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	<title>violencia contra la mujer &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
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	<title>violencia contra la mujer &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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		<title>Ary La Nena: los retos de un amor de tres</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2024/09/ary-la-nena-los-retos-de-un-amor-de-tres/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2024/09/ary-la-nena-los-retos-de-un-amor-de-tres/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mel Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Sep 2024 16:24:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[poliamor]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué ocurre cuando tres personas desean amarse y formar una relación? ¿Qué, cuando deciden hacer una familia y criar a sus hijos?</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2024/09/ary-la-nena-los-retos-de-un-amor-de-tres/">Ary La Nena: los retos de un amor de tres</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>“Osvaldo Seijas S[á]enz awo Orumila Oggunda Ka y todos los perfiles tuyos HOY EMPIEZO Y TERMINO CONTIGO. BASTA YA!!! has creado un personaje y todo el mundo te lo ha creído. Te has pintado como la víctima porque la gente solo ha tenido tu versión de la historia. (…) te he dejado correr, pero todo tiene un límite. Primero, no me fui contigo después de que me compraste un pasaje, porque decidí hacer mi familia con personas de bien y libres de todo lo que representas”.</p>
<p>No pudo más. Ary La Nena no pudo más y <a href="https://www.facebook.com/100089706578209/posts/pfbid02m3pESkscnkDnqSgWhBRtypSt4kGBp4jfsKAdhoXP4x9RuWYqwZbuT6nMvWQNsBiwl/?app=fbl" target="_blank" rel="noopener">estalló</a> en Facebook el 1 de julio pasado.</p>
<p>“Esta publicación es acerca del hombre que tras tanto desear un hijo, lo dejó atrás antes de que naciera (…), es acerca del hombre que el día que di a luz a mi hija, me amenazó con abrirme con un cuchillo; (…) que me dijo que me metiera a mi hija por donde mismo me la sacaron. Hablo del hombre que no se ha cansado de amenazarme con quitarme a mi hija (que él nunca ha visto). Hablo del hombre que usa a sus ahijados y su familia de religión para amenazarme, intimidarme y acosarme porque no está de acuerdo con la vida que elegí para mí”.</p>
<p>Un amor de tres. De cuatro si contamos a la pequeña Kathy, de 15 meses, que cría junto a Cosi y Alma, sus parejas. Incluso de cinco, si tenemos presente a la segunda bebé que espera. Esa es la vida que Ary eligió para ella hace cinco años. La vida por la que Osvaldo no ha parado de amenazarla y de humillarla en mensajes y publicaciones de Facebook.</p>
<p>“Que me va a quitar a la niña, y de tortillera palante todo lo que se le ocurra me dice desde que se enteró que vivo con un hombre y una mujer, como si con eso me ofendiera”. Arysa Durán Hernández, Ary La Nena en redes, lo explica con la soltura y el entusiasmo de una principiante en temas del amor: Alma y Cosi, sus parejas ‒así les llama‒, están casados desde hace once años. A los cinco de estar juntos decidieron “probar algo nuevo”, ampliar su relación, acoger a una tercera persona con quien compartir y expandir su sexoafectividad. Ella fue la indicada. Cosi y ella habían sido novios cuando ella tenía 15 años, y en la búsqueda de una tercera persona, probando y probando, la eligieron a ella.</p>
<p>“Conmigo fue con la que más química hubo. Al principio la cosa empezó como una locura, una descarga, y mira por dónde va&#8230; Estoy embarazada de 18 semanas”.</p>
<p>Su tono, al contarlo, se asemeja al de alguien que se siente dichoso, desbordado de una bendición con la que no contaba.</p>
<div id="attachment_14582" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14582" class="size-full wp-image-14582" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/5-2.jpg" alt="La familia de Ary de celebración (Foto: Cortesía de los entrevistados). " width="1080" height="810" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/5-2.jpg 1080w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/5-2-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/5-2-800x600.jpg 800w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/5-2-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/5-2-80x60.jpg 80w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/5-2-810x608.jpg 810w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14582" class="wp-caption-text">La familia de Ary de celebración (Foto: Cortesía de los entrevistados).</p></div>
<p>Ary está muy lejos de idealizar las relaciones no monógamas y poliamorosas. No niega los altibajos y desafíos de la suya, pero no cambia por nada la experiencia de conocer a dos personas, querer a dos personas, establecerse con ellas, sin esa idea culposa de estar traicionando o siéndole infiel a alguna de las dos. Fue, de hecho, en uno de esos momentos retadores de la relación, que ella terminó con Cosi y Alma, y se enredó con Osvaldo.</p>
<p>Las cosas se dieron más o menos así: después de un tiempo de no conseguirlo y de imaginar que era infértil, Ary quedó embarazada de Cosi una primera vez. Lo había deseado tanto, que nunca creyó que del júbilo pasaran inmediatamente a la angustia. Aunque ninguno de los tres se escondía, en aquel momento de su relación ‒abril de 2022‒solo estaban enteradas algunas amistades cercanas. Con sus madres no sabían cómo hacer, cómo decirles. ¿Qué iban a pensar? Hasta ese instante ellas los consideraban muy buenos amigos. Inseparables. Nada más.</p>
<p>―No sé tú, pero yo a mi mamá no le pienso contar ‒se apresuró Alma‒. Si yo le digo, le da un infarto.</p>
<p>Luego de sopesarlo, determinaron que no estaban listos para afrontar la verdad y todo lo que les vendría encima.</p>
<p>No fue esta decisión de Alma la que más le dolió a Ary. Que Alma no quisiera decirle a su madre era entendible. A fin de cuentas, ella tampoco tenía claro qué explicarle a la suya. Lo que no imaginaba era que Cosi zanjara la situación diciendo que como Alma no le iba a decir a su madre, ella viera entonces qué iba a decir y qué iba a hacer.</p>
<p>Ary recogió sus cosas y se fue de vuelta a su casa. Eso fue lo que hizo. Durante varios meses no volvería a saber de ellos. Una vez en su casa pensó con detenimiento en su situación: sin trabajo, embarazada, sola, sin poderle decir a nadie quién era el padre del bebé que pronto empezaría a crecer y a notarse. Decidió entonces que lo mejor era no tenerlo. Contra la voluntad de Yemayá, revelada en su <em>itá</em> cuando su coronación, pero con el consentimiento de su padrino, Ary lo preparó todo en secreto y se interrumpió el embarazo.</p>
<p>Fue en ese punto que reconectó con Osvaldo, un compañero de secundaria, de su mismo barrio, Luyanó, en La Habana. Osvaldo le aseguró que había terminado con su mujer hacía tres meses. Ary, por su parte, le dijo que ella también se había dejado del “novio con el que estaba”. Ninguno de los dos vio inconveniente en comenzar a salir e intentar algo. ¿Qué más daba? Afligida como ella aún estaba con tantos duelos ‒la pérdida de su relación con Cosi y Alma, de su barriga‒, no le vendría mal una nueva oportunidad. ¿Qué podría pasar?</p>
<p>Con Osvaldo todo fue bien al principio. Luego aparecieron los comportamientos extraños. No se despegaba del celular y le pedía a Ary que no lo molestara con eso, que estaba “currando”. Le avisaba a última hora de algún trabajo que le había aparecido y se le perdía largas jornadas. Más tarde ella descubrió que él aún hablaba con su mujer, quien andaba por Italia. Ary supuso que en algún momento volvió y esos días que él se desaparecía estaba con ella.</p>
<p>“A él yo siempre le dije que lo que me importaba era salir embarazada, que ya yo quería un hijo. Y también le avisé que no me iba a cuidar. Si quería, que se cuidara él&#8230; A fin de cuentas, él tampoco tenía hijos, porque su mujer estaba casada con un italiano y ya tenía tres; ella no podía darle uno”.</p>
<p>Ary lo consiguió en un momento cuando no quedaba claro en qué plan estaba con Osvaldo, luego de imaginar que él había vuelto a contactar con su exmujer. En septiembre de 2022, al comprobar que había quedado embarazada y comunicárselo, también le dijo que le daba igual lo que él fuera a hacer, que esa barriga la iba a tener sí o sí, con él o sin él.</p>
<p>Dice Ary que la contentura de Osvaldo fue inmediata, pero que muy pronto fue reemplazada por la que le provocó otra noticia. En ese tiempo el padre le dijo que le iba a pagar la travesía desde Nicaragua hasta los Estados Unidos. Y no hubo nada entonces, ni siquiera la noticia de que sería papá, que pudiera retenerlo mucho más en Cuba.</p>
<p>Cuando ya tenía pasaje, trazó un plan que hizo que Ary se convenciera de que él la quería realmente y deseaba una vida a su lado. Puso en venta la casa. Con el dinero se irían los dos juntos antes de que la gestación de la criatura avanzara, pero no dio tiempo. El 27 de octubre de 2022, al mes siguiente de saber que Ary esperaba un hijo suyo, voló de La Habana a Nicaragua a iniciar lo que jocosamente, sin serlo, ha sido bautizado como “<a href="https://uploads.knightlab.com/storymapjs/78cf9b036a2dec655c22a84b8f8841ba/nicaragua/draft.html" target="_blank" rel="noopener">irse por los volcanes nicaragüenses</a>”. Antes, le dejó un poder a la hermana para que vendiera la casa. Con ese dinero, ella y Ary emprenderían más tarde la travesía.</p>
<p>Osvaldo llegó a Estados Unidos en diciembre de 2022. A partir de entonces toda la comunicación con Ary tuvo que ser por videollamada. Así se lo exigía él. Quería saber dónde estaba, con quién y haciendo qué. Si ella se negaba, él montaba en cólera. En par de ocasiones le advirtió por audios que procurara que la niña fuera de él, porque si ella no quería hacer videollamadas era porque estaba en algo. En aquel momento, Ary ni siquiera había vuelto a ver a Alma y a Cosi.</p>
<p>La hermana de Osvaldo, en su afán de irse lo más pronto posible, vendió la propiedad en su poder muy por debajo de lo que valía. El dinero resultante no alcanzaba para pagar el recorrido completo de ambas. Apenas daba para los dos pasajes a Nicaragua. El plan entonces era que ellas se fueran juntas hasta el país centroamericano y, una vez allí, Osvaldo enviaría dinero poco a poco para que completaran el trayecto.</p>
<p>Él mismo sacó los pasajes para el 18 de enero de 2023. Para esa fecha Ary tendría cuatro meses de embarazo y todavía podría subir al avión. Por mucho que se demoraran, tenía un amplio margen de tiempo. Si todo salía bien, la fecha límite para volar embarazada la alcanzaría ya en Estados Unidos. No había nada de qué preocuparse. Pero semanas antes de volar a Nicaragua, el anuncio de una “medida de seguridad” del gobierno estadounidense levantó en Ary nuevos miedos e incertidumbres.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>“No vengan a la frontera, quédense donde están”, <a href="https://youtu.be/ahp6wbHy6W0" target="_blank" rel="noopener">advirtió</a> Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, en una alocución desde la Casa Blanca el 5 de enero de 2023. “Postúlense legalmente desde allí, porque de otra manera no van a ser elegibles para este programa”.</p>
<p>La ampliación del programa de “<a href="https://periodismodebarrio.org/2023/01/nuevo-proceso-de-permanencia-para-cubanos-en-los-estados-unidos-elementos-a-recordar/">parole humanitario</a>” para cubanos, nicaragüenses y haitianos, que ya era aplicado a venezolanos, beneficiaría a unos 30 mil nacionales de esos países por mes, otorgándoles visa y autorización para trabajar. Tenía el objetivo de aliviar la situación en la frontera sur del país.</p>
<p>De acuerdo con un <a href="https://www.wola.org/es/analisis/tendencias-migracion-cubana/#:~:text=La%252520hist%2525C3%2525B3rica%252520migraci%2525C3%2525B3n%252520de%252520Cuba,2022%252520y%252520noviembre%252520de%2525202023" target="_blank" rel="noopener">informe</a> de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), casi 425 mil migrantes solo de Cuba llegaron a territorio estadounidense en los años fiscales 2022 y 2023. La mayoría, luego de una <a href="https://revistaelestornudo.com/ruta-de-los-volcanes-migracion-nicaraf/" target="_blank" rel="noopener">travesía</a> por Centroamérica que comienza en Nicaragua, país de <a href="https://www.vozdeamerica.com/a/nicaragua-establece-libre-visado-para-los-cubanos/6324262.html" target="_blank" rel="noopener">libre visado para cubanos desde finales de 2021</a>. La apertura de un puente aéreo hacia Nicaragua, precisa el informe, había permitido a los cubanos evitar las peligrosas rutas marítimas o la dura travesía por el Tapón del Darién en Panamá.</p>
<p>Los requisitos para participar en la ampliación del programa de parole humanitario incluían que los aspirantes tuvieran un patrocinador en Estados Unidos, pasaran un chequeo de seguridad y cumplieran ciertos requerimientos de salud pública. Tras el anuncio de esta medida, los migrantes provenientes de los países beneficiarios que intentaran entrar por la frontera de manera irregular serían expulsados.</p>
<p>En ese momento a Ary y la hermana de Osvaldo les quedaban alrededor de tres semanas para viajar a Nicaragua. Ary se preocupó; ya no era solo llegar a México y cruzar. Osvaldo le aseguró que una vez en ese país, su padre les pondría a ambas el parole y, si no le alcanzaba para ambas, se lo pondría primero a ella, lo cual le pareció poco creíble. A fin de cuentas, ella no era “ariente ni pariente” de ese señor. Si lograba completar la travesía hasta tierras mexicanas, ¿cómo iba a mantenerse allí? ¿Con qué dinero?</p>
<p>―Tú no tienes que preocuparte por nada de eso ‒le dijo Osvaldo‒. Si mi papá no te puede sacar y te llegan los siete meses en México, pares en México y ya.</p>
<p>―Pero, Osvaldo, ¿tú estás loco? En México no conozco a nadie, no conozco las leyes. Osvaldo, yo no puedo correr ese riesgo.</p>
<p>Tú procura irte, fue lo que le dijo él.</p>
<p>Ary temió irse embarazada y quedarse en el camino. El 18 de enero de 2023, cuando le tocaba viajar, ni se asomó por el aeropuerto. La hermana de Osvaldo se montó en el avión y se fue de todos modos.</p>
<p>“Cuando él se enteró, te imaginarás cómo se puso y todo lo que me escribió. Lo más chiquito que me dijo fue: ‘Ahora sí yo terminé contigo. Lo que iba a hacer por ti ya lo hice. Ahora mira a ver cómo te las vas a arreglar tú que estás sin trabajo, sin nada’”.</p>
<p>Ary pensó que había sido suficiente, que había dejado claro que no se arriesgaría. Osvaldo cerró la discusión advirtiéndole que viera cómo iba a sacar la barriga adelante, porque con él ya no podría contar para más nada.</p>
<p>―Pues cuenta con nosotros. Nosotros no te vamos a dejar sola ‒le dijo Alma tras saber de su embarazo y visitarla‒. Aunque no estemos juntos, no queremos que pases la barriga sola. Esto es algo que tú has deseado mucho.</p>
<p>A partir de ese momento los tres empezaron a reconciliarse y a verse más seguido; al principio, solo como amigos. Ary todavía estaba algo dolida, sobre todo con Cosi: “Yo sabía que él también quería tener un hijo, pero al no tener ese valor de decirle a Alma ‘tú no te vas a sentar con tu mamá a contarle, pero yo sí me voy a sentar con la mamá de ella’, me molesté tanto, pero tanto…”.</p>
<div id="attachment_14583" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14583" class="size-full wp-image-14583" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1.jpg" alt="La familia de paseo (Foto: Cortesía de los entrevistados)." width="1080" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1.jpg 1080w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1-300x300.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1-600x600.jpg 600w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1-150x150.jpg 150w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1-768x768.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1-65x65.jpg 65w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/9-1-810x810.jpg 810w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14583" class="wp-caption-text">La familia de paseo (Foto: Cortesía de los entrevistados).</p></div>
<p>Por esa fecha, febrero de 2023, Osvaldo reapareció pidiéndole perdón a Ary. Desde la distancia quería hacer las cosas bien, por su hija, su “primera bebé”. A ella no le pareció mal. En resumidas cuentas, era el padre de su hija. No iba a quitarle su derecho. “El derecho lo fue perdiendo él solo a medida que pasó el tiempo”, comenta Ary.</p>
<p>En un inicio Osvaldo se interesó por las necesidades de ella y de la bebé, por la canastilla. Desde Estados Unidos costeó la reparación del cuarto donde Ary recibiría a la niña. Envió unos primeros cien dólares, y, cuando fue a hacer un segundo envío, Ary le pidió que no lo hiciera a través del contacto de remesas que había utilizado antes. Ese contacto le daba directamente el cambio en moneda nacional y a ella le convenía más recibirlo en una tarjeta en divisas (<a href="https://eltoque.com/que-es-un-mlc" target="_blank" rel="noopener">MLC)</a>; así usaba una parte y el resto lo podía vender más adelante jugando con su valor en el mercado informal.</p>
<p>Ello le ganó insultos de todo tipo de parte de Osvaldo. ¿Quién se creía ella para decirle cómo debía enviar el dinero?; él le mandaba el dinero como le diera la gana, ella estaba comiendo y llenando esa barriga gracias a él. Le tenía que agradecer, ya que ella no tenía nada que exigir luego de haber decidido no irse. Incluso le sugirió que rezara para que a él no se le quitara el “ataque de padre” que tenía, porque ella sola no tendría cómo criar a esa niña.</p>
