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	<title>Andra Vital &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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	<description>Organización periodística cubana sin fines de lucro</description>
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	<title>Andra Vital &#8211; Periodismo de Barrio</title>
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		<title>Cierra el Observatorio de Feminicidios de Yo Sí Te Creo en Cuba: el costo del desgaste y la censura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andra Vital]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2026 19:33:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Periodismo de Barrio conversó con integrantes de la plataforma sobre una decisión planificada que deja un vacío de datos confiables y silencia a un referente de credibilidad para la sociedad civil dentro y fuera de la Isla.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2026/05/cierre-observatorio-de-feminicidios-cuba/">Cierra el Observatorio de Feminicidios de Yo Sí Te Creo en Cuba: el costo del desgaste y la censura</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El Observatorio de Feminicidios de la plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTCC) ha <a href="https://www.facebook.com/photo?fbid=962253683017306&amp;set=a.258388470070501" target="_blank" rel="noopener">cerrado</a> su ciclo de registro y verificación de casos de violencia feminicida en Cuba, una decisión que sus integrantes describen como planificada y vinculada tanto al desgaste acumulado como a la necesidad de concluir una etapa tras la publicación del último informe anual en colaboración con el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT).</p>
<p>El cierre, sin embargo, no implica la desaparición del trabajo de acompañamiento ni de la Línea de Apoyo que mantiene la organización, sino la detención de la labor sistemática de observación y registro, una de las piezas más complejas y exigentes de su actividad.</p>
<p><em>Periodismo de Barrio</em> conversó con integrantes de la plataforma sobre la noticia, que circuló a través de sus canales habituales y que no solo representa la pérdida de una fuente de datos confiables, sino el silenciamiento de una voz convertida en referente de credibilidad para la sociedad civil dentro y fuera de la isla. Las activistas, que accedieron a responder en detalle sobre las causas y consecuencias de esta decisión, describieron el contexto actual como uno de “represión, censura y crisis humanitaria” que ha hecho insostenible su trabajo de documentación.</p>
<div id="attachment_15872" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15872" class="size-large wp-image-15872" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre-1000x477.jpg" alt="Captura de pantalla de la publicación en la que el colectivo de YoSiTeCreo Cuba anuncia el cierre de su Observatorio de Feminicidios." width="810" height="386" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre-1000x477.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre-300x143.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre-768x366.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre-1536x733.jpg 1536w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre-810x386.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre-1140x544.jpg 1140w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/ystc-cierre.jpg 1748w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-15872" class="wp-caption-text">Captura de pantalla de la publicación en la que el colectivo de YoSiTeCreo Cuba anuncia el cierre de su Observatorio de Feminicidios.</p></div>
<p>“La insostenibilidad del observatorio databa de mucho antes, lo que aceleró el desgaste de las pocas personas a cargo hasta el cierre”, explicaron, despejando las dudas sobre si se trató de un cierre repentino. Aclararon que, no sin antes buscar otras opciones, fue una decisión planificada, revisada y tomada estratégicamente para que coincidiera con la salida del Informe Anual de OGAT, en el cual siempre han participado.</p>
<p>El principal obstáculo para el sostenimiento del observatorio no fue tecnológico ni legal, sino profundamente humano. “Mayormente fueron [obstáculos] humanos, sobre todo de personas que resistan este trabajo, que es muy desgastante por los temas violentos y las verificaciones difíciles”, dijeron.</p>
<p>Las observadoras, además, enfrentan un miedo creciente: “Cada vez menos personas observan ya que hacerlo es como reportar o investigar, y la censura en Cuba está generalizada”. Dependían de “la respuesta ciudadana” y, debido al contexto nacional, las personas suelen responder poco “a pesar de que no se dan los nombres de las fuentes”, contaron. A esta presión se suman los largos apagones y la desconexión, elementos que “limitan mucho más las verificaciones” junto con una crisis humanitaria que es “una presión para todo lo que se quiera hacer en Cuba”.</p>
<p>La comparación entre el riguroso registro de YSTCC y las estadísticas que ofrece el Estado cubano es un ejercicio de contraste absoluto. El observatorio oficial, alojado en el portal de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), se basa exclusivamente en los “procesos judiciales resueltos en el año” por el Tribunal Supremo Popular, una metodología que presenta un sesgo crítico al contabilizar únicamente los casos que ya cuentan con una sentencia firme. En 2024, esta fuente reportó que “76 mujeres de 15 años y más fueron víctimas de asesinato por razones de género a manos de sus parejas, exparejas u otras personas, conocidas en procesos judiciales en el año 2024”. La cifra oficial detalla que, de esos casos, 55 fueron a manos de la pareja o expareja íntima, mientras que 21 mujeres murieron a manos de “otras personas diferentes”.</p>
<p>Sin embargo, las activistas de YSTCC califican esta respuesta institucional con una sola palabra: “desinformadora”. Según explicaron a <em>Periodismo de Barrio</em>, el método oficial excluye sistemáticamente los casos donde el agresor se suicida, evitando así el juicio, o aquellos donde la investigación no concluye a tiempo. De esa forma, es imposible “conocer el impacto real de la violencia feminicida”, precisan. Los casos tardan meses y hasta un año en llegar a los tribunales, lo que significa que las cifras publicadas por el gobierno siempre van con rezago y no reflejan la violencia que ocurre en tiempo real.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-15873" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/feminicidio-alegoria-1000x553.jpg" alt="" width="810" height="448" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/feminicidio-alegoria-1000x553.jpg 1000w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/feminicidio-alegoria-300x166.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/feminicidio-alegoria-768x425.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/feminicidio-alegoria-810x448.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/feminicidio-alegoria-1140x631.jpg 1140w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2026/05/feminicidio-alegoria.jpg 1366w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /></p>
