<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>númerodiez &#8211; Periodismo de Barrio</title>
	<atom:link href="https://periodismodebarrio.org/tag/numerodiez/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://periodismodebarrio.org</link>
	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
	<lastBuildDate>Mon, 28 Jun 2021 19:07:15 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.6.5</generator>

<image>
	<url>https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2019/02/cropped-9.-Fabicon-Alta-para-la-Web-Móvil-32x32.png</url>
	<title>númerodiez &#8211; Periodismo de Barrio</title>
	<link>https://periodismodebarrio.org</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Las historias de 2016 en imágenes</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2017/01/las-historias-de-2016-en-imagenes/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2017/01/las-historias-de-2016-en-imagenes/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Periodismo de Barrio]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Jan 2017 13:06:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidades vulnerables]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.periodismodebarrio.org/?p=1865</guid>

					<description><![CDATA[<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2017/01/las-historias-de-2016-en-imagenes/">Las historias de 2016 en imágenes</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a title="Las mejores fotos del 2016" href="https://www.flickr.com/photos/periodismodebarrio/albums/72157678534331185" data-flickr-embed="true" data-header="true" data-footer="true" target="_blank" rel="noopener"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://c4.staticflickr.com/1/274/31883942331_b8f209497b_b.jpg" alt="Las mejores fotos del 2016" width="1024" height="614" /></a><script async src="//embedr.flickr.com/assets/client-code.js" charset="utf-8"></script></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2017/01/las-historias-de-2016-en-imagenes/">Las historias de 2016 en imágenes</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2017/01/las-historias-de-2016-en-imagenes/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Imías: una semana después de Matthew</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/11/imias-una-semana-despues-de-matthew/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/11/imias-una-semana-despues-de-matthew/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Julio Batista Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Nov 2016 13:49:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.periodismodebarrio.org/?p=1783</guid>

					<description><![CDATA[<p>En el barrio Jesús Lores la gente prefirió no esperar. Allí la recuperación tiene cara de vecino.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/11/imias-una-semana-despues-de-matthew/">Imías: una semana después de Matthew</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en la madrugada del 4 de octubre el huracán Matthew se ensañó contra la provincia Guantánamo, Imías, a la izquierda del ojo de la tormenta, fue uno de los municipios que quedó dentro del rango de vientos extremos. Ubicado al sureste de la ciudad guantanamera, este es un territorio que parece inacabado: a medio camino entre la montaña y el mar, entre la sierra húmeda y el semidesierto cubano, entre las carreteras rectas y las peligrosas curvas en las montañas.</p>
<p>No genera demasiadas noticias. Imías es un sitio secundario dentro de la geografía nacional: sin grandes atractivos turísticos como Baracoa, sin posiciones estratégicas como Caimanera y sin ser la punta este del país como Maisí. Ni siquiera dentro de Guantánamo resulta de referencia: sexto en densidad poblacional, séptimo en población y extensión territorial, y octavo en cuanto a salario medio.</p>
<p>Pero cuando en la madrugada del 4 de octubre el huracán Matthew se ensañó contra Guantánamo, Imías resultó nítido en el mapa cubano.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_1787" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1787" class="wp-image-1787" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/2.jpg" alt="Subir hasta el viejo aeropuerto es conocer los recuerdos colectivos de una noche (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="528" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/2.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/2-300x158.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/2-768x405.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/2-1000x528.jpg 1000w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1787" class="wp-caption-text">Subir hasta el viejo aeropuerto es conocer los recuerdos colectivos de una noche (Foto: Julio Batista)</p></div>
<p>Tras el puente que divide Imías está Jesús Lores, el Consejo Popular más grande de los seis que componen este municipio, un sitio con 7.943 habitantes según el Anuario Estadístico de Cuba de 2015. Jesús Lores tiene un paisaje peculiar: montañas verde oscuro al fondo, suelo reseco y pedregoso, un solo bloque de edificios altos y muchas casas de cubierta ligera (tejas).</p>
<p>En Jesús Lores hay un aeropuerto que dista bastante de la imagen que se tiene de uno. Antes de 1959, en la pista allanada de tierra, sobre la loma, aterrizaban pequeños aviones militares; pero hace muchos años que el sitio no es más que un desierto arenoso de rocas oscuras. Aunque casi nadie ha visto un avión posarse allí, mantiene el nombre. Quienes se han asentado en esta zona viven en el aeropuerto. Esa es la dirección más exacta que pueden dar. Allá arriba solo crecen maleza y plantas espinosas, aunque Alfonso jure que, con agua, esta podría ser una tierra inmejorable.</p>
<p>Hace treinta años Alfonso llegó a la base de la montaña donde está el aeropuerto. Plantó su casa y vio a sus hijos construir en la ladera de esa misma elevación. Hoy tiene 71 años y todavía vive allí, con sus siete hijos y catorce nietos. En el barrio, a Alfonso le dicen Viejo.</p>
<p>Al borde del aeropuerto las casas han crecido sin demasiado orden, apenas con espacio para que dos personas pasen entre ellas. En la ladera de la loma, las viviendas conforman un enjambre, un panal de construcciones donde todos saben los nombres de sus vecinos y muchos son familia. En ese laberinto se requiere un guía. Si se intentara encontrar a alguien las direcciones formales no son una alternativa. Para caminar entre ellas no hay aceras. Para llegar hasta la cima tampoco hay pavimento. Pero cuando uno sube la loma descubre la historia de la noche del 4 de octubre. El aeropuerto es el lienzo de la memoria colectiva. Una fotografía del desastre.</p>
<p>Los hijos de Alfonso viven en las casitas de “arriba”, “detrás de” o “al lado de”. La ladera del aeropuerto de Jesús Lores está repleta de gente. Gente que se escondió donde pudo mientras Matthew se ensañaba con Imías, en las poquísimas casas de placa que hay en el barrio. Noelia Matos Laborí vive en una de ellas, “abajo”, cercana a la carretera. Esa noche el lugar se convirtió en un centro de evacuación para todos. Según Benancia, su hermana, había más de 30 personas. “Toda su familia”, confirmaría luego Noelia.</p>
<p>Eliudis Argüelles Díaz es vecino del mismo barrio. Junto a su esposa y su hija, vive encima de la casa de su suegra. Como su vivienda tiene cubierta ligera, esa noche bajaron a la casa de la abuela de la niña. A ellos el ciclón también les llevó parte del techo, y por el espacio abierto les mojó colchones y muebles. En sus 28 años de vida Eliudis nunca había visto algo así. “Esa noche fue feo, con el sonido de las tejas volando y los árboles cayéndose. Por aquí habían pasado ciclones, pero nunca como este, no con tanto viento”.</p>
<p>Un poco más arriba, a mitad del ascenso, habita Daniuska Gámez Robaina –nuera de Alfonso–, a quien Matthew le borró la mitad de las tejas. Tres habitaciones sin techo, dos colchones mojados y la falta de electricidad son su herencia personal del ciclón. Daniuska, su esposo, su hermana y un sobrino viven en la casa, a medio camino de la loma, entre el viejo aeropuerto y la nueva urbanización de Jesús Lores.</p>
<p>A pocos metros de la casa de Danisuka, Alfonso tiene un corralito con un solo puerco. Mientras el huracán soplaba sobre Jesús Lores, pensó que el pobre animal se ahogaría, que el marranito no aguantaría la tempestad. Cuando amaneció, en medio del destrozo, Alfonso descubriría que el puerquito, a diferencia de los techos, estaba en su sitio.</p>
<p>Meiry Gámez Mareiro tiene 18 años y 35 semanas de embarazo. Es una de las siete nietas de Alfonso y junto a sus padres vive en Palmarito, una de las comunidades rurales de Imías. Palmarito hasta el 11 de octubre estaba incomunicado, pero a Meiry, por su estado de gestación, la mandaron a buscar del policlínico antes del ciclón. “Nos comunicaron que las embarazadas con más de 30 semanas debían ingresar en Imías, pero cuando llegamos nos dijeron que si teníamos dónde parar no era necesario estuviéramos allí”. Al final, pasó el huracán en la ciudad de Guantánamo.</p>
<p>De su hogar tuvo noticias el lunes 10 de octubre a través de sus padres, que hicieron el camino hasta Jesús Lores a caballo para verla. Su vivienda solo tuvo problemas en el techo, pero “en la montaña el ciclón desbarató completas muchas casas”, cuenta. En Palmarito viven cerca de veinte familias. Ahora, según le dijeron sus padres, están viviendo hasta cinco familias en las casas que quedaron en mejores condiciones. Meiry tiene fecha de parto para noviembre. El miércoles 12 de octubre debía salir para el hospital de Baracoa. Su primer hijo será varón.</p>
<p>Cuando se termina de subir, al borde de la pista, el panorama empeora: los árboles marchitos por las ráfagas de viento, las palmas sin penacho, buena parte de las casas con los techos dañados. Yunieska Hernández Matos pasó el ciclón en la cima de la loma, junto a otras catorce personas, en una célula básica construida mediante un subsidio. En ese tramo del barrio era la única casa de placa. También fue la única que no tuvo daños aquella noche. Recuerda el sonido de “las cosas chocando contra la placa” y recuerda que “como a las 12 de la noche las ventanas soltaron las trabas que tenían puestas”. Pensó que en cualquier momento se las llevaba el viento. Pero eso no sucedió. En la cima, sin árboles u otras construcciones que la protegieran, la célula básica soportó los vientos de Matthew.</p>
<div id="attachment_1788" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1788" class="wp-image-1788" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/yiley.jpg" alt="Yiley y su familia viven por ahora en las dos habitaciones que han podido techar (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="604" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/yiley.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/yiley-300x181.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/yiley-768x464.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/yiley-993x600.jpg 993w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/yiley-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1788" class="wp-caption-text">Yiley y su familia viven por ahora en las dos habitaciones que han podido techar (Foto: Julio Batista)</p></div>
<p>Sin embargo, también allá “arriba”, a Yiley Sánchez Frómeta y a su familia el huracán los dejó a la intemperie. Se evacuaron en los edificios, en la vivienda de un amigo de la familia. Al día siguiente del huracán encontraron que su casa había perdido parte de las paredes y casi todo el techo. Desde ese día su esposo y su hijo mayor tratan de reparar la vivienda. Cuando los entrevisto, viven en las dos habitaciones que han podido techar.</p>
<p>Aun así, ellos no son quienes peor están.</p>
<p>Yunieska, de bajada, señala unas ruinas. Son viejas paredes de tabla y techo de guano. Cuesta creer que antes fuera un lugar habitado. Pareciera que un dedo monstruoso hubiera presionado sobre aquella casa hasta quebrarla. Entre las rendijas de la madera rota se presume un interior de pobreza, de extrema humildad. Sus dueños no han regresado aún. Lo más probable es que no sepan lo que ha sucedido. Se dice en el barrio que los dueños están en el hospital, cuidando a un anciano que padece cáncer en estado terminal.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Cuando Matthew abandonó el país, comenzó, formalmente, la fase de recuperación. La liderada por las instituciones públicas y la que la gente se tomó por su cuenta. A Imías llegaron una brigada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) con 90 soldados y 140 movilizados, cuatro piperos (dos de Granma y dos de Villa Clara), 16 trabajadores de la brigada Prenstur, 17 de la ECOI de Holguín, cinco de la Brigada de la Vialidad de Santiago de Cuba y el personal de la Empresa Eléctrica de Guantánamo designado al territorio.</p>
<p>Los daños contabilizados hasta el 11 de octubre por la Asamblea Municipal del Poder Popular señalaban que el huracán derribó 168 postes eléctricos, 25 kilómetros de líneas, 98 transformadores y unas 4.000 acometidas. Además, afectó 39 escuelas y dos consultorios médicos fueron reportados con derrumbes totales.</p>
<p>La presidenta del Consejo de Defensa Municipal, Zenia Lores Méndez, confirmó a la <a href="http://www.venceremos.cu/temporada-ciclonica/7502-en-imias-tambien-se-planta-la-esperanza" target="_blank" rel="noopener">prensa local</a> que el territorio había sufrido “daños parciales o totales en más de la mitad de las 6.756 viviendas del municipio, la gran mayoría con afectaciones parciales de techo, 835 totales de cubierta, además de 612 derrumbes parciales y 496 totales”.</p>
