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	<title>Reestructuración de la industria azucarera &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
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	<title>Reestructuración de la industria azucarera &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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		<title>La reestructuración de la industria azucarera en Cuba, explicada</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2022/10/la-reestructuracion-de-la-industria-azucarera-en-cuba-explicada/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2022/10/la-reestructuracion-de-la-industria-azucarera-en-cuba-explicada/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Olivia Marín Álvarez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Oct 2022 11:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[industria azucarera]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La reestructuración de la industria azucarera, llevada a cabo en 2002, condujo al cierre de 70 centrales en el país. No obstante, los problemas que existían hace dos décadas y que se intentaron solucionar con esta iniciativa, aún permanecen.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2022/10/la-reestructuracion-de-la-industria-azucarera-en-cuba-explicada/">La reestructuración de la industria azucarera en Cuba, explicada</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En 2002 Cuba implementó la Tarea Álvaro Reynoso para la reestructuración de la industria azucarera, en respuesta a los bajos precios del producto en el mercado internacional y los altos costos de producción a nivel nacional. Como resultado, de los 155 centrales azucareros que entonces existían en el país, para 2021 solo <a href="https://www.prensa-latina.cu/2022/06/29/inversion-extranjera-contribuye-a-sector-azucarero-en-cuba" target="_blank" rel="noopener">quedaban</a> 56. De igual modo, la producción de azúcar se <a href="http://biblioteca.clacso.edu.ar/Cuba/ciei-uh/20140702015504/lainserciondelaeconomiacubana.pdf" target="_blank" rel="noopener">había reducido</a> considerablemente, de 4 057 000 toneladas (año 2000) a 480 000 toneladas (<a href="http://www.cubadebate.cu/noticias/2022/06/26/analizan-desempeno-de-la-zafra-2021-2022-la-produccion-mas-baja-en-mas-de-cien-anos/" target="_blank" rel="noopener">zafra de 2021–2022</a>).</p>
<p><em>Periodismo de Barrio </em>responde varias preguntas esenciales para comprender los principales problemas de Cuba en la reactivación de su industria azucarera.</p>
<h4>¿Cuáles fueron las causas de la reestructuración de la industria en 2002?</h4>
<p>El sector azucarero cubano presentaba problemas desde mucho antes que se decidiera implementar la Tarea Álvaro Reynoso, <a href="https://horizontecubano.law.columbia.edu/news/cuban-sugar-industry-must-we-save-it" target="_blank" rel="noopener">explica</a> el doctor en Economía, Omar Everleny Pérez Villanueva. Su puesta en práctica se debió a los bajos precios del producto en el mercado internacional, que no cubrían los costos de producción y generaban grandes pérdidas económicas al gobierno cubano. Estas pérdidas ocurrían porque el pago a los productores era mucho más alto que el ingreso obtenido por las ventas internacionales de azúcar. Para ajustar la diferencia, el Estado debía asignar fondos de su presupuesto o emplear una tasa de cambio mayor que la oficial entre el dólar estadounidense (USD) y el peso cubano (CUP). Ambas opciones se reflejaban en forma de deuda en el presupuesto nacional.</p>
<p>Sin embargo, también existieron otros factores. El sector presentaba bajas cifras de rendimiento y producción, como consecuencia de la escasez de combustibles, fertilizantes, pesticidas y otros insumos necesarios para la producción; sequías, plagas, huracanes; pérdida de fuerza de trabajo profesional y especializada; además de la ausencia de incentivos para los campesinos.</p>
<p>Pérez Villanueva señala que los ingresos de la industria azucarera cubana se empleaban en el desarrollo del turismo y la biotecnología y para apoyar los planes sociales del gobierno, por tanto, había muy poca reinversión de capital en el sector y su modernización, lo cual condujo a su obsolescencia tecnológica.</p>
<p>En este contexto, se concibió la Tarea Álvaro Reynoso, que tenía como objetivos la disminución de los costos de producción por tonelada de caña de azúcar, la búsqueda de mayor valor agregado y competitividad, el aumento de la producción de alimentos mediante la diversificación, y el desarrollo de una agricultura sostenible, <a href="https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5654278" target="_blank" rel="noopener">expone</a> un artículo publicado en la revista <em>Población y Desarrollo</em>.</p>
<p>Para ello, se planteaba la reestructuración del sector mediante la <a href="http://biblioteca.clacso.edu.ar/Cuba/ciei-uh/20140702015504/lainserciondelaeconomiacubana.pdf" target="_blank" rel="noopener">desactivación</a> de 70 <a href="https://periodismodebarrio.org/2017/01/fabricas-de-silencio/">centrales azucareros</a> que no se consideraban competitivos y la permanencia de los otros 85, de los cuales 14 se emplearían para la producción de alcohol, miel y derivados, mientras que 71 se mantendrían como productores de azúcar. Estos últimos realizarían zafras con una duración de 90 a 100 días, tendrían un rendimiento industrial de 12 % y costos de producción por tonelada de azúcar de 60 dólares y 240 pesos cubanos.</p>
<h4>¿Cuáles fueron los resultados de la Tarea Álvaro Reynoso?</h4>
<div id="attachment_12156" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12156" class="size-full wp-image-12156" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11.jpg" alt="" width="1200" height="900" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11-800x600.jpg 800w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11-80x60.jpg 80w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11-810x608.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-11-1140x855.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-12156" class="wp-caption-text">De los 155 centrales azucareros que entonces existían en Cuba, para 2021 solo quedaban 56 (Foto: Periodismo de Barrio).</p></div>
<p>Dos décadas después, los problemas que se intentaron solucionar con su implementación aún permanecen. En junio de este año, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez <a href="http://www.cubadebate.cu/noticias/2022/06/26/analizan-desempeno-de-la-zafra-2021-2022-la-produccion-mas-baja-en-mas-de-cien-anos/" target="_blank" rel="noopener">reconocía</a> que las plantaciones de caña y la industria azucarera se encontraban totalmente deterioradas, debido a la reducción de áreas de siembra y la ausencia de reparaciones en los centrales. Como resultado, desde 2012 no se cumplen los planes de zafra en el país y en cada una de las cosechas de los últimos años se obtiene menos producción de azúcar.</p>
<p>De la zafra de 2002–2003, la primera realizada después de la implementación de la Tarea Álvaro Reynoso, a la zafra de 2017–2018, la superficie cosechada se había reducido en 38.9 % y la producción de caña había caído aproximadamente en 25 %, según <a href="http://www.onei.gob.cu/node/15778" target="_blank" rel="noopener">datos</a> de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).</p>
<div id="attachment_12150" style="width: 994px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12150" class="size-full wp-image-12150" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico1.png" alt="" width="984" height="679" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico1.png 984w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico1-300x207.png 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico1-870x600.png 870w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico1-768x530.png 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico1-810x559.png 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico1-145x100.png 145w" sizes="(max-width: 984px) 100vw, 984px" /><p id="caption-attachment-12150" class="wp-caption-text">Superficie cosechada (en miles de hectáreas) y producción de caña de azúcar (en millones de toneladas) desde las zafras de 2002–2003 hasta la de 2017–2018 (Fuente: Elaboración propia con datos de la ONEI).</p></div>
<p>De acuerdo con un <a href="http://biblioteca.clacso.edu.ar/Cuba/ciei-uh/20140702015504/lainserciondelaeconomiacubana.pdf" target="_blank" rel="noopener">estudio</a> realizado en el Centro de Investigaciones de Economía Internacional de la Universidad de La Habana, con un rendimiento promedio de 10 % a 11 %, de 28 millones de toneladas de caña se puede alcanzar un volumen de producción de azúcar aproximado de 3 millones de toneladas. Es decir: por cada 9 millones de toneladas de caña, se logra una tonelada de azúcar.</p>
<p>Sin embargo, en la zafra más reciente (2021–2022) se <a href="http://www.cubadebate.cu/noticias/2022/06/26/analizan-desempeno-de-la-zafra-2021-2022-la-produccion-mas-baja-en-mas-de-cien-anos/" target="_blank" rel="noopener">obtuvieron</a> 480 000 toneladas de azúcar de 6 millones de toneladas de caña. En otras palabras, se requirieron 12.5 toneladas de caña para producir una tonelada de azúcar.</p>
<p>Por otra parte, al reducirse la producción de azúcar, también han disminuido las exportaciones en un contexto internacional donde los precios han aumentado. De 2004 a 2020, las ventas de azúcar al exterior disminuyeron de 1 827 440 toneladas a 581 310 toneladas, según <a href="http://www.onei.gob.cu/node/15766" target="_blank" rel="noopener">datos</a> de la ONEI, con una reducción en los ingresos de 37.8 %.</p>
<div id="attachment_12151" style="width: 1002px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12151" class="size-full wp-image-12151" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico2.png" alt="" width="992" height="624" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico2.png 992w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico2-300x189.png 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico2-954x600.png 954w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico2-768x483.png 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico2-320x200.png 320w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico2-810x510.png 810w" sizes="(max-width: 992px) 100vw, 992px" /><p id="caption-attachment-12151" class="wp-caption-text">Exportaciones de azúcar (en toneladas) de 2004 a 2020 (Fuente: Fuente: Elaboración propia con datos de la ONEI).</p></div>
<p>De <a href="https://twitter.com/pmmonreal/status/1544066419519897602?s=12&amp;t=5s7SU1rUV8iX23FjjwUxGA" target="_blank" rel="noopener">acuerdo</a> con el doctor en Economía, Pedro Monreal González, la reestructuración “ha impedido aprovechar los <a href="https://www.indexmundi.com/commodities/?commodity=sugar&amp;months=240" target="_blank" rel="noopener">altos precios actuales</a>. Cada millón de toneladas dejadas de exportar ha privado al país de ingresos por 430 millones de dólares estadounidenses”.</p>
<div id="attachment_12152" style="width: 1068px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12152" class="size-full wp-image-12152" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico3.png" alt="" width="1058" height="650" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico3.png 1058w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico3-300x184.png 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico3-977x600.png 977w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico3-768x472.png 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico3-810x498.png 810w" sizes="(max-width: 1058px) 100vw, 1058px" /><p id="caption-attachment-12152" class="wp-caption-text">Precio medio anual (en dólares estadounidenses) del kilogramo de azúcar en el mercado internacional de septiembre de 2002 a julio de 2022 (Fuente: Elaboración propia con datos de Index Mundi).</p></div>
<h4>¿Qué acciones ha adoptado el gobierno cubano para intentar rescatar la industria azucarera después de la iniciativa Álvaro Reynoso?</h4>
<div id="attachment_12157" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12157" class="size-full wp-image-12157" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04.jpg" alt="" width="1200" height="900" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04-800x600.jpg 800w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04-80x60.jpg 80w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04-810x608.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/Zafra-04-1140x855.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-12157" class="wp-caption-text">En 2012, Cuba permitió por primera vez la participación de empresas extranjeras en la industria azucarera (Foto: Periodismo de Barrio).</p></div>
<p>En diciembre de 2021, durante el III Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba se <a href="https://www.presidencia.gob.cu/es/noticias/la-industria-azucarera-saldra-adelante/" target="_blank" rel="noopener">adoptaban</a> 93 medidas para intentar rescatar la industria azucarera, con base en propuestas desarrolladas por un grupo temporal de trabajo que identificó los principales problemas del sector, sus causas y posibles soluciones.</p>
<p>Las medidas incluyeron acciones dirigidas a la generación de electricidad, la producción de caña y sus derivados, así como disposiciones sobre financiamiento, logística, gestión empresarial y ciencia, tecnología e innovación. En general, la estrategia adoptada busca lograr una diversificación de la producción, más enfocada en los derivados, como las bebidas alcohólicas, y la generación de energía a partir de la biomasa cañera, con el apoyo de inversión extranjera en diferentes modalidades.</p>
<p>En 2012, por primera vez, Cuba <a href="https://iwpr.net/es/global-voices/capital-extranjero-para-la-industria-azucarera-cubana" target="_blank" rel="noopener">permitió</a> la participación de empresas extranjeras en la industria azucarera nacional. Para 2022, la Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera <a href="https://inviertaencuba.mincex.gob.cu/es/sectores/agroindustria-azucarera-y-sus-derivados/" target="_blank" rel="noopener">cuenta</a> con 19 proyectos en el sector, con el objetivo de modernizar e incrementar el uso de las capacidades instaladas, impulsar la eficiencia, rendimiento y calidad del azúcar, diversificar las exportaciones y aumentar la disponibilidad de subproductos y derivados.</p>
<div id="attachment_12153" style="width: 1074px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12153" class="size-full wp-image-12153" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico4.png" alt="" width="1064" height="667" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico4.png 1064w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico4-300x188.png 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico4-957x600.png 957w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico4-768x481.png 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico4-320x200.png 320w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/10/grafico4-810x508.png 810w" sizes="(max-width: 1064px) 100vw, 1064px" /><p id="caption-attachment-12153" class="wp-caption-text">Distribución por actividad de las oportunidades de inversión extranjera en el sector azucarero cubano en 2022 (Fuente: Elaboración propia con datos del Ministerio de Comercio Exterior).</p></div>
<p>El total de oportunidades en la industria asciende a un valor de 2 754 200 000 dólares estadounidenses y la mayoría de los proyectos se encuentran enfocados en la producción de azúcar, seguido por la elaboración de bebidas alcohólicas y, en menor medida, la obtención de derivados y la fabricación de depósitos de metal.</p>
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		<title>El batey Manuelita y los sueños de azúcar</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2022/07/el-batey-manuelita-y-los-suenos-de-azucar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Yarelis González Collado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Jul 2022 11:00:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[industria azucarera]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los años pasan y el batey sigue igual, como detenido en el tiempo. Los viejos barracones de esclavos convertidos en casas; los animales que vagabundean por las calles como parte del paisaje… Con el paso del tiempo los caminos se han vuelto casi intransitables y la atención a la población ha decrecido.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2022/07/el-batey-manuelita-y-los-suenos-de-azucar/">El batey Manuelita y los sueños de azúcar</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Vivir en un batey tiene sus ventajas: todos se conocen. Manuelita es como una familia grande. Sus habitantes se ayudan y apoyan en los momentos difíciles, ríen y celebran cuando se puede. La vida no es fácil; los días comienzan temprano, cada cual a sus tareas: en los campos de caña, en la escuela, las oficinas o dentro del Central 14 de Julio. El olor a melao de caña y los sonidos estridentes quedan impregnados en la memoria como algo visceral, así como la alegría de la gente en su bullicio diario.</p>
<p>Los años pasan y el batey sigue igual, como detenido en el tiempo. Los viejos barracones de esclavos convertidos en casas; los animales que vagabundean por las calles como parte del paisaje; los niños descalzos corriendo y comiendo guayabas. Con el paso del tiempo los caminos se han vuelto casi intransitables y la atención a la población ha decrecido. En los tiempos libres hay muy poco que hacer. Los centros de recreación ya no funcionan o no existen, y las ofertas culturales y gastronómicas no llegan a estos parajes.</p>
<p>Los niños y los ancianos no tienen suficientes espacios para su atención y cuidado, además de sitios recreativos o deportivos para su esparcimiento. Los jóvenes y adultos, por falta de mejores ofertas, ocupan su tiempo libre con juegos ilícitos y alcohol.</p>
<p>El ánimo de los pobladores no es el de antaño, pero sus deseos y sueños de mejorar el espacio común se mantienen, para que las generaciones pasen y continúen la misma tradición de convertir la caña en azúcar.</p>
<div id="attachment_11643" style="width: 1634px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11643" class="size-full wp-image-11643" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1.jpeg" alt="" width="1624" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1.jpeg 1624w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1-902x600.jpeg 902w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1-768x511.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1-1536x1021.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1-810x539.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/1-1140x758.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1624px) 100vw, 1624px" /><p id="caption-attachment-11643" class="wp-caption-text">Los antiguos barracones de esclavos han sido reparados y adaptados por los propios pobladores (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11644" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11644" class="size-full wp-image-11644" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/2-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11644" class="wp-caption-text">Rigoberto Torres trabajando desde el amanecer (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11645" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11645" class="size-full wp-image-11645" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/3-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11645" class="wp-caption-text">Pobladores del batey salen a sus rutinas diarias (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11646" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11646" class="size-full wp-image-11646" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/4-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11646" class="wp-caption-text">Silvina y su nieto sentados en el portal de su casa, antiguamente un barracón de esclavos (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11647" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11647" class="size-full wp-image-11647" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/5-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11647" class="wp-caption-text">Omar Bauta, después de 60 años de trabajo, aún continúa laborando en el central (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11648" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11648" class="size-full wp-image-11648" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/6-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11648" class="wp-caption-text">Trabajadores en su horario de almuerzo (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11649" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11649" class="size-full wp-image-11649" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/7-1-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11649" class="wp-caption-text">Cafetería del batey. Además, brinda servicio de comida para ancianos y retirados (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11650" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11650" class="size-full wp-image-11650" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/8-1-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11650" class="wp-caption-text">Michel muestra la antigüedad de las paredes de su casa. Falleció recientemente (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11651" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11651" class="size-full wp-image-11651" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/9-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11651" class="wp-caption-text">Varias familias viven en los antiguos barracones de esclavos (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11652" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11652" class="size-full wp-image-11652" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/10-1-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11652" class="wp-caption-text">Omar Bauta (hijo) se asoma a la ventana de su vivienda (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11653" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11653" class="size-full wp-image-11653" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/11-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11653" class="wp-caption-text">Camino a la escuela primaria. Parque infantil con sus moradores más habituales (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
<div id="attachment_11654" style="width: 1630px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11654" class="size-full wp-image-11654" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12.jpeg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12.jpeg 1620w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12-300x200.jpeg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12-900x600.jpeg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12-768x512.jpeg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12-1536x1024.jpeg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12-810x540.jpeg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2022/07/12-1140x760.jpeg 1140w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><p id="caption-attachment-11654" class="wp-caption-text">El coche tirado por caballo es un medio de transporte muy usado en los caminos del batey. Detrás se observan las chimeneas del central (Foto: Yarelis González Collado).</p></div>
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		<title>El delirio azucarero de Preston</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2021/01/el-delirio-azucarero-de-preston/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ángel Yusset Gázquez Toirac]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jan 2021 17:35:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>