<p>Por otro lado, la metodología empleada por YSTCC y OGAT es ejemplo de rigor en medio de la precariedad. “La verificación tiene que contar con un mínimo de tres fuentes distintas; además de eso se mantenía un registro vivo en constante actualización”.</p>
<p>Mientras el gobierno no explica ni publica su metodología de registro, YSTCC construyó la suya basada en estándares internacionales. “En el <a href="https://alastensas.com/multimedias/informe-ogat-2024-en-2024-se-han-documentado-18-feminicidios-de-cubanas-en-el-exterior/" target="_blank" rel="noopener">Informe Anual de OGAT de 2024</a> se describe la metodología que siguen los observatorios, que es una mezcla entre la clasificación del Ministerio de Igualdad de España y la consensuada entre activistas de los países latinoamericanos que integran MundoSur”.</p>
<p>Este abismo en la transparencia genera que el observatorio independiente detecte realidades que el Estado ignora. Por ejemplo, mientras la ONEI reporta exclusivamente víctimas de “15 años y más”, YSTCC documentó el feminicidio de Gabriela Herrera Rodríguez, de siete años, en Guanabacoa, durante el primer trimestre de 2026. Además, el observatorio oficial no especifica su definición de “razones de género”. YSTCC, en cambio, utiliza tipologías específicas como “familiar; gineco-obstétrico; íntimo; no íntimo; por crimen organizado/narcotráfico; lesbicidio; vinculados/vicarios; suicidios feminicidas; y transfemicidio”.</p>
<p>“Oficialmente casi nada de violencia feminicida se ha conceptualizado como tal ni [se ha] definido”, denuncian. “No podemos dialogar ni entrar en contradicción con la nada. A veces usan los términos &#8216;femicidio&#8217;, otras &#8216;feminicidio&#8217; y otras &#8216;asesinatos de mujeres por motivos de género&#8217;, pero ninguno [ha sido] definido en un documento oficial”, añaden.</p>
<p>Pese a la superioridad metodológica, las activistas reconocen limitaciones: “La limitación que tiene el observatorio es que accede poco a sentencias, actas de defunción, informes de autopsia, [y] dispone de poco tiempo y personal para más trabajo en las bases históricas”.</p>
<p>Defienden, sin embargo, la fiabilidad de sus datos frente al escepticismo: “Hasta ahora directamente no hemos sido cuestionadas, de hecho hasta estudiantes de universidades cubanas, artistas, realizadores audiovisuales, nos han solicitado datos de los registros”. Y tienen un argumento contundente contra las dudas: “Existe la cifra oficial del MINSAP de cubanas fallecidas cada año por agresiones y hasta ahora los observatorios nunca han superado esa cantidad”.</p>
<p>Las consecuencias de este cierre son devastadoras para la visibilidad de la violencia machista. YSTCC, en colaboración con OGAT, había logrado documentar 315 feminicidios entre 2019 y diciembre de 2025 .</p>
<p>“Es una voz menos en el registro y la denuncia, y una voz que aportaba un enfoque desde lo asistencial y preventivo, ya que la plataforma cuenta con una Línea de Apoyo”, lamentan.</p>
<p>El vacío no será total, pues “sigue existiendo OGAT, que mantiene la alianza con MundoSur, y el registro que realiza [el medio de prensa] 14ymedio”. De hecho, OGAT ya ha confirmado 20 feminicidios en lo que va de 2026, incluyendo el reciente caso de Mariolis López Silio. El asesinato de esta madre en Güines, ocurrido presuntamente a manos de su expareja, dejó cuatro hijos huérfanos, sumándose a las “70 menores sin el amparo materno” que el propio gobierno reconoció en sus estadísticas oficiales de 2024 .</p>
<p>Cuando se les pregunta qué necesitarían para retomar el trabajo en condiciones seguras, la respuesta es tajante: “democracia en Cuba”.</p>
<p>Para ellas, esto implica “tener libre asociación, poder capacitar personal, establecer políticas de recursos humanos de recambio, acceder a información, poder hablar con las familias, conectarlas con la atención… Este trabajo es durísimo en cualquier parte del mundo, súmele hacerlo en las condiciones de Cuba”.</p>
<p>El mensaje de YSTCC para las víctimas es un llamado a no callar: “Actúe a tiempo y busque apoyo en [nuestra] Línea, evite el desenlace fatal. Y si sucedió, acuda a los formularios anónimos de OGAT, a los <em>emails</em>, pida ayuda en la Línea sobre cómo proceder, sobre todo con las niñas y niños huérfanos. Es seguro denunciar usando los canales de los observatorios. No deje que quede en el olvido, aporte para que a otra familia no le suceda”.</p>
<p>El cierre de este observatorio no solo evidencia el colapso de la sociedad civil bajo la presión de la crisis cubana, sino que deja al descubierto la complicidad estructural del silencio. La violencia feminicida, como bien lo definen ellas, está “disparada en esta crisis humanitaria”, y sin observadores independientes, muchas de esas muertes volverán a caer en la fosa común del olvido estadístico.</p>
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		<title>La lenta asfixia de vivir en Cuba</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2026/03/la-lenta-asfixia-de-vivir-en-cuba/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andra Vital]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Mar 2026 11:00:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crisis económica y energética]]></category>
		<category><![CDATA[crisis económica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En una Cuba marcada por la crisis energética, la escasez y el deterioro cotidiano, las voces de quienes permanecen en la isla siguen siendo las menos escuchadas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A los cuatro años me preguntaron por primera vez si era revolucionaria. Una compañera de trabajo de mi madre formuló la pregunta como una especie de broma. Recuerdo vagamente el revuelo que sobrevino a mi negativa: mi pobre madre fue analizada por un Partido al que se había negado a pertenecer diez años antes. Escrutaron su crianza, buscando el fallo.</p>
<p>También varios miembros del Consejo de Dirección del politécnico en el que por aquel entonces se desempeñaba como profesora se turnaron para darme, uno tras otro, argumentos que no me convencieron ni un poco.<br />
A mis cuatro años, yo no entendía de qué me había liberado un señor que daba discursos larguísimos que retrasaban los muñequitos. Yo no veía mejor a mi familia. Lo único que conocía en mis escasos años de vida era compartir con mi hermana mayor un cuarto sin puerta en una casa de madera.</p>
<p>Más tarde ese día, mi madre me explicó, simplificado, el concepto de lo que se podía decir en público. Algo que todos los cubanos nacidos en los últimos 67 años aprendemos a muy temprana edad: la diferencia entre el discurso político público del “deber ser” y los pensamientos reales que guardamos para espacios seguros.</p>
