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Cuba deposita sus esperanzas en la energía renovable mientras se intensifican la crisis energética y el clima extremo

Una mujer camina a la orilla de un cañaveral en la provincia de Las Tunas, en el oriente del país. En octubre de 2025 la región sufrió graves afectaciones a causa del huracán Melisa. Foto: Luis Bustamante.

El centro del pueblo de Guáimaro, en la provincia de Camagüey, amanece bajo un cielo encapotado que ofrece un respiro a los agricultores que han llegado para vender sus productos en la feria del sábado.

Dos de ellos atienden sin descanso a una fila de clientes ubicada detrás de un camión cargado de cebollas. La jornada marcha bien, aunque uno de los vendedores lamenta que, en los últimos tiempos, el clima se ha vuelto cada vez más impredecible.

“Se ve más sequía aquí en los meses de verano”, dice mientras entrega una bolsa de cebollas a una clienta. “El tiempo cambia mucho: llueve en exceso y, de repente, vuelve la sequía. Eso está afectando la producción”, añade.

Agricultores de poblados más alejados del centro aseguran estar siendo testigos de patrones climáticos cada vez más erráticos.

“Ahora cae un aguacero de repente, el suelo se inunda y luego todo vuelve a secarse”, explica Matilde, una mujer mayor que lleva unas guayabas frescas para su nieta. “Aunque en los últimos meses ha llovido, mire qué bien está creciendo mi platanito”, comenta.

Matilde confirma que el ciclón Melisa, que azotó a la isla en octubre de 2025, no afectó directamente a la localidad. Sin embargo, recuerda otro huracán devastador en los años setenta. “Todo se inundó, eso sí acabó con todo”.

Melisa fue uno de los huracanes más graves de la historia reciente del Caribe. El ciclón golpeó con especial dureza el oriente de la isla —la región más empobrecida— y causó daños generalizados. El fenómeno afectó a 3,5 millones de personas y dañó o destruyó unas 90.000 viviendas y cerca de 100.000 hectáreas de cultivos.

Matilde, an elderly farmer from Guáimaro, says she is pleased by the recent rains, which have helped her plantain to flourish.

Matilde, una agricultora de Guáimaro, dice estar feliz con las lluvias recientes, que han favorecido el crecimiento de sus plátanos. Foto: Luis Bustamante.

A unos 130 kilómetros de Guáimaro está el pueblo de Herradura, en la provincia de Las Tunas, donde muchos agricultores sí sufrieron directamente los efectos del huracán. Uno de ellos es Roberto.

“Cayó muchísima agua. Todos estos campos que ve, quedaron inundados”, cuenta, sentado en un carretón tirado por Vertucho, su caballo rubio, a un lado de la carretera de arena. “Aquí se perdió toda la siembra: la mayor parte del maíz y los frijoles. También el garbanzo, que no resiste tanta agua”, explica.

Roberto señala que, por suerte, en su pueblo el agua no llegó a inundar las viviendas, como ocurrió en otras zonas, aunque muchos agricultores perdieron la cosecha.

“Al menos hemos recibido algunas donaciones y apoyo del gobierno para recuperarnos”, dice.

Roberto dice que se siente feliz en el campo, pero que últimamente los cambios bruscos en la lluvia han dañado las zonas. Foto: Luis Bustamante

Aunque los huracanes han sido siempre parte de la vida en el Caribe, los estudios advierten que se están volviendo más frecuentes e intensos, junto con inundaciones severas y episodios inusuales de bajas temperaturas.

Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), las naciones del Caribe, como Cuba, figuran entre las regiones más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos.

En enero, la isla también registró temperaturas históricamente bajas, con mediciones que en algunas zonas descendieron hasta los cero grados Celsius. En La Habana, edificios ya deteriorados sufrieron daños adicionales en medio de graves inundaciones provocadas por un inusual frente frío.

Para Reinaldo Funes, profesor de historia ambiental en la Universidad de La Habana, la crisis climática actual no puede entenderse sin tener en cuenta un prolongado proceso de degradación ambiental que se remonta a la época colonial.

La expansión de la industria azucarera provocó una intensa deforestación y deterioro de los suelos, lo que redujo la capacidad del territorio para resistir inundaciones y sequías, una fragilidad ya señalada por estudios desde el siglo XIX, aunque en el XX fueron más evidentes.

“Casi el 90% de la cobertura forestal original del país fue eliminada, primero para abastecer a la industria naval española y más tarde para ampliar el cultivo de la caña de azúcar de la colonia”, explica Funes.

Según el historiador, la eliminación de la cubierta forestal se completó luego con la ganadería extensiva y con el traspaso de gran parte de la industria azucarera a manos de inversores estadounidenses en los inicios del siglo XX, un desarrollo que se concentró especialmente en la provincia de Camagüey y en otras zonas del oriente del país.

Los agricultores de la provincia de Camagüey están entre los más afectados por los impactos de los extremos climáticos. Foto: Luis Bustamante.

Una de las estrategias del gobierno cubano para mitigar los efectos del cambio climático y afrontar la grave crisis energética ha sido acelerar la transición hacia las energías renovables, con el objetivo de reducir su huella de carbono y disminuir su histórica dependencia de los combustibles fósiles.

