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Alamar apuesta por el reciclaje ante problemática de la basura

Para Lena Brode todo comenzó hace ocho años, durante su primera estancia en Cuba, cuando se le ocurrió enviar a su mejor amiga en Alemania un souvenir poco convencional: la chapa de una botella de cerveza cubana. Una chapa color ocre que traía grabada, con pintura negra, la silueta flaca de la Isla y las cuatro letras de su nombre en mayúsculas. Pero su amiga no la guardó en ningún cofre dentro de ninguna gaveta, sino que la transformó en un sello que colgó en su ropa para llevar consigo a cualquier parte. A Lena la idea le entusiasmó y, con otras idénticas, se confeccionó un par de aretes.

—Y ahí mi amiga me dice: “¿Tú te has dado cuenta de que hay otras chapas bonitas en Alemania?”. Entonces empecé a buscar chapas de refrescos, de otras cervezas… Y ahora también amigos míos cuando viajan a distintos países me traen. Tenía unas de Malasia lindísimas, con elefantes, que las regalé a una amiga que tiene el elefante como su animal preferido. Son regalos muy personales.

La comercialización vino mucho después, hace aproximadamente año y medio, cuando se juntaron la necesidad de ganarse la vida en Cuba y un incremento en la demanda. En su primer viaje Lena no solo descubrió el potencial artístico de las chapas de cerveza sino al hombre con el que se casaría seis años más tarde. Asegura que fue amor a primera vista. A los pocos meses, ya Lena estaba de vuelta. Organizó un intercambio académico, porque entonces estudiaba comunicación intercultural, y se instaló en el país para darle una oportunidad a la historia .Y así estuvo un tiempo, yendo y regresando, hasta que hace dos años se casó y se quedó residiendo en Cuba. Ahora se dedica a hacer traducciones y aretes. Pero los aretes parecen más una tradición que un negocio.

Las chapas tienen el poder de conectar personas. Sirven para reconocerse y distinguir algo en común. Usarlas significa que tienes o tuviste algún vínculo con Lena o, en ocasiones, con el lugar de donde son las cervezas.

―Cuando yo uso en Alemania las chapas de Cuba –cuenta Lena–, me encuentro con mucha gente que tiene algún vínculo con Cuba, que tienen padres cubanos, el amigo, o lo que sea, entonces llama mucho la atención y lleva a una interacción con la gente que me encanta.

En Micro X, en el reparto Alamar, del municipio Habana del Este, Lena expone sus chapas y sellos sobre una tela negra, explica cómo confecciona los aretes a la gente que se le acerca, regala unos, vende otros. Se encuentra aquí, un sábado en la tarde, a mediados de diciembre, en la periferia de la capital, para participar por primera vez en la Feria de Reciclaje Ponte Verde que realiza el Taller de Transformación Integral del Barrio (TTIB) Alamar Este por tercera ocasión. Después de conocerla, es probable que una cerveza no siga siendo simplemente una cerveza, ni una chapa siga siendo simplemente una chapa.

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La compañía Gigantería convoca a la comunidad a sumarse, anima e imparte talleres de vestuario (Foto: Mónica Baró)

La compañía Gigantería convoca a la comunidad a sumarse, anima e imparte talleres de vestuario (Foto: Mónica Baró)

Lo que pretende la Feria es justamente promover una visión distinta de las cosas que por lo general se consideran basura, presentando iniciativas que estimulen la creatividad de la gente y sensibilicen con el cuidado de la naturaleza. Los residuos sólidos constituyen hoy una de las principales preocupaciones de quienes residen en Alamar, pues se produce un volumen superior a las capacidades existentes para procesarlos, y esa desproporción no solo acaba deteriorando los paisajes urbanos, sino que también suscita conflictos. No obstante, en el barrio, gran parte de la gente la asume como una actividad recreativa a la que llevar a niñas y niños para que correteen y se entretengan un rato.

A Vicente García, de 76 años, le avisó una vecina y vino a traer a sus nietos. La vecina se enteró por un carro que pasó promoviendo la Feria con un altoparlante.

