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	<title>Violencia de género &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
	<lastBuildDate>Sun, 08 Mar 2026 15:14:04 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Violencia de género &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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		<title>Las que se fueron y las que siguen dentro: carta a mi sobrina en Cuba en la víspera del 8M</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ella Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Mar 2026 15:14:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ma-paternidades e infancias]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[madres e infancias]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carta a una sobrina en la víspera del 8M Cuba: una reflexión sobre migración, resistencia y las luchas de la mujer cubana.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2026/03/8m-cuba-carta-a-mi-sobrina/">Las que se fueron y las que siguen dentro: carta a mi sobrina en Cuba en la víspera del 8M</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><span style="font-weight: 400;">7 de marzo, 2026<br />
</span><span style="font-weight: 400;">Buenos Aires, Argentina </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Querida M,</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A tus casi quince años pensarás que la carta es un método anticuado. Dirás: “qué chea es mi tía” —no sé si tu generación seguirá utilizando la palabra “chea”—, pero entiende que “la carta” fue el método que los hijos del Período Especial encontramos para comunicarnos con aquellos familiares del “más allá”, sin dar más detalles que los necesarios.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Quizás te hable de un momento no tan distinto al que vives ahora. Era otra la crisis geopolítica, es cierto. No había mipymes, ni Instagram, ni TikTok. Pero la escasez también rondaba la casa como un fantasma.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La carta era entonces una píldora de nostalgia. La carta, anestesia críptica o emulador de presencia o cercanía inmediata antes de la llegada de WhatsApp, Signal o Telegram. No nos decíamos todas las verdades, pero tampoco nos mentíamos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Nunca pensé que estaría del otro lado, sentada delante de un Word pirateado —no de una hoja de papel, porque ya no confío en mi caligrafía—, pensando en esta carta cuasi testamento, porque las llamadas son cortas e inestables y los audios de WhatsApp desesperantes.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Quiero que, mientras me lees, escuches mi acento; no el de ahora, sino el de hace diez años, cuando aún convivíamos cuatro generaciones de mujeres en aquella casa mal pintada de la calle Primera. Que guardes estas letras y las revisites, como aún hago yo a los 30 años con las hojas de papel que mis amigos me dieron antes de salir de Cuba. Quiero que me puedas leer —y escuchar— sin pensar en el consumo de datos o en el apuro ante un inminente corte eléctrico.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mañana es 8 de marzo, querida M, y ayer no pude dormir pensando en tu futuro y en el mío. Puede que nos separe el mar Caribe, más de 11 mil kilómetros de continente sudamericano y quince años de vida, pero aunque no lo creas, tú y yo, pequeña, somos variables demográficas dentro del concepto de “mujer cubana”: la que se fue y la que está “adentro”. Y como tal, existimos en un mundo patriarcal que se desmorona a pedazos y donde nosotras —las migrantes y las que aún habitan la isla— nos vemos obligadas a luchar todos los días por seguir existiendo con plena dignidad.</span></p>
<div id="attachment_15774" style="width: 410px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15774" class="size-large wp-image-15774" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7503-400x600.jpg" alt="mujer fregando la loza en una cocina. Foto: Ella Fernández" width="400" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7503-400x600.jpg 400w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7503-200x300.jpg 200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7503-768x1152.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7503-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /><p id="caption-attachment-15774" class="wp-caption-text">Las maternidades que cargan sobre sus hombros el peso de un país sin luz. Foto: Ella Fernández.</p></div>