<p>En la zona, además de las casas y los postes, Matthew dañó las redes hidráulicas. Destruyó 767 metros de tubería de diferente grosor en los acueductos de Río del Medio, San Ignacio, Los Calderos y Vega del Jobo. Por más de una semana las redes de abasto de las comunidades 14 de Noviembre, El Salado y El Guajacal –aunque sin afectaciones estructurales declaradas– no prestaron servicios debido a la falta de electricidad. Información ofrecida por la Asamblea Municipal confirma que, desde el día 19 de octubre, los 14 acueductos que brindan servicio en el territorio de Imías están restablecidos totalmente.</p>
<p>Sin embargo, en ese tiempo, en El Salado la falta de agua agravó los daños ocasionados por Matthew. Según Yuleisy Matos y Humberto Rodríguez la pipa llegaba con muy poca agua. En la semana siguiente a la catástrofe, el camión cisterna apenas apareció dos veces. Noelvis Matos Gámez, quien también vive en El Salado, cuenta que cada tarde montaba a la familia en su coche de caballo e iban hasta el río que separa a los consejos Populares de Imías y Jesús Lores. Allá se bañaban y, del mismo río, cargaban el agua que tomarían más tarde.</p>
<p>A Noelvis hubo algo, más allá del huracán y del agua, que le extrañó mucho. Al día siguiente de Matthew, un camión estatal vendió a la población de El Salado pollo a 20 pesos la libra, huevos a 1.10 y refresco Coracan (bolsitas) a 1.40. Hasta el martes 11 de octubre solo habían recibido las latas de sardinas que vendieron en la bodega a 1.75 pesos, normadas de acuerdo con el número de personas que viven en una casa.</p>
<p>Ese mismo día el periódico <em>Venceremos</em> <a href="http://www.venceremos.cu/temporada-ciclonica/7453-programa-mundial-de-alimentos-inicia-ayuda-humanitaria-en-cuba" target="_blank" rel="noopener">reflejó</a> que el Programa Mundial de Alimentos (PMA), en cooperación con las autoridades cubanas, iniciaría “la entrega de alimentos para cubrir las necesidades de 180.000 personas”. Junto a los alimentos llegarían también pastillas de cloración para el agua. Acorde con lo lo anunciado por el PMA, el respaldo a los afectados por Matthew se extendería por seis meses. El 15 de octubre arribó la ayuda prometida al oriente cubano, a través del aeropuerto de Santiago de Cuba.</p>
<p>El 19 de octubre la agencia de noticias <a href="http://www.efe.com/efe/america/sociedad/cuba-recibe-ayuda-de-japon-para-los-damnificados-por-el-huracan-matthew/20000013-3072351" target="_blank" rel="noopener">EFE</a> resaltaba que Cuba, además, recibía ayuda de varios países como Venezuela y Paquistán. A la solidaridad mundial se sumarían también las autoridades japonesas.</p>
<p>Por su parte, el gobierno nacional aprobó desde el 14 de octubre una disminución sustancial en los precios de 16 productos alimenticios, de aseo y uso en el hogar para favorecer la recuperación en los municipios más dañados. Con tal disposición, en Yateras, Imías, San Antonio del Sur, Baracoa y Maisí, y en las localidades holguineras de La Melba y Yamanigüey, se rebajó hasta un 80 por ciento los precios del arroz, los huevos, galletas saladas y dulces, azúcar crudo y refino, chícharo, el camprán (una especie de galleta dulce semidura) y las salchichas. Además de los alimentos, las modificaciones se extendían al detergente líquido, la legía de cloro, las velas, jabones, crema dental y frazadas de piso. Tales medidas estarán vigentes hasta el 14 de enero en esos territorios.</p>
<p>Entre el 5 y el 7 de octubre la Empresa Municipal de Comunales de Imías contabilizó 160 viajes, en los cuales fueron removidos cerca de 2.700 metros cúbicos de desechos sólidos. Cuatro días más tarde, todavía trabajaban áreas aledañas al centro del municipio con equipos pesados. Mas, en la periferia, restaba mucho por hacer.</p>
<p>Flora Matos Cobas ha vivido en Jesús Lores desde hace 37 años. Su casa también sufrió daños aquella madrugada, cuando los gajos le rompieron tejas y dañaron una pared. Pero lo importante para ella es que todos están vivos. “Eso es lo principal”, cuenta aliviada en la sala de su vecina Benancia. “Ahora lo que hace falta es recuperarnos, sacar toda la basura de la calle para evitar epidemias. Con un camión que nos manden nosotros mismos la quitamos de la calle”, dice.</p>
<p>Rodeados por imágenes de ramas partidas y techos desvencijados, la gente del aeropuerto intentaba reconstruir sus vidas.</p>
<p>El 11 de octubre de 2016 en Jesús Lores hay un sol infernal, humedad y un silencio incómodo en la calle. Las personas no hablan en voz alta. No lloran. Para entonces, la basura, apilada por los vecinos dos días después del huracán, comenzaba a fundirse con el paisaje habitual. Allá, Adolfo y los suyos conviven con los destrozos en una digna armonía: al fin de cuentas, en el aeropuerto la gente mide sus daños en colchones, ropas y equipos mojados, en tejas faltantes; no en muertos. Y las tejas pueden reponerse.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/11/imias-una-semana-despues-de-matthew/">Imías: una semana después de Matthew</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/11/imias-una-semana-despues-de-matthew/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Instantes</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/11/instantes/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/11/instantes/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Julio Batista Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Nov 2016 01:00:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1753</guid>

					<description><![CDATA[<p>Escenas de Baracoa e Imías tras el paso del huracán Matthew.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/11/instantes/">Instantes</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1738" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1738" class="wp-image-1738" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/3.jpg" alt="En Imías, el 10 de octubre no fue un día de descanso para quienes laboraban en la recuperación (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="576" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/3.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/3-300x173.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/3-768x442.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/3-1000x576.jpg 1000w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1738" class="wp-caption-text">En Imías, el 10 de octubre no fue un día de descanso para quienes laboraban en la recuperación (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1739" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1739" class="wp-image-1739" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/9.jpg" alt="Los tejados son la máxima prioridad para la gente en Baracoa (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="614" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/9.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/9-300x184.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/9-768x472.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/9-977x600.jpg 977w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1739" class="wp-caption-text">Los tejados son la máxima prioridad para la gente en Baracoa (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1741" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1741" class="wp-image-1741" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/11.jpg" alt="A pesar de los destrozos, la vida en Baracoa no se detiene (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="631" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/11.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/11-300x189.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/11-768x484.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/11-951x600.jpg 951w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1741" class="wp-caption-text">A pesar de los destrozos, la vida en Baracoa no se detiene (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1742" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1742" class="wp-image-1742" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/14.jpg" alt="La tranquilidad de las tardes en Baracoa contrasta con el escenario de destrucción de la ciudad (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="605" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/14.jpg 1500w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/14-300x181.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/14-768x464.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/14-992x600.jpg 992w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/14-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1742" class="wp-caption-text">La tranquilidad de las tardes en Baracoa contrasta con el escenario de destrucción de la ciudad (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1743" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1743" class="wp-image-1743" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/26.jpg" alt="Equipos pesados trabajaban en las cercanías del malecón de Baracoa para limpiar las montañas de escombro que Matthew dejó a su paso (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="601" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/26.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/26-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/26-768x461.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/26-1000x600.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/26-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/26-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1743" class="wp-caption-text">Equipos pesados trabajaban en las cercanías del malecón de Baracoa para limpiar las montañas de escombros que Matthew dejó a su paso (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1744" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1744" class="wp-image-1744" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/29.jpg" alt="En medio de los escombros, muchos buscaban algo de lo que Matthew les quitó (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="657" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/29.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/29-300x197.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/29-768x504.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/29-914x600.jpg 914w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1744" class="wp-caption-text">En medio de los escombros, muchos buscaban algo de lo que Matthew les quitó (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1745" style="width: 1510px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1745" class="size-full wp-image-1745" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/30.jpg" alt="Tras el desastre, los vecinos de Baracoa intentaban reorganizar sus vidas (Foto: Julio Batista)" width="1500" height="916" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/30.jpg 1500w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/30-300x183.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/30-768x469.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/30-983x600.jpg 983w" sizes="(max-width: 1500px) 100vw, 1500px" /><p id="caption-attachment-1745" class="wp-caption-text">Tras el desastre, los vecinos de Baracoa intentaban reorganizar sus vidas (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1746" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1746" class="wp-image-1746" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/31.jpg" alt="Desde casi todo el país llegaron brigadas de trabajadores eléctricos para trabajar en la recuperación de Baracoa (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="557" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/31.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/31-300x167.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/31-768x428.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/31-1000x557.jpg 1000w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1746" class="wp-caption-text">Desde casi todo el país llegaron brigadas de trabajadores eléctricos para trabajar en la recuperación de Baracoa (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1747" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1747" class="wp-image-1747" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/34.jpg" alt="El huracán se ensañó con el último edificio del malecón de Baracoa, allí arrancó los balcones de un bocado (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="616" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/34.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/34-300x185.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/34-768x473.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/34-974x600.jpg 974w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1747" class="wp-caption-text">El huracán se ensañó con el último edificio del malecón de Baracoa, allí arrancó los balcones de un bocado (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1748" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1748" class="wp-image-1748" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/35.jpg" alt="Una semana después del ciclón, la gente del malecón de Baracoa aun contabilizaba sus pérdidas (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="660" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/35.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/35-300x198.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/35-768x507.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/35-909x600.jpg 909w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1748" class="wp-caption-text">Una semana después del ciclón, la gente del malecón de Baracoa aún contabilizaba sus pérdidas (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1749" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1749" class="wp-image-1749" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/41.jpg" alt="En las montañas que atraviesa La Farola los vientos dañaron casa y paisaje por igual (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="609" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/41.jpg 1200w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/41-300x183.