		<category><![CDATA[industria azucarera]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El lunes 3 de junio del 2002, toda la estructura fabril del Central Guatemala otrora Preston fue desmantelada.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Indicando hacia el agua como un puntero antiguo de madera, a modo de exigua península, se asoma Preston sobre los márgenes de las aguas de Nipe. Antes de 1901 se conocía como Punta de Tabaco y eran fundamentalmente montículos y esteros con mucho mangle, moteado por escasos júcaros, siendo dominios muy próximos a las tierras del Marqués de las Delicias.</p>
<p>Un puñado de lugareños alternaba cultivos entre el plátano, boniato, tabaco, la caza y la pesca, lo cual provenía a la comunidad de venados, puercos jíbaros, jutías, y todo tipo de mariscos. Se articulaba como una estructura tan aislada que la escasa comunicación entre ellos y las comarcas vecinas se hacía posible solo por los botes de velas.</p>
<p>El ingenio y sus talleres fueron sembrados allí pasado el desmonte y el relleno, por la mano de la Nipe Bay Company más tarde transformada o deglutida por la United Fruit Sugar Company. El coloso, llamado en los círculos de los más grandes economistas del norte de las Américas y de Cuba como el delirio azucarero de Andrew Woodbury Preston, dio su primera zafra en 1907, iniciando el 19 de enero y cerrando el 30 de mayo, con una duración de 132 días para 97 320 sacos de azúcar.</p>
<p>El batey quedó tejido al unísono, estructurado en cuadrículas. Con la bien pensada modalidad de ciudad jardín, se formaron los barrios, Washington, New York, Brooklyn, y dentro de estos las diferentes tipologías de viviendas muy similares a las vistas en el centro sur de los Estados Unidos y no existentes hasta entonces en ninguna otra localidad de Cuba.</p>
<p>Casi cien años después, el lunes 3 de junio del 2002, el Central Guatemala otrora Preston, a las 3:45 de la tarde pitó 93 veces. Fue desmantelada toda su estructura fabril y allí queda toda remembranza del batey y sus escasos pobladores.</p>
<div id="attachment_8755" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8755" class="size-full wp-image-8755" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Lista-quinta.jpg" alt="" width="1200" height="780" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Lista-quinta.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Lista-quinta-300x195.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Lista-quinta-923x600.jpg 923w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Lista-quinta-768x499.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Lista-quinta-810x527.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Lista-quinta-1140x741.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8755" class="wp-caption-text">Lista Quinta, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8756" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8756" class="size-full wp-image-8756" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-las-hermanas-Confesor.jpg" alt="" width="1200" height="782" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-las-hermanas-Confesor.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-las-hermanas-Confesor-300x196.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-las-hermanas-Confesor-921x600.jpg 921w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-las-hermanas-Confesor-768x500.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-las-hermanas-Confesor-810x528.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-las-hermanas-Confesor-1140x743.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8756" class="wp-caption-text">Patio de las hermanas Confesor, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8757" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8757" class="size-full wp-image-8757" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Cuarterias-de-transporte.jpg" alt="" width="1200" height="875" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Cuarterias-de-transporte.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Cuarterias-de-transporte-300x219.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Cuarterias-de-transporte-823x600.jpg 823w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Cuarterias-de-transporte-768x560.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Cuarterias-de-transporte-810x591.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Cuarterias-de-transporte-1140x831.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8757" class="wp-caption-text">Cuarterías de Transporte, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8758" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8758" class="size-full wp-image-8758" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Clase-media-1.jpg" alt="" width="1200" height="800" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Clase-media-1.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Clase-media-1-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Clase-media-1-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Clase-media-1-768x512.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Clase-media-1-810x540.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Clase-media-1-1140x760.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8758" class="wp-caption-text">Clase media, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8759" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8759" class="size-full wp-image-8759" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Hotel-Miramar.jpg" alt="" width="1200" height="778" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Hotel-Miramar.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Hotel-Miramar-300x195.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Hotel-Miramar-925x600.jpg 925w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Hotel-Miramar-768x498.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Hotel-Miramar-810x525.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Hotel-Miramar-1140x739.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8759" class="wp-caption-text">Hotel Miramar, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8760" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8760" class="size-full wp-image-8760" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-cuarto-de-los-niños.jpg" alt="" width="1200" height="851" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-cuarto-de-los-niños.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-cuarto-de-los-niños-300x213.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-cuarto-de-los-niños-846x600.jpg 846w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-cuarto-de-los-niños-768x545.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-cuarto-de-los-niños-810x574.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-cuarto-de-los-niños-1140x808.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8760" class="wp-caption-text">El cuarto de los niños, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8761" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8761" class="size-full wp-image-8761" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-corredor-de-Charly-Avenida-Nipe.jpg" alt="" width="1200" height="929" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-corredor-de-Charly-Avenida-Nipe.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-corredor-de-Charly-Avenida-Nipe-300x232.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-corredor-de-Charly-Avenida-Nipe-775x600.jpg 775w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-corredor-de-Charly-Avenida-Nipe-768x595.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-corredor-de-Charly-Avenida-Nipe-810x627.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/El-corredor-de-Charly-Avenida-Nipe-1140x883.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8761" class="wp-caption-text">El corredor de Charly, Avenida de Nipe, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8762" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8762" class="size-full wp-image-8762" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Tipologia-B-barrio-NY.jpg" alt="" width="1080" height="713" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Tipologia-B-barrio-NY.jpg 1080w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Tipologia-B-barrio-NY-300x198.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Tipologia-B-barrio-NY-909x600.jpg 909w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Tipologia-B-barrio-NY-768x507.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Tipologia-B-barrio-NY-810x535.jpg 810w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-8762" class="wp-caption-text">Tipología B, Barrio New York, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8763" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8763" class="size-full wp-image-8763" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-Mister-Kailla.jpg" alt="" width="1200" height="807" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-Mister-Kailla.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-Mister-Kailla-300x202.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-Mister-Kailla-892x600.jpg 892w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-Mister-Kailla-768x516.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-Mister-Kailla-810x545.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Patio-de-Mister-Kailla-1140x767.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8763" class="wp-caption-text">Patio de Mister Kailla, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
<div id="attachment_8764" style="width: 1210px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8764" class="size-full wp-image-8764" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Los-muros.jpg" alt="" width="1200" height="770" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Los-muros.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Los-muros-300x193.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Los-muros-935x600.jpg 935w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Los-muros-768x493.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Los-muros-810x520.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/01/Los-muros-1140x732.jpg 1140w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p id="caption-attachment-8764" class="wp-caption-text">Los muros, de la serie Preston, la caligrafía del silencio, 2016-2020 (Foto: Ángel Yusset Gázquez Toirac).</p></div>
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		<title>Los huesos del cimarrón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús Arencibia Lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Dec 2017 03:01:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el poblado de Bahía Honda, provincia Artemisa, solo la torre del central Orozco habla alto de lo que fue allí la molienda. Lo demás es un murmullo, el eco pertinaz de alguna mocha oxidada.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Cuánta esperanza forjaba<br />
en la zafra el campesino,<br />
como si fuera el destino<br />
de todo lo que añoraba.</p>
<p style="text-align: right;">Darío Espina Pérez</p>
<p>A lo lejos, entre palmas, la torre del central Orozco es la única palma sin penacho. Su penacho de humo, que era el más alto y trazaba en el aire la suerte del batey, hace 15 años solo tizna el recuerdo. Si uno fuera supersticioso –y en Orozco no es difícil serlo– diría que algo maldito le ha caído a todos los signos del azúcar en este pequeño poblado de Bahía Honda, Artemisa, desde que en 2002 el trapiche obtuso del país moliera, como una caña desechable, la vida de decenas de bateyes azucareros, para sacar un guarapo que, a la postre, ha sido más bien amargo.</p>
<p>La tienda La Zafra está cerrada por reparación, y sus funciones han sido trasladadas a un antiguo comedor obrero. La Casa del Azucarero, otrora mansión de los dueños del ingenio, se está usando como funeraria, pues en la capilla del barrio el único velorio que ya se sostiene es el de ella misma, muerta de comején y abandono.</p>
<p>A un primer golpe de vista, únicamente reluce en el asentamiento, pintada de verde, la Sala de Rehabilitación, llamada Pablo de la Torriente Brau, igual que muchas otras instituciones locales, empezando por el difunto central; aunque la gente, con la terquedad de la costumbre, siga llamándolo todo “Orozco”.</p>
<p>Allí estuve, los días 27 y 28 de febrero de 2017. Y escuché. Y vi. Anduve las calles y los recuerdos entre la melaza del olvido y la maleza del presente. Solo la torre habla alto de lo que fue aquí la molienda. Lo demás es un murmullo, un eco pertinaz de alguna mocha oxidada. Al pie de la chimenea, como epitafio, la inscripción con el primer nombre del coloso: “Ingenio La Luisa: 1810-2002”.</p>
<h2 style="text-align: center;">Maurilio (I)</h2>
<div id="attachment_2756" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2756" class="size-full wp-image-2756" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-64.jpg" alt="Maurilio, para quien no lo conozca bien es simplemente el historiador de Orozco" width="1000" height="738" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-64.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-64-300x221.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-64-768x567.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-64-813x600.jpg 813w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2756" class="wp-caption-text">Maurilio, para quien no lo conozca bien, es simplemente el historiador de Orozco (Foto: Jesús Arencibia)</p></div>
<p>—¿Cómo llego a su casa? –pregunté por teléfono luego de la presentación de rigor y previas referencias de amigos comunes.</p>
<p>—Usted no se preocupe. Cuando se baje en el Batey de Orozco, a cualquier perro que vea merodeando le puede preguntar dónde vive Maurilio. Seguro le indica.</p>
<p>En efecto, incluso antes de bajarme del viejo camión de pasajeros, ya tenía cuatro o cinco recomendaciones de cómo encontrar la casa de Maurilio. Así, a secas, sin el Concepción y Domínguez que completan su identidad oficial, conoce y reconoce todo el mundo a este hombre. Alcalde sin alcaldía. Profeta con tardíos seguidores. Tipo sincero y “atravesado”, que para quien no lo conozca bien es simplemente el historiador de Orozco. A mí, después de observarlo, oírlo y provocar su cortante sapiencia por más de tres horas, me lució un típico cimarrón, como lo llamó la etnóloga y escritora Natalia Bolívar, con el peligroso machete de las ideas.</p>
<p>“Los estudios de la industria azucarera son trabajos de Teratología: ningún ingenio es igual a otro. No existe ingenio tipo y, por consiguiente, no existe comunidad tipo de los ingenios”, me advierte de sopetón en cuanto arranco a grabarlo.</p>
<p>“Por ejemplo, aquí en Bahía Honda, Harlem fue un ingenio que hicieron al lado de un pueblo; sin embargo, el Orozco, después Pablo de la Torriente Brau, fue un ingenio que surgió como una pequeña plantación en el siglo XIX y en su evolución llegó a ser un pueblo. Y eso no es poca diferencia”, me explica, ya dentro de su pequeño quiosco de cuentapropista, forrado con cartones y zinc, en lo que fuera una vieja parada de guaguas. Ahí vende tarjetas de recarga telefónica y otras menudencias como agente de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa).</p>
<p>También atiende el teléfono. Una y otra vez. Porque para cuanto lío se pierde en el pueblo la gente lo busca. Buscan su voz grave y definitiva, y encuentran el rumbo.</p>
<p>“Del ingenio dependía la población de aquí. Y en el país sucedía lo mismo, con millones de personas… y sabes lo que significa de pronto desarticular y dispersar toda esa fuerza de trabajo. Yo protesté. Mandé cartas a todas las instancias, hasta al ministro del Azúcar, con datos, con estudios, con razonamientos. Nadie me escuchó.</p>
<p>”En un lugar donde trabajaban tantas personas, una comunidad completa, que de un día para otro se acabe eso, y entonces ponerlos a estudiar y pagarles, sin trabajar. ¿Qué pensamiento fue ese, chico? Además, ¿cómo le van a poner Álvaro Reynoso a eso, a la destrucción de la industria azucarera en Cuba? El nombre del padre de esa industria. Uno ve eso y le da por pensar que tiene su trastienda…”.</p>
<p>—Oye, Maurilio, ¿por fin lo de la tubería de seis pulgadas qué? –le pregunta un guajiro recio en camiseta.</p>
<p>—Hay que ver eso –dice él. Luego descuelga el teléfono y reparte dos o tres indicaciones. La gente pasa y lo saluda. Casi como un ritual imprescindible.</p>
<p>—Cuatrocientos y tantos trabajadores tenía ese central –evoca mirándome fijo–. Y súmale a eso sus familias. De ahí, unos pocos fueron a trabajar al Harlem, a unos 20 kilómetros de aquí. Los demás, a estudiar. Se graduaron y qué. ¿Dónde están trabajando después de hacerse ingenieros o técnicos? Porque la empresa agropecuaria que vino a ocupar esta zona, solo asimiló unos cuantos.</p>
<h2 style="text-align: center;">El ingeniero (I)</h2>
<p>El ingeniero se mece despacio en su sillón de madera. No quiere que lo grabe. No quiere que mencione su nombre. La entrevista será toda así, como quien intenta narrar, pero no puede, al menos no de frente. El machetazo a estas memorias hay que tirarlo chanfleado.</p>
<p>Se habló mucho, dice, de crear otras instituciones en el pueblo: una fábrica de caramelos, una fábrica de fideos. “Al final no se hizo nada. Prometieron y prometieron y no cumplieron nada. Lo que sí hicieron fue quitar y quitar. No quitaron el politécnico de milagro”.</p>
<p>Cuenta que indicaron hacer un estudio a todos los inspectores de campo –él entre ellos–. Un estudio integral que incluía rendimiento de 20 zafras atrás, análisis de fertilidad de suelos, nivel de mecanización y otros tantos parámetros.</p>
<p>“Buscamos la información rapidísimo, se compiló todo y se envió al Ministerio. Antes de que se dieran los resultados, mandaron a no sembrar una caña más. Sin embargo, en la investigación, de los centrales de Pinar del Río (Bahía Honda, antes de la última división político-administrativa, pertenecía a Pinar del Río), quedaron en este orden de mejores condiciones: el Pablo de la Torriente Brau, el Sanguily, el Harlem y el 30 de Noviembre”.</p>
<p>—Y quitaron solo los dos mejores –deduzco en voz alta.</p>
<p>—Exacto.</p>
<p>Después, recuerda, vinieron muchas estructuras de producción agropecuaria. “Y casi nunca han escuchado a los obreros y a los campesinos para configurarlas”.</p>
<p>“Aquel año del cierre ya había unas 70 caballerías preparadas en los surcos cuando llegó el fax de La Habana: no siembren nada, no toquen un surco.</p>
<p>”A las UBPC que se crearon más tarde se les dio financiamiento. Se trajeron rastras enteras de posturas de mango, aguacate, guayaba. Pero, que yo recuerde, eso solo dio buenos frutos en la UBPC La Herrería”.</p>
<p>El Ingeniero no demoró más de un año allí después de la debacle. Luego ha pasado por varios trabajos. Su título universitario de Agronomía, que alguna vez presidió esta sala, recaló en el fondo de un escaparate.</p>
<h2 style="text-align: center;">Bagacillo (I)</h2>
<div id="attachment_2762" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2762" class="size-full wp-image-2762" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-144-Casa-del-Azucarero-hoy-funeraria-provisional.jpg" alt="Casa del Azucarero, hoy funeraria provisional (Foto: Jesús Arencibia)" width="1000" height="660" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-144-Casa-del-Azucarero-hoy-funeraria-provisional.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-144-Casa-del-Azucarero-hoy-funeraria-provisional-300x198.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-144-Casa-del-Azucarero-hoy-funeraria-provisional-768x507.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-144-Casa-del-Azucarero-hoy-funeraria-provisional-909x600.jpg 909w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2762" class="wp-caption-text">Casa del Azucarero, hoy funeraria provisional (Foto: Jesús Arencibia)</p></div>
<p>Estamos en el parque. Al frente, la antigua mansión de don Casanova, el dueño del ingenio antes del triunfo de la Revolución. Mansión que devino Casa del Azucarero. Casa del Azucarero que devino (provisionalmente) funeraria. Un pequeño grupo espera a la vendedora del periódico.</p>
<p>—Un crimen, periodista, eso fue lo que hicieron.</p>
<p>—Valga lo de la Zona de Desarrollo del Mariel, que si no…</p>
<p>—Eso que tú ves allá era la pesa… y más allá estaba la caldera.</p>
<p>—Mira, esta bomba de vapor al vacío era la que llevaba antiguamente el guarapo pa’ la caldera.</p>
<p>—Las locomotoras se las llevaron todas.</p>
<p>—Seguro están allá en La Habana Vieja, en el parque que está al lado del Capitolio. Y mejor así, allá Eusebio Leal las cuida.</p>
<p>—A ver, periodista, ¿por qué aquí no pudieron hacer lo mismo que con el Jesús Rabí, de Matanzas? Ese lo embalsamaron en grasa y a los 10 años volvió a moler.</p>
<p>—Espera que aquí van a moler de nuevo… Lo verán mis bisnietos.</p>
<p>—En Orozco to’ el mundo cortaba caña, y ahora nadie quiere coger el machete. ¿Quién quita el marabú?</p>
<p>—Que paguen bien pa’ que tú veas.</p>
<h2 style="text-align: center;">Para salir adelante, hay que salirse</h2>
<div id="attachment_2761" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2761" class="wp-image-2761" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-37-José-Antonio-Sotero-Suárez.jpg" alt="Reportaje Central Orozco (37) José Antonio Sotero Suárez" width="1000" height="745" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-37-José-Antonio-Sotero-Suárez.jpg 803w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-37-José-Antonio-Sotero-Suárez-300x223.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-37-José-Antonio-Sotero-Suárez-768x572.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2761" class="wp-caption-text">José Antonio Sotero Suárez (Foto: Jesús Arencibia)</p></div>
<p>Sin bajarse de la bicicleta, José Antonio Sotero Suárez recuesta un brazo en la tarima del quiosco y comienza a hablarme de los planes que sobrevinieron a la calamidad. “Muchos proyectos: de ganado ovino, caprino, de los búfalos, incluso de conejos, pero a eso no se le dio seguimiento. Había personal calificado para ello. Y no se les dio seguimiento. Y murieron. Fue una fiebre del momento”.</p>
<p>—¿Por qué?, ¿por responsabilidad de quién? ¿De los pobladores? –pregunta, retórico.</p>
<p>Máster en Agroecología y Agricultura sostenible, luego de laborar en la parte agrícola del Pablo, José Antonio pasó a ser inspector de la empresa eléctrica, de los grupos electrógenos. Ahora está cultivando y criando ovinos y vacas, en tierras en usufructo. Fue de los profesores de la Tarea Álvaro Reynoso. Impartía clases de Biología Animal y Zootecnia general. Le pregunto por la proporción entre la gente que entró a estudiar en aquel instante y los que finalmente terminaron.</p>
<p>—Casi todos terminaron –contesta rápido–. O el curso de nivelación, o el técnico medio o la ingeniería. Se les pagaba lo mismo, incluso un poco más, que cuando estaban en el central. Hubo hasta ingenieros agrónomos que después hicieron una segunda carrera, sostiene con orgullo.</p>
<p>—¿Y cuántos hoy están en eso? –tercia Maurilio, que nos observa desde la otra esquina del punto de venta.</p>
<p>—Muy pocos –admite José Antonio con los ojos entrecerrados–. El problema –se defiende mirándome fijo– es que la agricultura en Cuba la quiere dirigir todo el mundo. Y esto es una ciencia.</p>
<p>Una ciencia, pienso, y también una tradición. Un sentimiento. Una ética.</p>