<p>Como mismo nunca lograron convencerme del todo de que me identificara con un proceso que me precedía en 40 años, tampoco logré entender mucho la diferencia entre lo político público y lo político privado. En mi mente, si algo es soberanamente obvio para todos, ¿por qué debería ser tratado con eufemismos?</p>
<p>En este instante, esa línea se desdibuja constantemente ante un pueblo cansado de metáforas y discursos ochenteros, aunque el miedo a lo que te pueda pasar si hablas abiertamente, perdura.</p>
<p>Pero ya tenemos muy poco que perder. En una isla a oscuras sobre nuestras espaldas y con nuestros hijos pasando hambre, poco se teme; poco hay que puedan hacernos que sea peor.</p>
<p>Mientras escribo a oscuras durante la última caída del Sistema Eléctrico Nacional, —SEN, para los amigos—, mi atención se desvía a una vecina que tose, a otro que decidió gastar la batería que le quedaba en alegrarnos la vida con Celia Cruz y Juan Gabriel, y al que reproduce a todo volumen un <em>reel</em> de Instagram donde se habla, desde fuera, del respeto a la soberanía del pueblo cubano.</p>
<p>Hoy nadie comió en este pasillo. El SEN se cayó a las seis de la tarde y media hora después ya no había gas. Aquí las casas son muy pequeñas, hacinadas, no hay donde poner cocinas alternativas de carbón o leña.</p>
<p>En mi pasillo la única que tiene planta soy yo, y es un espacio tan pequeño que ni siquiera puedo usarla.</p>
<p>En mi pasillo, la vecina que tose, todos los días pide a gritos que pase algo, aunque sea una bomba.</p>
<p>Hace poco, un amigo que lleva años en otro país me dijo que él creía que los cubanos sí estaríamos dispuestos a hipotecar la soberanía por un tiempo si eso implicaba mejoría para la situación actual.</p>
<p>Le respondí que la soberanía no se come, que le vendía la mía a buen precio. Sin embargo, yo nunca he sido dueña de mi soberanía para venderla.</p>
<p>Todo el mundo tiene algo que decir sobre Cuba desde que nos convertimos en el siguiente objetivo de Donald Trump. Periodistas cubanos que hace al menos cinco años no pisan este suelo, venezolanos (porque somos casi lo mismo), especialistas en Cuba con acento gallego… todo el mundo.</p>
<p>Menos los cubanos que vivimos en Cuba.</p>
<p>Como si ya no quedara nadie en la isla. Como si nos dieran por muertos.</p>
<p>Ciertamente se siente así. Es insostenible la vida en un país donde no te ves los pies después de las seis de la tarde los siete días de la semana; donde cargar el agua se hace a las tres de la mañana con una linterna en la mano; donde, cuando tienes corriente, tu corazón se salta tres latidos cada vez que se para la máquina del refrigerador, porque ya no sabes si es peor el apagón o la incertidumbre de cuándo te van a quitar la luz. Lo empeora que personas que no nacieron ni cerca de un batey o que no vienen a Cuba desde que existía el CUC crean que pueden hablar por mí.</p>
<p>Y yo estoy casi segura de que sigo viva, aunque no sea por decisión propia.<br />
Lo he pensado: acabar con todo de una vez. Y sé que no soy la única. La salud mental en Cuba debe de estar ahora mismo al borde del colapso, pero ni siquiera eso termina de nombrarse del todo. No hay descanso, no hay certezas, no hay medicamentos, no hay servicios médicos suficientes, no hay tiempo ni espacio para derrumbarse. Mis amigas se medican y huyen, se refugian en lo que pueden para no sentir, porque la desesperanza es horrible. Porque tener tres décadas de vida y sentir que no hay luz al final del túnel, que tus ambiciones se reducen a necesidades básicas, te hacen querer morirte.</p>
<p>Vivir en Cuba hoy es eso: no vivir. Pensar todo el tiempo en cuándo podrás dormir seis horas seguidas, cómo vas a alimentar a los tuyos, cómo arrancarte la soga que te aprieta poquito a poco, ahogándote sin llegar a matarte nunca.</p>
<p>Somos el faro de una izquierda internacional que da asco, que viene a comerse la poca comida que hay y a entregarle donaciones a un gobierno que dialoga con todos menos con los que vivimos aquí, los que ya casi nos morimos.</p>
<p>Porque de eso se trata: de irse muriendo sin que suceda realmente. De abrir los ojos cada mañana y sentir que la vida no empieza, que apenas continúa. De contar las horas de apagón, la basura acumulada durante un mes, las moscas, las chinches, los mosquitos. Se trata de velar por el agua que no llega, escuchar al vecino con la madre encamada llorando por el calor, la nevera que se descongela, los jóvenes que queman edificios del Partido Comunista de Cuba. Y entonces dejar de creer en algo, callarse, sentir que todo se estrecha a tu alrededor, que vivir se vuelve un espacio cada vez más pequeño, más bajo, más cerrado, y una incapacidad tangible de respirar profundamente.</p>
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		<title>Sanciones y miedo en la Cuba de 2026: efecto dominó en las comunidades turísticas</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2026/02/crisis-del-turismo-en-cuba-sanciones-2026/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andra Vital]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Feb 2026 15:01:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crisis económica y energética]]></category>
		<category><![CDATA[crisis económica]]></category>
		<category><![CDATA[Economía y emprendimientos]]></category>
		<category><![CDATA[empleo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba no cae en el vacío, sino que llega en un momento de vulnerabilidad extrema para un país ya en crisis.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2026/02/crisis-del-turismo-en-cuba-sanciones-2026/">Sanciones y miedo en la Cuba de 2026: efecto dominó en las comunidades turísticas</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En enero de 2026, Cuba ya era un país exhausto. La crisis energética se había normalizado a tal punto que los apagones no eran noticia sino rutina. El mercado informal marcaba el precio real de casi todo. La emigración sostenida vaciaba barrios enteros y separaba familias.</p>
<p>El turismo, que durante décadas funcionó como válvula de oxígeno económico, tampoco lograba recuperarse de los golpes que significaron la pandemia y el recrudecimiento de sanciones durante el primer mandato de Donald Trump. Aunque en 2023 y 2024 hubo intentos de reanimación del sector turístico como la implementación de <a href="https://www.tourismandsocietytt.com/noticias-y-newsletter/2025/2025-mayo/ultimas-noticias/cuba-impulsa-reformas-para-reactivar-el-turismo" target="_blank" rel="noopener">nuevas reformas y estrategias</a> para el aumento de la entrada de clientes al país, las cifras nunca regresaron a los niveles de 2018.</p>
<p>El país entró al 2026 con hoteles operando a medias, infraestructuras deterioradas y una dependencia del turismo internacional que se sostenía sobre una economía interna frágil.</p>
