La mañana transcurría normal, como cualquier día, cuando recibo una llamada: “Oye, ¿viste mis estados? El Saratoga explotó…”. Pensando que se trataba de una frase metafórica, esperaba encontrar noticias sobre malversación de fondos o directivos detenidos por desvío de recursos. Al abrir WhatsApp las imágenes me dejaron atónito: la nube de polvo, las personas corriendo, por un segundo me costó asimilarlo. En la parada del CicloBus los comentarios eran intensos: “Eso es cuadrao desde Miami”, decían unos; «Fueron los carteles mexicanos pa’ echarse a López Obrador”; algún que otro sensato apoyaba la teoría del depósito de gas licuado.
El fotógrafo Jorge Bonet me acompañaba, caminábamos casi corriendo. Para las 12:30 p.m. era imposible llegar a Prado y Dragones, las autoridades tenían acordonada el área. Decidimos trabajar la zona de Monte y Cárdenas, con mejor vista hacia el lugar del siniestro y mayor concentración de personas. Mientras fotografiaba los portales de la calle Cárdenas se me acerca un desconocido y me comenta de la cercanía de su hogar con el Hotel Saratoga; sin pensarlo Jorge le dice con total naturalidad: “Compadre, llévanos hasta tu casa para sacar algunas fotos”.
Subimos tres pisos y entramos en un apartamento, sus dueños aún nerviosos tenían los ojos atónitos. Desde el balcón podíamos observar la avenida Prado, y la Fuente de la India de espaldas al edificio donde estábamos. Era evidente el daño que había causado la explosión.
“Sonó tan alto que la vieja casi se me queda sorda», comentó con tono de asombro (Texto y foto: Jordan Issell López).








