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	<title>Lian Morales Heredia &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
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	<title>Lian Morales Heredia &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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		<title>El ciclo de la sequía</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lian Morales Heredia]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Apr 2017 21:35:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>
		<category><![CDATA[sequía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Caseríos de la frontera de Santiago de Cuba con Guantánamo ante la escasez de agua.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A unos 50 kilómetros de Santiago de Cuba está Yerba de Guinea. Desde allí hacia Vista Alegre el transporte radica en tus pies o las patas de lo que puedas conseguir, a menos que enfiles para Ramón de Las Yaguas o Tontina, esta última ya en Guantánamo, adonde van los tractores. En el rumbo de Vista Alegre las distancias son medidas por cantíos de gallo o “allí mismitico”.</p>
<p>Yerba de Guinea tiene restaurante, farmacia, local para extraerte las muelas y un letrero desteñido de “Sector de la Policía Nacional Revolucionaria”. Preguntas por algo que atienda lo hidráulico, no hay.</p>
<p>—No cae un nortecito –dice Rosa Acuña–, las nubes no paran aquí.</p>
<p>Te vas alejando, miras hacia atrás. A medida que disminuye la imagen del centro del pueblo aumenta la aridez a tu alrededor.</p>
<p>—El agua venía del Río Baconao –dice Rosalina Pujol–, la tubería está rota hace un año, ahora la cogemos de “la División” (unidad militar de Yerba de Guinea). Al principio venía muy sucia, pero ha mejorado algo. Antes de eso había que pagar pipa a ciento y pico de pesos a los particulares. No, y cogemos de la División porque estamos a la orilla del camino. Los demás buscan en un pozo por ahí, que tiene más de cien años. Cuando no le queda agua, a comprar, hijito. Hay quien llena aquí en mi manguera.</p>
<div id="attachment_2129" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2129" class="size-full wp-image-2129" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-2.jpg" alt="Rosalina vive con su hija, totalmente postrada debido a malformaciones congénitas (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="724" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-2.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-2-300x217.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-2-768x556.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-2-829x600.jpg 829w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2129" class="wp-caption-text">Rosalina vive con su hija, totalmente postrada debido a malformaciones congénitas (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Sigues camino a Vista Alegre. En estos predios la gente ha muerto bastante, por infarto, de cáncer, bajo los árboles, junto a los gallos de pelea, a través de hojas afiladas, en accidentes masivos.</p>
<p>El camino recoge los nombres de los padres y abuelos. Bajas la loma de Mario, atraviesas el primer río seco, subes un cerro y llegas al Vista Alegre actual. Tres casas.</p>
<p>Los Serret son los únicos que tienen pozo en varios kilómetros a la redonda.</p>
<p>—La presa de aquí es un potrero –dice Ricardo Serret hijo.</p>
<p>—Tú bajas por el trillito y vas a ver también el río seco igual –dice Ricardo Serret padre–. De momento yo tengo mi pozo que resuelve alguito, pero los demás buscan el agua a San Félix, a tres kilómetros como mínimo. ¿La cosecha? El cuarentaicinco por ciento del café ya lo perdí, se vaneó, se quemó. ¿Lo demás? No, aquí todo se perdió: maíz, boniato, calabaza, frijol. To’ se jodió.</p>
<p>—¿Qué le hace la sequía al café? –pregunto.</p>
<p>—Se vanea, no cuaja el grano –responde Ricardo padre–, no madura como debe, se quema de un lado y eso afecta el otro grano de la vaina. Cada año la sequía es más fuerte. Esta es una zona crítica, crítica.</p>
<p>A unos metros de la presa desaparecida, Erik Almenares trata de extender su campo unos metros. Mientras más amplio, más posibilidades de que nazca algo.</p>
<div id="attachment_2130" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2130" class="size-full wp-image-2130" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-3.jpg" alt="Erik Almenares, la única persona corpulenta en todo el recorrido (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="711" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-3.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-3-300x213.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-3-768x546.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-3-844x600.jpg 844w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2130" class="wp-caption-text">Erik Almenares, la única persona corpulenta en todo el recorrido (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Estás en el límite entre Vista Alegre y La Juba, cerca de la finca de Yodalys (Nuni) Gómez y Artemio Almenares. En el patio de la casa abundaban los pavos reales. En su lugar merodean ovejos flacos que comen tierra atontados por la sequía.</p>
<p>—Me tienen loca –exclama Nuni–, sobre todo en la cocina y el baño, parece que la humedad con jabón los atrae más, me devoran toda la tierra del piso.</p>
<p>—Ay, compay, lo que estamos pasando es criminal –Artemio habla sin mover sus pupilas de humo azul–. Esa presa desde que la hicieron hace más de treinta años nunca se había secado. Allí había también un poco de agua acumulada, pa’ mí que la presa se filtraba. Ahí quedaba un poquito, milagrosamente, pero todos los animales iban y lo mismo se orinaban que se ensuciaban. Eran tres arroyos que daban a la presa, no queda uno. Los animales ya dan gritos, son muchos para esas dos goticas de fango.</p>
<p>En la cocina de Nuni solo hay dos calabazas del tamaño de un puño, pero se desviven en atenciones con todo el que llega, como en los viejos tiempos. En los actuales, el nieto se atreve a cortar una oreja de puerca para un potaje. La pequeña bestia, preñada, se perdió en el monte, regresó un año después con una manada de puerquitos y gusanos. La curaron, sobrevivió, hasta que llegó su hora.</p>
<p>Nuni habla como una niña que narra sus aventuras. De pronto:</p>
<p>—¡Ay, Popó, ahora sí!</p>
<p>Acontece lo único que podía ser noticia, lo que ya no se recordaba.</p>
<p>—Usted la trajo –me dice–. Una lluviecita de verdad.</p>
<p>En el imprevisto recogimiento se escuchan, cabizbajas, las palabras de Artemio:</p>
<p>—La oportunidad del cafetal robusta (brasileño) ya pasó, es nuevo. Esta debía ser su segunda parición, no ha tenido suerte.</p>
<p>Hace una pausa y cruza una pierna sobre la otra. Tras cambiar de postura aborda otro problema:</p>
<p>—Si velas por la noche te roban por el día, y viceversa. ¿Desde cuándo tú no ves un policía? Uno no lo va a hacer, pero el que deseara matar un ternero en el patio lo hacía, sin miedo, si tú no ves a nadie, compay. Esa tranquilidad me gustaría, que no tenga que haber policía encima de un barrio, pero es que no lo hacen porque hay tranquilidad. Es que la delincuencia está generalizada. ¿Tú crees que un campesino tiene que estar, a veces sin <a href="https://tabihospital.com/2020/04/14/4-best-vitamins-for-your-skin/" target="_blank" rel="noopener">salud</a>, corre pa’ aquí corre pa’ allá con un animalito, todo el día y toda la noche? ¿Cuándo va a dormir?</p>
<p>—El otro día a una le robaron to’ los blúmer –comenta Nuni–, pobrecita. A otra le cayeron a pedradas a la casa, le mataron los perros, quedó uno tambaleándose.</p>
<p>—A mí el robo me ha afectado menos –dice Artemio–. Tengo licencia de escopeta, la mayoría de la juventud lo sabe en el barrio.</p>
<p>—¡Eo!, agua de verdad –exclama Nuni–. Hacen falta unos nortecitos buenos. Los asientos, la cama, el suelo, to’ se calienta, una no sabe dónde se va a tirar, la calor, jum…</p>
<p>—El agua no se empoza en ningún lugar. –Artemio adivina lo que sucede afuera–. La tierra se la chupa. Tú caminas y el polvo hace <em>chuaca chuaca</em>.</p>
<p>El puerco encerrado en la cocina la emprende con el perro. Ambos parecen de una misma especie, por lo famélicos que están.</p>
<p>—¡Gila! –Nuni los separa–. Ese puerquito me tiene obstinada, siempre confunde el rabo del perro con un bicho. No se pueden tener machos sueltos. Antes se comían una yerbita, una lombriz, una yagüita, palmiche, ya venían pa’l corral con algo en la barriga.</p>
<p>Deja de llover, el perro empieza a sonar como un tiroteo. Sus huesos no recordaban la humedad, su rabo vuelve a ser víctima del puerco.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<p>Los campesinos de Vista Alegre y La Juba habían dejado de recoger el café por miedo a matar las débiles plantas. Sin embargo, a los animales se les sacrifica por parejas, antes de que sequen por completo, o sean robados, o envenenados. Cada día en estas tierras, si no desaparece una yegua con su potro, aparecen tres cuartos de burro y se recogen decenas de gallinas y pavos envenenados.</p>
<p>Regresas a Vista Alegre, atraviesas el potrero que fue represa y tres caminos que fueron arroyos.</p>
<p>En casa de Arelis Noay casi siempre te responden con el apellido.</p>
<p>—No hay agua porque nunca llegaron las mangueras del acueducto de San Félix –responde, sin que la pregunta termine, Arelis, negra de más de seis pies de estatura y no pocos de envergadura, que no cree en sequías ni en jefes ni en periodistas–. Llegaron hasta casa de Kikí, y fue a <em>cojone</em>, y allí no hay hace más de diez años, por eso yo discutí en San Félix cuando inauguraron el acueducto. Se empezó a regar que estaba concluido. Trajeron bastantes mangueras, había hasta gente que hacía hortalizas. Y todavía les descuentan a los campesinos, hasta a los que no han lucrado una gotica de agua.</p>
<p>Arelis tiene finca, y cafetales en el otro extremo de Vista Alegre, pero trabaja en la Granja “Hermanos Díaz” de Yerba de Guinea.</p>
<p>—La presa de allá se secó hace tres años, en la Granja, la Unidad de Cultivos Varios no está produciendo.</p>
<p>En Vista Alegre la casa de Kikí es la tercera, se conoce como “El otro lado”.</p>
<p>—El agua me la traen de algún lugar de El Aguacate –dice Gladys Pérez, viuda de Kikí–, no te sé especificar de dónde.</p>
<p>Uno de los últimos disgustos de Kikí ocurrió cuando encontraron su burra, la que todo resolvía, sin un cuarto trasero. El burrito se salvó a golpe de biberón.</p>