<p>En enero de 2026, Donald Trump <a href="https://www.nytimes.com/es/2026/01/30/espanol/america-latina/trump-bloqueo-petroleo-cuba.html" target="_blank" rel="noopener">anunció</a> un endurecimiento de las políticas hacia Cuba: presión máxima, revisión de acuerdos migratorios, restricciones adicionales a viajes y operaciones financieras. Medios como <a href="https://elpais.com/internacional/2026-01-29/trump-declara-una-emergencia-nacional-respecto-a-cuba-y-anuncia-aranceles-para-los-paises-que-le-vendan-petroleo.html" target="_blank" rel="noopener">El País</a>, <a href="https://www.bbc.com/mundo/articles/cvgnn0l8ly0o" target="_blank" rel="noopener">BBC</a> y The New York Times han documentado cómo la administración estadounidense reactivó mecanismos de presión económica bajo el argumento de que Cuba representaba para ese país una “amenaza inusual y extraordinaria”.</p>
<p>La narrativa oficial de Washington presenta las medidas como una herramienta para debilitar al gobierno cubano. En la práctica, las señales de inestabilidad geopolítica también impactan directamente en la percepción de riesgo de aerolíneas, agencias de viaje y turistas individuales.</p>
<p>“Me cancelaron todas las reservas de febrero y las de mitad de marzo. La gente está viendo las noticias internacionales y es como: bueno, si van a tirar una bomba en Cuba, no quiero estar ahí”, dice la dueña de un hostal ubicado en la Habana Vieja.</p>
<p>Países como <a href="https://ecuba.cancilleria.gob.ar/es/alerta-consular-argentina-recomienda-no-viajar-cuba" target="_blank" rel="noopener">Argentina</a> e <a href="https://www.cubaheadlines.com/articles/321011" target="_blank" rel="noopener">Irlanda</a> han sugerido a sus ciudadanos que eviten o pospongan los viajes que no sean de carácter urgente a Cuba, otros como <a href="https://www.europapress.es/internacional/noticia-canada-recomienda-ciudadanos-no-viajar-cuba-debido-creciente-escasez-combustible-20260212070209.html" target="_blank" rel="noopener">Canadá</a> (uno de los principales remitentes de turismo a la isla), <a href="https://www.independent.co.uk/travel/news-and-advice/cuba-aviation-fuel-flight-cancelled-delayed-passenger-rights-b2918930.html" target="_blank" rel="noopener">Reino Unido</a> y <a href="https://www.cubaheadlines.com/articles/320010" target="_blank" rel="noopener">España</a> han advertido sobre la situación de asedio y la posibilidad de que en caso de viajar a Cuba podrían resultar afectados tanto por la situación energética como por la probabilidad de que se interrumpan los viajes aéreos.</p>
<p>El miedo opera como un factor económico real. El turismo funciona sobre la base de confianza: seguridad, estabilidad, previsibilidad. Cuando la narrativa internacional instala la idea de tensión, sanciones o posible escalada, el efecto es inmediato. No se trata solo de restricciones formales. Se trata de percepción.</p>
<p>En territorios como Caibarién, en Villa Clara, el turismo no es un sector más: es el motor de casi toda la economía local. La cercanía con los cayos, principal polo hotelero de la zona, ha generado una cadena productiva donde cada empleo directo sostiene varios indirectos: transporte, gastronomía, comercio informal, mipymes.</p>
<p>Una residente del lugar describe la incertidumbre que atraviesa su municipio:</p>
<p>“Están cerrando hoteles. El único que dicen que van a dejar abierto hasta ahora es [en el que trabaja] mi mamá. Dejaron cinco abiertos hasta que se retiren los clientes que quedan porque ya no va a entrar más ninguno”.</p>
<p>Según su testimonio, algunos trabajadores han sido reubicados, otros suspendidos. En la calle se comenta —subraya—,  que el primer mes se pagará el 100% del salario, pero el segundo es incierto. No hay información oficial clara. La incertidumbre es parte del paisaje.</p>
<p>“Aquí no sabemos nada de lo que va a suceder. Todo lo que se [sabe] lo dice la gente en la calle”, añade.</p>
<div id="attachment_8933" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-8933" class="wp-image-8933 size-large" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/02/USA_turismo-3_Ismario-900x600.jpg" alt="" width="810" height="540" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/02/USA_turismo-3_Ismario-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/02/USA_turismo-3_Ismario-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/02/USA_turismo-3_Ismario-768x512.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/02/USA_turismo-3_Ismario-810x540.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/02/USA_turismo-3_Ismario-1140x760.jpg 1140w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2021/02/USA_turismo-3_Ismario.jpg 1200w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-8933" class="wp-caption-text">Foto: Ismario Rodríguez.</p></div>
<p>En economías frágiles, el rumor sustituye al parte oficial. El cierre de hoteles no solo afecta al personal de recepción o a las camareras. Impacta en taxistas, arrendadores, vendedores de alimentos, trabajadores por cuenta propia y pequeñas empresas que dependen del flujo turístico. Si el cayo no trae dinero a Caibarién, el dinero deja de circular.</p>
<p>En la Habana Vieja, a su vez, la dueña del hostal enfrenta otra arista de la crisis: los servicios básicos:</p>
<p>“Como no hay luz en ningún lugar, no hay forma de que entre agua aquí. Me he pasado hasta 12 días sin agua. Tres veces desde que empezó enero he tenido que comprar [una] pipa para poder tener agua para los clientes. Las pipas están a 20.000 pesos”.</p>
<p>En un contexto donde el dólar ronda cifras elevadas en el mercado informal, 20.000 pesos representan una carga enorme para un pequeño negocio privado que, además, perdió todas sus reservas del mes.</p>
<p>El turismo en Cuba no es solo una estadística macroeconómica, es la diferencia entre poder pagar una pipa de agua o no. Entre mantener empleados o despedirlos. Entre comprar aceite a 1.000 pesos o a 2.400 la botella  (precios de Caibarién, según el testimonio de sus residentes) y no comprarlo.</p>
<p>La percepción de asedio internacional no solo golpea a los grandes hoteles estatales. Golpea a quienes dependen de cada reserva cancelada.</p>
<h4>¿Es solo Trump?</h4>
<p>Reducir la crisis actual exclusivamente al endurecimiento de las políticas estadounidenses sería simplista e incorrecto. Cuba <a href="https://revistaelestornudo.com/2024-otro-ano-de-fracaso-economico-en-cuba/" target="_blank" rel="noopener">arrastra</a> problemas estructurales profundos: baja productividad, dependencia de importaciones, déficit energético, caída sostenida en producción agrícola, burocracia ineficiente y limitaciones financieras internas.</p>
<p>Sin embargo, tampoco puede ignorarse el efecto acumulativo de sanciones que restringen acceso a financiamiento, combustible, transacciones internacionales y vuelos comerciales. Cuando un país con debilidades estructurales enfrenta además un entorno externo hostil, el margen de maniobra se reduce drásticamente.</p>
<p>En febrero, varios mercados emisores europeos comenzaron a reevaluar sus operaciones. La llegada de turistas alemanes a los cayos fue cancelada, según relatan trabajadores locales. La incertidumbre frena decisiones de viaje con meses de anticipación. En una economía donde cada temporada alta es vital para sobrevivir al resto del año, perder febrero y marzo puede ser devastador.</p>