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/41-768x468.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/41-985x600.jpg 985w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/41-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1749" class="wp-caption-text">En las montañas que atraviesa La Farola los vientos dañaron casa y paisaje por igual (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1750" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1750" class="wp-image-1750" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/42.jpg" alt="En medio de la Farola, el ciclón desapareció el techo de la escuela primaria Mártires de Cagüeybaje (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="591" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/42.jpg 1500w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/42-300x177.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/42-768x454.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/42-1000x591.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/42-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1750" class="wp-caption-text">En medio de La Farola, el ciclón desapareció el techo de la escuela primaria Mártires de Cagüeybaje (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1751" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1751" class="wp-image-1751" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/45.jpg" alt="Farola abajo, un aguatero hace el recorrido con su carga (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="624" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/45.jpg 1500w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/45-300x187.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/45-768x479.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/45-962x600.jpg 962w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1751" class="wp-caption-text">Farola abajo, un aguatero hace el recorrido con su carga (Foto: Julio Batista)</p></div>
<div id="attachment_1752" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1752" class="wp-image-1752" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/46.jpg" alt="En La Farola solo hubo algo más persistente que los vientos: su gente (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="529" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/46.jpg 1600w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/46-300x159.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/46-768x407.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/11/46-1000x529.jpg 1000w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1752" class="wp-caption-text">En La Farola solo hubo algo más persistente que los vientos: su gente (Foto: Julio Batista)</p></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/11/instantes/">Instantes</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/11/instantes/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Otra Cuba</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/10/otra-cuba/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/10/otra-cuba/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mónica Baró Sánchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 31 Oct 2016 16:43:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1728</guid>

					<description><![CDATA[<p>En la carretera. De Baracoa a Maisí.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/otra-cuba/">Otra Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Baracoa no se parece a ninguna otra parte de Cuba. Maisí, mucho menos. Ni en el clima, ni en el mar, ni en los atardeceres, ni en las montañas, ni en las olas, ni en el viento, ni en las noches, ni en los sonidos, ni en la gente, ni en los ríos, ni en las conversaciones, ni en las plantas, ni en las nubes, ni en los colores. Parecen, en lugar de dos municipios de una única provincia, otro país, como si Cuba comenzara a acabarse en el ascenso cauteloso por la carretera de La Farola, o más exactamente, como si otra Cuba comenzara a nacer. Pero esa sensación, tan fuerte como un hecho, nada tendría que ver con la catástrofe natural que colocó a Guantánamo en los titulares de medios nacionales e internacionales, si no fuera porque la catástrofe natural expuso bruscamente las realidades que provocan esa sensación.</p>
<p>Hay indicios del paso de “un demonio”, “un monstruo”, un algo de otro mundo con hambre de vida, que quería tragárselo todo, “que tú sabías que si te asomabas, te iba a llevar”, que recordaba a animal salvaje embravecido, que a ratos rugía, a ratos silbaba, a ratos enmudecía, y otra vez rugía, silbaba, enmudecía, que cundió de pavor la madrugada del 4 de octubre pasado, que obligó a miles de personas a abandonar sus viviendas y a apretujarse en iglesias, cuevas, baños, escuelas, sótanos, en cualquier sitio que no dejara al viento desprender sus cuerpos del suelo, que se conjuró con padrenuestros y avemarías, rones, risas, lágrimas, cafés, silencios, que vino y se fue, según declaraciones oficiales, sin matarnos a nadie.</p>
<p>Al sexto día de la arremetida de Matthew por el Oriente cubano, ni Dios sabría por dónde empezar a recomponer aquel mundo fragmentado. Aquí hubo una guerra. No de la naturaleza contra mujeres y hombres y sus casas sino de la naturaleza contra la naturaleza misma. Es feriado nacional: se conmemora el inicio de las gestas por la independencia de Cuba en 1868, el alzamiento en armas de Carlos Manuel de Céspedes, la liberación de esclavos. En muy pocos lugares del país se trabaja hoy, no asisten a clases los estudiantes, los comercios cierran más temprano que de costumbre. Se descansa. Pero en Guantánamo las transfiguraciones del espacio han cambiado los significados del tiempo. No son los calendarios ni los relojes los mecanismos que organizan la vida. Es el desastre.</p>
<div id="attachment_1729" style="width: 910px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1729" class="size-full wp-image-1729" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/La-ciudad-de-Baracoa-la-noche-del-Diez-de-Octubre.jpg" alt="La ciudad de Baracoa, la noche del Diez de Octubre (Foto: Ismario Rodríguez)" width="900" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/La-ciudad-de-Baracoa-la-noche-del-Diez-de-Octubre.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/La-ciudad-de-Baracoa-la-noche-del-Diez-de-Octubre-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/La-ciudad-de-Baracoa-la-noche-del-Diez-de-Octubre-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /><p id="caption-attachment-1729" class="wp-caption-text">La ciudad de Baracoa, la noche del Diez de Octubre (Foto: Ismario Rodríguez)</p></div>
<p>Nadie habla de fechas ni de horas ni de patriotas. Un día comienza cuando sale el sol y termina cuando se esconde. La noche no es más que un descanso forzoso en espera de la próxima luz. En el centro de Baracoa, los portales se pueblan de rostros oscuros que murmuran cuentos de familia y tormentas. Cuesta divisar velas prendidas. El paso por las calles se alumbra con luna y estrellas. En el sector residencial apenas se ha restablecido la electricidad. Los vientos huracanados arrasaron con cerca de 5.000 postes eléctricos y 1.000 transformadores. Falta mucho por levantar. Sin embargo, las labores no cesan, para muchos, ni siquiera de noche.</p>
<p>Todo urge. Hay tripas y forros de colchones secándose al sol. Tripas púrpuras, amarillas, blancas, multicolores. Forros descosidos con las huellas aclaradoras del agua. Hay plantaciones de plátano inundadas. Racimos verdes en el suelo y hojas deshilachadas. Botas de goma, sombreros y machetes inmersos en las plantaciones. Hay añicos de tejas de fibrocemento, paredes de concreto destrozadas por árboles caídos, viviendas sin techos, familias a la intemperie, hombres claveteando tejados, cazuelas humeantes y leñas que arden, niños buscando equilibrio sobre los troncos de las palmas tumbadas. Hay motosierras, martillos, tractores, camiones y grúas que no callan. Hay un proceso de recuperación distinto para cada persona, porque hubo primero un huracán distinto para cada persona.</p>
<p>No todo el mundo debe recuperarse de lo mismo, ni recuperar las mismas cosas, porque no todo el mundo enfrenta las mismas pérdidas. Un desastre natural es condición necesaria pero no suficiente para que una familia clasifique como damnificada por un desastre natural. A quienes se les empapan los colchones y las ropas son a quienes se les derrumba total o parcialmente la vivienda, porque quienes menos tienen que perder son quienes más pierden y demoran en recuperar lo perdido. Las vulnerabilidades, antes que climáticas, son socioeconómicas.</p>
<p>Guantánamo no se restringe a sus dos ciudades, ni a sus cabeceras municipales, ni a su veintena de pueblos. Según el Censo de Población y Vivienda de 2012, el grado de urbanización de la provincia es de 63.7 por ciento. El de Maisí, es el más bajo de todos los municipios de Cuba: 10 por ciento. En zonas rurales, en llanos y montañas, residen más de 187.000 personas. La población dispersa asciende a 51.026. Basta con recorrer la carretera que enlaza a la ciudad de Guantánamo con la ciudad de Baracoa y a la ciudad de Baracoa con la otra Baracoa, que incluye a Jamal, Mata-Guandao, Mandinga, y a la otra Baracoa con La Máquina, cabecera municipal de Maisí, y a La Máquina con Punta de Maisí, para mirar los rostros de esas estadísticas.</p>
<div id="attachment_1731" style="width: 910px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1731" class="size-full wp-image-1731" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Una-nina-que-juega-entre-arboles-caidos.jpg" alt="Una niña que juega entre árboles caídos (Foto: Ismario Rodríguez)" width="900" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Una-nina-que-juega-entre-arboles-caidos.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Una-nina-que-juega-entre-arboles-caidos-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Una-nina-que-juega-entre-arboles-caidos-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /><p id="caption-attachment-1731" class="wp-caption-text">Una niña juega entre árboles caídos (Foto: Ismario Rodríguez)</p></div>
<p>La naturaleza para los guantanameros de zonas rurales es mucho más que un telón de fondo, que refugio esporádico, o que destino turístico. La naturaleza se habita. Mujeres y hombres lavan en los arroyos, restriegan sus ropas contra las piedras y las colocan a secar sobre las piedras, cocinan caldosa con leña y cuidan a sus hijos en las orillas de los arroyos, y se bañan en los mismos arroyos en los que lavan. Beben el agua que emana de entre las piedras de las montañas. Cultivan la tierra y salen a pescar al mar. Buscan la protección de las cuevas cuando sienten peligro porque en las cuevas encuentran seguridad, no son sitios exóticos donde se sacan fotos en unas vacaciones sino sitios familiares que forman parte de sus historias.</p>
<p>El 11 de octubre, de acuerdo con testimonios locales, todavía nadie había podido acceder hasta Velete, en Baracoa, ni por río ni por tierra. Los senderos estaban obstruidos por los troncos de los árboles derribados. El Yumurí, crecido y revuelto. Había que esperar entre dos y tres días para que las aguas se aquietaran y poder remar hasta esa región. La propia comunidad de Yumurí, casi una intrusión entre el mar y las montañas, se hallaba hundida en una laguna que se había creado tras la tempestad. De acuerdo con la gente, no fue el mar –como se esperaba– sino el río el que irrumpió en las casas. Casi nadie había parado aún de secar los suelos, las paredes, los muebles, las reservas de alimentos. Todo continuaba encharcándose. El retorno a la normalidad, a algo aproximado a la vida tal cual era antes, se sentía a noches de distancia.</p>
<p>María Elena Acosta, delegada de la circunscripción 94 Barigüita-Yumurí, del municipio Baracoa, nos explicó que aquí todo el mundo se evacuó. Las 432 personas que residen en la zona se refugiaron en dos viviendas particulares con techo de placa, en tres baños con techo de placa de tres viviendas particulares y en tres cuevas. El martes 4 de octubre, alrededor de las cuatro de la tarde, cuando ya comenzaban a sentir la presencia del fenómeno climático, nadie quedaba en las calles. Durante el periodo de evacuación, el Gobierno hizo llegar algunos productos: salchichas, refresco, arroz y huevo. A las cuevas no. A las cuevas no pudieron llegar. Al día siguiente, la Defensa Civil acudió al área a revisar si había ocurrido alguna muerte, y la gente salió a ver cómo habían quedado sus vidas. Nadie murió, pero casi todos perdieron con el agua y los vientos muchos años de trabajo y esfuerzo.</p>
<p>―Eso fue… catastrófico. Nosotros no esperábamos ver el barrio así… con esas características en las que estaba. Fue un cambio muy brusco. Demasiado.</p>
<p>En el camino a Maisí no se ve un solo tramo que haya quedado ileso. Hay viviendas que fueron reducidas a montoncitos de madera y fibrocemento, que se pueden reconocer como viviendas porque entre los restos permanecen las familias que acogieran, no aferrándose a lo insalvable sino rescatando algunos bienes, limpiando, reconstruyendo. Afrontan la debacle con una seguridad muy parecida a la costumbre. El huracán rompió mucho. No obstante, no rompió el vínculo con el territorio. Cada sitio donde hay restos de viviendas sigue siendo, de una manera muy íntima, un hogar.</p>