<p>Fue tanto el disgusto que a Ary la barriga se le puso muy dura y se asustó. Estuvo así durante cuatro horas. Su madre le explicó que eso era una contracción, pero Ary no quiso contarle que había discutido con Osvaldo. Para la familia, con Osvaldo todo estaba bien. La única que sabía la verdad era Alma.</p>
<p>Desde que Kathy, la niña, comenzó a moverse en su vientre, Ary detectó los horarios en que más lo hacía: cuando ella se acostaba, cuando comía, cuando le hablaba. Pero luego de aquella contracción notó que la bebé dejó de moverse durante dos días. “Yo la tocaba, le hablaba y no se movía. Lloré muchísimo. Aquello me deprimió tanto… Yo dije: ‘no puedo creer que a mí esta bebé se me vaya a morir; no puedo permitir que este tipo me haga perder lo que más yo quiero’”.</p>
<p>Temía le sucediera como a una amiga suya que, ya con seis meses de gestación, como ella en ese momento, acudió al médico por un sangramiento y el bebé estaba muerto. Ary, en cambio, corrió con mejor suerte. Los médicos le garantizaron que su niña estaba bien, pero el susto que pasó, dice, no se le va a olvidar en la vida. Fue entonces cuando decidió que no valía la pena continuar comunicándose con Osvaldo. Con él cualquier cosa, la más mínima, podía ser un motivo de discordia. Si a él como padre y, a sabiendas de que tenía una mujer embarazada, no le interesaba evitar los disgustos y las alteraciones, lo mejor era disminuir el contacto con él.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Que hacía tríos. Que hacía “tortillas”. Que estaba acabando. Eso le escribieron sobre Ary a Osvaldo desde un perfil de Facebook cuando a él, de la nada, le dio por subir una foto de ella. En la publicación, Osvaldo ensalzaba a Ary como mujer, como la madre de su hija, la que había escogido para que lo hiciera padre. A ella le pareció raro. Además de que ya casi no tenían contacto, durante el tiempo que estuvieron él evitaba subir fotos comprometedoras a las redes con la excusa de que era reciente la separación con su mujer, que habían estado 8 años y que todas sus amistades y contactos la conocían.</p>
<p>El caso es que luego de eso, alguien, desde un perfil cuya identidad Ary todavía desconoce, le preguntó a Osvaldo si estaba enterado de lo que hacía esa que él mostraba con tanto orgullo, a quien le otorgaba tanto reconocimiento.</p>
<p>―Pero yo sé que eso es mentira porque yo a ti te conozco de hace una pila de años y sé que tú no caes en eso ‒le dijo.</p>
<p>Ary ni afirmó ni desmintió. Se quedó callada y, más tarde, sospechó que la persona tras ese perfil continuaba escribiéndole y contándole cosas a Osvaldo que ya él no le compartía. Le dijo que tenía a “una gente” averiguando por ella en Luyanó porque no quería que su hija naciera “con intriga alrededor”.</p>
<p>Lo que le contaron exactamente a Osvaldo, Ary no lo sabe. Mínimo debieron confirmarle que los rumores eran ciertos. Más de uno sabía de su relación con Alma y Cosi pues los veían juntos para arriba y para abajo. No había que verlos besándose o teniendo sexo para saber lo que ahí pasaba. “Matemática de bodega”, dice Ary. No obstante, aclara que ellos volvieron a establecerse como relación ya después que Kathy nació.</p>
<p>“Durante la barriga era un ‘plan amigos’. Ellos dormían en mi casa, en mi cama, me compraban comida, me malcriaban, pero nada de sexo. Pero como quiera, la gente no es tonta y había quienes sabían de antes”.</p>
<p>Osvaldo se encolerizó. Babalawo, con 16 años de práctica, cientos de ahijados, hombre a todo, “ni un chisme ni un brete ni una intriga” en su haber; aquello debió ser un bochorno para él. No solo le indignaba que Ary se lo hubiera ocultado; ni siquiera el padrino de santo de ella y otros hermanos de religión, que lo estimaban y estaban al tanto del asunto, se lo habían contado. En ese momento volvió a poner en tela de juicio la paternidad de Kathy.</p>
<p>Las amenazas y el acoso a partir de ahí escalaron tanto que Ary hizo una denuncia. En la estación de policía de Aguilera, en Diez de Octubre, su municipio de residencia, la atendió un oficial llamado Youbel Laffita Falcón. A Laffita le mostró todas las pruebas, audios, mensajes y publicaciones con la esperanza de que Emigración, si Osvaldo volviera a tocar suelo cubano dispuesto a cumplir sus amenazas, notificaría a las autoridades pertinentes.</p>
<p>Al día siguiente de presentarse en Aguilera, Osvaldo le escribió: “¿Tú piensas que denunciándome vas a resolver algo?”. Cuando se recuperó del impacto, Ary trató de imaginar de qué manera, en menos de 24 horas y sin haber arribado a Cuba, Osvaldo supo de la denuncia en su contra. No lo descubriría hasta tiempo después.</p>
<p>“Al final no va a proceder la denuncia esa. Yo tengo padrino y el que tiene padrino se bautiza”; “Tú lo que te estás buscando es que vaya para Cuba y te escache la cabeza”; “Cuando llegue no te va a salvar ni el médico chino”; “Tú reza porque a mi hija nadie la señale por tus preferencias sexuales, porque te la voy a quitar”. Alma, la única que estaba al tanto de estos mensajes frecuentes, no entendía por qué Ary se los aguantaba y no lo acababa de bloquear. Ary dice que ella prefería darlo por loco, porque contestarle o bloquearlo era darle más fuerza y arriesgarse a nuevos disgustos.</p>
<p>Ary tenía fecha de parto para el 7 de mayo de 2023, pero la ingresaron el 4 en el hospital Ramón González Coro, en La Habana. Su escasez de líquido amniótico motivó un mayor control de sus últimos días de gestación. El 10 de mayo a las 8:00 de la mañana le indujeron el parto, pero no dilató de ninguna manera. Al día siguiente tuvo a Kathy mediante cesárea y le tocó quedarse en la sala de Observación hasta el 12, porque no había camas disponibles en Recuperación.</p>
<p>Ya en la sala de Recuperación, Ary se bañó, se sentó y pensó que al fin era un buen momento para avisarle a Osvaldo, pero vio la hora; era tarde. Mejor le escribía al amanecer. El 13 en la mañana se levantó, le dio el pecho a Kathy y le escribió: ―Buenos días. Muchas felicidades. Ya eres papá.</p>
<p>Osvaldo le respondió con un audio llamándole “falta de respeto”.</p>
<p>―La misma cantidad de puntos que te dieron en la cesárea es la cantidad de puntos que te van a dar en la cara cuando llegue a Cuba.</p>
<p>Ary lo cortó de inmediato: si eso era lo único que él tenía que decir ante una noticia como aquella, si no le importaba saber cómo estaban ni por qué ella no le había escrito hasta ese día, ellos dos no tenían nada más que hablar. Y lo bloqueó.</p>
<p>Una nueva duda surgió entonces. ¿Cómo Osvaldo sabía de la cesárea si ni siquiera a la madre de él en Cuba ella había tenido tiempo de avisarle? Hasta donde recordaba, cuando la señora la llamó el día de su ingreso, Ary solo le informó que estaba en el González Coro y que le inducirían el parto, pero que no sabía fecha exacta, que cuando tuviera un chance le avisaba.</p>
<p>Cuando Alma llegó supo que algo relacionado con Osvaldo había pasado, pero Ary no quiso hablar de eso. Mientras tuviera que darle el pecho a su hija, iba a evitar a toda costa repetir un disgusto como el de meses atrás. Alma esperó que Ary se acostara, le tomó el celular y comprobó lo que sospechaba.</p>
<p>―Tú no tienes respeto ni por la hija que acabas de tener –le espetó a Osvaldo–. Eres un inconsciente. Tu mujer acaba de parir, tú no sabes lo que ha pasado para dar a luz a esa niña y mira lo primero que tú le dices.</p>
<p>―Ah porque tú eres la tortillera que está con ella, la que quiere ser el papá de mi hija; tú quieres quitarme a mi hija porque como tú no puedes tener&#8230;</p>
<p>Entre las cosas que a Osvaldo le contaron mientras estuvo averiguando con quiénes estaba Ary se encontraba la imposibilidad de Alma de quedar embarazada. Alma había tenido dos embarazos ectópicos, por lo que le extirparon las trompas de Falopio. Como único puede quedar embarazada es mediante inseminación artificial, un procedimiento que descartó por engorroso.</p>
<p>Tras el enfrentamiento con Alma, Osvaldo puso a ahijados suyos a vigilarlos y a tomar fotos de ella y de Cosi entrando y saliendo del hospital y en el parqueo. Luego se las envió a Alma, pues Ary lo tenía bloqueado. “Para que no piensen que ustedes están ahí y yo lejos. Yo estoy arriba de ustedes. Los estoy vigilando, así que anden al hilo que les voy a quitar a la chiquita. Yo no tengo que llegar a Cuba para que eso pase”, les advirtió.</p>
<p>Desastroso. Así describe Ary el día en que por fin pudo llevarse a la niña a su casa. Mientras esperaban por el carro que los iba a buscar, Osvaldo le envió otra foto a Alma. Esta vez, una de ellos cuatro en ese justo momento en la puerta del hospital. Un escalofrío le recorrió el cuerpo a Ary. Tuvo miedo, como es natural.</p>
<p>―Esto lleva policía, Ary ‒le dijo Alma.</p>
<p>Antes de irse descubrieron, gracias a un enfermero muy atento que hoy es el padrino de Kathy, que una enfermera, trabajadora también del González Coro, había estado averiguando por Ary desde su ingreso: si ella estaba bien, si había tenido parto natural o cesárea, cómo estaba la niña. Quedaban menos cabos sueltos. Osvaldo había echado mano de su influencia y del número de ahijados y conocidos para mantenerse al tanto de Ary y de su hija y, de paso, arruinar la tranquilidad de su relación.</p>
<p>“Cuando llegamos a la puerta de mi casa había un ahijado de él en moto sentado en la acera de enfrente. Yo lo conozco, de vista pero lo conozco”, asegura Ary. “Cuando salgo del carro, lo miro y él se me queda mirando. Saca el celular y llama. Y yo digo ‘pero ¿esto qué cosa es? ¿Osvaldo se volvió loco?’”.</p>
<p>―Tú tranquila que él no va a hacer nada ‒Alma intentó calmarla‒. Él no es un capo ni es Pablo Escobar.</p>
<p>Más tarde, cuando Alma y Cosi llegaron a su casa, se dieron cuenta de que a ellos también los estaban vigilando. En la esquina les espiaba y tomaba fotos la exmujer de Osvaldo. “Ya los tengo vigilados. Ya sé dónde ustedes viven”, les avisó Osvaldo por mensajes.</p>
<p>Un día a Cosi lo llamó por teléfono un hombre que vive en la esquina de la casa, un taxista. Tenían el número registrado porque una vez lo alquilaron para un viaje.</p>
<p>―Estoy llamando de parte de Osvaldito. Dice que se conecten.</p>
<p>“Una cosa de maniáticos”, dice Ary. Mandaba gente para que Cosi y Alma se conectaran a Internet y leyeran los mensajes que les dejaba.</p>
<p>Ese mismo día, Cosi salió a hacer un mandado y vio al tipo del taxi en la esquina. En una selfi que Cosi se tomó en la entrada de su casa sale el hombre, a distancia, observándolo e intentando fotografiarlo de espalda. Era demasiado. Alma y Cosi pusieron una denuncia en contra de Osvaldo y de su hermana, quien también les enviaba audios con amenazas.</p>
<p>La familia de Ary, hasta entonces al margen de todo, no entendía lo que pasaba, en qué momento y por qué razón las cosas con Osvaldo se habían torcido tanto. Tocó hacerles partícipes de su acoso a Ary, sin mencionar aún la relación de ellos tres, y resumirles que Osvaldo actuaba así porque Alma se había metido a defender a Ary.</p>
<p>Gracias a una prima fiscal de Alma descubrieron que Laffita, el oficial que llevaba la denuncia de Ary, conocía al padre de Osvaldo. Este en Cuba había sido chofer de varios primeros oficiales que dirigieron estaciones de bomberos y era conocido por varios policías.</p>
<p>Ary llegó a tener tanto miedo, que cuando fue a hacerle la “<a href="https://www.clinicbarcelona.org/asistencia/pruebas-y-procedimientos/prueba-del-talon" target="_blank" rel="noopener">prueba del calcañal</a>” a la niña, al quinto día de nacida, llevó en el coche una daga antigua, muy filosa. Alma y Cosi tuvieron que trabajar ese día y no pudieron acompañarla. Debido a la cesárea, Ary no podía sentarse en ningún tipo de transporte y caminó, atemorizada y con la niña, desde la Esquina de Toyo hasta el policlínico de Luyanó, alrededor de kilómetro y pico. Con el primero que se les acercara, que ella no conociera, no iba a dudar en usar la daga si fuera necesario.</p>
<p>Con ese susto vivió al menos el primer mes. Osvaldo le enviaba a la casa ahijados que querían ver a la niña, gente que ella no conocía. Ary los echaba inmediatamente.</p>
<p>Osvaldo no desistía. La abordaba desde distintos números o perfiles. El día de los padres le escribió un mensaje diciendo que él se felicitaba porque, aunque ella fuera la mujer que era, le agradecía haberlo hecho padre. “Por ti voy a tener lo que siempre he querido; al final yo te la voy a quitar, tú verás”. Y otra vez en fin de año: “Pásenla bien y disfruten a mi niña el tiempo que puedan, que al final se las voy a quitar”.</p>
<p>Hacerle creer que Kathy no era hija suya fue la manera que Ary encontró para que la dejara tranquila un tiempo. De todos modos, no lo quería cerca de la niña. Aprovechó que antes él había dudado de su paternidad, lo desbloqueó y le dijo:</p>
<p>―¿Tú no tenías tus dudas? Pues mírala bien, no es tuya.</p>
<p>―Tú quieres que yo te mate. Tú procura que sea mía. Lo único que te va a salvar es que esa niña sea mía, porque si no es mía van a coger tú, la niña, la tortillera esa que anda contigo, tu mamá…</p>
<p>Lo cierto es que Osvaldo no la molestó más por un tiempo.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>La casa donde conviven Ary, Alma y Cosi con Kathy da la impresión de estar diseñada para que nadie pueda ver lo que ocurre dentro. Cuando se entra, por un pasillo angosto, parece como si se accediera por un pasadizo que lleva a un escondite. Una vez dentro, la sensación es la de estar en una pequeña fortaleza, protegida del exterior.</p>
<p>Sin embargo, poco o nada de ello fue hecho con esa intención. No tienen nada que esconder, al menos ya no, desde que lo suyo lo sabe la familia más próxima. Tampoco es que hagan nada del otro mundo. Hacen lo que el resto: despertarse, asearse, trabajar, criar una niña, preparar la llegada de otro pequeño, comer, defecar, pelear, ocupar el tiempo, acumular años, errores y soplos de felicidad. Quizás la única diferencia consista en que más de dos cuerpos a la vez se dan placer en esa cama, pero eso no es nuevo ni extraño. Por lo demás, un hogar como cualquier otro.</p>
<p>―Estamos sin agua ‒comenta Alma‒. Nos pusimos a lavar, pensamos que hoy entraría agua. Deja que Cosi se entere que gastamos la que quedaba.</p>
<p>No se escucha llanto o sonido alguno que venga del cuarto, pero Ary, desde la cocina, sabe que Kathy se ha despertado. Alma va a buscarla en lo que Ary termina el almuerzo.</p>
<div id="attachment_14584" style="width: 1004px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14584" class=" wp-image-14584" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/7.jpg" alt="Boda espiritual y simbólica de Ary, Cosi y Alma (Foto: Cortesía de los entrevistados)." width="994" height="1325" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/7.jpg 750w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/7-225x300.jpg 225w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/7-450x600.jpg 450w" sizes="(max-width: 994px) 100vw, 994px" /><p id="caption-attachment-14584" class="wp-caption-text">Boda espiritual y simbólica de Ary, Cosi y Alma (Foto: Cortesía de los entrevistados).</p></div>
<p>Cosi llega un rato después con unos plátanos maduros y otras compras. Desde que lo ve, Kathy, que antes se ha prendido al pecho de Ary, deja lo que está haciendo y corre hacia él. Cosi se agacha para recibirla y se funden como dos fieras que se van a despedazar. Lo que viene después son mordisquitos, cosquillas, risas, el rostro iluminado de una niña que crece plenamente feliz con sus dos mamás y con su papá. El único papá que conoce.</p>
<p>De nada le valió el empeño que pusiera meses atrás para no encariñarse con Kathy. Cuando Cosi la vio recién nacida algo se le removió dentro. Algo que no ubica ni sabe nombrar. Sintió que era suya, que tenía que ser un padre para ella, estar en su vida y en su crianza.</p>
<p>―En el hospital, cuando nos permitieron verla, que Ary estaba en Recuperación ‒recuerda Alma‒, Cosi la miró y me dijo: “se parece a mí”. Y fue muy gracioso. Él estaba viendo lo que quería ver.</p>
<p>Que Ary, Alma y Cosi retomaran su relación era algo predecible. Cuando Kathy nació y Ary vio que Alma y Cosi la acogieron como si también fuera de ellos pensó: “Realmente esta gente está aquí porque me quiere”. Además, ¿a quién querían engañar? Se extrañaban y deseaban. Ninguno podía negar lo que sentían cuando eran tres. No cualquier “tres”. Ellos tres.</p>
<p>―Y un buen día Cosi llegó a mi casa y me dijo: “recoge las cosas tuyas y de la niña y vamos para la casa con nosotros” ‒cuenta Ary.</p>
<p>Del día a día de la relación tratan de no exagerar ni edulcorarlo:</p>
<p>―Problemas y desacuerdos siempre hay en todas las relaciones ‒Ary confiesa‒. Si entre dos es difícil, imagínate entre tres… Pero con una niña que cuidar se hace más entretenida la convivencia. Por suerte, los tres trabajamos desde casa.</p>
<p>En 2020, Alma, Ary y Cosi fundaron la <a href="https://www.instagram.com/ollourocuba?igsh=a2I4dzR2MW9pd3Vz" target="_blank" rel="noopener">Terraza Ecológica Ollouro</a>, “un espacio para sanar, cuidar y enriquecer el alma y el cuerpo” y emprendimiento de cosmética natural. Nació de la necesidad de brindarles un servicio útil y menos costoso a las personas negras y afrodescendientes que deseaban recuperar y lucir su cabello natural. En un inicio sembraban plantas como la albahaca y el romero, que luego les servían para preparar aceites y productos para la piel y el cabello rizado y afro, los cuales comercializan bajo la marca <a href="https://www.instagram.com/stories/highlights/17876884586541287/" target="_blank" rel="noopener">Ollouro</a>. “Ollouro” significa “agua bendita que cae del cielo”. La Terraza también ha servido para talleres y espacios de sanación, círculos de mujeres y otras actividades comunitarias, o simplemente para departir con los amigos.</p>