―¿Qué piensa del reciclaje? –pregunto a Vicente.

―¿Cuál es el reciclaje?

―La Feria es de reciclaje.

―Ah, muy importante. Esto es buenísimo, porque aquí en Alamar no hacen nada, no hacen actividades para los niños.

Lien Yáñez, de 23, y Mileidis Trujillo, de 51, también vinieron por el mismo motivo. Una trajo a la hija y la otra a la nieta.

―¿Ustedes suelen reciclar? –les pregunto.

―¿Cómo que reciclar? –dice Lien.

―Reutilizar las cosas.

―Ah, sí –dice, de nuevo, Lien.

―Se reciclan tantas cosas –agrega Mileidis.

―¿Recuerda algo que haya reciclado últimamente?

―No sé ni qué decirte. A veces agarro los pomos del agua y siembro maticas.

Kevin Castilla, de 17 años, vino a acompañar a su novia, que quiso traer a la hermana menor. Valora la experiencia como “bastante instructiva”, porque “enseñan a reciclar, en vez de botar las cosas”, pero no cree que en su comunidad existan condiciones para que aumente el reciclaje.

―Porque esto es un basurero –dice–. Vienen a buscar la basura cuando se acuerdan de que nosotros existimos. Los tanques se desbordan. No hay un punto de recogida de materia prima cercano, al menos que nosotros conozcamos.

Hasta ahora, quienes más se involucran y animan con las dinámicas de la Feria son, efectivamente, los miembros más pequeños de las familias. No son los adultos quienes aprenden a fabricar juguetes con materiales reciclados, ni quienes se disfrazan con cartones y bolsas de nailon, ni quienes pintan con acuarela botellas de cristal y les guardan mensajes dentro, ni quienes saben explicar a qué se debe tanto alboroto. De alguna manera, los niños incluyen el reciclaje en su mundo como si se tratara de un juego.

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En esta zona existen 24 puntos para depositar residuos sólidos (Foto: Jorge Carrasco)

Un diagnóstico realizado por el TTIB Alamar Este, en el segundo semestre del año pasado, a partir de estadísticas aportadas por la Dirección Municipal de Servicios Comunales (DMSC), informa que en 2015 el Consejo Popular Alamar Este generó, entre residuos domiciliarios, escombros y árboles podados, un total de 477 m3 de residuos sólidos por día. Casi el doble de lo que generó en 2014, debido, principalmente, a que los volúmenes de escombros y podas se triplicaron.

En el caso específico de Micro X, según estimaciones efectuadas por especialistas y asesores del TTIB, el volumen promedio diario de residuos sólidos que se produce en la actualidad asciende a 66,3 m3; de los cuales, aproximadamente el 88 por ciento (58 m³) es de origen domiciliario y el resto proviene de entidades productivas y de servicios. Pero ese volumen diario no debería significar un problema para la preservación de la higiene del entorno.

En esta zona, en la que residen cerca de 9.700 personas y que abarca ocho circunscripciones, existen 24 puntos para depositar residuos sólidos, a una distancia que oscila entre los 80 y 150 metros, y un total de 70 contenedores plásticos con una capacidad de 770 litros (0.77 m3) cada uno. Si se hacen las cuentas pertinentes, esa infraestructura debería ser más que suficiente, sobre todo, porque las regulaciones cubanas prohíben que los escombros y las podas se coloquen dentro de esos contenedores plásticos. De acuerdo con el diagnóstico del TTIB, para cubrir las necesidades de la población bastaría con unos 60. Sin embargo, la versión basada en hechos reales que cuentan las calles incluye depósitos desbordados y siete microvertederos.

Las razones por la que el panorama de Micro X se encuentra tan afectado por los residuos sólidos podrían resumirse en tres. La primera, el estado físico de los contenedores: de los 70 existentes, 23 no se encuentran en condiciones óptimas. La segunda, la frecuencia de recogida de desechos de los camiones de Comunales: aunque debería ser diaria, encuestas y talleres desarrollados por el TTIB revelaron que ocurre cada dos días y, a veces, cada cinco. Y la tercera, las indisciplinas sociales: hay quienes vierten escombros y podas dentro de los contenedores plásticos y desechos domiciliarios afuera, y hasta quienes lanzan bolsas con desechos desde los pisos superiores de los edificios para evitarse la molestia de subir y bajar las escaleras.