<p>Baracoa y Maisí son más bien un parto. Hay tanta vida aquí, contrastando con tanta pérdida, que es como si el país no fuera a parar nunca de nacer.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/otra-cuba/">Otra Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/10/otra-cuba/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La escuelita</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/10/la-escuelita/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/10/la-escuelita/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Elaine Díaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Oct 2016 18:03:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1719</guid>

					<description><![CDATA[<p>Una escuelita en el suelo de Imías. Un director que endereza tejas de zinc. Una brigada de constructores de Guantánamo que arregla los techos y una cocinera que salva sillas.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/la-escuelita/">La escuelita</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>A mi mamá, por todo&#8230;</em></p>
<p>Si ella no hubiera sido maestra, yo, quizás, no habría pedido que me llevaran a la escuelita. Si no la hubiera visto cada noche durante quince años consecutivos revisar las libretas de los estudiantes y dejarles personalizadas páginas de ejercicios, yo, quizás, no habría pedido que me llevaran a la escuelita. Si yo no hubiera escrito intencionalmente casa de vivir con <em>zeta</em> y de cazar con <em>ese</em> para recibir el mismo tratamiento de los niños con más dificultades en el aprendizaje, yo, quizás, no habría pedido que me llevaran a la escuelita. Si no hubiera dictado lecciones de lengua española y composiciones y ejercicios de interpretación a cientos de niños desde que tenía 16 años, yo, quizás, no habría pedido que me llevaran a la escuelita. Si no la hubiera visto llorar cuando pasaban la raya roja justo antes de que llegara unos minutos tarde porque en pleno Periodo Especial los ómnibus cubanos no distinguían entre maestros y otros pasajeros a la hora de abordar, yo, quizás, no habría pedido que me llevaran a la escuelita.</p>
<p>Porque su papel de peritaje médico, con diagnóstico de esquizofrenia paranoide, le dicta que no puede regresar a dar clases en ninguna institución educacional es que yo pedí, la mañana del 11 de octubre de 2016, ver la escuelita.</p>
<div id="attachment_1724" style="width: 1010px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1724" class="size-full wp-image-1724" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/DSC_0275.jpg" alt="En el municipio Imías, de la provincia Guantánamo, hay 39 escuelitas dañadas por el huracán Matthew (Foto: Julio Batista)" width="1000" height="571" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/DSC_0275.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/DSC_0275-300x171.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/DSC_0275-768x439.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1724" class="wp-caption-text">En el municipio Imías, de la provincia Guantánamo, hay 39 escuelitas dañadas por el huracán Matthew (Foto: Julio Batista)</p></div>
<p>En el municipio Imías, de la provincia Guantánamo, hay 39 escuelitas dañadas por el huracán Matthew. Cinco de ellas, pertenecientes todas a la educación primaria, con derrumbe total; diez sin techo (ocho primarias, una secundaria básica y la sede universitaria) y 22 con pérdidas parciales de techos (21 primarias y una secundaria básica), me explica Leovanny Ramírez, vicepresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Imías. Hoy, 11 de octubre, no hay clases en Imías. Y Yolanda Turro Ortiz, la cocinera del centro mixto Protesta de Baraguá, que tiene dos niveles de enseñanza (preuniversitario y secundaria básica), sabe lo que eso significa.</p>
<p>—Tenemos un grado muy peligroso, mija, que es el doce. Tú sabes que a partir de enero comienzan las pruebas ministeriales y después vienen las pruebas de ingreso [a la universidad]. Ya esos niños llevan muchos días sin ir a la escuela.</p>
<div id="attachment_1722" style="width: 417px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1722" class="size-full wp-image-1722" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/IMG_9801_1024.jpg" alt="Yolanda no sirve para estar sentada (Foto: Elaine Díaz)" width="407" height="562" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/IMG_9801_1024.jpg 407w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/IMG_9801_1024-217x300.jpg 217w" sizes="(max-width: 407px) 100vw, 407px" /><p id="caption-attachment-1722" class="wp-caption-text">Yolanda no sirve para estar sentada (Foto: Elaine Díaz)</p></div>
<p>El centro mixto Protesta de Baraguá perdió mucho. El comedor tiene un esqueleto de madera por techo que debería estar cubierto de tejas, dos neveras que resistieron los vientos y que ahora tienen las pilas abiertas porque entraron ranas y hay que botar el agua contaminada. Cuando llego, Yolanda está acomodando las sillas del comedor: las levanta, les quita el agua, las encarama una encima de otras y hace pilas de a cinco, las recuesta a la pared, por si vinieran otros vientos. Yolanda no sirve para estar sentada. Estrictamente, nadie le ha pedido que limpie el comedor, ni que proteja las sillas, a ella solo le toca hacer el almuerzo y la comida de la brigada de quince constructores que llegó desde la Empresa de Aseguramiento y Servicios a la Educación de la ciudad de Guantánamo el viernes 7 de octubre. Son casi las doce del día y, en breve, habrá que repartir el almuerzo.</p>
<p>—¿Hasta cuándo deben trabajar aquí? –pregunto a los quince hombres que descansan bajo los pocos árboles que quedaron en pie.</p>
<p>—Ay mija, nosotros no te sabemos decir exactamente –responde alguien.</p>
<p>—Hasta que se seque el malecón –dice otro y los demás sonríen.</p>
<p>—La terminación está en dependencia de los recursos que nos vayan suministrando –me explica Elías Habet–. Hoy están completando las cubiertas de dos naves de dormitorios y dos naves de aulas.</p>
<p>—¿Con las mismas tejas que el ciclón desprendió?</p>
<p>—Sí, hemos recuperado tejas. Pero estamos esperando que lleguen los tornillos para seguir fijando las tejas recuperadas.</p>
<p>—¿Cuándo deben llegar los tornillos?</p>
<p>—Hoy deben entrar.</p>
<p>El resto de los constructores espera por Elías para que sirvan el almuerzo. Yolanda trae dos calderas grandes. Los hombres hacen fila, dicen “gracias”, se enojan.</p>
<p>—¿Usted cree que así se puede trabajar? –me pregunta uno de los constructores.</p>
<p>—¿Qué pasó, chico? –dice Elías.</p>
<p>—Arroz, frijoles y cambute. Eso no es comida para un constructor.</p>
<p>Herminio Jardínez, el director de la escuelita, sabe también que eso no es comida para un constructor. Por eso manda a buscar al almacenero. Le dice que prepare la jamonada. Y el almacenero dice que jamonada por el mediodía o por la tarde, que escojan. Herminio necesita a los constructores para poder recibir a los 143 estudiantes internos del centro mixto antes del fin de semana. Quiere que se reinicien las clases mañana y, para ello, planea utilizar los laboratorios de la escuelita y algunas aulas del politécnico cercano que no sufrieron afectaciones. Si el ciclón no hubiera pasado, Herminio tendría más que jamonada para dar. Tendría plantaciones de plátanos, y carneros y cerdos. Pero más del 50 por ciento de los animales se ahogaron, “especialmente los carneros, que era lo que más teníamos”, me cuenta. Los constructores van a trabajar aunque no sirvan la jamonada. Porque ya techaron tres dormitorios, porque hoy terminarán el cuarto albergue, porque recuperarán el almacén, la cocina-comedor y porque quieren, también, que se inicien las clases.</p>
<p>La escuelita no perdió los televisores, ni las computadoras, porque los evacuaron a tiempo.</p>
<p>—¿Y los libros? –me pregunta ella, desde el otro lado de la línea, cuando la llamo para contarle de la escuelita.</p>
<p>—Aún no lo sabemos –me responde Herminio cuando le hago la misma pregunta–. Le pedimos a los estudiantes que los guardaran en las taquillas y están con candados. Habrá que esperar a que ellos lleguen.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/la-escuelita/">La escuelita</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/10/la-escuelita/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sin antes y sin después</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/10/sin-antes-y-sin-despues/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/10/sin-antes-y-sin-despues/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Geisy Guia Delis]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Oct 2016 13:04:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1709</guid>

					<description><![CDATA[<p>El huracán afectó doblemente a los que ya tenían problemas de viviendas. </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/sin-antes-y-sin-despues/">Sin antes y sin después</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ernesto, desde hace muchos años, está triste. Llora mucho, se le nota en la mirada caída que evita mis ojos curiosos, escudriñadores. Habla conmigo y percibo que hace un esfuerzo para que la voz no le suene rota y para que yo pueda valorar su caso objetivamente, para que lo escuche con atención en medio de tanta calamidad e imágenes repetidas de casas en ruinas.</p>
<p>—Yo también soy un damnificado. Y ahora no sé qué hacer –comienza diciendo–. Me dicen que espere pero ya no puedo esperar más.</p>
<p>Antes del paso del huracán Matthew por el poblado Jamal, en Baracoa, a Ernesto Rodríguez, de 59 años de edad, la casa ya se le había caído encima. El día que este fenómeno natural entró a Guantánamo todas sus pertenencias ocupaban el tercio de una habitación que le había quedado en pie. Él y las siete mujeres con las que vive estaban esperando lo peor para no llevarse sorpresas. Cuando amaneció, incluso ese pequeño pedazo de vivienda ya no estaba más.</p>
<p>—Tuve que salir a buscar las tejas sanas que me dejó el ciclón para volver a levantar esto aquí. Los vecinos me ayudaron y así pudimos reacomodar el puntal de la casa, luego le recostamos lo que encontré para darle un poco de forma, como si fuera una casa.</p>
<p>Me invita a sentarme y de algún lugar saca una silla. Se da cuenta de que debajo del techo no cabe. No queda más que ponerla bajo el sol y arrimarla al zinc que ha utilizado como pared. Me pide que no me fije, que lo disculpe, que tiene el refrigerador, la mesa, los cubiertos y media vida a la intemperie. No me ofrece pasar porque no tiene puerta. Levanta una cortina para velarle la siesta, durante unos segundos, a una de sus nietas: la melliza de un año y dos meses, que duerme en la única esquina del colchón que ha quedado seca.</p>
<p>—A mí el Gobierno me dio 90.000 pesos. Me asignaron un subsidio el 3 de septiembre de 2015 para construir una casa de un cuarto, un baño, sala y comedor para ocho personas. En un año solo he podido hacer cuatro dados.</p>
<div id="attachment_1711" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1711" class="size-full wp-image-1711" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Foto-3.jpg" alt="Durante el ciclón a Marelis solo le preocupaba que no le robaran los materiales de la construcción (Foto: Geisy Guia)" width="1000" height="601" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Foto-3.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Foto-3-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Foto-3-768x462.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Foto-3-998x600.jpg 998w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Foto-3-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Foto-3-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1711" class="wp-caption-text">Durante el ciclón a Marelis solo le preocupaba que no le robaran los materiales de la construcción (Foto: Geisy Guia)</p></div>
<p>El subsidio, emitido hace más de doce meses, ya se le venció. Al solicitar una prórroga el documento lo único concreto que había conseguido era el juego de baño, unas diez tejas y algunas bolsas de cemento.</p>
<p>—Cuando hay grava, no hay polvo de piedra ni transporte, cuando consigo en qué mover los materiales desde Baracoa hasta el Jamal entonces no hay arena y del río no la voy a sacar. Ahora, cuando más falta me hace construir, el técnico de la Unidad Municipal de la Vivienda que atiende esta área me dice que a causa del ciclón hay otras prioridades, que a los subsidios no se les ha de vender nada.</p>
<p>A Baracoa han llegado en los últimos días varios cargamentos de materiales de la construcción para las personas afectadas por el huracán.</p>
<p>Ernesto me explica que estuvo en los almacenes, vio lo que necesitaba, encontró suministros por los cuales había estado esperando hasta cinco meses pero sin el permiso no puede realizar ninguna compra. Le indicaron enfáticamente que reintegrara el cheque al banco. Si no lo hace pierde el dinero. Ernesto se toma unos minutos para tragarse las emociones, disimula la cara de descalzo ante la vidriera de una zapatería dándole otro vistazo a la nieta. Cuando vuelve me trae dos plátanos enanos de un racimo que el ciclón no dejó crecer y que él puso a madurar para ir mitigando el hambre.</p>
<p>—Usted perdone la mala palabra pero yo, como aquel quien dice, soy un desamparado. Trabajé casi toda mi vida como panadero y así sin más, hace cinco años me dejaron disponible a causa de mi problema de artrosis generalizada. Nosotros estamos pasando tal crisis que no me alcanza para comprar algo de lo que viene a la bodega. Es duro estar sin dinero para moverse. Para ir a la ciudad a ver los asuntos de la casa tengo que pedir diez pesos cubanos prestados.</p>
<p>Me repite varias veces que se siente desorientado, que no sabe a dónde ir, ni a quién ver. Me mira y me pregunta:</p>
