Cada noche, cerca de la 1:15 de la madrugada, pasa sobre nuestras cabezas un discreto y silencioso observador: el satélite Suomi-NPP, propiedad de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos, y que opera bajo supervisión conjunta de esta agencia y la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, por sus siglas en inglés). A bordo viaja el sensor VIIRS-DNB, un instrumento que registra tanto la luz visible como la infrarroja que emana desde la superficie terrestre.

Sus observaciones, de alcance global, son la base del proyecto Black Marble de la NASA, un programa de investigación científica que documenta y analiza la iluminación nocturna del planeta, en particular la de origen humano.

Durante catorce años, Suomi-NPP ha documentado las luces de nuestras calles, caminos, carreteras, bosques y ciudades. Lo que registra el sensor a su paso —zonas que brillan y zonas que no— ha convertido a este satélite en un testigo involuntario de la actividad nocturna en Cuba y, por consiguiente, de la crisis energética que azota a nuestro país.

El ojo que (casi) todo lo ve

Desde hace varios años, los apagones se han vuelto la norma que rige el día a día del país y, por supuesto, de sus noches. Los ciudadanos reportan cortes que llegan a una media de 12 o 18 horas, dentro de una crisis múltiple que se agrava debido a la escasez de suministro de crudo y a décadas de desinversión en la infraestructura electroenergética.

La Unión Eléctrica publica a diario reportes de generación y déficit del suministro, pero está lejos de ofrecer datos estructurados con los que podamos medir con exactitud las dimensiones de la crisis, identificar patrones en el tiempo o realizar agregados por áreas.

Black Marble ofrece registros de iluminación nocturna para cada noche desde la puesta en órbita de VIIRS-DNB, uno de los dispositivos más sensibles hasta la fecha, capaz de captar desde su órbita el brillo de una linterna a 824 kilómetros del suelo. En sus registros se subdivide la superficie terrestre en celdas de unos 500 metros de lado, lo que permite realizar análisis geográficos además de temporales.

Los datos de Black Marble presentan sus propios desafíos: factores ambientales como la luz de la luna y su reflejo en cuerpos de agua, la reflexión solar, la atmósfera y la presencia de nubes pueden afectar la medición. Asimismo, la frecuencia de paso del satélite es solo una por noche, limitando lo que podemos observar por vez.

Otro factor a tener en cuenta es que, al ser solo una herramienta de medición de la luz, Black Marble no distingue entre estructuras conectadas a la red eléctrica y aquellas con fuentes autónomas, por lo que las disminuciones en la iluminación pueden quedar “enmascaradas”.

Para zonas con alta densidad urbana y área pequeña donde existan fuentes de luz autónomas —como hospitales o edificios grandes y con plantas de diésel— esto puede provocar subregistros.

A pesar de ello, las observaciones de Black Marble han demostrado ser de gran utilidad para detectar cortes de electricidad y afectaciones a la infraestructura eléctrica. La propia NASA lo hizo entre 2017 y 2018, tras el paso del huracán María por Puerto Rico, cuando se interrumpió  el servicio de electricidad en toda la isla y no fue restablecido en su totalidad hasta casi 11 meses después.

Para el caso de Cuba, y enfocándonos en tres provincias —La Habana, Villa Clara y Santiago de Cuba—, escogidas por su peso político y económico y sus diferentes composiciones entre población urbana y rural, es posible obtener una panorámica de la crisis energética de la isla a partir de los datos de Black Marble.

Entre 2015 y 2024, de acuerdo con las “medianas de iluminación”, estas tres provincias experimentaron comportamientos distintos en su iluminación general. La mediana de iluminación es el valor típico de intensidad luminosa que el satélite registra dentro de las celdas de la provincia y permite identificar tendencias de carácter estructural, más allá de fluctuaciones noche a noche.

Evolución de las medianas de iluminación en La Habana, Santiago de Cuba y Villa Clara.

Evolución de las medianas de iluminación en La Habana, Santiago de Cuba y Villa Clara. Las medianas están calculadas sobre los agregados anuales que produce Black Marble, mediante aplicación de algoritmos que corrigen o compensan posibles errores o pérdidas en la medición. Datos: Black Marble — NASA.