Ese es el contexto en que interviene la Feria de Reciclaje. Sin embargo, la Feria es apenas una acción dentro de un proyecto de mayor alcance, que pretende, más que garantizar el funcionamiento adecuado del sistema actual, transformarlo. No se trata de una utopía. De acuerdo con cálculos del diagnóstico, más del 95 por ciento de los residuos que vierte diariamente Micro X es potencialmente reciclable. Con la infraestructura necesaria, “la basura” podría dejar de ser un problema para convertirse en una fortaleza socioeconómica y ambiental. Todo depende de que el proyecto se vuelva realidad.

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Yaili Orozco comparte algunas ideas para reutilizar periódicos y revistas (Foto: Mónica Baró)

Yaili Orozco es una de las expositoras que ha traído artículos que no se ven todos los días. Viajó desde Villa Clara hasta La Habana especialmente para la Feria. Al igual que Lena, esta es la primera vez que asiste. Hoy, además, incursiona en la venta de sus creaciones.

―Soy muy mala negociante –advierte–, lo que hago es regalarlas, siempre. Este ha sido mi estreno como vendedora.

Meses atrás, Yaili estaba buscando unos cestos para ordenar su ropa dentro de un clóset. Su clóset no tenía puertas, las puertas costaban muy caras y no podía costearlas, y los cestos le parecieron entonces una alternativa no solo asequible sino también estética. Pero, en lugar de comprarlos hechos, decidió aprender a hacerlos. Buscó en Internet, encontró unos modelos armados con papel, y se dio cuenta de que podía replicarlos.

―Y me salió, me salió de la primera. Luego ya se me fue haciendo mucho más fácil.

Aunque estudió música y se licenció hace poco en comunicación social, Yaili dice que siempre se ha entretenido con las artes manuales, que teje y trabaja el papel maché. Ahora, los cestos son lo que la cautiva. Fabrica cestos de distintos colores, tamaños y modelos, con hojas de periódicos y revistas, tanto nacionales como provinciales, que resultan muy resistentes a la humedad, porque les da una terminación con acetato. Desde que hizo los primeros, no ha dejado de experimentar. Y en cada uno, procura dejar un mensaje.

―No es doblar por doblar, así a lo loco, no. Es revisar el periódico y buscar qué es lo que quiero que la gente note. Lleva su tiempo. A la hora de escoger las tiras de papel y tejer, trato de que cada cosa me caiga en el lugar exacto, donde se pueda ver, porque sé que le pueden llegar a las personas. Siempre trato que se vea Cuba por algún lugar, o si es una revista local, por ejemplo, que salgan imágenes de Santa Clara. Son cajitas muy personalizadas.

―¿Y piensas hacer otro tipo de cosas con esta técnica?

―Sí, tengo montones de diseños. No tengo para cuando parar. Ya tengo en mente hacer lámparas incluso. Las veo súper claro. Lámparas de escritorio o algunas que cuelguen.

Tampoco un periódico o una revista seguirán siendo simplemente un periódico o una revista, después de conocer a Yaili.

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La gente ha dado rienda a la creatividad y a la participación (Foto: Mónica Baró)

El proyecto, denominado Participación Comunitaria y Compromiso Ciudadano para la Gestión Integral de Desechos Sólidos Urbanos en la Localidad Habanera de Micro X, Consejo Popular Alamar Este, fue presentado por el TTIB, en conjunto con la ONG internacional OXFAM y la ONG cubana Centro Félix Varela, a la convocatoria de subvenciones Ciudades Específicas 2015 del Ayuntamiento de Barcelona y resultó seleccionado. Para poner en marcha sus objetivos, cuenta hasta ahora con unos 146.000 euros.