<p>—¿Qué debo hacer?</p>
<p>No sé la respuesta y me avergüenzo, porque siento que no le soy de mucha ayuda. Intento apagar la grabadora. Él se da cuenta y me dice:</p>
<p>—Tú no te preocupes. Necesito desahogarme.</p>
<p>En el terreno donde algún día estará la casa, Marelis, la esposa de Ernesto, ha improvisado un fogón de leña. Hay muchos árboles caídos. Prepara un ajiaco y me comenta que mientras estaba en el centro de evacuación y durante el paso de la tormenta solo temía que le robaran los materiales. En la madrugada del día después, cuando salió de la iglesia donde estaba para ver su rancho, ya había extraños alrededor de la casita. Marelis, entonces, decidió quedarse.</p>
<p>—Estamos los dos durmiendo en una cama pequeñita en la que apenas cabemos –dice ella entre nubes de humo–. Estamos apilados ahí y él de cuando en cuando se queja del dolor en la columna.</p>
<p>Después de media hora de plática a Ernesto le vuelven los deseos de llorar: está mirando lo que Matthew le dejó de la casa. Le pide a su mujer el portafolio porque va a salir para la ciudad, para Baracoa, a tratar de resolver su problema. Por un breve instante olvida que me está dando una entrevista y prolonga el silencio, viaja lejos. Cuando regresa, insiste en disculparse, como si esa elipsis fuese un agravio.</p>
<p>Como si el agraviado, en esta historia, no fuese él.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/sin-antes-y-sin-despues/">Sin antes y sin después</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/10/sin-antes-y-sin-despues/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Punta de Maisí</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/10/punta-de-maisi/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/10/punta-de-maisi/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tomás Ernesto Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Oct 2016 15:09:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1703</guid>

					<description><![CDATA[<p>En Punta de Maisí la calma es inquietante, como si fuese realmente el preámbulo de alguna desgracia, como si algo, no se sabe qué, estuviese a punto de ocurrir.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/punta-de-maisi/">Punta de Maisí</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En el patio de su casa, Hildermarzo Leyva me dice:</p>
<p>—En Punta de Maisí hay su bandolero como en todos los lugares, y su chismoso, pero a la gente le gusta porque es un lugar tranquilo.</p>
<p>Es cierto que en el poblado se respira tranquilidad, aunque no es el tipo de tranquilidad que tranquiliza. En Punta de Maisí la calma es inquietante, como si fuese realmente el preámbulo de alguna desgracia, como si algo, no se sabe qué, estuviese a punto de ocurrir. Cuando visito el pueblo, hay un liniero encaramado en un poste de madera, y por las calles desnudas circulan con fastidio, como almas en pena, algunos vehículos que por su cuidada apariencia desentonan con el paisaje. Hay casas destruidas por completo y hay otras que fueron mutiladas y que sus dueños tratarán de enmendar. Hay gente reunida en los patios o en los portales, consolándose mutuamente, bostezando. A ratos, el golpe de un martillo perturba la serenidad en este pedazo de tierra lleno de piedras y arbustos marchitos. El aire huele a sal y a humo de leña quemada. Un perro comienza a ladrar abruptamente y abruptamente se calla. Dos hermanos descargan una carretilla repleta de tejas rotas en la entrada de su casa y desaparecen dentro, sin dirigirse la palabra.</p>
<p>El martes 11 de octubre, con toda su calma, es un día atareado en el extremo más oriental de Cuba. El huracán Matthew, aparte de los numerosos destrozos, les ha dejado eso: unas cuantas semanas colmadas de martillazos, un ir y venir de vehículos que resplandecen al sol y agitan el polvo de las calles, un caudal de lamentos y la incrédula felicidad de haber sobrevivido.</p>
<p>—Pasamos un rato malo, malo de verdad –dice Hildermarzo–. Parecía que estaban arrastrando escombros arriba de la placa. Era como un bicho que quería buscar por dónde meterse.</p>
<p>Hildermarzo y su familia, entre la que había dos niños y un discapacitado, pasaron la tormenta en su propia vivienda, en un cuarto de placa construido expresamente para que sirviera de refugio en situaciones meteorológicas extremas. Matthew les llevó una parte del techo y una ventana. El martes 11 de octubre, apenas han logrado sacar la mitad de los escombros.</p>
<p>—Y hay otros que están peor que yo –dice–. Hay gente que no tiene nada.</p>
<p>También hay gente, la mayoría, que no pudo refugiarse en su propia casa y se vio obligada a buscar refugio en las cuevas de los alrededores.</p>
<p>—Irse para la cueva es algo tradicional del barrio –me explica Georvis Romero–. Por años, cuando hay ciclones, las personas acuden a las cuevas, porque esa es la seguridad.</p>
<p>Esa seguridad, según Georvis, es relativa, y se limita más bien al hecho de que en las cuevas no suele haber derrumbes. Sin embargo, en la cueva en que él y su familia se evacuaron, como a un kilómetro y medio de su casa, el azote de los vientos fue despiadado.</p>
<p>—Yo recuerdo que antiguamente nos refugiábamos en las cuevas y nunca pasó nada –dice Raúl Fitó–. La pasábamos bien, entre comillas, y esta vez yo pensé: “Ahí no va a haber problema”.</p>
<p>Georvis, Raúl y toda la familia, incluidos un bebé de un mes y otro de cinco meses, se fueron para la cueva un día antes de que el ciclón entrara, para evitar que los cogiera la lluvia. Se llevaron consigo lo que tenían de la canasta básica –arroz, azúcar, carne en conserva–, agua potable en porrones de plástico, colchonetas y sacos de henequén para dormir, dos cunas para los bebés. Al llegar a la cueva lo organizaron todo, cortaron la leña antes de que se cargara de humedad e hicieron fogones utilizando parte de la leña y piedras. Esa noche, la primera, durmieron más o menos como siempre. La segunda, la del ciclón, fue radicalmente distinta. Raúl asegura que en sus 54 años de vida nunca había pasado una noche como aquella.</p>
<p>—Cuando empezó a penetrar el aire, con agua fuerte para adentro, yo pensé que nos íbamos a ahogar –dice–. La cueva era recta y al final tenía un recodo, y yo creí que allá no iba a llegar el agua, pero sí llegó. Menos mal que habíamos puesto un nailon con palo de palmera atravesado y eso nos protegió bastante. Después de que pasó el aire fuerte, la cueva empezó a filtrar, por la intensa lluvia. Eso yo nunca lo había visto. Esa agua venía contaminada seguramente, porque ahí hay estiércol de murciélago, de chivo, sabe Dios de cuántas cosas más. Nos dio picazón, diarrea, hongo en los pies. Pasamos la noche en vela.</p>
<p>La familia de un vecino suyo, Hilde Castillo, incluidas sus cinco hijas, todas menores de edad, también se refugió en una cueva. El agua potable se les acabó y tuvieron que beber el agua que corría por las paredes de la cueva. El resultado de eso es que el martes 11 de octubre una de sus niñas está ingresada en el hospital, tras haber padecido fiebre, diarrea y vómitos.</p>
<div id="attachment_1706" style="width: 1009px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1706" class="size-full wp-image-1706" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Portada.jpg" alt="Las hijas de Hilde Castillo juegan en su vivienda sin techo, solas (Foto: Tomás E. Pérez)" width="999" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Portada.jpg 999w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Portada-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Portada-768x461.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Portada-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Portada-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 999px) 100vw, 999px" /><p id="caption-attachment-1706" class="wp-caption-text">Las hijas de Hilde Castillo juegan en su vivienda sin techo, solas (Foto: Tomás E. Pérez)</p></div>
<p>—Lo que más nos golpeó después del ciclón fue el problema del agua potable –dice Raúl–. Todo se contaminó. El agua de la cisterna se puso casi salada. Nos pasamos como cinco o seis días sin agua potable. Y sin médico. Antier domingo fue que mandaron a un especialista y ayer lunes nos atendimos todos.</p>
<p>Conversamos en el patio de su vivienda. El viento sacude los pañales blancos que cuelgan de la tendedera. Sobre los arbustos, desperdigada aquí y allá, hay ropa interior secándose al sol. Un colchón empapado descansa contra una cerca. Los demás colchones están dentro, porque esa mañana amenazó con llover. Los sacan por el día para que se oreen y en la noche los meten en la casa, los cubren con sacos de henequén secos y duermen encima. El huracán les llevó el techo de zinc y madera. El de la cocina, que es de guano, no sufrió daños.</p>
<p>—Pregunte por ahí, que se lo van a decir –dice Raúl–. Yo no sé qué misterio tiene el guano, pero es resistente al ciclón.</p>
<p>Cuando salieron de la cueva, lo primero que hicieron fue limpiar los escombros y poner un techo provisional con las pocas tejas que quedaron para protegerse del sol y del agua. El domingo por la tarde se restableció la cobertura de los teléfonos celulares, que han cargado en el faro, y gracias a eso han podido llamar a sus familiares de La Habana y mantenerse informados.</p>
<p>—Yo pienso que el Estado, la Iglesia o alguien tenga que venir con un techo –dice Raúl–. Ahora queda esperar.</p>
<p>Cuando me despido de Raúl, de Georvis y de su numerosa familia –22 en total–, salgo a buscar a Hilde Castillo. Conversamos sentados en una cama en casa de su madre, con el cielo por techo. Es entonces cuando me habla del subsidio que le concedieron hace tres años, de sus cinco niñas, de su esposa recién operada, del ingreso de una de sus hijas, de los chivos que se comieron en la cueva, de un coronel que visitó su casa después del ciclón y le entregó un jabón y un paquete de papel sanitario y una bolsa de palitroques. Hilde me pide que lo acompañe a su casa para que vea las condiciones en que quedó. Le digo que sí, que por supuesto. Hilde no sabe que es la última persona que entrevistaré en Punta de Maisí. Yo, en ese momento, tampoco puedo saberlo.</p>
<p>—Tienes que tener mucho cuidado –me advierte justo antes de abandonar la casa de su madre–, porque están buscando a los periodistas que andan por ahí.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/punta-de-maisi/">Punta de Maisí</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/10/punta-de-maisi/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>4</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Lo que el viento se llevó</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/10/lo-que-el-viento-se-llevo/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/10/lo-que-el-viento-se-llevo/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Alejandro Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Oct 2016 13:46:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1696</guid>

					<description><![CDATA[<p>El 4 de octubre, alrededor de las seis de la tarde, “el Diablo” penetró en Cuba cerca de Punta Caleta. Y se posó sobre Jamal. </p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/lo-que-el-viento-se-llevo/">Lo que el viento se llevó</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En la demarcación de Jamal, a diez kilómetros al sureste de la ciudad de Baracoa, el viento huracanado de Matthew barrió las montañas, arrancó de cuajo los cocoteros y torció a ras de tierra las plantaciones de cacao. En Altos de Jamal, donde las casas siempre habían parecido desprotegidas, Matthew no solo levantó los techos, también derrumbó las paredes y las estructuras metálicas que sostenían las casas.</p>
<p>Pueblo adentro, el viento se arremolinó sobre los discretos edificios. Salvo las iglesias, algunas instituciones estatales y unas pocas viviendas particulares muy sólidas, Matthew torció a su antojo todo lo demás.</p>
<p>El viento se llevó los postes del tendido eléctrico, los techos, las paredes, los cables y los árboles. En la mayoría de las casas el viento se llevó la tranquilidad, las tejas de barro y las planchas de zinc. Cuando tuvo paso libre al interior de las habitaciones, desperdigó las pertenencias de la gente. Lo que no estaba bien protegido, lo que no estaba bien atado, se perdió bajo el cielo lúgubre de Jamal. Y luego, cuando el viento levantó las cubiertas o colapsó las viviendas, la lluvia comenzó a mojar las ropas, echó a perder para siempre los colchones, los armarios y los equipos electrodomésticos.</p>
<div id="attachment_1698" style="width: 1005px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1698" class="wp-image-1698 size-full" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Altos-de-Jamal-2.jpg" alt="El viento se llevó los postes del tendido eléctrico (Foto: Carlos Alejandro Rodríguez)" width="995" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Altos-de-Jamal-2.jpg 995w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Altos-de-Jamal-2-300x181.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Altos-de-Jamal-2-768x463.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Altos-de-Jamal-2-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Altos-de-Jamal-2-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 995px) 100vw, 995px" /><p id="caption-attachment-1698" class="wp-caption-text">El viento se llevó los postes del tendido eléctrico (Foto: Carlos Alejandro Rodríguez)</p></div>
<p>Entre las cuatro y las cinco de la tarde del martes 4 de octubre, Ofelia Delfina Moros y Bárbara Leiva Calderín entornaron las persianas de la Iglesia Evangélica del Nazareno de Jamal, donde habían ido a protegerse del viento huracanado de Matthew. Las primeras rachas comenzaban a mover peligrosamente la copa de los árboles y los techos más frágiles. Pero ni Ofelia ni Bárbara habían padecido jamás la furia de un huracán con categoría 4 en la escala de Saffir-Simpson. No se imaginaban que, antes de que cayera la noche, verían cómo el viento levantaba la primera teja de zinc de sus hogares. Ni que, a la altura de la calma, habrían perdido casi todo.</p>