<p>El padre de Lázara Loredo Azcuy, José Loredo, estuvo más de medio siglo como mecánico en los trajines del azúcar. “Vivía más en el central que en mi casa”, rememora ella. Y cuando allá en Cuatro Vientos, a 2 kilómetros del Pablo, el viejo sentía desde su cama algún ronquido sospechoso, sabía que dentro de muy poco tendría que meter las manos en algún engranaje. “Él se conocía una por una todas las piezas del ingenio”, suspira la hija. Así, lo mismo a la 12 de la noche que a la 1 de la mañana, estaba José embarrado de grasa y miel, acariciando las entrañas metálicas del Pablo.</p>
<p>“Se deprimió mucho cuando vio el central destruido. Falleció en 2004. Aquí hubo viejitos, como él, que echaron su vida en esa maquinaria. Se les acabó todo cuando se acabó la zafra”.</p>
<p>Lázara, trabajadora de Comunales, es la encargada de que cada día el parque donde está la máquina al vacío amanezca limpio. Conversamos en el patio de la antigua Casa del Azucarero, a unos pasos de la campana original de La Luisa, que data de 1815. Esa reliquia que Maurilio logró rescatar y devolver al poblado desde 2008 y que cada 1ro. de julio el historiador hace circular por todo el pueblo con una espontánea procesión detrás.</p>
<p>En esa fecha, también, autorizan a que se queme algo en la chimenea del central para que, aunque sea fugazmente, Orozco vea, de año en año, el humo de la memoria.</p>
<p>Cuatro hijos tiene Lázara. Ya los dos mayores buscaron vida fuera del pueblo: ella, enfermera en Artemisa; él, militar en San Antonio. “El que ha salido adelante en este lugar, es porque ha salido de este lugar. Pa’ ser algo debes salirte de aquí. Y no es justo. Porque este es el pueblo de uno”, dice Lázara y me señala nostálgica la carretera.</p>
<h2 style="text-align: center;">Maurilio (II)</h2>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-2763 alignleft" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-164.jpg" alt="" width="450" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-164.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-164-225x300.jpg 225w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />Claro que el Pablo tenía problemas. Que la industria tenía problemas. Que el país tenía problemas. Como dice Maurilio, y uno comprende, porque lo vivió y lo vive, se desvirtuaron muchas cosas. “Imagínate”, me zarandea perentorio, “un dirigente del Partido como director del Complejo Agro Industrial. ¿Qué sabe de eso? Luego tiene que pararse frente al pueblo y explicar… Porque creían que eso era política, y no, era economía. Que es la base de la política. Usted a pura política no rige una empresa, tiene que hacerlo con los elementos que estructuran el sistema empresarial. Ese es uno de los desenfoques que han llevado en Cuba a estos fenómenos”.</p>
<p>Según apunta el profesor y periodista Luis Sexto, en su libro <em>La aparente cordura de las cosas</em> (2016), “solo ocho ingenios se construyeron [en la Isla] después de 1959, el último de ellos en 1980. Antes de la reestructuración azucarera operaban 156 fábricas de azúcar. Quedaron en activo menos de un tercio”. La reestructuración, según documentos emitidos por el entonces Ministerio del Azúcar (MINAZ), “fue cuidadosamente estudiada por lo trascendental de este paso”.</p>
<p>En el año 1996, rememora Maurilio, comenzó a alertar sobre las dificultades del Pablo. “Cuando clausuraron el central Martí, yo hice un documento que se leyó en la Asamblea de Producción del Pablo: en esencia, decía que si no tomábamos medidas íbamos a llegar a la misma situación. Por indisciplinas. Bueno, ahora se les llama indisciplinas, pero eso se llama corrupción. Aquí había personas que ‘trabajaban’ en un mes 44 días, y lo que es peor, los cobraban. Eso se descubrió. Y al final los botaron”.</p>
<p>Parte de la conversación transcurre en su casa, a unos 10 metros del punto de venta. Le falta iluminación a la vivienda, pero todo descansa en un orden singular, como detenido en la memoria. En las ventanas, donde debían ir cristales, Maurilio ha improvisado con zinc y cartones. Sobre los muebles, resistentes veteranos, hay papeles, fotografías, libros. Un reloj de péndulo sobresale como reliquia casi de museo. También hay símbolos de Akaró, el orisha sobre el que más ha investigado el historiador. “Es un orisha de familia, de origen arará, y tiene su fuerza en la política”, me aclara.</p>
<p>Registra en un par de viejos folletos y continúa ilustrándome los relajos que llevaron a la ineficiencia. “Imagínate a un jefe de brigada de pailería, que atendía cinco brigadas: por cada hora de trabajo voluntario que le ponía a estas brigadas, él se ponía 5, porque, supuestamente, debería estar y controlar a todos los grupos”. Así, por supuesto, llegaba a acumular 44 días de trabajo en el mes”.</p>
<p>Con orgullo, me relata que mientras fue económico del central, en un año le rebajaron 200 000 pesos de gastos, solo en concepto de ajustes, reacomodos, nada más. “Ah, pero hubo obreros a los que les metieron en la cabeza que yo les estaba quitando salario”.</p>
<p>La oralidad, pienso, es su fuerte.</p>
<h2 style="text-align: center;">El ingeniero (II)</h2>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-2764" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-136.jpg" alt="" width="1000" height="670" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-136.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-136-300x201.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-136-768x515.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-136-896x600.jpg 896w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></p>
<p>“Toma un buchito de café”, casi me exige la mujer del ingeniero, y enseguida aclara que es del bueno, de afuera, porque el mezclado con chícharo que mandan a la bodega aquí en Bahía Honda es malísimo.</p>
<p>En esta zona, detallan los entendidos, la caña de azúcar poco a poco fue desplazando al café en una porfía de siglos. Ahora parece que el marabú terminó ganándole la apuesta a ambos.</p>
<p>Al interior de los centrales, admite el ingeniero, venía fallando la capacitación, la atención al hombre, la solución a necesidades básicas de casa, de transporte. Y cada vez que un técnico o un obrero o un campesino se decepcionaban y se iban, se perdía cultura y eficiencia.</p>
<p>“Este central tenía su ferrocarril, su transporte garantizado, que es lo que más cuesta en la industria azucarera. Y no lo tuvieron en cuenta. En el tiempo de zafra había una ambulancia parada permanentemente a la puerta del central, y en tiempo muerto servía al policlínico. ¿Dónde está ahora?</p>
<p>”Después intentaron desarrollar un plan bufalino. No había quién los aguantara, ni cercas apropiadas para eso, ni monteros preparados para lidiar con esas bestias. Se regaron en la costa de Blanca Arena. Hicieron tremendo daño a campesinos y sembrados estatales. Al final tuvieron que quitarlos, con mucho trabajo. Los pudieron recoger y se los llevaron. Digo, los que quedaron, porque también la gente se comió unos cuantos”.</p>
<p>¿Por qué el Pablo, le insisto, con su historia y su capacidad de molienda respaldada por décadas?</p>
<p>—Mira, qué sé yo. Si quieres puedes poner ahí que por fatalismo geográfico. Hay también otras historias. Unos meses antes del cierre hubo una visita sorpresiva, en la madrugada, del entonces ministro del Azúcar y una comitiva del Ministerio. Detectaron muchos problemas: desde tractores dando carreras en las calles de Bahía Honda sin sus carretas de caña enganchadas, hasta llegar al central y no hallar a ningún técnico en el laboratorio. El informe de la visita fue demoledor. Y hay quien dice que eso selló la suerte del ingenio.</p>
<h2 style="text-align: center;">Alumnos de la Tarea (I)</h2>
<p>Álvaro Reynoso Valdés (La Habana 1829-1888) fue una de las figuras más destacadas de la ciencia cubana en el siglo XIX. El <em>Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar</em> (1862) es considerada su obra cumbre. La “Tarea” que llevó su nombre, según la enciclopedia colaborativa cubana <a href="https://www.ecured.cu/Tarea_%C3%81lvaro_Reynoso" target="_blank" rel="noopener">ECURED</a>, consistió en un “proceso de reordenamiento de la agroindustria azucarera cubana” y tuvo “como razón fundamental, el cambio de objeto social del sector”. Para la fuerza laboral desvinculada, de miles de trabajadores, se creó “por primera vez en la historia el empleo de estudiar”.</p>
<p>En su <a href="http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2002/esp/f211002e.html" target="_blank" rel="noopener">discurso</a> durante el acto inaugural de los Cursos de Superación para Trabajadores Azucareros, el 21 de octubre de 2002, el entonces presidente cubano Fidel Castro aseveró: “Felizmente, junto a la necesidad de reestructurar, buscar solución para esos trabajadores, surgió un plan de superación para todos los trabajadores de la industria azucarera que deseen utilizarlo, y hasta este momento, ¿cuántos son los que optan por el programa de estudio como empleo? […] Treinta y tres mil ciento setenta están inscritos. ¿Y saben cuántos hay en total inscritos en el curso que comienza en este histórico día? Ochenta y cuatro mil doscientos setenta y uno”.</p>
<div id="attachment_2765" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2765" class="wp-image-2765 size-full" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-98-Eliober-Veitía-Morillo.jpg" alt="Eliober Veitía Morillo, profesor de Agropecuaria en el Centro Mixto Pablo de la Torriente Brau (Foto: Jesús Arencibia)" width="1000" height="723" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-98-Eliober-Veitía-Morillo.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-98-Eliober-Veitía-Morillo-300x217.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-98-Eliober-Veitía-Morillo-768x555.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-98-Eliober-Veitía-Morillo-830x600.jpg 830w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2765" class="wp-caption-text">Eliober Veitía Morillo, profesor de Agropecuaria en el Centro Mixto Pablo de la Torriente Brau (Foto: Jesús Arencibia)</p></div>
<p>Como midiendo las pausas para decir con justeza, el hoy profesor de Agropecuaria en el Centro Mixto Pablo de la Torriente Brau, Eliober Veitía Morillo, exprime su memoria. Él trabajaba como Jefe de Lote en las tierras del central y ni por asomo pudo sospechar que algo como la demolición les vendría encima. “Fue cuando el central de nosotros estaba más preparado para hacer cualquier tipo de zafra. Imagínate un central con capacidad de moler 250 000 arrobas diarias. Un central con áreas de caña que estaban casi a más de 50 000 arrobas por caballería”, razona enfático.</p>
<p>Estamos sentados en su departamento docente, y Eliober no puede evitar la ironía de contarme que incluso por cumplir “hasta se sobrecumplió el plan del desmantelamiento, que se proyectó para dos años y en un año se tiró abajo completo”.</p>
<p>Tal vez, medita con nostalgia, si se hubieran demorado lo previsto, hubiésemos podido salvarlo, alguien hubiera pensado en alguna forma para salvarlo. “Compadre, la gente emigraba para acá para Orozco, por la vida que había aquí. Y después de eso, lo que han hecho todos es irse”.</p>
<p>Durante seis años, estudió Eliober Ingeniería Agropecuaria a instancias de la Tarea Álvaro Reynoso. Durante ese tiempo le mantuvieron su salario de 416 pesos mensuales. Y tenía derecho, los días de estudio, a una merienda y a sacar <em>ticket</em> de almuerzo en el comedor de la escuela. Después de un año de nivelación docente, de adaptación, los que pasaron para la carrera vencían cuatro asignaturas por semestre. Entre ellas: Topografía, Suelos, Riego, Drenaje; también Física, Química, Matemática, Bioquímica…</p>
<p>Para los que como él llevaban años sin tomar las libretas, la cosa de entrarle de nuevo al surco del estudio no fue fácil. “Imagínate, cuando tú trabajas con bueyes, aprendes de bueyes, no es que se te desarrolle el lenguaje”.</p>
<p>A Yoel Conde Puentes, que habla tanto con las manos como con la voz noble y los ojos caídos, se le hacía más difícil aún reincorporarse al aprendizaje. Soldador del central desde el año 1984, lo último que había hecho de superación antes del planazo de 2002 fue terminar un técnico medio en Maquinarias Azucareras, en 1991. “Desde ese entonces más nunca había estudiado”, recuerda aún sorprendido.</p>
<p>En su memoria se pierde el momento exacto en que dijeron que lo de parar el central era definitivo, no para preservarlo, como alguien sugirió, sino para demolerlo. Lo que sí guarda nítido en sus imágenes es cuando comenzaron a desmantelar la caldera, que había costado cientos de miles de pesos.</p>
<p>En tiempo de zafra, me cuenta, en el ingenio trabajaban cuatro brigadas en turnos rotativos y cada brigada tenía decenas de trabajadores. Había un turno de labor de 11:00 a.m. a 7:00 p.m.; otro de 7:00 p.m. a 3:00 a.m., y otro de 3:00 a.m. a 11:00 a.m. Y una brigada de cubrefrancos. El curso natural de la vida era graduarse de cualquier cosa, o simplemente llegar a la mayoría de edad y entrar en el central. Sin pensar hasta cuándo. “Yo me hice hombre ahí, entre esas máquinas”, dice y aprieta las manos frente a la cara.</p>
<p>Sin embargo, no le falta sinceridad para reconocer que jamás hubiese pensado que llegaría a ser ingeniero. De los primeros graduados, en 2008, junto con Eliober y María Eugenia, que ha permanecido callada a nuestro lado.</p>
<p>Después de graduarse lo ubicaron como Jefe de Grupo Técnico en la UEB Camilo Cienfuegos, perteneciente a la recién creada Empresa Agropecuaria Pablo de la Torriente Brau. Más tarde, esa agropecuaria la fundieron con la de Bahía Honda. Y hubo un momento en que, para mejorar, se acercó a la docencia. Imparte ahora clases de Soldadura, su antiguo oficio. Y gana 608 pesos, 200 más que en la empresa.</p>
<p>Esbozando una semisonrisa de saber femenino frente a estos tres serios rostros de hombre, está María Eugenia Urquiola, mulata achinada con 18 zafras a cuestas, antes de que clausuraran la producción. Ejerció en ese tiempo como Químico Azucarera, Jefe de Turno en el Laboratorio del Central, Químico B e Inspectora del Proceso. Hoy imparte clases de Dibujo Técnico en el Centro Mixto, adonde recaló tras haber sido Directora del Puesto de Dirección en la Empresa Agropecuaria, hasta 2013.</p>
<p>—Ustedes aprovecharon al máximo lo que estudiaron en la Tarea, y hoy lo están aplicando, pero ¿y los otros, cuál fue el destino? –pregunto.</p>
<div id="attachment_2766" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2766" class="size-full wp-image-2766" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-105-María-Eugenia-Urquiola.jpg" alt="María Eugenia Urquiola (Foto: Jesús Arencibia)" width="1000" height="708" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-105-María-Eugenia-Urquiola.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-105-María-Eugenia-Urquiola-300x212.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-105-María-Eugenia-Urquiola-768x544.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-105-María-Eugenia-Urquiola-847x600.jpg 847w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2766" class="wp-caption-text">María Eugenia Urquiola (Foto: Jesús Arencibia)</p></div>
<p>María Eugenia responde que “la gente encontró vías”. Algunos se fueron a hacer guardia, otros a dar clases, otros a trabajar por cuenta propia. Todo el mundo salió a buscar vida. “Había que hacerlo, porque nos quitaron el central, nos quitaron después la Empresa Agropecuaria… La localidad del Pablo sufrió mucho”.</p>
<p>El padre de Eliober fue purgador de azúcar en el central; el de Yoel, tenía colonia de caña, igual que sus seis hermanos. Así, también, parte de la familia de María Eugenia.</p>
<p>En una pared, como veredicto de hierro, una frase atribuida a Martí: “Un hombre honrado, jamás será rico”. Es demasiado fuerte esa sentencia, les digo. Los tres sonríen casi con estoicismo. Después, intrigado, busco y encuentro la idea martiana original, en el perfil que dedicara el Maestro al venezolano Cecilio Acosta: “si [se] es honrado y se nace pobre, no hay tiempo para ser sabio y ser rico”.</p>
<p>En la vida, tristemente, a veces triunfan las malas versiones.</p>
<h2 style="text-align: center;">Bagacillo (II)</h2>
<p>En uno de los viejos locales del Gigante de Orozco, asalta lo que fuera una consigna. Porque hasta las consignas quedaron mutiladas de aquel golpetazo. En la pared donde debía decir: “Solo trabajo necesitamos”, la incrustación de un ventanal, para readecuar el espacio como vivienda, desapareció la palabra trabajo.</p>
<p>Pero en el parque frente a la antigua Mansión de Casanova, donde por recomendación de Moreno Fraginals y empeño de Maurilio se logró colocar esta maquinaria al vacío, lo único que parece importar, casi a las 9:00 a.m., es que no llega la mujer de los periódicos.</p>
<p>—Mira, aquí mismito, en este parque estaba la estatua de Casanova, el dueño antiguo del ingenio. De bronce completico. Y se perdió. Y ni Maurilio pudo hacer na’.</p>
<p>—Allá arriba, si tú caminas, te encuentras la fábrica de hielo. Esa producía to’ el hielo de la molienda. Y la dejaron perderse. Bueno, qué no dejaron perderse en Orozco.</p>
<h2 style="text-align: center;">Alumnos de la Tarea (II)</h2>
<p>“Auxiliar de funeraria”. Ese es el encargo que finalmente le tocó a Alina Valido Martínez. Antes de la clausura ella trabajaba en un punto de venta del Coloso, en el entronque de Orozco, a unos tres kilómetros del batey. Vendía productos agrícolas. Gracias a la Tarea, a la que entró con más de 40 años, hizo un técnico medio en Agronomía. Durante ese tiempo le pagaban más de 300 pesos mensuales, siguiendo su mismo salario del tiempo del azúcar. No le gusta mucho que la fotografíen, pero tras la insistencia accede, en el portal de la Casa del Azucarero. Dentro, la pizarra informativa de esta capilla provisional tiene los renglones aún vacíos:</p>
<p>Nombre del fallecido: _______________</p>
<p>Hora en que falleció: _______________</p>
<p>Hora de entierro: _______________</p>
<p>Lugar: _______________</p>
<p>Le pregunto si no había algún otro empleo relacionado con su técnico medio. Al terminar, me cuenta, la pasaron al Órgano del Trabajo a ver qué se encontraba y lo mejorcito fue esto. “Lo que hace dos meses estamos aquí porque la capilla-capilla estaba en muy malas condiciones”.</p>
<p>En su opinión, las cosas ahora están un poco mejor en el pueblo que cuando llegó el paro. Y me ejemplifica que el transporte, sobre todo con las guaguas DIANA y los porteadores privados que han puesto desde Artemisa, está mucho más relajado.</p>
<p>A unos 40 kilómetros de Orozco, la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), según su página oficial, es “un proyecto dirigido a fomentar el desarrollo económico sostenible de la nación, a través de la atracción de inversión extranjera, la innovación tecnológica y la concentración industrial”. Hasta el pasado 1ro. de noviembre, de acuerdo con datos aportados por Ana Teresa Igarza Martínez, su directora general, y referidos por <a href="http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2017-11-01/zedm-cuatro-anos-de-avances-solidos" target="_blank" rel="noopener"><em>Juventud Rebelde</em></a>, cuenta con 31 usuarios institucionales autorizados, “con un monto de inversión superior a los 11 000 millones de dólares”. De estos usuarios, “5 son de capital ciento por ciento cubano; 16 de capital ciento por ciento extranjero, 8 empresas mixtas y 2 contratos de Asociación Económica Internacional”, especificó la Igarza Martínez al diario.</p>
<p>En el caso de los nacionales, especificó el periódico <a href="http://www.artemisadiario.cu/noticias/contratacion-zona-especial-desarrollo-mariel?page=1" target="_blank" rel="noopener"><em>El Artemiseño</em></a> el 21 de julio de 2014, para la ZEDM constituye “un requisito indispensable que los trabajadores a contratar residan en las provincias de Artemisa, Mayabeque, Pinar del Río o La Habana”.</p>
<p>Entre quienes han encontrado felizmente empleo en la ZEDM está Yoel Puentes Perdomo. En su casa, pequeña pero impecablemente pintada y con vistosas cortinas, me recibe. En el rostro, cansancio. En los gestos y la voz, amabilidad montuna. Yoel trabajaba como técnico de maquinaria en una UBPC cañera, a unos 7 u 8 kilómetros del central. Después del cierre entró a la Tarea y se hizo ingeniero agrónomo.</p>
<p>Pero al terminar tampoco había plaza para todos los ingenieros. Así que agarró un pedazo de tierra en usufructo y estuvo trabajándola aproximadamente dos años. Y la cuenta no le daba. Hasta que en 2013, cuando crearon la ZEDM, retornó a su antiguo oficio de técnico en motores de diésel. Y allá está como mecánico.</p>
<p>—¿O sea, que los estudios de ingeniería no los está ejerciendo?</p>
<p>—No</p>
<p>—Y ¿cuánto le pueden pagar a un técnico allí? –pregunto.</p>
<p>—Entre 2 000 y 2 800 pesos –me dice. Aunque él, como mecánico, gana más. Descontando la seguridad social, se queda con unos 4 000 pesos mensuales, lo que ni remotamente habría devengado nunca en el ingenio.</p>
<p>El primer grupo de trabajadores que salen de Orozco para la ZEDM, me precisa, parte a las 5:30 a.m. y regresa alrededor de las 6:00 p.m.; el segundo parte a las 2:30 p.m., para retornar a eso de las 2:00 a.m.</p>
<p>—¿Mucha gente de aquí empleados allá?</p>
<p>—Salen todos los días 6 guaguas, de 24 plazas: 4 por la mañana y 2 por la tarde.</p>
<p>—Lo cual daría 144 personas, si fuesen llenas…</p>
<p>—Imagínese. Lo más llamativo es eso. Aquí no hay muchas más opciones.</p>
<p>Su padre fue operador de un equipo pesado de preparación de tierras para el cultivo de caña. Pero al parecer los cuatro hijos de Yoel ya no tendrán que ver con el azúcar. El mayor tiene 11 años, me cuenta. “Cuando crezcan lo mejor es tirar pa’ allá”, y alza la mano en un rumbo impreciso que no necesita aclaración.</p>
<h2 style="text-align: center;">Maurilio (III)</h2>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-2767" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-25.jpg" alt="" width="1000" height="670" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-25.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-25-300x201.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-25-768x515.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/12/Reportaje-Central-Orozco-25-896x600.jpg 896w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></p>
<p>Bahía Honda es tierra de cimarrones. Orozco fue, en tiempos lejanos, puro cimarronaje. Ahí están los nombres de la Ma Melchora o de Manuel Gangá, el<em> Cimarronísimo</em>, que estuvo más de 22 años fugado del ingenio San Gabriel, sin que lo pudieran capturar. También de Orozco, con sus 94 kilómetros cuadrados, en una zona que no ha rebasado los 9 000 habitantes, han salido tal vez más peloteros brillantes que de ningún otro lugar de Cuba. Maurilio lo detalla en sus investigaciones y cita nombres venerados como Alfonso Urquiola (El Relámpago de Bahía Honda) y Luis Giraldo Casanova (El Señor Pelotero).</p>
<p>Todo esto, cree el historiador, está dado por la fuerte identidad y el apego a las tradiciones de este poblado. Pero al momento de cercenarle el central, que era en 2002 el sexto más antiguo en actividad del país, ni la historia ni la cultura pesaron lo suficiente. Y hubo, entonces, datos de utilidad práctica que el terco investigador divulgó a los cuatro vientos sin que le hicieran el menor caso.</p>
<p>“Un lugar donde existen 20 kilómetros de canales de riego. Una presa y dos micropresas. Toda esa infraestructura la abandonaron, para dejar en la zona el Harlem, un ingenio que tiene montada sobre ruedas la caña, cuando el Pablo la tenía toda montada sobre ferrocarril, que es el transporte más barato para este tipo de industria.</p>
<p>Maurilio aprieta el ceño, y sigue con su disertación, sin que nada lo perturbe. “¿Quieres más pruebas del disparate?”, me dice.</p>
<p>“Ahora, el Harlem está recibiendo caña de lo que eran tres ingenios: la suya propia, la de Sanguily y la de aquí del Orozco. Y aun así no llegan a la producción de antaño. ¿Por qué?</p>