<p>En la finca, las piñas, los plátanos, los aguacates, si brotan, se caen secos.</p>
<p>—El café ahora sí puede responder, y todo el seco hay que quitarlo –explica Gladys a propósito de la lluvia–. Si ese está pegado al verde, lo embroma también, porque ahora chorrea un agua que lo quema, y no sale de primera calidad. Hay que sacárselo a las matas para que emparejen. Ese café tiene un lado maduro y uno verde, o está seco, y un lado tiene grano y el otro no, ese es el problema.</p>
<p>El precio de compra estatal de una lata de café de primera calidad es 161 pesos; de segunda, 137; y de tercera, 87.</p>
<p>A la salida del “El otro lado” está petrificado Roberto (Betico) Piñeda, cuya familia fue Pineda hasta que el papá de Betico fue inscrito en el registro civil por el abuelo borracho. Betico Piñeda no puede creer que la lluvia exista.</p>
<p>Camino al acueducto de San Félix los kilómetros aproximados de los guajiros dejan de coincidir. Son unos cuantos, en eso estamos de acuerdo.</p>
<p>La ruta del acueducto está muy resbaladiza, hay que dejarlo para mañana. De los jefes de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) “Ramón Garrido”, cuando la construcción del acueducto a principios de siglo, no queda ninguno. Ya lo han dicho todos en Vista Alegre: la gente se va a borbotones, lo mismo a la Yerba que a otro continente. Sigues hacia Palmarito.</p>
<p>Olga Almenares, miembro de la Junta Directiva de la CPA “Ramón Garrido” cuando la obra del acueducto, además Vigilante de la Zona 36 de los Comité de Defensa de la Revolución de la Circunscripción 172, y Pausides (Chilo) Barroso, entonces presidente de la Sección Penal del Tribunal Municipal y uno de los campesinos que estuvo al frente del trabajo, explican:</p>
<p>—Eso fue un proyecto con la UNICEF y la FAO hace unos catorce años –dice Pausides–. Los recursos se trajeron a través de CAJIMAYA (empresa de transporte). Hubo serias dificultades con los herrajes, que no se fabricaban en la provincia, fundamentalmente las llaves de paso. Se derramaba parte del agua o se trababa.</p>
<p>—El diámetro de las mangueras es de unas dos pulgadas –le digo–. Es mucha la presión del agua.</p>
<p>—Sí, la caja almacena bastante, se alimenta de un manantial que nunca se ha secado.</p>
<p>—Y como es por gravedad, la presión es constante –le digo esta vez a Olga.</p>
<p>—El trabajo se culminó pero después no aguantó –responde ella.</p>
<p>—¿Qué pasó con las mangueras? –le pregunto.</p>
<p>—La gente prácticamente se las ha ido dejando llevar, pero se mantiene el agua almacenada. Hace poco la limpiamos para que no se obstruya el paso del manantial a la caja.</p>
<div id="attachment_2131" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2131" class="size-full wp-image-2131" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-4.jpg" alt="El acueducto de San Félix consiste en el trasvase de un manantial a una caja de agua y de esta a la red de mangueras hacia las casas, todo por fuerza de gravedad (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="750" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-4.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-4-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-4-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-4-800x600.jpg 800w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2131" class="wp-caption-text">El acueducto de San Félix consiste en el trasvase de un manantial a una caja de agua y de esta a la red de mangueras hacia las casas, todo por fuerza de gravedad (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>—¿Y no hay perspectivas de reponer las mangueras? –continúo.</p>
<p>—No hay más, pero es que hay una cosa –responde Pausides–: casi toda la gente que se beneficiaba con esto se ha ido paulatinamente, y les han robado las mangueras.</p>
<p>—¿A qué profundidad estaban?</p>
<p>—No, eso iba a ras de tierra, y por las cañadas, levantadas. Estamos en el monte.</p>
<p>—¿Quiénes realizaron las instalaciones?</p>
<p>—Gente de aquí, los mismos afiliados a la CPA, todos. Trabajamos la plomería y eso porque la técnica no era difícil. En los cabezales, hicimos los engranes con miel de abeja, y entonces <em>pra</em>, se ponía un pasador y no se botaba el agua.</p>
<p>—El material no era malo –dice Olga–, pero la manipulación conllevó a que se descompusiera.</p>
<p>—Fue una ayuda buena, se pagaban dos pesos al mes –comenta Pausides.</p>
<p>—Esa cuota serviría de reembolso a la cooperativa –argumenta Olga–, para los gastos que hubiera tenido en la construcción del acueducto. Y al contrario, fue la misma cooperativa la que tuvo que terminar tomando de la cuenta de Operaciones y de Actividades Culturales para terminar de pagar más de dos mil pesos al banco, porque muchos campesinos se fueron o dejaron de pagar cuando se deterioró el servicio.</p>
<p>—Había más proyectos, en La Pimienta y El Aguacate –dice Pausides–, pero el único realizado fue este porque tenemos una fuente natural. Si hubiesen sido más hubiéramos tenido más reserva de repuestos.</p>
<p>La conversación, al discurrir por el tema de la sequía, aviva sus amarguras:</p>
<p>—El ciclón Sandy y la seca me acabaron los mangos, aguacates, zapotes, cedros, palmas…, los cafetales –recuenta Pausides–. Yo recogía 75 cajas de limón, ahora no llego a 10. El año del ciclón (2012) entregué 412 latas de café; el año pasado, 8 a pulmón. Vendía 70 quintales de mango, y dándoselo casi todo a los animales; ahora, ni uno.</p>
<p>—A ese campo de plátano que tú ves ahí –dice Olga–, le he echado no sé cuántos cubitos de agua, esas matas tienen como ocho años. Por allá abajo equivocadamente quedan dos maticas guapeando. Hasta la piña que no es de agua se ha secado. El café se quedó sin hojas, desmayado…</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<p>En el camino de regreso, después de pasar unas lajas que parecen lápidas, con frases anónimas sobre el deber revolucionario del campesino, llama la atención el silencio en la escuela de San Félix. Todos los entrevistados estudiaron allí. Hoy no es una escuela, es la casa de Diosmar Aranda, niño de cinco años que pronto caminará ocho kilómetros para ir a la primaria de La Juba. La que debía ser su escuela llegó a ser su casa porque no hay niños. Quién se lo iba a decir a las fértiles bisabuelas de los campos cubanos: un monte sin niños. Por ahora, Diosmar se entretiene con los burros y las gallinas de Guinea, a las que solo puedes coger si preparas una botella de alcohol con granos de maíz.</p>
<div id="attachment_2132" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2132" class="size-full wp-image-2132" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-5.jpg" alt="Diosmar Aranda Viltre (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="750" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-5.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-5-300x225.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-5-768x576.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-5-800x600.jpg 800w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2132" class="wp-caption-text">Diosmar Aranda Viltre (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>En las lomas que preceden a Vista Alegre, un joven <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="https://movevan.co.uk/blog/moving-checklist/" target="_blank" rel="noopener">movevan</a> ha visto cómo se le secan cientos de posturas de café, ha perdido la cuenta. Le quedan más de mil por sembrar. Las sumerge en un cubo de agua constantemente. Cuando ya están sembradas las riega con vasitos. El campo es una loma de unas cinco hectáreas. Primera vez que se ve el agua, cargada durante cuatro kilómetros de El Aguacate a Vista Alegre, derramarse en el suelo inútilmente, día tras día.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<p>Dos semanas después, la seca ha vuelto a su rutina. Varios nublados pasaron de largo.</p>
<p>En Vista Alegre están trabajando Cándido Castellano y Agustín Castillo. Son boyeros, van a las fincas donde los necesiten, rompen la tierra, aran, rastrillan y surcan. El suelo está muy compacto, lo normal sería arar y surcar.</p>
<p>—Tengo 27 años y estoy hecho un viejo –dice Cándido, hombre musculoso de 1,90 cm de estatura–. El esfuerzo es mucho, la tierra está muy dura.</p>
<p>—Los bueyes están derrengados –dice Agustín, de 31 años–, el trabajo se alarga porque a veces hay que detenerse para que las costillas no se les revienten. Esto acaba con el animal, es trabajo para tractores. Y estas bestias no andan por donde hay buenos herbazales, tampoco se pasan la noche comiendo porque duermen con nosotros para que no se los roben.</p>
<p>En los dos campos que están arando esta mañana se combinarán los surcos de maíz y calabaza, o al menos sus semillas.</p>
<p>Ahora es cuando más sol debe dar en la tierra, para que se desmorone. La hierba arruinaría todo el suelo removido si cae agua. Si recibe el bendito líquido tras la siembra, es otra cuestión que tampoco depende de la voluntad, <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="https://smejoinup.com/virtual-cfo-services-bring-costs/" target="_blank" rel="noopener">here is an explanation</a>.</p>
<p>Un acueducto hubiera permitido que llegaran posturas fuertes al surco, las hortalizas existirían, se podrían regar las primeras etapas, siempre cruciales, de los cultivos de ciclo corto, o hacer riegos de emergencia. Los cultivos prenderían.</p>
<p>En estas tierras la agricultura siempre fue de tipo secano. Un acueducto en pleno monte sería un esplendor, pero en épocas pasadas. Los kilómetros de mangueras en los bosques, cañadas y lomas no resistieron tres signos de esta época de Vista Alegre y caseríos aledaños: el robo, la migración, la escasez.</p>
<div id="attachment_2133" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2133" class="size-full wp-image-2133" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-7.jpg" alt="Cándido (a la derecha) con Ojinegro y Diamante. Agustín (detrás) con Vencedor y Lomibayo (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="788" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-7.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-7-300x236.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-7-768x605.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/FOTO-7-761x600.jpg 761w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2133" class="wp-caption-text">Cándido (a la derecha) con Ojinegro y Diamante. Agustín (detrás) con Vencedor y Lomibayo (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Los vastos guayabales y naranjales, las manadas de animales portentosos como el carnero Joaquín, terror de las hembras y de los intrusos, no son más que nostalgias. También los niños, los cuentos del haitiano Fabián y el gallego Marcorí, las innumerables casitas, las celebraciones.</p>
