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	<title>Migración y diáspora &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
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	<title>Migración y diáspora &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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		<title>¿Cuál tribu?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lien Real Jaén]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Jan 2026 15:36:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[Mujeres madres e infancias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando el Estado que te vio nacer ya no te protege y el que te recibe aún no te reconoce del todo, toca rehacer la tribu. Y esta decisión no parte de una elección libre, sino de la necesidad de no maternar sola en suelo ajeno.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>“Es loquísimo darme cuenta que nunca más volveré a sentarme debajo de mi mata de aguacate”, le dije a A.</p>
<p>Estamos en su cocina. Son las 12:40 de la tarde. El sol de Getaria, un pueblito costero del País Vasco, entra por la puerta del balcón e ilumina todo. Nuestro duelo también. Hablamos de migración.</p>
<p>Tres niños gritan en la habitación de al lado. Son los nuestros. Entran y salen de la cocina para pedir cualquier cosa. Las madres estamos acostumbradas a hablar así: a medias, cortando frases y retomando temas en otros momentos o espacios mientras los hijos interrumpen con necesidades o caídas.</p>
<p>“Es tremendo ese momento en el que eres consciente de que vives en España”, decimos. “¿Cómo la vida nos trajo hasta este lugar?”, nos cuestionamos. Salgo al balcón y me siento. Ella se gira y se acerca a mí para seguir la reflexión. Enciendo un cigarro. Los niños dejan de hacer ruido.</p>
<p>No recuerdo la primera vez que conversamos, pero fue en Cuba, por WhatsApp. Jamás nos vimos allá. Pasaron meses —o años— antes de que pudiéramos <em>desvirtualizarnos</em>. “Te escribo porque me voy de Cuba con mi esposo y el niño”, me dijo un día. No éramos amigas íntimas pero, por alguna razón, ella quiso despedirse de mí, para que un día yo no me levantara y dijera —como le pasa a mucha gente—: “ay, se fue”.</p>
<p>A aquel mensaje de despedida le sucedieron otros, muchos, que sirvieron de guía para estar hoy aquí: sentadas en un balcón de este callejón que nos recuerda a la Habana Vieja. Nuestra relación se fue consolidando mientras ella resolvía mis dudas migratorias. “Tengo que irme. La Seguridad del Estado está detrás de mí”, le dije un día de octubre. Ella no lo sabe, pero con un océano de por medio logró transmitirme la paz que me robaron en aquella Isla.</p>
<p>Entra un hijo, molesto. Interrumpe porque otro no le quiere prestar un juguete. Entra el otro. Se quejan. “No podemos ser juezas”, les decimos. “Estamos hablando”, repetimos hasta que entienden y se van.</p>
<p>Hablamos de amor. De cómo para cuestionar o habitar lo colectivo comenzamos por lo individual. De cómo nuestras cuerpas agotadas sostienen a los hijos. “No quiero regresar a la capital. Me da ansiedad pensar en ese proceso. Ojalá pudiera teletransportarme”, le confieso. Me valida con la mirada. Respiro.</p>
<p>Cuando aterricé en la “madre patria”, aquel 23 de diciembre, con tres maletas y dos hijos, entre las primeras personas a las que avisé estaba ella. Yo escapé de Cuba, nadie lo sabía además de mi círculo íntimo. Tenerla, en este lado del charco, me ha salvado de caer en la locura de maternar sola siendo emigrante.</p>
<p>Luego vinieron meses antes de vernos por primera vez, porque no llegué a la misma ciudad. Meses de mensajes de voz largos, enviados a deshoras, con niños durmiendo. Meses de contarnos el cansancio sin eufemismos, de admitir que no sabíamos cómo se materna cuando el Estado que te vio nacer ya no te protege y el que te recibe aún no te reconoce del todo. Meses de preguntarnos <a href="https://periodismodebarrio.org/2023/08/el-descanso-cuidados-en-tribu/">quién cuida cuando una se enferma</a>, quién escucha cuando el miedo te paraliza y no hay familia cerca, quién responde cuando todo depende de una sola. Meses de ir armando una confianza sin cuerpos, sin café compartido, sin abrazos, pero con un susurro constante: no estamos solas del todo.</p>
<p>Nos encontramos finalmente en este pueblo que no es de ninguna de las dos, cuando vine con mis hijos a visitarla. Ninguna creció aquí, ninguna lo eligió como destino. Llegamos empujadas por circunstancias que no siempre se nombran como violencia, pero lo son. Y aquí estamos: compartiendo una cocina prestada, turnándonos la vigilancia de los hijos, reconociendo en la otra la experiencia de haber sido expulsadas de Cuba de formas distintas, reaprendiendo a criar en territorios que no fueron pensados para nosotras.</p>
<p>Hablamos de tribu, de lo mucho que la anhelo cuando la maternidad se me queda enorme allí donde vivo. De las veces que se me ha cuestionado el uso de esa palabra como si fuera hueca o un recurso natural, siempre disponible, apolítico; como quien busca delimitar qué afectos son legítimos y cuáles no, como si los vínculos necesitaran autorización para existir.</p>
<p><iframe title="El Descanso 10: Cuidados en tribu" width="810" height="456" src="https://www.youtube.com/embed/UJdL5as7Y_E?list=PLEdP-y7AEFGo6FCwoE6loJUkmyPFCHXl_" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>No es una discusión semántica. No se puede reducir un problema estructural a eso. Hacerlo sería ignorar la verdadera incomodidad que surge cuando hablamos de tribu: cómo se espera que vivamos, criemos y nos adaptemos cuando migramos.</p>
<p>¿Cuál tribu nos queda cuando las fronteras separan familias, cuando los sistemas migratorios convierten la crianza en una experiencia individual, aislada, precaria? ¿Cuál tribu nos queda cuando existen Estados que no garantizan redes de cuidado? Me toca nombrarlas, todas. Las que se fragmentan y las que construyo ahora. Porque no se trata de elegir entre una tribu u otra, sino de aprender a vivir en ese espacio donde la que dejaste ya no alcanza y la nueva todavía no se sostiene.</p>
<p>Porque la ausencia de tribu no es solamente una mala organización doméstica, es una condición producida —en nuestro caso— por el exilio. Es otra cara de la precariedad.</p>
<p>Me toca, entonces, rehacer la tribu en suelo ajeno, que no es recuperar lo perdido, sino inventar otra cosa. No parte de la abundancia, al contrario. Se hace con vínculos frágiles, con acuerdos implícitos, con personas que también están cansadas. Aquí no hay abuelas esperando en la sala ni tías que aparezcan para aliviar una tarde difícil. No hay relevo garantizado. Hay, en cambio, otras madres que saben lo que pesa criar lejos. Hay una escucha que no juzga. Hay una presencia que no promete salvarte, pero acompaña. No hay historia compartida ni recuerdos de infancia en común. Hay una urgencia: sostener la vida lejos de donde aprendimos a hacerlo.</p>
<p>Esa tribu que no llega completa ni ordenada: se arma entre trámites, trabajos precarios y horarios imposibles. A veces aparece en forma de una conversación en el parque o en la puerta de la escuela, de una madre que presta atención mientras otra corre, de alguien que entiende sin preguntas. No sustituye a la que quedó atrás, pero permite que el día continúe. Y en ese gesto mínimo —cuidar al hijo de otra, quedarse un rato más— hay una política del cuidado que no figura en ningún programa.</p>
<p>Rehacer la tribu también implica aceptar el riesgo. Confiar en desconocidos. Exponerse. Dejar que otros entren en una intimidad que antes estaba protegida por la familia extensa. No es fácil ni siempre funciona. Pero es, muchas veces, la única manera de no quedar completamente aisladas en sistemas que individualizan el cuidado y privatizan el cansancio.</p>
<p>Mientras los niños juegan en el cuarto de al lado y el día sigue, pienso que resistir no es aguantarlo todo, como nos enseñaron; sino cuidar la vida incluso cuando el Estado que hablaba de resistencia nos dejó solas.</p>
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		<title>Subte E</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2026/01/migracion-cubana-en-argentina-cronica-subte-e/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lenna Escobar]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2026 11:45:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una crónica escrita a partir de notas en el teléfono sobre la migración cubana en Argentina, el tiempo muerto del fracaso laboral y la necesidad de sostener la identidad ante la imposibilidad de una “emigración exitosa”. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo un vínculo afectivo, medio inexplicable, con el <em>subte</em> de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sé que, para los porteños y los inmigrantes curtidos, el metro es un espacio entre lo funcional y lo asqueroso; pero para mí mantiene un encanto cinematográfico. En Cuba lo había conocido solo a través de filmes y fotografías.</p>