La demanda máxima de energía en Cuba ronda los 3.180 MW, según la Unión Eléctrica, de los que solo un 9% proviene de fuentes renovables, principalmente solar. No obstante, según datos oficiales, en 2025 la capacidad instalada en este ámbito creció un 350%, gracias a la puesta en marcha de nuevos parques solares.

El año pasado, Cuba firmó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, comprometiéndose a elevar la participación de las energías renovables hasta el 26% en 2035. Como parte de ese compromiso, el país se ha propuesto instalar 92 parques solares con una capacidad total de 2.000 MW antes de 2028, con la inversión china como eje central del plan. Para octubre de 2025, se habían puesto en marcha 35 parques, capaces de generar hasta 750 MW y de ahorrar unas 111.623 toneladas de combustibles fósiles, según cifras oficiales.

Cuba cuenta además con cuatro parques eólicos en funcionamiento, con una capacidad combinada de 11,7 MW. Además se prevé poner en marcha uno de los mayores parques eólicos en Herradura, el pueblo donde vive Roberto, con un aporte estimado de 33 MW a partir de 22 aerogeneradores, nuevamente con financiación y apoyo técnico de China.

Entrada al parque eólico de La Herradura. Foto: Luis Bustamante.

En los últimos años Roberto ha observado cómo se han levantado nuevas líneas eléctricas cruzando los campos agrícolas para transportar la energía del nuevo parque eólico.

“Creo que el parque es algo bueno”, afirma Roberto. “Ayudará con la corriente [eléctrica] y beneficiará directamente a la gente”.

Inicialmente, en 2013 se anunció la instalación de dos parques eólicos en la zona costera de Herradura: Herradura 1 y Herradura 2, un proyecto que contemplaba un total de 50 aerogeneradores. Sin embargo, durante varios años los trabajos avanzaron lentamente debido a la falta de recursos. En 2025, el director general de la Empresa Eléctrica del territorio oriental, Carlos Arias Sobrino, informó sobre avances en la construcción de Herradura 1, gracias a un programa de inversión acordado con China. No obstante, precisó que de los 34 aerogeneradores planificados para la primera fase se instalarían solo 22.

A finales de 2024, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, había asegurado que “en 2025 debe terminar la instalación de Herradura 1”. Sin embargo, a finales de enero de 2026, solo se habían completado las bases de los aerogeneradores. Por su parte, Herradura 2 permanece paralizado por falta de financiamiento.

A finales de enero 2026 solo existían las bases de los aerogeneradores del parque eólico de la Herradura 1. Foto: Luis Bustamante.

La historia de las energías renovables en Cuba se remonta a finales de los años ochenta, cuando los primeros paneles solares llegaron a centros de salud rurales, llevando electricidad a lugares que antes carecían de ella. En 1999, el país inauguró su primer parque eólico, un símbolo de la apuesta temprana por alternativas al petróleo. Desde 2006, estas fuentes forman parte de la llamada “revolución energética”, un esfuerzo por reducir la dependencia del combustible importado y modernizar un sistema que mostraba signos de fragilidad.

El gobierno cubano sostiene que la expansión de las energías renovables aliviará la escasez de electricidad en medio de una profunda crisis energética que ha puesto al país al borde del colapso humanitario. La situación se agudizó a comienzos de enero, cuando se interrumpieron los envíos de petróleo desde Venezuela a la isla y Estados Unidos endureció las sanciones, incluyendo la imposición de aranceles a quienes suministren crudo a Cuba tras declararla “amenaza” para su seguridad nacional.

Desde entonces, los apagones se han intensificado. A inicios de febrero, la Unión Eléctrica Nacional informó que hasta el 64 % de la población quedó sin electricidad de forma simultánea durante las horas de mayor demanda, en uno de los cortes más severos de los últimos años.

El parque solar de Luaces en Vertientes, provincia de Camagüey, fue inaugurado en mayo de 2025. Foto: Luis Bustamante.

Ese mismo mes, el gobierno anunció medidas de emergencia ante la situación que ha sido comparada con el Período Especial de los años noventa. El viceprimer ministro  Óscar Pérez-Oliva Fraga señaló en la Mesa Redonda que una de las prioridades es acelerar la construcción de parques solares con respaldo de China.

La debilidad del sistema eléctrico, con apagones cada vez más frecuentes, ya había llevado al gobierno a presentar en septiembre de 2024 la Estrategia Nacional de Transición Energética, que combina mayor producción de petróleo con un impulso decidido a las renovables, y con la meta de lograr la autosuficiencia eléctrica a largo plazo.

La gran mayoría de los parques solares en Cuba han sido construidos con el apoyo de China. Foto: Luis Bustamante.

Uno de los parques solares más recientes, Luaces, terminado en mayo de 2025, se levanta en medio de los campos agrícolas de Vertientes, en Camagüey. Como buena parte de los parques fotovoltaicos de la isla, de tamaño medio, genera 21,8 MW que se inyectan directamente en la red nacional.