<p>En los surcos se echarán semillas por costumbre. Dos semanas después de la lluvia solitaria el ciclo de la escasez comienza, una vez más. El sentido de vivir en el campo es prehistórico. Es decir, eterno.</p>
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		<title>El coloso insepulto</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2017/03/el-coloso-insepulto/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lian Morales Heredia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Mar 2017 12:16:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía e industrias]]></category>
		<category><![CDATA[Reestructuración de la industria azucarera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El central de azúcar de Baltony, nacido en tiempos de colonia, glorioso en el siglo XX, entre el titubeo y la liquidación interminable.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em>…las máquinas habían succionado en los<br />
músculos de los hombres toda la fuerza que necesitaban…</em></p>
<p style="text-align: right">Máximo Gorki, <em>La madre </em></p>
<p>En Baltony, plano como un campo de fútbol, es más fácil desarmar a los delanteros de los indómitos Diablos Rojos que encontrar al presidente del Consejo Popular.</p>
<p>—¿Dónde está Caldero?</p>
<p>Isabel Puente, excontadora del central y actual auditora de la Empresa Agropecuaria Los Reynaldo, ayuda en la búsqueda y comenta.</p>
<p>—Los libros tan bellos de la contabilidad del central se perdieron. Vaciaron la bóveda. Guardé unos cuantos documentos y me los botaron.</p>
<p>Muchas cosas se han perdido en el pueblo.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<p>El 23 de julio de 1958 los guerrilleros Reynaldo Brook y Reynaldo Chiang cayeron en Baltony, a 23 kilómetros de La Maya, mitad final de Songo-La Maya, municipio oriental de Santiago de Cuba. Hoy, el Consejo Popular nombrado oficialmente Los Reynaldo continúa siendo Baltony en boca de sus pobladores, por Baldomero y Tony Casas, hijos de Baldomero, último dueño del central.</p>
<div id="attachment_2105" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2105" class="wp-image-2105" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción-.jpg" alt="De izquierda a derecha: Rafael Muñoa, Isabel Puente, Iris Puente y Víctor Rodríguez en el jardín del central (foto de 1973). " width="1000" height="746" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción-.jpg 1521w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción--300x224.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción--768x573.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/De-izquierda-a-derecha-Rafael-Munoa-Isabel-Pue-nte-Iris-Puente-y-Víctor-Rodríguez-en-el-jardín-del-central-en-1973-foto-cortesía-de-Iris-Puente-ex-secretaria-del-jefe-de-producción--804x600.jpg 804w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2105" class="wp-caption-text">De izquierda a derecha: Rafael Muñoa, Isabel Puente, Iris Puente y Víctor Rodríguez en el jardín del central (Foto de 1973, cortesía de los entrevistados)</p></div>
<p>En Los Reynaldo esperan importar maíz, para el molino instalado en la nave sobreviviente del almacén del antiguo central, por eso están arreglando la entrada al pueblo. Luis Enrique Durrutí, el diputado de Los Reynaldo, está en plena calle exigiendo que pavimenten al menos hasta el parque, donde está Coral Blanco, la radio base que por poco desaparece al pueblo cuando cogió candela.</p>
<p>—Es un buey volando, metido por todos estos recovecos –dice la auditora tras la pista del presidente del Consejo Popular, en medio de los animales amarrados a los postes eléctricos. No es difícil imaginar cómo salieron de “estos recovecos” grandes futbolistas, peloteros, yudocas y boxeadores.</p>
<p>Roberto Caldero, el presidente del Consejo Popular, aparece de la nada. Habla sobre la bolsa de trabajo municipal con una madre divorciada. Luego llega Niurka Hernández y averigua por el curso para alcanzar el bachillerato –aquí abrirá un aula para que los muchachos no tengan que viajar hasta La Maya–. Después aparece un viejo fumando, agita el bastón, Caldero y él discuten sobre el cigarro, el señor lo tira con una palabrota. Caldero se detiene, nos presentamos y continúa “el buey volando”. Hasta que dos futbolistas nos capturan.</p>
<p>—Hasta el desmantelamiento del central teníamos al menos ocho equipos de once, todos de tradición –dice Juan Carlos Masó, también ex operador de caldera en el generador de vapor del central–. En el equipo provincial teníamos, en los años noventa, nueve jugadores regulares.</p>
<p>—Hace rato el deporte está flojo, por falta de material –dice Luis Martén, goleador de 1991 a 2005 en el equipo Cuba y actual entrenador de la escuela primaria–. No tengo pelotas para trabajar, todo se queda en Santiago. Los Diablos Rojos no son de allá, como dicen los periodistas, son de aquí.</p>
<p>—Antes estaba la Liga Azucarera, ahora hacemos tres o cuatro equipos –dice el presidente del Consejo Popular–, copas en las vacaciones, juegos de veteranos, a pulmón…, descalzos, y un bando sin camisa, para diferenciar.</p>
<p>—Había muchas áreas de caña pero al final no cumplían –dice Masó–, una cooperativa decía, por ejemplo, que tenía veinte caballerías cuando tenía cinco.</p>
<p>—Cuando se desmanteló –dice Martén–, la gente se quedó en el aire, sin trabajo, y no tenían tierra, casi toda era de caña para el central. Todos dependían del central. Hubo cooperativistas que trabajaron seis meses sin cobrar: Sigan, sigan, que les vamos a pagar.</p>
<p>—Murieron muchos trabajadores –dice Masó–, de infarto. ¿Tú sabes qué es que te digan a ti, padre de familia, con toda una vida en el azúcar, que se acabó? La gente lloró, hombres viejos, que todavía les faltaba para la jubilación. En el parque frente al central murió uno de apellido Pavot. Era tornero, duró seis meses.</p>
<p>—Qué seis meses –dice Martén–, mucho menos.</p>
<p>—Andaba triste… –dice Masó–, era el dueño del parque.</p>
<p>—Yo hablaba siempre con él –dice Martén–, hasta un día… Los que pararon esto vinieron aquí a hacer daño. Al final se fueron y dejaron esto enredado.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<div id="attachment_2108" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2108" class="size-full wp-image-2108" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador..jpg" alt="" width="1000" height="691" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador..jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador.-300x207.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador.-768x531.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Durruti-y-Elias-senalan-la-oficina-del-liquidador.-868x600.jpg 868w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2108" class="wp-caption-text">Durrutí y Elías señalan la oficina del liquidador (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Donde estaba el central, conviven las ruinas con los espacios en blanco y los locales que hoy son oficinas de la Empresa Agropecuaria. El taller de maquinado, de tornos verticales para fabricar piezas de repuesto, aún funciona.</p>
<p>—En tiempos del central, prestaba servicio a nivel mundial –dice Durrutí–, tremenda fortaleza.</p>
<p>—Se cogía el desayuno –dice Juan Bautista Elías, ex jefe de turno de fabricación de azúcar y después jefe de turno integrado– y todos compartíamos ahí, en los bancos. Esto estaba lleno de palmas. –Elías muestra tres bancos calcinados bajo el sol–. La última zafra de él (el central) fue 2004-2005. Íbamos a parar para darle mantenimiento, pero ya en el mismo 2005 se empezó a desmantelar.</p>
<p>—Era una política del Estado en esos tiempos paralizar algunos centrales –dice Durrutí.</p>
<p>—Como técnicamente era uno de los mejores de la provincia –dice Elías–, las piezas se iban a poner en el Plan Venezuela.</p>
<p>—Al final –dice Durrutí–, quedó un disgusto en este pueblo.</p>
<p>—¿Quién tomó la decisión? –pregunto.</p>
<p>—La Delegación del entonces Ministerio del Azúcar (MINAZ) en la provincia –dice Durrutí–. Los que tomaron la decisión ya no están allí, desde el primer día.</p>
<p>—Después se decidió –dice Elías–, en el mismo año, que iban a virar para atrás, pero habían desmantelado el basculador y echado cosas adentro. El central no era de simpatía, era lejos, no tenía una carretera buena. –Elías ríe–. Hoy tenemos carretera, es como un muchacho que el padre no quiere.</p>
<p>La carretera culpable de la destrucción del central fue arreglada y es actualmente la ruta preferida por los “pisicorre”, automóviles de la década de 1940 con adaptaciones disparejas.</p>
<p>—¿Ahora cuál es el fuerte de la economía? –pregunto.</p>
<p>—La ganadería –responden al unísono.</p>
<p>—No es fácil –dice Durrutí– cambiarle la mente a un pueblo, con su cultura, sus raíces, sus padres, sus abuelos…, lo que veían era un ingenio, que tocaba la sirena… “Va a comenzar…”. Eso no se borra de la mente en muchas generaciones. Y lo otro es que no se ha logrado todavía algo que impacte.</p>
<p>—Yo mismo soy uno que no deja de pensar: “Ojalá hubiera central” –expresa Elías.</p>
<p>—Aparte, ¿cuál es el objetivo del parque de este pueblo? –dice Durrutí–. Cuando los compañeros salían de su turno se sentaban allí, luego iban a bañarse y volvían al parque. Eso ya no existe.</p>
<p>—Yo conozco muchos que están bien –dice Elías–, con trabajos muy buenos, y me dicen: “Compay, si eso vuelve a ser central voy pa’ allá otra vez”. Entre lo que servía y lo que no, esto era algo que le llegaba a la gente.</p>
<p>—Coincido con la política del país –dice Durrutí–, que en esos momentos no podía mantener todos los centrales, pero había que ver, por ejemplo, en Songo-La Maya había dos industrias: Los Reynaldo y Salvador Rosales. Imposible, se quedó el municipio sin potencia.</p>