<p>Demoré cuatro meses, ya instalada en la ciudad, para entrar sola por la boca de la Línea E. Antes temía perderme ahí dentro y sé, por experiencia, que eso implica correr el riesgo de un episodio depresivo leve. Ahora, que domino combinaciones y logré cogerle la vuelta a escabullirme para no pagar el pasaje, me siento menos desubicada. Llego a casa y anuncio: “salté la ruletica dos veces, así que hice todo el viaje gratis, mi amor”.</p>
<p>Argentina está entre los destinos menos “solicitados” por los cubanos en las travesías que parten de Guyana y se concentran en Brasil. Por cercanas, se prefieren las opciones —con plataformas económicas más estables— de Brasil mismo o de Uruguay. Chile no, porque te juran que es el epicentro de la xenofobia, o eso me decía un tunero cuya madre no resistió el maltrato. La mujer que ejerció de coyote en mi caso me comentó que podía contar con las manos a quienes buscábamos llegar aquí. En noviembre, incluso, dejó de ser una opción en su negocio; lo sé porque aún sigo en el grupo de Telegram.</p>
<p>No creo que exista en este país la posibilidad de forjar una comunidad fuerte. Según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), de las Naciones Unidas, 1.147 cubanos vivían en Argentina en 2020. Teniendo en cuenta la extensión del país, es un número considerablemente bajo, aunque podría aumentar si contamos el grueso de personas procedentes de la Isla que aún no acceden a un proceso migratorio formal. De cualquier forma, me sucede que ningún argentino espera que sea cubana, pero yo insisto en decirlo. Siempre lo digo.</p>
<p>Buenos Aires es hermosa, sí. Pero no me acostumbro ni un carajo. Conocí a algunos cubanos y todos, excepto uno —que retornará pronto a La Habana y no piensa volver—, me consolaron con “el tiempo”. Una señora me tomó las manos y me dijo que “el gorrión sigue engordando con los años”, pero que uno aprende a sobrellevarlo sin reprimirlo, a darle su lugar digno. Le creo, y me enternece que haya elegido esas palabras.</p>
<p>En este punto, estoy segura de que estoy viviendo, pero también estoy esperando a que el tiempo se acumule y pase.</p>
<p>Sucede que no he conseguido un trabajo fijo, de ocho horas, con uno o dos días de descanso. El tipo de empleo que marca el ritmo de tu vida y te sostiene. El tiempo muerto es un peso físico. Me quedo mirando al techo y calculo cuántos currículums enviados equivalen a una hora de lectura en la plaza. Pesa más porque mi estatus migratorio incluye un permiso amplio de trabajo y reconozco ese privilegio. No quiero caer en eso. No quiero compararme.</p>
<p>Entro a las redes y veo a amigos fotografiándose en los espejos de las tiendas, otros paseando con compañeros de postgrados internacionales. De inmediato los juzgo, sin fundamento, como casos más “exitosos” de emigración. Sin embargo, hice lo que quería hacer. Elegí. Y tengo la felicidad que puse como prioridad.</p>
<p>Pero no me preparé para este tibio limbo que es el desempleo, ni para la punzada tras las postulaciones denegadas. Solo me responden de los anuncios más sospechosos. He recibido ofertas directas para que venda mis óvulos, y sé que es el algoritmo tanteando lo desesperada que puedo estar. En caso de hacerlo, tendría asegurado el ingreso de cuatro meses de un empleo común.</p>
<p>No me malinterpreten. Trabajos tuve. Pocos y breves.</p>
<p>El primero fue en un <em>call center </em>en Microcentro, anidado por adolescentes recién entrados en edad laboral. Dos parlantes, distribuidos por los extremos de la habitación, reproducían distintas canciones de reguetón. La idea, según me explicaron, es obligarte a alzar la voz y que te sea imposible concentrarte en otra cosa que no sea intentar escuchar al cliente. Si no puedes pensar, tampoco puedes distraerte. Digamos que no fui entusiasta de la idea de bailar mientras llamaba. No estoy bromeando, nos comunicaron la posibilidad de bailar para generar “energía colectiva”. El pago estaba por debajo del salario mínimo. Renuncié antes de que me echaran.</p>
<p>También estuve bajo el incierto título de “recepcionista polivalente” en un salón. La entrevista tomó menos de cinco minutos. La señora me miró con sospecha y seguidamente me dio el visto bueno. La información sobre el trabajo fue escasa, casi susurrando la remuneración y los horarios. Para no hacer el cuento largo, las muchachas que desfilábamos por los locales de la cadena teníamos que gestionar cinco puestos de trabajo por el pago de uno. Poco a poco me percaté de que se manejaba la noción de que contratar extranjeras era mejor porque, según la jefatura, “las argentinas no querían trabajar”. Esta hipótesis se sustentaba en el rechazo de las nacionales a ocuparse de almacenes insalubres con plagas de roedores. ¿Cómo yo, en mi situación, iba a hacerme la fina?</p>
<p>Al final, me hice la fina y, en ocasiones, me arrepiento bastante.</p>
<p>La experiencia más reciente fue como ayudante de un carpintero que terminó siendo más bien un restaurador inmobiliario. Nunca había trabajado en oficios, pero se sintió noble y me gustó. Mami me decía que le mortificaba verme con guantes y lijas, toda sucia, pero yo le respondía con un alivio honesto. Era el mejor trato que había recibido, hasta un día en el que mi jefe decidió acariciarme la oreja de imprevisto mientras estaba sentada en el suelo limando, hallándonos solos en el lugar. Fingí un poco de demencia, porque ¿cómo que otra renuncia?</p>
<p>Siento vergüenza por la inestabilidad. Me siento incapaz. Pero también sé cuidarme mejor.</p>
<p>Diariamente emprendo alguna búsqueda. Recorro los barrios con currículums y, según el lugar, me presento: recepcionista, vendedora, cajera, niñera, docente, bedel, <em>marketer</em>, o bachera. Les entrego una hoja de vida semificticia y les agradezco que la reciban, aunque no estén contratando en ese momento. Después de horas en la calle me siento pegajosa y me da pena entrar a los locales mejor cuidados.</p>
<p>En parte por esto, he llegado a experimentar un odio irracional hacia este país. Pero no lo conozco lo suficiente para eso. Sé que es miedo. El miedo de quien quiere entrar a un espacio, pero no encuentra las puertas. Temo haber dejado a Cuba y no saber hacerme cargo de lo que eso significa.</p>
<p>En una fiesta a la que fui, una muchacha me sugirió colarme en las facultades para poner anuncios en los baños ofreciendo repasos. No lo he hecho todavía, pero está contemplada como próxima estrategia. Sería menos rentable que vender mis óvulos, pero de funcionar será un bálsamo.</p>
<p>Escribo esto como un registro. Llevo el recuento con más dulzura de lo que parece, me río mucho, recibo el apoyo incondicional de mis cercanos, el sostén diario. Aún puedo escribir y sospechar que tendré mucha suerte en el futuro.</p>
<p>Esta ciudad es hermosa y me acostumbraré.</p>
<p>Me lo repito como un mantra: soy profe, soy historiadora en potencia. No importa que ahora mismo, frente al resto, parezca cualquier otra cosa.</p>
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		<title>Las muertes a las que no llegamos</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2026/01/emigrar-duelo-exilio-cuba/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lien Real Jaén]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2026 13:11:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Activismo y protestas]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos y justicia]]></category>
		<category><![CDATA[madres e infancias]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estar lejos cuando alguien muere no es solo una coordenada geográfica: es una forma específica de desamparo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Me enteré de tu muerte estando lejos. Empezaba a preparar los desayunos y durante unos segundos no entendí lo que decía aquel mensaje que llegó como llegan casi todas las cosas importantes cuando una se ha ido: por una pantalla. Ponía tu nombre y una palabra que no debería ir nunca cerca de los nombres que una ama.</p>
<p>Mi hija despertó temprano, como siempre. Nunca duerme después de las siete. Me vio inmóvil en la cocina, en silencio, casi sin respirar, mirando el celular. Yo esperaba a que alguien corrigiera el error. Nadie lo hizo.</p>
<p>Tampoco nadie me miró a los ojos para decirme que ya no estabas. Nadie me tocó el brazo. No hubo silencios compartidos. Solo ese momento torpe en el que una no sabe si llorar o quedarse quieta, con su hija de testigo.</p>