Andrea del Sol Leyva, especialista principal del TTIB, explica que en Micro X ya llevan un año haciendo trabajo educativo con la población y reuniones de concertación con los actores estatales y gubernamentales que resultarán estratégicas en la implementación.

―Hemos trabajado con delegados y delegadas de la Asamblea Municipal del Poder Popular –precisa Andrea–, representantes de organizaciones políticas y de masas, con Servicios Comunales, que tendrá una cuota alta de responsabilidad, con la Dirección Municipal de Planificación Física, con las delegaciones municipales del Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y con un grupo grande colaboradores, periodistas, sociólogos, comunicadores y estudiantes de distintas facultades de la Universidad de La Habana.

La iniciativa involucraría 3.375 viviendas y permitiría algo tan inusual en Cuba como la clasificación y separación de los residuos –en orgánicos y no orgánicos– desde el interior de los hogares y de las entidades ubicadas en la comunidad. En cada uno de ellos, al igual que en los espacios públicos, se instalarían los depósitos requeridos, y luego, Servicios Comunales los recogería. Pero ahí no acabaría la gestión.

Los especialistas y asesores del TTIB también han considerado la apertura de dos centros de elaboración de compost en fincas de cooperativas cercanas –que procesarían los residuos orgánicos para beneficio de los productores agrícolas– y de un centro de reclasificación y transferencia para el tratamiento de los residuos secos, que sostendría alianzas con posibles destinatarios de las materias primas. Por supuesto, los análisis concluyen que, en este afán, lo esencial será sensibilizar y formar a la sociedad y a las autoridades municipales. En este sentido, la Feria de Reciclaje constituye un paso de avance en la promoción de una cultura ecológica.

―Hasta el momento, ¿qué impacto considera que ha tenido la Feria de Reciclaje en la comunidad? –pregunto a Andrea.

―La gente ha dado rienda a la creatividad y a la participación, ya espera que en la Feria sucedan cosas interesantes, que tienen que ver con el reciclaje, y que se vendan artículos muy creativos, que no se ven todos los días.

Los impulsores del proyecto esperan que para el primer trimestre de este año pueda echar a andar. El tiempo estipulado por el Ayuntamiento de Barcelona para su implementación es hasta diciembre de 2017. Ya CITMA lo aprobó el año pasado, pero todavía falta la aprobación del Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera. Si todo resulta según lo esperado, para finales de 2017, la comunidad de Micro X podrá contar una historia muy distinta sobre la basura.

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Otón Delgado, delegado de la circunscripción 115, que abarca ocho edificios multifamiliares entre los que se desarrolla la tercera Feria de Reciclaje, opina que el proyecto es muy noble, pero que tiene el reto de incentivar el reciclaje no mediante una compensación económica, como ocurre en algunos países más avanzados en este sentido, sino mediante un proceso educativo en el que las personas tomen conciencia de su importancia y adopten prácticas más ecológicas.

Hasta ahora, su rol ha sido explicar a sus electores lo que se pretende hacer en Micro X y levantar las opiniones de la población al respecto. Refiere que más de la mitad de las familias de la zona se manifiesta dispuesta a participar, según una encuesta que realizaron, pero que, además, identifican como impedimento la poca estabilidad en la recogida de los residuos sólidos. No obstante, Otón asegura que, desde septiembre al presente, esa realidad ha cambiado.

―Mire los tanques –me dice–, mire las áreas, sin que sea perfecto, sin que se haya logrado todo como debe ser, mire las áreas. Ha habido una respuesta positiva de Comunales. Por lo menos en esta circunscripción y en otras circunscripciones de los alrededores.

El otro reto que el delegado de la 115 señala es evitar que el proyecto no dificulte aún más la cotidianidad de la gente.

―O sea, yo no puedo decirles que boten los desechos a doscientos metros de distancia, o un día sí y un día no. Yo tengo que acomodar, parte y parte, qué quiero y cómo lo quiero, pero sin recargar a las personas.

―¿Y cómo cree que se beneficiaría el barrio con este nuevo sistema de gestión de residuos?

―Pienso que nos beneficiaría con educación, para vida futura, porque sin reciclaje no puede haber vida. Apunta eso.

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