<p>—Se fueron eliminando los centrales, Costa Rica, el Salvador… –dice Elías– y bueno, yo decía, Los Reynaldo no se puede ir, porque es el centro de todo, por la cantidad de caña…, la caña de aquí llegaba hasta La Maya, a veintitrés kilómetros.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<div id="attachment_2110" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2110" class="wp-image-2110 size-full" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22.jpg" alt="" width="1000" height="748" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22-300x224.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22-768x574.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/En-Los-Reynaldo-se-trabaja-en-medio-de-un-“cementerio-de-elefantes”-22-802x600.jpg 802w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2110" class="wp-caption-text">Lo que queda del central Los Reynaldo (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>—Aún estamos aquí vivos –dice Francisco Gaitán, jefe de la Comisión Liquidadora y excontador del central–. Ha sido un proceso lento: desmonte, venta y liquidación de las piezas del central y de los demás activos. Por ejemplo, centros de acopio, la biblioteca comunitaria, el parque infantil. El central tenía la jurisdicción de casi de todo el poblado.</p>
<p>—¿El destino de las piezas? –pregunto.</p>
<p>—El primer destino era para la DIP Venezuela (Dirección Integral de Proyectos). La DIP compraba las piezas a la Liquidadora, las reunía y se enviaban a Venezuela por un convenio para armar centrales allá.</p>
<p>—¿Cuándo comenzó la liquidación? –pregunto.</p>
<p>—El central se paralizó en 2005 y la liquidación comenzó oficialmente en 2006. Nosotros tenemos que hacer una tarja o un monumentico, y debemos tener todos los datos principales, desde su fundación hasta su terminación.</p>
<p>—Antes de la Revolución –interviene Roberto Caldero, quien además de presidente del Consejo Popular es el ingeniero en Telecomunicaciones que atendía la planta eléctrica y las comunicaciones del central, e “historiador” del pueblo–, la fábrica tenía su dueño, pero la caña era de los colonos, la traían “de casa de la quimbamba”.</p>
<p>—Ahora el Estado lo hace todo –dice el Liquidador–. Antes, el dueño del central le decía al colono: “Yo te compro la caña, pero tienes que ponérmela en la fábrica, porque tú eres el que la quiere vender”.</p>
<p>La caña era sacada del campo mediante grúas: cuatro vigas y encima un carrito que se movía para que la carga subiera o bajara. Había algunas que tenían un pequeño motor, pero en todas hacían falta bueyes porque alzaban más despacio que el motor, o sea, al ritmo en que se colocaban los carros para recibir la caña. Las demás grúas eran movidas solamente por bueyes, que también se utilizaban en el tiro and show <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="https://project.synheir.com/synheir-company/digital-marketing/" target="_blank" rel="noopener">what to do</a>. Cada carreta tenía hasta ocho yuntas cargando seis toneladas de caña; además, iban desplazando los vagones que eran llenados por las grúas, hasta que se enganchaba la locomotora.</p>
<p>—La locomotora se la llevó Recuperación de Materias Primas –dice el Liquidador–, antes de la liquidación.</p>
<p>—Sí, pero casi pegaíto ahí –dice Caldero–. Eso pasó porque el CAI (Complejo Agroindustrial, el central) dejó de tener que ver con la locomotora, pasó a la empresa de Ferrocarriles, que liquidaba sus medios independientemente. Yo paso un día por la oficina del ferrocarril, el jefe era del municipio Mella, si es de aquí no se atreve, y le grito al de la grúa: “¡Compay, dónde está la locomotora, que eso es patrimonio histórico!”, y me dice: “¡Compay, qué patrimonio ni patrimonio, eso es cabilla, cabilla…!”.</p>
<p>—¿Cómo fue el proceso de recursos humanos? –pregunto.</p>
<p>—Bueno, primero hay que ver el impacto por la idiosincrasia –dice Caldero–, la memoria histórica, el sentimiento, el olor a guarapo, a miel…, el bagacillo, que era una jodedera pero la gente también lo extraña…</p>
<p>—No, y el ambiente –interviene el Liquidador–, el pueblo era otro con zafra. Y entraban muchos más recursos, porque dentro de todo lo que no tenía el país nos priorizaban, la gente quería que el central moliera el año entero.</p>
<p>—Cuando se hizo la reunión en el cine –dice Caldero–, aquello fue duro, la gente lloró, se le apretó el corazón a todo el mundo, todavía se cuenta con sentimiento, pero bueno, se asumió. ¿Cuál era la misión? ¿Estudiar, y ahora, maíz, vaca…? Pa’lante. Muchos años fuimos subsede de un taller internacional de estudio social y trabajo comunitario, y yo le decía a la gente de otros países (eso fue por 1993 o 1994): “Si se quita la población el central es un montón de chatarra, si quitamos el central la población tendrá que vivir de otra cosa pero va a vivir”.</p>
<p>—Jugando bajo protesta –dice el Liquidador, ex <em>manager</em> del equipo de béisbol del CAI en la Liga Azucarera.</p>
<p>—Este mismo –Caldero apunta al técnico de Recursos Humanos de la Comisión Liquidadora– hubiera levantado los cuatro brazos que no tiene para que no tumbaran el central.</p>
<p>—Si uno hubiera podido influir con su voto –dice Braulio Pineda, el técnico–, pero bueno, ahora soy licenciado en Derecho.</p>
<p>—¿Qué sucedió con los desempleados? –pregunto.</p>
<p>—Se creó una oficina empleadora –dice Caldero–, algunos pasaron para otras provincias que necesitaban fuerza de trabajo calificada. Y con la Tarea Álvaro Reynoso, que fue parte de la reestructuración del MINAZ, se implementó el estudio por empleo y el estudio por encuentro. El hoy director de la Empresa Agropecuaria, el jefe de Producción y el subdirector de Recursos Humanos estudiaron por la Álvaro Reynoso.</p>
<p>En Los Reynaldo hubo una sede universitaria, hasta que en 2010 se fusionó con la filial municipal, <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="https://vipgearz.com/gifts-for-women/10-hints-to-master-gift-giving/" target="_blank" rel="noopener">click here to view</a> más. Se estudiaban varias licenciaturas y había cursos de un año para obtener el bachillerato y avanzar a la universidad. También había una sede del Ministerio de Educación para alcanzar el sexto y noveno grados, además del técnico medio en las mismas especialidades de la sede universitaria.</p>
<p>—Cuando esto era central –dice Caldero–, yo, que soy profesional, campeaba en mi cuadra. Ahora el que tiene plata es el que tiene tierra, el que está directo en la producción, pero hay que estar en el surco, con el buey, el maíz. Hay gente que se ha metido en ciento y pico de mil pesos en una cosecha, inventan su molinito…</p>
<p>—Son contados –dice el Liquidador– los usufructuarios que han levantado cabeza, o sea, con una casa, una familia…, ha sido: cojo como viento morrón y mañana sigo pinchando porque no tengo plata.</p>
<p>—Hay tres clases de campesinos –dice el técnico–: el potentado, el que tiene un pedacito de tierra y el usufructuario, el tipo que tiene mucha plata hoy y mañana no tiene na’: “Me lo comí, me lo tomé, y al otro día estoy igualito, con una mano alante y otra atrás”.</p>
<p>—A partir de que el central se volvió agroindustria (CAI) –dice el Liquidador–, por el 1982 o 1983, todo lo que se perdía iba para él. ¿El policlínico se está cayendo? Allá corre la gente del CAI. ¿La tienda? ¿Esto y lo otro? El puente de la carretera lo pagó el central. ¿Tú sabes cuándo se lo quitó de arriba? Cuando llegó la Liquidadora, se le entregó a Viales. ¿Qué es lo que yo iba a hacer como Liquidador con un puente de la carretera, traerlo para acá? Eso no es nada, empecé a buscar, había 7 presas, de la Liquidadora, eran del CAI, se pasaron a la Agricultura. Por ejemplo, la de Joturo, que nunca fue de aquí, era de aquí, ¿entendiste ese jeroglífico?, y desde que se hizo de quién era, de Recursos Hidráulicos de La Maya, ¿todos esos gastos de quién eran?: azúcar, azúcar, azúcar…</p>
<p>—El dueño de las cosas cuida bien –dice el técnico–, si es otro el dueño entonces hay despilfarro.</p>
<p>—Ahora aquí están las UB (Unidades Básicas) de Cultivos Varios, Gestión, Servicios y Pecuaria –dice Caldero–, más el taller del ZETI (Empresa de Servicios Técnicos Industriales), la sede de la empresa de silos de Santiago de Cuba y la Liquidadora; han desaparecido la leña: cada quien cocina y come aparte, uno al lado del otro, ya no hay dónde buscar leña, ni con el tractor.</p>
<p>—En esta Liquidadora –dice el técnico–, uno se da cuenta de la cantidad de cosas que dejaron de poner y la cantidad que pusieron. Para buscar el código REEUP (Registro de Empresas Estatales y Unidades Presupuestadas) fue tremendo lío. Cuando tú estás ahí es que tienes personalidad jurídica, existes. La empresa que se disuelve enseguida entra en proceso de liquidación. Una vez que termina este, se extingue del registro, o sea, deja de existir. La Empresa Mielera que sustituiría al CAI y al final nunca se materializó, a los efectos todavía existe. La Liquidadora queda en el lugar donde funcionaba la empresa, con todos sus derechos y obligaciones, y aquí nos hemos dado cuenta de que hay una cantidad de derechos y obligaciones que no tenemos… Yo voy a La Maya, a la oficina de Estadísticas, y no hay nada. ¿Cómo se borró si la Liquidadora todavía existe? Pasamos tremendo trabajo para que nos dieran un certifico para ir al MINAZ a hacer los trámites de la Seguridad Social.</p>
<p>—Aquello fue una odisea –dice el Liquidador–. Y pasamos menos dificultades porque, aun sin ese código REEUP, estábamos reconocidos en el banco y en todos los lugares. Nosotros qué hicimos: rápidamente en el banco lo que cogimos fue la cuenta, nos quedamos con la cuenta de la empresa (el CAI).</p>
<p>—Aquí se ven cosas extraordinarias –dice el técnico–. Un día, habían pasado como tres años, estábamos aquí, liquidando, y se aparece uno, el tipo vino de allá de la Delegación del MINAZ en la provincia, llegó cortando rabos y orejas: “No, porque aquí hubo un mal proceder…”. Yo me quedo mirando y digo: “¿Este tipo estaba en la luna cuando pasó todo esto?”. Si cualquiera sabe que cuando una empresa entra en liquidación es como una comunidad matrimonial de bienes, cuando se disuelve el matrimonio lo que se hace es un inventario, se evalúa cada bien, y después se liquida, y salió medio central y ese tipo se aparece con su “mal proceder”, a los tres años, un tal Revilla, parece que estaba en el cosmos.</p>
<p>—Lo primero que pasó fue que nos encontramos un cuarto del central prestado –dice el Liquidador–. Llegamos el año siguiente a la paralización, aquí había dos tipos y nada más era: “Oye, Juancito, préstale al Liquidador tal motor; oye, Juancito, préstale al Liquidador tal bomba”. Eso fue una operación del MINAZ, dos infelices hombres velando todos los hierros, y metieron una DIP Venezuela que creían que eran los dueños de esto, con un tipo al frente, que era un poderoso. Y cuando me mandaron para acá yo le dije a un infeliz de esos: “Compay, ¿tú tienes guardados los papelitos de todo lo que ha salido de aquí?”. Aquel hombre muy sanamente me dijo: “Yo lo tengo todo, Gaitán”. Entonces cojo y le digo: “¡Tíralo todo en esta mesa!”, y empezamos: “Este fue hacia tal central, este para este…”, y después de aquello a hacer una hoja de trabajo por cada central y hacer precio. Aquí nadie vino a asesorar nada.</p>