<div id="attachment_13400" style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-13400" class="size-large wp-image-13400" src="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2023/09/Turismo-1-900x600.jpg" alt="" width="810" height="540" srcset="https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2023/09/Turismo-1-900x600.jpg 900w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2023/09/Turismo-1-300x200.jpg 300w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2023/09/Turismo-1-768x512.jpg 768w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2023/09/Turismo-1-810x540.jpg 810w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2023/09/Turismo-1-1140x760.jpg 1140w, https://periodismodebarrio.org/wp-content/uploads/2023/09/Turismo-1.jpg 1200w" sizes="(max-width: 810px) 100vw, 810px" /><p id="caption-attachment-13400" class="wp-caption-text">Foto: Periodismo de Barrio.</p></div>
<h4>El miedo como variable económica</h4>
<p>Uno de los elementos más llamativos es cómo el discurso internacional influye en la psicología colectiva.</p>
<p>“La gente anda como loca comprando aceite, arroz por carga, espaguetis”. Comenta la residente del municipio Caibarién en la provincia de Villa Clara.</p>
<p>La compra nerviosa no responde de manera directa a una situación que, francamente, no se siente diferente a la Cuba de diciembre, sino a la percepción de que algo puede pasar. En economías con historial de crisis, la memoria colectiva reacciona antes que las estadísticas. El miedo como catalizador de la inflación y la escasez.</p>
<p>Y mientras tanto, trabajadores del turismo intentan reubicarse: algunos regresan al magisterio, otros migran a mipymes. Pero incluso muchas de estas últimas dependen, directa o indirectamente, del ingreso que genera el turismo. Si el flujo externo se detiene, el efecto dominó es inevitable.</p>
<p>El nuevo endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba no cae en el vacío. Llega en un momento de vulnerabilidad extrema. La isla ya enfrentaba apagones prolongados, crisis hídrica, inflación descontrolada y una caída estructural del turismo.</p>
<p>Hoy, además de la normalizada incertidumbre, se respira un aire de tensión por el miedo a que no pase nada y todo sea en vano nuevamente. El cierre de hoteles y la avalancha de cancelaciones trae una sensación parecida a los inicios de la era Covid, cuando Cuba pasó de estar mal a ser invivible; y ese es precisamente el ánimo que inunda a la población: prepararse por si sucede algo pero con la desesperanza de que todo puede seguir igual, y sin decidirse aún si son peores las bombas o el hambre.</p>
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		<title>Arbovirosis y cuidados: mujeres frente a la crisis sanitaria en Cuba</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/12/arbovirosis-cuba-mujeres-crisis-sanitaria/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andra Vital]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 15:12:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[salud pública]]></category>
		<category><![CDATA[Salud y cuidados]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No es la primera vez que las arbovirosis azotan la isla; aun así, la respuesta del gobierno frente a una crisis que se vuelve cada vez más alarmante resulta preocupantemente indiferente.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/12/arbovirosis-cuba-mujeres-crisis-sanitaria/">Arbovirosis y cuidados: mujeres frente a la crisis sanitaria en Cuba</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuba no se convirtió en un hervidero de mosquitos y enfermedades de la noche a la mañana. Desde que tengo memoria, el campo cubano ha sido un enjambre de bichos al oscurecer. Tampoco es el primer año en que las arbovirosis inundan la isla; sin embargo, la respuesta del gobierno ante una crisis que se torna alarmante es preocupantemente indiferente.</p>
<p>La basura se desborda: no unas pocas bolsas, sino casi tres metros alrededor de los tanques ubicados en una esquina. Durante la noche alguien, cualquiera, quema uno de los tanques hasta reducirlo a cenizas. Pasan los días; el sábado te despiertan las moscas dentro de la casa, un <em>buldócer</em> y un camión lleno de trabajadores ruidosos “recogen” la basura y, con esta, se llevan buena parte de la acera y la zanja, creando un pantano de aguas albañales y desechos, una casa perfecta para los mosquitos y su reproducción. Esta es una escena que puede narrar casi cualquier cubano; la esquina es cualquier esquina.</p>
<p>Luego llegaron las lluvias y las enfermedades.</p>
<p>Hace aproximadamente tres meses escuché por primera vez hablar de “el virus”, así, como cuando hablamos de “ellos” o de “los de arriba”: entidades cuasi fantasmales, que infunden respeto y miedo desde lejos, pero que rara vez imaginas tienen que ver directamente contigo. Hoy, la realidad es otra, ya “el virus” es omnisciente, ya no quedan casi familias que puedan afirmar no haber tenido al menos a uno de sus miembros enfermo.</p>
<p><a href="https://www.medicoverhospitals.in/es/diseases/arboviral/" target="_blank" rel="noopener">Los arbovirus</a> son infecciones transmitidas por artrópodos como mosquitos o garrapatas, y suelen ser comunes en zonas tropicales como Cuba. Los síntomas varían pero pueden incluir desde fiebre, inflamación y dolores musculares hasta problemas neurológicos, en dependencia del virus y de los cuidados. No existe un tratamiento específico para las infecciones, pero sí se tratan los síntomas. Se definen dos momentos importantes en las épocas de mayor transmisión y en los lugares con climas que ayudan a prosperar a las plagas: primero, los procesos de prevención, que deben ser a gran escala, gestionados por los gobiernos o entidades responsables de la higiene y la epidemiología. En segunda instancia, los cuidados posteriores al contagio que, aunque en gran medida responden a una responsabilidad personal y familiar, se engloban igualmente en gestiones gubernamentales como el acceso a medicinas para el tratamiento de los síntomas, así como a alimentos ricos en hierro, por ejemplo, ya que la mayoría de los arbovirus causan un descenso de este mineral.</p>
<p>A la emergencia por contagio actual se enfrenta un pueblo que desde 2021 se debate entre apagones, dolarización de la economía, crisis migratoria, inflación y una alimentación precaria en la mayoría de los casos. Si a esto le sumamos un gobierno que se compromete con la desinformación o la información parcial, la costumbre revolucionaria de ocultar las crisis y la disminución de instituciones de cuidados a adultos mayores —en 2022, con el <a href="https://www.parlamentocubano.gob.cu/sites/default/files/documento/2022-09/goc-2022-o99.pdf" target="_blank" rel="noopener">Código de las Familias</a>, se delegó prácticamente el cuidado de las personas de la tercera edad a los familiares—, da como resultado un país de enfermos.</p>