<div id="attachment_14586" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14586" class="size-full wp-image-14586" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/1.jpg" alt="Productos de la marca Ollouro (Foto: Cortesía de los entrevistados)." width="1080" height="826" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/1.jpg 1080w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/1-300x229.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/1-785x600.jpg 785w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/1-768x587.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/1-80x60.jpg 80w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/1-810x620.jpg 810w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14586" class="wp-caption-text">Productos de la marca Ollouro (Foto: Cortesía de los entrevistados).</p></div>
<p>Aunque han perfeccionado la producción y la venta, continúan elaborando desde casa sus productos de cosmética, ahora en compañía de la bebé. Desde que abrió los ojos, Kathy los ha visto alistando envases, haciendo mezclas, llenando etiquetas. Ya conoce el proceso.</p>
<p>―Cuando nos ve cargando pomos sabe que es día de trabajo ‒cuenta Ary‒. Los coge, les quita las tapas. Nos coge las etiquetas y se empeña en rellenarlas y pegárselas a los pomos. Es muy divertido.</p>
<p>Alma asegura que, en la relación, la de la comunicación es ella. Cuando Ary y Cosi se fajan, se dejan de hablar como dos adolescentes y ella tiene que mediar.</p>
<p>―Ary está aprendiendo que la comunicación es la base de cualquier entendimiento, que hay que hablar lo que te guste y lo que no. Las conversaciones difíciles son las que hacen que una relación marche. Y Cosi la tiene difícil. Tiene que lidiar con Ary y conmigo, que tampoco soy fácil.</p>
<p>Admite que hay días en que no está de ánimos para hacer de mediadora, y que le da igual si se pasan una semana enojados o un mes, pero luego se da cuenta de que son un equipo y que un equipo debe funcionar, en armonía preferiblemente.</p>
<p>Alma y Ary tratan de no estar disgustadas. Cuando están mal entre ellas todo está mal. Sin embargo, cuando una está fajada con Cosi la otra la apoya.</p>
<p>―Me caen en pandilla ‒se queja Cosi‒. Las dos contra mí.</p>
<p>Cosi no habla mucho. Se mantiene atento a lo que haga falta: si hay que servir agua, mirar algo en el fogón, preparar algún refrigerio o salir a alguna compra urgente. Escucha con atención, no obstante, no sea que Ary y Alma omitan algún detalle de la historia o sean injustas en sus planteamientos. Si se da el caso, él interviene de manera breve y aclara el asunto desde su punto de vista. Pero la mayoría de las veces asiente o pone los ojos en blanco cuando el comentario lo amerita.</p>
<p>―Y también hay celos, no te vayas a pensar que porque hay consenso y demás no los hay ‒asegura Ary mientras ríe‒. Ha habido celos de parte de los tres, sobre todo al principio. Que si “tú la abrazas a ella de noche y a mí no”, “tú hoy le diste un beso más rico que a mí”, “hoy te despediste de ella antes de irte y de mí no”, “tú estás hoy más cariñosa con ella que conmigo”, “se fueron solas para la calle, me dejaron solo aquí viendo películas y nadie me ha llamado para saber cómo estoy”&#8230;</p>
<p>Ante los ojos de los demás, explica Ary, el hombre es el que sale mejor: tiene dos mujeres en su casa. Para ellas, en cambio, no faltan los cuestionamientos. En el caso de Alma suelen ser: “¿Cómo vas a compartir a tu marido?”, “¿Cómo vas a permitir que esté con otra mujer?”. En el de Ary: “¿Y por qué tú no te buscas un marido para ti y tienes que estar con el de otra?”.</p>
<p>Cosi está decidido a desmentir, o al menos a matizar, eso de que el hombre es el que “la está viviendo” porque tiene dos mujeres. Lo hace como quien ha visto en demasiadas ocasiones circular esa idea a su alrededor y ha esperado mucho tiempo para explicarse. Lo que ocurre es que la gente lo reduce todo al plano sexual, e incluso ahí, explica Cosi, él tiene grandes retos. Ambas tienen gustos, necesidades y demandas diferentes. Ciclos, caracteres, emociones, todo diferente. Para bien o para mal ‒casi siempre para mal‒, las mujeres, plantea Cosi, son formadas de un modo que llegan a desarrollar una complejidad psicológica, emocional y funcional mayor que la de los hombres.</p>
<p>―Entender a una es una proeza, pero no por ellas, sino por cómo nos formamos nosotros. Ahora imagínate entender y vivir con dos y hacer que ese engrane funcione.</p>
<p>Alma y Ary son dos mujeres muy distintas. La primera es muy práctica, directa, impetuosa. La segunda es más pasional y entregada. Hija de Yemayá al fin, Ary no tiene ningún complejo en admitir su deseo de amar profundamente y entregarse, de proteger con garras a su familia. Antes de estar con Alma y con Cosi, creía en el amor convencional y siempre se le hizo muy complicado tener una relación. No entendía por qué. Se consideraba una mujer con todas las cualidades para enamorar y mantener a un hombre a su lado. Fue la propia Alma quien le hizo ver que no le iba bien porque entregaba demasiado y tenía una idea romántica de las relaciones.</p>
<p>Hace cinco años, cuando comenzó a salir con Cosi y con Alma, no imaginó adónde llegarían. A diferencia de Alma, que le había confesado a Cosi su deseo de estar con otra mujer y con él, a Ary jamás le pasó por la cabeza hacerlo algún día. Mucho menos enamorarse de una. Al principio todo lo tomó como una diversión. Los visitaba, estaban, se quedaba con ellos y al día siguiente volvía a su casa, a su vida. Salía con otros hombres de vez en cuando. No tenía compromisos de ningún tipo.</p>
<div id="attachment_14587" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14587" class="wp-image-14587 size-full" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4.jpg" alt="Alma, Ary y Cosi en el mar (Foto: Cortesía de los entrevistados)." width="1080" height="1077" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4.jpg 1080w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4-300x300.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4-602x600.jpg 602w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4-150x150.jpg 150w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4-768x766.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4-65x65.jpg 65w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/4-810x808.jpg 810w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14587" class="wp-caption-text">Alma, Ary y Cosi en el mar (Foto: Cortesía de los entrevistados).</p></div>
<p>Se echó para atrás en cuanto se percató de que todo iba tomando otro rumbo, que Alma y Cosi la querían ver más seguido, que la celaban en sus intentos con algún nuevo “príncipe azul” y que ella los celaba cuando probaban con alguna otra mujer. Aunque lo disfrutaba, aquello no era más que un juego, una descarga “moderna”. No había renunciado al deseo de tener una relación monogámica, exclusiva, con un hombre.</p>
<p>Alma la trataba de convencer de que dejara ya de buscar, que Cosi era el hombre que ella necesitaba. Por ella, ellos también dejarían su búsqueda. Era la pieza que encajaba. Con ninguna se sentían como con Ary y no querían un trío ocasional con ella. Eso no bastaba. Querían ampliar el número permitido de personas en una relación formal. “Ay, vieja, no te hagas más que tú estás muerta con nosotros”, le soltó Alma un día.</p>
<p>A Ary le costó admitirlo. Tenía muchos miedos. En resumidas cuentas, ya ellos dos eran una pareja previa, y a ella le tocaría ser la “agregada”.</p>
<p>―Mi lucha todo este tiempo fue porque Ary no se sintiera así ‒revela Alma‒. Ni entrometida, ni la otra, ni la querida de Cosi. Tan esposa de él como yo.</p>
<p>Algunas amistades de Alma, que los tenían a ella y a Cosi como un matrimonio formal, se alejaron al enterarse. A otras ha tenido que aclararles que Ary es tan dueña y señora de la casa como ella y que puede disponer de lo que le venga en gana. Que si tienen que mover una silla o agarrar un pozuelo tienen que contar también con Ary. Ceder ese espacio le costó, dice Alma, pero fue necesario. Planearon que en la relación no habría centro. Nadie está por encima de nadie. Si tuviera que haber algo por encima de todo, que lo fuera el deseo triple de mantenerse unidos y de construir una familia.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Cuando le preguntan a la pequeña Kathy dónde está su tata, señala para la barriga de Ary. El advenimiento del próximo bebé les tomó de sorpresa. Confiaban en que, al estar todavía lactando a Kathy, eso no sucedería, pero en abril de 2024 a Ary no le cayó la regla. Se preocupó. Se hizo un test rápido y confirmó su embarazo. Aunque habían planeado tener otro bebé, querían que fuera más adelante, cuando Kathy tuviera unos años más.</p>
<p>―El universo, cuando ve que haces las cosas mal, te las repite y te las repite hasta que las hagas bien ‒explica Ary‒. Entonces decidimos hacer lo que teníamos que haber hecho con aquella primera barriga de Cosi.</p>
<div id="attachment_14585" style="width: 1005px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14585" class=" wp-image-14585" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/2.jpg" alt="" width="995" height="1493" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/2.jpg 664w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/2-200x300.jpg 200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/2-400x600.jpg 400w" sizes="(max-width: 995px) 100vw, 995px" /><p id="caption-attachment-14585" class="wp-caption-text">Ary, al centro, con Kathy en brazos. Alma y Cosi sostienen el vientre de Ary, la segunda bebé que esperan (Foto: Cortesía de los entrevistados).</p></div>
<p>Se sentaron con las madres de ellas ‒la de Cosi es fallecida‒ y fueron lo más directos posible. Les revelaron que Ary estaba embarazada de nuevo, que el padre de la criatura era Cosi, que los tres tenían una relación desde hacía cinco años y que ahí nadie estaba engañando a nadie. Para asombro de ellos, ninguna de las madres se había imaginado nunca nada. La de Alma es la que más tiempo ha necesitado para procesarlo. La noticia no le sentó nada bien, pero tampoco le dio un infarto como Alma imaginó en otro tiempo. Le acotaron que no pretendían que ella lo entendiera, solo que lo supiera y, de ser posible, que lo aceptara. Al fin y al cabo, ella veía a Ary como una hija y a Kathy como una nieta. No había por qué esconderse. Con la mamá de Ary fue un poco más fácil. Aunque también quedó un poco consternada, al final concluyó que, si ellos eran felices, ni ella ni nadie tenía más nada que decir.</p>
<p>Aunque siempre hay quien tiene algo que decir.</p>
<p>El día que bautizaron a Kathy en la iglesia de Regla todo había quedado claro: en el banco se sentaban los padres, el bebé y los padrinos. Cuatro adultos en total. En el de Kathy había cinco. Cuando pasó el diácono a determinar quiénes eran los padres y quiénes los padrinos, se dirigió a Alma: “Y usted, señora, ¿quién es? Tiene que sentarse atrás”. Alma le respondió que ella no se iba a sentar atrás porque ella también era la madre. “Pero ¿quién es la mamá, usted o usted?”. “Las dos”, le dijo. El señor gritó frente a todos: “¡No, no, no! Nada de eso. Un bebé tiene una mamá y un papá”.</p>
<p>Cosi se levantó, se le acercó y le dio la misma explicación. Esa niña tenía una madre que la había parido, otra que no la había parido pero también era su madre y un padre, que era él. “¡Pero eso es un engendro! ¡¿Qué cosa es eso?! Dios no permite esas barbaridades”, sentenció el hombre a punto de soltar espumarajos por la boca.</p>
<p>En el barrio siempre es más divertido. Ven a Alma con Kathy en brazos y le preguntan si es suya. Ella responde que sí y continúan: “Es que como no te vimos embarazada…”; y como si quisiera perturbarles más la mente, les aclara: “Es que yo nunca estuve embarazada, pero es hija mía”.</p>
<p>―Cuando me ven con Alma le preguntan si somos hermanas ‒cuenta Ary‒. “No, no es hermana mía”, “Ah, es hermana de Cosi”, “No, tampoco”, “Ah, es que como la veo viviendo ahí con ustedes”, “Sí, pero no es hermana de ninguno de los dos”, “Ah…”.</p>
<p>Es el “ah” de la revelación o la confirmación, que les llega como un golpetazo en la nuca. La interjección de quien ha sido empujado a sacar sus propias conclusiones.</p>
<p>A otros se lo dicen por las claras: que son una relación de tres o que ellas dos son pareja. Un día un hombre en una cafetería les preguntó que cómo ellas iban a ser pareja si no tenían cara de “cosita de esa”. Aquello les causó mucha gracia. Tratan de no dejarse amargar con ese tipo de comentarios. En otra ocasión, Alma y Ary llevaron a Kathy al consultorio y la doctora le indicó a Ary que su mamá podía pasar. “Ella no es mi mamá. Ella es mi pareja”, le respondió. Una vez más vino la interjección del despiste y también de la iluminación.</p>
<p>Ninguno de los tres había pensado en la importancia de que, bajo esta organización del mundo, su relación fuera reconocida, hasta que a Cosi le ofrecieron un contrato de trabajo en España. De aceptarlo, solo podía irse con su esposa. A efectos legales, su esposa es Alma. Aunque Ary fuera la madre de sus hijos y con ella tuviera una relación que pudiera probar, no tenía ninguna posibilidad de irse con ellos. Finalmente desestimaron el contrato. Ni Alma ni Cosi se iban a ir dejando a Ary sola con Kathy y embarazada, ni los empleadores iban a permitir que viajaran todos.</p>
<p>―Y nosotros estamos decididos a criar a nuestros niños juntos, que nos vean juntos y que vean que funcionamos como una familia.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>“Esta publicación no es para ti, Osvaldo Seijas S[á]enz es para todos los que viven engañados por ti. Es para todos los que te creen que no puedes ver a mi hija porque me dejaste, es para los que te creen que te están alejando de la niña por despecho, es para los que te creen que te están privando del derecho de padre injustamente. (…) Tú no puedes acercarte a mi hija porque has amenazado de muerte a su madre en repetidas ocasiones.</p>
<p>“Yo no soy perfecta. Lejos estoy de serlo. Pero lo que me diferencia de ti es que desde el primer momento que tuve a mi hija en mis brazos entendí y decidí que tengo que ser mi mejor versión por ella. Entendí que solo quiero para ella un ambiente sano y de paz en el que pueda crecer feliz y sana, contrario a lo que tú generas cada vez que te acuerdas que existimos”.</p>
<p>―Era un capítulo que tenía que cerrar ‒dice Ary‒: demostrarle que me importa poquísimo hacer esto público y que la gente se entere de mi relación. Por eso hice el post también.</p>
<p>Ary sabía que cuando Osvaldo se desaparecía y no la molestaba durante un tiempo, su regreso era peor. Demasiada gente en común con él, de Luyanó, le preguntaban en la calle si la niña por fin era de Osvaldito. Otros la miraban raro, como si tuviera algo en la cara. Osvaldo había estado haciendo publicaciones, solo para sus amigos de Facebook, en las que contaba que Ary se escondía para “hacer tortilla” y tríos. También expuso fotos de Cosi y de Alma diciendo que eran esos con quienes ella hacía sus desvergüenzas. No decían nada nuevo. Nada que no le hubiera dicho antes. Ary, sin embargo, no toleró esta vez que él dijera que ella vivía su relación a escondidas.</p>
<p>Por esa fecha también Osvaldo le escribió a una tía de Ary advirtiendo que ya tenía residencia estadounidense y que estaba a punto de venir a Cuba, que haría todo lo que estuviera en sus manos por comprobar si Kathy era hija suya, que se preparara todo el mundo, porque iban a saber quién era Osvaldo Seijas.</p>
<p>El 8 de julio de 2024, Ary y Alma acudieron a la sede de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) de El Vedado, en La Habana. A la señora que las atendió le manifestaron sus preocupaciones con todas las amenazas de Osvaldo, sobre todo con la de demostrar su paternidad y quitarle la custodia de Kathy. Lamentaron también que su tipo de relación no esté contemplada ni siquiera en el nuevo Código de las Familias. El único respaldo que tienen, y no saben si acaso sirva de algo, es que Kathy fue inscrita como hija de Cosi. Tiene su apellido. La señora le aseguró que en Cuba no se están haciendo pruebas de paternidad, en caso de que Osvaldo la solicite.</p>
<p>―Pero nos dijo que se están haciendo unas pruebas faciales, no sé cómo son, la verdad, que por los rasgos del bebé se saca el parentesco ‒relata Ary, con duda‒. Que eso es lo único que él pudiera tener a su favor para entonces poder hacer una solicitud de paternidad de la niña. No entendí muy bien.</p>
<p>La señora les garantizó que se iba a reunir con una comisión a ver qué podían hacer.</p>
<div id="attachment_14589" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-14589" class="size-full wp-image-14589" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6.jpg" alt="" width="1080" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6.jpg 1080w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6-300x300.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6-600x600.jpg 600w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6-150x150.jpg 150w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6-768x768.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6-65x65.jpg 65w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2024/09/6-810x810.jpg 810w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-14589" class="wp-caption-text">Cosi, al centro, carga a Kathy. A su lado, Alma (izquierda) y Ary (derecha) (Foto: Cortesía de los entrevistados).</p></div>