Lo primero que salta a la vista es la enorme diferencia entre las medianas de las tres provincias. Esto podría explicarse, en parte, si tenemos en cuenta que la capital es un territorio mucho más urbanizado, mientras que Santiago de Cuba y Villa Clara poseen mayores extensiones rurales con valores bajos de iluminación. Además, La Habana, como capital, tiende a recibir prioridad en el suministro.

Con respecto a 2015, La Habana muestra una reducción del 9,30% en su mediana, lo que implica una disminución en la iluminación nocturna de las noches capitalinas. Santiago de Cuba y Villa Clara no mostraron en 2024 reducciones significativas frente a 2015, si bien han experimentado caídas en algunos de esos años. La más extrema de las aquí observadas fue Santiago de Cuba en 2020, probablemente debido al paso de la tormenta tropical Laura que afectó al 60% de los circuitos del país y dejó a Santiago de Cuba como una de las provincias más dañadas.

Sombras en el mapa

Lo que podemos medir son las caídas drásticas en la iluminación de cada celda de las provincias escogidas al paso del satélite. En 2017, para el caso de Puerto Rico, la NASA trabajó con una resolución de 30 metros, cruzando sus registros con datos satelitales de infraestructura urbana y validando sus detecciones con datos de la Autoridad de Energía Eléctrica puertorriqueña.

En el caso cubano, al no estar disponibles los datos oficiales equivalentes, hemos trabajado con la versión pública de Black Marble: una resolución de 500 metros. Por ello, hemos optado por un umbral ligeramente menos conservador: aquí hemos considerado “caída drástica” todo valor que registre un descenso del 75% o más en su iluminación frente a su media histórica, en lugar del 80% preferido por la NASA.

Para reducir aún más el margen de error, filtramos todas las noches con una cobertura de nubes superior al 10% en el territorio analizado.

En los registros de Black Marble, para un período de cerca de 1.450 noches entre el primero de enero de 2022 y el 13 de febrero de 2026, de las tres provincias en las que se enfoca este trabajo, solamente La Habana aparece con noches libres (102) de caídas en la iluminación nocturna de toda la ciudad. En Santiago de Cuba y Villa Clara, cada noche registró caídas abruptas en al menos un punto del territorio.

La gráfica muestra en el eje horizontal los porcentajes de la provincia con caídas drásticas y, en el eje vertical, el número de días en que se experimentó ese porcentaje.

La gráfica muestra en el eje horizontal los porcentajes de la provincia con caídas drásticas y, en el eje vertical, el número de días en que se experimentó ese porcentaje. Días con cobertura de nubes superior al 10% han sido filtrados. Datos: Black Marble — NASA.

La manera en que los posibles apagones se distribuyen en las provincias parece variar: VIIRS-DNB registró dos noches en las que entre un 20% y un 31% de la provincia de La Habana experimentó reducciones abruptas de su iluminación. Santiago de Cuba y Villa Clara, en cambio, aparecen con 79 y 45 noches en las que, sobre la 1:15 a.m., más de la mitad de estas provincias estaban bajo posibles apagones.

Para Santiago de Cuba, además, están documentadas nueve noches con entre el 75% y el 85% de la provincia sin iluminación, mientras que Villa Clara sufrió caídas drásticas del 70% y 77% en cuatro de los días registrados.

Porcentaje de la provincia que experimentó eventos de caídas de iluminación para cada noche entre el primero de enero de 2022 y el 13 de febrero de 2026.

Porcentaje de la provincia que experimentó eventos de caídas de iluminación para cada noche entre el primero de enero de 2022 y el 13 de febrero de 2026. Noches con cobertura de nubes superior al 10% han sido filtradas. Datos: Black Marble — NASA.

Los registros muestran cómo las caídas abruptas, si bien no ocurren con la misma frecuencia en todos los sitios, sí se mantienen como una realidad constante en estas tres provincias. Santiago de Cuba y Villa Clara experimentan picos más altos y frecuentes que La Habana, distribuidos a lo largo del tiempo.

Recordemos: solo estamos observando caídas de luz en un momento específico del día, por lo que miramos una instantánea de la crisis, aunque bastante lúgubre.