<p>La pregunta, además de la consabida ¿y qué pasa con la gestión gubernamental?, sería ¿y si todos estamos enfermos, quién se encarga de los cuidados? Me encantaría que la respuesta no fuera tan obvia, pero las labores de cuidados en la mayoría de los casos recae en las mujeres. En ellas, las cuidadoras también enfermas.</p>
<p>En una familia donde se contagian todos, siempre será la madre quien se levante a hacer las labores, porque hay que comer, porque hay que bañarse, y porque “madre hay una sola”.</p>
<h4>¿Cuando no hay más nadie, quién cuida a los enfermos?</h4>
<p>En un acertado <a href="https://primerocuba.blogspot.com/2025/12/se-puede-declarar-una-emergencia-de.html?view=timeslide" target="_blank" rel="noopener">artículo</a> publicado el pasado 3 de diciembre, Adriana Fonte Preciado hablaba de la importancia de llamar a la situación que atraviesa Cuba por su nombre: emergencia sanitaria. La autora mencionaba cinco procedimientos fundamentales que se facilitarían si el gobierno reconociera a nivel internacional la crisis: primero, movilizar y estimular la cooperación internacional; segundo, priorizar y garantizar recursos biofarmaceúticos; tercero, permitir las donaciones de privados; cuarto, movilizar al ejército para la recogida de residuos sólidos urbanos; y quinto, solicitar ayuda técnica y científica  a consultoras internacionales. En resumen, se necesita una mejor gestión de un gobierno que ya solo se sostiene a base de conceptos de la década de los ochenta y de la pseudovirilidad revolucionaria.</p>
<p>A estos importantísimos puntos que plantea Fonte Preciado, y que sin duda facilitarían la vida tanto de enfermos como de cuidadoras, sería una utopía necesaria sumarle prestaciones y facilidades de emergencia para quienes asumen los cuidados durante la crisis, porque si ya vamos a soñar, pues que sea en grande.</p>
<p>Lo cierto es que con o sin reconocimiento internacional son las mujeres de las familias quienes cargan invariablemente con los cuidados, en el mejor de los casos estando sanas, pero en muchos con secuelas de la misma enfermedad o de otras incluso más preocupantes.</p>
<p>Mónica Pérez es una mujer de 63 años, residente en La Habana, que ya ejercía el rol de cuidadora a tiempo completo y de encargada de las labores domésticas, acompañada por una pareja que requiere cuidados extraordinarios. Este es su testimonio:</p>
<p>“Vivo sola con mi esposo, que tiene dificultades para la locomoción (miembros inferiores), y tengo muy cerca de mi casa a mi madre y hermana (cuidadora de la primera).</p>
<p>“Hace dos meses aproximadamente, cuando enfermó una vecina, supe del brote de arbovirosis. Los síntomas fueron: fiebre alta, inmovilidad total, dolores en todo el cuerpo, malestar general. Luego enfermé yo. Primero, adquirí una Hepatitis A (viral), y en franca recuperación de esta adquirí el chikungunya. Con este último no fui nunca al médico, pero presenté los síntomas: los mismos que las personas de mi entorno (vecinos y amigos). Fue y está siendo una amarga experiencia; es un proceso desgastante porque no ves avances significativos.</p>
<p>“En la etapa dos del chikungunya tuve que cuidar a mi madre, de 89 años, y a mi hermana, de 60. Enfermaron juntas, también de chikungunya. Sintiéndome mal aún fui para su casa y, durante cuatro días, tuve que ayudarlas a pararse para ir al baño (me las enganchaba sobre mi espalda), darles la medicación, les cocinaba y alimentaba, limpiaba frecuentemente, lavaba, etc. Sentí que mi carga de trabajo doméstico aumentó, mucho; hay que hacer un gran esfuerzo físico porque tu cuerpo no responde como habitualmente lo hace. Hubo consecuencias para mi salud física; aún no me siento bien y ya va a ser un mes que enfermé.</p>
<p>“Emocionalmente, también, porque deprime sentirse así y porque no puedes dar todo de ti a tu familia, también enferma. En lo laboral, conté —cuento— con la comprensión y ayuda de mis compañeras de trabajo, pero igual no te sientes al máximo de tus capacidades y claro que es motivo de preocupación. Prácticamente no dejé de trabajar porque lo hice desde casa. Recibí también el apoyo de mi esposo (aun con sus limitaciones), de mi hermana (cuidadora de mi madre), que venía durante el día a hacérmelo todo, y de mis vecinos y amigos, preocupados y siempre al tanto de mí, de cómo me sentía y de si me hacía falta algo. Mi hijo, en la distancia, también monitoreaba”.</p>
<p>El de Mónica es uno de esos casos en que no hay más posibilidades; no tuvo la opción de recuperarse debidamente de una enfermedad que deja secuelas severas por meses o incluso años luego del contagio. Su hermana, otra mujer que ya ejerce el rol de cuidadora, asumió también la doble carga mientras estuvo sana, realizando las labores domésticas tanto de la casa donde vive su madre como los cuidados a Mónica mientras estaba convaleciente.</p>
<p>Esta historia ni siquiera es algo fuera de lo común, en el artículo “<a href="http://mesaredonda.cubadebate.cu/mesa-redonda/2025/01/30/sistema-nacional-para-el-cuidado-integral-de-la-vida-en-cuba-implementacion-y-perspectivas-video/" target="_blank" rel="noopener">Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida en Cuba: Implementación y perspectivas</a>”, publicado en <em>Cubadebate</em> a principios de 2025, según Ariel Fonseca Quesada, Viceministro de Trabajo y Seguridad Social, el 80% de las cuidadoras en Cuba son mujeres.</p>
<p>En el mismo artículo se citaba la participación de  Magela Romero Quesada, jefa de la red de cuidados de Cuba, quien explicaba que “La integralidad no solo explica que el cuidado es un asunto de salud pública, sino que requiere una respuesta intersectorial, lo que significa que diversos ministerios y actores de la sociedad civil estarán implicados en el desarrollo e implementación de este sistema, refiriéndose al Decreto 109 para el establecimiento del Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida, cuyo objetivo general es articular un conjunto de políticas y acciones encaminadas a garantizar servicios de cuidado para la población en situación de dependencia, fomentar la autonomía de las personas, garantizar los derechos de las personas proveedoras de cuidados y reducir las desigualdades de género”.</p>
<p>Sin embargo no se escucha nada sobre las cuidadoras durante esta crisis sanitaria. Se habla de si es beneficioso o no reconocer la emergencia, de conceptos políticos, de cifras de fallecidos, de hospitales colapsados y de ausencia de atención médica; pero también es menester recordar que como Mónica y su hermana hay miles de casos en un país que avanza hacia el envejecimiento poblacional a pasos gigantes.</p>
<p>Leidys González tiene 45 años y reside en la región Oriental del país. Aunque estuvo asistida durante la primera etapa del virus, alrededor de la segunda ocurrió la entrada del <a href="https://elpais.com/america/2025-10-29/el-huracan-melissa-golpea-cuba-la-noche-duro-demasiado.html" target="_blank" rel="noopener">huracán Melissa</a>, que dejó a su paso un rastro de destrucción en toda la zona.</p>