<p>Una abogada, consultada bajo anonimato para este trabajo, confirmó que en Cuba hace más de una década no se hacen pruebas de paternidad, a no ser en aquellos procesos donde un tribunal determine que hay que hacerla. Fuera de eso, explica la experta, el Estado cubano ha dejado claro que no tiene el presupuesto para costear ese tipo de pruebas. Se autoriza excepcionalmente también en casos donde el demandante o el demandado corren con los costos procesales.</p>
<p>Recientemente descubrieron, gracias a un contacto en la Policía, que la denuncia que Ary le puso a Osvaldo estando embarazada, la D-23845, no procedía por “no haber delitos”. Esta misma persona le recomendó a Ary que volviera a la estación, preguntara por la instructora que lleva su caso y le dijera que tenía nuevas evidencias de amenazas de Osvaldo para agregar al expediente.</p>
<p>El miércoles 24 de julio pasado, Alma y Ary amanecieron en la estación de policía de Aguilera. Quien debía atenderlas les dijo que no podía porque estaba haciendo cosas muy importantes y, cuando ellas se quejaron en la oficina de Atención a la Población, las redirigieron con otro oficial: Alfredo Peregrín Matos. En efecto, Ary tuvo que hacer una denuncia nueva, no la ampliación de la anterior como era su plan. El oficial Laffita había cerrado el caso.</p>
<p>Alfredo tomó los papeles impresos con las evidencias, leyó por arriba y preguntó: “¿Este tipo que está escribiendo quién es, el papá de la niña?”. Ary le respondió que sí. “Pero él tiene todo el derecho, aunque él diga todo esto. Al final todo esto son boberías que uno dice, pero que no las cumple”. La solución que Alfredo le dio a Ary, a modo de consejo, fue que conversara con Osvaldo para que la dejara tranquila y que le asegurara que cuando viniera a Cuba hablarían mejor y, si era lo que deseaba, le dejaría ver a la niña. Ary contó infinitas veces hasta cien. Sintió que estaba allí en vano, frente al abismo de la indefensión.</p>
<p>Cuando el oficial preguntó el porqué de tantas amenazas, Ary le explicó el tipo de relación que ella tenía. En el rostro del hombre se dibujó una expresión como de haber llegado al entendimiento de todo, de haber hallado razonables las reacciones de Osvaldo. “Si él viene y te hace una demanda, gana el caso, déjame decirte. Él es el padre de la niña”, le aseguró, “Ok, pero ¿me va a tomar la denuncia o no?”.</p>
<p>Con Alma no se comportó muy diferente. Insistió en que todas esas denuncias eran por gusto, que Osvaldo tenía todos los derechos como padre. “Tú tienes que darte cuenta [de] que este es el resultado del acto que ustedes cometieron”, le dijo el oficial. “Ustedes determinaron tener ese estilo de vida y esas son las consecuencias”.</p>
<p>Ary dice que han ido por todos los canales, aunque no crea en el buen funcionamiento y utilidad de ellos. Policía, Atención a la Población, FMC, Emigración. Lo ha hecho para que mañana, si llegase a ocurrir lo no deseado, nadie diga que no alertó a las autoridades pertinentes.</p>
<p>Alma cree que una de las cosas que más debe estarle dando vueltas en la cabeza a Osvaldo es el arrojo de Ary, a quien tiene por una mujer pasiva y atormentada.</p>
<p>―Él nunca pensó que esto pudiera llegar tan lejos y que Ary no se iba a dar por vencida tan rápido ‒dice Alma.</p>
<p>No saben cuándo ni de qué manera volverán a tener noticias de Osvaldo. Lo que sí saben es que moverán cielo y tierra si fuera preciso contra aquello que ponga en peligro el proyecto familiar que han construido. Tampoco dejarán que interfiera demasiado en el ritmo habitual y plácido de sus vidas. Hay otras cuestiones que merecen mayor atención: la del agua, por ejemplo, los encargos de su negocio, la bebé que ya se nota en el vientre de Ary, los planes y sueños que todavía tiene la relación, las primeras palabras claras de Kathy.</p>
<p>A Cosi es al que más congoja le cae de vez en cuando. Siempre que Osvaldo aparece y dice que les va a quitar a la niña se pone nervioso. Aunque Ary y Alma lo tranquilicen diciéndole que Osvaldo no hará nada y que ha perdido todos los derechos sobre Kathy, no puede evitar sentirse inseguro.</p>
<p>―¿Quién es la cosa preciosa de papá? ‒pregunta tirado en una colchoneta en medio de la sala, donde ha pasado la tarde. Kathy ríe como si le estuvieran haciendo muchas cosillas, muestra sus diminutos y escasos dientes y avanza hasta él. Alma se acerca a abrazarlos, mientras Ary los observa, complacida, desde un butacón, sonriendo y con la mano en su vientre.</p>
<p>No piensa agobiarse más.</p>
<p>“A los 18 años MI HIJA decidirá si vale la pena acercarse a alguien como Osvaldo Seijas”, fue lo último que escribió en su post antes de publicar.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2024/09/ary-la-nena-los-retos-de-un-amor-de-tres/">Ary La Nena: los retos de un amor de tres</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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		<title>De la violencia sexual, la victimización secundaria y las leyes en Cuba: algunas respuestas</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2023/06/de-la-violencia-sexual-la-victimizacion-secundaria-y-las-leyes-en-cuba-algunas-respuestas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Diana Ferreiro]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Jun 2023 10:00:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[violencia sexual]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Periodismo de Barrio responde algunas preguntas acerca de la violencia sexual, la revictimización y los caminos legales para establecer una denuncia por agresión sexual y/o violación en Cuba.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2023/06/de-la-violencia-sexual-la-victimizacion-secundaria-y-las-leyes-en-cuba-algunas-respuestas/">De la violencia sexual, la victimización secundaria y las leyes en Cuba: algunas respuestas</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En 1974 las investigadoras estadounidenses Ann Wolbert Burgess y Lynda Lytle Holmstrom, a partir de las respuestas conductuales de 92 mujeres adultas, desarrollaron un estudio sobre el síndrome traumático de la violación que fue publicado en la revista <em>American Journal of Psychiatry</em> bajo el título “Rape: The Victims Perspective”. Con este, Burgess y Holmstrom no solo introducían el concepto de <em>rape trauma syndrome</em>, también llamaban la atención sobre algo importante: la violación no es solo un delito físico, sino que puede tener graves repercusiones emocionales y psicológicas para las víctimas. Hasta hoy, es una de las investigaciones con mayor impacto internacional sobre la validación de las experiencias de las personas sobrevivientes de una violación, en tanto cuestiona los estereotipos y la tendencia a olvidarlas y/o culpabilizarlas.</p>
<p>“¿Cómo ibas vestida?”, “¿lo provocaste?”, “¿habías bebido?”, “¿era de noche?”, “¿por qué caminabas sola por esa calle?”, “¿te resististe?”, “¿hiciste la denuncia?”, “¿por qué lo cuentas ahora?” son preguntas que cuestionan el actuar de ellas, cuando la única que debería formularse es al victimario: “¿por qué la violaste?”. La revictimización, además de exponer nuevamente a daños psicológicos, emocionales e incluso físicos similares a los que la persona sobreviviente ha experimentado como consecuencia del trauma, es un fenómeno frecuente y puede ocurrir en diferentes contextos, desde las redes de apoyo hasta los sistemas médico, policial y judicial.</p>
<p><em>Periodismo de Barrio</em> responde algunas preguntas acerca de las diferentes manifestaciones de la violencia sexual, los traumas que suele experimentar la persona que la sobrevive, las formas que adopta la revictimización, y los caminos legales que es posible tomar en Cuba para establecer una denuncia por agresión sexual y/o violación.</p>
<h4>¿Cuáles son las diferentes formas de la violencia sexual?</h4>
<p>La violencia sexual, definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.</p>
<p>Desde la penetración forzada hasta el acoso verbal, pasando por la presión social, el engaño y la intimidación como formas de coacción, la violencia sexual adopta muchas variantes. La OMS incluye entre ellas:</p>
<ul>
<li>violación en el matrimonio o en relaciones sexoafectivas,</li>
<li>violación por personas desconocidas o conocidas,</li>
<li>insinuaciones sexuales no deseadas o acoso sexual,</li>
<li>esclavitud sexual y otras formas de violencia comunes en situaciones de conflicto armado (como la fecundación forzada),</li>
<li>abuso sexual de personas física o mentalmente discapacitadas,</li>
<li>violación y abuso sexual de niños,</li>
<li>formas “tradicionales” de violencia sexual, como matrimonio o cohabitación forzados.</li>
</ul>
<p>Cuando hablamos de coacción nos referimos al uso de varios tipos de fuerza, la intimidación psicológica, las amenazas, el engaño y el chantaje. También, como señala la OMS, “puede haber violencia sexual si la persona no está en condiciones de dar su consentimiento, por ejemplo cuando está ebria, bajo los efectos de un estupefaciente, dormida o mentalmente incapacitada”.</p>
<p>Para la investigadora Andrea Xochitl López Valdez, en un <a href="https://www.revistas.unam.mx/index.php/ents/article/view/56283" target="_blank" rel="noopener">artículo</a> publicado en la <em>Revista de Trabajo Social de la UNAM</em>, “la violencia sexual, como un hecho que trasgrede lo más íntimo del individuo [&#8230;] demuestra el sistema de subordinación que un género ejerce sobre otro”. Añade que “este tipo de violencia es la más compleja de registrar, ya que está rodeada de silencio, dominio de un individuo sobre otro en una relación asimétrica de control y poder”.</p>
<h4>¿Por qué una víctima de agresión sexual o de violación no se resiste y/o no denuncia?</h4>
<p>Aunque los datos sobre violencia sexual varían según el país o la región, estos provienen en su mayoría de encuestas y en menor medida de reportes policiales o judiciales, pues según el <a href="https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/98821/WHO_RHR_12.37_spa.pdf%3Bsequence=1" target="_blank" rel="noopener">informe</a> <a href="https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/98821/WHO_RHR_12.37_spa.pdf%3Bsequence=1" target="_blank" rel="noopener">de la OMS</a> solo el 5% —o menos— de las víctimas adultas de violencia sexual lo notificaron a la policía.</p>
<p>En su investigación “La denuncia de delitos sexuales. Camino doblemente victimizante: una mirada desde las víctimas de violencia sexual”, López Valdez señala que solo uno de cada diez casos de violencia sexual se registra, y que a menudo es difícil de identificar al estar rodeado de silencio y estigmas, lo cual lleva a que “las víctimas poco hablen de los hechos sufridos por temor a las represalias, a ser culpadas o a que no se les crea, por vergüenza, o por temor a que sean sometidas a otro tipo de vejaciones”.</p>
<p>Burgess y Holmstrom demostraron en 1974 que un número significativo de víctimas de violaciones se encuentran paralizadas o inmovilizadas psicológica y físicamente ante el ataque o la amenaza del violador, por lo que son incapaces de resistirse. Asimismo, en ocasiones las víctimas acaban por “colaborar” con sus agresores como medio de escape, para que “termine más rápido”. Por supuesto, lamentablemente ello no las libra de experimentar más tarde las repercusiones del acto violento que en sus cuerpos y sus vidas se ha perpetrado. Según explican Enrique Esbec Rodríguez y Olga Fernández-Sastrón en una investigación realizada para la Universidad Complutense de Madrid, las víctimas de violación desarrollan síntomas que a menudo encajan en el cuadro del trastorno por estrés postraumático: sentimientos de humillación, vergüenza, ira o impotencia, preocupación constante por el trauma, culpabilidad con tendencia a revivir el suceso y reconocerse como responsable principal del mismo, y pérdida progresiva de autoconfianza como consecuencia de los sentimientos de indefensión e impotencia experimentados.</p>
<p>Por otra parte, históricamente las instituciones han dado la espalda a las víctimas durante los procesos de investigación. Estos se centran en demostrar la ocurrencia del delito y en quién lo ha cometido, sin tener en cuenta que la persona que lo ha sobrevivido necesita determinados cuidados, garantías y tratos personalizados para atenuar las consecuencias de la agresión que acaba de sufrir.</p>
<p>En Cuba, como sabemos, no existe una ley integral contra la violencia de género, y las legislaciones que recogen temas relacionados con las agresiones sexuales no incluyen la perspectiva de género en toda su amplitud. Además, los datos oficiales que sobre estos delitos y sus denuncias pudieran existir no son de dominio público, por lo que resulta muy difícil entender y actuar sobre el problema.</p>
<p>Según un <a href="https://constructoscriminologicos.uanl.mx/index.php/cc/article/view/16" target="_blank" rel="noopener">artículo</a> publicado en la revista <em>Constructos Criminológicos</em> en enero de 2022, datos ofrecidos por SEMlac Cuba y otros autores aseguran que los delitos más frecuentes en la isla son los abusos lascivos y las violaciones, donde “las niñas son las principales afectadas por victimarios hombres, en su mayoría cercanos al ámbito familiar, y […] pueden apreciarse relaciones de poder y asimetría con bases en la dependencia económica y la subordinación patriarcal”. Su autor, Lázaro Enrique Ramos Portal, tuvo acceso a 938 sentencias publicadas entre 1974 y 2016, en las que se hace referencia a 1182 delitos, de los cuales 166 (14%) eran delitos sexuales o “contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales, la familia, la infancia y la juventud”. Esta cifra quedaba a su vez dividida, con el abuso lascivo (33%), la corrupción de menores (28%) y las violaciones (23%) como los más significativos.</p>
<p>Con el fin de contrastar y/o complementar los datos anteriores, Ramos Portal realizó una encuesta de victimización sexual a 211 personas seleccionadas de manera intencional, la cual arrojó, entre otras informaciones, que cerca del 93% de las víctimas de violencia sexual en Cuba son mujeres. En la colecta de datos provenientes de víctimas directas de violencia sexual, estas aseguraron ser conscientes de que por cada delito denunciado existían al menos otros tres, “demostrando que la cifra oculta de los delitos sexuales en Cuba es alta y tiene bases machistas ya que el 72.4% de las mujeres victimizadas no denunció y el 100% de los hombres tampoco”, explica el autor. Entre los principales motivos por los que no se hizo la denuncia se encuentran: por estar bajo los efectos del alcohol, por estar bajo los efectos de drogas, por desconocimiento, por vergüenza ante las autoridades y la familia, por prejuicios y, con mayor representación, por miedo a las represalias.</p>
<p>Como consecuencias frecuentes, las personas sobrevivientes encuestadas reportaron trastornos psicológicos, miedo, alejamiento de las relaciones sociales, conductas suicidas, inseguridad, además de secuelas físicas como lesiones, embarazos, enfermedades de transmisión sexual e infertilidad.</p>
<h4>¿De qué maneras se suele revictimizar a las personas sobrevivientes de violación?</h4>
<p>La revictimización o victimización secundaria se entiende como una segunda experiencia victimal que puede resultar incluso más negativa o más violenta que la primaria, y que contribuye a incrementar el daño causado por la agresión a niveles emocionales, psicológicos y físicos. Es la respuesta negativa que damos, como sociedad, a la víctima, y muchas veces está condicionada por su identidad de género o sexual, su condición racial, étnica o religiosa. En el artículo “<a href="https://www.redalyc.org/pdf/686/68611923006.pdf" target="_blank" rel="noopener">Revisión teórica del concepto de victimización secundaria</a>”, sus autores analizan los aportes que sobre el tema han hecho varios investigadores, muchos de los cuales consideran que “la victimización secundaria es […] generada como consecuencia de la victimización primaria, donde la víctima reexperimenta una nueva violación a sus derechos legítimos”.</p>
<p>En sus testimonios, numerosas personas refieren haber sido revictimizadas por las entidades que deberían ayudarlas y protegerlas en primera instancia. En el estudio “<a href="http://morfovirtual2020.sld.cu/index.php/morfovirtual/morfovirtual2020/paper/viewFile/14/31" target="_blank" rel="noopener">Protección psicológica a la víctima del delito de violación</a>”, presentado por profesionales de la medicina y el derecho de las provincias de Granma y Camagüey, los autores ponen ejemplos de preguntas que las víctimas declaran haber tenido que responder durante un primer interrogatorio policial: “¿Es usted virgen?, ¿Encontró placer en el acto?, ¿Alcanzó usted el clímax?, ¿Qué tipo de vestuario llevaba usted?”, además de “¿Cuánto tiempo permaneció usted en el suelo?, ¿Cuáles fueron sus respuestas verbales durante la violación?, ¿Le excitó a usted el lenguaje del violador?, ¿Cuál es su experiencia sexual previa a la violación?”. Estas demuestran un interés morboso en los detalles sexuales y no en aquellos que pudieran ofrecer información para encontrar la identidad del agresor o calificar la agresión como tal.</p>