<p>Para algunas, el aviso puede parecer un gesto puramente informativo, pero no lo es. Estar lejos cuando alguien muere no es solo una coordenada geográfica: es una forma específica de desamparo que no se parece a ninguna otra.</p>
<p>No es solo la tristeza por la muerte. Es algo más preciso: no tener a quién acudir cuando alguien muere. No saber dónde poner el cuerpo. No tener un lugar asignado para el dolor.</p>
<p>En el país que dejé, la muerte convoca. Llama. Aquí, en cambio, la noticia llega y se queda suspendida. Nadie más la recibe conmigo. El duelo ocurre en un espacio que no estaba reservado para él.</p>
<p>No puedo explicar bien cómo se siente. Porque no es falta de afecto —hay gente alrededor—, sino falta de contexto. La ausencia del idioma común del dolor. Falta el territorio que entiende por qué esa muerte importa tanto. Y te descubres sosteniendo sola una pérdida que pertenece a otro lugar.</p>
<p>Ese lunes, aquí, donde estoy, la vida siguió exactamente igual. La gente caminaba, los semáforos cambiaban de color, una señora se quejaba del clima. Yo también seguí: fui a trabajar, hice la comida, llevé a mis hijos a dormir. Todo eso en automático, sin pensarlo, como un robot. Mi cabeza no estaba ahí, sino en tu risa, en la última vez que hablamos. En el tono de tu voz. En algo pequeño que dijiste, sin importancia aparente: “los chamas, asere”.</p>
<p>Creo que eso es lo que menos entiendo de la muerte: que el mundo no se detiene cuando alguien muere y el dolor es de una. Y ahora, desde este exilio, resulta aún más violento. ¿Cómo puede seguir todo, mientras yo te lloro?</p>
<p>Sentí que iba a recordarte en soledad, que mi memoria iba a quedar flotando sin testigos; como si yo fuese la única guardiana de tus recuerdos en este lado del mundo.</p>
<p>Nadie aquí sabe cómo pronunciabas ciertas palabras, ni tu tono pausado, ni cómo te reías, ni en qué momento exacto se te endurecía la mirada. Nadie te vio en tu contexto, en tu ciudad, en tu ruido. Nadie entiende del todo por qué tu ausencia pesa tanto.</p>
<p>Y qué rabia.</p>
<p>Porque no es que yo no quiera volver. Es que no puedo.</p>
<p>Entonces, lo entendí: cada muerte se transformará en algo más que una pérdida y será una prueba de hasta dónde llega el destierro. No solo te estaba perdiendo a ti, sino también el derecho a despedirme, el derecho a acompañar, a cerrar una historia compartida en el mismo suelo donde empezó; transitando un duelo —por tanto— incompleto. Y eso, más que emocional, es político.</p>
<p><iframe title="El Descanso 06: Gestionar los duelos" width="810" height="456" src="https://www.youtube.com/embed/juiPmWeLm78?list=PLEdP-y7AEFGo6FCwoE6loJUkmyPFCHXl_" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Todavía hay gente que se atreve a decirme que emigrar es una decisión individual. Pero ¿qué implica no poder regresar? ¿Cómo esa imposibilidad se cuela en los afectos, en los duelos, en la forma en que una aprende a amar sabiendo que quizás no estará cuando toque despedirse? Es desolador.</p>
<p>¿Y la culpa? ¿Cuánto hablamos nosotras de la culpa? El “si hubiera estado”. “Si no me hubiera ido”. “Si hubiera insistido más”. Pensé en todo lo que no iba a hacer. No ver tu cuerpo. No acompañar a los tuyos. No caminar la ciudad ese día. No sentarme a escuchar las mismas historias repetidas junto a quienes te amamos. No estar.</p>
<p>Desde aquí, es como si la muerte se volviera abstracta. No tiene olor, no tiene temperatura. No hay ritual. Solo existe la sensación de que, en cualquier momento, alguien va a escribir: me equivoqué, no era ella. Pero no pasa. Desde aquí, el duelo se vuelve silencioso. Privado. Disperso en alguna fisura del día. Lloras lavando platos. Te acuerdas de repente, mientras acomodas algún estante en tu trabajo mal pagado, de la vida que compartiste. Te duele en horarios absurdos, distintos. No hay permiso social para esa tristeza porque nadie más la está viviendo contigo.</p>
<p>Y no deja de doler.</p>
<p>Duele saber que hay muertes a las que no vamos a poder llegar. Que el exilio también nos roba el derecho a un último beso. Que amar desde lejos implica, también, perder desde lejos.</p>
<p>Pienso en Cuba. En cómo el país se vacía de cuerpos, de voces, de historias, pero también de despedidas. Como si el mapa se rompiera justo en el lugar donde debería sostenerte.</p>
<p>No escribo esto para cerrar nada. No creo en los cierres. Creo en la transformación, en la resignificación del amor. Porque cerrarlo —siento— implicaría negar un pasado que, queriéndolo o no, me convierte en lo que soy hoy.</p>
<p>Escribo, en realidad, para nombrar esta forma específica de pérdida. Para dejar constancia de esta experiencia tan distinta y tan legítima. Que también es duelo, aunque no tenga flores ni ceremonias.</p>
<p>Tal vez escribir sea la única manera que tengo de acercarme. De tender un hilo, aunque frágil, entre aquí y allá. De decirte —aunque no lo escuches— que exististe, que importaste, que hubo una ola de amor arropándote, que la tierra se ha quedado más fría sin tu ternura, que sigues estando en mí, incluso ahora, incluso así.</p>
<p>Esto también es emigrar. No será la última vez que me entere así. Desde lejos. Cocinando. Trabajando. Criando. La muerte va a seguir ocurriendo allá mientras yo sigo aquí. Y no hay voluntad individual que resuelva eso.</p>
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		<title>Migrantes: Moraima</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/12/migrantes-cubanos-moraima/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Periodismo de Barrio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Dec 2025 15:02:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Moraima narra su vida entre el 'gorrión' y la mala conexión. Un relato íntimo sobre las familias de migrantes cubanos que quedan en la Isla.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/12/migrantes-cubanos-moraima/">Migrantes: Moraima</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Moraima lamenta, sobre todo, lo difícil que se vuelve comunicarse con su madre. Desde Regla, en La Habana, habla de la calidez de los cubanos en la isla en contraste con la soledad que a veces siente su madre en Texas. La rutina se ha vuelto una constante espera. En este episodio de <em>Migrantes</em> te presentamos un atisbo a la vida de quienes se quedan esperando.</p>
<p><iframe title="Migrantes: Moraima" width="810" height="456" src="https://www.youtube.com/embed/4Feb93t_GYY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Migrantes: Diana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Periodismo de Barrio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Dec 2025 15:14:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diana no quería irse de Cuba, pero tras su participación en las protestas del 11J tuvo que hacerlo. Dubai fue un destino completamente fortuito, dice, y allí vive como en una “montaña rusa” emocional. De Cuba extraña todo, especialmente a sus amigos y a su familia. En este nuevo episodio de la segunda temporada de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Diana no quería irse de Cuba, pero tras su participación en las protestas del 11J tuvo que hacerlo. Dubai fue un destino completamente fortuito, dice, y allí vive como en una “montaña rusa” emocional. De Cuba extraña todo, especialmente a sus amigos y a su familia. En este nuevo episodio de la segunda temporada de la serie, ella misma cuenta su historia.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Migrantes: Diana" width="810" height="456" src="https://www.youtube.com/embed/-he-3cuAzIg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Migrantes: Pedro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Periodismo de Barrio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Dec 2025 14:08:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una “espina bajo la piel”. Así describe Pedro su relación con Cuba, sobre todo durante el primer año de su vida como migrante. Para él, la migración es un proceso doloroso que implica sacrificios espirituales, emocionales y físicos, pero dice que “ha perdido a Cuba para ganar al mundo" y está feliz de vivir en Nueva York. Te presentamos su historia en un nuevo episodio de Migrantes.</p>
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<div class="message-text" dir="auto" title=""><span class="sanitized-matrix-body">Una “espina bajo la piel”. Así describe Pedro su relación con Cuba, sobre todo durante el primer año de su vida como migrante. Para él, la migración es un proceso doloroso que implica sacrificios espirituales, emocionales y físicos, pero dice que “ha perdido a Cuba para ganar al mundo» y está feliz de vivir en Nueva York. Te presentamos su historia en un nuevo episodio de Migrantes.</span></div>