<p>—¿A buscarle precio a lo que ya estaba en otro lugar? –le pregunto.</p>
<p>—Pero había que venderlo, si estaba prestado igual teníamos que liquidar. Fue creada la Liquidadora pero quien tenía el poder era la DIP, porque era la que tenía el convenio con Venezuela. Tuve que gritarle cuatro cosas al de la DIP aquí en medio de la plaza, tenía que contar conmigo. Ah, si me botaban, que hiciera lo que quisiera, y éramos buenos compañeros y amigos. Además, se crea la Liquidadora y cuando yo vine la orden era: a la Agropecuaria dale todo lo que quiera; si ya lo tenía, lo único era hacer papeles y decir: “Tú tienes esto y esto, firma aquí”.</p>
<p>—Y el enredo que se formó –dice el técnico–: “¿De quién es esto?”, “No, esto es de esto, esto es del otro”. Caballero, eso no pasa, eso no debe suceder. ¿Una empresa no tiene cuáles son todos sus activos fijos y tangibles?</p>
<p>—Para los centrales que preparaba Venezuela, ¿qué mandaron? –pregunto.</p>
<p>—Para Venezuela… –dice el Liquidador–, si llegaron a ir para Venezuela, fue un montón de cosas: motores, bombas, vigas, tanquería… El país cogía de aquí una parte, de otra Liquidadora otra, y así, se conformaba en un lugar o en el puerto, se arreglaba o pintaba si necesitaba.</p>
<p style="text-align: center">***</p>
<div id="attachment_2111" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-2111" class="size-full wp-image-2111" src="https://www.periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción.jpg" alt="" width="1000" height="708" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción-300x212.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción-768x544.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2017/03/Foto-del-central-Los-Reynaldo-en-plena-molienda-1973-foto-cortesia-de-Iris-Puente-ex-secret-aria-del-jefe-de-producción-847x600.jpg 847w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><p id="caption-attachment-2111" class="wp-caption-text">Foto del central Los Reynaldo en plena molienda, 1973 (Foto: Cortesía de Iris Puente, ex secretaria del Jefe de Producción)</p></div>
<p>Baldomero Casas, gallego muy pillo que hizo fortuna cuando dejó a Cuba sin manteca para después venderla a sobreprecio allá por los años cuarenta del siglo pasado, hizo modificaciones para aumentar la norma potencial del central, igual que sus antecesores, hasta que llegó la Revolución de 1959.</p>
<p>En 1936, se creó en la industria el explosivo sindicato azucarero que se declaró en pie de guerra contra la Alemania nazi. El banquero Jacinto Pedroso, entonces dueño de la fábrica, acababa de desaparecer con todos los salarios, así que la Maisí Sugar Company tomó la hipoteca. Pedroso se la había comprado a Federico Almeida, compadre del presidente de la república y ex mayor general del Ejército Libertador Mario García Menocal, El Mayoral.</p>
<p>Almeida había ocupado las tierras de los campesinos y convertido los cafetales en cañaverales sin fin en cuanto compró las piezas del central a los Bosch, que las tenían desde 1914, cuando desapareció Táxido Bueno, el primero de los dueños que se recuerdan.</p>
<p>En tiempos inmemoriales, en este predio sobre la raspadura de azúcar que era Cuba en medio de la sal, puso la primera piedra alguien de este pueblo. Hoy, sin ingenio de azúcar, tras llorar su fábrica, que era de todos y de nadie, la gente es menos dulce. De todos modos, insepultas, las partes del coloso, el corazón acusador, palpitan.</p>
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		<title>Iris</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lian Morales Heredia]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Aug 2016 12:57:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Recursos naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númeronueve]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si dependiese de ella, la especulación del agua no tendría futuro.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Recorres un sendero que se aparta de la humanidad, la mañana empieza a volverse noche, pasas bajo un árbol seco, de gajos que devoran a quien se descuide, atraviesas el portón y el chirrido te desgarra, te introduce… A Iris solo le falta la escoba y el caldero. Pero, ¿de qué lo llenaría?</p>
<p>La casita fue desdibujada por el ciclón Sandy en 2012, en el Distrito “José Martí” de Santiago de Cuba. El tanque de fibrocemento resistió, pero el agua no le dura los quince días del ciclo de abasto a la localidad.</p>
<p>Ella no ha existido, salvo para los perros y gatos que una vez tuvo. Su familia se limita a la hermana que vive en Los Reynaldo, a cuarenta kilómetros.</p>
<p>Iris, licenciada en Economía, especialista en precios y presupuestos, vive enfrascada: pomitos, botellas, vasos, latas, lo que sirva para contener agua.</p>
<p>Cocina las viandas húmedas, no lava el arroz, lo moja ligeramente, espera que absorba y repite la operación cinco veces, check out <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="https://thepsychiatryexpert.com/fitness-for-trial/" target="_blank" rel="noopener">https://thepsychiatryexpert.com/</a>. En media libra gasta un cuarto de una botella de 1.500 ml.</p>
<p>La ropa y la mitad que persiste de la casa deben esperar los días en que el agua recuerda al pueblo.</p>
<p>Buscando más hermetismo, invirtió en reparar cada salidero del hogar una mensualidad de su jubilación de 270 pesos.</p>
<p>A pesar de las medidas, no escapa, le asentaría una bonita escoba mágica. Tiene que cargar, o arrastrar, el agua. Entonces los problemas lumbares, circulatorios, nerviosos, reciben uno por uno sus quejas.</p>
<p>Los lamentos hacen correr a sus vecinos. La casita está junto a una zanja, en un rincón del antiguo albergue de una empresa constructora. Solo tiene una casa cercana, del lado de la calle.</p>
<p>Algún que otro señor del barrio la ha visitado. Iris tiene un rostro bastante atractivo, a pesar de los años su cuerpo continúa muy bien proporcionado, su voz engatusa, es <a href="https://alphahospitalpune.com/microblading/" target="_blank" rel="noopener">grave</a>, dulce, sobrecogedora y <a style="color: #404040;text-decoration: none" href="http://www.coronavirusinfolive.com/uncategorized/types-of-photo-editor-software/" target="_blank" rel="noopener">how to choose</a> cuántos rasgos positivos hay.</p>
<p>Se divorció en una fecha que no quiere recordar y entonces vino para el albergue de su empresa. En 2001 pasó de un cubículo de constructores a su actual casa de cartón podrido.</p>
<p>Habitualmente anda con una jaba de botellas vacías. Si dependiese de ella, la especulación del agua no tendría futuro. “Por ahí pasa Piculín, y otros más, buscan el agua por la Fábrica de Calzado Plástico. Pero no tengo cincuenta pesos para un porrón, el que tiene cisterna compra el barril a cien, y así dondequiera”.</p>
<p>Hasta principios de año pedía una cubeta o dos botellas a los vecinos, a las empleadas del círculo infantil, hasta que la escasez lo impidió.</p>
<p>Antes de mayo, los habitantes del barrio paliaban la situación con los tanques del albergue de constructores, donde también se daba de comer a los desvalidos. Allí solo queda la tierra removida, esperando más edificios, más necesidad de agua.</p>
<p>Iris tuvo que arreciar el enfrascamiento: comparte su instalación hidráulica con la pareja de al lado, que tiene un pequeño.</p>
<p>Por ahora, vence. Nadie debe gastar menos que ella. Además, ya no le quedan perros ni gatos. Se los han matado los niños que le roban los mangos.</p>
<p>De vez en cuando alguna perra le pare en la puerta. Iris no puede hacerse cargo por mucho tiempo, vuelve a quedar sola, los cachorros “se le van” paulatinamente.</p>
<p>Quizá los seres nobles atraen las desgracias sobre sí y se atraen entre ellos también.</p>
<p>Cuando tiene la ocasión de una despedida, el teléfono de su hermana es lo primero que dice Iris. Quizá se pueda correr la voz si algo le ocurre.</p>
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		<title>La ruta del canal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lian Morales Heredia]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Aug 2016 12:12:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Recursos naturales]]></category>
		<category><![CDATA[númeronueve]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>San Vicente de Jamaica, rodeado por el agua, golpeado por la sequía.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En Guantánamo, cruzando el Río Guaso, se llega a San Justo. Allí las aguas albañales van a parar a un cauce que los residentes llaman El Cagalar.</p>
<p>—El barrio tiene fama de escasez de agua —le digo a un paisano.</p>
<p>—Está viniendo del canal de Jamaica —responde Rafael Rodríguez, vecino de San Justo—, y es difícil que el canal se quede seco.</p>
<p>Si viene de allá, los jamaicanos de Guantánamo no deberían tener problemas con la disponibilidad de agua. A la orilla de la carretera, cerca de la entrada a Jamaica, en el municipio Manuel Tames, los pobladores llenan porrones de agua oscura directamente del canal y las trasladan en carretillas o yuntas de bueyes. El canal viene desde otro pueblo, El Jobito, y se alimenta de las presas La Clotilde y Faustino Pérez.</p>
<p>La comunidad está dividida por la carretera. Del lado de las presas, donde los cultivos se pierden, donde hay que buscar el agua más lejos, Domingo Martínez es la esperanza. El hombre da gritos a más no poder justo a las doce del día. Dos palabras resumen su existencia: ¡Dinamita!, ¡Gobierno!: nombres de los novillos cerreros que halan su acueducto andante compuesto por una pipa de hierro sobre dos ruedas.</p>
<p>Junto a la vía, verás <a style="color: #404040; text-decoration: none;" href="https://web.archive.org/web/20230802193825/https://pearnkandola.com/about-us/case-studies/herbert-smith-freehills/" target="_blank" rel="noopener">an online quote</a>, unos tubos y un esbozo de zanja anuncian la instalación de la conductora que deberá llevar el agua a todos los hogares de San Vicente de Jamaica antes de que termine el año. En los surcos, el maíz, el boniato y el ají son escasas briznas de paja. Domingo anhela que los sistemas de regadío de la Cooperativa de Créditos y Servicios Omel Gonsalvo beneficien a todas las fincas, incluida la suya.</p>