<p>El término también se ha usado para referirse a las situaciones por las que atraviesa la víctima ante los órganos judiciales, por ejemplo, al ser obligada a testificar varias veces y, por tanto, a revivir la agresión una y otra vez; a la escasa o nula atención médica, psicológica o terapéutica, esencial en estos casos; así como a múltiples victimizaciones producidas por el mismo agresor o diferentes agresores en sucesivos momentos (generalmente por parte de parejas sexoafectivas, cónyuges, familiares en el marco de relaciones incestuosas, etc.).</p>
<p>Cuando, por ejemplo, una denuncia por violación llega al espacio público a través de los medios de comunicación —aun aquellos en los que el amarillismo no forma parte de su política editorial—, con demasiada frecuencia se dan casos de revictimización que van desde titulares sensacionalistas hasta el uso de imágenes que reproducen la violencia. Se suele potenciar contenido que genera visualizaciones y tráfico hacia la noticia, cuando se debiera ofrecer información que sirva de ayuda a quienes se identificarán con la persona que denuncia. La responsabilidad ante aquello que se publica y el acompañamiento son esenciales en la cobertura de un caso de agresión sexual.</p>
<p>Asimismo, las redes sociales constituyen otro espacio donde la persona sobreviviente se ve expuesta, una y otra vez, a cuestionamientos, preguntas, dudas acerca de la veracidad de los hechos o de su “responsabilidad» en ellos. Incluso cuando se pueda tener la buena intención de visibilizar un problema sistémico como la violencia de género, en muchas ocasiones el debate se centra en la víctima y no en qué podemos hacer como sociedad para ayudarla o para que no existan otras víctimas.</p>
<h4>¿Qué dice la ley cubana acerca de la agresión sexual?</h4>
<p>El Código Penal vigente desde el pasado año, en su artículo 95.1, recoge el delito de agresión sexual de la siguiente manera: “Quien empleando fuerza, violencia o intimidación, tenga acceso carnal con otra persona, sea por vía oral, anal o vaginal, incurre en sanción de privación de libertad de siete a quince años”. La sanción es igual si la agresión se realiza con objetos, dedos, cosas o animales, así como si se lleva a cabo contra una persona “privada de razón o de sentido o imposibilitada de resistirse por cualquier causa aun cuando no concurran las circunstancias de la fuerza, violencia o intimidación a que se refieren”.</p>
<p>La sanción será de privación de libertad de ocho a 20 años si además el hecho se ejecuta con el concurso de dos o más personas; si es consecuencia de la violencia de género, familiar o por motivos de discriminación; o si se trata de una persona allegada afectivamente a la víctima. Entre 15 y 30 años o privación perpetua de libertad oscilará la sanción “cuando la fuerza, violencia o intimidación suficiente  ejercidas revistan una naturaleza particularmente degradante o vejatoria”; si como consecuencia de la agresión se producen lesiones o secuelas graves en la víctima; y/o si el agresor conoce que es portador de una enfermedad de transmisión sexual.</p>
<p>Ahora bien, como las denuncias por violación muchas veces demoran en realizarse —o no se realizan, como vimos—, el tema de la prescripción de la acción penal es algo que siempre preocupa. Según el artículo 96.1 , la acción penal en el delito de agresión sexual prescribe a los 25 años de cometido el hecho, al ser este punible con una sanción superior a diez años de privación temporal de libertad. Sin embargo, esta disposición no se aplicará, entre otros, a “los delitos en que la ley establece la sanción de muerte o privación perpetua de libertad”, como algunos  ejemplos mencionados en el párrafo anterior.</p>
<p>Sobre los agravantes de la responsabilidad penal, la ley incluye que la agresión se cometa como miembro de un grupo integrado por tres o más personas; con abuso de poder, autoridad o confianza; si su fin es el lucro o se realiza por “móviles viles  o  fútiles,  con  maldad  o  por  impulsos  de  brutal perversidad”; que se produzca en un espacio público o circunstancia cuyo objetivo sea propiciar la apología del delito; que aproveche la situación de vulnerabilidad de la víctima o su dependencia o subordinación al agresor; o si es de noche, en despoblado, en sitios de escaso tránsito, etc., condiciones escogidas especialmente para la agresión.</p>
<p>También se considera agravante cuando la víctima es cónyuge o pareja de hecho del agresor, o el delito se produce como consecuencia de una relación previa entre agresor y víctima, si existe un parentesco entre ambos “hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad” o incluso vínculos de amistad o afecto íntimo.</p>
<p>Finalmente, este artículo se aplica si el agresor se encontraba bajo los efectos voluntarios de bebidas alcohólicas, drogas o sustancias similares con el propósito de cometer el delito, o a sabiendas de las consecuencias de sus acciones; así como si la agresión es producto de la “violencia de género o familiar, discriminación de sexo, género, orientación sexual, identidad de género, edad, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o territorial o cualquiera otra condición o circunstancia personal que implique distinción lesiva a la dignidad humana”.</p>
<p>En cuanto a la persona que sobrevive a la agresión, la Ley 143 de 2021, Del Proceso Penal, en su artículo 138 establece la responsabilidad del Estado de garantizar el acceso a la justicia penal para las personas que resulten víctimas o perjudicadas de delitos, mientras que en el 139 apunta que “se considera víctima o perjudicado, con  los derechos procesales inherentes a esta condición, a la persona natural o jurídica que, a consecuencia de un delito, haya sufrido un daño físico, psíquico, moral o patrimonial”.</p>
<p>Los derechos de la víctima dentro de la justicia cubana están descritos en el artículo 141, el cual dispone que la persona, en el momento de prestar declaración, tiene que ser informada de sus derechos. Entre estos se encuentran: a) recibir, durante todo el proceso, respeto a su dignidad y protección de su intimidad; y j) solicitar a las autoridades declarar en privado, con la presencia de los representantes de las partes, y que su declaración, si así lo desea, sea filmada y examinada por profesionales calificados encargados de garantizar “la mayor indemnidad posible, a fin de que se utilice la filmación en el juicio oral, sin necesidad de su presencia física, si el hecho evidencia violencia de género o familiar y la víctima se encuentra en situación de vulnerabilidad”.</p>
<p>A pesar de su importancia, en estas normas no se reconoce como derechos de la víctima de violencia sexual la atención médica especializada, el acompañamiento profesional durante el tiempo que necesite para su recuperación, de forma que atenúe las consecuencias del episodio violento al que se le ha sometido, así como el acceso a diferentes protocolos que garanticen su seguridad en lo adelante, como son terapias, refugios para sí, para sus hijos e hijas, y, en definitiva, espacios seguros para vivir su vida nuevamente.</p>
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		<title>Si una te dice que no, es no</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Periodismo de Barrio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Jun 2023 10:00:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[violencia sexual]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Me sentía confiada. J. era una persona conocida para mí, prácticamente habíamos sido familia. Esa noche fue la que más me marcó, la que no he podido olvidar, y la que quise borrar para siempre.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>* Este texto contiene descripciones explícitas de violencia sexual. Reconocemos que es un tema altamente sensible y puede afectar a muchas personas. Por favor, ten en cuenta tu bienestar emocional antes de leerlo.</em></p>
<p><em>** Con el fin de preservar la identidad de la autora, se ha omitido su nombre y el de las personas involucradas. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Varias de mis ex parejas se han ido de Cuba. Supongo que como casi todos en este país. Pero hubo una por la que más lloré. Llamémosle A., aunque la historia no va de él.</p>
<p>Con A. tuve una relación muy bonita. Sinceramente, espero que también la recuerde así, aunque nunca sepa que estoy hablando de él, aunque aquello haya terminado como la “fiesta del Guatao”. Cuando A. se fue, mi vida se detuvo por un tiempo. Luego vino M., con quien tuve una relación más larga e intensa. En cierta forma, aún tenemos una relación, pero no igual. El caso es que, mientras yo conocía a M. y mantenía una relación a distancia con A. (si es que se le puede llamar así), llegó J.</p>
<p>J. apareció en mi vida por M. Eran amigos de toda la vida, del barrio. M. se lo presentó a mi cuñada, la hermana de A., para tener la excusa de estar cerca porque ella andaba pegada a mí todo el día. Entonces, salíamos todos juntos y M. y yo aprovechábamos para escabullirnos a los baños de los bares. Fue una época, recuerdo, muy divertida, por decirlo bonito. El morbo de lo prohibido estaba ahí cada noche. M. y yo juntos éramos –somos– explosivos, no siempre en el buen sentido.</p>
<p>Mi cuñada no duró mucho tiempo con J.; y A. supo que M. existía, así que terminamos. ¿Quién se queda en una relación a distancia con alguien que se ha enamorado de otra persona? M. y yo también terminamos, aunque solo por unos meses. ¿Quién se queda en una relación con alguien que siente culpa por amar “al malo” y no “al bueno”? En ese tiempo, sin A. ni M., hubo una noche que es la que me ha traído hasta aquí. Esa noche estaba J.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Tocaba fiesta, como casi todas las noches desde que mi hermana estaba en casa. Llevaba unos meses viviendo conmigo. Me gustaba tenerla aquí, porque nos acompañábamos durante las penas. Ella estaba comprometida con un muchacho que se había ido de Cuba también. Abrazábamos nuestros duelos. Yo transitaba varios, aunque parecía uno solo. Éramos dos zombies emocionales. Dos abandonadas que tapaban el dolor con música y alcohol. A nosotras nadie nos enseñó a gestionar duelos. La muerte de papi fue el primero que atravesamos juntas. Y eso era lo que había: música y alcohol. Qué época más loca, ahora que lo pienso. Dejábamos un día entre fiesta y fiesta para la resaca. Cuando pasaba, volvíamos a la carga. «Esta noche va a ser épica», recuerdo decir. En realidad, lo decía cada noche, en busca de cualquier subidón que me hiciera sentir viva entre tanto dolor.</p>
<p>Hubo muchas noches que recordaré siempre, sí, pero esta fue la que más me marcó, la que quise borrar para siempre.</p>
<p>Ya habíamos probado casi todos los bares de La Habana. ¿Ustedes también “se casan” con uno o dos lugares en los que son “punto fijo”? Nosotras teníamos dos: uno en El Vedado y otro en Playa. Íbamos primero a uno y luego, de <em>after party</em>, al otro. Esa noche también. Era una rutina. Cuando llegábamos al segundo bar, para “activar” el alcohol, nos tomábamos muchos chupitos de tequila. Esa noche no fue diferente. Bueno, sí lo fue: esa noche nos encontramos a J.</p>
<p>J. era una persona conocida para mí. Nos topamos en el bar de El Vedado. Nos juntamos los tres a <em>dar muela</em>. J. y yo nos pusimos al día con temas en común. Mi ex cuñada lo había dejado y parecía dolido. Yo hice de paño de lágrimas. Siempre juego ese rol. Se me da mejor escuchar que contar, creo. También creo que tengo mejores consejos que dar a los demás que los que puedo aplicar a mi vida. Hablamos también de un tatuaje nuevo que se había hecho en el antebrazo. Se lo celebré porque me gustan mucho los tatuajes y ese había quedado muy bien. Las líneas perfectas, los colores, todo me gustaba de aquel tatuaje. J. era un tipo fuerte, tenía los brazos anchos de tanto hierro de gimnasio. Tenía espacio, piel suficiente para ese tatuaje y se le veía muy bien.</p>
<p>Cuando mi hermana y yo por fin nos aburrimos de estar ahí –serían, no sé, las dos o tres de la madrugada–, decidimos salir para pedir un taxi e irnos a tomar chupitos de tequila al bar de Playa. <em>¿Qué tú vas a hacer?</em>, le pregunté a J. Han pasado muchos años desde aquella noche. No recuerdo bien qué respondió, pero el caso fue que, de pronto, estaba con nosotras en el <em>after party</em>.</p>
<p>Bailamos mucho. La mayor parte de los recuerdos son borrosos, pero sé que bailamos mucho porque ahora, haciendo memoria, recuerdo su cara mirándome todo el rato. Me veía bailar, como si jugara. Yo no me sentía incómoda, debo decir. J. era una persona conocida, ya lo dije, casi habíamos sido familia, al menos yo lo sentía así. De alguna manera confiaba. Mi hermana estaba tan o más borracha que yo. Supongo que hay muchas cosas que no recuerde de aquella noche. Pensé, antes de escribir esto, preguntarle, pero me avergüenza que sepa que nunca le conté. No quiero que crea que no confié en ella. Sé que hice mal. Lo sé ahora, después de haberlo entendido todo.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Eran casi las cinco de la madrugada. Ya no cabía una gota más de alcohol en nuestros cuerpos. J. se veía muy sobrio, al contrario de nosotras, aunque no dijo eso. Desde el bar hasta mi casa se podía ir caminando. En cambio, J. vivía más lejos, cerca de M. Le dije que se quedara con nosotras, que descansara y se marchara cuando amaneciera. No tenía miedo, ¿por qué lo tendría? Habíamos estado toda la noche hablando de la hermana de A., de M. y de A. Nos habíamos contado nuestras penas, eso une. Mi hermana estaba tranquila también. J. aceptó mi propuesta y nos fuimos andando.</p>
<p>En aquella época mucha gente se quedaba a dormir en mi casa después de las fiestas. Amistades, claro. Mi cuarto estaba en la azotea y tenía dos puertas para acceder: una por la azotea y otra que lo conectaba por dentro con el resto de la casa. Cada vez que llegaba de una fiesta, hacía algo de comer. Si había alguien más, hacía comida para todos. Mi hermana y J. se quedaron en el cuarto mientras yo preparaba unos panes con algo. Ella aprovechó para avisarle a su prometido que ya estaba en casa. Yo la mortificaba diciéndole que le daba “el parte”, como si estuviera en el servicio militar. Se reía, pero sabía que tenía algo de razón.</p>
<p>Subí al cuarto con los panes. Mi hermana había terminado de dar su “parte”. Comimos y armamos el campamento para que J. durmiera en el suelo sobre uno de los dos colchones que tenía mi cama. Algún que otro chiste salió sobre nuestras ex parejas: ninguno habría sido capaz de imaginar las vueltas que daría la vida para que él terminara durmiendo la borrachera que decía tener en mi casa. Ninguno. Ni M., ni A., ni mi ex cuñada. De alguna manera resultaba graciosa la situación. Ya no éramos dos, sino tres zombies. O eso creía yo.</p>
<p>Mi hermana cayó como roca. Yo lo intenté, pero todo me daba vueltas. J. aún estaba en el baño lavando su tatuaje nuevo. Me dieron ganas de vomitar. Comer y acostarte tan borracha debería estar prohibido. Intenté aguantar las náuseas acostada, pero no pude. Me levanté y fui al baño. J. todavía estaba ahí, con su tatuaje. Me senté en el murito de la poceta de la ducha, justo al lado del inodoro. Me incliné y no salió nada. <em>¿Necesitas ayuda?</em>, me preguntó. Me reí porque no sabía cómo podía ayudarme. Se veía tan torpe. <em>Creo que me voy a bañar, ¿te falta mucho con el tatuaje?,</em> le dije. <em>No, ya terminé</em>, respondió y salió.</p>
<p>Me levanté como pude, agarrándome de la toalla que colgaba a mi lado. Me desvestí, entré a la ducha y abrí la pila. El agua en mi piel se sentía tan bien, era lo único que se sentía bien. Mi cabeza daba vueltas si cerraba los ojos, así que enfoqué la vista en las líneas blancas que separaban las baldosas frente a mí. No sé cuánto tiempo estuve allí intentando sentirme mejor para poder irme a dormir.</p>
<p>(<em>Se me acelera la respiración ahora porque sé lo que viene y no quiero escribirlo</em>).</p>
<p><em>¿Estás bien?,</em> preguntó J. desde la puerta. Le dije que sí, que estuviera tranquilo y se acostara. Curiosamente, yo seguía confiada. Ahora me lo cuestiono, claro, porque el “cómo no lo viste venir” me persigue. En lugar de salir, entró. Recuerdo que su cuerpo detrás de la cortina hizo que el mío se incomodara. Yo seguía mareada, aturdida, borracha. No sé bien cómo ni cuánto tiempo estuve viendo su silueta, pero en algún punto corrió la cortina y entonces supe lo que quería. “<em>Esto no está bien</em>”<em>,</em> le dije, nerviosa. Mi cuerpo desnudo, incapaz de defenderse, mojado, le pareció una invitación. “<em>Ya voy a salir, estoy bien</em>”<em>,</em> le repetí. “<em>¿Me vas a decir que tú no quieres esto?, ¿para qué me trajiste, entonces?</em>”, preguntó.</p>
<p>(<em>Ahora me tiemblan las manos. He estado tanto tiempo reprimiendo esto que, contarlo, arde.</em>)</p>
<p>Yo sabía que no tenía opción. ¿Ya dije que era un tipo fuerte y más alto que yo? “<em>Yo no quiero nada</em>”, respondí.</p>
<p>A mí el sexo casual, así, con un “si te he visto ni me acuerdo” mañanero, nunca me ha parecido incómodo, mientras me apetezca. Pero este no era el caso. J. para mí era el amigo de M., la persona de la que me había enamorado, por quien estaba sufriendo. Además, ni siquiera me gustaba. “<em>Vete, por favor. Ya voy a salir y no me siento bien</em>”, le pedí como quien habla con una pared. Volví a las líneas blancas que separaban las baldosas, esperando a que se fuera. Pero su mano en mi nuca me advirtió que ya había decidido violarme.</p>