<p>De sopetón, a la vista de sus casas abatidas, ambas mujeres padecieron un ataque nervioso, como si hubieran caído en la más grave intemperie emocional. Una doctora vino y tomó la presión de Bárbara, desconsolada. Tratando de reponerse, Ofelia se acercó más a su hijo Iroldis, un niño con síndrome de Down que seguía jugando cuando prendieron las primeras velas.</p>
<p>Esperaron sin dormir a que amaneciera. Y salieron a buscar lo que el viento se llevó.</p>
<div id="attachment_1700" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1700" class="wp-image-1700 size-full" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Ofelia-y-Bárbara.jpg" alt="ofelia-y-barbara" width="1000" height="750" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Ofelia-y-Bárbara.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Ofelia-y-Bárbara-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Ofelia-y-Bárbara-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Ofelia-y-Bárbara-800x600.jpg 800w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1700" class="wp-caption-text">Ofelia y Bárbara (Foto: Carlos Alejandro Rodríguez)</p></div>
<p>—¿Ustedes nunca habían vivido un desastre como este?</p>
<p>—Nunca –respondió Ofelia–. Desde que yo nací mi mamá nos contaba que había pasado el Hilda [1955] y que había pasado el Flora [1963]. Primero uno y después el otro. Y que habían dejao un desastre así como este.</p>
<p>—Esto nadie se lo esperaba…</p>
<p>—Nadie. Ahora, a veces, yo me quedo así pensando y me digo, ¿qué voy a hacer…? ¿Tú sabes por qué yo permanezco de día aquí [en las ruinas de la casa]?</p>
<p>—No.</p>
<p>—Porque me pueden llevar lo poco que me quedó. Si se llevaron las tejas cuando yo estaba ahí afuera [en la iglesia], imagínate qué se llevarán cuando una no está.</p>
<p>Ofelia no me pregunta a mí, aunque yo responda. Ofelia lanza interrogantes retóricas al aire. Y yo, en realidad, no imagino qué más podría llevarse un ladrón humano. Ya Matthew se lo llevó todo. Y lo que no se llevó, lo mojó, lo desarmó, lo partió.</p>
<p>—El techo no resistió… –dije en medio de la intemperie.</p>
<p>—No. La casa se cayó por el mal trabajo que hicieron. Esta casa es nueva, tiene un año y pico de estar hecha. Tuve que ir varias veces al Poder Popular para que me la hicieran, mal hecha.</p>
<p>—¿Y podría haber resistido? Fue un huracán categoría cuatro…</p>
<p>—¡Es una casa nueva! Tiene un año y pico. ¿Usted cree que con un año y pico la casa no podía resistir?</p>
<p>—Claro. Debía.</p>
<p>—Tenía que resistir.</p>
<p>A Ofelia el huracán Ike le derrumbó su anterior vivienda. Damnificada por un ciclón, con un hijo síndrome de Down, el Gobierno le entregó una nueva casa, hace más de un año. Pero Matthew no estaba en los planes. Y vino aprovechándose de las grietas, de las vigas mal puestas, del trabajo inacabado.</p>
<p>Matthew tumbó la segunda casa de Ofelia y tumbó la segunda casa de Bárbara. Bárbara vivía en Yumurí [Baracoa] hasta que las olas impulsadas por Ike (2008) le barrieron su hogar. De la cueva donde se evacuó salió a una casa temporal. Y de la casa temporal salió a una casa definitiva que no llegó a ser definitiva, casi un par de años después.</p>
<p>—El primer viaje, el ciclón [Ike] me la llevó. Me llevó la primera casa –rememora Bárbara–. Y ahora fue el segundo viaje. Parece que se metió el remolino y acabó. Ay, mijo, yo quisiera que pasara por aquí Raúl, o Expósito, el de Santiago…</p>
<p>—¿Para qué?</p>
<p>—Para decirles.</p>
<p>—¿Para decirles qué?</p>
<p>—Que esta Revolución es grandísima y buena y buena, pero que los malos somos nosotros mismos, somos los que estamos dirigiendo en la base. Nosotros somos los que estamos haciendo las cosas mal. Porque hay inversionistas, hay un director de una empresa que pueden venir y decirles a los constructores: “La calidad de esa casa no sirve y te demando y te quito y te descuento”. Esto lo hicieron en un mes o en menos de un mes.</p>
<p>—¿Tan rápido?</p>
<p>—Sí. Y ahora se cayó.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Cuando amaneció el 5 de octubre, la gente no solo vio que había perdido parcial o totalmente su casa. La gente también miró al paisaje que está detrás de sus casas y vio que las montañas de Jamal habían sido desvestidas por el viento. De las 97 caballerías plantadas de coco y las 127 caballerías sembradas de cacao (que existían en Jamal según la enciclopedia cubana Ecured), nadie puede decir ahora cuánto quedó. Los trabajadores agrícolas del pueblo se aventuran a sugerir que hará falta una década para que pueda recuperarse la zafra del cacao y el coco. Ellos saben que un huracán en Jamal azota la producción de chocolate en todo el país. Y saben, mejor aún, que un huracán que azota las plantaciones de cacao de Jamal también azota las posibilidades de empleo.</p>
<p>—Yo creo que nosotros los jóvenes vamos a tener que irnos pa’ Occidente a trabajar. Estoy pensando eso… –dijo un hombre menos joven de lo que él mismo creía.</p>
<p>—Le vamos a dar una finca con marabú allá –bromeó otro sentado en un banco cercano, en el parque.</p>
<p>—Yo paʼllá no voy a cortar marabú –advirtió el primero, casi molesto.</p>
<p>No solo las plantas de cacao fueron barridas por Matthew. El viento también destrozó el techo de la planta de beneficio de café y cacao de Jamal. Y derribó los árboles que daban sombra a los cacahuales. Ahora las plantas de cacao tienen que resucitar a ras de suelo bajo otros árboles que están por crecer.</p>
<p>Mientras tanto, la gente del pueblo se interroga. Lanzan preguntas retóricas a sí mismos, a los otros. Y también se responden, retóricamente.</p>
<p>—¿Qué harán los que viven en la cooperativa? –preguntó otro hombre en el parque–. A esa gente le pagan el salario por lo que vendan. Y el ciclón tumbó el coco, tumbó el cacao y tumbó todo el cambute, todo. Yo no sé qué le irán a pagar a esa gente.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_1701" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1701" class="wp-image-1701 size-full" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Rafaela.jpg" alt="rafaela" width="1000" height="750" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Rafaela.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Rafaela-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Rafaela-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/Rafaela-800x600.jpg 800w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1701" class="wp-caption-text">Rafaela Matos (Foto: Carlos Alejandro Rodríguez)</p></div>
<p>Rafaela Matos Marzo vive en La Sidra, a dos kilómetros escasos de Jamal. Primero hay que llegar a La Alegría y subir río arriba, dejando atrás a la gente que lava en los cauces desbordados por Matthew. Sobre las piedras de los lechos las mujeres (sobre todo las mujeres, pero no únicamente) lavan, restriegan, “deschurran” con una paleta y enjuagan la ropa. Después la tienden a orillas de los ríos, en lechos arenosos y secos.</p>
<p>A sus 75 años, con la vista demasiado nublada, Rafaela no puede salir al río. Una hija vino de San Luis a lavarle. Un hijo vino de La Habana, después del huracán, y le techó la casa con un nailon negro y unas pencas de coco. El ciclón le dejó cuatro paredes, y dentro de las cuatro paredes, una pila de basura húmeda que antes había sido su armario. Todo lo demás se fue con el viento o se desintegró en la lluvia.</p>
<p>Rafaela y su esposo nonagenario se evacuaron en una casa vecina, igual que otras 25 familias. Y cuando el ciclón amenazó con derribar la vivienda, ella entonó lo más alto posible los aleluyas, los padrenuestros y los avemaría. “Gloria a Dios que nos salvó”, dice.</p>
<p>En La Sidra, el pastor de la comunidad acompañó con oraciones a Rafaela y al resto de los evacuados. Cuando una racha violenta desprendió la ventana de la vivienda donde aguardaban todos, cinco hombres bloquearon la entrada del viento con un colchón que terminó, a la postre, deshecho. Pero así el huracán no penetró en la casa ni implosionó el techo. Nadie murió. Mientras se elevaban cantos y oraciones nerviosas guiadas por el pastor, afuera el viento iba desintegrando, poco a poco, la casa de culto.</p>
<p>—Yo se lo advertí a Eliseo, mi marido –volvió Rafaela–: “Oye, aquí va a haber un ciclón que no va a tener compasión con nadie”. A mí me presentaron todo lo que iba a suceder en revelación, y así mismo ha sido.</p>
<p>—¿Cómo usted lo sabía? –traté de indagar, curioso.</p>
<p>—Dios revela las cosas, mijito –se adelantó a explicar su hija.</p>
<p>Rafaela cree que el 4 de octubre alrededor de las seis de la tarde “el Diablo” penetró en Cuba cerca de Punta Caleta. Y que estuvo sobre Jamal, y que se posó sobre el municipio de Baracoa hasta las dos de la madrugada.</p>
<p>—Yo sabía que esto venía, por revelación –reafirmó la anciana–. Y yo le dije a mi hijo: “Ponte pa’ las cosas, que esto no es nada bueno. Esto va a ser algo grande en la vida. Esto va a ser un fenómeno criminal”. ¿Ustedes lo vieron bien retratado?</p>
<p>—Sí –respondimos a coro la hija y yo–. Retratado por el satélite…</p>
<p>—¿Lo vieron? ¿Le vieron su cara? ¿Le vieron la boca, los ojos?</p>
<p>—¿A quién? ¿A quién tú le viste la boca y los ojos? –preguntó la hija, alarmada a estas alturas.</p>
<p>—A Matthew. Parecía el diablo metío en la tierra. El demonio.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/lo-que-el-viento-se-llevo/">Lo que el viento se llevó</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/10/lo-que-el-viento-se-llevo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>11</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Gente de La Farola</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/10/gente-de-la-farola/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/10/gente-de-la-farola/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Elaine Díaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Oct 2016 14:08:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1685</guid>

					<description><![CDATA[<p>Más de treinta kilómetros de carretera, casitas sin techo, casitas con techo. Más de treinta kilómetros de ropa y colchones al aire libre y gente y café y cacao y palmas.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/gente-de-la-farola/">Gente de La Farola</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde la ciudad de Guantánamo hasta Baracoa hay una carretera que empieza a presentar síntomas de huracán en una comunidad conocida como Bate Bate. Allí el mar regurgitó piedras y mordió el asfalto durante el paso del huracán Matthew, de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson. Hay camiones que llegan con relleno, camiones que intentan alistar la carretera para que sea más fácil el acceso hacia donde inicia el dolor. El dolor, visible, inicia en San Antonio del Sur. Techos ausentes, palmas en el piso. Las palmas suelen enfrentar los huracanes con dignidad: o permanecen en pie o caen completamente arrancadas de raíz por la fuerza de los vientos. Pero nunca se flexionan. Hay palmas en pie durante todo el camino desde San Antonio del Sur hasta la Punta de Maisí. Y hay palmas en el piso.</p>
<p>Hay una palma, en la carretera del viaducto de La Farola, que no está ni en pie ni en tierra. Yace suspendida sobre el tendido eléctrico. La palma, de algún modo, resiste. El tendido eléctrico también. En algún momento, uno de los dos, palma o tendido eléctrico, deberá caer.</p>
<div id="attachment_1683" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1683" class="wp-image-1683 size-full" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/palma-en-la-via.jpg" alt="palma-en-la-via" width="1000" height="563" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/palma-en-la-via.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/palma-en-la-via-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/palma-en-la-via-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1683" class="wp-caption-text">Esta palma está suspendida sobre el tendido eléctrico en el viaducto de La Farola (Foto: Elaine Díaz)</p></div>
<p>Si la palma cayera, como se prevé, el equipo que este 11 de octubre poda los árboles del viaducto de La Farola para evitar posibles daños a los pocos carros que circulan, debería retirarla de la zona. Al menos nueve hombres limpian la Farola, una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana, una carretera de más de treinta kilómetros que bordea montañas y acorta el tránsito hacia Baracoa. Por el camino, La Farola ensarta pueblos, pueblos pequeños y casas aisladas y kilómetros de palmas que cayeron y que no cayeron donde no hay ni pueblos pequeños ni casas aisladas.</p>
<p>Los nueve hombres que hoy, 11 de octubre, limpian La Farola lo hacen con camiones y escobas de palmiche para borrar todo rastro de tierra que cayó en deslaves sucesivos. Los hombres tienen machetes colgados en la cintura, gorras, chaquetas verde fosforescente que a la luz del día carecen de sentido, pero que cobrarán valor durante la noche. Los hombres de La Farola quieren que les tomemos fotos. Alzan las manos, y cuando los hombres de La Farola alzan las manos una se siente a salvo de cualquier deslizamiento de tierra. El trueque me parece justo: ellos quieren que se sepa que a las once y treinta de la mañana, cuando el sol raja las piedras en La Farola, ellos están allí. Y quieren que se sepa que no llegaron allí ahora, junto a las brigadas de apoyo a la recuperación, sino que siempre han estado allí. Durante años han limpiado La Farola.</p>