<p><span style="font-weight: 400;">En Cuba peleábamos por ser escuchadas, respetadas, por el derecho a nuestra propia sexualidad o contra la doble jornada laboral. Peleábamos —y aún lo hacemos— contra un machismo disfrazado de cultura, que un 8M cualquiera regala mar pacíficos y poemas impresos. Esas luchas también se cargan a cuestas cuando montamos aviones o cruzamos selvas y ríos. Se emprenden en otros idiomas y, muchas veces, en solitario.</span></p>
<p><iframe title="Si no pujas bien, él va a morir" width="810" height="608" src="https://www.youtube.com/embed/STbA41f-9ys?list=PLEdP-y7AEFGqfQKgqsVXUjf8AES9Ru8DR" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mañana las calles aledañas al Congreso, en Buenos Aires, se tornarán verdes y púrpuras; las mismas calles que hace solo unos días aún olían a los gases que nos lanzaron a las puertas de una injusta reforma laboral —cuyo último eslabón somos, precisamente, las mujeres—. Mañana el sonido del impulso de las balas de goma será sustituido por batucadas y cánticos feministas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Una fiesta política. O tal vez ni siquiera una fiesta, sino un desafío al poder que nos oprime. La felicidad —momentánea, o no— también es revolucionaria.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El presidente argentino Javier Milei dice que no hay plata —“no hay plata”—, cierra el Ministerio de la Mujer y desfinancia políticas ligadas al aborto seguro y gratuito. Tu tía aterrizó en Argentina 24 horas después de la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Díaz-Canel, por su parte, dice que no hay combustible y rehúye de cualquier responsabilidad sobre la integridad física y mental de cuerpos feminizados y sexodisidentes. Aún en 2026 estamos esperando la aprobación de una Ley Integral contra la Violencia de Género. Tu tía estuvo entre las 40 firmantes que la exigieron en 2019.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Dijo Simone de Beauvoir que bastaría “una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados”.</span></p>
<div id="attachment_15776" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15776" class="size-large wp-image-15776" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7887-900x600.jpg" alt="mujer vendiendo en un mostrador de un negocio privado. Foto: Ella Fernández " width="810" height="540" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7887-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7887-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7887-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-15776" class="wp-caption-text">Aún en 2026 estamos esperando la aprobación de una Ley Integral contra la Violencia de Género. Foto: Ella Fernández.</p></div>
<p><span style="font-weight: 400;">Te invito a tomar estos consejos con un grano de sal, porque tu tía es un ser defectuoso. Pero quiero poder estar ahí, cerca tuyo, incluso cuando no estoy.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Te pido que tengas cuidado cuando regreses de noche —o de día— a casa. El gobierno —los gobiernos—, aunque debería, no nos cuida, pequeña. Nos cuidan nuestras hermanas y nuestras redes. Las tuyas serán tu mejor sustento.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En tiempos de resquebrajamiento económico o político te dirán que los reclamos de los feminismos no son urgentes. No hagas caso. Algunos incluso preguntarán: “¿Dónde están las feministas?”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ahí podrás responder: “Estamos aquí, sosteniendo lo que otros dejan caer”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por eso, te pido también que no te molestes “tanto” con tu madre; ella hace lo mejor que puede. No te asustes si la ves llorar: llorar es humano y nos hace libres, no débiles. Acompáñala. Entiéndela. Comprende su miedo, su cansancio y el no saber qué vendrá al día siguiente. Los malabares para garantizar ese plato de comida —que no siempre es tu preferido, lo sé—, el agua caliente para bañarse y los uniformes limpios y planchados para la escuela. Tu mamá, como tantas otras, carga sobre sus hombros el peso de un país sin luz.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por eso, cuando estén en el portal, cerca de los rosales que plantó tu bisabuela, disfrutando de la brisa fría sobre las sillas mecedoras, abraza a tu mamá. Léele los libros de poesía que recolectaba en la universidad y que aún guarda en el librero de lo que alguna vez fue mi cuarto. Ya sabes dónde están. Ámala en esta cotidianidad surrealista, porque ella te ama mucho a ti. Cántale las canciones de las peñas de trova que tanto le gustaban.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y así mismo te pido que no dejes que el apagón te quite la creatividad, que escribas y sueñes. Por muy difícil que sea, quiero que pienses en el día después —como hice yo anoche, en pleno desvelo— y en lo que significa la libertad para ti. Lucha por ello, porque nada está garantizado.</span></p>
