En una comparecencia ante los medios de comunicación de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez aseguró hoy que el gobierno de la Isla está dispuestoa establecer un diálogo con Estados Unidos siempre que se cumplan las siguientes condiciones: que no existan presiones o precondicionamientos, que se realice desde posiciones iguales, con respeto a la soberanía y autodeterminación de Cuba, o que no se aborden temas que el gobierno de la isla entienda como injerencia en sus asuntos internos.
Estas declaraciones del presidente designado sugieren que el diálogo aún no ha iniciado, lo cual contradice la narrativa que circula desde la Casa Blanca desde muy temprano en este 2026.
Periodismo de Barrio ofrece una breve relatoría sobre lo que se ha dicho, oficialmente, acerca de las supuestas negociaciones entre Cuba y Estados Unidos luego del ataque a Venezuela el 3 de enero pasado.
El domingo 11 de enero, el presidente estadounidense Donald J. Trump instó a La Habana desde su red Truth Social a alcanzar un acuerdo antes de que fuera “demasiado tarde”, asegurando que no habría “más petróleo o dinero” para Cuba desde ese momento. Al día siguiente, como respuesta, Díaz-Canel escribió en X que no existían “conversaciones con el gobierno de EE.UU., salvo contactos técnicos en el ámbito migratorio”. No obstante, dijo, al igual que en el discurso de hoy, que su gobierno estaba dispuesto a “sostener un diálogo serio y responsable sobre bases de igualdad soberana, respeto mutuo, principios de Derecho Internacional, beneficio recíproco, sin injerencia en asuntos internos y con pleno respeto a nuestra independencia”.
Días después, el 29 de enero pasado, Trump emitió una orden ejecutiva titulada “Addressing Threats to the United States by the Government of Cuba” para enfrentar lo que considera “amenazas extraordinarias” para la seguridad nacional y la política exterior del país norteamericano. El texto, que acusa a la isla de mantener relaciones y apoyar a gobiernos y grupos hostiles a EE.UU., o de reprimir a sus opositores políticos y perseguir la libertad de expresión y de prensa, entre otras cosas, establece un sistema de aranceles sobre importaciones de bienes provenientes de países que directa o indirectamente suministren petróleo a Cuba.
El 1 de febrero, la Associated Press reportó que el presidente Trump aseguraba haber comenzado las conversaciones con líderes cubanos luego de estas presiones.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) dio a conocer una declaración ese mismo día, donde “condenaba” el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones y reafirmaba “su compromiso de cooperar con los Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la seguridad regional e internacional”.
“Cuba propone renovar la cooperación técnica con los Estados Unidos en áreas que incluyen la lucha contra el terrorismo, la prevención del lavado de dinero, el combate al narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros, y continuará fortaleciendo su marco jurídico para respaldar estos esfuerzos, consciente de que cuando ha existido voluntad de las partes, se ha podido avanzar en estos frentes”, añadieron, sin confirmar ni desmentir la existencia de diálogo.
La única voz del gobierno cubano que habría afirmado que Washington y La Habana estuviesen conversando, ha sido el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, quien, en entrevista con CNN, dijo que “por el momento hemos tenido algunos intercambios de mensajes, pero no podemos decir que tengamos un diálogo bilateral establecido en este momento”.
A la pregunta de si esas comunicaciones estaban realizándose con personas del más alto mando en la isla, Fernández de Cossío respondió: “La mayoría de las cuestiones en Cuba relacionadas con Estados Unidos están vinculadas al más alto nivel. Es un tema importante para nosotros, así que no se toma ninguna decisión ni acción sin la participación del nivel superior del gobierno cubano”.
Sin embargo, ese “nivel superior” del gobierno cubano, que estaría —lógicamente— liderado o representado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, no confirmó hoy en su comparecencia que exista ningún tipo de conversación abierta, sino que están dispuestos a que se inicie en un futuro. Una retórica y un comportamiento típicos del poder dictatorial que gobierna el país y que la mayoría de las veces, en temas como este, ha actuado desde las sombras durante mucho tiempo antes de revelar cualquier resultado.
Varias fuentes también han reportado negociaciones al margen del discurso oficial y que estarían sucediendo en territorios “neutrales” —en suelo diferente al cubano o estadounidense— como México, protagonizadas por Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, con funcionarios estadounidenses. Hasta el momento, ninguna de las dos naciones ha emitido información al respecto.

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