<p>Estaba detrás de mí, con una mano me tenía agarrada y con la otra, echó saliva en mi vulva para penetrarme. Aquella mano me enfrió el alma. Mientras empujaba, tan torpe, preguntaba si me gustaba y me llamaba puta. Yo pensaba en M. y miraba fijamente las líneas blancas. Las lágrimas comenzaron a correr por mi cara, pero la ducha seguía abierta y mi cabeza estaba debajo, así que no las vio, supongo. Solo pensaba qué iba a decir M. si se enteraba; M. no iba a querer más nada conmigo; M., M., M., y las lágrimas seguían. Mi vagina quería expulsarlo, sentía mi cuerpo queriendo empujar, pero ese miedo que te paraliza me lo impedía. ¿De qué más es capaz una persona que viola a otra? Tuve la sensación de merecerlo, porque, como preguntó, para qué lo invité. No sabía si había hecho algo mal o si había enviado mal las señales y se había confundido. Nunca sentí que no era mi culpa.</p>
<p>Me volteó, yo cerré los ojos porque no quería guardar ese momento, no quería ver nada, pero seguía muy mareada; me puso de rodillas y la metió en mi boca. Me obligó a hacerle sexo oral mientras me agarraba del pelo. Ojalá el vómito hubiera salido, pero solo estaban las lágrimas. Mis muslos temblaban. Mi cara se sentía rígida, fría. El asco. <em>¿Te gusta, puta?</em>, mientras dejaba su semen en mi cara. Se limpió y fue a dormir.</p>
<p>Yo me puse de pie, metí mi cabeza debajo de la ducha y me lavé la cara. No paraba de temblar. Estuve un rato ahí. Salí, me vestí y fui al cuarto. No veía nada. Mis ojos ardían tanto que no podía abrirlos, como cuando te cae sudor. Acostada, al lado de mi hermana, llorando, intenté despertarla. <em>Me arden mucho los ojos, ayúdame por favor, despiértate</em>, le susurraba porque no quería que J. me oyera. Él estaba ahí, acostado boca abajo como quien no acaba de violar a nadie. <em>Despiértate, ayúdame, </em>le decía llorando. Mi hermana había caído como roca. Jamás me escuchó. El ardor en los ojos era muy intenso, no se me olvida. Tan intenso que no podía dormirme. Quizás no era el ardor lo que no me dejaba dormir.</p>
<p>Días después, la culpa me estaba comiendo y decidí contárselo a M. Por supuesto, rabió. Se lo dije por teléfono y automáticamente me colgó. Insistí. Al día siguiente, en su casa, hablamos. En su cabeza no cabía tanta traición, ni la de J. ni la mía. Porque no, M. no me creyó al principio. M. supuso lo mismo que yo: que al invitar a J. a mi casa lo estaba confundiendo. Esos códigos que se (mal) manejan en los que dormir en la casa de una mujer significa que ella quiere tener sexo, nos han jodido. Una no siempre quiere sexo, una a veces solo quiere dormir y ser amable. Y si una te dice que no, es no.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Desde aquella noche han pasado muchos años. M. y J. rompieron relaciones. M. y yo decidimos dejar eso atrás. Hace muy poco volví a sacar el tema: <em>¡¿sabes qué me pasó?!</em>, empecé. Resulta que teniendo sexo con otra persona, al parecer no limpié bien mis manos y me rasqué un ojo. Entonces, me ardió. El cerebro guarda eventos traumáticos y los desbloquea en el momento que menos necesitas. Estaba teniendo sexo con alguien a quien quise mucho, y ese ardor en el ojo me llevó de nuevo a aquella noche, a las líneas blancas que separaban las baldosas de mi ducha, a mis muslos temblorosos, a mis susurros junto a mi hermana. Aquella noche me había jodido esta también.</p>
<p>Le conté esto a M. y nos dolió. Todavía nos duele, aunque no lo digamos. Supongo que si me lavo las manos la próxima vez, no tenga que volver allí.</p>
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		<title>Diez cosas que no sabías: Ley Integral contra la Violencia de Género</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ismario Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Oct 2021 15:42:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Por qué es necesaria y urgente una Ley Integral contra la Violencia de Género? Presentamos diez argumentos a favor de su aprobación en Cuba, en la voz de Deyni E. Terry, abogada y activista feminista y antirracista.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/WOtqdJDR98w" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
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		<title>Si no pujas bien, él va a morir</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Diana Ferreiro]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Oct 2021 11:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[violencia obstétrica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Doce años tardamos en conocer la violencia a la que fue sometida mi hermana durante su primer parto. La violencia como un quiste que ya ha pasado a formar parte de la vida de tantas madres en Cuba. </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2021/10/si-no-pujas-bien-el-va-a-morir/">Si no pujas bien, él va a morir</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe style="width: 100%;" src="https://www.ivoox.com/player_ej_102359219_6_1.html?c1=312b60" height="200" frameborder="0" scrolling="no" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe><br />
Como a las seis de la mañana sentiste que te estabas orinando porque claro, tú no sabías qué era reventar la fuente. Tú no sabías nada. Mami entró a llevarte el desayuno y habló con los médicos para que te revisaran. Había llegado el obstetra que buscamos para tener algo seguro porque el Materno estaba “en candela”. El Materno y todo lo que fuera hospitales. Habías dilatado cuatro centímetros después de pasar la noche rabiando de dolor sin que te hicieran el mínimo caso. Te decían: “Acuéstate a dormir, porque mañana no vas a tener fuerzas para parir”, y tú no podías dormir, no podías sentarte, no podías estar de pie por los dolores. Te asomabas por la ventana de la salita aquella, ¿te acuerdas?, la que daba a un patio interior que tiene el hospital Camilo Cienfuegos de Sancti Spíritus, a donde habían trasladado el Materno entonces; y del otro lado estábamos nosotros, en aquel pasillo oscuro, mirándote llorar bajo una luz fría, con la palma de la mano apoyada en el cristal.</p>
<p>No podíamos hacer nada, Yenny, y tú lo sabías y nosotros lo sabíamos, pero todo acabaría pronto y lo que nos esperaba era demasiado feliz: conocer a Thiago por fin (“¿Cómo serán su carita, o sus manitos, lo has pensado?”, jugábamos todo el tiempo). Luego desaparecías por un rato, intentabas dormir, orinar, dar paseítos, y volvías al cristal de la ventana. ¿Nos separaban qué, cincuenta metros? Algo así. Estábamos mami, Erick y yo; después llegó Tati con pozuelos de comida y pomos de jugo que devoramos escondidos en la escalera donde nos tirábamos a descansar cuando no estábamos mirándote o usando el teléfono público del fondo del pasillo. Veintinueve años tenías entonces, yo dieciocho. Te habían ingresado porque cumplías ya 41 semanas y no te ponías de parto. Lo más probable era que te indujeran cuando empezaron los dolores a las dos de la tarde.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>En preparto te acostaron en una cama y una enfermera te puso un suero sin decirte qué era ni para qué. Preguntaste y entonces te explicaron: papaver para aliviar un poco el dolor y oxitocina para dilatar mejor el cuello del útero y mejorar el trabajo de parto. Nadie te consultó si querías un parto libre de drogas. A partir de ese momento, en que se intensificó el dolor, estuviste sola. Afuera nos teníamos unos a los otros: para preocuparnos por ti y por el bebé, para distraernos, qué sé yo.</p>
<p>Cada cierto tiempo los médicos te llamaban y te hacían tactos invasivos, con toda la mano, literalmente toda la mano, para dilatarte ellos mismos. Mientras, estabas acostada en una camilla y, cuando te venía una contracción, tenías que bajarte de allí, agacharte, hacer cuclillas y pujar más o menos bien. También podías quedarte acostada, subir las piernas e intentarlo de nuevo. A veces te ponían la cardiotocografía o CTG para monitorear al bebé, pero el resto del tiempo estabas acá y ellos allá, sentados en una cama hablando de fútbol. Te dijeron: “Cuando sientas que se te sale algo, nos avisas”, y pusieron a la muchacha que limpiaba la sala al lado tuyo, para que ella les dijera cómo ibas.</p>
<p>Y la verdad es que no podían tener quejas, porque tú, a pesar estar pasando por todo aquello, te comportaste “de buena manera” y hacías todo lo que te mandaban sin protestar ni llorar ni nada.</p>
<p>Fue mucho lo que pujaste ahí acostada hasta que sentiste deseos de hacer caca –esa es la sensación, ¿verdad? porque yo no sé nada de eso–, y le dijiste a la muchacha que limpiaba: “Yo siento que se me está saliendo algo”, y cuando ella miró era la cabeza del niño. Los médicos te dijeron: “Bueno, ahora te tienes que levantar y salir caminando hasta la sala de parto”. No podías creer aquello, no iban a llevarte en una camilla, Yenny, debías llegar tú sola, con tu bebé empujando desde dentro, defecando en tu vientre sin que te dieras cuenta. Complicando las cosas.</p>
<p>Lograste llegar a la sala de parto sin saber muy bien cómo, te acostaron y te dijeron que pujaras. Pensabas que lo habías estado haciendo bien, pero el niño no salía y por más que te esforzabas no había avance. Uno de los médicos se subió encima de tu panza y empujó con todas sus fuerzas: la maniobra Kristeller se le llama, un procedimiento que consiste en ejercer presión sobre el fondo uterino durante el período expulsivo. En ese momento no teníamos idea de qué significaba aquello, si era rutinario, si podía tener consecuencias para ti o para el bebé; si las había, no te las explicaron ni a ti ni a nosotros. Luego supe que se considera una mala práctica, que su uso está desaconsejado por la Organización Mundial de la Salud y que a pesar de ello se sigue implementando. Podría haber comprometido el estado fetal, o haberte provocado desgarros perineales de primer grado, según <a href="http://revginecobstetricia.sld.cu/index.php/gin/article/view/331" target="_blank" rel="noopener">un artículo de la <em>Revista Cubana de Obstetricia y Ginecología</em></a>, sin contar la violación de tu autonomía, de tu derecho a decidir sobre tu cuerpo.</p>
<p>A Yadira Rubio Hernández, una amiga que entrevisté para esta serie sobre violencia obstétrica, también le aplicaron la maniobra sin consultarle antes. Ella tuvo a Daniel en 1997 y me contó que luego de horas de dolor y rayos X y sueros inconsultos también, y de haber pasado por varias salas, un médico comenzó a darle golpes en la barriga, debajo de los senos “para estimular que el niño saliera”. Entre el dolor, el miedo y el llanto, Yadira no sabía a qué atinar. Me dijo que siempre lloraba cuando contaba esto: en medio de su desesperación, le cogió las manos al doctor, “un moreno alto, fuerte”, se las quitó de encima y comenzó a besárselas, entre lágrimas, fue a lo que atinó, como diciendo “¡No me maltrates más, por favor!”. Lloré junto con ella esa tarde, y mientras te escribía esto.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>La palabra “meconio” te resultaba extraña, pero no más que cualquier otra palabra que escuchas por primera vez. Los médicos la habían usado un par de veces porque estaban viendo el color de los fluidos que expulsabas. Thiago había defecado dentro de ti y eso los ponía en peligro a los dos. La enfermera te advirtió: “Fíjate lo que te voy a decir, ahora cuando venga la contracción tienes que pujar, porque si el niño no sale ahora se va a morir”, así te dijo, y yo imagino tu espanto ante esa revelación: en ese momento la que te querías morir eras tú. Uno de los médicos se acercó entonces y te explicó cómo debías hacerlo: como si quisieras defecar. Una información tan simple que llegaba con tanto retraso. Dos esfuerzos más bastaron para que naciera el bebé. El obstetra que te había estado atendiendo durante tantos meses lo recibió, se lo entregó al neonatólogo y se fue. Se fueron todos menos uno, encargado de “hacer todo lo demás”. Fue ahí que sentiste un dolor muy fuerte, incluso más fuerte que el de parto y cuando le preguntaste te dijo que era la extracción de la placenta.</p>
<p>¿En qué momento te cortaron? El proceso fue tan terrible que la episiotomía pudo haber ocurrido en cualquier minuto. “La herida que le hacen aquí a todas las embarazadas” le llamaste; la que, según ellos, hacen para que “haya mayor capacidad para el parto”; y tú no tienes idea de si tenías capacidad o no, nadie te hizo un estudio, un análisis, nada. “En estos momentos te estoy suturando”, te dijo el médico cuando preguntaste, “afuera son seis puntos nada más, pero dentro son un montón”, te advirtió.</p>
<p>Todo eso sin haber cargado a tu bebé, que tampoco entiendes por qué no te lo dieron enseguida, y eso que él lloró perfectamente, no tuvieron que hacerle nada extraño, tuvo un buen peso, fue un parto “normal”, como tú misma me dices.</p>
<p>Yadira tampoco recuerda el momento exacto en que le realizaron la episiotomía. Ella solo sintió “cómo aquello se abrió por ahí para abajo” sin que nadie le preguntara antes. Su bebé estaba llorando y a ella ya no le importaba nada más. Hasta que comenzaron a suturarla. Un dolor tan grande como el del parto. Incluso peor, me dijo. Cero anestesia, cero empatía. “¡Aguanta!”, era todo lo que escuchaba, y ella respondía: “Pero no me regañen más, me está doliendo, ¿qué quieres que haga, que me muerda los labios?”. Como tú, ella no estaba preparada para un procedimiento así. “Yo no sabía que eso dolía así, yo no sabía que ustedes me iban a coser como si fuera una vaca. Me lo tienen que decir: ‘mira te vamos a meter una aguja, no hay anestesia, o eso no lleva anestesia, aguanta…’. Un poquito de conversación, de dulzura, de cariño, al menos información, pero bueno, nada. Esa fue mi primera experiencia”. Veintipico puntos le dieron, casi los mismos que a ti.</p>
<p>Luego tendrías que pasar cinco horas en recuperación, en las que no pudiste orinar, pero nadie se preocupó por ello, ese era un “problema que tenías que resolver” con la acompañante que te permitían, porque las enfermeras no se dieron por enteradas. No sé si serían las mismas que luego, en la sala de cesárea –horas después de que pasara el ginecólogo de guardia y no se acercara a tu cama o a la del bebé– se asombraron de que quisieras curarte. “Eres la primera persona que nos pide que la curen, porque las embarazadas no se interesan por eso”, te dijeron, como si eso dependiera del “interés”, me dices, y no fuese una obligación curar las heridas cada mañana.</p>
<p>A esas alturas no sabías lo que había pasado durante el parto, ni por qué tenías un suero con antibióticos aún. En la tarde una enfermera se acercó y te preguntó quién te había indicado aquello, cuando los antibióticos se suministraban “única y exclusivamente” a las cesareadas y tú habías sido parto normal. “Te voy a quitar el suero”. Tú no sabías si eso estaba bien o mal, si ella podía tomar esa decisión o debía consultarlo con algún médico, si llevabas o no ese medicamento y por cuánto tiempo más tu cuerpo lo necesitaría.</p>
<p>Fue la pediatra, al mediodía siguiente, quien te dijo que el niño había sido un meconio intenso: “¿Tú no sabes lo que es eso? ¿No te lo dijo el ginecólogo que te hizo el parto?”. A ti lo único que te habían dicho era que pujaras más fuerte porque el bebé no podía permanecer más de cinco minutos dentro de ti. “Eso significa que se hizo caca en el vientre”, te explicó entonces, “pudo haber estado grave mucho tiempo, y eso también te puede traer otras consecuencias, porque en el caso de que salgas embarazada otra vez, se puede repetir”. No obstante, Thiago estaba de alta, y tú, a pesar de todo, eras de algún modo feliz. Y nosotros también lo fuimos.</p>
<p>El repetitivo recuento a quienes llegaban a la casa a conocer al bebé no revelaba nada fuera de lo ordinario: “Me porté bien”, “Tuve que pujar muchísimo ahí sola”, “Ah, sí, mima, eso es así, pero si lloras la cogen contigo”, “Lo que importa es que ambos tienen salud”. Todo normal. Doce años he demorado en ser consciente de la violencia que sufriste, en explicártelo sin que la impotencia me nuble la vista. Cinco viviste ese “trauma” tú, como lo has llamado, y cuando Oliver iba a llegar te agenciaste una cesárea para “no tener que volver a sufrir tanto”. Hoy sabemos las dos, también, que no fue exactamente así, y que por más arreglos que intentaste hacer la violencia se había enquistado al punto de volverse rutinaria. Como si no existiera otra forma conocida de hacer las cosas.</p>
<p>Nada te prepara para ese momento, me repites, a pesar de todos los cuentos, de todas las historias de las mujeres de la familia y las amigas y las vecinas. Una no sabe la magnitud de lo que le espera y, si hubiese manera de saberlo, no pariríamos, no aquí.</p>
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		<title>¿Tú no sabías que parir duele?</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2021/09/tu-no-sabias-que-parir-duele/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Diana Ferreiro]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Sep 2021 11:00:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[violencia obstétrica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El parto, ese proceso natural, se convierte para muchas mujeres en un momento agónico, más allá del dolor, por la excesiva medicalización a la que son sometidas. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe style="width: 100%;" src="https://www.ivoox.com/player_ej_102359220_6_1.html?c1=312b60" height="200" frameborder="0" scrolling="no" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe><br />