<p>Esta vez no necesita llegar hasta el canal. Ha encontrado un salidero de agua potable del taller del antiguo Ministerio del Azúcar y con eso llena su pipa, find more information on <a style="color: #404040; text-decoration: none;" href="https://gainako.com/singjay-ks-to-release-sweetest-taboo-ep-in-october-2021/?" target="_blank" rel="noopener">gainako.com</a>. De vuelta en las fincas vecinas, conecta un tubo largo, una manguera o lo que aparezca, y el líquido baja por gravedad hacia las casas. En el barrio, quien no aprovecha un salidero, y tampoco cuenta con acceso a la red hidráulica, toma del canal.</p>
<p>Soleado, incesante, Domingo de Jamaica vuelve sobre sus pasos. La ruta contraria es cuesta arriba. El hombre cruza la carretera y da una voz al hijo para que ayude. Dinamita y Gobierno tienen dos años. Esta es su primera vez en una yunta. El guajiro los domará con el cargamento de agua. “Tienen que pagar lo que costaron”, dice.</p>
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		<title>La familia de la cueva</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2016/02/la-familia-de-la-cueva/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lian Morales Heredia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Feb 2016 17:34:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidades vulnerables]]></category>
		<category><![CDATA[numerocuatro]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La vida en una franja entre el mar y la meseta.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>A Lita.</em></p>
<p>El día de la tragedia, el mayor de los hijos Gallo se percata de que están a merced de la inexistencia. El mar se acerca. Sube, penetra, golpe tras golpe. La familia en la cueva se ahogará en cualquier momento como ratones en cañería. Gallo hijo, que vivirá dos años allí, siente en la oscuridad los alaridos del meteoro, de olas y rocas gigantescas que vuelan. Recuerda, no sabe de dónde, mugidos de bestias primitivas, algo se despierta en él. Es un hombre, es mortal, tiembla; pero escupe.</p>
<p>En Siboney nació el país que vivimos hoy. En Siboney hace muchos siglos había gente, <em>siboney</em>, gente de la piedra preciosa. Después vinieron los cañones, las minas, el ferrocarril, los norteamericanos, la primera guerra imperialista, los grandes músicos, la Generación del Centenario, el cable de fibra óptica.</p>
<p>Allí está, también, La Cantera.</p>
<p>Una franja entre el mar y una meseta. La franja, de aproximadamente 100 metros de ancho y dos kilómetros de largo; la meseta, de unos 40 metros de altura y cuatro kilómetros de longitud.</p>
<div id="attachment_889" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><a href="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/02_LA-CANTERA.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-889" class="size-full wp-image-889" src="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/02_LA-CANTERA.jpg" alt="Desértica, tierra de cabras, de casitas carcomidas por la sal, el polvo, el viento (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/02_LA-CANTERA.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/02_LA-CANTERA-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/02_LA-CANTERA-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/02_LA-CANTERA-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a><p id="caption-attachment-889" class="wp-caption-text">Desértica, tierra de cabras, de casitas carcomidas por la sal, el polvo, el viento (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Al que pasa por allí, lo persigue el recuerdo. Una y otra vez se puede decir a sí mismo que no es real, que la gente de la cueva no es de verdad. Cuando el forastero abandona esa arena, quiere pellizcarse, pero ni eso puede, no tendrá otra cosa en que pensar, hasta que la obsesión lo haga volver. Para ver y creer visit <a style="color: #404040; text-decoration: none;" href="https://lojomarketing.com/learning-center/what-makes-users-run-away-from-your-site/" target="_blank" rel="noopener">https://lojomarketing.com/</a>. Lo mismo, pero más intenso. Y volver da miedo. Hay que tener buenas tripas. Cualquiera se deja enloquecer con la historia de la cueva, que no es historia, es la vida de seres humanos, que no han enloquecido, no saben cómo</p>
<p>La familia de la cueva ahora vive en tres chozas; verlas, hace dudar de su estado de agregación, sólidas no son. El padre de la familia está sentado en una piedra velando a las cabras que pastan. Una manguera sale de su vientre y vuelve a él unos cuantos centímetros más lejos, algo fluye en esa manguera. No invita a sentarse, a primera vista se pudiera pensar que da pena invitar a sentarse en un trocito de roca.</p>
<p>Hay que acuclillarse, este hombre no esperaba a un periodista.</p>
<div id="attachment_890" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><a href="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/03_GALLO-PADRE.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-890" class="size-full wp-image-890" src="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/03_GALLO-PADRE.jpg" alt="Es mediodía, Gallo padre traga amargo (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/03_GALLO-PADRE.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/03_GALLO-PADRE-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/03_GALLO-PADRE-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/03_GALLO-PADRE-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a><p id="caption-attachment-890" class="wp-caption-text">Es mediodía, Gallo padre traga amargo (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Aquella madrugada el mar devoró tanto que se devoró a sí mismo.</p>
<p>María Laborde Brron, la madre de la familia, solo recuerda:</p>
<p>—Oscuro, frío; oscuro, frío. Clamándole al Santísimo. Íbamos a acabar como pescados muertos…</p>
<p>Lo que queda de la casa de mampostería de los Gallo son piedrecitas confusas, microscópicas astillas de la casa que demolieron el viento, las olas de diez metros, las moles surgidas del fondo marino y quién sabe qué más. Todo en aquella noche a la desbandada y en aquella primera madrugada en la cueva fue arremetedor.</p>
<p>Roberto Gallo no va al sitio donde están los restos de su casa como quien visita la tumba de un hijo, un padre, una mujer. Él va allí como quien visita su propia tumba.</p>
<p>Una entidad estatal, Materiales 14, recompensó su trabajo con una casa categorizada como medio básico en esta zona. Aun si tuviera cómo construirla de nuevo, otra entidad estatal le impide hacerlo allí: Planificación Física. El sitio ha sido declarado como vulnerable por su cercanía al mar.</p>
<p>—¿Por qué no le otorgan vivienda, o le posibilitan un sitio para construir, o materiales de construcción, o un subsidio? –pregunto.</p>
<p>Roberto es jubilado, enfermo renal grave, tiene un hijo y un nieto esquizofrénicos, mantiene a un sobrino epiléptico.</p>
<p>María interrumpe, dice que esperaba que le dieran un apartamento en uno de los asentamientos tipo petrocasas construidos en Micro-3, en el Centro Urbano Abel Santamaría, a unos diez kilómetros de La Cantera. Ahora espera por un espacio en dos antiguos edificios que recién habilitaron cerca de la playa Siboney. En estos hay 24 apartamentos, ocupados por familias a las que el huracán Sandy les destruyó sus casas.</p>
<p>Unas semanas después del ciclón, hermanos de una iglesia de Palma Soriano le erigieron una tienda con pedazos de tela de cultivo semiprotegido y zinc oxidado. Mide unos dos metros de ancho por tres de largo. Allí estuvieron hasta que Lázaro Expósito, primer secretario del Partido Comunista en Santiago de Cuba, ordenó darles otra solución.</p>
<p>—El jefe, sí, Expósito, tuve esa dicha, cuando yo me acerco a él, manda un poco de obreros pa’ montarnos esto –dice María.</p>
<p>—Lo hizo la Forestal –agrega Roberto Gallo.</p>
<div id="attachment_891" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><a href="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/04_CASAS.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-891" class="size-full wp-image-891" src="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/04_CASAS.jpg" alt="Las casas se inundan cuando llueve, hay que hacerle zapatas por fuera (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/04_CASAS.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/04_CASAS-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/04_CASAS-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/04_CASAS-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a><p id="caption-attachment-891" class="wp-caption-text">Las casas se inundan cuando llueve, hay que hacerle zapatas por fuera (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Dos chozas de corteza de árboles. Nada de cimiento o al menos estacas. Colocadas como cajitas en la arena caliente. Miden unos cuatro metros de largo por tres de ancho. ¿Sol, lluvia, leve brisa, polvo? Ni hablar. Y la palabra viento mueve las sombras, y los recuerdos, que son mucho más fuertes.</p>
<p>—Esto fue una facilidad temporal –digo–, pero ustedes se merecen algo mejor.</p>
<p>—Así mismo –responde María.</p>
<p>—¿No se quejaron, no exigieron?</p>
<p>—No. Estamos aquí, esperando.</p>
<p>María ha echado mucha guerra en Seguridad Social, llevó los papeles de esquizofrenia de un hijo y del nieto, y le respondieron que no hay lugar donde internarlos. Los casos de Seguridad Social se atienden en el policlínico. El martes 12 de enero, a las diez de la mañana, la psiquiatra no ha llegado, la recepcionista del policlínico explica que no hay psiquiatras, la que viene es para niños. Sí hay psicólogos, que han atendido a casos como el de familias hacinadas con niños en una casa inhabitable. María esperaba que el martes viniera la psiquiatra, quien le hizo la carta para la oficina de Seguridad Social del municipio.</p>
<p>El nieto ya terminó la escuela especial, tiene 17 años.</p>