<div id="attachment_15778" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15778" class="size-large wp-image-15778" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7889-900x600.jpg" alt="mujer sentada en un portal. Foto: Ella Fernández." width="810" height="540" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7889-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7889-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7889-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-15778" class="wp-caption-text">El gobierno —los gobiernos—, aunque deberían, no nos cuida. Nos cuidan nuestras redes. Foto: Ella Fernández.</p></div>
<p><span style="font-weight: 400;">No sé si en ese futuro que imaginas estaremos las cuatro generaciones de mujeres que alguna vez habitaron esa casa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero no importa. Haz tuyo este espacio.</span><span style="font-weight: 400;"><br />
</span><span style="font-weight: 400;">Ese y todos los que ocupes.</span><span style="font-weight: 400;"><br />
</span><span style="font-weight: 400;">Hazte presente, incluso en un país que a veces parece expulsar a los suyos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Te amaré, hoy y siempre, pequeña.</span><span style="font-weight: 400;"><br />
</span><span style="font-weight: 400;"> Incluso desde lejos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tu tía, no tan ausente</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">*** Al cierre de este texto, el Observatorio de Feminicidios de Yo Sí Te Creo en Cuba había registrado siete feminicidios, dos intentos de feminicidio y un asesinato de hombre por motivos de género en la Isla. </span></i></p>
<div id="attachment_15780" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15780" class="size-large wp-image-15780" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7893-900x600.jpg" alt="Mujer mirando a la camara con cubrebocas. Foto: Ella Fernández" width="810" height="540" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7893-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7893-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7893-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-15780" class="wp-caption-text">“¿Dónde están las feministas?”, preguntan. “Estamos aquí, sosteniendo lo que otros dejan caer”. Foto: Ella Fernández.</p></div>
<div id="attachment_15782" style="width: 410px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15782" class="size-large wp-image-15782" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7940-400x600.jpg" alt="muchacha jugando con un gato. Foto: Ella Fernández." width="400" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7940-400x600.jpg 400w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7940-200x300.jpg 200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7940-768x1152.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7940-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /><p id="caption-attachment-15782" class="wp-caption-text">“Mujer cubana”: la que emigró y la que permanece adentro. Foto: Ella Fernández.</p></div>
<div id="attachment_15784" style="width: 410px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15784" class="size-large wp-image-15784" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7945-400x600.jpg" alt="muchacha sonriendo junto a una pared. Foto: Ella Fernández." width="400" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7945-400x600.jpg 400w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7945-200x300.jpg 200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7945-768x1152.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/03/DSCF7945-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /><p id="caption-attachment-15784" class="wp-caption-text">Llevamos esas luchas a cuestas, en aviones, selvas y ríos. Se viven en otros idiomas y, a menudo, en soledad. Foto: Ella Fernández.</p></div>
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			</item>
		<item>
		<title>La oscuridad como política de estado: mujeres en la penumbra</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/11/apagones-y-mujeres-en-cuba/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andra Vital]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Nov 2025 14:47:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[Mujeres madres e infancias]]></category>