Desde la cola para la cesárea a la que la han remitido, Mayté González Ferriol puede verlo todo, incluidas las cinco mujeres que entrarán a cirugía antes que ella. Por delante de su cama caminan embarazadas desnudas, en trabajo de parto. Hay orina y heces en el suelo que nadie limpia. Sangre por todas partes. Las contracciones son cada vez más seguidas, no la dejan coger un respiro. Su esposo le acaricia la espalda para calmarla, pero Mayté tiene ganas de “arañar las paredes”. Frente a ellos una mujer acostada en una cama, con las piernas abiertas, parece estar pariendo sola. Nadie la atiende. Ha dicho una mala palabra. Se ha portado mal.</p>
<p>Mayté es pequeña y rubia. Los ojos muy verdes. Espera conectada al monitor que controla el bienestar de su bebé. Por el catéter que cuelga de su vena, una enfermera intenta administrarle un medicamento que supuestamente inhibirá sus contracciones y le permitirá esperar su turno. Mayté ha perdido ya la cuenta de cuántas veces se ha salido la aguja de la vena. Ha perdido ya la cuenta de las horas que lleva en Maternidad Obrera, vistiendo una bata sucia de sangre y sudor, cuando finalmente vienen a buscarla. La doctora repara en el catéter. “¿Pero yo no dije que no pasaran más esto, porque hace reacción con la anestesia?”. Mayté pide a Dios que la salve, que no la maten en ese lugar.</p>
<p>Es la noche del 17 de octubre de 2019. Había ingresado el 15.</p>
<p>―Yo no tuve problemas en el embarazo, ninguno, pero sí le tenía tremendo miedo al parto. Enseguida me busqué a una doctora y empecé a ir a consultas con ella todas las semanas en esos últimos meses, y le llevaba un presente, para que estuviera feliz.</p>
<p>Cuando pasaron las 40 semanas, y su barriga estaba al explotar, la doctora le dijo que la haría venir a una de sus guardias para inducirle el parto o hacerle una cesárea si no dilataba lo suficiente. El día antes, Mayté fue al hospital con su esposo. La doctora la hizo subir a una camilla para reconocerla: una pierna aquí, otra allá. Relájate.</p>
<p>―Mi primer trauma. En ese momento del embarazo yo no tenía sexo ni nada, estaba que ahí no me cabía ni un lápiz. Esa mujer ha metido su mano a la velocidad de un violador, no te puedo explicar, y ha empezado a hacer una cosa así que yo grité, grité del dolor tan grande que sentí, “Ahh ahhhhhh”, y me decía “Cállate, tienes que callarte, que esto no es nada”, y yo “¡Para, pero para!”, “No, no, esto lo tengo que ver yo ahora”, y pa’lante y dale que voy. Yo salí de ahí, te juro, con la presión a mil. Cuando ella paró, sacó la mano llena de sangre… Mira, sudo, de acordarme de todo eso.</p>
<p>La doctora dijo que así no podía trabajar. No podía. Mayté tenía que dejar de gritar y de echarse para atrás cuando iba a reconocerla otra vez. Toma conciencia, le dijo, de que ya vas a parir.</p>
<p>―Era como si me estuviera sacando el riñón con sus propias manos por allá abajo, eso es lo que se sentía.</p>
<p>La doctora quería ayudar, pero Mayté no se dejaba. En ese punto aún no había roto la fuente ni había dilatado medio centímetro. Todo estaba normal. La doctora había intentado “ayudarla a empezar” desgarrando un poco su vagina para que “el cuerpo mismo se activara”.</p>
<p>Mayté no conocía esa práctica.</p>
<p>No tenía idea de que, cuando aparece la violencia obstétrica, la mujer apenas tiene poder de decisión sobre su cuerpo: ni sobre las drogas que le administran, ni sobre la posición en la que dará a luz. Ella sabía que debía portarse bien, y hacer todo lo que le mandaran. Nada más.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>No cuestionar las prácticas que sobre su cuerpo se ejercen. Los médicos son los que saben qué resultará mejor para los bebés. Las explicaciones son demasiado técnicas a veces y no hay tiempo para informar, una por una, a toda una sala, qué va a pasar después. Qué está pasando ahora. El parto, ese proceso natural, se convierte para muchas mujeres en un momento agónico –más allá del dolor– por la excesiva medicalización a la que son sometidas.</p>
<p>“El control biomédico de las etapas del curso vital femenino ha logrado una considerable reducción en las tasas de morbi-mortalidad materna y neonatal en gran parte del mundo y avances en el tratamiento de la infertilidad, entre otros beneficios. Sin embargo, sus prácticas han sido objeto de crítica por dos motivos: su énfasis en los aspectos fisiológicos por sobre los psicosociales y su tendencia a medicalizar procesos biológicos normales”, explica Dailys García Jordá en su tesis doctoral titulada “Representaciones y prácticas sobre el nacimiento: un análisis desde la perspectiva antropológica. Ciudad de La Habana, 2007-2010”.</p>
<p>El uso de la episiotomía sistemática (un corte entre la vagina y el perineo) y no selectiva, sin consultar o informar siquiera a la madre; la práctica de cesáreas que no son indispensables; la administración de drogas como la oxitocina para acelerar el proceso; o la imposibilidad de compartir el momento con quienes la futura madre decida, son algunas de las violencias más recurrentes.</p>
<p>Desde 1996, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó una serie de indicaciones para los cuidados del parto normal; guía que se ha modificado según los estudios obstétricos y ginecológicos se han actualizado. Las <em>Recomendaciones de la OMS: cuidados durante el parto para una experiencia de parto positiva</em>, publicado en 2019, prescriben la atención respetuosa de la maternidad, con la atención proporcionada de manera tal que las mujeres mantengan su dignidad, privacidad y confidencialidad, así como el aseguramiento de su integridad física y la toma de decisiones informadas. A partir de ahí, se listan una serie de indicaciones divididas en categorías (recomendado, no recomendado, recomendado solo en contextos específicos, y recomendado solo en el contexto de investigaciones rigurosas), pero todas responden a una visión de parto humanizado, donde la mujer forme parte activa y consciente del proceso.</p>
<p>“En la Conferencia Internacional sobre la Humanización del Parto, celebrada en noviembre del año 2000, se precisó el concepto de humanización de la atención de salud. Este se orienta hacia la búsqueda del bienestar por parte de los/as propios/as interesados/as, como un factor de progreso y desarrollo humano, donde lo fundamental es la responsabilidad y el protagonismo de los sujetos para el logro de una vida más saludable, en un equilibrio dinámico con el desarrollo social, económico y ambiental de la sociedad. En relación al parto, su humanización implica que el control del proceso lo tenga la mujer, no el equipo de salud; requiere de una actitud respetuosa y cuidadosa, calidad y calidez de atención, que se estimule la presencia de un acompañante significativo para la parturienta. O sea, que la mujer sea el foco en la atención y los servicios ofrecidos sensibles a sus necesidades y expectativas”, explica Dailys García Jordá.</p>
<p>Sobre el parto humanizado, en Cuba, no existe actualmente referente alguno. En la <a href="https://www.gacetaoficial.gob.cu/es/gaceta-oficial-no-14-extraordinaria-de-2021" target="_blank" rel="noopener">Gaceta Oficial de la República de Cuba No. 14 Extraordinaria</a> (8 de marzo de 2021), se publicó el Decreto Presidencial No. 198, que contenía el “Programa Nacional para el adelanto de las Mujeres (PAM)”. Allí se orienta: “Contribuir a crear las condiciones objetivas y subjetivas que propicien el estímulo de la fecundidad; asegurar el derecho de las mujeres a decidir el número de hijos y el momento en que desee tenerlos, así como garantizar las condiciones necesarias para un parto seguro y amigable, a partir de la preparación para una sexualidad plena, enriquecedora y responsable, como parte de la estrategia integral de atención al envejecimiento poblacional y la baja natalidad”.</p>
<p>Y eso es todo.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Mayté no salió ese día del hospital. No le preguntaron si necesitaba regresar a casa a recoger sus cosas. La pesaron y se acomodó tranquila en la cama que le asignaron. A esperar. Cerca de la medianoche rompió la fuente y comenzaron las contracciones: una, otra, otra, cada vez más fuertes. A las ocho de la mañana siguiente (día en que su doctora entraba de guardia), comenzaron a administrarle medicamentos para contrarrestar una posible infección. Metronidazol, antibióticos.</p>
<p>―¿Te informaron qué te iban a poner?</p>
<p>―No. Venía una enfermera con unas jeringuillas grandes así, de 20 mililitros, pero yo era la que le preguntaba qué me estaban pasando, no había trocar, entonces cada vez que me pasaban un medicamento me tenían que coger la vena con una mochita. Y ellas apuradas, porque tenían que inyectarle todas esas cosas a toda una sala, y para que la vena no se te maltratara tenían que hacerlo muy despacio. A veces te miraban a la cara, a veces ni te miraban.</p>
<p>Pasaron horas. Llegó otra vez la noche y, con ella, se acercaba el fin de la guardia de su doctora. Mayté le pidió información: cómo iba, qué estaba pasando con ella, cualquier cosa. El dolor se había vuelto parte de su cuerpo, pero no por ello menos insoportable.</p>
<p>―Me dijo, no se me olvida: “Parir duele, ¿tú no sabías que parir duele? ¿Para qué saliste embarazada entonces?”. Ahí es cuando uno respira paciencia&#8230; ¿Qué respuesta es esa? Obviamente, yo sé que parir duele, pero llevo una pila de horas abandonada sin nadie que me mire, nada más una enfermera que pasa a inyectarme cosas.</p>
<p>Su esposo intervino. Le pidió a la doctora que la reconociera otra vez. Esperaron unos minutos en un saloncito y luego lo mismo: la mesa metálica, cubierta parcialmente por un cartón, y Mayté subiendo con su panza de 40 semanas. La mano de la doctora entrando en ella. Mayté gritando más fuerte que la primera vez, queriendo cerrar las piernas. “¡Cállate!”, otra vez.</p>
<p>Todo eso se repetiría a la mañana siguiente. Como un <em>loop</em> del dolor.</p>
<p>Lo próximo es Mayté en la sala de preparto, sentada en un sillón de suiza. De su vagina gotea la sangre y cae al suelo, junto a la sangre de la embarazada que se había sentado ahí antes que ella, y de la anterior.</p>
<p>Nunca más volvió a ver a la doctora.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Con cuatro o cinco centímetros de dilatación, cada una hora monitorean los latidos y el bienestar de su bebé. El procedimiento le resulta incómodo: debe estar acostada bocarriba y las cintas de la cardiotocografía o CTG le aprietan y estimulan aún más sus contracciones. A veces se zafan y el monitor deja de registrar y hay que empezar de cero. Cuarenta minutos en eso, a veces cincuenta, recuerda Mayté.</p>
<p>Se concentró en “tratar de hacer las cosas lo mejor posible”: caminar un poco, no preguntar, no hablar con nadie.</p>
<p>―En una de esas me ponen el monitor y se van a almorzar. Pasó una hora y media, y ya no aguantaba más… Eso va soltando un papel con un registro, y el papel había llegado al piso y daba vueltas, del tiempo que llevaba con esa mierda puesta… La enfermera me miraba y no me respondía nada, seguía caminando, como si yo fuera un perro ahí. Preguntaba y nadie me respondía. Ya era tarde, me quito el monitor, me lo zafo yo misma y me siento ahí a respirar.  En eso entra un médico muy alto y muy fuerte, y me dice: “¿Qué coño te pasa a ti?, ¡Tú lo que eres tremenda fresca!”.</p>
<p>El grito la paralizó. El dolor había consumido sus fuerzas, su capacidad de reacción, de respuesta. Además, Mayté había escuchado historias de cómo la pueden “coger contigo”, o “dejarte en una esquina” y no atenderte. Todo eso pasó por su mente mientras intentaba coordinar qué decirle a ese hombre, cómo decírselo.</p>
<p>―“¿Tú no sabes que ahora tú no importas aquí? ¿Que lo único que importa es eso que está dentro de ti? ¿Quién te mandó a zafarte el monitor?”. Hasta ese momento yo no sabía por qué él me estaba diciendo todo eso.  Le dije “Mira, tú no me puedes hablar así, porque ahora mismo yo no te puedo responder como te mereces”. Dijo: “¿Quién es el acompañante de la paciente esta?”, “¡Tráiganme al acompañante ahora mismo, que yo quiero ver qué va a decir ella!”.</p>
<p>Lejos de asustarse, Mayté se tranquilizó. Si hacían pasar a su esposo, estaba salvada.</p>
<p>―“Es más, ve al baño, que te voy a reconocer yo ahora”. Había entrado otro turno y él era el jefe de la guardia. Ese hombre. “Dale, mijita, dale, ve al baño, ve”; y me llevó por el brazo.</p>
<p>Una segunda amenaza.</p>
<p>No salió del baño hasta que su esposo fue a buscarla. El médico le había dicho que Mayté se estaba portando mal. Pero él sabía que si ella estaba así era por algo, así que el médico tenía que calmarse. “Sale”, le dijo, “que ahora él te va a reconocer y nos va a decir qué está pasando”.</p>
<p>Encima de la camilla, Mayté. Las piernas abiertas. Más, abre más, le pide el médico, y haz como si quisieras defecar. “Como si fueras a cagar”, le dijo. “¿Tú no sabes cagar?”. “¿Tú no cagas?”. Luego dos enfermeros agarrando sus piernas y llevándolas lo más atrás que el cuerpo de Mayté puede soportar. La mano del médico pasando por los nueve centímetros de dilatación, comprobando que a pesar de ello la bebé no muestra señales de “querer salir”.</p>
<p>A Mayté le dijo: “Bájate y espérame ahí”.</p>
<p>Al esposo de Mayté le dijo: “Hay que hacerle una cesárea porque la bebé está muy arriba y no parece que quiera bajar al canal de parto”. Le explicó que había una maniobra que podían hacerle: “Se suben arriba y empujan, pero tiene sus riesgos”.</p>
<p>Se refería a la maniobra de Kristeller, un procedimiento que consiste en hacer presión sobre el fondo uterino durante la segunda parte del trabajo de parto. Entre sus consecuencias está el desgarro vaginal, y muchas veces se realiza sin consentimiento previo. La OMS la sitúa entre las prácticas no recomendadas.</p>
<p>Mayté se negó.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Es difícil saber cuánto tiempo duró la cirugía hasta que Amaya nació.</p>
<p>Una vez dentro del salón, Mayté subió a la camilla y el anestesiólogo le dijo que no podía moverse un milímetro, o se quedaba inválida. Ni siquiera si le venía una contracción podía moverse. La cesárea la practicaría una médica residente que aprendería con Mayté cómo hacerla. Sus errores y las correcciones de la obstetra informaron a Mayté, nadie más.</p>
<p>―De pronto el salón se empieza a llenar de humo, “Ayyy, dile a Mengano que se vaya a fumar pa’llá afuera, ¿Por qué él siempre tiene que fumar en el salón?”. Yo abierta, tú sabes, como un conejo… “Ay, con este humo no se puede trabajar bien, a ver, corte…”, porque esa doctora estaba guiando, “Corte, así, anjá, sí, de izquierda a derecha”, “Esto así no se puede hacer, porque entonces mira la hemorragia que se forma”, “¡Succión!”. Veías todo pasando, la sangre, cosas amarillas…, y oyendo los errores que estaba cometiendo esa muchacha. De pronto, me empieza a faltar el aire, les dije: “¡No puedo respirar!”. “Ah, ¿porque tú estabas inhalando fuerte?”, “¡Pero es que no puedes respirar así, mijita! ¡Porque la anestesia te sube pa’ los pulmones y te ahogas! Respira superficial, pa’ que aguantes…”.</p>
<p>Mayté se permite reír un poco mientras lo cuenta. Una risa nerviosa, de quien revive el horror sabiéndose a salvo ya. Su hija de casi dos años hojea un libro sentada en sus piernas.</p>
<p>―Dice la doctora: “Ay, pero esta niña no es blanca, ¿el papá es mulato?”. Y yo la miro así, “¿Qué pasó? Sí”. Dice: “Ah, porque esta niña no es blanca, busca rápido el papel”, “Márcale el pie en la hoja”, “Esta es tu niña, después no hay invento”.</p>
<p>No se la entregaron en ese momento. Cosieron su herida (una herida deforme, demasiado abajo) y, a falta de camas en la sala, la colocaron en el pasillo del salón, encima de una camilla. Completamente exhausta, Mayté pidió que le trajeran una sábana para el frío. Las mismas ropas cubrían su cuerpo pegajoso. Eran cerca de las nueve. Ahí pasó la noche, sola.</p>
<p>Casi cuarenta y ocho horas después, tuvo a Amaya en brazos. Primero transitó por una sala de recuperación, a la espera de una cama en la sala de cesárea. Allí estuvo, dice, casi inmóvil. Si no le iban a traer a su bebé no quería ni mirar para el lado.</p>
<p>Dos años hará en unos meses. Y aún le faltan cosas por contar. Le falta, por ejemplo, decir que cuando la cargó, Amaya no sabía mamar. Dirá que ella tiene lo que llaman un “pezón plano” y que en esos casos a los bebés les cuesta más y por tanto una debe ponérselos enseguida, para que aprendan. “¿Tú no tienes hijos?”, el tono no es de pregunta, sino de confirmación, dirá: “No sabes lo que se siente que tengas a tu bebé, los pechos así, reventándose de leche y tu bebé no sabe tomar, no puede, porque no la encuentra”.</p>
<p>Habrá otras historias: de la herida mal cosida, los hematomas en todo el cuerpo, el examen de hemoglobina que olvidaron hacerle.</p>
<p>Lo ha soltado de una vez, como quien necesita desprenderse del horror. Y tiene que soltarlo así porque después de eso ha escuchado historias. De salas enteras de mujeres violentadas. Y tú sabes cuáles son tus derechos, dice, pero cuando llegas ahí estás a merced de lo que pueda ocurrir, y tratas de hacer lo mejor posible con lo que se te presenta. “Y lo que se te presenta en ese momento es que no tienes decisión de nada”. No te quejes más, Mayté, le han dicho, que tienes una niña sana y tú también estás bien. Ya eso va a pasar.</p>
<p>A medida que las pronuncia, las palabras dejan de pertenecerle solo a ella. El miedo compartido da menos miedo.</p>