<div id="attachment_895" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><a href="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/08_MARIA.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-895" class="size-full wp-image-895" src="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/08_MARIA.jpg" alt="María, la madre de la familia Gallo (Foto: Lian Morales)    " width="1000" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/08_MARIA.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/08_MARIA-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/08_MARIA-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/08_MARIA-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a><p id="caption-attachment-895" class="wp-caption-text">María, la madre de la familia Gallo (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>Roberto Gallo se siente abandonado. De su antiguo centro de trabajo le mandaron un jaboncito. ¿Los papeles del cuarto medio básico de la empresa Materiales 14? El ciclón se marchó con todo. Menos con los Gallo, dos chivas y el perro. ¿Gestiones? A la diálisis lo lleva el joven sobrino, que sufre ataques de epilepsia frecuentes y otros trastornos. El costo que sea no es posible para ellos, tienen demasiados problemas inmediatos, multiplicados por día de supervivencia.</p>
<p>En el Consejo Popular de Siboney están los papeles donde se declara la casa de los Gallo como derrumbe total. El 24 de diciembre de 2015 se entregaron los dos edificios habilitados por los que estaba esperando María. Pero hay muchas familias necesitadas, más de 24. Gente que arma sus casas con los destrozos de cualquier parte.</p>
<p>Siboney es el museo de Sandy.</p>
<p>La familia de la cueva no puede decir, como una familia damnificada más, que imploró al cielo que los salvara, y que al otro día, cuando pasó la tempestad, todos se horrorizaron al ver la destrucción, la pérdida, la desolación, y agradecieron estar sanos y salvos. Esta familia podrá seguir siendo en cualquier momento la familia de la cueva. Puede que, para ellos, todavía lo peor esté por pasar.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Wenceslao Gómez Castellanos, jefe del Puesto de Dirección del Gobierno Municipal de Santiago de Cuba en Siboney:</p>
<p>—En Siboney tuvimos 3.374 afectaciones: 716 derrumbes totales, 793 derrumbes parciales, 1.096 pérdidas totales de techo, 669 pérdidas parciales de techo, otras 100 afectaciones –grietas, etcétera–. Solución completa: 762; de esta cantidad 399 fueron por crédito, 169 por efectivo, 188 bonificados y 6 por subsidio. Tenemos resueltos todos los techos de zinc.</p>
<p>En el Punto de Materiales da la bienvenida un “área contra <em>insendio</em>”. En el Punto trabajan cuatro braceros, tres en facturas, un almacenero, un económico y dos técnicos. Y Wenceslao:</p>
<p>—Ahora a lo que se está dando tratamiento fundamentalmente es a los derrumbes totales, que ahí sí tenemos problemas con la recuperación. ¿Por qué? Porque la mayoría de las personas que viven acá no tienen documentos legales de su vivienda, y ese es un paso primordial para poder darle atención al derrumbe total. ¿Por qué? Porque, bueno, la ley lo dice, al no tener la propiedad de la vivienda, no tener habitable, no se le puede dar la propiedad, y eso tranca el proceso. Hay gran cantidad de personas con disposición de construir por esfuerzo propio, pero no pueden por ese motivo. Sin embargo hoy tenemos 51 personas que están construyendo su casita con los recursos que tenemos. Se recibe acero, cemento, grava, arena, hay tejas de zinc. Con sistematicidad, cada un mes más o menos, esos son los recursos que más llegan, por ejemplo de acero llegan dos mil y pico de barras, y la venta es buena, incluso se está atendiendo ahora a los que tienen licencia de construcción que no son damnificados. Pueden adquirir ese acero, hasta un nivel. La recuperación no es solo para Sandy. Pero se prioriza a los que fueron afectados. ¿Con qué tenemos problemas? Para cerrar más expedientes. Si nos llegaran ventanas, puertas, tanques y más tejas de fibro ya hubiéramos resuelto buena cantidad de casos.</p>
<p>—¿Por qué a los que no tienen documentos no se les resuelve la situación?</p>
<p>—Qué sucede, aquí hay mucha gente que construyó ilegalmente. Esto, al ser zona de campo, llega cualquiera a un lugar, y pone una casita ahí. Hay quien lleva años, pero al no tener habitabilidad, nunca ha podido legalizar su vivienda, y si no tiene propiedad no puede adquirir recursos para hacerla habitable.</p>
<p>—Wenceslao, eso es un ciclo sin fin.</p>
<p>—Esto se ha debatido en todos los escenarios, estamos esperando por una resolución que debía dictar el Instituto Nacional de la Vivienda para poder darle tratamiento a esa gente.</p>
<p>—Y en el caso de los Gallo, ¿no se piensa al menos en algún subsidio para ese caso específico?</p>
<p>—No. ¿Por qué? Porque el subsidio también parte de la legalización de la vivienda.</p>
<p>Marlene Rivero, especialista en inversión estatal, subsidios y esfuerzo propio en el Punto de Materiales:</p>
<p>—A todo el que solicita se le hace la visita. Tenemos menos de una semana para verificar la afectación, nos comunicamos con el Puesto de Dirección y se hace el permiso de construcción, el dictamen del arquitecto de la comunidad, todos los documentos.</p>
<p>Iliana Castro Magaña, representante de subsidio de la Dirección Municipal de Vivienda de Santiago de Cuba para Siboney:</p>
<p>—Existen muchas personas que no poseen el documento legal, deben ser muchos más los subsidiados, pero la legalidad es primordial. Ahora estamos haciendo un llamado para todo el que solicitó subsidio antes del ciclón, en 2012 y hasta 2014. Están los que lo han solicitado, los que no han sido aprobados, más los que pueden solicitar. Lo fundamental es que tengan el documento legal actualizado. Todos tienen derecho a solicitar subsidio.</p>
<p>En Siboney los asentamientos hablan de las cosas elementales, de las cosas sin nombre: El Brujo, El Delirio, El Oasis, Soledad, La Caridad, El Refugio, El Carpintero, La Gran Piedra, El Sapo. No es raro que una orquesta de Siboney se llame Salsa Chula.</p>
<p>El Punto de Materiales, el Puesto de Dirección del Gobierno y el Consejo Popular están contiguos. Aquí había un bar en el genesiaco 1958. De su techo cayó hacia la muerte Manuel Blanco, dueño del bar. Había también una tienda, una carnicería, una cafetería y un depósito de cocos de Siboney.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Tras el paso del ciclón, incomunicación total en La Cantera, solo hay algunas zarzas de unos centímetros de altura, pero en el camino que conduce allí los árboles caídos, las piedras, los trozos de la naturaleza y la humanidad arrancados por Sandy obstruían el acceso.</p>
<p>Se limpiaron montañas de escombros de la vía principal.</p>
<p>En Siboney se conservan obras de arte invaluables, fragmentos de ladrillos amorosamente tallados, escombros revividos, casitas que son un primor, rompecabezas en cuatro dimensiones. Siempre falta algo, algo en la otredad.</p>
<p>—En la cueva –dice María– no teníamos ni un mechón ni un fósforo ni na’. Hasta que amaneció, y en ese momento digo, bueno, deja ver mi casa, que he dejado patos, camas, pero qué va, mi vida, casa y cama, nada, nada, todo fue para el mar.</p>
<p>—¿Qué hicieron entonces?</p>
<p>—Na’, empezamos a decir, bueno, aquí hay que hacer algo, algo hay que hacer. Nos daban comida, allí en el autoservicio, el Consejo Popular, buena atención, hay que ser agradecido.</p>
<p>La historia que condujo a María Laborde Brron a la cueva comenzó en Jamaica. Sus ascendientes llegaron a Cuba por Guantánamo, pasaron por Jutinicú antes de terminar en Santiago. Con doce años María llegó a Siboney, trabajó y se jubiló como custodio de la cantera.</p>
<p>—Mi suegra y dos tías de mi mujer hablaban inglés –dice Gallo padre–. Yo no entendía ni papa.</p>
<p>El 24 de octubre de 2012 un visitante llega a Cuba. Iba para Granma, pero Jamaica lo endereza. Espera la madrugada, el día siguiente. Las montañas lo contienen. Solo queda un lugar donde no hay montañas: el mar. Encaja en la bahía, en la puerta de Santiago. Es bello, es odioso. En los días siguientes, si es que hubo, muchos lloraron en esta ciudad.</p>
<p>Los siboneyes perciben la atmósfera espantada, dolorosa, petrificada, dentro de sí. Un desenlace. Un desasosiego, como una tragedia.</p>
<p>—Sandy nos trancó el paso –recuerda Roberto Gallo hijo–, ya no había transporte, un camión sin techo evacuó. Una mujer que había estado esperando en la parada, con una niña chiquita, corría con el ciclón detrás para que alguien le abriera la puerta. Muchos con niños chiquitos se salvaron porque subieron para la Academia de Ciencias. <em>Él</em> entró por Mar Verde, dio la vuelta, subió para la Gran Piedra, después entró en Sardinero y se metió con Siboney, parece que tuvo un combate fuerte con la Gran Piedra. Dicen que en Chivirico un montón de bóvedas se destrozaron, y estaban los muertos levantados, con to’ los pelos, los cráneos, to’ afuera.</p>
<p>Juan Odelín Lugo:</p>
<p>—Me sacó el carro, rompió la puerta del garaje, la puerta de la calle, la cerca, voló y cayó más allá de la carretera, más de treinta metros. No desapareció del mapa por caer en un hueco con raíces y demás que lo retuvieron. Pero estaba asegurado, a los dos años el seguro me lo cambió. Esto fue dramático, dramático… Yo saqué a las dos hijitas mías, para una casa que está ahí en la escalera que sube para la Academia de Ciencias.</p>
<p>Alexander Matos perdió la casa y ahora exhibe con orgullo su campito de tomate de unos metros en la aridez de La Cantera.</p>
<p>—Yo le vendía leche y queso al Estado, tenía más de cincuenta chivos. El ciclón acabó con todos ellos, con todo. Los quemamos, los botamos. Cómo nos los vamos a comer, compay, si no había con qué cocinar ni corriente para guardarlos. Hubo que regalar animales a la gente a ver qué provecho le iban a sacar. No, y gallinas, patos…, los ahogó, los desbarató…, esto se llenó de escombros. Mira, ese tanque –no era mío, ni sé de quién es– vino flotando, pa’ que tú sepas. Lo acomodé en alto para distribuir el agua en la casa, la ponen los viernes, viene llegando los domingos, está casi a punto el lunes y la quitan. Viene del pozo Majayabo. Tuve que vender un caballo también, por una pata que se le jodió, todo esto se llenó de pedruscones y de mar…, no dejó nada. Siboney se cayó, te lo digo yo que soy nativo. Antes de Sandy mi sembrado tenía veinte metros más. Las piedras, la gente, el camino, todo se corrió más para acá, un poquito más lejos del mar. Yo había comprado camiones de tierra vegetal, tuve que volver a abrir la tierra pedregosa, cincuenta centímetros y ya es laja completa. Y más camiones. Yo tengo un niño de un año y días, construyo lo más lejos del mar que puedo, y la zapata alta como loco. El Estado me dio una bolsa de cemento y el modulito de tejas de zinc de emergencia. Yo pesco submarino, lucho el pesca’o, saco una pala de arena y una de polvo si hablo en la cantera. Yo tenía un coche colonial. Les dábamos tres vueltas a los muchachos por un peso, aquello era una bola de muchachos pa’ montarse. Aquí no hay diversión, no hay un restaurante las 24 horas, no hay nada. Uno se disgusta. Tú sabes cuánta gente se ha parado aquí, “dime, el queso que tú haces”, y esto y lo otro, y yo, “compay, el ciclón llegó primero que tú”.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<div id="attachment_894" style="width: 1010px" class="wp-caption alignnone"><a href="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/07_CANTERA.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-894" class="size-full wp-image-894" src="http://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/07_CANTERA.jpg" alt="Roberto Gallo hijo (Foto: Lian Morales)" width="1000" height="600" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/07_CANTERA.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/07_CANTERA-300x180.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/07_CANTERA-450x270.jpg 450w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2016/02/07_CANTERA-150x90.jpg 150w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a><p id="caption-attachment-894" class="wp-caption-text">Roberto Gallo hijo (Foto: Lian Morales)</p></div>