		<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En Cuba los apagones ya no son un problema eléctrico, sino una de las variables sociales que reconfiguran el pensamiento político del país. Privados de su carácter de excepcionalidad, se han convertido en reguladores de la agenda diaria, sobre todo de las mujeres.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Durante uno de los recientes apagones habaneros, mientras el infame <a href="https://t.me/EmpresaElectricaDeLaHabana" target="_blank">bot</a> del grupo de Telegram de la Empresa Eléctrica de La Habana enumeraba cada bloque en el apartado de “Déficit por generación”, uno de mis vecinos, el más romántico en sus gustos musicales, encendió su bafle, tomó el micrófono y se hizo eco, cual mártir, del malestar nacional.</p>
<p>Algunas voces lo siguieron en la penumbra, coreando el estribillo de aquella canción que no interpone la patria a la vida, sino que las iguala. Un aguacero aliviaba el calor sofocante. De pronto, una voz femenina gritó a lo lejos: “Ahí vienen los perros”, y desaparecieron el bafle, el micrófono, la patria y la vida. Una sirena de policía anticipó una profunda quietud.</p>
<p>La oscuridad revela el silencio, como si se apagara también el ruido de fondo que acompaña a la ciudad. Los sonidos aislados, pero más cercanos, se amplifican y las voces llegan nítidas. Sin embargo, durante un apagón nunca escucho llorar a mi vecina por los golpes de su marido, y siempre me pregunto si es porque el silencio se la traga.</p>
<h4><strong>La desprotección institucional y la ausencia del Estado</strong></h4>
<p>El pasado 17 de septiembre, la plataforma <a href="https://www.facebook.com/share/p/14Lb3bfL33x/" target="_blank" rel="noopener">Yo Sí Te Creo en Cuba</a> (YSTCC) alertaba sobre la situación precaria en que los constantes apagones colocan a mujeres y personas de la comunidad LGBTIQA+. En la publicación enunciaban una serie de puntos que, aunque preocupantes en cualquier momento en un país tan precarizado como Cuba, se agudizan notablemente con la oscuridad y los cortes de comunicación asociados a esta.</p>
<p>Los consejos publicados por la plataforma ponen sobre la mesa la ausencia de confianza en un gobierno que reniega de sus responsabilidades como servidor público. Ciertamente, como personas en situación de violencia, deberíamos ser capaces de desarrollar empatía y ofrecer acompañamiento en un plano personal, y puede aportar mucho nuestro papel vecinal o como red de apoyo; pero no olvidemos nunca que es responsabilidad del Ministerio del Interior, así como de la Federación de Mujeres Cubanas, del Ministerio de Salud y de tantos otros organismos e instituciones públicas, proporcionarnos la protección requerida en cualquier circunstancia que lo amerite.</p>
<p>Hace poco, una amiga preguntaba en Facebook sobre medidas o acciones que den, en la práctica, protección real contra la discriminación y la violencia. Otra amiga respondía: “¿Qué prácticas? ¿Qué protección? La sociedad civil no tiene protección contra un gobierno que no respeta el Estado de Derecho” (<em>sic</em>). La imposibilidad de rebatir su comentario evidencia a un gobierno que no solo desprotege, sino que violenta: uno que ignora el reclamo de una Ley Integral contra la Violencia de Género y maquilla estadísticas contabilizando únicamente feminicidios con sentencia firme, obviando casos donde el victimario se suicida tras asesinar. Desearía poder afirmar lo contrario, pero elegí no mentir ante el aumento verificado de feminicidios en Cuba.</p>
<h4><strong>La rutina de la oscuridad</strong></h4>
<p>Esta desprotección estructural se manifiesta diariamente en la reconfiguración de las rutinas domésticas, especialmente las de las mujeres.</p>
<p>La crisis económica cubana, latente desde que tengo memoria pero agudizada luego del <a href="https://www.bc.gob.cu/noticia/gaceta-oficial-sobre-proceso-de-ordenamiento-monetario-pdf/910" target="_blank" rel="noopener">reordenamiento económico</a> y la pandemia, ha convertido a la rutina doméstica en el centro de la vida de los individuos. Suplir necesidades primarias como alimentación, vivienda, agua potable, atención médica y educación, se ha vuelto un acto heroico que exige fortaleza mental y física a niveles comparables con los necesarios para soportar torturas.</p>
<p>Para las personas cuidadoras y/o con mayor responsabilidad en el hogar, la situación de la electricidad —o de la falta de ella— ha generado cambios sustanciales en la cotidianidad. Una rutina ya basada en la subsistencia se vuelve más precaria: la conservación de los alimentos y el equilibrio de la salud mental se vuelven cargas más insostenibles.</p>
<p>“Sí cambia la rutina. Cuando te ponen la corriente, tienes que hacer [el] desayuno a los muchachos. Si te la ponen de madrugada, a esa hora te tienes que tirar y tienes que ponerte a cocinar. Hay hombres que sí ayudan, hacen sus cosas, pero bueno, las madres somos las que atendemos a los muchachos. Nos acostamos a oscuras, nos levantamos a oscuras y entonces vestir a [los muchachos] a oscuras, a veces debajo del mosquitero porque a la hora de levantarse hay muchos mosquitos, y a la hora de acostarse, igual”, cuenta una madre de tres niños en edad escolar, residente en Villa Clara, donde sufre apagones diarios de entre 16 y 18 horas como promedio.</p>