<div id="attachment_1679" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1679" class="wp-image-1679 size-full" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/brigada-de-limpieza-2.jpg" alt="brigada-de-limpieza-2" width="1000" height="563" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/brigada-de-limpieza-2.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/brigada-de-limpieza-2-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/brigada-de-limpieza-2-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1679" class="wp-caption-text">Este grupo limpia el viaducto de La Farola (Foto: Elaine Díaz)</p></div>
<p>En el punto más alto de La Farola, Altos de Cotilla, hay un mirador. El mirador está lo suficientemente alto como para no ver. Desde el mirador, los techos no se notan caídos y las palmas resucitan de la tierra. Una supone que en algún sitio están las tejas trituradas, los platanales atrofiados, los ríos crecidos; pero la montaña, vasta, anula los detalles. Desde Altos de Cotilla una puede adivinar el futuro, puede ver las heridas abiertas convertirse en cicatrices. Todavía hay mucho de herida abierta en Altos de Cotilla, cuando la vista se detiene en lo más cercano: la gente de La Farola.</p>
<p>Hay gente en La Farola que vende cualquier cosa que se derive del cacao: barras de chocolate de diez pesos, barras de chocolate de cinco pesos, pomos tallados en madera con manteca de cacao, bolas de cacao puro. Hay un hombre que también anuncia café. Y hay otro que le pregunta si ese café es de antes o después del huracán. El señor del café responde que de antes, porque ya no hubo después. Todo su café fue al piso. Las semillas de café, cuando son arrasadas por un huracán, no reaccionan como el plátano. Se confunden con la tierra, con las piedras, desaparecen, vuelan. El hombre que pregunta no quiere comprar al señor del café porque el olor no le revienta el olfato. “El café de Maisí”, me dice, “se siente desde que uno va por la carretera”. Pero es probable que tampoco quede café de Maisí. El señor del café de Altos de Cotilla abre el sobre de nailon, lo huele, y le dice al otro que se lo lleve para el camino. Nada hay que pagar.</p>
<p>Las cuatro comunidades principales en La Farola son Veguita del Sur, Yumurí viejo, Palma Clara y Cuagüeybajo. En algún punto de la carretera, dos mujeres esperan por algo que las lleve hasta Palma Clara. “Palma Clara quedó destruido”, dicen. Palma Clara no se ve bien desde la carretera, pero una percibe que hay mucha vida tras ese camino de tierra por donde vienen mujeres, con la ropa para lavar dispuesta en cubetas y carretillas, y que termina en un lavadero público con agua de manantial. A las nueve de la mañana hay tres mujeres dando palos para deschurrar la ropa. En la tarde habrá más.</p>
<p>Entre Palma Clara y el fin de La Farola: un pomo de agua. El agua en Baracoa se vende caliente porque todavía la electricidad no alcanza todos los sitios. Pero la gente de La Farola ha hecho un bebedero, un acueducto, una línea de conducción eterna de agua fría que viene de la montaña, del manantial, que no necesita de electricidad. Han juntado bambú y lo han abierto al medio, han creado un canal, han amarrado el canal de bambú toscamente con alambres y, al final, han puesto un pomo de agua Ciego Montero. Sospecho que podrían haber usado un pomo de refresco, pero la gente de La Farola ha escogido la marca cubana que se comercializa en las tiendas minoristas. En las tiendas minoristas de Baracoa hoy no habrá agua fría, en La Farola sí.</p>
<div id="attachment_1682" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1682" class="wp-image-1682 size-full" src="http://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/IMG_9766_1024.jpg" alt="img_9766_1024" width="1000" height="563" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/IMG_9766_1024.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/IMG_9766_1024-300x169.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/10/IMG_9766_1024-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-1682" class="wp-caption-text">Agua fría en La Farola (Foto: Elaine Díaz)</p></div>
<p>El agua fría del acueducto de La Farola la transporta el señor del pantalón verde olivo en una chivichana. Amarra un tanque azul a unas tablas que descansan en las ruedas de la chivichana y se lanza loma abajo. No sé a dónde va, pero el señor de la chivichana bordeará la casita de tablas despintadas verdes con esqueleto de madera por techo, y se cruzará con el hombre que vende cuatro aguacates por cinco pesos, pero que no toma billetes de a 50, para no quedarse sin cambio. El hombre de los aguacates tiene una gorra roja con la bandera cubana y vive en una casita en la falda de la montaña a la que el huracán no le arrebató el techo. Perdidos en el kilómetro 106 de La Farola una se encuentra a dos cerdos.</p>
<p>La gente de La Farola ha sacado los colchones para coger aire. Por eso los treinta kilómetros lucen distintos hoy. Mucho colchón y mucha ropa y mucha sábana hay tendida fuera de las casas. Las tendederas, armadas con cordeles de poste a poste, no alcanzan. Por eso la gente tira las ropas sobre las ramas de los árboles vivos. Y espera a que sequen (la ropa, no los árboles). Los colchones, cuando se mojan, suelen pudrirse. Pero la gente de La Farola le tiene fe al sol, por eso ha sacado sus colchones. Quizás algunos se salven.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/gente-de-la-farola/">Gente de La Farola</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/10/gente-de-la-farola/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>9</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Quiénes tienen derecho a contar un país?</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/10/quienes-tienen-derecho-a-contar-un-pais/</link>
					<comments>https://periodismodebarrio.org/2016/10/quienes-tienen-derecho-a-contar-un-pais/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Periodismo de Barrio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Oct 2016 02:18:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[númerodiez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.periodismodebarrio.org/?p=1669</guid>

					<description><![CDATA[<p>Todos sus ciudadanos.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/quienes-tienen-derecho-a-contar-un-pais/">¿Quiénes tienen derecho a contar un país?</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El 11 de octubre de 2016, seis miembros del equipo de Periodismo de Barrio y dos colaboradores fuimos detenidos en el municipio Baracoa, de la provincia de Guantánamo. No fuimos detenidos por sonreír. No fuimos detenidos por tomarnos una foto en la cafetería estatal ubicada en el mirador La Gobernadora y publicarla en nuestra cuenta personal de Facebook. No fuimos detenidos por usar el servicio <em>online</em> PayPal en nuestra campaña pública de recaudación de fondos que nos permitiría realizar la cobertura del proceso de recuperación de las comunidades afectadas por el huracán Matthew. <strong>Fuimos detenidos por hacer periodismo en Baracoa, en Maisí, en Imías: tres de los principales municipios afectados por el ciclón. </strong>Específicamente, por hacer o intentar hacer entrevistas al gobierno local de Imías, a los linieros que trabajaban para restablecer el servicio eléctrico, a los damnificados, a las familias que evacuaron a personas vulnerables, a los maestros, cocineros y directores de escuelas que perdieron techos y libros, a médicos de consultorios que sufrieron afectaciones, a hombres y mujeres que salvaron a otros hombres y mujeres y, también, a sus animales y plantas. Quienes llegaron a Maisí fueron interrogados por funcionarios de la Seguridad del Estado en la sede del Comité Municipal del Partido Comunista de Cuba, mientras intentaban obtener autorización para trabajar en la zona. Quienes llegaron a Jamal fueron detenidos en la vivienda donde nos estábamos alojando.</p>
<p><strong>El argumento empleado fue que en Baracoa, en Maisí y en Imías no se podían realizar actividades periodísticas porque todas las poblaciones estaban bajo estado de emergencia.</strong> Según el artículo 67 de la Constitución de Cuba, el estado de emergencia se declara “en caso o ante la inminencia de desastres naturales o catástrofes u otras circunstancias que por su naturaleza, proporción o entidad afecten el orden interior, la seguridad del país o la estabilidad del Estado”. Mientras está vigente el estado de emergencia, los derechos y deberes de los ciudadanos reconocidos por la Constitución pueden ser regulados de manera diferente.</p>
<p>La <a href="http://www.cubadefensa.cu/?q=ley75" target="_blank" rel="noopener">Ley 75 de la Defensa Nacional</a> norma la manera en que se declara el estado de emergencia y otras situaciones excepcionales. “El estado de emergencia, de conformidad con los Artículos 67 y 93 inciso 1 es declarado por el Presidente del Consejo de Estado mediante una resolución donde exprese las causas que la originan, la delimitación del territorio donde se establece y el plazo de vigencia”. Hasta la fecha, no existe ninguna comunicación oficial pública por parte del Presidente del Consejo de Estado anunciando el estado de emergencia, fuera del anuncio realizado el 4 de octubre por el Estado Mayor de la Defensa Civil alertando a seis provincias cubanas antes del paso del huracán Matthew. Este último pronunciamiento no cuenta con el estatus legal requerido para decretar el estado de emergencia previsto en la Constitución.</p>
<p>De acuerdo con la Ley 75, “en cualquiera de las situaciones excepcionales se garantiza la no exclusión o suspensión de los derechos fundamentales de la Constitución”. Además, “la libertad e inviolabilidad de la persona están garantizadas a quienes residen en el territorio nacional”.</p>
<p><strong>Como parte de las medidas adoptadas y nunca anunciadas públicamente por las autoridades cubanas, el ejercicio del periodismo en las zonas afectadas se limitó a aquellos medios que recibieron acreditación para trabajar en el lugar.</strong> Ni la Ley 75 ni la Constitución de la República ni el Código de Ética de la Unión de Periodistas de Cuba, a la que pertenecen dos de nuestros colegas, norman el ejercicio del periodismo durante situaciones de desastres naturales. Si reconocemos que durante situaciones de emergencia se garantiza “la no exclusión o suspensión de los derechos fundamentales de la Constitución”, dentro de los cuales se encuentra la libertad de palabra y prensa, Periodismo de Barrio no violó ninguna ley.</p>
<p><strong>No llegamos a Baracoa con el objetivo de actuar al margen de la ley. Ninguno de nuestros miembros sabía de la necesidad de ‘acreditarse’ antes de salir para la provincia Guantánamo.</strong> No obstante, si lo hubiéramos intentado, no habríamos tenido interlocutor. A diferencia de los medios estatales y extranjeros, Periodismo de Barrio no tiene un funcionario público en Cuba ante quien solicitar autorización para realizar trabajo periodístico en determinada región. Por ello, esa noche, en la sede municipal del Ministerio del Interior, pedimos la autorización para realizar los reportajes que habíamos previsto. La respuesta, al día siguiente, después de permanecer en el domicilio durante quince horas aproximadamente como se nos indicó, fue una negativa y la conducción de todos los periodistas a la Unidad de Operaciones del Ministerio del Interior en Guantánamo escoltados por la patrulla 205n del Departamento de la Seguridad del Estado.</p>
<p>Allí fuimos interrogados por segunda vez y nuestros medios tecnológicos fueron requisados. Debimos entregar las contraseñas y las cámaras, grabadoras digitales, computadoras portátiles, memorias flash, lectores de libros electrónicos y teléfonos celulares, y estos fueron chequeados durante al menos cuatro horas. Se nos informó que las imágenes y grabaciones de nuestro trabajo en la provincia serían borradas y que los equipos electrónicos se devolverían. Las tres mujeres que forman parte del equipo de Periodismo de Barrio fueron revisadas físicamente por una oficial para buscar otros medios tecnológicos que hubieran podido ocultar en sus cuerpos, tratamiento que se da a casos predelictivos. Los cinco hombres, no. Los medios tecnológicos fueron devueltos y ningún archivo vinculado al trabajo fue borrado.</p>
<p><strong>En todo momento mantuvimos una actitud respetuosa y cooperativa.</strong> Respondimos todas las preguntas sobre Periodismo de Barrio, nuestras vías de financiamiento, los trabajos que deseábamos hacer en la provincia, nuestra experiencia periodística previa, la formación académica que tenemos, la procedencia y destino final de las donaciones individuales de ropa, alimentación y aseo personal que llevamos hasta la provincia. Durante el día 11 y hasta nuestra liberación el 12 de octubre, sobre las ocho de la noche, no se levantó ningún cargo ni se acusó de ningún delito a los miembros de Periodismo de Barrio.</p>
<p><strong>Salimos de Guantánamo como mismo entramos: siendo inocentes.</strong></p>
<p><strong>Pero la inocencia no fue razón suficiente para evitar este arresto arbitrario.</strong></p>
<p>En un contexto donde la ley solo reconoce la existencia de medios estatales y extranjeros acreditados ante el Centro de Prensa Internacional, Periodismo de Barrio se inserta al margen de estos dos grupos. Somos el resultado de la evolución en las plataformas tecnológicas para la comunicación de información de interés público, de la formación universitaria recibida y de necesidades profesionales que no encuentran cabida en los medios de comunicación existentes. Y no somos los únicos.</p>