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		<title>Migrantes: Giovana</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/11/migrantes-cubanos-giovana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Periodismo de Barrio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Nov 2025 14:41:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Giovana, de 15 años, relata su experiencia dentro de los adolescentes migrantes cubanos: el choque cultural y su búsqueda de integración.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Giovana, 15 años, nació en Santiago de Cuba y creció en un ambiente cerrado debido al acoso que sufrieron sus padres por la seguridad del estado. Ahora, desde Europa, donde reside actualmente, sueña con vivir del arte, con «toda la luz», sin las limitaciones de Cuba.<br />
Conoce su historia en este primer episodio de la segunda temporada de Migrantes.</p>
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<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/11/migrantes-cubanos-giovana/">Migrantes: Giovana</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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		<title>¿Qué cambia en la nueva reforma migratoria española para los solicitantes de asilo?</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/10/reforma-migratoria-espana-como-afecta-solicitantes-asilo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mel González]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Oct 2025 17:35:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Políticas migratorias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir del pasado 20 de mayo de 2025, los solicitantes de asilo no pueden acogerse al arraigo social en España; el tiempo de espera ha dejado de contar y su estadía de dos o tres años ha vuelto al día uno, tras la entrada en vigor del Nuevo Reglamento de Extranjería.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Según <a href="https://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=70340&amp;L=0" target="_blank" rel="noopener">datos</a> del Instituto Nacional de Estadística (INE) de España, hasta el 1ro de enero de 2023 residían en el país europeo 198.639 personas nacidas en Cuba. De acuerdo a la misma fuente, unos 20.375 cubanos habrían entrado en los dos últimos años (2023-2024). Muchos, sin tener clara la forma en la que podrían regularizar su situación migratoria porque “lo importante es salir”. Si ya en Cuba se llevaba por bandera la “utopía del escape”, luego de las masivas protestas de julio de 2021 se volvió cuenta pendiente para millones de cubanos debido al aumento de la represión, las diversas crisis que vive el país, la inflación y la censura.</p>
<p>Hasta la entrada en vigor del <a href="https://www.boe.es/buscar/pdf/2024/BOE-A-2024-24099-consolidado.pdf" target="_blank" rel="noopener">Nuevo Reglamento de Extranjería</a> el pasado 20 de mayo de 2025, los solicitantes de asilo con al menos dos años viviendo en España de manera ininterrumpida, que hubiesen logrado cotizar al menos seis meses gracias al permiso de trabajo incluido en la tarjeta roja, eran elegibles al arraigo laboral como vía de regularización. Esta tarjeta les era facilitada mientras se encontraba en proceso su solicitud de asilo. Pero en este reglamento se determinó que los ciudadanos extranjeros que se encuentran en proceso de solicitud de asilo, o que han apelado tras haber sido descartada su solicitud, ya no podrán acogerse al arraigo laboral, debido a que no cumplen con el requisito de haber estado de manera irregular en España durante este proceso.</p>
<p>Las recientes modificaciones dejan sin duda un vacío que coloca a los solicitantes de asilo en “tierra de nadie”, ya que para ser elegible a esta vía de regularización deben estar de forma continuada pero irregular, a la vez que haber cotizado un mínimo de nóminas, lo cual solo es posible teniendo un permiso de trabajo activo.</p>
<p>La Comisión Española de Ayuda al Refugiado se <a href="https://www.cear.es/noticias/luces-y-sombras-reforma-reglamento-extranjeria/?utm" target="_blank" rel="noopener">pronunciaron</a> desde noviembre de 2024 contra el limbo que representa esta nueva normativa: “Con la reforma del Reglamento, la denegación de la solicitud de asilo supondrá no solo la pérdida de esta autorización sino que, durante el primer año de vigencia del Reglamento, tendrán que permanecer seis meses en situación irregular si quieren solicitar los permisos por arraigo, y una vez pase este tiempo, deberán esperar dos años más para poder solicitar las autorizaciones, porque no se les reconocerá el tiempo de residencia previo”.</p>
<p>Justo este 2025 se cumplirían tres años para esos miles de cubanos que llegaron a España en 2022, el tiempo requerido para aplicar al “arraigo social”, un trámite que les permitiría finalmente regularizarse a aquellos que no cuenten con otra vía o no hayan podido acceder a la ciudadanía española por Ley de Memoria Democrática. Para ello también debían demostrar estadía en España por ese período de tiempo que contaba mientras se expedía la resolución de la petición de asilo político. Pero los planes de muchos se vieron forzados a cambiar desde que en noviembre de 2024 se publicó el Real Decreto 1155/2024 —que reforma el Reglamento de Extranjería—, y desde entonces nuestra comunidad vive entre la esperanza y el desasosiego.</p>
<p>Por un lado, para la persona que entró con un visado de turista o estudiante y se quedó en irregularidad tras el vencimiento de esta, el nuevo reglamento es un faro de esperanza. Crea figuras como el «arraigo por formación», una vía que, si se demuestra la inserción en un programa formativo de sectores con alta demanda laboral, puede convertirse en una llave hacia los papeles. Es una ruta difícil, pero clara: estudiar, formarse y regularizarse.</p>
<p>Por el otro, para el solicitante de asilo político cuya petición es finalmente denegada, el panorama es gélido. La reforma prioriza la celeridad en las deportaciones. Al recibir la negativa, se activa casi de inmediato una orden de expulsión, con plazos muy ajustados para recurrir. Mientras que el primero (el que sobrepasó su visado) recibe una oportunidad basada en su potencial económico, el segundo (quien pidió protección internacional por una situación de persecución o riesgo en su país) se enfrenta a un procedimiento acelerado que puede no dejar tiempo para articular una apelación sólida. Es la diferencia entre ser visto como una mano de obra en formación o como un caso administrativo a cerrar.</p>
<p>Por otro lado, España busca talento cualificado: otorga un visado de búsqueda de empleo para tecnólogos, sanitarios o educadores, y facilita que estudiantes extranjeros trabajen. En paralelo, cierra la puerta a quienes llevan años limpiando casas o cuidando ancianos mientras esperan una respuesta de asilo.</p>
<p>“La reforma tiene sus márgenes de diferencia. Para quien llegó en patera o con visa de turista y pidió asilo, la reforma es un muro. Su tiempo como solicitante ya no cuenta para el arraigo. Si su petición es denegada —y casi todas lo son—, deberá esperar dos años más en irregularidad para optar al arraigo social. El arraigo familiar sigue, pero con trampas. Antes, si tu hijo era menor de edad, te legalizabas. Ahora, si es mayor de 21, debes demostrar que él depende económicamente de ti&#8230; ¡hasta los 26 años! ¿Cómo va a depender un adulto de un padre sin papeles? Es un círculo vicioso. Y para traer abuelos, la edad para no acreditar dependencia subió de 65 a 80 años. Una locura para familias que mantienen a sus viejos desde acá”, comenta Lucía Alveiro, abogada española experta en extranjería.</p>
<div id="attachment_15456" style="width: 810px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15456" class="size-large wp-image-15456" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189-800x600.jpg" alt="oficina de extranjería en Barcelona, España" width="800" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189-800x600.jpg 800w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189-80x60.jpg 80w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189-810x608.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189-1140x855.jpg 1140w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/10/Oficina_del_Gobierno_-_Passeig_de_Sant_Joan_189.jpg 1200w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p id="caption-attachment-15456" class="wp-caption-text">Oficina de Extranjería en Barcelona. Foto: Jordiferrer / Wikimedia Commons.</p></div>