<p>“Mientras estuve enferma no tuve que levantarme, solo para ir al baño y para bañarme, porque mi familia me lo hacía todo, y los alimentos que yo iba a ingerir me los llevaban a la cama o me sentaban en la sala. Hace siete días que se me quitó el virus y aún me sigo sintiendo mal. Tengo dolor en los riñones, dolor bajo vientre, una cistitis que no se me quita con nada, (&#8230;) el dolor me coge los dos brazos y toda la espalda”.</p>
<p>Leidys cuenta que durante la noche del azote del huracán, el río de su pueblo natal había subido bastante por las lluvias previas, y se esperaba una creciente. Sin embargo, no se vaticinaba un peligro para su familia por la ubicación de su casa. Durante la noche la situación se tornó un poco preocupante, pero Leidys, con secuelas muy severas de la reciente convalecencia, encargada de planificar en gran medida lo relacionado con la evacuación de su familia y confiando en que el río no representaba un peligro para su casa, decidió que estaba agotada y que no les iba a pasar nada. La mañana trajo consigo una creciente tan grande que en cuestión de poco tiempo tuvieron que agarrar lo indispensable, lo que se podía, y sin hacer caso a secuelas o enfermedades refugiarse en otra vivienda en lo alto de una loma.</p>
<p>Hay una frase feminista que me resuena en la cabeza tanto en el caso de Mónica, cuando explica que emocionalmente se siente mal por no poder dar todo de sí a su familia también enferma, como en el de Leidys, al ser quien debía estar al tanto de cuándo salir o no de la casa: la carga mental nunca es para los demás.</p>
<p>La <a href="https://www.prismapsicologia.es/la-carga-mental-en-las-mujeresel-desgaste/" target="_blank" rel="noopener">carga mental</a> es un chip que nos incorporan en la crianza a las personas que socializamos como mujeres en la infancia. Los cuidados no son solo las acciones que llevamos a cabo por terceros y que aunque pueden ser muy estimulantes también pueden ser agotadoras; los cuidados, además, incluyen tener en cuenta lo que hay que comprar para que una casa funcione, para que un enfermo se mejore, las cosas que hay que arreglar, los medicamentos que se necesitan, el saber que cuando no haces una labor será una carga que debe llevar quien venga detrás. La carga mental de los cuidados es que, en medio de un huracán categoría tres, tengas que ocuparte por pensar en si el río se va a llevar tu casa o no. Es un peso que se aligeraría con una correcta gestión gubernamental. Y esa gestión debería asegurar, en el orden en que se necesite, tanto una evacuación segura y completa ante un desastre natural como todo lo necesario para gestionar los cuidados a una persona que tiene a su cargo otras personas dependientes, cuando esta se enferme.<br />
Hay variantes en muchas familias y, ciertamente, la mayoría se reacomoda para que, al menos durante la etapa uno de los arbovirus que azotan a Cuba en este momento, las enfermas sean atendidas. Pero lo cierto es que no solo tenemos un país de enfermos: tenemos, más importante aún, un país de mujeres enfermas que llevan triples y cuádruples cargas, ahora con dolores como secuelas de un virus y de la ausencia de cuidados posteriores correctos.</p>
<p>Cuba, una vez más, habla de un último esfuerzo decisivo y de construir un modelo que de económico tiene poco. Sin embargo, sus mujeres siguen aquí, construyendo dónde no hay, cargando jabas con dolores en todas las extremidades y cuidando a sus familias a costa de su propia salud. Me recuerda a un meme feminista que se hizo viral hace un tiempo y que enunciaba que no se puede ser anarquista, comunista y aliade si tu madre te sigue lavando los calzoncillos.</p>
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		<title>La oscuridad como política de estado: mujeres en la penumbra</title>
		<link>https://periodismodebarrio.org/2025/11/apagones-y-mujeres-en-cuba/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andra Vital]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Nov 2025 14:47:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>
		<category><![CDATA[Mujeres madres e infancias]]></category>
		<category><![CDATA[Se va a caer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En Cuba los apagones ya no son un problema eléctrico, sino una de las variables sociales que reconfiguran el pensamiento político del país. Privados de su carácter de excepcionalidad, se han convertido en reguladores de la agenda diaria, sobre todo de las mujeres.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org/2025/11/apagones-y-mujeres-en-cuba/">La oscuridad como política de estado: mujeres en la penumbra</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://periodismodebarrio.org">Periodismo de Barrio</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Durante uno de los recientes apagones habaneros, mientras el infame <a href="https://t.me/EmpresaElectricaDeLaHabana" target="_blank">bot</a> del grupo de Telegram de la Empresa Eléctrica de La Habana enumeraba cada bloque en el apartado de “Déficit por generación”, uno de mis vecinos, el más romántico en sus gustos musicales, encendió su bafle, tomó el micrófono y se hizo eco, cual mártir, del malestar nacional.</p>
<p>Algunas voces lo siguieron en la penumbra, coreando el estribillo de aquella canción que no interpone la patria a la vida, sino que las iguala. Un aguacero aliviaba el calor sofocante. De pronto, una voz femenina gritó a lo lejos: “Ahí vienen los perros”, y desaparecieron el bafle, el micrófono, la patria y la vida. Una sirena de policía anticipó una profunda quietud.</p>
<p>La oscuridad revela el silencio, como si se apagara también el ruido de fondo que acompaña a la ciudad. Los sonidos aislados, pero más cercanos, se amplifican y las voces llegan nítidas. Sin embargo, durante un apagón nunca escucho llorar a mi vecina por los golpes de su marido, y siempre me pregunto si es porque el silencio se la traga.</p>
<h4><strong>La desprotección institucional y la ausencia del Estado</strong></h4>
<p>El pasado 17 de septiembre, la plataforma <a href="https://www.facebook.com/share/p/14Lb3bfL33x/" target="_blank" rel="noopener">Yo Sí Te Creo en Cuba</a> (YSTCC) alertaba sobre la situación precaria en que los constantes apagones colocan a mujeres y personas de la comunidad LGBTIQA+. En la publicación enunciaban una serie de puntos que, aunque preocupantes en cualquier momento en un país tan precarizado como Cuba, se agudizan notablemente con la oscuridad y los cortes de comunicación asociados a esta.</p>
<p>Los consejos publicados por la plataforma ponen sobre la mesa la ausencia de confianza en un gobierno que reniega de sus responsabilidades como servidor público. Ciertamente, como personas en situación de violencia, deberíamos ser capaces de desarrollar empatía y ofrecer acompañamiento en un plano personal, y puede aportar mucho nuestro papel vecinal o como red de apoyo; pero no olvidemos nunca que es responsabilidad del Ministerio del Interior, así como de la Federación de Mujeres Cubanas, del Ministerio de Salud y de tantos otros organismos e instituciones públicas, proporcionarnos la protección requerida en cualquier circunstancia que lo amerite.</p>