<p>”El 30 de Noviembre, de San Cristóbal, tiene caña hoy de 7 ingenios: el Habana Libre, el Nodarse, el Sandino, el Lavandero, el Lincoln, el Martí y el propio 30 de Noviembre. Y no llega a producir el azúcar que producía cuando todos los ingenios esos estaban funcionando. ¿Por qué?</p>
<p>”Ah, pero a la hora de romper, el primero que rompieron aquí fue este”. Se llegó a manejar la idea, me cuenta, de pasar un buldócer por encima de los hierros del central, y ahí sí la gente se plantó, porque era como arrollar un símbolo.</p>
<p>Cuando el Pablo estaba a plena capacidad en la zafra, con sus dos turbogeneradores funcionando, se autoabastecía de corriente y entregaba energía además al Sistema Electroenergético Nacional, evoca el investigador. Tampoco se miró esa arista del asunto.</p>
<p>De acuerdo con datos del volumen <em>Evolución histórica de la distribución territorial de la producción azucarera </em>(2001), del Departamento de Investigaciones del Instituto de Planificación Física, de 20 zafras analizadas entre 1905 y 2000, solo en seis ocasiones (1930, 1935, 1945, 1985, 1990 y 2000) el rendimiento industrial del Harlem fue superior al del Pablo. Y en cuanto a producción total de toneladas de azúcar, solo en una de las muestras (1975) el Gigante de Orozco quedó por debajo.</p>
<p>En 2013, cuando también fue desintegrada en Orozco la Empresa Agropecuaria que sustituyó al central y se fundió a la estructura de Bahía Honda, el propio historiador, en aquel entonces secretario de la Sección Sindical de Trabajadores No Estatales del Consejo Popular; junto a Mayra Gómez, secretaria del núcleo del PCC de la Empresa, y Lázara Villafranca, trabajadora de la Sala de Rehabilitación del MINSAP en el poblado, enviaron a muchas entidades y organismos de todos los niveles –desde el Ministerio de la Agricultura hasta Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Estado– una carta donde demandaban, sustentados en datos y análisis histórico-sociales, culturales y económicos de la localidad, se concediera al menos una estructura productiva autónoma al poblado:</p>
<p>¿Por qué permitir que todo ese patrimonio histórico y cultural desaparezca pudiendo ser preservado sin causar daño al propósito de mejorar la situación económica del país?</p>
<p>¿Cuál es el daño que causa establecer aquí una de las estructuras que resulte de esta nueva organización de la agricultura, con el nombre de Pablo de la Torriente Brau?</p>
<p>¿Qué impide desde el punto de vista económico, que esta sea, en la categoría de UEB, con este nombre de P. T. Brau, a fin de garantizar la misión social de la empresa en el territorio? [<em>sic</em>]
<p>¿O por qué no crear una UEB cañera? Variante por la cual nos inclinamos, teniendo en cuenta la necesidad de acercamiento de las áreas al vecino central Harlem, aprovechando el potencial científico y técnico que representa la fuerza laboral existente aquí.</p>
[…]
<p>Quizás los compañeros que intervienen en estas acciones no poseen percepción del daño que puede ocasionar esta decisión a este pueblo y a la revolución, pero nosotros que sentimos de cerca la vida en un pueblo con semejante historia y tradición, alertamos sobre este particular y pedimos una vez más que se nos escuche.</p>
<p>Tampoco los oyeron.</p>
<p>Algún día, confía el Cimarrón, se tendrá que recapacitar sobre estos absurdos. Y me recalca que anote: “El cultivo más noble que hay en Cuba se llama caña de azúcar. Las vacas que se crían en una caballería de tierra, más nunca dan lo que da esa misma caballería sembrada de caña. En algún momento el país tendrá que retomar la industria azucarera. Es una industria que le pones 100 millones hoy y el año que viene recoges de 150 a 200 millones, si la trabajas bien”.</p>
<p>A la distancia, en el portón de otra de las naves del central difunto, un lema ya desteñido: “Oro dulce. Variedad. Calidad. Garantía”.</p>
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		<title>El coloso insepulto</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2017/03/el-coloso-insepulto/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lian Morales Heredia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Mar 2017 12:16:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El central de azúcar de Baltony, nacido en tiempos de colonia, glorioso en el siglo XX, entre el titubeo y la liquidación interminable.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em>…las máquinas habían succionado en los<br />
músculos de los hombres toda la fuerza que necesitaban…</em></p>
<p style="text-align: right">Máximo Gorki, <em>La madre </em></p>
<p>En Baltony, plano como un campo de fútbol, es más fácil desarmar a los delanteros de los indómitos Diablos Rojos que encontrar al presidente del Consejo Popular.</p>
<p>—¿Dónde está Caldero?</p>
<p>Isabel Puente, excontadora del central y actual auditora de la Empresa Agropecuaria Los Reynaldo, ayuda en la búsqueda y comenta.</p>
<p>—Los libros tan bellos de la contabilidad del central se perdieron. Vaciaron la bóveda. Guardé unos cuantos documentos y me los botaron.</p>
<p>Muchas cosas se han perdido en el pueblo.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<p>El 23 de julio de 1958 los guerrilleros Reynaldo Brook y Reynaldo Chiang cayeron en Baltony, a 23 kilómetros de La Maya, mitad final de Songo-La Maya, municipio oriental de Santiago de Cuba. Hoy, el Consejo Popular nombrado oficialmente Los Reynaldo continúa siendo Baltony en boca de sus pobladores, por Baldomero y Tony Casas, hijos de Baldomero, último dueño del central.</p>
<div id="attachment_2105" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2105" class="wp-image-2105" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción-.jpg" alt="De izquierda a derecha: Rafael Muñoa, Isabel Puente, Iris Puente y Víctor Rodríguez en el jardín del central (foto de 1973). " width="1000" height="746" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción-.jpg 1521w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción--300x224.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción--768x573.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción--804x600.jpg 804w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2105" class="wp-caption-text">De izquierda a derecha: Rafael Muñoa, Isabel Puente, Iris Puente y Víctor Rodríguez en el jardín del central (Foto de 1973, cortesía de los entrevistados)</p></div>
<p>En Los Reynaldo esperan importar maíz, para el molino instalado en la nave sobreviviente del almacén del antiguo central, por eso están arreglando la entrada al pueblo. Luis Enrique Durrutí, el diputado de Los Reynaldo, está en plena calle exigiendo que pavimenten al menos hasta el parque, donde está Coral Blanco, la radio base que por poco desaparece al pueblo cuando cogió candela.</p>
<p>—Es un buey volando, metido por todos estos recovecos –dice la auditora tras la pista del presidente del Consejo Popular, en medio de los animales amarrados a los postes eléctricos. No es difícil imaginar cómo salieron de “estos recovecos” grandes futbolistas, peloteros, yudocas y boxeadores.</p>
<p>Roberto Caldero, el presidente del Consejo Popular, aparece de la nada. Habla sobre la bolsa de trabajo municipal con una madre divorciada. Luego llega Niurka Hernández y averigua por el curso para alcanzar el bachillerato –aquí abrirá un aula para que los muchachos no tengan que viajar hasta La Maya–. Después aparece un viejo fumando, agita el bastón, Caldero y él discuten sobre el cigarro, el señor lo tira con una palabrota. Caldero se detiene, nos presentamos y continúa “el buey volando”. Hasta que dos futbolistas nos capturan.</p>
<p>—Hasta el desmantelamiento del central teníamos al menos ocho equipos de once, todos de tradición –dice Juan Carlos Masó, también ex operador de caldera en el generador de vapor del central–. En el equipo provincial teníamos, en los años noventa, nueve jugadores regulares.</p>
<p>—Hace rato el deporte está flojo, por falta de material –dice Luis Martén, goleador de 1991 a 2005 en el equipo Cuba y actual entrenador de la escuela primaria–. No tengo pelotas para trabajar, todo se queda en Santiago. Los Diablos Rojos no son de allá, como dicen los periodistas, son de aquí.</p>
<p>—Antes estaba la Liga Azucarera, ahora hacemos tres o cuatro equipos –dice el presidente del Consejo Popular–, copas en las vacaciones, juegos de veteranos, a pulmón…, descalzos, y un bando sin camisa, para diferenciar.</p>
<p>—Había muchas áreas de caña pero al final no cumplían –dice Masó–, una cooperativa decía, por ejemplo, que tenía veinte caballerías cuando tenía cinco.</p>
<p>—Cuando se desmanteló –dice Martén–, la gente se quedó en el aire, sin trabajo, y no tenían tierra, casi toda era de caña para el central. Todos dependían del central. Hubo cooperativistas que trabajaron seis meses sin cobrar: Sigan, sigan, que les vamos a pagar.</p>
<p>—Murieron muchos trabajadores –dice Masó–, de infarto. ¿Tú sabes qué es que te digan a ti, padre de familia, con toda una vida en el azúcar, que se acabó? La gente lloró, hombres viejos, que todavía les faltaba para la jubilación. En el parque frente al central murió uno de apellido Pavot. Era tornero, duró seis meses.</p>
<p>—Qué seis meses –dice Martén–, mucho menos.</p>
<p>—Andaba triste… –dice Masó–, era el dueño del parque.</p>
<p>—Yo hablaba siempre con él –dice Martén–, hasta un día… Los que pararon esto vinieron aquí a hacer daño. Al final se fueron y dejaron esto enredado.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<div id="attachment_2108" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2108" class="size-full wp-image-2108" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador..jpg" alt="" width="1000" height="691" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador..jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador.-300x207.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador.-768x531.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador.-868x600.jpg 868w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2108" class="wp-caption-text">Durrutí y Elías señalan la oficina del liquidador (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Donde estaba el central, conviven las ruinas con los espacios en blanco y los locales que hoy son oficinas de la Empresa Agropecuaria. El taller de maquinado, de tornos verticales para fabricar piezas de repuesto, aún funciona.</p>
<p>—En tiempos del central, prestaba servicio a nivel mundial –dice Durrutí–, tremenda fortaleza.</p>
<p>—Se cogía el desayuno –dice Juan Bautista Elías, ex jefe de turno de fabricación de azúcar y después jefe de turno integrado– y todos compartíamos ahí, en los bancos. Esto estaba lleno de palmas. –Elías muestra tres bancos calcinados bajo el sol–. La última zafra de él (el central) fue 2004-2005. Íbamos a parar para darle mantenimiento, pero ya en el mismo 2005 se empezó a desmantelar.</p>
<p>—Era una política del Estado en esos tiempos paralizar algunos centrales –dice Durrutí.</p>
<p>—Como técnicamente era uno de los mejores de la provincia –dice Elías–, las piezas se iban a poner en el Plan Venezuela.</p>
<p>—Al final –dice Durrutí–, quedó un disgusto en este pueblo.</p>
<p>—¿Quién tomó la decisión? –pregunto.</p>
<p>—La Delegación del entonces Ministerio del Azúcar (MINAZ) en la provincia –dice Durrutí–. Los que tomaron la decisión ya no están allí, desde el primer día.</p>
<p>—Después se decidió –dice Elías–, en el mismo año, que iban a virar para atrás, pero habían desmantelado el basculador y echado cosas adentro. El central no era de simpatía, era lejos, no tenía una carretera buena. –Elías ríe–. Hoy tenemos carretera, es como un muchacho que el padre no quiere.</p>
<p>La carretera culpable de la destrucción del central fue arreglada y es actualmente la ruta preferida por los “pisicorre”, automóviles de la década de 1940 con adaptaciones disparejas.</p>
<p>—¿Ahora cuál es el fuerte de la economía? –pregunto.</p>
<p>—La ganadería –responden al unísono.</p>
<p>—No es fácil –dice Durrutí– cambiarle la mente a un pueblo, con su cultura, sus raíces, sus padres, sus abuelos…, lo que veían era un ingenio, que tocaba la sirena… “Va a comenzar…”. Eso no se borra de la mente en muchas generaciones. Y lo otro es que no se ha logrado todavía algo que impacte.</p>
<p>—Yo mismo soy uno que no deja de pensar: “Ojalá hubiera central” –expresa Elías.</p>
<p>—Aparte, ¿cuál es el objetivo del parque de este pueblo? –dice Durrutí–. Cuando los compañeros salían de su turno se sentaban allí, luego iban a bañarse y volvían al parque. Eso ya no existe.</p>
<p>—Yo conozco muchos que están bien –dice Elías–, con trabajos muy buenos, y me dicen: “Compay, si eso vuelve a ser central voy pa’ allá otra vez”. Entre lo que servía y lo que no, esto era algo que le llegaba a la gente.</p>
<p>—Coincido con la política del país –dice Durrutí–, que en esos momentos no podía mantener todos los centrales, pero había que ver, por ejemplo, en Songo-La Maya había dos industrias: Los Reynaldo y Salvador Rosales. Imposible, se quedó el municipio sin potencia.</p>
<p>—Se fueron eliminando los centrales, Costa Rica, el Salvador… –dice Elías– y bueno, yo decía, Los Reynaldo no se puede ir, porque es el centro de todo, por la cantidad de caña…, la caña de aquí llegaba hasta La Maya, a veintitrés kilómetros.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<div id="attachment_2110" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2110" class="wp-image-2110 size-full" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22.jpg" alt="" width="1000" height="748" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22-300x224.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22-768x574.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22-802x600.jpg 802w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2110" class="wp-caption-text">Lo que queda del central Los Reynaldo (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>—Aún estamos aquí vivos –dice Francisco Gaitán, jefe de la Comisión Liquidadora y excontador del central–. Ha sido un proceso lento: desmonte, venta y liquidación de las piezas del central y de los demás activos. Por ejemplo, centros de acopio, la biblioteca comunitaria, el parque infantil. El central tenía la jurisdicción de casi de todo el poblado.</p>
<p>—¿El destino de las piezas? –pregunto.</p>
<p>—El primer destino era para la DIP Venezuela (Dirección Integral de Proyectos). La DIP compraba las piezas a la Liquidadora, las reunía y se enviaban a Venezuela por un convenio para armar centrales allá.</p>
<p>—¿Cuándo comenzó la liquidación? –pregunto.</p>
<p>—El central se paralizó en 2005 y la liquidación comenzó oficialmente en 2006. Nosotros tenemos que hacer una tarja o un monumentico, y debemos tener todos los datos principales, desde su fundación hasta su terminación.</p>
<p>—Antes de la Revolución –interviene Roberto Caldero, quien además de presidente del Consejo Popular es el ingeniero en Telecomunicaciones que atendía la planta eléctrica y las comunicaciones del central, e “historiador” del pueblo–, la fábrica tenía su dueño, pero la caña era de los colonos, la traían “de casa de la quimbamba”.</p>
<p>—Ahora el Estado lo hace todo –dice el Liquidador–. Antes, el dueño del central le decía al colono: “Yo te compro la caña, pero tienes que ponérmela en la fábrica, porque tú eres el que la quiere vender”.</p>
<p>La caña era sacada del campo mediante grúas: cuatro vigas y encima un carrito que se movía para que la carga subiera o bajara. Había algunas que tenían un pequeño motor, pero en todas hacían falta bueyes porque alzaban más despacio que el motor, o sea, al ritmo en que se colocaban los carros para recibir la caña. Las demás grúas eran movidas solamente por bueyes, que también se utilizaban en el tiro and show <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="https://project.synheir.com/synheir-company/digital-marketing/" target="_blank" rel="noopener">what to do</a>. Cada carreta tenía hasta ocho yuntas cargando seis toneladas de caña; además, iban desplazando los vagones que eran llenados por las grúas, hasta que se enganchaba la locomotora.</p>
<p>—La locomotora se la llevó Recuperación de Materias Primas –dice el Liquidador–, antes de la liquidación.</p>
<p>—Sí, pero casi pegaíto ahí –dice Caldero–. Eso pasó porque el CAI (Complejo Agroindustrial, el central) dejó de tener que ver con la locomotora, pasó a la empresa de Ferrocarriles, que liquidaba sus medios independientemente. Yo paso un día por la oficina del ferrocarril, el jefe era del municipio Mella, si es de aquí no se atreve, y le grito al de la grúa: “¡Compay, dónde está la locomotora, que eso es patrimonio histórico!”, y me dice: “¡Compay, qué patrimonio ni patrimonio, eso es cabilla, cabilla…!”.</p>
<p>—¿Cómo fue el proceso de recursos humanos? –pregunto.</p>
<p>—Bueno, primero hay que ver el impacto por la idiosincrasia –dice Caldero–, la memoria histórica, el sentimiento, el olor a guarapo, a miel…, el bagacillo, que era una jodedera pero la gente también lo extraña…</p>
<p>—No, y el ambiente –interviene el Liquidador–, el pueblo era otro con zafra. Y entraban muchos más recursos, porque dentro de todo lo que no tenía el país nos priorizaban, la gente quería que el central moliera el año entero.</p>
<p>—Cuando se hizo la reunión en el cine –dice Caldero–, aquello fue duro, la gente lloró, se le apretó el corazón a todo el mundo, todavía se cuenta con sentimiento, pero bueno, se asumió. ¿Cuál era la misión? ¿Estudiar, y ahora, maíz, vaca…? Pa’lante. Muchos años fuimos subsede de un taller internacional de estudio social y trabajo comunitario, y yo le decía a la gente de otros países (eso fue por 1993 o 1994): “Si se quita la población el central es un montón de chatarra, si quitamos el central la población tendrá que vivir de otra cosa pero va a vivir”.</p>
<p>—Jugando bajo protesta –dice el Liquidador, ex <em>manager</em> del equipo de béisbol del CAI en la Liga Azucarera.</p>
<p>—Este mismo –Caldero apunta al técnico de Recursos Humanos de la Comisión Liquidadora– hubiera levantado los cuatro brazos que no tiene para que no tumbaran el central.</p>
<p>—Si uno hubiera podido influir con su voto –dice Braulio Pineda, el técnico–, pero bueno, ahora soy licenciado en Derecho.</p>
<p>—¿Qué sucedió con los desempleados? –pregunto.</p>
<p>—Se creó una oficina empleadora –dice Caldero–, algunos pasaron para otras provincias que necesitaban fuerza de trabajo calificada. Y con la Tarea Álvaro Reynoso, que fue parte de la reestructuración del MINAZ, se implementó el estudio por empleo y el estudio por encuentro. El hoy director de la Empresa Agropecuaria, el jefe de Producción y el subdirector de Recursos Humanos estudiaron por la Álvaro Reynoso.</p>
<p>En Los Reynaldo hubo una sede universitaria, hasta que en 2010 se fusionó con la filial municipal, <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="https://vipgearz.com/gifts-for-women/10-hints-to-master-gift-giving/" target="_blank" rel="noopener">click here to view</a> más. Se estudiaban varias licenciaturas y había cursos de un año para obtener el bachillerato y avanzar a la universidad. También había una sede del Ministerio de Educación para alcanzar el sexto y noveno grados, además del técnico medio en las mismas especialidades de la sede universitaria.</p>
<p>—Cuando esto era central –dice Caldero–, yo, que soy profesional, campeaba en mi cuadra. Ahora el que tiene plata es el que tiene tierra, el que está directo en la producción, pero hay que estar en el surco, con el buey, el maíz. Hay gente que se ha metido en ciento y pico de mil pesos en una cosecha, inventan su molinito…</p>
<p>—Son contados –dice el Liquidador– los usufructuarios que han levantado cabeza, o sea, con una casa, una familia…, ha sido: cojo como viento morrón y mañana sigo pinchando porque no tengo plata.</p>
<p>—Hay tres clases de campesinos –dice el técnico–: el potentado, el que tiene un pedacito de tierra y el usufructuario, el tipo que tiene mucha plata hoy y mañana no tiene na’: “Me lo comí, me lo tomé, y al otro día estoy igualito, con una mano alante y otra atrás”.</p>
<p>—A partir de que el central se volvió agroindustria (CAI) –dice el Liquidador–, por el 1982 o 1983, todo lo que se perdía iba para él. ¿El policlínico se está cayendo? Allá corre la gente del CAI. ¿La tienda? ¿Esto y lo otro? El puente de la carretera lo pagó el central. ¿Tú sabes cuándo se lo quitó de arriba? Cuando llegó la Liquidadora, se le entregó a Viales. ¿Qué es lo que yo iba a hacer como Liquidador con un puente de la carretera, traerlo para acá? Eso no es nada, empecé a buscar, había 7 presas, de la Liquidadora, eran del CAI, se pasaron a la Agricultura. Por ejemplo, la de Joturo, que nunca fue de aquí, era de aquí, ¿entendiste ese jeroglífico?, y desde que se hizo de quién era, de Recursos Hidráulicos de La Maya, ¿todos esos gastos de quién eran?: azúcar, azúcar, azúcar…</p>
<p>—El dueño de las cosas cuida bien –dice el técnico–, si es otro el dueño entonces hay despilfarro.</p>
<p>—Ahora aquí están las UB (Unidades Básicas) de Cultivos Varios, Gestión, Servicios y Pecuaria –dice Caldero–, más el taller del ZETI (Empresa de Servicios Técnicos Industriales), la sede de la empresa de silos de Santiago de Cuba y la Liquidadora; han desaparecido la leña: cada quien cocina y come aparte, uno al lado del otro, ya no hay dónde buscar leña, ni con el tractor.</p>
<p>—En esta Liquidadora –dice el técnico–, uno se da cuenta de la cantidad de cosas que dejaron de poner y la cantidad que pusieron. Para buscar el código REEUP (Registro de Empresas Estatales y Unidades Presupuestadas) fue tremendo lío. Cuando tú estás ahí es que tienes personalidad jurídica, existes. La empresa que se disuelve enseguida entra en proceso de liquidación. Una vez que termina este, se extingue del registro, o sea, deja de existir. La Empresa Mielera que sustituiría al CAI y al final nunca se materializó, a los efectos todavía existe. La Liquidadora queda en el lugar donde funcionaba la empresa, con todos sus derechos y obligaciones, y aquí nos hemos dado cuenta de que hay una cantidad de derechos y obligaciones que no tenemos… Yo voy a La Maya, a la oficina de Estadísticas, y no hay nada. ¿Cómo se borró si la Liquidadora todavía existe? Pasamos tremendo trabajo para que nos dieran un certifico para ir al MINAZ a hacer los trámites de la Seguridad Social.</p>
<p>—Aquello fue una odisea –dice el Liquidador–. Y pasamos menos dificultades porque, aun sin ese código REEUP, estábamos reconocidos en el banco y en todos los lugares. Nosotros qué hicimos: rápidamente en el banco lo que cogimos fue la cuenta, nos quedamos con la cuenta de la empresa (el CAI).</p>
<p>—Aquí se ven cosas extraordinarias –dice el técnico–. Un día, habían pasado como tres años, estábamos aquí, liquidando, y se aparece uno, el tipo vino de allá de la Delegación del MINAZ en la provincia, llegó cortando rabos y orejas: “No, porque aquí hubo un mal proceder…”. Yo me quedo mirando y digo: “¿Este tipo estaba en la luna cuando pasó todo esto?”. Si cualquiera sabe que cuando una empresa entra en liquidación es como una comunidad matrimonial de bienes, cuando se disuelve el matrimonio lo que se hace es un inventario, se evalúa cada bien, y después se liquida, y salió medio central y ese tipo se aparece con su “mal proceder”, a los tres años, un tal Revilla, parece que estaba en el cosmos.</p>
<p>—Lo primero que pasó fue que nos encontramos un cuarto del central prestado –dice el Liquidador–. Llegamos el año siguiente a la paralización, aquí había dos tipos y nada más era: “Oye, Juancito, préstale al Liquidador tal motor; oye, Juancito, préstale al Liquidador tal bomba”. Eso fue una operación del MINAZ, dos infelices hombres velando todos los hierros, y metieron una DIP Venezuela que creían que eran los dueños de esto, con un tipo al frente, que era un poderoso. Y cuando me mandaron para acá yo le dije a un infeliz de esos: “Compay, ¿tú tienes guardados los papelitos de todo lo que ha salido de aquí?”. Aquel hombre muy sanamente me dijo: “Yo lo tengo todo, Gaitán”. Entonces cojo y le digo: “¡Tíralo todo en esta mesa!”, y empezamos: “Este fue hacia tal central, este para este…”, y después de aquello a hacer una hoja de trabajo por cada central y hacer precio. Aquí nadie vino a asesorar nada.</p>