<p>Elena es una joven actriz cubana, que llegó a España en 2023 mediante un visado de estudios y fue entrevistada para este trabajo. Fue admitida por una academia de actuación en Madrid para cursar estudios durante tres meses, el tiempo válido de su visado. Al quedar en estado irregular, comenzó su proceso de solicitud de asilo político, con la finalidad de poder aplicar al arraigo laboral, luego de tres años residiendo en España.</p>
<p>Con la nueva reforma, el tiempo de asilo de Elena no cuenta, es como si volviera a su primer día en España. “Ya solo me queda esperar a que se me venza la tarjeta roja y renovarla, y así hasta que me denieguen finalmente el asilo, porque pensar que me lo aceptarán es una utopía; o encontrar a alguien que quiera firmar una pareja de hecho conmigo, y así obtener la residencia por familiar comunitario de miembro de la Unión Europea”.</p>
<p>“¿Mi título? Guardado en ese cajón que estás viendo al lado de la cama”, nos comenta al preguntarle acerca de su profesión y las imposibilidades de ejercerla. Elena ahora es camarera, trabaja en un bar de Madrid, de lunes a domingo, cobrando ocho euros la hora, a pesar de que tiene contrato laboral, al menos mientras dictaminan la resolución de su petición de asilo, de la cual dependerá todo lo demás.</p>
<p>Asimismo, las nuevas vías de regularización que propone este decreto son el arraigo socioformativo, para el cual la persona en cuestión debe encontrarse cursando estudios, además de trabajar 30 horas por semana, lo cual se sale de las posibilidades inmediatas de un emigrante promedio, ya que esta vía requiere recursos económicos para acceder a ella; y, por otro lado, el arraigo sociolaboral, al cual se puede acceder con un contrato de 20 horas por semana, que se ha implantado para seguir sumando vías a la utopía, ya que para conseguir cualquier tipo de arraigo, la principal problemática siempre radica en la obtención de ese contrato laboral.</p>
<p>He aquí la gran paradoja: ¿integración o exclusión? Mientras España atrae “talento cualificado” con visados exprés, deja en la sombra a quienes sostienen su economía sumergida. Según la abogada Alveiro “esta reforma premia al migrante con estudios y castiga al que trabaja en lo que puede. Para cubanos sin título universitario, las opciones se reducen: o consiguen un contrato imposible o seguirán invisibles”.</p>
<p>Y hay otra grieta: los cubanos ya no piden asilo por política, sino por hambre. España lo sabe, pero endurece las reglas. Mientras el decreto se aplica, los cubanos en Madrid, Barcelona o Tenerife repetían el mismo mantra: “Antes de mayo, hay que moverse”. Porque tras esa fecha, para muchos, solo queda la sombra.</p>
<p>Por otra parte, la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) de regularización extraordinaria, impulsada por el movimiento migrante <a href="https://regularizacionya.com/" target="_blank" rel="noopener">Regularización Ya</a>, fue presentada ante el Congreso el 12 de marzo de 2024, con más de 700.000 firmas recogidas superando en 200.000 a las calculadas inicialmente, y presentada a trámite con el respaldo de todos los grupos parlamentarios excepto VOX. Actualmente se enfrenta a su fase final y definitiva, tras haber estado en lo que se llama “archivado de facto”, colocándola en un limbo parlamentario. Los movimientos sociales ratifican su esfuerzo por garantizar el éxito, aun más luego del debate y la segregación que nos ha legado el reglamento, pero sin perder de vista el hecho de que podría pasar a la historia tan solo como un símbolo político.</p>
<p>En definitiva, la Ley de Extranjería, a pesar de su título formal que promete garantizar “derechos y libertades”, opera en la práctica como un fino tamiz que segmenta y categoriza. No es una ley que aplique de manera universal; su peso sobre la vida de las personas es diametralmente opuesto según su nacionalidad, su estatus inicial y, en el fondo, la percepción de su utilidad para el mercado laboral español. Lejos de ser principalmente un instrumento de protección, se ha revelado como una herramienta de gestión económica que prioriza llenar vacíos en sectores específicos de la economía por encima de una verdadera integración social basada en derechos. Al final, el mensaje que cala es que algunos extranjeros son bienvenidos por lo que pueden aportar, mientras que a otros se les niega el amparo por lo que huyen.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Cubanos con pasaporte español: tres trámites indispensables al visitar España</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/09/tramites-cubanos-pasaporte-espanol/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mónica Fernández Salinas]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Sep 2025 17:35:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde el DNI hasta la asistencia sanitaria: trámites esenciales y beneficios legales para cubanos que poseen ciudadanía española pero aún no residen en España. </p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Para muchos cubanos, obtener la nacionalidad española es una vía expedita para emigrar a Europa, y la emisión del pasaporte español marca el inicio de numerosos trámites administrativos allí donde será su nuevo hogar. Pero, ¿qué gestiones son realmente esenciales para quienes quieren seguir residiendo en Cuba y viajar con mayor o menor frecuencia a España?</p>
<p>En este artículo te proponemos tres trámites clave: la obtención del DNI, la solicitud de asistencia sanitaria durante la estancia en España, y la tramitación de un número de identificación (NIE) para los familiares de los ciudadanos.</p>
<h4><strong>Obtener el DNI sin empadronarse en España</strong></h4>
<p>Si bien el pasaporte español permite entrar a España –y a muchos otros países–, dentro del territorio español lo recomendable es contar con el Documento Nacional de Identidad (DNI). La expedición por primera vez o la renovación del DNI solo puede realizarse en territorio español, en una delegación de la Policía Nacional.</p>
<p>Contrario a lo que muchos creen, no es necesario darse de baja consular en Cuba ni empadronarse en España para solicitar el DNI, se puede tramitar como ciudadano español residente en el extranjero.</p>
<p>La documentación necesaria incluye el pasaporte español en vigor; el certificado literal de nacimiento emitido a los efectos de obtener el DNI (válido seis meses desde su expedición); y el padrón consular emitido por la Representación Diplomática o Consular, que certifique la inscripción como ciudadano español residente en Cuba (válido tres meses desde su expedición).</p>
<p>Es importante tener en cuenta que el certificado literal de nacimiento para DNI se emite solo una vez para las personas inscritas como ciudadanos españoles antes de <a href="https://periodismodebarrio.org/2025/03/consulado-espanol-en-la-habana-implementa-dicireg-registro-civil-electronico/">la implementación del sistema DICIREG</a> en marzo de 2025. Por ello, para tramitar el DNI sin residir en España, es crucial planificar con antelación para evitar que los documentos caduquen antes de completar el trámite.</p>
<h4><strong>Pasos recomendados</strong></h4>
<p>Solicitar con suficiente tiempo de antelación al Consulado español en La Habana el <a href="https://www.exteriores.gob.es/Consulados/lahabana/es/ServiciosConsulares/Paginas/index.aspx?scca=Certificados&amp;scco=Cuba&amp;scd=166&amp;scs=Certificado+de+nacimiento" target="_blank" rel="noopener">certificado literal de nacimiento para DNI</a> (solo para quienes obtuvieron su certificación de nacimiento con tomo y folio). Las personas inscritas en DICIREG con Código Personal no necesitan este certificado, ya que lo <a href="https://sede.mjusticia.gob.es/sereci/initDatosGenerales?idMateria=NAC" target="_blank" rel="noopener">pueden obtener </a><a href="https://sede.mjusticia.gob.es/sereci/initDatosGenerales?idMateria=NAC" target="_blank" rel="noopener"><em>online</em></a>. Para quienes sí necesitan el documento que se expide una única vez, los tiempos de espera desde la cita y la emisión del documento, pueden superar los seis meses.</p>
<p>Una vez obtenido el certificado, se debe <a href="https://www.exteriores.gob.es/Consulados/lahabana/es/ServiciosConsulares/Paginas/index.aspx?scco=Cuba&amp;scd=166&amp;scca=Certificados&amp;scs=Certificado+de+residencia" target="_blank" rel="noopener">solicitar el padrón consular</a>, que normalmente el Consulado envía por correo electrónico en menos de dos semanas. Finalmente, <a href="https://www.citapreviadnie.es/citaPreviaDni/" target="_blank" rel="noopener">agendar una cita</a> en una oficina de la Policía Nacional para la expedición del DNI.</p>