<p><strong>Numerosos medios de comunicación se han creado durante el último año sin ninguna garantía de reconocimiento legal o de protección al ejercicio de la profesión. La mayor parte de las historias publicadas en los mismos demuestran seriedad, balance en el uso de fuentes, un alto sentido ético y un profundo respeto por las realidades, en plural, de nuestro país.</strong> También reconocemos que hay historias que requieren de mayor investigación y rigor informativo. Su existencia, la de sus lectores y la de los cientos de profesionales agrupados alrededor de los mismos debería iniciar un debate público incluyente en la sociedad sobre la estructura de propiedad de los órganos de prensa. Este debate podría dar lugar a una ley de medios de comunicación donde se considere, al menos, la propiedad cooperativa además de la estatal, entre otras formas de propiedad social y pública sobre los mismos.</p>
<p>Entendemos que el carácter público de la prensa en Cuba no queda garantizado solo por la titularidad gubernamental de los medios de comunicación. <strong>No es posible contar la verdad de Cuba desde una sola versión, o desde versiones unánimes, que equivaldrían a una sola.</strong> No cuando existen tantas versiones que divergen. Para que la verdad de Cuba sea la verdad de Cuba, la confluencia de las verdades de todos, tendría que ser una construcción colectiva donde participaran voces diversas con iguales derechos y deberes.</p>
<p>La Constitución de la República de Cuba, en su artículo 53, reconoce a los ciudadanos “libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista”. Y en la oración consecutiva precisa que “los medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad”. No obstante, con la forma en que ha sido implementada esa lógica no se ha logrado ni un ejercicio pleno de las libertades de prensa y palabra, ni se ha asegurado el uso exclusivo de los medios al servicio del pueblo, ni se ha evitado exorcizar el demonio que inspiró la prohibición de medios privados: el monopolio. Lo que sí se ha logrado, paradójicamente, es una nueva monopolización de la información, de los discursos periodísticos y de las verdades.</p>
<p>Los canales de televisión, las emisoras de radio, las publicaciones impresas, las editoriales, cambiaron de dueño pero no se socializaron. <strong>Socializar no es estatalizar. No existen monopolios buenos y malos. Toda monopolización, la realice el Estado, una persona o una corporación, acaba coartando las libertades.</strong> Socializar supone regular el poder para que, precisamente, no sea centralizado ni concentrado en una zona de lo social, porque genera en otros desposesiones de poder. Hacer un “socialismo a lo cubano”, adecuado a nuestras circunstancias, no constituye una licencia para violar principios inseparables del socialismo. No se funda una sociedad socialista reproduciendo estructuras de dominación.</p>
<p>No es la primera vez que acudimos a trabajar en zonas afectadas por desastres naturales. Menos de tres días después de la tromba marina que dañó Playa del Caimito visitamos esta zona sin solicitar ningún permiso. Tanto los ciudadanos como las autoridades cooperaron con nosotros en las entrevistas. Seis meses después de las lluvias del 29 de abril de 2015, investigamos las principales zonas afectadas. Tres años después de Sandy, regresamos a Santiago de Cuba.</p>
<p>Periodismo de Barrio publica reportajes e investigaciones que intentan profundizar en las realidades que abordamos. Los medios estatales cubanos e instituciones como la Defensa Civil y el Instituto de Meteorología han realizado siempre una cobertura extensa antes, durante y después de fenómenos meteorológicos extremos. Pero el ciclo de las noticias es rápido y, a menudo, los damnificados salen de las cabeceras de los periódicos pasadas unas semanas o unos meses de ocurrido el desastre natural. Otras realidades ocupan las agendas de nuestros diarios. Pero, incluso si esas otras realidades no ocuparan las agendas de nuestros diarios, las necesidades informativas de la ciudadanía no quedan agotadas por la cobertura del desastre ante la extensión en el tiempo de sus consecuencias. Tampoco Periodismo de Barrio las puede agotar.</p>
<p><strong>Es deber de nuestro medio realizar el seguimiento del proceso de recuperación, que usualmente tarda años. Es deber de nuestro medio acompañar a los más vulnerables.</strong> Es deber de nuestro medio fiscalizar que la Revolución, efectivamente, no deje a nadie abandonado. A menudo, esta frase se usa justo tras el paso del huracán y luego es olvidada por algunos funcionarios públicos encargados de convertirla en panes y tejas; tal como ocurrió con los colchones de los damnificados del municipio Diez de Octubre en abril de 2015. Esta fiscalización no debe ser entendida como amenaza, sino como parte de nuestro derecho a tener bajo escrutinio público a nuestros representantes.</p>
<p>Sabemos que Baracoa, Imías y Maisí son hoy zonas de desastre y conocemos los peligros inmediatos derivados: epidemias, escasez de agua y alimentos, falta de electricidad, entre otros. <strong>Nuestra intención no fue, en ningún caso, entorpecer el trabajo de la Defensa Civil ni del gobierno local sino contribuir a enfrentar lo ocurrido desde nuestras posibilidades profesionales.</strong> Cada minuto que pasamos en Baracoa, Imías y Maisí, cada casa afectada que visitamos se convirtió en una reunión de vecinos. “Los periodistas llegaron”, decían unos a otros y lo que comenzaba siendo la entrevista de una embarazada evacuada terminaba convirtiéndose en una reunión de quince, veinte personas que narraban sus experiencias. A nadie engañamos. Ante todos nos presentamos como miembros de Periodismo de Barrio y explicamos el objeto social del medio. Aun así, cuando nos íbamos, nos bendecían. Y cuando decían “que Dios te bendiga”, estaban bendiciendo nuestras plumas y nuestros oídos, con capacidad para servir de altavoz a sus realidades.</p>
<p><strong>Quien conoce al pueblo cubano sabe de su dignidad. Cada entrevistado sufría sus pérdidas materiales, pero celebraba haber conservado su vida.</strong> Los presidentes de Consejos Populares y delegados llevaban días sin dormir para contabilizar los daños ocasionados por el huracán. Familias con techo prestaban sus viviendas a familias sin techo. Y todavía quedaban lugares incomunicados.</p>
<p>A Baracoa llegamos con preguntas: ¿cómo se está distribuyendo la ayuda humanitaria?, ¿cómo se realiza la asistencia a los damnificados con materiales de la construcción, alimentación, ropa, etcétera?, ¿cuáles fueron las medidas que se tomaron para proteger a los refugiados haitianos?, ¿cuáles son las condiciones en que quedaron las comunidades costeras y qué medidas se tomarán para relocalizarlas?, ¿cuáles fueron los principales daños a la agricultura, la vivienda?, ¿cómo se organizaron los centros de evacuación?, ¿cuál fue el papel de los radioaficionados para mantener comunicadas a las zonas que estaban incomunicadas?, etcétera.</p>
<p><strong>La cifra de damnificados no es baja. Sí lo es la cifra de medios de comunicación que se encuentra cubriendo la zona.</strong> Estamos hablando de cientos de poblados, remotos algunos, incomunicados otros, inaccesibles, de miles de personas que necesitan ser escuchadas. Durante nuestra detención en el Comité Municipal del Partido Comunista de Maisí, una funcionaria señaló una nota publicada en el periódico <em>Venceremos</em> para probar su punto de vista: había cobertura periodística en el lugar.</p>
<p>Casi 600 agencias de prensa y medios extranjeros se acreditaron para la cobertura de la visita del presidente estadounidense Barack Obama a La Habana. El diario <em>Granma</em>, en un artículo publicado el pasado 14 de octubre, apenas puede citar menos de diez agencias extranjeras trabajando en Guantánamo además de los medios de esta provincia. En las más de 45 entrevistas que realizamos durante las doce horas que pudimos trabajar, ningún damnificado había sido visitado por otro medio de comunicación. Éramos los primeros en llegar a ellos. Éramos los únicos. Los diarios estatales (especialmente los medios de Guantánamo) y los medios extranjeros habrían llegado a otros, pero Baracoa, Maisí e Imías son hoy un hervidero de gente que necesita contar sus historias. <strong>Los periodistas guantanameros, vale destacar, han seguido trabajando y visitando barrios incomunicados a los que cuesta días llegar sin detenerse a pensar en las pérdidas materiales propias.</strong></p>
<p><strong>Quienes hoy cuestionan los mecanismos de financiamiento de Periodismo de Barrio olvidan oportunamente que hacer periodismo cuesta. En el caso de los medios estatales, el Estado subvenciona el costo de los medios de producción fundamentales.</strong> Esto no significa que sean gratis. No fue gratis el helicóptero empleado para sobrevolar las zonas incomunicadas, no son gratis las horas de acceso a Internet que se garantizan en las casas y centros de trabajo de periodistas estatales, las computadoras, los carros, el combustible que emplean los carros, las cámaras fotográficas, la electricidad y los grupos electrógenos usados para mantener emisoras de radio al aire después de cortes eléctricos. No son gratis las oficinas, las sillas, las mesas, los teléfonos fijos y celulares.</p>
<p><strong>El Estado, durante más de 50 años, ha evitado a los periodistas pensar en la dimensión económica de la actividad que realizan mediante el financiamiento de sus medios de producción.</strong> Sin esta subvención, se verían imposibilitados de existir. Este financiamiento impone obligaciones correlativas, pues es provisto por la ciudadanía y, como tal, es público, por lo cual los medios estatales tienen como deber responder a las necesidades múltiples de ese público. Ahora y siempre, el deber de transparencia y rendición de cuentas sobre el uso de estos recursos debería ser una práctica habitual.</p>
<p><strong>Los medios que carecemos del apoyo económico del Estado debemos buscar otras formas de gestión económica.</strong> Algunos acuden a la publicidad, al pago por contenido o el pago por servicios, a convenios de colaboración con otros medios u organizaciones no gubernamentales y a los financiamientos colectivos. El <em>crowdfunding</em> es un método empleado desde hace varios años por los usuarios de Internet para financiar proyectos individuales y colectivos. Mediante el mismo, los lectores tienen la libertad de decidir si quieren colaborar o no. Además, es un método que permite saber el monto donado y la identidad de cada usuario. El sueño de cualquier medio de comunicación es ser financiado exclusivamente por sus lectores. En nuestro caso, empleamos el servicio <em>online</em> PayPal, inaccesible en Cuba debido al bloqueo de Estados Unidos hacia la Isla. Consideramos que es una política arbitraria, injusta, que intenta asfixiar económicamente al pueblo cubano y, por tal motivo, seguiremos buscando maneras de que no afecte el trabajo de nuestro medio. Confiamos en los lectores y funcionó. En menos de 48 horas recaudamos el dinero necesario para ir a Guantánamo.</p>
<p><strong>Hay bloqueo económico y financiero de Estados Unidos para las empresas estatales cubanas y para Periodismo de Barrio. No hay excepciones. No hay mano blanda. Y tanto las empresas estatales cubanas como Periodismo de Barrio han aprendido a burlarlo. </strong>La estrategia de Periodismo de Barrio para usar PayPal es sencilla: usamos la cuenta de una colaboradora y amiga residente en otro país y luego enviamos el dinero hacia Cuba empleando una agencia legal de envío de remesas.</p>
<p><strong>Hemos recibido numerosas críticas y sugerencias sobre el dinero recaudado para realizar la cobertura. La mayoría de ellas procedentes de lectores, bien argumentadas y con la clara intención de mejorar el ejercicio periodístico de Periodismo de Barrio. No haremos oídos sordos a las mismas.</strong> Consideramos que el papel de la prensa en la reconstrucción también pasa por establecer alianzas con otros medios de comunicación, identificar proyectos organizados en los lugares afectados que necesiten ayuda y que puedan redistribuirla, tales como los gobiernos locales o la Cruz Roja. Cubrir un desastre natural, nos han señalado nuestros lectores, trasciende el ejercicio periodístico mismo. Es por ello que valoramos, en futuros trabajos, la posibilidad de hacer resúmenes ejecutivos con las necesidades y las formas de acceder y distribuir las ayudas que sean relevantes tanto para los gobiernos locales como para las organizaciones no gubernamentales y así contribuir con quienes laboran en las zonas de desastre. Informar, en estos casos, no es el único deber.</p>
<p><strong>Condenamos la detención arbitraria de periodistas en cualquier lugar del mundo. Y también la condenamos en Cuba.</strong> Al hacerlo, los órganos de la Seguridad del Estado no solo limitan nuestro derecho de expresión y prensa garantizado por la Constitución, sino también la libertad de palabra de cada uno de los individuos que elige hablar con un medio de comunicación.</p>
<p><strong>El 11 de octubre no solo se silenció a Periodismo de Barrio, se silenciaron también todas las comunidades y personas que querían hablar con nuestros periodistas. El 11 de octubre, las autoridades cubanas intentaron definir quiénes son los que tienen derecho a contar las historias de nuestro país.</strong> Porque creemos que ese derecho atañe a la ciudadanía cubana completa, porque esas historias necesitan ser contadas, regresaremos a Baracoa, Imías y Maisí una vez termine el estado de emergencia.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2016/10/quienes-tienen-derecho-a-contar-un-pais/">¿Quiénes tienen derecho a contar un país?</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://periodismodebarrio.org/2016/10/quienes-tienen-derecho-a-contar-un-pais/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>44</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