<p>—¿A buscarle precio a lo que ya estaba en otro lugar? –le pregunto.</p>
<p>—Pero había que venderlo, si estaba prestado igual teníamos que liquidar. Fue creada la Liquidadora pero quien tenía el poder era la DIP, porque era la que tenía el convenio con Venezuela. Tuve que gritarle cuatro cosas al de la DIP aquí en medio de la plaza, tenía que contar conmigo. Ah, si me botaban, que hiciera lo que quisiera, y éramos buenos compañeros y amigos. Además, se crea la Liquidadora y cuando yo vine la orden era: a la Agropecuaria dale todo lo que quiera; si ya lo tenía, lo único era hacer papeles y decir: “Tú tienes esto y esto, firma aquí”.</p>
<p>—Y el enredo que se formó –dice el técnico–: “¿De quién es esto?”, “No, esto es de esto, esto es del otro”. Caballero, eso no pasa, eso no debe suceder. ¿Una empresa no tiene cuáles son todos sus activos fijos y tangibles?</p>
<p>—Para los centrales que preparaba Venezuela, ¿qué mandaron? –pregunto.</p>
<p>—Para Venezuela… –dice el Liquidador–, si llegaron a ir para Venezuela, fue un montón de cosas: motores, bombas, vigas, tanquería… El país cogía de aquí una parte, de otra Liquidadora otra, y así, se conformaba en un lugar o en el puerto, se arreglaba o pintaba si necesitaba.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<div id="attachment_2111" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2111" class="size-full wp-image-2111" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción.jpg" alt="" width="1000" height="708" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción-300x212.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción-768x544.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción-847x600.jpg 847w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2111" class="wp-caption-text">Foto del central Los Reynaldo en plena molienda, 1973 (Foto: Cortesía de Iris Puente, ex secretaria del Jefe de Producción)</p></div>
<p>Baldomero Casas, gallego muy pillo que hizo fortuna cuando dejó a Cuba sin manteca para después venderla a sobreprecio allá por los años cuarenta del siglo pasado, hizo modificaciones para aumentar la norma potencial del central, igual que sus antecesores, hasta que llegó la Revolución de 1959.</p>
<p>En 1936, se creó en la industria el explosivo sindicato azucarero que se declaró en pie de guerra contra la Alemania nazi. El banquero Jacinto Pedroso, entonces dueño de la fábrica, acababa de desaparecer con todos los salarios, así que la Maisí Sugar Company tomó la hipoteca. Pedroso se la había comprado a Federico Almeida, compadre del presidente de la república y ex mayor general del Ejército Libertador Mario García Menocal, El Mayoral.</p>
<p>Almeida había ocupado las tierras de los campesinos y convertido los cafetales en cañaverales sin fin en cuanto compró las piezas del central a los Bosch, que las tenían desde 1914, cuando desapareció Táxido Bueno, el primero de los dueños que se recuerdan.</p>
<p>En tiempos inmemoriales, en este predio sobre la raspadura de azúcar que era Cuba en medio de la sal, puso la primera piedra alguien de este pueblo. Hoy, sin ingenio de azúcar, tras llorar su fábrica, que era de todos y de nadie, la gente es menos dulce. De todos modos, insepultas, las partes del coloso, el corazón acusador, palpitan.</p>
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		<title>Huele otra vez a melaza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Serrano Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Mar 2017 13:45:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El renacimiento de un central es un suceso raro. En Vertientes, Camagüey, la gente se empeña en devolverle las fuerzas a la fábrica.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hacía nueve años que Vertientes había perdido su olor a melaza, su tinte de bagacillo, el trajín de camiones y trenes cargados de caña. Allí estaba el central, desgreñado por el ciclón Ike y desmembrado por el tiempo y la gente. El basculador silente como las torres les alejó a muchos la idea de que en el medio sur de Camagüey pudiera reaparecer la zafra.</p>
<p>Para la gente, era más creíble ver al central Panamá vendido como chatarra que imaginarlo recuperado. Se les había ido la fe después de que postergaran tantas veces su muy anunciada puesta en marcha. Las habladurías, sobre todo las de los propios azucareros, también habían desplumado ilusiones: “no hay caña”, “dicen que se lo llevan”, “le faltan tantas piezas que eso no arranca más nunca”.</p>
<p>Quizá por eso el día del pitazo inaugural no se armó, como cabía esperar, una ola de pueblo para ver el regreso del humo a la torre, que era como el retorno de la sangre al cuerpo adormecido de Vertientes.</p>
<p>Quizá por esa incredulidad y por la nostalgia, Francisco Casas Fernández, ingeniero químico que laboró allí más de dos décadas, no salió de su vivienda. A solo unos metros de la casona de madera, construida por la compañía norteamericana que fue dueña del central, sonó la fábrica como un gigante que despierta asustado. Paco, como todos le llaman, sonrió, salió al patio, puso la vista en la torre humeante y entró a ayudar a su mujer en la limpieza, como cualquier día.</p>
<p>“Me ofrecieron plaza con flexibilidad de horario y todo, pero estoy viejo para hacer zafra”, dice. Como ve que le creo poco, porque a sus 74 años sigue dando viajes a México para asesorar allá la producción azucarera, confiesa entre dientes su desagrado con algunas reparaciones; regresar sería responsabilizarse de lo que otros (des)hicieron en el central. “Solo me limito a hablar sobre lo que me preguntan”, aclara. Un par de veces lo llamaron para verificar los arreglos en el sistema de distribución proporcional de jugo en los clarificadores, y en el sistema de bombeo de presurización de los condensados. Lo que Paco vio bastó para que decidiera alejarse.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_2092" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2092" class="size-full wp-image-2092" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/casa-de-bagazo.jpg" alt="A la casa de bagazo le sobran huecos y le faltan tejas. La inversión no llegó aquí (Foto: Rogelio Serrano)" width="1000" height="750" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/casa-de-bagazo.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/casa-de-bagazo-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/casa-de-bagazo-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/casa-de-bagazo-800x600.jpg 800w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2092" class="wp-caption-text">A la casa de bagazo le sobran huecos y le faltan tejas. La inversión no llegó aquí (Foto: Rogelio Serrano)</p></div>
<p>Herrumbre. A eso olía el Panamá. En mayo de 2015, al dormido coloso lo despertaron a mandarria limpia “brigadas especializadas de distintas provincias”, según declaró al periódico <em>Adelante</em> Lázaro Álvarez Padilla, delegado del Grupo Empresarial Azucarero AZCUBA en Camagüey. Conducidos por la Empresa de Servicios Técnicos Industriales, estos equipos trajinaron para que en enero de 2017 el central volviera a engullir cañaverales enteros.</p>
<p>Para devolverle el apetito a la fábrica, se le aprobaron 40 millones de pesos a AZCUBA, su mayor inversión de los últimos cinco años en la provincia.</p>
<p>Omar Rodríguez Montenegro se diplomó con honores en Ciencias de la Computación, en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, y fue a dar al también vertientino central Batalla de Las Guásimas, entonces el mayor productor de Camagüey. Desde el desmantelamiento de centrales, Vertientes figura como el territorio más aportador de caña en la provincia, y esto le sirvió de consuelo a Omar. Así y todo, pensó en irse apenas tuviera chance. Sin embargo, el mundo del azúcar atrapa, tanto que su regreso no se hizo esperar cuando en el Panamá le ofrecieron empleo. Ya había pasado poco más de un año desde que cambiara el Batalla por un puesto en ETECSA, y luego este por el trabajo por cuenta propia.</p>
<p>“Hay quien ve el central como una bola de hierro que hace azúcar, un trabajo bruto. Yo he estado cinco años dentro de uno y es una opción como pocas para encontrar tecnología de punta y un oficio cercano a lo aprendido en la universidad. Esta industria reta porque aprendes y haces cosas nuevas. Es un buen empleo para un ingeniero que se valora profesionalmente”.</p>
<p>Pero el ingeniero Omar, en vista de que gana mucho más como obrero mecánico electricista, ocupa esta plaza mientras se desempeña como especialista en informática, y regula autómatas y computadoras.</p>
<p>“Da gracia ver, entre los paneles de modelos rusos, tecnología de punta de China, Japón, Francia o Alemania. Casi todos los sensores son Siemens, que son los mejores. Automatización hay prácticamente en todas las áreas. En los molinos se decide la velocidad con que se va a moler la caña, la planta de vapor tiene computadoras para censar, autómatas, válvulas de seguridad, cinco variadores de frecuencia por cada caldera. La evaporación y la alcalinización están automatizadas, igual que el tacho de cristalizar, y casi están listos cinco tachos más”.</p>
<p>La computación es el campo donde más aportan los jóvenes. Los veteranos se conocen el central de memoria, por eso con un simple circuito electrónico pueden sustituir la función de un autómata de cientos de dólares, pero de PC nada saben.</p>
<p>Los viejos encanecieron aquí. Tienen la vista de águila y el tacto de un ciego. Nada escapa a su inventario. Apenas Jorge Suárez Bibilonia volvió al Panamá, notó el desguace. “El central se ha transformado”, asegura. “Esto no sé si deba decirlo, pero muchas piezas y cables se extraviaron, máquinas y bombas de vacío cedidas a otros ingenios… Cuando empezamos la reparación, hace dos años atrás, nos faltaba de todo. Teníamos seis máquinas de centrífugas de primera, y las perdimos todas. Todo lo viejo que quedó está lleno de adaptaciones. En el área de centrifugado, donde yo trabajo, el equipo de mando es nuevo, pero los motores no se compraron, todos son viejos. Hay dos centrífugas chinas nuevas, muy caras. Cuatro van a ser automáticas digitales y una electrónica automática no digital, y una que se nos queda sin poner porque no tiene cople mecánico, lo prestamos”.</p>
<p>Herrumbre. Es un olor pretérito. Lo podrido vuelve a la vida, y con bríos insólitos. Jorge se levanta a las 6:00 a.m. todos los días porque encuentra en la resurrección del central la de Vertientes. Siente como un símbolo de prosperidad social la renovación del área industrial que estrena placita, tienda de ropa, merendero, minirrestaurante y comedor. Se gana más de 1 000 pesos mensuales, para apuntalar los 340 pesos con que se jubiló allí mismo en 2005. En cada anochecer, cuando llega a su casa, lleva una sola nube negra en la cabeza: faltan jóvenes.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Vertientes nunca hedió a pueblo disecado porque no solo dependía del central. Santiago Rosales Meriño duró 24 años como revisador de carros en el taller ferroviario de la industria. Cuando se detuvieron las moliendas, a él también lo detuvo un tanto la diabetes. Pero había que dar pelea para mantener la casa. Entonces se hizo de una tierrita y empezó a vender lo cultivado. Luego consiguió un molino y se convirtió en el rey de la harina de maíz en Vertientes. Para Santiago, a sus 61 años, el Panamá solo es una añoranza. “Duele recordar aquel abanico de vagones que se formaba en el patio, y ahora verlo casi vacío. ¡Antes se molía en una noche medio millón de arrobas! Han dado mucha pintura, pero nada se compara con aquel hormigueo de 500 vagones que la fábrica se tragaba en 12 horas”.</p>
<p>Ante el paro, los vertientinos estrenaron otros caminos. Santiago menciona una larga lista con nombres y apellidos de trabajadores fallecidos, y mienta con igual facilidad a quienes resolvieron empleos en la empresa arrocera, en la agropecuaria y en el trabajo por cuenta propia, como él.</p>
<p>Mayra de la Cruz Marrero fue la segunda mujer en administrar un central en Cuba, la primera frente a uno de los llamados colosos y la administradora que más tiempo ostentó el cargo en el Panamá. Tampoco regresó, pero es como si siguiera trabajando allá. La recuerdan como gata boca arriba ante las amenazas de desmantelar el central, como la mujer que se ganó con respeto y conocimientos a 900 trabajadores, como la que les trajo en una carta la frase de Fidel con la que todavía se impulsan “seguros vencedores”.</p>
<p>Ella seguirá en el central de por vida. “La gente en la calle me pregunta por la zafra, y por cómo anda el central que no lo oyeron pitar ayer. De allá me vienen a consultar dudas… A veces desde la cama oigo ruidos y sé qué no funciona bien. Me dan ganas de ir a ver. Pero hay que tener paciencia, la mano de obra tiene que aprender, no es cosa de un día. Los hierros tienen que acoplarse. Hay mucha variación en la tecnología, y al pararse el Panamá, no permitió la continuidad de capacitación del personal. Le puede faltar lo que sea, pero es una proeza que haya arrancado después de nueve años sin el mantenimiento debido”.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>A juventud. Contradictoriamente, para Belarmino Abelarde Rubí, tornero B del área de maquinado, el central nunca ha olido a otra cosa. Él empezó en 1967 y se jubiló en 2011. Pero cuando lo llamaron para que volviera a manejar el torno inmenso que desde 1922 funciona en el Panamá, él, como la máquina, rehusado a mermar ante el paso del tiempo, regresó a su puesto de siempre. “Son 70 años, ya no estás pa’ eso”, le amonestan en casa todos los días, pero él no falla. Ya no hace turnos de noches, pero de 11:00 a.m. a 7:00 p.m. está frente al torno.</p>
<p>Belarmino es la bitácora humana del Panamá. Recuerda que a las 10:40 a.m. del 13 de febrero de 1976 llegaron Omar Torrijos y Fidel a la fábrica. Evoca cómo Eusebio Manzano Horta fue un administrador que se sabía el central de memoria y cómo bajo el mandato de Mayra de la Cruz fueron ejemplo nacional de industria detenida –todo se conservó en espera de la caña–. “Ella siempre veía dónde faltaba un poquito, nos enseñó a trabajar. Es sencilla, humana, y como ingeniera era escuchada hasta por los altos dirigentes”.</p>
<p>Valentín Antúnez Quintero entró como auxiliar en la casa de calderas en 1966 y jamás se ha marchado. Tiene 67 años y es, desde hace décadas, operador de la planta eléctrica. Su apego por la fábrica lo lleva al discurso claro del que ama mucho: “Tenemos problema con la gente joven. A la juventud no le agrada este trabajo, porque –enfatiza con una seña de dedos– se paga poco. Siendo ayudantes en otras áreas de producción, salen mejor que trabajando aquí. Ahora mismo somos dos compañeros <em>batíos</em> aquí doce horas. Sale uno y entra el otro. Nadie quiere esto. Voy a estar mientras tenga fuerza y voluntad”.</p>
<p>El Panamá era un monumento junto a la carretera, el recuerdo del auge de su natal Vertientes, el centro de trabajo de otros. Un lugar ajeno a Jorge Pérez Almaguer. Él laboraba en el Batalla desde que se graduó. Pero a los 25 años de enfrentarse a los más de 30 kilómetros de carretera cada vez más parecidos a cráteres lunares, Jorge se salvó de los viajes. Ahora es jefe de brigada de los tachos de la revivida imagen del progreso local. “Tenemos que capacitar el personal, estamos enredados con eso. Somos nueve trabajadores aquí arriba. Nos faltan dos para estar completos: un ayudante y una técnica”.</p>
<p>Y él hace lo suyo: “Aquí tengo un muchacho con interés que estoy preparando para puntista. Me gusta enseñar para que otros ejerzan bien el oficio. Ahora mismo tenía aquí un grupo del politécnico. Están aprendiendo para futuros puntistas, jefe de paño, tanquero, operador de centrífuga”.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_2096" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2096" class="size-full wp-image-2096" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/tacho-detalle.jpg" alt="Javier Rivero, aprendiz de puntista (Foto: Rogelio Serrano)" width="1000" height="750" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/tacho-detalle.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/tacho-detalle-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/tacho-detalle-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/tacho-detalle-800x600.jpg 800w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2096" class="wp-caption-text">Javier Rivero, aprendiz de puntista (Foto: Rogelio Serrano)</p></div>
<p>Osadía. Se siente el olor por todo el central. Huesos viejos y novatos entre hierros antiguos y nuevos. Puro contraste. En cada rotura, abuelos y nietos quiebran las brechas de la edad y se abrazan y crecen. El Panamá tiene el raro y benigno aroma de la audacia de los empeñados en insuflarle vida al pueblo.</p>
<p>Javier Rivero Vigoa tiene 25 años y más tatuajes que abriles. Es el pupilo de Jorge Pérez Almaguer. Estudió Contabilidad, no ejerció, se luchó lo suyo por la calle y cuando buscaron gente para el central aprendió a ser ayudante del área de los tachos. Pero la mirada del muchacho brilla más que sus pendientes cuando le hablan de cómo se fabrica el azúcar. ¡Eso es lo que buscan los que saben para elegir al discípulo perfecto! “Ya he aprendido a llevar la masa, las válvulas de vacío y de vapor”, dice Javier. “Si estoy haciendo una semilla, velo para que no quede ni muy líquida ni tampoco recogida. La miro en el cristal contra el bombillo, y así sé. El puntista viejo nada más de tocarla sabe cómo está”.</p>
<p>¿Faltarle arrojo para subir y bajar por una fábrica que ruge más que una manada de leones? Nada de eso. Cristian Corona González dejó atrás el consumarse como mecánico automotriz. Ahora se desenvuelve solo por seis áreas del central llenas de ruedas dentadas y abrasadoras como el mismo infierno. Allí anda como pez en el agua con sus 17 años, en espera del llamado al Servicio Militar. “Me enteré por la radio y vine para trabajar en el área de auxiliar de mecánico de molino, pero un vecino me metió en la cabeza lo de ser instrumentista y aquí estoy. Cuido que las válvulas automáticas y los variadores de frecuencia trabajen bien”, explica, y dice que ahora sigue los pasos de su abuelo, que también trabajó en el central.</p>
<p>Mano de obra inexperta como este muchacho fue la que permitió la arrancada oficial del día 4 de febrero a las 7:00 p.m. El bullicio de decenas de trabajadores fue la exigua competencia del pito redimido que, según la gente del pueblo, ahora suena más bajo.</p>
<p>Esa histórica noche de sábado, Roiler Fajardo Calderón estaba de fiesta. Quizá no era la mejor forma de encarar el desempleo, pero al menos el baile le aliviaba el estrés. Con 21 años y recién concluido el servicio social como técnico medio en Agronomía, había quedado vacante en el organopónico municipal. “No sabía adónde ir, y un amigo me habló de la posibilidad en el central. Empecé hoy. Entré en el laboratorio, tomando muestras. Creo que estar aquí es una buena opción hasta que aparezca algo en lo que yo estudié. Claro, si me gusta aquí, me quedo, pero quisiera seguir con mi vocación”.</p>
<p>Wilfredo Fuentes Riverón es tímido para grabadoras, pero espabilado para el trabajo. No puede ser de otra forma si labora en uno de los lugares más agitados del central: la casa de bagazo. Allí, la caña despulpada vuela como copos de nieve cuando los <em>bulldozer</em> desarman la montaña de bagazo y la echan sobre esteras para alimentar las calderas. En medio de aquel ajetreo constante, con gorra, gafas y nasobuco, trabaja hace unos meses como operador el muchacho de 19 años. La reducción de plantilla en la cochiquera estatal donde se ganaba la vida hizo que viera en el central una opción viable. “Dicen que esto aquí es de madre, pero a mí me gusta. Lo único malo es que el bagazo te puede caer en los ojos, pero nos dieron medios de protección. Lo otro es tener cuidado de no caerse por las esteras”.</p>
<p>Los ancianos no recuerdan haber visto ni escuchado que tanta juventud moviera al central. No faltan las alegrías, pero las preocupaciones son diarias a causa de los novatos. No pasa un día sin que emerjan anécdotas del pasado, remembranzas de proezas de moliendas, evocaciones de bragados difuntos. En las noches, es normal que se recuerden a todos: los alegres, los resabiosos, los brutos, los ocurrentes… A diario en el Panamá llueven las comparaciones.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Historia. Se respira por doquier. Es un olor lógico en el Panamá, que está próximo a cumplir 100 años. En 1918 se inició su construcción en los terrenos de la finca Guasimal, perteneciente al Hato de Jimaguayú. Bautizado como central Vertientes en 1921, se le hizo la zafra de prueba. Los dueños de esta industria eran propietarios de otras como Agramonte y Estrella, además de poseer un embarcadero en la costa sur y grandes extensiones de tierra en este territorio.</p>
<p>Terminada la crisis de 1920-1921, el central Vertientes, como otras fábricas levantadas por capital doméstico, pasó a manos de la General Sugar Co., de nacionalidad americana y controlada a su vez por el gran monopolio financiero del National City Bank of New York. De la estrategia comercial surgió la Compañía Vertientes S.A., como parte del sistema de subsidiarias de este monopolio azucarero.</p>
<p>La rapidez en el crecimiento de las moliendas signó a la industria desde sus inicios. “El central Vertientes está considerado como uno de los mejores de la República de Cuba”, aseguraba con orgullo el periódico local <em>La Voz</em> en 1937. La publicación solo repetía los criterios manejados en círculos de los especialistas del azúcar, que felicitaban además la buena conducción del administrador de entonces, Mr. G. H. Bienvenú.</p>
<p>Así lo heredó la Revolución, como una joya del azúcar cubana. El pueblo dispuso la fisonomía acorde con el clásico enclave azucarero de los norteamericanos en Cuba, una suerte de pueblo del Oeste, con una calle principal que remata en el central. Las iglesias protestantes alzaron templos primero que la Católica, todas a un lado y otro de la vía cardinal. Y allá, en las inmediaciones del ingenio, detrás de un portón custodiado y una cerca, estaban las casonas de los empleados; frente a ellas, jardines y espacios para picnics y juego de los niños, y una calle escoltada por dos hileras de palmas reales. De Las Villas y Oriente emigraron muchos para emplearse en las inmensas zafras. Vertientes se ensanchó gracias al central.</p>
<p>A sabiendas de esto, entre 1965 y 1970, mediante un proceso inversionista, se amplió y modernizó el central Vertientes, que en muestra de solidaridad latinoamericana se llamaría Panamá.</p>
<p>Las otras remodelaciones de envergadura las recuerda Paco como si fuera ahora mismo. Era 2003 y él estaba al frente del reto: la industria altamente consumidora de energía tenía que convertirse en una que tributara energía eléctrica. Tan bien le salió el tiro a Paco que el Panamá se volvió el de mayor aporte energético del país, con un promedio de 5 megawatts por hora en molienda. “Se achicó el ingenio y el equipamiento se reutilizó para poder lograr alta eficiencia energética y un mínimo de vapor en el ingenio. Los niveles bajaron de un 48 % a un 38 % de vapor en caña. Además, se remodeló la planta eléctrica, de un tándem de vapor de turbinas muy consumidoras se pusieron motores eléctricos”.</p>
<p>La modernidad le supo a la industria a diabetes y cortadura. Primero le amputaron un tándem, después los cañaverales, y así la privaron de zafras durante siete años. En 2003 volvió. Tuvo un par de moliendas y se detuvo por completo en 2008. En la espera por las nuevas contiendas, le recortaron las torres. El gigante tendrá que crecerse ahora más allá de su rebajada talla.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Caña. La fragancia se impregna en el pueblo como si las casas, parques y calles fueran de esponja y en el aire no hubiera otro olor. La razón de ser de un central es la gramínea. Sin ella los hierros se tornan silencio y penuria.</p>