<p>Para más información aquí dejamos los enlaces de las páginas del Ministerio del Interior donde aparece la <a href="https://www.interior.gob.es/opencms/es/servicios-al-ciudadano/tramites-y-gestiones/dni/documentacion-necesaria-para-su-tramitacion/" target="_blank" rel="noopener">documentación</a> necesaria para la tramitación de la versión física del DNI, y del Cuerpo Nacional de Policía para los <a href="https://www.dnielectronico.es/PortalDNIe/PRF1_Cons02.action?pag=REF_250&amp;id_menu=68" target="_blank" rel="noopener">trámites</a> relativos a la obtención/renovación del DNI</p>
<h4><strong>Asistencia sanitaria</strong></h4>
<p>Los españoles de origen (y sus familiares de primer grado) que residen fuera de la Unión Europea, el Espacio Económico Europeo o Suiza, tienen derecho a recibir asistencia médica gratuita en España durante sus estancias temporales. Este beneficio está regulado por el Real Decreto 8/2008 y se financia con fondos públicos a través del Sistema Nacional de Salud.</p>
<p>La cobertura se aplica cuando no se cuenta con seguro médico por parte de la Seguridad Social española, del país en el que reside el ciudadano, o mediante convenios internacionales. En otras palabras: si no tienen otra cobertura, España garantiza la atención médica de sus ciudadanos mientras estén en el país. Sin embargo, aunque es un derecho, no se recibe automáticamente, sino que al menos dos meses antes del viaje se ha de comenzar a tramitar.</p>
<p>Para gestionarlo, se debe contar con la siguiente documentación: <a href="https://www.mites.gob.es/mundo/consejerias/cuba/es/index.html" target="_blank" rel="noopener">certificado</a> emitido por la Consejería de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social de la Embajada de España en La Habana que certifique el acceso del ciudadano al derecho a asistencia médica gratuita en España; documento oficial que acredite que el ciudadano español es pensionista o persona trabajadora por cuenta ajena o propia en Cuba (aunque no se detalla en ninguna web oficial, lo ideal es que este documento esté legalizado y apostillado); y  <a href="https://sede.ine.gob.es/tramite/certi_pere/" target="_blank" rel="noopener">certificado</a> del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), que solo puede solicitarse vía correo postal o por fax, aunque el certificado sí se puede recibir de forma electrónica. Para este trámite es mejor contar con la ayuda de alguien que resida en España, ya que el correo postal desde Cuba a España puede tardar mucho.</p>
<p>Una vez reunida toda esta documentación, se puede solicitar telemáticamente la <a href="https://prestaciones.seg-social.es/servicio/asistencia-sanitaria-residentes-exterior-visita-espana.html" target="_blank" rel="noopener">asistencia sanitaria</a> para españoles residentes en el exterior de visita en España a través de la web de la Seguridad Social. Según indica la página, este trámite debe realizarse al menos 30 días antes de la fecha de viaje prevista. Si la resolución es favorable, se recibirá un documento que puede presentarse en cualquier centro de salud o institución hospitalaria española.</p>
<p>A la hora de solicitar este derecho en España, es muy recomendable contar con un DNI español. Aunque legalmente se puede gestionar con el pasaporte, en la práctica muchos centros de salud no están familiarizados con este procedimiento y sus sistemas informáticos solo reconocen los caracteres del DNI.</p>
<p>No obstante, cabe destacar que en España toda persona, sin importar su situación administrativa, tiene derecho a la atención sanitaria de urgencia en caso de accidente o enfermedad grave, y a la atención por embarazo, parto y postparto, según lo establecido por la legislación. Por tanto, incluso sin este papel, ante una emergencia no se debe dudar en solicitar atención sanitaria.</p>
<h4><strong>Tramitar el NIE para los familiares</strong></h4>
<p>España permite a cualquier ciudadano extranjero que no se encuentre en situación irregular (por ejemplo, durante los primeros 90 días en el país) solicitar la asignación de un NIE (Número de Identidad de Extranjero), que identifica de forma única a una persona extranjera en España y se mantiene asignado mientras no adquiera la nacionalidad española.</p>
<p>Se puede solicitar la asignación de NIE en las <a href="https://sede.administracionespublicas.gob.es/pagina/index/directorio/icpplus" target="_blank" rel="noopener">Oficinas de Extranjería</a> de cada provincia o en una <a href="https://sede.policia.gob.es/portalCiudadano/_es/dependencias_localizador.php" target="_blank" rel="noopener">Comisaría de Policía</a>, con cita previa. Es un trámite sencillo, que solo requiere presentar el pasaporte, el formulario EX-15 y pagar una tasa de poco menos de 10 euros.</p>
<p>Es importante entender que tener NIE no significa que se conceda ningún tipo de residencia, pero tiene ventajas prácticas el obtenerlo, incluso si no se planea residir en España por el momento, por ejemplo:</p>
<p>-Permite pedir un certificado digital para gestionar trámites <em>online</em>. Con NIE y certificado digital se pueden presentar la Declaración de la Renta, pedir copias digitales de certificados (nacimiento, matrimonio…) al Registro Civil central en lugar de a la embajada, solicitar cita o enviar documentación a Extranjería sin estar presente en España, solicitar antecedentes penales españoles, tramitar prestaciones y consultar la vida laboral, entre otros trámites.</p>
<p>-Contar con el NIE agiliza cualquier trámite de residencia porque el expediente ya parte con un número de identificación. Si el NIE está asignado, la Administración ya dispone del número y los datos básicos, lo que reduce errores, evita duplicidades y puede acelerar cita y resolución. Además, aunque la residencia no esté aprobada, una pareja con NIE podrá realizar gestiones útiles: abrir cuenta bancaria, empadronarse con un número de identificación español en lugar del pasaporte, tramitar el alta en el centro de salud, solicitar determinadas prestaciones o inscribirse en formaciones, por ejemplo.</p>
<p>Planificar con antelación y conocer bien estos procesos no solo evita contratiempos, sino que también abre la puerta para aprovechar de manera plena los derechos y beneficios que conlleva la ciudadanía española.</p>
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		<title>La Regla de Osha en Argentina: entre la invisibilidad y la resistencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ella Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Sep 2025 15:16:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y diáspora]]></category>
		<category><![CDATA[Experiencias de migración]]></category>
		<category><![CDATA[Migración y movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Personas afrodescendientes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En una Buenos Aires que se concibe a sí misma como europea y blanca, las religiones de origen africano —en particular la Regla de Osha— buscan ganar visibilidad, pese a haber sido relegadas a los márgenes históricamente.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando aún los nasobucos eran considerados una prenda de vestir —pleno 2021—, el entonces presidente argentino Alberto Fernández se sentó con su homólogo español, Pedro Sánchez.</p>
<p>“Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero los argentinos llegaron de los barcos. Y eran barcos que llegaron de allí”, dijo el representante del kirchnerismo.</p>
<p>La frase desató polémica en redes sociales. Algunos defendieron al presidente y aseguraron que había citado una broma del ensayista mexicano que aludía a aztecas e incas. Otros, en cambio, sostenían que Fernández —amante del rock nacional— había hecho una mala referencia a la canción <em>Llegamos de los barcos</em>, de Lito Nebbia.</p>
<p>Tres años antes, su antecesor, el conservador Mauricio Macri, había afirmado en el Foro Económico de Davos que una asociación entre el Mercosur y la Unión Europea era “natural”, porque en Sudamérica “todos somos descendientes de Europa”.</p>
<p>Buenos Aires, “el París de América Latina”, se repite una y otra vez. Personalmente, encuentro más similitudes con Madrid, en ciertos puntos de la ciudad, que con la capital francesa. Y algunos barrios —como el mismísimo San Telmo— me recuerdan incluso a la Habana Vieja.</p>
<p>En estos cinco años que llevo viviendo en Buenos Aires, se fue instalando en mi psiquis la idea de un supuesto paralelismo entre la idiosincrasia porteña y lo europeo. Una percepción que, sin embargo, no se replica en el resto de provincias que componen a la Argentina. Tampoco comparten esta visión países vecinos como Uruguay o Brasil.</p>
<p>Buenos Aires es Europa, o al menos lo intenta. Y para ello llega a ignorar los mismos sonidos afros que dieron vida a una de sus mayores y mejores exportaciones: el tango.</p>