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		<title>La libertad empieza un día</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ulises Padrón Suárez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Sep 2021 14:04:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[derechos ciudadanos]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudia Genlui, historiadora y curadora de arte, artivista y disidente política, ha tenido que lidiar con variadas formas de la violencia de Estado desde que decidió expresar abiertamente sus deseos de un cambio político y social en Cuba. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que decidió expresar abiertamente sus deseos de un cambio político y social en Cuba, Claudia Genlui, historiadora y curadora de arte, ha sufrido la violación de sus derechos y de su privacidad, acoso policial, detenciones arbitrarias, desalojo de la vivienda en que se encontraba, presiones laborales y familiares. Todas estas son formas de la violencia de Estado.</p>
<p>«La libertad empieza un día» es un podcast de <a href="https://www.periodismodebarrio.org/category/se-va-a-caer/"><em>Se va a caer: por un país sin patriarcado</em></a>, una serie de <em>Periodismo de Barrio</em> sobre la violencia de género.</p>
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		<title>Mariana, el aborto y los restos fetales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Amanda Rosa Pérez Morales]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Sep 2021 11:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un policlínico del Vedado fue el primer lugar a donde llegó Mariana con su esposo, con el objetivo de que la orientaran para abortar. Su testimonio refleja un caso de maltrato físico, psicológico y espiritual a una paciente dentro de dos centros hospitalarios en La Habana. </p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe style="width: 100%;" src="https://www.ivoox.com/player_ej_102359240_6_1.html?c1=312b60" height="200" frameborder="0" scrolling="no" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<h4>El antecedente</h4>
<p>“El antecedente de todo esto es que en Cuba no hay condones. Desde hace dos años es prácticamente imposible encontrar”, me gritó Mariana desde la cocina. “Nosotros nos cuidábamos lo suficiente, pero estas cosas pasan y más en un país donde, te repito, no hay condones hace dos años y si los consigues cada uno te cuesta veinticinco pesos. Entonces, me hice un test de embarazo porque tenía cuatro días de retraso”.</p>
<p>A Mariana le corresponde un policlínico del Vedado. Fue el primer lugar a donde llegó con su esposo, con el objetivo de que la orientaran para abortar. Le pidieron realizarse todos los análisis pertinentes. Le dijeron que volviera al otro día para la regulación, o aborto por aspiración, como también se le llama en otros países.</p>
<h4>Acuéstate ahí</h4>
<p>“Estuvimos esperando a la doctora desde las seis y media hasta las nueve, y terminaron haciéndome la regulación como a las once de la mañana. Me realizó una serie de preguntas que contesté sin dilatar, porque la veía malencarada. Nunca me preguntó cómo estaba; prácticamente ni me miraba. La enfermera que estaba con ella reproducía el mismo patrón. Entre anotación y anotación, yo les expresé ciertas dudas que tenía y nunca respondieron. Era como si no me escucharan. Y así fue durante todo el proceso abortivo. Me dijo: ‘Acuéstate ahí’. Eso fue todo”.</p>
<p>La doctora le puso el espéculo y comenzó.</p>
<p>“El dolor es indescriptible: una mezcla de que te están chupando, apretando y cortando por dentro. A todas estas, mientras te lo hacen, ellas te amenazan diciéndote que si te mueves te van a herir y todo va a salir mal. Si pides un segundo para reponerte, te dicen que no. Y si te quejas por el dolor, te dicen que cuál es la exageración, que ese procedimiento se lo hacen un montón de mujeres y es como si fuera un dolor de ovarios”.</p>
<p>Nadie puede pensar que eso se sienta como un dolor de ovarios.</p>
<h4>¿Con anestesia o sin anestesia?</h4>
<p>La regulación por absorción, según la exjefa de Interrupción de embarazos de primer y segundo trimestre y especialista en Ginecología y Obstetricia en el Hospital Materno Infantil de Matanzas (quien actualmente radica en España), es un método que si se realiza con el tiempo adecuado no requiere la aplicación de ningún tipo de anestésico. No obstante, plantea que muchas veces en Cuba la regulación se realiza en cualquier momento. En esos casos, si hay que pasar cánulas grandes o estar más tiempo, sí es necesario anestesia; pero en la Isla no la ponen.</p>
<p>Aun así, en la mayoría de las clínicas fuera de Cuba, este proceso se realiza con anestesia general, local, o con sedantes. Solo en caso de que la mujer en cuestión quiera “vivir” el proceso, se aplica un sedante más leve para que esté consciente. Pero en ningún momento encontré algún artículo que plantease como técnica habitual el nulo uso de sedantes durante este procedimiento. Le platiqué esto a Mariana.</p>
<p>“Igual creo que lo hacen así porque no hay anestesia suficiente en el país; también para que aprendas ‘la lección’ y no le cojas el gusto a estarte haciendo abortos”, respondió.</p>
<h4>¿Y dónde está el otro involucrado en el embarazo?</h4>
<p>“A los hombres no los dejan pasar”, me dice Mariana en tanto mira a su esposo. “Durante todo esto nadie habló con él. El sermón siempre se lo dan a la madre abortiva, no al hombre. También, es interesante ver cómo la mayoría de las mujeres en las consultas de Ginecología y Obstetricia siempre están acompañadas por sus madres. Lo mismo durante las prácticas abortivas: o vas con tu madre, hermana, o con una amiga, pero pocas veces vas con tu pareja u otro responsable. Por dicha razón, me miraron extrañadas al ver que mi esposo era quien estaba conmigo y me acompañaría durante todo el proceso”.</p>
<h4>Los restos fetales y el Hospital González Coro</h4>
<p>“Luego de la regulación, la doctora y la enfermera me explicaron, bastante malhumoradas, que si tenía algún sangramiento, fiebre, o alguna anomalía, debía volver a la consulta, ahora en el Hospital Ramón González Coro. Estuve de reposo. Como al segundo día oriné y tuve una enorme hemorragia. Fuimos corriendo para allá”.</p>
<p>En el Cuerpo de Guardia estuvieron esperando cuatro horas. Mariana dentro del hospital, sintiéndose morir por la sangre y el dolor, y su esposo afuera. Después de todo ese tiempo no aguantó más y fue a hablar con la recepcionista para explicarle su caso. “Me mandaron a sentarme y a los cinco minutos gritaron: ‘¡La de la hemorragia!’. Eso, en medio de un salón lleno de personas. Yo me levanté y fui para allá”.</p>
<p>En ese momento Mariana no se llamaba Mariana, sino “la de la hemorragia”.</p>
<p>“Me hicieron un ultrasonido. Dijeron que todo estaba bien, que me fuera. Al cumplirse una semana de la regulación fui a una consulta de seguimiento. Le conté a la doctora malencarada que había tenido leves sangramientos. Me recetó azitromicina. ‘Esto no es lo que tú llevas, pero es lo único que hay ahora, así que te lo tomas’. Me hicieron otro ultrasonido. Tampoco vieron restos”.</p>
<p>“A los tres días volví a la consulta. Le comenté que continuaba con síntomas leves y que dormía mucho. Por primera vez pude reconocer una pizca de preocupación en la cara de la doctora. Dormir mucho es un síntoma de septicemia”.</p>
<p>“Fui para el González Coro a hacerme otro ultrasonido. Entonces, me dijeron muy tranquilos: ‘Sí, ahí está. Tienes restos, pero eso se resuelve fácil’”.</p>
<h4>Fácil es no salir embarazada</h4>
<p><em> </em>“Te vamos a hacer un legrado de urgencia”, le dijeron. Supuestamente lo realizarían a las seis de la tarde de ese mismo día, pero no fue hasta las once de la noche que la pasaron y le dijeron que ya no, que había que ponerle antibióticos y que no sabían si la iban a “vaciar”. Fin. No más explicaciones.</p>
<p>“Empecé a llorar. Sin comer, sin tomar agua, sin ir al baño, sin que nadie me explicara nada; en medio de mi ataque de llanto les dije que yo no sabía cómo algo que me habían dicho que era tan fácil se había complicado tanto. Entonces, el médico exclamó: ‘Fácil es no salir embarazada’. Y se fue”.</p>
<p>“Me empezaron a pasear por todo el hospital. Yo no paraba de llorar. Todo el mundo estaba viendo mi llanto sin la más mínima intención de preguntarme algo o, al menos, explicarme por qué no me harían el legrado ese día. Al final, me dejaron en un cuarto de recuperación porque no había donde meterme. No tenía baño. Mi única opción para hacer mis necesidades era una silla con un hueco en el medio y un tibor abajo. A veces, como había residentes y otras personas allá, yo tenía que orinar de cualquier forma y todos me tenían que ver, sí o sí. Recuerdo que en un momento necesitaba hacerlo y había tres residentes al lado mío. No se dieron ni la vuelta. Yo sentía como si estuvieran a la espera de que se me saliera un seno, no sé…, de que yo les mostrara algo sin querer. ¿Acaso es necesario que un grupo de residentes me vea mientras orino o defeco? ¿Es importante eso cuando te van a sacar los restos de un feto? Yo no sé, y aún continúo sin saber, porque nunca me explicaron. Solo me miraban”.</p>
<p>A todas estas, el esposo de Mariana seguía abajo, desde las seis. Eran casi la 1:00 a.m. y no tenía noticias de ella.</p>
<p>“Yo continuaba llorando. Pasó una enfermera. Me sacó de la sala. Le dije que desconocía qué me iba a pasar, que nadie me explicaba nada, que me habían dicho que quizás me vaciaban. La enfermera me sentó en una silla y me explicó. La única persona que me explicó algo calmadamente. Me expuso que me pondrían antibióticos, que debía quedarme en el hospital y después del quinto día me harían el legrado. Esa misma señora se apiadó de mi estado físico y emocional y, aunque no estaba permitido, habló con el conserje para que le avisara a mi esposo y lo dejara subir con ropa limpia para mí y algo de comer. Llevaba casi ocho horas sin ingerir ni agua y estaba manchada de sangre”.</p>
<p>A partir de esa madrugada, los días para Mariana se tornaron confusos. Primero la pasaron a la sala de Oncología, debido a que era en el único lugar donde había una cama disponible. Luego la pasaron a una sala con una rusa recién parida y otra chica a quien le practicarían un legrado sin anestesia.</p>
<p>“Esa fue una de las noches que peor pasé; la rusa no hablaba español ni inglés y no paraba de vomitar en la cama donde también estaba el recién nacido. Pedía auxilio y nadie venía. Yo desde la otra cama, con los sueros, no sabía qué hacer para ayudarla. Solo le decía: ‘Tranquila, tranquila’, y también gritaba, a ver si venía alguien. A su vez, el legrado sin anestesia lo estaban realizando en una sala que estaba muy pegada a la nuestra. Nosotras sentíamos los gritos de la muchacha pidiendo que por favor pararan, que no podía más”.</p>
<p>“También llegó una chica, de la mano de una doctora, para la cual sí hubo anestesia; sí hubo explicación detallada de todo su proceso; sí hubo buenos tratos. Si venía una enfermera, en caso de que se sintiera mal, siempre le sonreían”.</p>
<p>Al tercer día llevaron a Mariana con un grupo de estudiantes porque la iban a agarrar como caso de estudio.</p>
<p>“De repente, estaba con las piernas abiertas y un espéculo metido, con un grupo de estudiantes viendo las paredes de mi útero. La profesora no paraba de decir que las paredes de mi útero eran bellas, que observaran lo lindo que era mi útero, que eso sí era un útero, que se acercaran más y más para apreciar mi útero”.</p>
<p>Entonces Mariana, que antes había sido “la de la hemorragia”, se convirtió en “la del útero lindo”.  Un útero lindo con residuos de feto.</p>
<h4>Y me dice el doctor: “Si tú quieres tener hijos, yo hago niños lindísimos”</h4>
<p>El último día le dijeron que no comiera porque ya le harían los análisis de sangre y, en la noche, el legrado.</p>
<p>Le pusieron una trasfusión de sangre para subir la hemoglobina. Al rato llegó la anestesióloga. “Vino muy alterada y no me hizo ninguna pregunta ni ningún reconocimiento”.</p>
<p>Habitualmente, un anestesiólogo debe hacer una serie de reconocimientos físicos y preguntas respecto al historial clínico y experiencia con la aplicación de anestesia general que tenga el paciente. No la midió, no la pesó, no le preguntó nada.</p>
<p>“Me llevaron al salón. Me pusieron el espéculo, luego la anestesia. Y desaparecí. Por un instante, antes de dormirme, sentí un alivio enorme. Ya nadie me miraba feo, ya nadie me ignoraba, ya no me sentía maltratada, desecha. Ya no sentía nada”.</p>
<p>“Al día siguiente me hicieron un ultrasonido. Me dijeron que tenía coágulos. Me inyectaron algo para botarlos. Yo pregunté si aquello era bueno o malo. No me respondieron. Después de eso no me hicieron otro ultrasonido para cerciorarse de que hubiesen desaparecido. Solamente me dijeron que me vistiera y me fuera a casa”.</p>
<p>“En dos ocasiones, al despertar de la anestesia y al hacerme el ultrasonido, le pregunté a dos doctores (en distintos momentos) si toda esta situación iba a tener alguna repercusión en caso de querer tener hijos más adelante”.</p>
<p>“Ambos me dijeron que no”.</p>
<p>“Ambos me miraron bien coquetos”.</p>
<p>“Ambos me dijeron que si yo quería tener hijos, ellos hacían hijos lindísimos”.</p>
<p>“Uno fue el cirujano que me hizo el legrado”.</p>
<p>“El otro fue el ecografista”.</p>
<p>“Yo no dije nada. Solo me quería ir de ese lugar”.</p>
<h4>Lo doloroso de todo esto</h4>
<p>En España no se realizan muchas regulaciones, es más habitual el raspado bajo ultrasonido, en el cual siempre se aplica anestesia, me explicó la ginecobstetra de Matanzas. También me explicó que en Cuba todo es “a ciegas” y depende de la pericia del operador. “Hay que saber sentir que no dejaste nada y eso se logra reconociendo el sonido del útero cuando está limpio. En España es más fácil. Se puede ir observando si quedan restos”.</p>
<p>Mariana, desafortunadamente, no tuvo una doctora con la pericia necesaria para saber cómo suena un útero limpio; ni con la pericia necesaria para saber cómo tratar a alguien que va a atravesar por un proceso de esa índole. El dolor indescriptible de una regulación sin anestesia se acrecienta con el dolor que causa no recibir ningún tipo de acompañamiento ni apoyo emocional.</p>
<p>Durante el mes que Mariana estuvo en esas condiciones, solo tuvo contacto con una persona comprensiva entre tantos doctores y enfermeras. Actos como ignorar al paciente, la falta de explicación del proceso, la poca privacidad, la morbosidad, los juicios morales hacia la mujer y, para finalizar, los comentarios acosadores por parte de algunos doctores, hacen de este proceso un infierno.</p>
<p>“La gratuidad no significa que puedan tratarme de esa forma”, me dice Mariana. “Si la cosa va a ser así, entonces mejor pagar”.</p>
<p>Este es un caso muy determinado de maltrato físico, psicológico y espiritual a una paciente dentro de dos centros hospitalarios en La Habana, lo cual no significa que necesariamente esta deba ser la historia de todas las mujeres que han atravesado por dicha situación. No obstante, el problema de la mala atención en Cuba es una cadena que encuentra su origen en el generalizado descontento social en la Isla. Un descontento social que lleva a la deshumanización y a la falta de empatía hacia aquel que casi siempre está justo al otro extremo de la cadena. Hablo del pueblo y, en este caso, hablo de Mariana: una paciente que salió embarazada por la falta de preservativos en Cuba desde hace dos años y a la cual le dejaron restos fetales.</p>
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		<title>Latina, cubana, musulmana</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2021/09/latina-cubana-musulmana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Maryam Camejo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Sep 2021 17:38:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Anisa y Maryam cuentan que desde que se convirtieron al Islam varias personas las han cuestionado por su religión con el argumento de que nada tiene que ver con su identidad como cubanas. Esa es precisamente una de las ideas que subyace bajo el acto discriminatorio de no permitir a una mujer musulmana estudiar o trabajar usando el hiyab.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Anisa y Maryam cuentan que desde que se convirtieron al Islam varias personas las han cuestionado por su religión con el argumento de que nada tiene que ver con su identidad como cubanas. Esa es, precisamente, una de las ideas que subyace bajo el acto discriminatorio de no permitir a una mujer musulmana estudiar o trabajar usando el hiyab.</p>
<p>«Latina, cubana, musulmana» es un podcast de la serie <em><a href="https://www.periodismodebarrio.org/category/se-va-a-caer/">Se va a caer: por un país sin patriarcado</a></em>, que presenta los testimonios de dos mujeres que han sido víctima de islamofobia de género en espacios institucionales.</p>
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		<title>Vivir sin Ley</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ismario Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Sep 2021 15:36:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[violencia contra la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El testimonio de Eme refleja la violencia machista y la lucha por salirse de los ciclos que esta impone, pero también las desigualdades, desventajas e injusticias que permanecen y se reproducen en un país sin una Ley Integral contra la Violencia de Género.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/aOM8tCUBq2Y" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
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