<p>Lo primero en rescatar fue la caña. Todavía quedan muchos antiguos cañaverales cubiertos de marabú, y otros menos olvidados están medio vacíos, pero “las 13 000 hectáreas sembradas aseguran 90 días de zafra”, según Alberto Dones Rodríguez, director de la Unidad Básica Empresarial de Atención a Productores Cañeros. “Este año –afirma–, debemos plantar 4 000 hectáreas más, para cumplir con el plan de llegar a 2020 con 23 000 hectáreas, de eso depende que aquí se monte una planta bioeléctrica”.</p>
<p>Comunidades dependientes del cultivo que se fueron vaciando de gente ante el azote del olvido hoy resurgen. Manantiales, Palmarito, Capitán, respiran hoy con desahogo.</p>
<p>“Tenemos variedades cubanas resistentes y bien atendidas. Ahora el desafío está en estabilizar el ingenio, para conformar una composición de la cosecha de manera escalonada, como debe ser. Disponemos de alrededor de 120 000 toneladas que se quedaron del año pasado; no podemos arrancar el año que viene con caña requedada”, explica Alberto Dones.</p>
<p>La inversión en la maquinaria agrícola aseguró el primer paso de avance, el del campo. Alberto cuenta las máquinas nuevas como si enumerara diamantes: cosechadoras de esteras, tractores chinos de marca YTO –¡una maravilla!–, camiones chinos Sinotruk, todo lo necesario para cambiar la filosofía de alimentación del central. La extensa red ferroviaria y el complejo de centros de acopio son cosas del pasado. Ahora el tiro directo del campo al central se asegura en un 70 %.</p>
<p>En el periódico <em>Granma</em>, Edilberto Quesada Pedroso, máximo dirigente del Partido Comunista de Cuba en el municipio, sabedor de que sumados los aportes del Panamá y el Batalla tiene casi la mitad de la producción azucarera de la provincia en su terruño, declara sobre el “seguimiento, control, exigencia y sincronización exacta de todas las fuerzas que intervienen en la zafra, desde el cañaveral hasta la industria, para lograr moliendas altas y estables”.</p>
<p>Nada dice sobre los agujereados caminos ahora con más camiones, ni de los endebles puentes de la carretera que enlaza Vertientes con Camagüey, que soporta toda la materia prima extraída del polo cañero llamado “Las 500”. Ni él ni nadie declaran nada sobre el asunto.</p>
<p>Nadie declara sobre el desplome del robo de traviesas del ferrocarril, que terminaron en zapatas de casas. Hay mutis sobre los rieles sustraídos de la más extensa red ferroviaria del país, que fueron a dar a vaquerías y cercas.</p>
<p>Hay baches también en las declaraciones oficiales.</p>
<p>De los hoyos en las carreteras bien sabe Leandro Vera Hurtado, un chofer de 28 años que lleva cinco zafras en el Panamá. “Estos caballos tienen fuerza –habla señalando su camión chino CNHTC–. Al remolque hay que estarlo vigilando porque lo vira y sigue como si nada, y más con el bacherío de los caminos. Es un peligro en la carretera. Hasta ahora no ha pasado nada, pero ¡son 60 toneladas si ando bien cargado!”.</p>
<p>Antes la caña local iba a dar a otros centrales. Ahora solo sale de Vertientes cuando su fábrica se rompe. Cada vez que eso ocurre, los choferes como Leandro quisieran gritar, porque “tú llegas aquí y descargas enseguida, en el Batalla es cola y cola… Te metes dos horas y nada”.</p>
<p>Este chofer con diez años de experiencia se ganó en la zafra pasada, cuando trasladó un millón de arrobas de caña, el camión moderno que ahora muestra. Quiere repetir la proeza. De 7:00 a.m. a 7:00 p.m. no para. Es joven y puede conseguir empleo en otros sitios. Tira caña porque le gusta y porque el mes pasado ganó más de 2 000 pesos haciendo lo que quiere.</p>
<p>La nueva forma de alimentar al coloso le agrada a Francisco Rojas Lupetey. El jefe de brigada del ampliado basculador ha estado en esta parte del central 34 años. “Somos once trabajadores, todo está cubierto. Eso me hace tan feliz como la modernización del basculador, que ahora se traga el camión y sus dos remolques a la vez. El tiro directo da más caña. Desde que se corta hasta que llega aquí pasa alrededor de una hora. Con el centro de acopio demoraba por lo menos doce horas”.</p>
<p>Francisco lamenta que en la inversión no incluyeran un güinche, pues el que hoy hala los vagones para poderlos bascular es de principios del siglo XX, cuando la primera zafra del central. Pero el güinche arcaico no es lo único que disgusta a Francisco. Casi a diario, el basculador bosteza y bosteza por falta de caña, y la industria se detiene hasta 12 horas. ¡Medio día! No porque se demoren en cortarla ni porque falle el transporte. Es que no hay suficiente caña, por más que aseguren lo contrario todas las voces oficiales, esas que no acaban de coordinar bien la alimentación estable del reavivado Panamá.</p>
<p>¿Cómo creer, entonces, en la recuperación de cañaverales? ¿Cómo esperar que, antes de que lleguen las lluvias, las más de 3 000 toneladas conseguidas se conviertan en las más de 30 000 planificadas?</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_2091" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2091" class="size-full wp-image-2091" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/basculador-vagón.jpg" alt="El renovado basculador traga 60 toneladas a la vez, ¡lástima que bostece a diario por falta de caña! (Foto: Rogelio Serrano)" width="1000" height="750" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/basculador-vagón.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/basculador-vagón-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/basculador-vagón-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/basculador-vagón-800x600.jpg 800w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2091" class="wp-caption-text">El renovado basculador traga 60 toneladas a la vez, ¡lástima que bostece a diario por falta de caña! (Foto: Rogelio Serrano)</p></div>
<p>Pasó casi una década para que Vertientes retomara su olor a melaza. La gente sigue hoy un tanto incrédula cuando ve la torre que echa humo un día y otro no, y que los camiones desfilan para el Batalla.</p>
<p>Pero allí está el central con su calvicie resuelta, su pintura restituida y el bagacillo.</p>
<p>—¡Ay!, este bagacillo insoportable… ¡Mira cómo me tiene el portal de negro!</p>
<p>—Amparito, y así tú matas a mi esposo y dice que con el arreglo que le hicieron al central ya no bota bagacillo. Que un amigo de él que trabaja allá se lo dijo.</p>
<p>—Ahora es peor que antes, porque aquel era largo y más grande. Este es un polvillo que se mete dondequiera. Las ventanas me las tiene negras en churre. Por eso tengo que vivir encerrada.</p>
<p>Las amas de casa no coinciden con los ingenieros. Pero el central vuelve a estar de boca en boca. “El central es la vida de este pueblo”, es una frase que se repite dentro y fuera de la industria, y se traduce más allá de cualquier romanticismo costumbrista. Los cocheros esperan el regreso de la miel de purga para sus caballos; los soldadores, la venida de láminas metálicas; los transportistas, el combustible de contrabando. De una fábrica puede vivir un pueblo, eso es sabido. Mientras la torre del Panamá no guarde silencio, habrá quien emplume ilusiones en Vertientes.</p>
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		<title>Los días del azúcar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Geisy Guia Delis]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Mar 2017 14:45:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El mayor ingenio del Occidente de Cuba ha sido durante años el peor de la zafra.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Después de la reestructuración azucarera, a Mayabeque le quedaron en pie tres centrales listos para la zafra. Podían haber sido menos, porque la eficiencia estaba entre los criterios a tener en cuenta para decidir cuáles seguirían moliendo y cuáles no. Desde antes de la paralización, el Complejo Agroindustrial (CAI) Héctor Molina daba señales de bajo rendimiento. Sin embargo, continuó con vida gracias –entre otras razones– al adecuado funcionamiento de la red asociada a la producción de azúcar, que incluye tierras cultivables cercanas al central, mano de obra disponible e infraestructura para la transportación.</p>
<p>Para San Nicolás de Bari, eso fue lo mejor que pudo haber pasado.</p>
<p>Juan Nieves lo sabe muy bien. A él le tocó extraer piezas del ingenio Cuba Libre, ubicado en Matanzas, “un ingenio grandísimo”, “un ingenio poderoso, que hubo que parar”. Más de 30 años en la industria dedicado a rearmar el Héctor Molina pieza por pieza, tras el desgaste de cada molienda, hacen de Juan Nieves un hombre metódico, minucioso, sensible cuando de maquinarias azucareras se trata. En 2003, cuando extraía para el Héctor Molina los fragmentos del ingenio Cuba Libre que otros trabajadores habían cuidado durante décadas, Juan sintió que estaba haciendo de buitre. Así pasó también con los restos del central Perú en Las Tunas, “un ingenio checoslovaco, muy bueno”. Todo lo que no se vendió ni sirvió como repuesto fue convertido en chatarra.</p>
<p>“La tristeza que hay en aquellos lugares es tremenda”, dice Juan Nieves refiriéndose a los bateyes que rodean los centrales demolidos. “Si vas, verás miseria y desolación. No creo que haya desconfianza en la Revolución, pero sí hay penurias. De las comodidades que brindaba la industria azucarera, allí ya no queda nada”.</p>
<p>Si el Héctor Molina se nutrió de los despojos de otros centrales, si fue elegido “desde arriba” para que sobreviviera en la reestructuración, su historia más reciente debería ser el testimonio feliz de la eficiencia y la productividad. Sin embargo, el mayor ingenio de la región, el Coloso de Occidente, ha sido durante años el peor de la zafra. Esta condición la ha ganado por incumplir constantemente los planes de azúcar que se ha propuesto, por ser un consumidor excesivo de agua y energía eléctrica, por las persistentes roturas en los equipamientos –incluso en los que se han beneficiado con nuevas inversiones–, que a su vez generan paros no previstos y causan importantes pérdidas económicas. Los constantes cambios en el consejo directivo y unos bajos índices de rendimiento industrial y de la explotación de las capacidades productivas son los principales indicadores de su ineficiencia.</p>
<p>A ninguno de los que trabaja en el central le molesta el hollín de las chimeneas, aunque el piso de la casa se ponga hecho un asco y haya que quitar las sábanas blancas de la tendedera si cambia la dirección del viento. Tampoco hastía, en la madrugada, el zumbido constante del gigante azucarero, ni los olores nauseabundos del guarapo y la melaza. Nada de esto importa en San Nicolás de Bari. El central es la principal fuente de empleo del municipio. La mayoría de los trabajadores del Consejo dependen de que haya zafra, de que el Héctor Molina Riaño vuelva a alcanzar su capacidad de molida potencial de 6 900 toneladas de caña diarias y a producir alrededor de 780 toneladas de azúcar. Todos saben que si el central se para, si lo cierran por ineficiente, habrá un batey fantasma, <a href="https://www.periodismodebarrio.org/2017/02/13/la-invencion-de-la-soledad/">como pasó con las villas que rodeaban cada uno de los ingenios que vivieron la reestructuración</a>. Sin azúcar, dicen, no hay país.</p>
<p>Menos aún pueblo.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Desde que el ingenio fue creado en 1850, los colonos construyeron alrededor un sistema de riego para mojar la caña con los primeros residuales. En el campo aún pueden verse algunas de esas zanjas hechas de ladrillos para desviar los líquidos hacia la costa sur, a dos kilómetros del batey. Al principio fueron solo los desechos de la molienda pero luego al central se le añadió una destilería y esa agua fue saliendo con mosto y vinazas, sustancias altamente corrosivas capaces de elevar el nivel de acidez en los suelos y de dañar los cultivos. Con los años, ante la posibilidad de que las aguas contuvieran metales pesados nocivos para la salud humana, la delegación del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) del municipio prohibió el empleo de esos residuales para el riego.</p>
<p>“Yo llevo aquí 15 años y todo este tiempo hemos utilizados los residuales”, admite Rodobaldo León Aguilar, presidente de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Cuba-Nicaragua. “Los estamos utilizando prácticamente sin preparación, crudos, de uno salir por aquí y por allá y regar caña con ellos. Antes de que yo entrara, esta cooperativa los empleaba en las siembras de arroz y en los demás cultivos. Sé que es un riesgo grave. Los utilizo porque no me cuestan nada. En lo único que gasto es en el hombre que yo pongo a regar la tierra y en los equipos para preparar el terreno. La verdad, es un tremendo fertilizante: tiene fósforo, tiene potasio y nutrientes de la misma planta de caña que luego se recuperan”.</p>
<p>Es tan potente esa agua que todos los campesinos de la zona reconocen que no se le pueden dar dos riegos seguidos a una misma plantación de caña. “Tendrías que dar uno y después a los tres meses darle otro, porque es mucho. Es como si ahora a ti te cogieran y te dieran bistec de res en el desayuno, el almuerzo y la comida”.</p>
<p>Durante años, este método del exceso les ha permitido –a la CPA Cuba-Nicaragua y a otras cooperativas que han hecho canales para desviar el residual del central– ahorrar dinero en la producción de la misma caña que va al Héctor Molina. Especialmente cuando la Cuba-Nicaragua se ha propuesto una producción de 47 000 toneladas al año. Ante cifras tan altas, siempre se busca el modo de que los resultados estén a más corto plazo. En consecuencia, mucha urea y fertilizantes químicos.</p>
<p>En su <a href="http://www.revistaccuba.cu/index.php/acc/article/view/468" target="_blank" rel="noopener">tesis</a> <a href="http://www.revistaccuba.cu/index.php/acc/article/view/468" target="_blank" rel="noopener">“Buenos suelos en extinción: la degradación de los suelos ferralíticos rojos en el occidente de Cuba”</a> (2014), el Dr. Cs. José M. Febles González destaca que durante los últimos 30 años los suelos ferralíticos rojos de Mayabeque y Artemisa presentan una degradación intensa y pueden llegar a la extinción. “No obstante, la literatura especializada continúa clasificando a este tipo de suelo como ‘no erosionados’, lo cual ha propiciado la degradación secuencial de los suelos más productivos de Cuba”. La investigación también afirma que en nuestro país no se han definido los valores de referencia de contaminación por metales pesados para este tipo de suelos, lo cual imposibilita “relacionar los procesos de erosión, sedimentación y contaminación de la cobertura ferralítica”.</p>
<p>A los guajiros de aquí parece importarles bien poco que el suelo en torno al central sea ferralítico rojo, y la palabra “degradación” no los desvela. De momento, les basta con saber que la caña sigue brotando de la tierra sin demandar muchos cuidados. “La caña tiene eso: tú coges un campo, lo preparas, lo fertilizas y lo siembras y ese mismo año te va a dar 100 toneladas por hectárea”, asegura Rodobaldo.</p>
<p>El propio Rodobaldo reconoce que ellos han tenido la voluntad de utilizar abonos orgánicos como la cachaza, que es otro residual de la zafra. Sin embargo, de hacerlo tendría pérdidas porque la cachaza le parece muy cara y no tiene cómo regarla en el campo.</p>
<p>—La CPA tiene 1 045 hectáreas, y como este residual tiene tan poca concentración hay que aplicar una gran cantidad.</p>
<p>—¿En cuánto sale una tonelada de cachaza? –le pregunto.</p>
<p>—Está sobre los cuarenta y tantos pesos. Un camión sale en doscientos pesos.</p>
<p>Esto significa que con una tonelada se pueden fertilizar, cuando más, uno o dos cordeles cuadrados, y una hectárea tiene 24 cordeles. Con un saco de urea de 55 kilogramos, que les sale a 66 pesos, se fertilizan dos hectáreas. Antes, la cachaza del central era gratis, pero ahora la gente del tabaco y del cítrico compra un poco para sus plantaciones. Si Rodobaldo quiere usarla también, debe pagarla. Para él, lo ideal sería que cuando el central termine de hacer sus lagunas de oxidación, le pongan una instalación directa a sus plantaciones. Según sus cálculos, con una tubería de 90 litros por segundo podría utilizar casi 30 000 litros de agua a diario. “Si se aprovechara bien el residual –dice–, toda esa caña de los alrededores se montaría en más de 100 toneladas por hectárea”.</p>
<p>Gratis.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_2083" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2083" class="size-full wp-image-2083" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/zafra-central-chimenea.jpg" alt="Central Héctor Molina (Foto: Geisy Guia Delis)" width="1000" height="563" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/zafra-central-chimenea.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/zafra-central-chimenea-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/zafra-central-chimenea-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2083" class="wp-caption-text">Central Héctor Molina (Foto: Geisy Guia Delis)</p></div>
<p>Ana Julia Castillo, jefa de sección de la delegación del CITMA en el municipio, se muestra prudente en los detalles, como si una declaración pudiera comprometer la venta del azúcar, que de alcanzar altos niveles de pureza se destinaría a la exportación. Puede entenderse, como ha debido entender el grupo azucarero AZCUBA, que los consumidores foráneos se preocupen cada vez más por verificar las prácticas de las empresas que producen sus alimentos. De ahí que no resulte extraño el esfuerzo del país por avalar la inocuidad de los alimentos destinados a la exportación. En un contexto en el que han aumentado las normas sanitarias y de control en los mercados europeos y asiáticos, la producción del azúcar en Cuba se propone cumplir con el sistema de análisis de riesgos y de los puntos críticos de control HACCP. Esta regulación, adoptada recientemente en nuestro país, facilita la inspección por parte de las autoridades extranjeras para la certificación de los productos y favorece el comercio internacional. Es un sistema que promueve la FAO y que exigen los grandes compradores a los países exportadores para garantizar “productos más limpios”.</p>
<p>La producción del Molina es la de mayor volumen en el territorio. Si incumple el plan de entrega de azúcar para los días de zafra, la provincia Mayabeque se vuelve “incumplidora” en un sistema de emulación nacional. Por esta razón, al central lo atienden directamente el Ministerio del CITMA y su delegación provincial. Ana Julia solo se encarga de hacer cumplir sus disposiciones. “La industria vierte cada año cerca de 60 toneladas de ácido clorhídrico, sosa cáustica y otros elementos altamente agresivos a la costa”, dice. “Como consecuencia de ese vertimiento constante, se ha producido una alteración en la diversidad biológica. Han desaparecido algunas especies de la flora, como el patabán y la llana, árboles maderables protectores del litoral, y la línea costera ha retrocedido alrededor de 15 metros”.</p>
<p>Desde el siglo XIX, se han utilizado las aguas residuales sin un tratamiento adecuado. Hoy las zafras son de 80 o 90 días, pero una década atrás duraban hasta seis meses. Las medidas orientadas para reducir la carga contaminante del central comenzaron a implementarse en 2015 e incluyen la construcción de dos lagunas de oxidación con capacidad estimada para casi un millón de metros cúbicos de agua, un sistema de fertirriego, trampas de grasa y la gestión de los residuales sólidos como el bagazo. En las lagunas deben sedimentarse los materiales pesados, de manera que el agua, al pasar al riego, se encuentre apta para ser utilizada en los sembrados.</p>
<p>Ahora se les están realizando monitoreos a los desechos líquidos, para determinar los elementos con los que están saliendo al medioambiente. Días antes de comenzar la zafra chica, en noviembre de 2016, la obra aún no estaba terminada. “Si no hay una respuesta a los residuales, no va a moler el central”, dijo Ana Julia en aquella ocasión. En realidad, la decisión no le corresponde al CITMA del municipio, sino al CITMA y al Gobierno provinciales, o al Consejo de Estado. A las cinco de la mañana del 15 de noviembre de 2016, el Héctor Molina hizo pitar sus calderas para anunciar el inicio de la molienda. Los residuales eran, entonces, un problema menor en comparación con el costo de tener un central paralizado un día entero.</p>
<p>En cada municipio hay un Centro de Higiene y Epidemiología. Pastor Soto Fernández es uno de los especialistas de esa institución en San Nicolás de Bari. Según me explica, para ellos es casi imposible monitorear desde una mirada integradora la actividad del central. Resulta incluso más difícil realizar un estudio preventivo y sistemático de las fuentes contaminantes, ya que no cuentan con ningún equipo de medición. No pueden medir la calidad del aire, los niveles de ruido ambiental, la contaminación de los suelos ni la agresividad de los residuales. Si instituciones provinciales y nacionales han realizado mediciones en el Héctor Molina, en el Centro de Higiene y Epidemiología no están los resultados: a veces no los piden y otras no se los dan. Ellos ni son contraparte del CITMA, ni tienen cómo supervisar las acciones de la única industria del territorio para evitar brotes higiénico-epidemiológicos. Sí se encargan, no obstante, de la detección de ácaros para garantizar la calidad del azúcar que se exporta.</p>
<p>El propio central no tiene conocimiento de en qué medida está reduciendo su carga contaminante, según me explica su director, el ingeniero químico Alexis Rodríguez. Las pruebas de laboratorio se realizan durante la zafra para controlar que los valores de acidez de las aguas se mantengan en un nivel que les permita seguir produciendo. Fuera de las aguas no se mide otra cosa. Se espera que con las lagunas de oxidación y la construcción del fertirriego haya un resultado evidente a corto plazo, pero sin los números no hay cómo atestiguarlo. Alexis reconoce que “con las políticas medioambientales están aún en pañales”. Lleva dos años dirigiendo el Héctor Molina y no ignora que se encuentra en el peor ingenio de Cuba, “o en el que dicen que es el peor”.</p>
<p>“Primero hay que demostrar que hace azúcar –dice Alexis–. Luego hay que desarrollar una cultura por el ahorro de los portadores energéticos y el agua. A eso tiene que estar encaminado el sistema. Y a que la gente se sienta contenta”.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>“Los ingenios cubanos tienen algo muy peculiar, y es que las personas que se emplean en el ingenio lo aman como si fuera propio”, dice Juan Nieves, que habla de la fábrica y de su vida como si fueran una misma cosa. “Yo vivo aquí, y aquí me casé una primera vez y tuve un hijo. Luego me volví a casar y tuve dos más. Desgraciadamente, ellos no han querido estar en el ingenio. Han buscado otros caminos por temor a la inestabilidad de la industria azucarera”.</p>
<p><a href="https://www.periodismodebarrio.org/2017/01/20/la-vida-despues-de-la-ultima-zafra/">El paro de unos 13 centrales azucareros en la provincia</a> y la reducción de los días de zafra, en los cuales se paga más, arrojaron un velo de incertidumbre sobre San Nicolás de Bari. Muchos profesionales con años de experiencia en el sector no se quedaron para ver el destino del Molina. “Este ingenio se depauperó”, comenta Alexis. “La gente se depauperó. Emigraron, se fueron, y los que entraron no sabían nada de ingenios. Y ahora hay que trabajar con esos que entraron para convertirlos en azucareros”.</p>