<p>Por eso me sorprendió aquella tarde cuando, sentado en un café, Martín —percusionista argentino— me habló de <em>iyawós</em> vestidos de blanco de pies a cabeza caminando por las calles bonaerenses.</p>
<p>Cinco años en la ciudad y nunca había visto siquiera una sombrilla blanca; apenas un par de collares con cuentas rojas asomando discretamente debajo de la ropa de un amigo y compatriota. Cinco años hablando de despojos necesarios con compañeros de trabajo, para recibir como respuesta la palabra “macumba”; término peyorativo asociado con “magia negra” o “brujería”.</p>
<p>En una ciudad que se piensa europea, ¿qué lugar encuentra la Regla de Osha?</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Argentina comenzó a pensarse como una nación de inmigrantes europeos —un país con memoria blanca— desde el siglo XIX, tras la independencia de España. Ese imaginario fue impulsado por un grupo de políticos e intelectuales, entre ellos el séptimo presidente argentino, Domingo Faustino Sarmiento. El mayor flujo migratorio europeo se produjo entre 1850 y 1950, con la llegada de siete millones de personas procedentes sobre todo de España e Italia.</p>
<p>Sin embargo, según un <a href="https://chequeado.com/ultimas-noticias/cfk-en-la-ciudad-de-buenos-aires-y-en-toda-la-campana-la-mitad-de-la-poblacion-segun-el-censo-de-1778-eran-negros/" target="_blank" rel="noopener">censo de 1778</a>, cerca de un tercio de la población argentina estaba compuesta por africanos y sus descendientes. Incluso durante las guerras independentistas, el Ejército de los Andes contó con unos 5.000 efectivos, de los cuales se estima que entre el 40% y el 50% eran personas afrodescendientes.</p>
<p>Hubo, no obstante, un esfuerzo deliberado por parte del Estado para ocultar las raíces ligadas a los pueblos originarios y a los esclavos. El historiador <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-48508342%23:~:text=Si%2520bien%2520la%2520herencia%2520gen%25C3%25A9tica,com%25C3%25BAn%2520mochila%252C%2520mucama%2520y%2520quilombo?" target="_blank" rel="noopener">Felipe Pigna,</a> lo describe como una operación sistemática para reducir la presencia de afrodescendientes y comunidades indígenas en los registros oficiales, ya sea a través del genocidio directo o del olvido impuesto. Lo “afro” dejó de ser mencionado en textos, mapas, escuelas y en la cultura en general.</p>
<p>Pasarían dos siglos para que el Estado argentino volviera a incluir la categoría de “afrodescendiente” en el censo poblacional. Una medida tardía, aunque necesaria, según activistas.</p>
<p>Así, la gran capital, Buenos Aires, se erigió como símbolo de modernidad y blanquitud. Y en esa narrativa, las religiones y culturas de origen africano ocuparon siempre un lugar marginado. Entre ellas, el batuque afrobrasileño —y su predecesor, la umbanda— y, en menor medida, la vertiente religiosa afrocubana conocida como Regla de Osha-Ifá.</p>
<p>Nacida en territorio brasileño a comienzos del siglo XIX, la umbanda fue la primera expresión religiosa afrobrasileña en llegar a Argentina. La proximidad geográfica y el marcado sincretismo con el catolicismo facilitaron su sintonía con la cultura local. Después le seguiría el batuque, considerado la variante religiosa de mayor raigambre africana presente en el país, con unos 2.000 templos en el conurbano bonaerense.</p>
<p>La historia de la Regla de Osha en el país sudamericano, sin embargo, fue muy distinta.</p>
<p>De acuerdo con la antropóloga <a href="https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/bitstream/10469/17132/2/TFLACSO-2020LMO.pdf" target="_blank" rel="noopener">Lina María Ordóñez</a><strong><em><span style="text-decoration: line-through;"><u>,</u></span></em></strong> la Regla de Osha llegó a Buenos Aires a principios de los años noventa, con el arribo de inmigrantes cubanos a Argentina. Un tránsito marcado por el Período Especial y la consiguiente oleada migratoria.</p>
<p>Fue también una expansión del contexto artístico que venía gestándose desde la década de 1980, cuando —junto a prácticas como la capoeira, el candombe y la danza de orixás— músicos y bailarines cubanos impartían en la capital sudamericana clases vinculadas a expresiones afrocubanas como la rumba y el guaguancó. Talleres impulsados por acuerdos culturales bilaterales donde la Plaza Francia, en el barrio de Recoleta, se convirtió en un punto clave.</p>
<p>Durante casi una década, percusionistas locales y extranjeros se reunieron allí para tocar tambores. Este movimiento musical no solo difundió los ritmos cubanos, sino que también abrió camino a la santería: varios percusionistas argentinos viajaron a Cuba para perfeccionarse en el tambor batá y, al mismo tiempo, iniciarse en la religión. La música se convirtió en mediadora entre humanos y orishas.</p>
<p>Poco a poco, aumentaron los viajes de argentinos a Cuba en busca de elementos indispensables para la praxis religiosa —como los tambores batá, algunas <em>ewe</em> (hierbas), palos y otros fundamentos—, así como de la decisión de recibir el orisha directamente en la isla. Se buscaba legitimidad religiosa: el deseo de alcanzar lo “puro”, la “raíz”. Paralelamente, comenzaron a llegar santeros cubanos a Buenos Aires gracias a los ahijados que tenían en Argentina, quienes los ayudaban a regularizar su estatus legal y, a su vez, generaban nuevas redes de apoyo para familiares y amigos.</p>
<p>Ya para el año 2000, algunas familias iniciadas en Cuba formaban parte del templo de Villa Adelina, en Zona Norte, fundado por <em>mãe</em> Nélida de Oxum, una mujer argentina y precursora de las religiones afrobrasileñas. Allí participaban santeros y babalawos que atendían consultas y realizaban ceremonias con la presencia del tambor batá de fundamento. Por esa época también quedó fundada la <a href="https://www.cancilleria.gob.ar/es/seguidores-de-olodumare-sociedad-cultural-filosofica-yoruba-argentina" target="_blank" rel="noopener">Asociación Yoruba en Argentina</a>.</p>
<div id="attachment_15399" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15399" class="size-large wp-image-15399" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Martin-percusionista-argentino-906x600.jpg" alt="Como músico e hijo de Añá, Martín entiende la necesidad de conocer y respetar la espiritualidad afrocubana en una ciudad como Buenos Aires. Foto: Policromía Fotografía " width="810" height="536" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Martin-percusionista-argentino-906x600.jpg 906w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Martin-percusionista-argentino-300x199.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Martin-percusionista-argentino-768x509.jpg 768w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-15399" class="wp-caption-text">Como músico e hijo de Añá, Martín entiende la necesidad de conocer y respetar la espiritualidad afrocubana en una ciudad como Buenos Aires. Foto: Policromía Fotografía.</p></div>
<p>Roberto es profesor de bailes afrocubanos y hace más de una década se asentó en Argentina, donde formó su familia. Criado entre Santiago de Cuba y Guantánamo, el docente y bailarín —de origen haitiano— cree que, en parte, esa búsqueda del bonaerense que le llevó a conectar con la Regla de Osha está atravesada por el propio “blanqueamiento” de la cultura capitalina. Algo que, según él, no ocurre del mismo modo en el resto del país.</p>
<p>“¿Sabes qué significa folclore? —me pregunta—. Folclore es tierra, sabiduría”.</p>
<p>Roberto tiene alumnos de muchas nacionalidades, pero sobre todo argentinos. Cada clase inicia con una parte teórica, donde aborda los fundamentos de los pasos, ritmos, elementos del vestuario. Asegura tener un ojo clínico para saber quiénes de los presentes buscan entender aquello que bailan y quiénes, en cambio, buscan una salida más comercial. No es “digerible” por todos y eso está bien.</p>
<p><strong>“</strong>Doy dos horas de [baile] afrocubano en un teatro en Corrientes. A mis alumnos no los llamo &#8216;avanzados&#8217;, sino &#8216;iniciados&#8217;. Pongo mucho énfasis en la teoría. No se trata de aprender pasos sueltos, sino de comprender la esencia”, explica.</p>
<p>“Yo solo enseño lo que es puro, y a partir de ahí, cada quien lo desglosa. Porque cuando tú das una clase de [baile] afrocubano en su forma más pura, la finalidad es que la persona conozca la esencia. Después, si lo llevas a lo popular —por ejemplo, a través de una canción de timba que hable en lengua—, ya sabes cómo proyectar el lenguaje, porque lo vienen trabajando desde esa raíz. Lo mismo pasa si es una canción de timba que menciona a Changó o a los Orishas: lo importante es que sepas cómo interpretar. En este punto, claro que hay que tener conocimiento de las características de cada Orisha y de lo que representan”.</p>