<p>Otra madre y cuidadora de una persona encamada, desde Holguín (18 a 20 horas de apagón), describe una situación similar: levantarse por la mañana sin electricidad, encender un fogón <em>pique</em>, luchar con el alcohol —que no hay—, con el gas —que no hay— y empezar el día “batallando”. Irse para el trabajo corriendo y llegar “como una loca” a los quehaceres de la casa.</p>
<p>“Quiere decir que la rutina que tenía antes, tal vez si hacía ejercicio, si me relajaba de otra manera, no puede ser. No se puede ver una novela, no se puede hacer nada, planes de ningún tipo. Es una vida obstinante” —añade—. Claro que afecta a a las mujeres. ¿Tú sabes por qué? El hombre es el que busca el sustento de la casa, pero la mujer es la que está batallando con un carbón, con una leña, con un fogón <em>pique</em>, es la que está inventando”.</p>
<p>Desde La Habana, una madre soltera de un niño en edad escolar, que sufre apagones diarios de entre 8 y 10 horas opina:</p>
<p>“Creo que los apagones afectan más a las mujeres porque, de manera general, somos las mujeres quienes en los hogares llevamos la carga doméstica. En mi caso particular, que vivo sola con mi hijo, obviamente no tengo con quién compartir absolutamente nada en términos de cargas del hogar. Y obviamente, [estoy sola] tanto para la ejecución de las labores como en la tarea de planificación, de cuándo se hace cada cosa, de estar pendiente, de tener en la cabeza en qué horarios hay que hacer [las tareas] para que nada se quede sin hacer. Y, además de eso, acompañar, quienes somos madres, a nuestros hijos en la gestión emocional de su propia frustración y de su propia incomodidad cuando hay apagones que los afectan, no en el sentido de que les limiten de cosas logísticas de la casa, pero sí o de entretenimiento o de condiciones para su descanso”.</p>
<p><a href="https://obredor.wordpress.com/2009/11/19/teoria-del-desarrollo-a-escala-humana/" target="_blank" rel="noopener">La afectación de la subsistencia puede implicar</a> además sentimientos de desprotección, problemas afectivos en el ámbito familiar, aislamiento, marginación, baja autoestima y secuelas en la identidad. Si además sumamos la idea enraizada de que las mujeres tienen la “capacidad biológica” de transmitir consuelo, el resultado es un escenario propenso a la violencia.</p>
<p>Esta violencia entonces se gesta en la acumulación de frustraciones. Mientras el gobierno relega la responsabilidad total de la subsistencia a la familia, las mujeres no solo desempeñan papeles de proveedoras, limpiadoras, cocineras y cuidadoras: sostienen el bienestar emocional y afectivo del hogar. La doble carga se convierte en triple, en cuádruple, y eso solo en los casos en los que no se suma alguna forma de violencia física.</p>
<h4><strong>La resiliencia como mandato</strong></h4>
<p>El gobierno cubano, desde 1959, se ha gestado sobre la base de la resiliencia y la adaptación. Pero cuando la resiliencia deja de ser virtud y se convierte en mandato, se transforma en condena.</p>
<p>Se espera que las mujeres continúen proveyendo alimentos cuando no hay gas, consuelo cuando no hay esperanza, calma cuando no hay descanso. Se nos pide fortaleza, sin embargo, no se nos asegura protección ni justicia.</p>
<p>Durante los apagones se interrumpen las redes de apoyo, se desconectan las líneas de emergencia, crece el aislamiento. El espacio doméstico se vuelve un terreno hostil; el hogar se convierte entonces en un lugar de encierro y vigilancia. En la oscuridad tampoco tienen cabida pequeñas formas de autonomía de las que nos colgamos las mujeres como el estudio o los emprendimientos. Cada apagón es también un recordatorio de cuánto dependemos de estructuras que no funcionan y de vínculos que no siempre protegen.<br />
Cuando el Estado renuncia a garantizar lo básico y delega la sobrevivencia en la capacidad infinita de las mujeres, lo que produce no es empoderamiento, sino agotamiento.<br />
A veces pienso que los apagones son también una metáfora del país: momentos de oscuridad administrada donde se espera que aprendamos a ver sin luz, a resolver sin recursos, a resistir sin promesas. Pero resistir no puede seguir siendo un deber; debería ser solo un tránsito.</p>
<p><em>*Autora protegida.<br />
</em><em>**Los nombres de las personas que ofrecieron su testimonio para este texto han sido omitidos por cuestiones de seguridad</em></p>
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