<p>Hace poco, una amiga preguntaba en Facebook sobre medidas o acciones que den, en la práctica, protección real contra la discriminación y la violencia. Otra amiga respondía: “¿Qué prácticas? ¿Qué protección? La sociedad civil no tiene protección contra un gobierno que no respeta el Estado de Derecho” (<em>sic</em>). La imposibilidad de rebatir su comentario evidencia a un gobierno que no solo desprotege, sino que violenta: uno que ignora el reclamo de una Ley Integral contra la Violencia de Género y maquilla estadísticas contabilizando únicamente feminicidios con sentencia firme, obviando casos donde el victimario se suicida tras asesinar. Desearía poder afirmar lo contrario, pero elegí no mentir ante el aumento verificado de feminicidios en Cuba.</p>
<h4><strong>La rutina de la oscuridad</strong></h4>
<p>Esta desprotección estructural se manifiesta diariamente en la reconfiguración de las rutinas domésticas, especialmente las de las mujeres.</p>
<p>La crisis económica cubana, latente desde que tengo memoria pero agudizada luego del <a href="https://www.bc.gob.cu/noticia/gaceta-oficial-sobre-proceso-de-ordenamiento-monetario-pdf/910" target="_blank" rel="noopener">reordenamiento económico</a> y la pandemia, ha convertido a la rutina doméstica en el centro de la vida de los individuos. Suplir necesidades primarias como alimentación, vivienda, agua potable, atención médica y educación, se ha vuelto un acto heroico que exige fortaleza mental y física a niveles comparables con los necesarios para soportar torturas.</p>
<p>Para las personas cuidadoras y/o con mayor responsabilidad en el hogar, la situación de la electricidad —o de la falta de ella— ha generado cambios sustanciales en la cotidianidad. Una rutina ya basada en la subsistencia se vuelve más precaria: la conservación de los alimentos y el equilibrio de la salud mental se vuelven cargas más insostenibles.</p>
<p>“Sí cambia la rutina. Cuando te ponen la corriente, tienes que hacer [el] desayuno a los muchachos. Si te la ponen de madrugada, a esa hora te tienes que tirar y tienes que ponerte a cocinar. Hay hombres que sí ayudan, hacen sus cosas, pero bueno, las madres somos las que atendemos a los muchachos. Nos acostamos a oscuras, nos levantamos a oscuras y entonces vestir a [los muchachos] a oscuras, a veces debajo del mosquitero porque a la hora de levantarse hay muchos mosquitos, y a la hora de acostarse, igual”, cuenta una madre de tres niños en edad escolar, residente en Villa Clara, donde sufre apagones diarios de entre 16 y 18 horas como promedio.</p>
<p>Otra madre y cuidadora de una persona encamada, desde Holguín (18 a 20 horas de apagón), describe una situación similar: levantarse por la mañana sin electricidad, encender un fogón <em>pique</em>, luchar con el alcohol —que no hay—, con el gas —que no hay— y empezar el día “batallando”. Irse para el trabajo corriendo y llegar “como una loca” a los quehaceres de la casa.</p>
<p>“Quiere decir que la rutina que tenía antes, tal vez si hacía ejercicio, si me relajaba de otra manera, no puede ser. No se puede ver una novela, no se puede hacer nada, planes de ningún tipo. Es una vida obstinante” —añade—. Claro que afecta a a las mujeres. ¿Tú sabes por qué? El hombre es el que busca el sustento de la casa, pero la mujer es la que está batallando con un carbón, con una leña, con un fogón <em>pique</em>, es la que está inventando”.</p>
<p>Desde La Habana, una madre soltera de un niño en edad escolar, que sufre apagones diarios de entre 8 y 10 horas opina:</p>
<p>“Creo que los apagones afectan más a las mujeres porque, de manera general, somos las mujeres quienes en los hogares llevamos la carga doméstica. En mi caso particular, que vivo sola con mi hijo, obviamente no tengo con quién compartir absolutamente nada en términos de cargas del hogar. Y obviamente, [estoy sola] tanto para la ejecución de las labores como en la tarea de planificación, de cuándo se hace cada cosa, de estar pendiente, de tener en la cabeza en qué horarios hay que hacer [las tareas] para que nada se quede sin hacer. Y, además de eso, acompañar, quienes somos madres, a nuestros hijos en la gestión emocional de su propia frustración y de su propia incomodidad cuando hay apagones que los afectan, no en el sentido de que les limiten de cosas logísticas de la casa, pero sí o de entretenimiento o de condiciones para su descanso”.</p>
<p><a href="https://obredor.wordpress.com/2009/11/19/teoria-del-desarrollo-a-escala-humana/" target="_blank" rel="noopener">La afectación de la subsistencia puede implicar</a> además sentimientos de desprotección, problemas afectivos en el ámbito familiar, aislamiento, marginación, baja autoestima y secuelas en la identidad. Si además sumamos la idea enraizada de que las mujeres tienen la “capacidad biológica” de transmitir consuelo, el resultado es un escenario propenso a la violencia.</p>
<p>Esta violencia entonces se gesta en la acumulación de frustraciones. Mientras el gobierno relega la responsabilidad total de la subsistencia a la familia, las mujeres no solo desempeñan papeles de proveedoras, limpiadoras, cocineras y cuidadoras: sostienen el bienestar emocional y afectivo del hogar. La doble carga se convierte en triple, en cuádruple, y eso solo en los casos en los que no se suma alguna forma de violencia física.</p>
<h4><strong>La resiliencia como mandato</strong></h4>
<p>El gobierno cubano, desde 1959, se ha gestado sobre la base de la resiliencia y la adaptación. Pero cuando la resiliencia deja de ser virtud y se convierte en mandato, se transforma en condena.</p>
<p>Se espera que las mujeres continúen proveyendo alimentos cuando no hay gas, consuelo cuando no hay esperanza, calma cuando no hay descanso. Se nos pide fortaleza, sin embargo, no se nos asegura protección ni justicia.</p>
<p>Durante los apagones se interrumpen las redes de apoyo, se desconectan las líneas de emergencia, crece el aislamiento. El espacio doméstico se vuelve un terreno hostil; el hogar se convierte entonces en un lugar de encierro y vigilancia. En la oscuridad tampoco tienen cabida pequeñas formas de autonomía de las que nos colgamos las mujeres como el estudio o los emprendimientos. Cada apagón es también un recordatorio de cuánto dependemos de estructuras que no funcionan y de vínculos que no siempre protegen.<br />
Cuando el Estado renuncia a garantizar lo básico y delega la sobrevivencia en la capacidad infinita de las mujeres, lo que produce no es empoderamiento, sino agotamiento.<br />
A veces pienso que los apagones son también una metáfora del país: momentos de oscuridad administrada donde se espera que aprendamos a ver sin luz, a resolver sin recursos, a resistir sin promesas. Pero resistir no puede seguir siendo un deber; debería ser solo un tránsito.</p>
<p><em>*Autora protegida.<br />
</em><em>**Los nombres de las personas que ofrecieron su testimonio para este texto han sido omitidos por cuestiones de seguridad</em></p>
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