<p>Lo curioso es que, en los últimos años, ha sido la comunidad venezolana —con más de 160.000 personas, según el censo de 2022— quienes han hecho más visible en Buenos Aires las prácticas religiosas vinculadas a la Regla de Osha. A tal punto que en San Martín, Lomas de Zamora y otras localidades del conurbano se celebran multitudinarias ceremonias.</p>
<p>En enero de 2020, el ritual de “Dar de comer a Changó y a la Tierra”, celebrado en Morón —que incluyó ofrendas de animales y alimentos enterrados como acto de agradecimiento— generó rechazo entre vecinos; la gobernación terminó irrumpiendo en la ceremonia. El episodio evidenció la incomprensión y los prejuicios de la sociedad local, que aún no acepta prácticas fuera de las religiones abrahámicas.</p>
<p>A pesar de su expansión, las características teológicas y rituales tanto de la vertiente cubana como de la brasileña siguen siendo, a día de hoy, poco comprensibles para los sectores sociales con mayor poder adquisitivo o para los no iniciados. Las danzas, la percusión ritual y el intercambio material con divinidades y espíritus contrastan marcadamente con el modelo socialmente aceptado de “religión”, moldeado históricamente por la matriz católica institucional.</p>
<p>La magnitud real de su implantación suele ser invisibilizada por los medios de comunicación y minimizada por el Estado. Cuando logran capturar la atención, suele estar cargada de estigmatización y criminalización. Salvo en contadas excepciones —como las fiestas anuales dedicadas a la diosa Iemanjá.</p>
<p>“El argentino no tiene el mismo fundamento para aceptar o comprender un ritual afrocubano. Muchas veces lo ven con miedo. Y Buenos Aires, con su blanqueamiento cultural, no valora lo afro ni lo indígena”, afirma Roberto.</p>
<p>Martín, el percusionista argentino, coincide.</p>
<p>“En Buenos Aires todas las prácticas religiosas que no sean las católicas y la de los judíos en general tienen aún una connotación marginal, más todavía las de ascendencia africana”.</p>
<p>La aproximación de Martín a la Regla de Osha fue a través de la música. Un grupo de amigos, estudiantes de percusión de la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), lo invitaron a participar en una investigación y estudio del tambor batá.</p>
<p>“En mi búsqueda por profundizar en el tambor latinoamericano me encontré con percusionistas que se habían formado en Cuba y Brasil, por lo que entendí y sentí que era algo indispensable de hacer. El verdadero conocimiento de una música folclórica está en hacerse parte del contexto en donde se genera”, dice.</p>
<p>Recuerda con mucha magia y alegría la primera vez que participó en un toque de tambores en Cuba. Sintió que el tambor lo estaba esperando. En la cultura yoruba, solo los Omó Añá (hijos de Añá) pueden tocar los tambores consagrados, conocidos como tambores de fundamento o tambores batá. Martín juró a Añá.</p>
<p>“Hay una serie de normas y obligaciones que cumplir para que su desempeño [el del tambor batá] y los que lo ejecutan realicen satisfactoriamente el trabajo de la jornada. Porque básicamente lo que hay que entender es que se está manipulando a uno de los orishas más poderosos del panteón Yoruba. La música en general es un canal de comunicación con lo espiritual, más allá de que se desarrolle en un contexto específicamente religioso o no”.</p>
<p>Martín también me habla de una larga búsqueda de identidad nacional, un tanto confundida en Buenos Aires, producto de diferentes hechos históricos aberrantes marcados por el racismo. Y de lo insostenible que resulta, a la larga, ocultar la presencia de culturas que no sean de ascendencia europea. Hace menos de dos décadas, los conservatorios más importantes de la capital recién empezaron a incorporar carreras de músicas no europeas. Y, aún hoy, se conoce poco del aporte africano a la música argentina.</p>
<p>“Ni hablar en lo religioso”, agrega.</p>
<p>Como músico e hijo de Añá, Martín entiende la necesidad de conocer y respetar la espiritualidad afrocubana en una ciudad como Buenos Aires, como parte de la identidad argentina. Más aún en un contexto marcado por un gobierno que esta vez habla de la “inmigración virtuosa” del pasado en contraposición con la actual.</p>
<p>“[Debemos] entender que somos latinoamericanos, es decir, que somos el resultado de un proceso largo donde se mezclan diferentes culturas del mundo en un mismo territorio. Ya no se es africano, originario, europeo o asiático solo por sangre o descendencia, sino por aceptar una forma de sentir, entender y vivir en el mundo”, dice.</p>
<div id="attachment_15401" style="width: 810px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15401" class="size-large wp-image-15401" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-800x600.jpg" alt="Roberto es profesor de bailes afrocubanos y hace más de una década se asentó en Argentina. Foto: Cortesía del entrevistado." width="800" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-800x600.jpg 800w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-80x60.jpg 80w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-1536x1152.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-810x608.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina-1140x855.jpg 1140w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2025/09/Roberto-maestro-de-baile-afrocubano-en-Argentina.jpg 1600w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p id="caption-attachment-15401" class="wp-caption-text">Roberto es profesor de bailes afrocubanos y hace más de una década se asentó en Argentina. Foto: Cortesía del entrevistado.</p></div>
<p>La comunidad cubana en Argentina es pequeña; ínfima en comparación con las de otros países a los que hemos ido a parar luego de salir de la isla. La de Buenos Aires es aún menor. Según el Censo 2022 del INDEC, en Argentina viven alrededor de 23.000 personas nacidas en Cuba. De ellas, la gran mayoría se concentra en el Área Metropolitana de Buenos Aires.</p>
<p>Roberto describe a Rosario, en la provincia de Santa Fe, como un punto neurálgico donde existe una mayor presencia de prácticas de la Regla de Osha, sobre todo en el ámbito musical y danzario.</p>
<p>“En Rosario hay más vínculo con la cultura afrocubana, tanto popular como folclórica. Hay argentinos y cubanos que conocen y practican, incluso paleros. En Buenos Aires, en cambio, hay un flujo mayor de babalawos cubanos, pero mantienen círculos cerrados, por respeto y también por temor a cómo los percibe la sociedad”, explica.</p>
<p>El antropólogo argentino <a href="https://nuso.org/articulo/317-el-afroumbandismo-argentino-en-busca-de-ciudadania-religiosa/" target="_blank" rel="noopener">Alejandro Frigerio</a> también ubica a Mar del Plata, ciudad balnearia en la costa atlántica, como un espacio importante para rituales vinculados con las religiones afro en general.</p>
<p>“Acá en Argentina hay tradiciones afro, como el batuque brasileño, que es una forma de candomblé. Puede tener similitudes en nombres o colores, pero no tiene que ver con la religión yoruba”, afirma Roberto. “El candomblé se conoce más, está más instalado. Está muy comercializado. La religión cubana es aún menos visible”.</p>
<p>Para el profesor de danza, uno de los problemas es que “somos pocos”. La Regla de Osha sobrevive más por curiosidad.</p>
<p>“No hay un espacio fijo como en Cuba, con compañías folclóricas o el Palacio de la Rumba. Acá son esfuerzos aislados”, agrega.</p>
<p>Pareciera entonces una serpiente que se muerde la cola: pocos cubanos, poco espacio, poca visibilidad… y así, una y otra vez.</p>
<p>Roberto se pregunta qué pasaría si existiera un Callejón de Hamel en Buenos Aires, donde los fines de semana los transeúntes pudieran ver e interactuar con la música, los bailes y todo lo demás que conlleva. ¿Dejarían de llamarlo “brujería”? ¿Entenderían su conexión directa con la naturaleza?</p>
<p>“En esta religión, lo que sucede es que todavía no tiene un espacio fijo, un lugar al que la gente pueda ir todos los domingos o todos los sábados a ver un espectáculo. No es como en Cuba, donde sí contamos con espacios en todas partes”.</p>
<p>Quizás así a los rituales ya no le llamarían “macumbas”. Y nosotros, los cubanos, encontraríamos un poco más de espacio en esta ciudad que busca ser París.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/09/la-regla-de-osha-en-argentina-entre-la-invisibilidad-y-la-resistencia/">La Regla de Osha en Argentina: entre la invisibilidad y la resistencia</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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