<p>La cantera se explota. La pedrera…, no. Allí algunos valientes mordisquean con lo que pueden la piedra.</p>
<p>Robertico Gallo está unos cuantos tonos más oscuro que hace un mes.</p>
<p>—Hicimos una enramada al pie de la cueva, con pedazos de cartón, nailon, lo que encontramos. Dormíamos en una tabla y en el suelo –dice.</p>
<p>Eran Gallo padre, María, el mayor de los hijos, el hijo esquizofrénico, el hijo que vino de Santiago a ayudar, su mujer que vino después, y el nieto y el sobrino de Gallo padre.</p>
<p>—Después llegaron tres colchonetas –dice Gallo padre–, de Chávez… Gracias a Hugo Chávez.</p>
<p>—Fui a rescatar al perro –continúa Robertico–. Una piedra que estaba terminando de acabar con la última pared por poco me mata. Luché con una puerca en medio de las olas, la traje al hombro, y dos chivas también. Veía las piedras volando. Estaba oscuro, pero se veía el mar rojo, había una bola roja que venía como gritando, yo nunca había visto eso, y volví a entrar a la cueva.</p>
<p>En la pedrera Robertico y un vecino, trabajando toda una semana, pueden sacar 10 m<sup>3</sup> de piedras para enchapar muros; los venden a 700 pesos cubanos, a veces, cuando viene alguien a buscar. Las lomas de piedra sacada se quedan en el descampado. Se las pueden robar.</p>
<p>Robertico tiene ojos verdes grisáceos, de tigre lloroso. Se ha lavado, pero sigue lleno de arena, en pie, y desesperado por acabar con el periodista sentado en el único “asiento” y volver a la pedrera. Allí lo único que no es mineral es el hombre. El dolor es constante, inmóvil, telúrico. La pedrera es la escultura del infierno.</p>
<p>—A las 4:30 de la tarde ya el mar estaba aquí – dice, clavando sus ojos en los míos, luego en la pedrera–. Desapareció una nave de Materiales 14. Dura treinta minutos más y nos ahogamos todos en la cueva. Aquí donde estamos ahora todo era marabú y lo quitamos. Yo lucho en la pedrera desde las seis de la mañana hasta que se va el sol. Trabajé veintidós años en el restaurante La Rueda, pero como no era rentable nos empezaron a pagar según lo que produjéramos en el mes. Ganábamos muy poco.</p>
<p>María interrumpe. Hace rato se oye de choza en choza preguntando por un peso.</p>
<p>—A las tres semanas de Sandy –prosigue Robertico–, dos funcionarias, una de Vivienda y otra de Planificación Física, vinieron a pedirme los papeles de la casa y el carné. Me desperté, estaba intrica’o en la cueva, propenso a que me cayera una piedra en la cabeza. Respondí que se los había llevado el ciclón. Discutimos <a style="color: #404040; text-decoration: none;" href="https://web.archive.org/web/20220810150018/https://www.indiflixx.com/avira-mac-assessment/" target="_blank" rel="noopener">they said</a>. Yo digo que el funcionario, el dirigente, tiene que tener buena forma, así como Expósito, que es un tipo chévere con el pueblo, nagüe. Hay gente aquí que tiene dos y tres casas, y hay quien no tiene. To’ eso yo lo valoro, mi cabeza da vueltas. Si no hubiéramos hecho nada seguiríamos en las mismas.</p>
<p>Robertico trabajó como custodio en Las Pocetas, en la finca El Porvenir, en el Parque Baconao.</p>
<p>—Yo soy revolucionario a todas, amo mi patria, a mi Comandante. Siempre traté de ser correcto, denunciar lo malo. Iba y hacía guardia dondequiera aunque estuviese de descanso, tuve problemas laborales, me hacían un número ocho a cada rato. Una vez, subiendo una escalera, me sube la presión, caigo del último peldaño…, sangré toda la camisa. Me pasaba los días orando, para que me dieran esto [la choza], que después tuve que desarmar, con un vecino, porque estaba muy cerca de la pendiente [la meseta], y toda el agua se metía. Ahora igual se mete el agua por debajo de las tablas. Tuve que poner unos cables para tener luz. Cuando fui a buscar el módulo de platos, el cubo y la colchoneta que estaban dando, aparecía marcado como si lo hubiera cogido. Tremenda guerra para cogerlo. La Iglesia también ayudó. Cuando pasa este tipo de cosas mucha gente se afecta. Nosotros hemos quedado para el final.</p>
<p>Ahora la choza de Robertico es una muy original parodia de la Torre de Pisa. En la cueva se ponía en posición fetal, abrazado al colchoncito para protegerlo, le caía una cascada.</p>
<p>—Cuando llueve aquí, recojo todo y me quedo paraíto en firme en una pared, igual que en casa de mi papá. Escampa y vuelvo a organizar la casa. No son tiempos de pedir tantas cosas. Aquí no te traen un sirope, no hay supermercado. Yo confío en Expósito, pero esto es una escalera, uno dirige a otro y a otro y a otro. Hay gente que ya tiene materiales y que ya construyó y quiere más.</p>
<p>En la cueva había mosquitos, unas mariposas que pican, de todo. Amanecía con la cara llena de ronchas. Un día, llega y encuentra que un operario de la Campaña Antivectorial le ha llenado la cueva de cal. Al ver eso se le hacen agua los ojos. Había cólera. Cuando se encuentra con el operario, este le pregunta: “¿Tú no tienes dónde vivir?”. Después recapacita y le dice que puede enfermarse.</p>
<p>Félix Alberto Gallo Laborde, el menor de los hijos Gallo, parece el más desesperado:</p>
<p>—Es mucho, estamos comiendo candela, me entiende, hierro, estamos obstinados. Iban a hacer una casa, para mi hermano, que llevaba casi dos años en la cueva. ¿Íbamos a ser siete en una casa? [Se refiere a la choza de corteza]. Me decían que estaba estresa’o, me decían “cálmate que te va a dar algo”. Me pasé el ciclón ayudando a los vecinos, salvando pertenencias. El otro día hizo un aire, se dobló to’ esto, tuve que encaramarme en el techo a poner piedras. Los pocos clavos se doblan, se zafan a cada ratico. No tenemos cerraduras, ni pestillos.</p>
<p>Gallo padre se mueve lentamente, tiene una voz espectral, de hombre antiguo:</p>
<p>—Yo tenía nueve años cuando vendimos en Santiago y fabricamos aquí la casa de mi abuelo, que me crió. Él murió, yo estaba en el Ejército, una hija de él se quedó con la casa. Después la sellaron porque allí mataron a alguien. Ahora la tiene otra gente. Uno no sabe pa’ quién trabaja. No cogí ni un caldero. Fui auxiliar de Guardafronteras, una pila de años cuidando la costa noche y madrugada. El ciclón Flora me lo pasé cargando caña al hombro en Río Cauto y en Manatí, Las Tunas, atasca’o hasta los sesos en el fango. Trabajé más de treinta años en esta cantera.</p>
<p>Hace unos días a Gallo padre le quitaron la manguera del vientre. Le dio frío, calor, mareo. Ahora la diálisis es por el brazo. Un hermano murió de insuficiencia renal.</p>
<p>Martín Gallo, nieto de Roberto, vive en la tienda de viejos pedazos de zinc y tela, apenas tres metros cuadrados. Dos ruedas de carreta lo sujetan todo. Tiene esquizofrenia, diecisiete años y una madre de paradero desconocido.</p>
<p>María vuelve de la búsqueda. No encuentra al nieto. Una vez más.</p>
<p>—Le da mucha hambre, y a veces se pone agresivo. Antes, aunque fuera un caramelo le traía la mamá, que también está enferma de los nervios. No tengo ni pastillas, están carísimas. Llevo dos años en el peloteo, me vuelvo loca. La psiquiatra del policlínico envió la carta a Seguridad Social. Sigo esperando. No me conviene que ande por ahí, y menos los domingos. Hay gente abusadora. Él se ha ido para la ciudad solo, perdido, capaz que me lo maten por ahí. A veces tira palos, piedras, rompe vasijas, tejas. Ha estado a punto de matarnos. Si no estuviéramos en esta situación, no estaría tan jodido. Si se internara, uno iría a verlo, lo sacaría dos o tres días para acá. La mamá le hizo rechazo. La culpa de los mayores la pagan los muchachos.</p>
<p>Yohandry Moreno, el sobrino de Gallo padre, no tiene asistencia social. En las entrevistas siempre dijo que él sí podía trabajar.</p>
<p>—Menos mal que Robertico conoce la enfermedad y es el que atiende los ataques de epilepsia de Yohandry.</p>
<p>María sigue recuperando el aliento:</p>
<p>—Gracias a Dios que por lo menos me mandó ese barquito de auxilio. Yohandry es cariñoso, va adonde le den comida. En su casa pasaba hambre. Nos busca una leñita, quiere pescar, pero no puede ponerse en peligro.</p>
<p>—También tenemos que mantenerlo –dice Gallo padre–, mi cartera está lisa. Los médicos no pasan terreno, vivimos en la tierra, no tenemos ni televisor ni refrigerador, solo un ventilador que me prestó unos días mi hermano Jesús, que está trasplantado del riñón. También echó su vida en la cantera y vive igual que nosotros. El poquito de leche de llevarme para el hospital tengo que guardarlo el día antes allá lejos.</p>
<p>Gallo y su hermano eran del Destacamento Mirando al Mar. Recuerda una vez que sacaron cuatro kilogramos de cocaína.</p>
<p>—Era de la buena, nos lo dijeron cuando la analizaron. Si hubiéramos sido otro tipo de gente fuéramos ricos, pero yo no soy eso.</p>
<p>—Si no hacían la de mi papá, la de los enfermos –dice Robertico–, que no me hicieran nada. Vinieron por la mañana y al mediodía las terminaron.</p>
<p>Las chozas están en un yermo a un centenar de metros del mar, a unos saltos de la cueva.</p>
<p>—Aquí no hay amparo para el agua –suspira el padre de los Gallo.</p>
<p>A lo lejos, alguien canta. No sé qué rayos. Los alaridos son hoscos, largos, aborígenes, como de una mujer primípara. Pero es un hombre. Parado en medio del camino. Dice que en Siboney hay casas y calles desaparecidas por la naturaleza. Me dice que era una mujer la que cantaba. No hay ser vivo que se acuerde de ella. Hace mucho tiempo, murió.</p>
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