<p>A principios de noviembre, en el central se contaba con 623 trabajadores para hacer la zafra, pero en el sistema, que incluye a quienes siembran la caña, la cortan, la alzan y la trasladan, se contabilizaban unas 2 300 o 2 500 personas. Para finales de febrero de 2017, de acuerdo con los reportes de zafra, el central ya tenía 18 000 toneladas de azúcar de atraso en el plan pactado para esta contienda, que termina en abril. Es una cifra que puede incrementarse si hay roturas, o si el más pequeño eslabón de la cadena falla.</p>
<p>“Aquí se trabajan varias operaciones mecánicas, químicas, energéticas y eléctricas”, dice Alexis. “Tenemos una termoeléctrica. Cada maza de molienda pesa 22 toneladas. Para mí no hay fábrica tan compleja como un ingenio”. Su aspiración incluye entregar entre 20 y 30 megawatts por hora al Sistema Electroenergético Nacional si se materializa, en unos diez años, la bioeléctrica que han solicitado. “Esas plantas alemanas suponen un ahorro tremendo, porque con diez centrales se sustituiría una termoeléctrica, que sí consume combustible fósil”.</p>
<p>Antes de dirigir el central, Alexis estuvo al frente de la destilería. En 2016, ganó un premio del CITMA por crear una planta que aprovecha los residuales de esta industria en la elaboración de alimentos para cerdos. Asegura tener una vocación hacia la preservación del medioambiente y tiene una teoría interesante sobre la planta de caña como almacén vivo de agua en tiempo de sequía. Por ahora, sin embargo, se le presentan desafíos más urgentes: “Tengo que hacer azúcar para hacer dinero”.</p>
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		<title>El batey que parece domingo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Alejandro Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Feb 2017 01:34:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A punto de mediodía, el batey de Zaza se rinde.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>“Esto es punto muerto aquí, mijo. Zona muerta”, espetó la vieja que cargaba el saco. “Todo es una bola de marabú. Las áreas de caña las cogieron paʼ nada”, y apuntó a los antiguos campos con guardarraya, donde hay maleza, y dibujó en el cielo el humo de las chimeneas del Central Benito Juárez.</p>
<p>La vieja que cargaba el saco venía desde la feria dominical de Placetas en un coche de caballos que, ante la falta de otro transporte y ante la pena o ambición del cochero, sobrepasaba el límite permitido de carga. La vieja, lo mismo que otras tres mil almas que viven alrededor de Zaza, según el diagnóstico del Consejo Popular, tiene que ir los domingos hasta la cabecera municipal a comprar viandas, vegetales, hortalizas, especias, todo lo que –oh, paradoja– se cultiva en los campos (como Zaza) y se vende en las ciudades (como Placetas).</p>
<p>“La única esperanza de este municipio es que está en el paso paʼ la cayería”, se consuela la vieja antes de apearse a la entrada del batey. “Yo le insistí a mi hijo paʼ que llenara las planillas. Le dije: ‘Oye, vete paʼllá, que aquí sí no vas a hacer nadaʼ. Aquí no hay empleo. Desde la Colonia la vida de Placetas eran los tres centrales. Y los entregaron en bandeja de plata”.</p>
<p>Se apea, sin pena propia, sin conmiseración de los demás, porque la fatalidad diaria no entristece a nadie. Carga el saco de las provisiones. Se asoma a su casa y deja en el coche a la maestra, a un par de jóvenes, a los periodistas y al cochero. La calesa colonial llega hasta el corazón del batey, que es el corazón del descampado y del óxido. La calle principal va hasta la iglesia, pasa el parque, pasa la escuela, pasa un par de merenderos particulares, pasa las ruinas del Central Benito Juárez y deja a un lado el barracón, deja a un lado el alambique, deja a un lado la vida íntima de la gente que sobrevivió al ingenio.</p>
<p>Y los viajeros no pueden ver las antiguas líneas de ferrocarril que bifurcaban el batey ni los bocoyes de azúcar ni los trenes ni las plantaciones. No pueden escuchar las campanas ni apenarse por el yugo de los esclavos ni asistir a las populosas misas que organizaba el negrero Julián de Zulueta y Amondo.</p>
<p>Ahora pueden imaginarse los pitazos del Central Benito Juárez, pueden saborear en el aire el ácido aroma de la caña madura, pueden tocar incluso los granos de azúcar crudo, recién salidos de la maquinaria que depura y transforma la gramínea. Y pueden ver, a la escala de sus recuerdos, la separación definitiva de las piezas, el reciclaje de la chatarra, la oxidación de los metales, la descontaminación del cielo y la parálisis del tiempo.</p>
<p>“Ya la gente se acostumbró, pero los primeros años que hicieron este desbarajuste los obreros del Central estaban muy disgustados. Incluso, los jubilados decían: ‘Mira como dejamos estoʼ. Veían destruir aquello así…”.</p>
<p>—¿Y sufrían?</p>
<p>—Sufrían –había respondido la vieja del saco antes de meterse en su casa–. Es que aquí había muchos puestecitos de trabajo, paʼ los que tenían nivel y paʼ los que no.</p>
<p>Y también había recordado que su madre trabajaba como técnica en el laboratorio del Central Benito Juárez. Y que su padre ponía a funcionar las máquinas intestinas del propio ingenio. Y que, si Dios lo permite, ahora su hijo se va a los cayos de Caibarién.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_2013" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2013" class="size-full wp-image-2013" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Una-vista-de-Zaza.jpg" alt="Una vista de Zaza (Foto: Maykel González Vivero)" width="1000" height="579" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Una-vista-de-Zaza.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Una-vista-de-Zaza-300x174.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Una-vista-de-Zaza-768x445.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2013" class="wp-caption-text">Una vista de Zaza (Foto: Maykel González Vivero)</p></div>
<p>Pero, aun cuando el hijo de la señora que carga sacos de viandas los domingos desde la feria agropecuaria de Placetas y otros cientos de hijos de vecinos se vayan a los cayos de Caibarién a ganarse la vida, Alberto Cubas Pérez no se irá de Zaza. Que para él no es de forma exacta Zaza, sino Benito Juárez, el nombre que dio la Revolución al Central y a su batey, en su incontenible afán de renombrar las cosas que ya eran y que habían sido un siglo antes.</p>
<p>Desde su casa propia y desde la Casa de Cultura de la comunidad Benito Juárez, donde trabaja como metodólogo de Creación, Alberto ha escrito cartas a Eusebio Leal, al ministro de Cultura, a la antigua directora del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, Marta Arjona, y a los periódicos <em>Granma</em>, <em>Trabajadores</em> y <em>Juventud Rebelde</em>.</p>
<p>—Yo mandé unas cuantas cartas reclamando ayuda para el batey y el barracón. Pero todo el mundo dijo que no había recursos. Y es un crimen, porque este es el mejor barracón que se mantiene en Villa Clara. Yo quería que lo repararan como casa de familia, o que hicieran allí un museo de la cultura afrocubana. Algo así.</p>
<p>—Y no se pudo, supongo.</p>
<p>—No, no, no… Al ministro de Cultura le hice dos cartas y siempre me dio respuesta. Venía el que atendía esa parte en el MINAZ provincial y me decía que no había recursos, que no había recursos, que no había recursos… Ya después me cansé. A Eusebio Leal le hice tres cartas. Siempre me respondió y una vez mandó a su secretario y a un par de arquitectos a valorar el barracón. Al final me dijeron lo mismo: que no había dinero.</p>
<p>Los deseos de Alberto Cubas Pérez, como el singular de su primer apellido, están transidos por la crisis económica. A este hombre lo carcome la decadencia de uno de los conjuntos azucareros decimonónicos –hasta hace poco– más íntegros de Villa Clara. “Lo que tiene Benito Juárez –exagera Cubas– no lo puede exhibir ningún otro batey: el barracón, el alambique, la enfermería para esclavos, el fuerte y el tejar, la casa del dueño, la iglesia católica…”.</p>
<p>“Fíjate que en el siglo XIX Zaza llegó a convertirse en el principal trapiche de Placetas. En 1874 se decía que Julián de Zulueta y Amondo, el fundador del ingenio, era uno de los hombres más ricos de la Isla”.</p>
<p>“El Central no paró de moler. Nunca”, rememora Cubas. “Hasta 1959, la familia Zulueta dirigió la fábrica y poseyó 300 caballerías de tierra en todos estos alrededores”.</p>
<p>Poco después, la Revolución nacionalizó las tierras y el Central, arrancó la vía férrea, modernizó las máquinas, mantuvo los empleos y responsabilizó al Complejo Agroindustrial (CAI) Benito Juárez con el batey. Prometió que la caña iba a ser el presente y el futuro del país. Porque los que hacían la Revolución no conocían a ciencia cierta –cómo iban a conocerlo– el futuro del país.</p>
<p>“El Central Zaza solo sobrevivió hasta 1998. Para esa fecha nuestra dirección política había decidido desactivar casi todos los ingenios porque no eran rentables. Y pararon las tres fábricas de Placetas”. Alberto Cubas Pérez quisiera decir: “Y bien, se acabó el Central, aquí estamos, ninguna desgracia nos sobrevino. No tengo nada más que decirte”. Pero no le permito detenerse. Ahora no.</p>
<p>—¿Y qué pasó después, cuando cerraron el Central?</p>
<p>—Se creó la Tarea Álvaro Reinoso. Todos los trabajadores, que aquí llegaban a más de 900, comenzaron a estudiar: unos sacaron la primaria, otros noveno grado y otros más el pre. En cada central desactivado había un aula.</p>
<p>—Pero imagino que muchos obreros vieron con dolor el fin del ingenio.</p>
<p>—Bueno, lo vieron con dolor, pero no quedaron desamparados. Había gente que estudiaba y ganaba más de 800 pesos mensuales. Claro, a los más viejos no les gustaba mucho estudiar y a medida que iba pasando el tiempo fueron buscando otro trabajo.</p>
<p>El Central Benito Juárez dio paso a la Empresa Agropecuaria homónima, cuyas oficinas se movieron hacia Placetas hace poco, y a una fundición (Gelma) de válvulas que hoy es, simplemente, una fundición de comederos de cerdos. Los restos físicos del ingenio se convirtieron en un molino de pienso, en un par de almacenes y en un taller donde no trabajan más de siete u ocho personas. Ni las CPA ni las UBPC ni las CCS que existían antes de la parálisis azucarera o que llegaron a fundarse después pueden acoger a todos los trabajadores que el Central vomitó.</p>
<p>—El ingenio era la vida del batey, ¿no? –intenté conmover a Cubas.</p>
<p>—Sí. Antes el Central atendía a toda la comunidad: el deporte, las áreas verdes, la ambulancia, el servicio médico; atendía el agua.</p>
<p>—¿Y ahora?</p>
<p>—Ahora se hace cargo el Estado. Unos dicen que esto ha empeorao un poco pero, a pesar de eso, los que viven más pa’trás en los campos vienen paʼquí. De Máximo. De las Marías. De Capestani. Vienen. Y muchos de aquí se van paʼ Placetas.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_2014" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2014" class="size-full wp-image-2014" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Parque.jpg" alt="Niños en el parque infantil (Foto: Maykel González Vivero)" width="1000" height="511" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Parque.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Parque-300x153.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Parque-768x392.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2014" class="wp-caption-text">Niños en el parque infantil (Foto: Maykel González Vivero)</p></div>
<p>A punto de mediodía el batey de Zaza se rinde. Unos niños se balancean en los columpios del parque infantil bajo supervisión de los padres. Un corrido mexicano suena para nadie en algún sitio indescifrable. De todos modos, el tedio se cuela en el juego de los niños y en la música. En algún momento, los padres se marchan con los hijos, y el corrido se detiene.</p>
<p>El lunes siguiente los estudiantes asistirán a la escuela, los maestros impartirán sus clases planificadas con antelación, los campesinos tratarán de mitigar la sequía y algunos trabajadores partirán a Placetas en planchas de caballo, a falta de otro transporte. El martes la iglesia entregará comida a los más necesitados y acaso el viernes la música norteña, el reguetón y Pimpinela (en esa posible combinación) lograrán reunir a una decena de jóvenes en el círculo social.</p>
<p>Si no fuera porque el lunes tampoco habrá trabajo, tampoco pitará el Central, tampoco llegará la caña ni echarán a andar las maquinarias, se pensaría que el domingo de asueto anuncia la siguiente jornada de trabajo. Pero la gente no reposa en paz ni festeja: cuando les quitaron el ingenio también perdieron la capacidad de sobresaltarse.</p>
<p>En el paisaje o detrás del paisaje, la torre del Benito Juárez les recuerda con impertinencia que el Central dejó de moler a finales del siglo pasado. Y les mantiene atados a lo que fue: hasta que no se oxiden y desaparezcan los hierros que nadie recicló, hasta que no se derruyan las últimas piedras del barracón donde vive casi una veintena de familias, hasta que nadie más pueda apuntar los antiguos cañaverales ni dibujar en el cielo la silueta del humo, la generación de turno no olvidará el ingenio.</p>
<p>A la inversa de todos los que se van, este domingo dos testigos de Jehová llegaron desde la cabecera municipal, tres o cuatro kilómetros hacia el noroeste. De espaldas a la iglesia católica, esperan.</p>
<p>Uno supone que deberían ir a tocar las puertas de las casas, perseverar cuando les echen las mismas puertas en las caras, si eso pasa, y predicar el mensaje divino a contrapelo de los maleducados. Pero los dos cristianos permanecen ociosos, en un banco, a la orilla del parque infantil. ¿Esperan por los ancianos, esperan por los hombres desocupados, esperan por los jóvenes aburridos en el tedio de las 12 del día del domingo para hablarles de Dios? No se sabe. Están sentados, con demasiada calma, y otean el estrecho horizonte de Zaza.</p>
<p>—La gente… ¿cómo recibe el Evangelio por estas zonas? –les interpelé.</p>
<p>—Bien. Hay bastantes personas estudiando la Biblia. Es bueno predicar aquí porque en el campo las personas son más receptivas al mensaje de Dios.</p>
<p>—¿Porque son más humildes?</p>
<p>—Bueno, las personas, mientras más humildes, más aceptan la palabra de Dios. Dice la Biblia que para un rico es difícil entrar en el reino de los cielos. Es como meter un camello en el hueco de una aguja. Imposible.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_2015" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2015" class="size-full wp-image-2015" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Barracóna-adentro-2.jpg" alt="El barracón (Foto: Maykel González Vivero)" width="1000" height="563" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Barracóna-adentro-2.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Barracóna-adentro-2-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Barracóna-adentro-2-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2015" class="wp-caption-text">El barracón (Foto: Maykel González Vivero)</p></div>
<p>Sobre la espalda de los humildes, lo sabrá Dios, se alza todavía el barracón que mandó a construir don Julián de Zulueta y Amondo. Los viejos muros del edificio fueron trazados en el siglo XIX sobre una línea de humildad –si no queremos decir pobreza– que llega sin radicales interrupciones hasta hoy. La penuria económica se sobrepuso al fin de la esclavitud, sobrevivió a todos los amos Julianes de Zulueta, superó la crisis económica del 33, sorteó la zafra de los diez millones y venció la propia existencia del Central Benito Juárez.</p>
<p>Pero, sin acceder a cavilaciones tan fatales, Santiago Rojas Isidro, un anciano que vive el tiempo muerto de su retiro, descansa a la entrada del barracón, como en la foto sepia de una escena triste. Hace dos años, en abril de 2015, Santiago también descansaba en el mismo quicio de la misma puerta.</p>
<p>—Hace 20 años –toma la conversación el anciano– estoy oyendo que nos van a dar una casa, pero me muero de viejo y no la veo. Yo no discuto na’ porque sabemos que Oriente está grave. Cuando ellos [el Gobierno] determinen si queda algo allá, va y nos lo dan. Pero aquellos están más necesitados que nosotros.</p>
<p>—¿Quiénes están más necesitados, Santiago?</p>
<p>—Los orientales, con el problema de los ciclones. Uno no puede desesperarse por eso. Na’. Algún día llega [la casa].</p>
<p>—Alguna gente de aquí se ha muerto… –sugerí, indiscretamente.</p>
<p>—Sí, cómo no. Esperando las casas… Pero bueno, si no la veo yo, la ven mis nietos, la goza mi familia.</p>
<p>—Por lo menos usted es optimista.</p>
<p>—Yo sí soy realista. Es la verdad. Si no hay materiales, ¿qué le van a hacer? ¿De qué materiales nos van a fabricar una casa? Hay que esperar que hagan ellos allá en Oriente, porque hay que ver a aquellos pobres infelices por televisión.</p>
<p>Santiago Rojas Isidro espera la misma casa que espera su esposa Marta Chirino Díaz, que espera Benita Domínguez Pérez, que espera Dayimí Moreno Cruz, que espera Edier Sánchez Reyes, que esperan Daimí Jiménez Chaviano y su hijo y su esposo, y que esperan Inaquel Pérez Hernández y su hija y sus dos nietos menores de un año, y casi una veintena de familias que vive entre los muros húmedos del barracón. Y que espera un hijo huérfano y que esperaba su madre antes de morir. Y que esperan, incluso, los que no viven en el barracón y desean el bien de los demás.</p>
<p>La casa que anhelan debería ser, según las promesas que han escuchado, un edificio multifamiliar que se emplazaría entre el barracón y la torre sempiterna del Central.</p>
<p>—Según nos explicó el delegado en la última asamblea de rendición de cuentas –dice Osvaldo Trimiño González, presidente del Consejo Popular Benito Juárez desde 2013 hasta 2016– se van a hacer cinco edificios en el municipio de Placetas. Uno lo construirán aquí en Benito Juárez, este año o el que viene.</p>
<p>—¿Pero se trata de un proyecto, nada más?</p>
<p>—Sí, es un proyecto…</p>
<p>—¿…que todavía no está aprobado?</p>
<p>—No. Todavía no.</p>
<p>—¿Pero crees que el edificio llegará a construirse?</p>
<p>—Sí, yo pienso que sí. En el municipio de Placetas se han hecho varios edificios. Este lo construirían aquí, en Benito Juárez, paʼ que los campos no se sigan despoblando.</p>
<p>Osvaldo era presidente del Consejo Popular antes que Miguel, y Miguel fue presidente del Consejo Popular hasta que renunció hace un par de meses. Pero Miguel no quiere hablar, porque le advirtieron que no diera declaraciones a los periodistas. Después de Miguel, Marisol Ricaño Miranda asumió la presidencia del Consejo Popular Benito Juárez.</p>
<p>—Marisol, la gente del barracón dice que les van a construir un edificio…</p>
<p>—Pa’l 2018.</p>
<p>—¿No hay nada seguro todavía?</p>
<p>—No es seguro. Tú sabes cómo es eso aquí.</p>
<p>—¿Y usted tiene esperanzas de que fabriquen el edificio?</p>
<p>—Sí. Está en pronóstico paʼl 2018. Eso fue lo que me dijeron.</p>
<div id="attachment_2017" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2017" class="size-full wp-image-2017" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Benita-y-Santiago.jpg" alt="Benita y Santiago (Foto: Maykel González Vivero)" width="1000" height="552" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Benita-y-Santiago.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Benita-y-Santiago-300x166.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Benita-y-Santiago-768x424.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2017" class="wp-caption-text">Benita Domínguez Pérez y Santiago Rojar Isidro (Foto: Maykel González Vivero)</p></div>
<p>Digan lo que digan los delegados, Santiago Rojas Isidro no sabe cuántos años más podrá estar sentado en la puerta de su casa-barracón. Pero confía en que, al menos, sus nietos disfrutarán el apartamento que le corresponde. Benita, a su lado, no puede evitar la turbación: casi grita con desespero que sus esperanzas se echaron a perder: “¡Eran verdes y se volvieron negras!”, hasta se burla.</p>
<p>—¿Usted llegó a trabajar en el Central? –abordé a Santiago, otra vez.</p>
<p>—Sí, ahí yo hice muchas cosas. Yo era tractorista, pero también manejaba una pala… Trabajé en veinte cosas, en lo que hiciera falta.</p>
<p>—¿Y cómo era la vida en esos tiempos?</p>
<p>—La vida paʼl pobre más o menos va siendo igual siempre. El pobre que nace paʼ 10 quilos no llega a 15. Olvídate. Por mucho que guapee. La vida es así: hay una clase más pobre, una más rica, otra más mediana…</p>
<p>—¿Y a usted cuál le tocó? —osé preguntar.</p>
<p>—¡La pobre! Pero vivo orgulloso.</p>
<p>—Santiago –quise cambiar de tema–, qué calma tienen los domingos aquí…</p>
<p>—Aquí –respondió sin disgusto– siempre parece domingo.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La invención de la soledad</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2017/02/la-invencion-de-la-soledad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lianet Fleites]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Feb 2017 12:54:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.periodismodebarrio.org/?p=1987</guid>

					<description><![CDATA[<p>El verdadero desarme del Central Carmita ocurrió en un plano inconsciente.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>A Laura Rodríguez Fuentes, que regresa.</em></p>
<h2><em> </em>I. <strong>Prólogo</strong></h2>
<p>Veinte personas aguardan bajo dos o tres manchas de sombra. Yo soy una de ellas. Ninguna de las veinte personas sabemos qué esperamos, es decir, queremos desplazarnos, pero no hay certezas de que eso ocurra. Es la parada del Crucero.</p>
<p>Carmita tiene ese sol rapaz. Tiene el silencio. Tiene el estoicismo de todas las ruinas.</p>
<p>Un grupo se desprende del resto y abandona la parada. Echan a andar hasta el batey, son siete kilómetros.</p>
<p>—Testigos de Jehová. Van a predicar a Carmita –señala con el dedo una mujer vieja.</p>
<p>Esta es una historia sobre la soledad.</p>
<h2><strong>II. Sobre el tiempo de antes</strong></h2>
<div id="attachment_1985" style="width: 1008px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1985" class="wp-image-1985 size-full" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Ruinas-de-la-casa-que-perteneció-al-presidente-Gerardo-Machado.jpg" alt="Ruinas de la casa que perteneció al presidente Gerardo Machado, en Carmita (Foto: Lianet Fleites)" width="998" height="660" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Ruinas-de-la-casa-que-perteneció-al-presidente-Gerardo-Machado.jpg 998w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Ruinas-de-la-casa-que-perteneció-al-presidente-Gerardo-Machado-300x198.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Ruinas-de-la-casa-que-perteneció-al-presidente-Gerardo-Machado-768x508.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Ruinas-de-la-casa-que-perteneció-al-presidente-Gerardo-Machado-907x600.jpg 907w" sizes="(max-width: 998px) 100vw, 998px" /><p id="caption-attachment-1985" class="wp-caption-text">Ruinas de la casa que perteneció al presidente Gerardo Machado, en Carmita (Foto: Lianet Fleites)</p></div>
<p>“Hambre, hambre, mucha hambre”, dice un guajiro sin edad cuando pregunto por los tiempos de antes de la Revolución. El guajiro sin edad es Juan Herrera Portal, que en verdad sí tiene una porque nació el 8 de marzo de 1929, seis años después de que se construyera el central azucarero Carmita.</p>
<p>Juan es un hombre antiguo. Hay un pórtico en la vejez que, al cruzarlo, se pierde la edad. Juan no solo lo cruzó, sino que puede mirar hacia atrás.</p>
<p>“Hambre, hambre, hambre”, dice Juan, y cuando ya no le alcanzan las dos sílabas poderosas de “ham-bre” me arma una escena:</p>
<p>—Los gatos de la casa dormían sobre las cenizas del fogón, que casi nunca se encendía.</p>
<p>La propiedad del Central fue un billete premiado en la lotería de las hipotecas. De la Compañía Cuban Cane al Royal Bank of Canada, hasta los bolsillos de Gerardo Machado en 1929.</p>
<p>—Carmen era una de las hijas de Machado. Por eso se llamó Carmita el central.</p>