Raúl, ingeniero técnico de la instalación, está convencido de que las renovables son el futuro del suministro energético, tanto en Cuba como en el resto del mundo. “Con la energía renovable, algún día se acabarán las guerras por el petróleo”, afirma.

A su juicio, cuando se desarrolle plenamente la infraestructura de fuentes limpias en la isla, el impacto sobre la actual escasez será significativo. El gran desafío, advierte, es la falta de capacidad de almacenamiento. “Construir un sistema energético completamente nuevo lleva tiempo”, señala.

Los expertos, sin embargo, rebajan el optimismo. La prolongada crisis económica deja a Cuba sin los recursos necesarios para transformar su sistema eléctrico a la escala que requiere.

“La transición energética planteada por el gobierno exigiría inversiones de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares en la próxima década”, sostiene Ricardo Torres, economista especializado en energía en la American University. “Cuba simplemente no dispone de ese dinero, y China no lo pagará todo”, añade.

China se ha convertido en un socio clave de la transición energética cubana. En diciembre de 2024, ambos países firmaron un acuerdo de donación de siete parques solares con una capacidad conjunta de 35 MW.

Nuevas líneas construidas para transmitir la electricidad desde el nuevo parque eólico de Herradura. Foto: Luis Bustamante.

Según Torres, el país asiático produce actualmente un excedente de paneles solares, lo que le permite suministrar equipos a la isla. En otros casos, de acuerdo con diversos informes, los paneles se han intercambiado por níquel, mineral del que Cuba posee algunas de las mayores reservas del mundo.

Para Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la University of Texas at Austin, la estrategia oficial subestima la inversión necesaria para modernizar una infraestructura eléctrica envejecida. “Alrededor del 16% de la electricidad generada se pierde en la red”, advierte.

Aunque reconoce la rápida expansión de los parques solares, Piñón subraya que la generación por sí sola no basta: “Las plantas solares solo producen durante las horas de sol, mientras que el pico de demanda suele concentrarse entre las siete y las ocho de la noche”.

“También hay que pensar en cómo se transmite y se almacena la energía”, señala.

Tanto Torres como Piñón coinciden en que la ambiciosa transición energética cubana tropieza además con la falta de capacidad para gestionar proyectos renovables de gran escala al ritmo que se necesita.

Como ejemplo citan el proyecto “Ciro Redondo”, iniciado en 2017 con capital chino-británico para generar electricidad a partir de biomasa de caña de azúcar. La planta, con una capacidad prevista de 65 MW, permanece hoy paralizada por la escasez de materia prima.

“La biomasa cañera tiene un gran potencial en la transición energética, pero en Cuba no existe un plan claro para ejecutar los proyectos, como demuestra el caso de Ciro Redondo”, concluye Torres.

La corporación Copextel inició un programa de venta de módulos de paneles solares para los hogares cubanos. Foto: Luis Bustamante.

En medio de la crisis energética, el gobierno cubano también ha promovido la energía renovable como alternativa para los hogares. En febrero, la corporación Copextel, vinculada al Ministerio de Industrias, anunció la venta de más de 10.000 módulos de paneles solares para instalar en viviendas de toda la isla.

El programa busca garantizar que los cubanos puedan generar energía de manera autónoma ante la crisis. Sin embargo, corre el riesgo de profundizar la división entre quienes pueden costear la electricidad y quienes siguen dependiendo de un sistema marcado por la inestabilidad.

Un post en Facebook de la Unión Eléctrica el pasado 20 de febrero señalaba que el precio de cada módulo —que incluye el panel solar, seis metros de cable, conectores y una batería con salida de 800W a 1.200W— asciende a 75.200 pesos cubanos (CUP) “a pagar por diferentes vías”, una cifra fuera del alcance de la mayoría de la población.

En Miramar, La Habana, numerosas villas lucen ya paneles recién instalados en sus tejados. Luis, padre divorciado y vecino de este barrio del municipio Playa, asegura que la energía renovable sigue siendo un privilegio.

“Aquí la situación con la corriente está candela”, dice. “Pero no todos pueden comprar paneles solares. No son para los pobres”.

Estas desigualdades podrían profundizarse con otras medidas recientes del gobierno, que permiten a particulares vender electricidad procedente de fuentes renovables a “otro consumidor, que puede ser una empresa, una industria, cualquier institución del país”, dijo en la Mesa Redonda Oscar Pérez-Oliva Fraga.

A las puertas del parque eólico Herradura, Roberto se muestra esperanzado ante la posibilidad de que su pueblo quede pronto al margen de los apagones crónicos derivados de la prolongada crisis energética. Mientras acaricia a su caballo, insiste en que cualquier mejora del suministro eléctrico será bienvenida.

Pero la electricidad no es el único desafío para los agricultores de la zona. A pesar del posible alivio de tener más horas de luz en sus hogares en un futuro, continúan enfrentando dificultades cotidianas en el campo, como el acceso al riego durante los períodos de sequía.

“Todavía hay muchas cosas que deben cambiar”, afirma. Luego azuza a su caballo, Vertucho, y se pierde por el sendero polvoriento.

*Este reportaje contó con el apoyo del Pulitzer Center.

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