que ha hecho insostenible su trabajo de documentación.

Captura de pantalla de la publicación en la que el colectivo de YoSiTeCreo Cuba anuncia el cierre de su Observatorio de Feminicidios.

Captura de pantalla de la publicación en la que el colectivo de YoSiTeCreo Cuba anuncia el cierre de su Observatorio de Feminicidios.

“La insostenibilidad del observatorio databa de mucho antes, lo que aceleró el desgaste de las pocas personas a cargo hasta el cierre”, explicaron, despejando las dudas sobre si se trató de un cierre repentino. Aclararon que, no sin antes buscar otras opciones, fue una decisión planificada, revisada y tomada estratégicamente para que coincidiera con la salida del Informe Anual de OGAT, en el cual siempre han participado.

El principal obstáculo para el sostenimiento del observatorio no fue tecnológico ni legal, sino profundamente humano. “Mayormente fueron [obstáculos] humanos, sobre todo de personas que resistan este trabajo, que es muy desgastante por los temas violentos y las verificaciones difíciles”, dijeron.

Las observadoras, además, enfrentan un miedo creciente: “Cada vez menos personas observan ya que hacerlo es como reportar o investigar, y la censura en Cuba está generalizada”. Dependían de “la respuesta ciudadana” y, debido al contexto nacional, las personas suelen responder poco “a pesar de que no se dan los nombres de las fuentes”, contaron. A esta presión se suman los largos apagones y la desconexión, elementos que “limitan mucho más las verificaciones” junto con una crisis humanitaria que es “una presión para todo lo que se quiera hacer en Cuba”.

La comparación entre el riguroso registro de YSTCC y las estadísticas que ofrece el Estado cubano es un ejercicio de contraste absoluto. El observatorio oficial, alojado en el portal de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), se basa exclusivamente en los “procesos judiciales resueltos en el año” por el Tribunal Supremo Popular, una metodología que presenta un sesgo crítico al contabilizar únicamente los casos que ya cuentan con una sentencia firme. En 2024, esta fuente reportó que “76 mujeres de 15 años y más fueron víctimas de asesinato por razones de género a manos de sus parejas, exparejas u otras personas, conocidas en procesos judiciales en el año 2024”. La cifra oficial detalla que, de esos casos, 55 fueron a manos de la pareja o expareja íntima, mientras que 21 mujeres murieron a manos de “otras personas diferentes”.

Sin embargo, las activistas de YSTCC califican esta respuesta institucional con una sola palabra: “desinformadora”. Según explicaron a Periodismo de Barrio, el método oficial excluye sistemáticamente los casos donde el agresor se suicida, evitando así el juicio, o aquellos donde la investigación no concluye a tiempo. De esa forma, es imposible “conocer el impacto real de la violencia feminicida”, precisan. Los casos tardan meses y hasta un año en llegar a los tribunales, lo que significa que las cifras publicadas por el gobierno siempre van con rezago y no reflejan la violencia que ocurre en tiempo real.

Por otro lado, la metodología empleada por YSTCC y OGAT es ejemplo de rigor en medio de la precariedad. “La verificación tiene que contar con un mínimo de tres fuentes distintas; además de eso se mantenía un registro vivo en constante actualización”.

Mientras el gobierno no explica ni publica su metodología de registro, YSTCC construyó la suya basada en estándares internacionales. “En el Informe Anual de OGAT de 2024 se describe la metodología que siguen los observatorios, que es una mezcla entre la clasificación del Ministerio de Igualdad de España y la consensuada entre activistas de los países latinoamericanos que integran MundoSur”.

Este abismo en la transparencia genera que el observatorio independiente detecte realidades que el Estado ignora. Por ejemplo, mientras la ONEI reporta exclusivamente víctimas de “15 años y más”, YSTCC documentó el feminicidio de Gabriela Herrera Rodríguez, de siete años, en Guanabacoa, durante el primer trimestre de 2026. Además, el observatorio oficial no especifica su definición de “razones de género”. YSTCC, en cambio, utiliza tipologías específicas como “familiar; gineco-obstétrico; íntimo; no íntimo; por crimen organizado/narcotráfico; lesbicidio; vinculados/vicarios; suicidios feminicidas; y transfemicidio”.

“Oficialmente casi nada de violencia feminicida se ha conceptualizado como tal ni [se ha] definido”, denuncian. “No podemos dialogar ni entrar en contradicción con la nada. A veces usan los términos ‘femicidio’, otras ‘feminicidio’ y otras ‘asesinatos de mujeres por motivos de género’, pero ninguno [ha sido] definido en un documento oficial”, añaden.

Pese a la superioridad metodológica, las activistas reconocen limitaciones: “La limitación que tiene el observatorio es que accede poco a sentencias, actas de defunción, informes de autopsia, [y] dispone de poco tiempo y personal para más trabajo en las bases históricas”.

Defienden, sin embargo, la fiabilidad de sus datos frente al escepticismo: “Hasta ahora directamente no hemos sido cuestionadas, de hecho hasta estudiantes de universidades cubanas, artistas, realizadores audiovisuales, nos han solicitado datos de los registros”. Y tienen un argumento contundente contra las dudas: “Existe la cifra oficial del MINSAP de cubanas fallecidas cada año por agresiones y hasta ahora los observatorios nunca han superado esa cantidad”.

Las consecuencias de este cierre son devastadoras para la visibilidad de la violencia machista. YSTCC, en colaboración con OGAT, había logrado documentar 315 feminicidios entre 2019 y diciembre de 2025 .

“Es una voz menos en el registro y la denuncia, y una voz que aportaba un enfoque desde lo asistencial y preventivo, ya que la plataforma cuenta con una Línea de Apoyo”, lamentan.

El vacío no será total, pues “sigue existiendo OGAT, que mantiene la alianza con MundoSur, y el registro que realiza [el medio de prensa] 14ymedio”. De hecho, OGAT ya ha confirmado 20 feminicidios en lo que va de 2026, incluyendo el reciente caso de Mariolis López Silio. El asesinato de esta madre en Güines, ocurrido presuntamente a manos de su expareja, dejó cuatro hijos huérfanos, sumándose a las “70 menores sin el amparo materno” que el propio gobierno reconoció en sus estadísticas oficiales de 2024 .

Cuando se les pregunta qué necesitarían para retomar el trabajo en condiciones seguras, la respuesta es tajante: “democracia en Cuba”.

Para ellas, esto implica “tener libre asociación, poder capacitar personal, establecer políticas de recursos humanos de recambio, acceder a información, poder hablar con las familias, conectarlas con la atención… Este trabajo es durísimo en cualquier parte del mundo, súmele hacerlo en las condiciones de Cuba”.

El mensaje de YSTCC para las víctimas es un llamado a no callar: “Actúe a tiempo y busque apoyo en [nuestra] Línea, evite el desenlace fatal. Y si sucedió, acuda a los formularios anónimos de OGAT, a los emails, pida ayuda en la Línea sobre cómo proceder, sobre todo con las niñas y niños huérfanos. Es seguro denunciar usando los canales de los observatorios. No deje que quede en el olvido, aporte para que a otra familia no le suceda”.

El cierre de este observatorio no solo evidencia el colapso de la sociedad civil bajo la presión de la crisis cubana, sino que deja al descubierto la complicidad estructural del silencio. La violencia feminicida, como bien lo definen ellas, está “disparada en esta crisis humanitaria”, y sin observadores independientes, muchas de esas muertes volverán a caer en la fosa común del olvido estadístico.

Salir de la versión móvil