Las peores noches que el satélite Suomi-NPP ha observado para Santiago de Cuba y Villa Clara son —respectivamente— el 7 de noviembre de 2025 y el 13 de febrero del mismo año, con el 84,85% y el 77,40% de estas dos provincias a oscuras. En 2022, La Habana recibió la madrugada del 13 de agosto con el 31,38% de la ciudad apagada, registró Black Marble.

Mapas de la peor noche registrada en cada provincia

Mapas de la peor noche registrada en cada provincia: el color de cada celda indica cuánto cayó su iluminación respecto a lo que es habitual en esa zona. Datos: Black Marble — NASA.

De acuerdo con testimonios ciudadanos, la distribución espacial de los apagones está lejos de ser igualitaria, mostrando diferencias no solo entre estas tres provincias sino también en el interior de ellas. Al ubicar las frecuencias de los eventos de caída en un mapa, se observan diferencias notables entre zonas urbanas y rurales.

Mapa de frecuencias de posibles apagones por celda

Mapa de frecuencias de posibles apagones por celdas: el color de la celda indica qué porcentaje de las noches analizadas mostraron caídas drásticas en la iluminación local. En negro, celdas históricamente sin iluminación. Datos: Black Marble — NASA.

Llaman la atención, además, celdas cuyos valores no siguen los patrones provinciales. En La Habana, los terrenos de la Refinería Ñico López registran 874 noches con caídas drásticas frente a una media provincial de 20. En el extremo opuesto, una celda parcialmente ocupada por el hotel Playa Cayo Santa María, resort de cinco estrellas propiedad de Gaviota, no registra caídas en su iluminación.

Vista satelital de la celda sin registros de caídas en la iluminación, en Cayo Santa María.

Vista satelital de la celda sin registros de caídas en la iluminación, en Cayo Santa María. Las dos únicas fuentes de iluminación en la zona corresponden a instalaciones hoteleras. Imagen: Esri World Imagery.

A escala municipal, se observan también patrones reveladores. La siguiente gráfica muestra que para los municipios habaneros se registran menos noches con apagones —con la excepción de Regla y Habana del Este— y que, cuando ocurren, rara vez alcanzan el 10% del territorio.

Izquierda: Noches con apagones detectados en más del 10% del municipio frente a noches sin ningún apagón detectado. Derecha: Relación entre la tasa de población rural y noches con apagones detectados en más del 10% del territorio.

Izquierda: Noches con apagones detectados en más del 10% del municipio frente a noches sin ningún apagón detectado. Derecha: Relación entre la tasa de población rural y noches con apagones detectados en más del 10% del territorio. Datos de iluminación: Black Marble — NASA | Datos demográficos: ONEI.

Los municipios de Villa Clara, según documenta la base de datos, solo han experimentado noches sin eventos detectados el 25% –o menos– de las ocasiones. Los municipios santiagueros, en cambio, no sobrepasan el 6%. Enfocándonos en Villa Clara y Santiago de Cuba, los municipios más golpeados son aquellos con tasas de población rural más altas.

Los datos presentados aquí, si bien reveladores, son una ventana estrecha de una crisis cuyo mapeo no tenemos completo. Los registros sugieren que la gestión de la crisis reproduce viejas desigualdades: entre la capital del país y otras provincias, y entre las zonas urbanas y rurales, tal y como viene denunciando la ciudadanía en los últimos cuatro años.

La opaca narrativa oficial —aún cuando le resulta imposible invisibilizar la gravedad de lo que el país vive a diario— sigue siendo capaz de dificultar cualquier radiografía profunda que haga posible identificar los criterios para las prioridades en el servicio. Las razones que determinan quién tendrá luz en la noche siguen en las sombras.

Cerca de la 1:15 a.m., puntual y silencioso, el satélite Suomi-NPP volverá a cruzar sobre el cielo cubano. A más de 800 kilómetros de altura, el sensor que lleva a bordo registrará por igual las luces encendidas y aquellas que quedaron apagadas. Esperemos que, más temprano que tarde, lleguen noches donde las segundas sean menos.

Sobre el autor

Julio Gerardo Hun Longchong

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