<p>Ningún registro histórico da fe de ello, pero es la única explicación que la gente del batey ofrece. Las nacionalizaciones del sesenta imponían una amnesia nominal. Calles, escuelas, o pueblos enteros dejarían de llamarse Fe, Buen Viaje o La Piedad para asumir una identidad marcial, ortopédica. A Carmita le llamaron Luis Arcos Bergnes, pero el nombre de muchacha pudo más que el mártir, que la onomástica forzada de los gobiernos, que el olvido.</p>
<p>Carmita es un valle dentro de otro valle: Camajuaní. Es decir, Carmita es un hueco, una grieta, un ojo de huracán con cañaverales en el vórtice. Probablemente Machado, nacido y criado en esos valles, saliera en época de molienda al portal de su mansión –actualmente en ruinas– a mirar los ramales de líneas férreas como culebras en el sembrado.</p>
<p>Los cañaverales son pliegues de tiempo, constantes, la esquina de la página que doblamos para retomar el curso de la historia. A Raúl Torres Acosta lo fusiló Batista en los mismos cañaverales que, años atrás, contemplaba Machado.</p>
<p>La zona más bonita del batey es el barrio viejo. La Compañía Cuban Cane lo construyó para “garantizarles las condiciones de vida a sus obreros”, dice un folleto de lo que fuera la Delegación Provincial del MINAZ en Villa Clara.</p>
<p>—Esas casitas en hilera las levantaron los propietarios del Central pa’ un grupo de obreros que ellos traían, no era gente de aquí. Eran los <em>rompe huelgas</em> del ingenio. A los dueños les convenía tenerlos porque evitaban revuelta –corrige Hero Oviedo, otro hombre antiguo.</p>
<p>Pero ahí están, en pie, con sus maderos originales, el techo a dos aguas y esas fachadas de arquitectura colonial americana, que hacen de dos callejas en el centro de la nada una postal de Nueva Orleans.</p>
<p>A simple vista Carmita parece muchas cosas, pero no me basta, quiero acceder a ella, deshilacharla. Insisto. Hero, Juan, Servilio, Julio, son hombres antiguos. La vida en Carmita no siempre fue esto, aseguran:</p>
<p>—¿Antiguamente me preguntas tú? Antiguamente el güajiro era como asustaón.</p>
<p>—Es verdad. ¿Y tú ves que la gente se queja hoy? Mira, yo le digo a mucha gente, “Chico yo estoy bien”, porque yo desayuno, almuerzo, como, y por la noche cuando me voy a acostar siempre como algo más, siempre tengo.</p>
<p>—¿La vida del momento aquel? ¿Usted quiere saber? La vida era pésima. La Revolución me agarra a mí con 22 años, pero no se me ha olvidado. Era un tiempo hambriento malo. Después triunfa la Revolución y las cosas cambiaron. Cogimos un auge ahí, ¿no?</p>
<p>—Yo quisiera hablar, porque los compañeros ya han hablado del tema. Quiero decirle, periodista, que a nosotros nos pesó mucho que este Central se cayera como se cayó, un centralito bueno. Ahora estamos como abandonaos.</p>
<p>—De eso vamos a hablar más adelante, Juan, pa’ que no le desorganices la historia a la muchacha. Ella preguntó del tiempo de antes.</p>
<p>—Nosotros estábamos esperando a que viniera alguien, periodista.</p>
<p>—A que se acordaran de nosotros.</p>
<h2><strong>III. Sobre pérdidas</strong></h2>
<div id="attachment_1983" style="width: 460px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1983" class="wp-image-1983" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/La-torre-del-central.jpg" alt="La torre del Central (Foto: Lianet Fleites)" width="450" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/La-torre-del-central.jpg 600w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/La-torre-del-central-225x300.jpg 225w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/La-torre-del-central-450x600.jpg 450w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /><p id="caption-attachment-1983" class="wp-caption-text">La torre del Central (Foto: Lianet Fleites)</p></div>
<p>Los síntomas de soledad impuesta incluyen alucinaciones, ansiedad, o distorsiones de la percepción y del tiempo. Los jóvenes suelen adaptarse mejor a la soledad que las personas mayores, dicen algunos estudios realizados por la Universidad de McGill, en Montreal, Canadá.</p>
<p>La Real Academia Española entiende por soledad:</p>
<p>Uno: La carencia de compañía.</p>
<p>Dos: Lugar desierto o tierra no habitada.</p>
<p>Tres: Pesar o melancolía que se sienten por la pérdida de alguna persona o cosa.</p>
<p>Carmita tiene el Uno, es el Dos, y sufre el Tres.</p>
<p>No veo, sin embargo, personas ansiosas o delirantes, sino reposadas, de serenidad molesta. La distorsión de la realidad o del tiempo ocurre una vez que te adentras, eso sí. Carmita tiene ese efecto retrospectivo, pero antihistórico. No se parece a nada en particular, sino que es un pastiche de muchos “todos”.</p>
<p>—El marido mío era patrullero en Camajuaní. Hace dos años que está en el norte. Se fue ilegal, al segundo intento. La primera vez lo sorprendió la policía con la chalupa en la casa. ¿Se imaginan a los propios compañeros de trabajo cuando vieron que el de la chalupa era <em>El Negro</em>? –explica una muchacha al chofer del camión que nos lleva hasta el batey.</p>
<p>Hay cierta dignidad en el paisaje. Cañaverales cadavéricos. Otros que no, pero tampoco parecen aguardar por la cosecha. Una bodega. Dos casas ya cosechadas, habitadas por gente vieja: maleza que se resiste a morir. Una escuela de piedra con una sola aula. Un cruce ferroviario y una estación de madera repleta de yerba, pero pintada de azul. Hay cierta dignidad en el camino áspero, en la muchacha abandonada por el esposo, en el camión de la empresa cárnica que nos lleva.</p>
<p>El chofer suaviza la marcha y me hinca con el codo.</p>
<p>—¿Las viste?</p>
<p>—Sí –respondo.</p>
<p>—¡Casi no se ven codornices ya! ¡Qué bonito!</p>
<p><em>El Negro</em>, las codornices… extravíos.</p>
<p>Pregunto todo el tiempo dónde es Carmita, el chofer me dirá cuándo. A Carmita no le sirve un “dónde” sino un “cuándo”. El punto exacto de la geografía es insustancial: entre Vega Alta, Camajuaní, Santa Clara, a un costado de la aorta provincial (la carretera a Cayo Santa María), en el medio de Cuba, en esa zona del cliché que hace de la Isla una postal verde. Sin embargo, Carmita tiene su propio tempo.</p>
<p>La muchacha y yo nos bajamos. Ella se queja del clima. Veo las primeras naves de zinc, y unas columnas de hormigón muy altas: Carmita.</p>
<p>Me tropiezo poca gente. Julio Moreno tiene una hija viviendo en el batey, pero Juan, Hero y Servilio no. Sus hijos se fueron. Los hijos de sus hijos a veces vienen de visita. Laura Rodríguez Fuentes es la hija de una hija de Cira Lucena, se marchó muy niña del batey, se hizo periodista. Los hijos de Juan, Hero y Servilio son científicos, médicos, dirigentes. El éxodo no solo tiene la forma de un barco artesanal. Cada cual construyó su propia huida y es ahí, en la fuga, donde <em>El Negro</em> se confunde con Laura, con el científico, con el médico y con el dirigente.</p>
<p>En la calle una mujer vocifera que perdió el 13 en la bolita, que de guanaja perdió el “guanajo”. Además de su sentencia no hay otros ruidos. Cuesta creer que alguna vez fue Carmita el lugar más estruendoso de la zona.</p>
<p>—¡El pito del ingenio! La gente contenta. Aquello daba gusto. El sonido se escuchaba por todos los alrededores. Se hace con vapor, un mecanismo ahí, pero se oye a muchos kilómetros. ¡Eso daba vida! –recuerda Armando Villanueva, quien fuera durante cuarenta años Maestro Azúcar del Carmita–. ¿Los setenta y los ochenta? ¡Qué época! El equipo de béisbol del Carmita era campeón de la Liga Azucarera. Todos los domingos había juego en el batey. La gente iba desde Santa Clara, desde todas partes, a ver los partidos.</p>
<p>Villanueva no vive en el batey. Su casa siempre ha estado en Camajuaní. Aunque madrugara los días de la molienda y durmiera una que otra vez sobre pilas de bagazo, tenía su hogar bien lejos, y eso lo salva. Pero sabe del lugar sin tiempo que es Carmita, de la parálisis.</p>
<p>—Un cementerio. Hacía muchos años que no iba. Mis compañeros de trabajo vienen hasta Camajuaní a buscar vida, porque allá escasean de casi todo, me dicen ellos. Hace un tiempo regresé al batey para el funeral de una amiga. ¡Lo que pasé para llegar! ¡Ese tramo del Crucero al pueblecito! ¡Y luego para salir de allí! No he ido más.</p>
<p>Lo que hay en Carmita, tal y cual lo vemos, es lo que siempre ha habido, tal y cual lo vio Machado, o Raúl Torres Acosta, o los hombres antiguos. Tal como lo vio Villanueva –el Maestro Azúcar y Secretario del Buró Provincial del Sindicato–, o como lo vio el balsero que abandonó a su esposa, o como lo ve la esposa abandonada por el balsero. Como lo ve el chofer sensible de la empresa cárnica, o Laura, o los hijos médicos, científicos y dirigentes. Es decir, físicamente sí, casi lo mismo, pero un poco más feo. El edificio del Central Luis Arcos Bergnes (denominación actual) se conservó siempre en su estado primitivo, sin sufrir ningún cambio en su estructura general después de 1959.</p>
<p>—El centralito era el más moderno de Cuba cuando triunfa la Revolución –dice Juan Herrera Portal.</p>
<p>Allí, después del sesenta y hasta principios del presente siglo, se construyeron una Escuela Primaria, un edificio como parte del fondo habitacional, tres postas médicas, una farmacia, un kiosco para la compra-venta de artículos en divisa, y una panadería para la distribución normada de la bodega. Casi imperceptibles en el paisaje.</p>
<p>Con la Tarea Álvaro Reynoso, lamentablemente, se destruyó la industria más importante del municipio, uno de los centrales más eficientes del país, que empleaba al 82 por ciento de los habitantes de Carmita. La Sala de Historia (lo que solo puede ser una Sala de Historia: muestrario, película en <em>flashback</em>, la memoria, si no de un pueblo, al menos de quienes la arman, pero igualmente válida). La Biblioteca Pública (en la actualidad existe habilitado un local mínimo con un rótulo a lápiz sobre la puerta: “Sala de Lectura”). Se destruyó el mecanismo de vapor que generaba el ruido; con el ruido, el tiempo; y con el tiempo, la secuencia de días y noches. Se levantó la maquinaria y se esparció la maleza. Lo que fue industria ahora es una mole troceada.</p>
<p>Se prometió.</p>
<h2><strong>IV. Sobre la felicidad</strong></h2>
<div id="attachment_1982" style="width: 384px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1982" class="wp-image-1982" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Julio-Molina-78-años-trabajador-cincuentenario-de-la-fábrica.jpg" alt="ulio Molina, 78 años, trabajador cincuentenario de la fábrica (Foto: Lianet Fleites)" width="374" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Julio-Molina-78-años-trabajador-cincuentenario-de-la-fábrica.jpg 499w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Julio-Molina-78-años-trabajador-cincuentenario-de-la-fábrica-187x300.jpg 187w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Julio-Molina-78-años-trabajador-cincuentenario-de-la-fábrica-374x600.jpg 374w" sizes="(max-width: 374px) 100vw, 374px" /><p id="caption-attachment-1982" class="wp-caption-text">Julio Molina, 78 años, trabajador cincuentenario de la fábrica (Foto: Lianet Fleites)</p></div>
<p>Nicomedes Hernández: Recuerdo aquella azúcar del setenta, parecía oro molido, un oro crudo. De solo verla daban ganas de llevarte a la boca un puñao.</p>
<p>Hero Oviedo: Ir para el Central era como ir para un baile.</p>
<p>Juan Herrera: Fíjate que yo entraba en el Central y creía que el Central era mío. Yo llegué a sacar la cachaza de 0,60. Yo vivía orgulloso de mi trabajo. Por eso me dolió mucho que el Estado eliminara el Central. Y si lo eliminaron, al menos que hubieran cumplido lo que prometieron.</p>
<p>Servilio Portal: Tú sabes lo que representó el Período Especial. El tiempo en que el imperialismo planteaba que no íbamos a resistir, y por voluntad del pueblo echamos pa’lante. Fuimos capaces de seguir moliendo a pesar de las condiciones.</p>
<p>Julio Molina: Todos los fines de zafra aquí se hacía una fiesta. Fiestas buenas, que daba el MINAZ con cerveza y música.</p>
<p>Armando Villanueva: Círculo con K, es decir, calidad superior. Había un celo muy grande con el tamaño del grano, humedad del azúcar, polarización, color. Nunca nos viraron una torba para atrás en el puerto.</p>
<p>Juan Herrera: Hubo un año que fuimos los más eficientes del país.</p>
<p>Hero Oviedo: 1985. Molimos más de ciento treinta mil toneladas de caña. La zafra más grande que hemos tenido en la historia de Carmita. Ese año llegamos a moler hasta ciento setenta y cinco mil arrobas diarias. Pero la eficiencia estaba en el recobrado. Tuvimos un recobrado de 91. Pa’ que me entiendas: de cada 100 toneladas de sacarosa aprovechábamos 91. La pérdida era de 9.</p>
<p>Armando Villanueva: Yo era Secretario del Núcleo del Partido, me sacaron de ese puesto y me pusieron de Secretario del Buró Provincial, pa’ desarrollar el Sindicato en Carmita. El Sindicato funcionaba, sí. El Sindicato se fajaba con la administración, digo “se fajaba” entre paréntesis porque no nos fajábamos a los piñazos, pero nos hacíamos escuchar. Había un núcleo fortalecido. Una vez cité a los trabajadores porque no podían pagarnos ese día, y el pago es sagrado. Le dije al económico: “A las dos de la tarde tengo asamblea general, ven a explicarles a los trabajadores por qué no se les paga. Estarán parados sin producir hasta que les rindan cuentas”. Siempre la administración colaboró con nosotros, debo decirlo. ¡Cuántas batallas gané yo en el Órgano de Justicia Laboral!</p>
<p>Servilio Portal: ¿En qué año empezamos a exportar nosotros?</p>
<p>Hero Oviedo: Ay, de eso sí no me acuerdo. Tendría que buscar en los papeles viejos míos. ¿En qué año fue que hicimos el azúcar a granel?</p>
<p>Juan Herrera: A nosotros nos dieron 27 viajes a la playa en ese tiempo. Fue antes del setenta.</p>
<p>Servilio Portal: Del setenta al setenta y cinco, ahí.</p>
<p>Armando Villanueva: ¡A las seis de la mañana, en los tiempos de reparación, mojándonos y con tremendo frío! ¡Pal Central, en aquel camión lleno de cenizas! Había gente que dormía sobre el bagazo porque no había transporte en la madrugada, los del turno de las tres. Un día, locamente, el ingenio estaba parado, y yo que tengo buena letra y me sé expresar un poco, me senté en la oficina y puse: “Ministro (dos puntos) y tao tao tao”. El trámite no lo recuerdo pero llegó. La respuesta del ministro: que la guagua venía en camino, una Girón 5. Y la guagua está ahí todavía. ¡Muchacha! ¡Esas mojazones por la madrugá! ¡Esos camiones llenos de ceniza! Y la gente no dejaba de trabajar, chica.</p>
<p>Hero Oviedo: ¿El sueldo? Sí. El sueldo alcanzaba, y había estimulación. Aquí cogimos ventiladores, refrigeradores, se entregaron dos carros. La “dieta azucarera” en los ochenta. Viajecitos a la playa, comidas por ahí, esas boberías, pero uno trabajaba con gusto.</p>
<p>Juan Herrera: ¡Y el centralito arrancaba sin petróleo! Con bagazo, palos, cualquier cosa que cogiera candela.</p>
<p>Hero Oviedo: Yo quisiera mandarle una carta al Comandante Ramiro Valdés, porque la máquina se quedó ahí abandoná, y puede ahorrar miles de toneladas de petróleo, mucho dinero al país. ¡La briquetadora! Una máquina que inventé. Eso sustituye to’ la leña que se usa en los centrales, utilizando la paja de caña que se quema. ¡Somos pioneros de eso! Paja de caña namá no, paja de maíz, paja de arroz, la paja de frijoles, todo servía. Se dice “bri-que-ta”. Tú le echas la paja a la máquina por una parte y después sale un tarugo, como si fuera un trozo de palo, por alante. ¡Ah, de eso yo tengo un montón de premios! Yo soy, ¿cómo le llaman ellos?, innovador de la briqueta en Cuba.</p>
<p>Servilio Portal: ¿La última zafra del Central? Año 1999.</p>
<p>Hero Oviedo: Lo que no se cumplió nunca fue lo que prometieron. En 1999 tuvimos una visita de Carlos Lage, el que después le falló a la Revolución. Yo estaba en el Núcleo y participé de la reunión. Él habló de un presupuesto de ochenta y seis mil pesos para hacer un restaurante en el Círculo Social. Trajeron cuatro sillas, cuatro mesas. A lo mejor ese dinero se lo cogió alguien para un fin particular.</p>
<p>Julio Molina: Hemos estado… no es la palabra, pero como un poco “abandonaos”… de los demás organismos. ¿Entiende cómo es? Yo no he visto esa preocupación de hacer algo pa’ que el pueblo tenga un bienestar.</p>
<p>Armando Villanueva: Se hablaba de poca rentabilidad. Fue lamentable que desmantelaran ese Central tan pequeño y eficiente. Pudo preservarse, creo yo. Se manejaron una serie de cuestiones políticas que uno no conoce. No puedo comentar sobre lo que no sé. Yo estaba de Secretario del Núcleo y vinieron los organismos competentes del nivel municipal y provincial. La reunión fue en el cine, con todos los factores, tanto de la Industria como de la Agricultura. Ay, chica, no recuerdo la fecha exacta. Se habló de construir una piscina en el enfriadero, del asfaltado de las calles. Iban a vender dulces, traerían grupos musicales. Recuerdo que se paró un muchacho y dijo: “Todas esas cosas que usted está diciendo se harán los primeros días, después no habrá nada”.</p>
<p>Hero Oviedo: Eso me costó a mí hasta un disgusto con el Partido. Imagínate que querían hacer la Biblioteca Pública debajo de la torre del Central: un peligro. Todo aquello lo desbarataron: la Biblioteca, la Sala de Historia. Se perdieron las fotos de los internacionalistas, de los cincuentenarios.</p>
<p>Julio Molina: No, no, el MINAZ. El libro de proyectos con todas las obras que se iban a construir en Carmita lo conformó el MINAZ. Aquel libro era como eso que hacen cuando se va a construir un edificio. ¡Un proyecto! Se iba a levantar un bar, una pista, una biblioteca nueva. ¡Era un fenómeno! El compañero que tenía el libro me dijo que había seis millones de pesos pa’ gastar en las obras. Quedó en papeles.</p>
<p>Juan Herrera: Después que dijeron lo del desarme del ingenio más nunca puse un pie allí. Aquello me dolía mucho.</p>
<p>Julio Molina: Lo vendieron todo por chatarra a Materias Primas.</p>
<p>Hero Oviedo: Me metí y les dije: “¡No le den más mandarria que ese tándem está entero!”. Todo lo picotearon. Un día no me dejaron entrar más. Que era orden de la dirección del Central, decían. “Oye, Hero, olvídate de eso que ya tú no tienes central”. Gente que ganó tres mil pesos en la quincena por desarmar. Mientras más hierro picaban más ganaban. Eran los propios obreros de la fábrica.</p>
<h2><strong>V. Notas al margen</strong></h2>
<div id="attachment_1984" style="width: 1008px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1984" class="wp-image-1984 size-full" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Restos-de-la-antigua-industria-y-la-maleza-cubriendo-parte-del-espacio.jpg" width="998" height="602" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Restos-de-la-antigua-industria-y-la-maleza-cubriendo-parte-del-espacio.jpg 998w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Restos-de-la-antigua-industria-y-la-maleza-cubriendo-parte-del-espacio-300x181.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Restos-de-la-antigua-industria-y-la-maleza-cubriendo-parte-del-espacio-768x463.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Restos-de-la-antigua-industria-y-la-maleza-cubriendo-parte-del-espacio-995x600.jpg 995w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Restos-de-la-antigua-industria-y-la-maleza-cubriendo-parte-del-espacio-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/02/Restos-de-la-antigua-industria-y-la-maleza-cubriendo-parte-del-espacio-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 998px) 100vw, 998px" /><p id="caption-attachment-1984" class="wp-caption-text">Restos de la antigua industria y la maleza cubriendo parte del espacio (Foto: Lianet Fleites)</p></div>
<p>1. Los jóvenes representan el 18,3 por ciento de la población en Carmita. El total es 2.279. Pudiera reunirse toda la población joven en una parada o la cola de la bodega. Cualquiera podría memorizar los nombres de toda la población joven del pueblo.</p>
<p>2. El sector no estatal de Carmita se traduce en dos cafeterías.</p>
<p>3. Se sale o se entra del batey, con “certeza”, de tres formas: en el ómnibus Camajuaní-Vega Alta, todos los días, a las 6:00 am; en el ómnibus Camajuaní-Carmita a las 5:00 pm (solo martes y jueves); o en el tren Vega Alta-Santa Clara a las 6:00 am. No existe transporte no estatal (legal, al menos, no).</p>
<p>4. Carmita no cuenta con alumbrado público, aunque sí con corriente eléctrica y teléfono, dice optimista un informe del departamento municipal de Planificación Física.</p>
<p>5. Con el desarme del Central se habilitó una granja agropecuaria para el consumo del batey. Desde 2011, la granja forma parte de una Unidad Empresarial de Base, es decir, no los abastece de alimentos.</p>
<p>6. Nicomedes Hernández se jubiló con una chequera de 178 pesos, que luego se elevó a 270. Sacó una licencia de limpiabotas. Cobra tres pesos por los zapatos de vestir, y cinco por los de trabajo. El mes pasado pagó 100 pesos de corriente eléctrica. Tiene 70 años y pocos clientes.</p>
<p>7. Hero no sospecha que, sin quererlo, es héroe.</p>
<p>8. El desarme fue íntimo. La gran obra se construyó en un plano inconsciente.</p>
<p>9. La historia del Carmita parece la metáfora de un ciclo productivo de la caña: corte, molienda, desarme, tiempo muerto. Y ahí, en el último estado –ese que antecede a la prosperidad–, algo se detuvo. Eterno.</p>
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		<title>Hershey: un pueblo azucarero en dos tiempos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ismario Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Jan 2017 13:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Imágenes del pueblo Hershey, en la provincia Mayabeque.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Hotel Hershey</h2>
<div id="twenty20-1" class="twenty20" style="width: 100% !important; clear: both;"><div class="twentytwenty-container twenty20-1 "><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/1.1.jpg" alt="Before image" /><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/1.jpg" alt="After image" /></div></div>
<h2>Chalet para empleados</h2>
<div id="twenty20-2" class="twenty20" style="width: 100% !important; clear: both;"><div class="twentytwenty-container twenty20-2 "><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/2.1.jpg" alt="Before image" /><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/2.jpg" alt="After image" /></div></div>
<h2>Iglesia</h2>
<div id="twenty20-3" class="twenty20" style="width: 100% !important; clear: both;"><div class="twentytwenty-container twenty20-3 "><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/3.1.jpg" alt="Before image" /><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/3.jpg" alt="After image" /></div></div>
<h2>Pabellones para trabajadores</h2>
<div id="twenty20-4" class="twenty20" style="width: 100% !important; clear: both;"><div class="twentytwenty-container twenty20-4 "><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/4.1.jpg" alt="Before image" /><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/4.jpg" alt="After image" /></div></div>
<h2>Avenida tercera</h2>
<div id="twenty20-5" class="twenty20" style="width: 100% !important; clear: both;"><div class="twentytwenty-container twenty20-5 "><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/5.1.jpg" alt="Before image" /><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/5.jpg" alt="After image" /></div></div>
<h2>Central Hershey</h2>
<div id="twenty20-6" class="twenty20" style="width: 100% !important; clear: both;"><div class="twentytwenty-container twenty20-6 "><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/6.1.jpg" alt="Before image" /><img decoding="async" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/01/6-1.jpg" alt="After image" /></div></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2017/01/hershey-un-pueblo-azucarero-en-dos-tiempos/">Hershey: un pueblo azucarero en dos tiempos</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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